Y mientras los amigos se
envolvían en un completo en mutismo, en la casa lovato…
-Y dime ¿Te gustó el muchacho que vino hoy? -preguntó la nana con
curiosidad mientras preparaba la cama para demi en lo que esta, sentada en
frente del espejo de su tocador, se trenzaba el cabello.
-Pues no lo vi muy bien -le contestó con indiferencia y se levantó de la
silla para caminar e ir a meterse debajo de las sábanas.
-¿Cómo es posible que no lo hayas visto bien cuando lo tuviste enfrente de
ti todo el tiempo? ¡Vamos, demi! Si hasta las empleadas estaban todas
alborotadas platicándoles a las cocineras lo buen mozo y fornido que es… y tú
mírate, como si nada -pero demi dijo cortante…
-Buenas noches, nana, y no te olvides apagar las luces cuando salgas.
-Sí que estás rara, ¡eh! porque tuviera yo tus años ya estaría suspirando
por él y soñando como sería que me envolviera en sus fuertes brazos como dijo
Raquel, la mucama ó… ¿cómo dijo Lola? Ah, sí… ¡Está hecho un Brad Pitt el
desgraciado! -pero a la pobre mujer le cortaron feamente la inspiración.
-Amelia, ya quiero dormir por favor.
-Está bien, está bien -la empleada se le acercó y después de dejarle un
beso en la frente, le deseó… Buenas noches, demi -y enseguida caminó hacia la
salida, apagó las luces pero antes de cerrar la puerta, la morena abrió los
ojos para ver la oscuridad y después de pronunciar el nombre de… Joseph jonas…
comenzó a reírse de las expresiones graciosas de su Nana.
Al siguiente día, Helena y Rose no perdieron tiempo y se citaron en la
ciudad para iniciar con los preparativos de la boda. Sentadas en la mesa de un
elegante restaurante mientras comían, comentaban y compartían ideas, aguardaban
por el agente que la compañía Kimberly Bradford, les había proporcionado como
su coordinador de bodas.
Alrededor de las tres de la tarde, un hombre ya de 35 años, cabellos
marrones, se presentó ante ellas como Kevin Bradford y después de tomar
asiento, se dispusieron a exponer las ideas, eligiendo primero el lugar donde
se llevaría a cabo el evento eligiendo el Hotel Casa del Mar en Santa Mónica,
California donde sólo asistirían 75 invitados.
Al cumplirse la primera semana de compromiso, también llegó el cumpleaños
número 18 de demi. Pero había tantas cosas qué hacer, que a sus progenitores se
les pasó de largo: porque su padre con la excusa de que andaba de viaje de
negocios y su madre porque estaba muy metida viendo infinidad de cosas para la
boda, pues se les olvidó. Y los únicos que se acordaron de ella, fueron los
empleados, que cuando la vieron aparecer por el comedor y después de tomados
sus alimentos, le llevaron un pastel para festejarla.
Cuando los padres de esta se dieron cuenta del error cometido, sólo la
llenaron de regalos que para ella tenían ningún sentido y sin importarle el
costo que sus padres pagaron por ellos, se los obsequió a los que
verdaderamente le demostraron su afecto: sus empleadas, que salieron felices y
rayadas de la habitación de la morena presumiendo lo obtenido.
Y así, siguieron los días, hasta que la mañana del sábado 20 de Marzo, aprovechando
que joseph había ido a dormir a casa, Rose se dirigió a la habitación de su
hijo para informarle del evento pasado.
Acostado en su cama, durmiendo boca abajo y en simples boxers, el joven
escuchó el llamado de la puerta y sólo se alcanzó a cubrir con la sábana para
después darle acceso a su madre, y cuando esta le notificó lo sucedido, se
sintió mal por el olvido cometido hacia la morena. Pero cuando Rose le dijo que
debía visitarla y llevarle un regalo, también puso objeción alegando que estaba
muy cansado y no sólo por la parranda de la noche anterior sino por sus
estudios y el deporte. Más aún así, la obedeció y sólo le pidió lo dejara
dormir un rato más y por la tarde haría lo que sería: su primera visita como
prometido oficial.
Alrededor de las 5 de la tarde, sentada en cuclillas, la morena jugaba el
agua de un bien cuidado manantial; y estaba tan entretenida que no sintió la
llegada de su nana hasta que la llamó y le informó...
-demi, tienes visitas -la morena al escucharla, giró su cabeza y miró de
reojo al que venía detrás de ella. Sin soltar lo que llevaba atrapado entre sus
manos, se enderezó para quedar de frente ante su prometido que ya la miraba de
pies a cabeza en verdad muy sorprendido. Luego de recorrerla una vez más, se
hizo de acopio y finalmente saludó…
-Hola, demi -la morena que había agachado la cabeza ante el escudriño de
aquel, le respondió quedamente...
-Hola.
-Bueno, los dejo solos, ¿Le ofrezco algo de tomar, Sr. jonas?
-Sí, un poco de agua, por favor.
-Con gusto, ¿tú, hija?
-Nada.
Y ante eso, la empleada puso retirada, pero cuando se giró no sólo resopló
sino que sacudió la cabeza.
Aquella pareja no decía nada, sólo se escuchaba el ruido de la cascada,
pero Joseph no apartaba su mirada de la joven y haciendo un gesto de lástima,
volvió a analizarla y tarde se dio cuenta de su error al no avisar de su
llegada, tal vez así a su prometida le hubiera dado tiempo de ponerse algo más
apropiado ó por lo menos algo que la combinara.
Sin querer, llenó de aire sus pulmones y lo arrojó con fastidio. Se sentía
verdaderamente idiota porque no sabía como entablar una conversación con ella,
pero hasta eso, la morena tomó la iniciativa.
-¿Cómo has estado? -preguntó con timidez.
-Muy bien, gracias… ¿Y tú?
-Bien, también -y apenas le sonrió.
-Siento mucho el olvido de tu cumpleaños pero no sabía -se excusó.
-Está bien.
-¿Qué tienes ahí? -le señaló las manos.
-Es una salamandra ¿las conoces? -preguntó inocentemente y la cara de
asombro en aquel no se hizo esperar y después de carraspear la garganta le
respondió…
-He visto algunas, claro.
-¿Quieres ver esta? Tiene un colorido especial y es de una especie muy rara
-le informó pero aquel le traicionó el subconsciente y dijo para sí…
"Exactamente así como tú, niña"… y armándose de valor, asintió con la
cabeza. demi, por primera vez, se acercó a él y extendió sus manos para
mostrarle el anfibio. joseph trataba de mirarlo tras los espacios de los dedos,
pero la morena abrió sus manos para que la mirara mejor y ninguno contó con que
el animal saltaría para ir a caer justo en el cuello de la camisa de aquel, que
con todo el horror y asco del mundo ni tardo, lo arrojó al suelo y la morena
gritó- ¡NO! -y se agachó por ello, pero este, ya se había perdido por el
césped. La cara del joven, a pesar de haber palidecido, tenía un gesto de enojo
además de que los escalofríos por haber sentido la textura babosa de aquel ser,
no dejaban de recorrer su cuerpo.
-¿Qué pasó? -preguntó la nana al ver a la chica apurada buscando a su
mascota.
-Se perdió mi salamandra -le contestó y joseph notó que aquella estaba al
punto del llanto y sin pensarlo dos veces…
-Lo siento, pero será mejor que me marche, con permiso -y diciendo
"patitas para que las quiero" buscó rápidamente la salida y sintiendo
deseos de no volver nunca.
Y mientras aquel se alejaba, la morena lo seguía con la mirada y luego miró
a su nana que no dijo nada, más hacía negación con la cabeza.
Pero a partir de ese día, fue muy difícil que tanto Richard y Rose
convencieran al chocante de joseph de volver a buscar a la morena...
-¡He dicho que no! -le gritó a su madre una vez más, en una ocasión
mientras se encontraban en la sala.
-Pero, Hijo, es tu obligación. Es tu prometida.
-No por mi gusto, Madre, si no por el de mi padre. Así que, por favor, no
vuelvas a lo mismo, porque no lo haré. Ya bastante favor le hago con casarme
con ella y de paso salvar a la familia de la ruina. Entonces por lo menos, como
recompensa a mi sacrificio ¡déjenme disfrutar los meses que me quedan de
soltería!
-¡joseph, nunca me habías hablado así!
-¡Pues siempre hay una primera vez! -contestó altanero no midiendo su tono
de voz, pero después de resoplar, corrigió su falta y se moderó- Lo siento, de
verdad, no fue mi intención. Pero esta vez, Madre, no pienso obedecer. Y si es
posible, no quiero saber nada de la bendita boda hasta que ese día llegue y
confío se respete mi decisión.
Y si creyó que así sería, pues le fallaron los cálculos al maestro, porque
su futuro suegro comenzó a preguntar por él y por más excusas que joseph
exponía, llegó un día donde lo convencieron nuevamente y todo por su proyecto
personal que era ser dueño de un estudio cinematográfico ó televisivo. Así que
haciendo tripas corazón, no le quedó de otra más que acceder ante la petición,
pero eso sí, sólo visitaba la casa de la morena una vez al mes y eso cuando el
padre de esta, regresaba de sus viajes.
A lo largo de los primeros doce meses, sólo vio a la morena como 6 veces, y
eso debido a que cuando aquellos dos hombres se reunían era para enfrascarse en
conversaciones de todo tipo, disfrutar en compañía los deportes por televisión,
ó reuniones en el club para practicar golf y pues se olvidaban totalmente de la
morena. Así que, demi, cuando veía llegar a su "prometido" optaba por
irse a encerrar a su recámara porque bien sabía que al que visitaba era a su
padre no a ella y sólo se reunía con ellos a la hora de la comida, pero muchas
veces se negaba excusando no sentirse bien y solicitaba el servicio en su
recámara
Y sintiéndose más sola y triste que nunca, se cumplió su primer año de
compromiso y otro más de vida. Pero en esta ocasión a pesar de su desinterés
mostrado hacia ella, joseph fue a visitarla a tiempo y hasta eso, le llevó un
bonito presente y por primera vez, vio una sonrisa amplia en el rostro de
aquella que lo aceptó con gusto. Ese hecho lo desconcertó, porque se dio cuenta
que cuando demi sonreía le cambiaba el semblante. Más algo extra volvió a
llamar su atención, la veía más delgada que cuando la conoció y eso fue
problema, porque cuando la llevaban al modisto para probarse su vestido, el
diseñador se frustraba porque debían hacerle modificaciones y le pedía
encarecidamente que ya no adelgazara.
Los siguientes dos meses, la pareja no se vieron para nada, porque joseph
estaba en fechas próximas de terminar la Universidad y por lo mismo cargado
exámenes.
Entre ese tiempo, mientras la morena nadaba, Gerard, su padre se acercó a
ella, le pidió salir del agua porque tenía algo importante que comentarle y era
nada menos con respecto al dichoso convenio entre las dos familias donde los
contrayentes se comprometían a ayudar y colaborar con ellos. Sin saber lo que
hacía, la chica dijo que sí en el momento que su padre le preguntó si estaba
dispuesta a hacerlo además de alegar que la familia saldría beneficiada y la
morena creyendo en su padre, firmó el documento sin vacilación.
Me Encantooooooooooooo subeeeeeeeeeee pronto saludos
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