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Mi nombre es Yesennia ... subo adaptaciones jemi en youtube pero aveces como son largas lo subo a este blog este es mi canal http://www.youtube.com/channel/UC93vtXRXWvbXxe_1js_HRJg/videos?flow=grid&view=0 ...
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sábado, 13 de abril de 2013

Return to Paradise capitulo 26 - jemi en español




Joe

Se sintió increíble oír a demi decirme ayer que me amaba. Pero ahora me siento tan impotente como el día en el que el juez Farkus dictó mi sentencia. Estoy sentado en la estación de policía en una remota sala de espera con mi hermana, mi papá, mi mamá, demi, Julio, e incluso nick, quien dijo que quería venir porque ya se siente parte de la familia. (Claro eso fue antes de que conociera a mi mamá, quien le dijo que se sentara derecho y se cortara el cabello si quería ser invitado a la cena de acción de gracias, para la que faltan tres meses.)
Mi primo Heath es abogado, y está aquí también. Él estará en la habitación con selena cuando ella confiese haber golpeado a demi.
—¿Estás lista,selena? —Damon pregunta mientras se arrodilla en frente de mi hermana. Él vino a nuestra casa esta mañana y muy calmadamente explico que la manera más sencilla seria haciendo una declaración jurada en la estación de policía. Luego selena será procesada en el sistema. Damon hizo hincapié en que todo depende del fiscal del estado para decidir si se debe o no seguir y acusar formalmente a selena, ya que el accidente sigue dentro de los tres años del estatuto de limitaciones. Mi historial será limpiado, a pesar de todo.
Mi rodilla esta temblando.
Miro a demi, quien luce de nerviosa. Ella no tenía que venir, pero lo hizo. Demonios, si yo fuera ella estaría demandando que selena sea encerrada por lo menos el mismo tiempo que yo, si no más.
Pero demi no es como yo. Ella tiene un gran espíritu del perdón. Sólo estar a su alrededor me hace esforzarme para ser una mejor persona.
Damon nos dijo a mis padres y a mí que escribiéramos cartas de apoyo para selena, que den fe de su comportamiento. Él dijo que las adjuntaría con su confesión de

modo que el fiscal del estado o el juez asignado al caso lo tomen en consideración cuando decida su sentencia.
—Estoy lista —dice selena con una débil sonrisa. Esto no puede ser fácil para ella, eso es seguro. Pero ella es más fuerte de lo que yo alguna vez le di crédito. Esta mañana cuando bajó por las escaleras, no vestía nada negro. Ella está usando pantalones blancos y una camiseta amarilla. Lucía tan diferente, tan… brillante.
—Buenos días, sol —mi papá le había dicho luego de darle un vistazo.
Pensé que todos estaríamos sombríos y llorando, pero nos hemos mantenido juntos hasta ahora. Cuando mamá llamó anoche y dijo que quería dejar la rehabilitación y venir con nosotros a la estación de policía, sentí como si los jonas estuvieran comenzando a sanar.
Solo tenemos que sobrepasar este último obstáculo.
Heath y Damon le hacen gestos a mi hermana para que los siga.
—Espera —dice Damon, deteniéndose—. ¿Tienen esas cartas para adjuntarlas con su declaración?
Después de que se las entregáramos, demi saca una pieza de papel de su cartera y se la entrega.

—selena, sé que no estás haciendo esto por mí, pero… gracias.
Es un festival de abrazos ahora, todos nosotros esperando transmitir nuestra fuerza a selena antes de su confesión. Incluso demi se levanta y abraza a mi hermana, luego se voltea y me abraza.
—Te debo una —me dice—, te debo más de una, en realidad. Me diste una familia, algo que no había tenido en un largo tiempo.
Asiento. Lo crean o no, nick ha crecido en mí.
selena sigue abrazando a demi.

—Nunca fue mi intención lastimarte, sabes eso ¿verdad?
—Te has disculpado como un millón de veces —dice demi, con lágrimas en sus ojos—. No tienes que decirlo nunca más ¿de acuerdo? Te perdono. Ya pasó, fue un error.
Se abrazan de nuevo, y luego mi hermana se dirige por la pesada puerta de metal. En el otro lado de esa puerta ella se confesará. Entonces será fichada, con sus huellas dactilares y una foto.
—Oye, selena —Julio grita.
selena voltea
—Recuerda lo que te dije —él dice, luego le guiña un ojo.

Ella sostiene su cabeza en alto y le sonríe. Entonces asiente con la cabeza a Heath y a Damon.

—Vamos a hacer esto.
Cuando se ha ido, es extrañamente tranquilo. Hasta que nick se voltea hacia mi papá y dice:

—Jala mi dedo.

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Falta dos capis y se termina la nove !!

Return to Paradise capitulo 25 - jemi en español

 

 



Demetria

Demi, ¿puedo ir? —era la voz de joe por el teléfono. No sonaba feliz.
—Seguro. ¿Qué está mal?
—Te lo diré cuando llegue allí.
Mi mamá y Lou estaban justamente abajo. No le había dicho lo de joe. Quería hacerlo. Para ser honesta. He estado reteniéndome porque lo último que quiero es molestarla cuando todavía está tratando de resolver las cosas con mi papá y Lou. Es hora de confesarle a mi mamá la verdad sobre mí y joe.
Lou y mi mamá están en la cocina. Los dos están cortando verduras para la mezcla de algún tipo de sopa que están haciendo. Ella todavía no está usando su anillo, pero él viene todos los días y realmente está peleando por el derecho a estar con ella para siempre. Ella hizo a mi padre posponer su mudanza aquí… indefinidamente.
—Mamá, ¿puedo hablar contigo?
Mi mamá, con harina en su cabello y una zanahoria en la mano, levanta la vista de la tabla de cortar. —¿Hay algo mal?
—No. Es solo que… si no fuera por joe, podría haber renunciado a la vida.
Mi mamá para de cortar.

—¿Qué?
—Después del accidente, fue joe quien me hizo comprender que la vida valía vivirla.
—demi, eso es un puñado de tonterías.
—No, mamá, no lo es. ¿Quieres saber por qué?

—Estoy segura de que me lo vas a decir sin importar lo que diga.
No sé cómo va a reaccionar. No está exactamente feliz, pero al menos está escuchando.
—Porque él me sacó de mi depresión. Ni siquiera lo viste porque estabas tan feliz de que estuviera en casa y no viviendo en hospitales. Pero no era feliz. Era miserable hasta que joe regresó de la cárcel y me ayudó a entender que yo valía algo aunque tuviera una discapacidad.
—¿Por qué me estás diciendo esto ahora? —pregunta mi mamá.
—Porque viene para acá, y quiero que estés preparada… —sonó el timbre—. Ese es él, mamá. Solo, se agradable y no lo juzgues hasta que yo te cuente todo.
Me apresuro para abrir la puerta. Los ojos inyectados en sangre de joe me saludan. No dice nada; solo me acerca y me abraza con fuerza justo en las escaleras de la parte de delante de mi casa.
—Hoy vi a mi mamá —murmura en mi cabello—. Oh, Dios, demiie, fue tan horrible. selena les dijo a nuestros padres que fue ella quien te golpeó.
Sé que eso probablemente fue la cosa más difícil que selena haya hecho nunca.
—¿Cómo está ella?
—Estaba llorando. Un montón —se aleja, pero sostiene mis manos—. Está decidida a entregarse. No sé qué va a pasar. Acabo de llamar a Damon. Va a venir mañana para aconsejarnos que hacer.
Toqué la frente de joe con la mía. Puedo ver en su cara cuánto lo está despedazando esto. —Lo siento. Iré contigo. Lo que sea que pueda hacer para ayudar, lo haré.
—¿Qué está pasando? —pregunta mi mamá, confundida—. No sé porque estás aquí —le dice a joe—, y por Dios, ¿porqué están tomados de la mano?
Tomo una inhalación profunda y aprieto la mano de joe. Vamos a hacer esto juntos. Lo guío dentro de mi casa y me paro frente a mi mamá y Lou.
—joe y yo tenemos algo que decirles —miro a joe a través de mis ojos llorosos—. Sé que esto va a ser una sorpresa, pero traten de entender…
Este tiene que ser uno de los días más duros en la vida de joe. Mientras se está liberando de la culpa, la realidad incrimina a su hermana a la misma vez.

 —No fui yo quien golpeó a demi —dice.
Se aclara su garganta.
—Uhm… —sostiene mi mano con fuerza—. Fue selena.

—Estás mintiendo.
—No lo hace, mamá —le digo.
—¿Por qué? —pregunta mi mamá, lágrimas están cayendo por su cara. Estoy llorando, también.
Joe se encoge de hombros.

—Pensé que podría manejarlo mejor que selena. Pensé que le estaba evitando pasar algo que la arruinaría. Yo podría manejar ir a la cárcel, pero mi hermana no. Todo esto se volvió como un espiral fuera de control, y me di cuenta de que estaba equivocado, pero ya era demasiado tarde —él me mira—, y demi quedo atrapada en medio de toda esta situación.
Lou sale de la habitación por un minuto, luego reaparece con una caja de pañuelos de papel. Le pasa algunos a mi mamá. Ella toca ligeramente sus ojos con el pañuelo.

—Esto es mucho para asimilarlo demi, ¿sabías sobre esto?
Asentí.
—¿Cómo pudiste no decirme nada? Soy tu madre.
—No lo averigüé hasta justo antes de que joe se fuera. No dije nada porque quería que joe fuera el que lo revelara. De algún modo sentía que ese era su secreto y que él tenía que contarlo. Además, estaba desesperada por parar de revivir el accidente. Quería que se acabara. Tenía que seguir adelante por mi propia cordura —miré al chico que llenó el vacio en mi vida—. joe me ayudó a entender que no podía dejar de vivir por mi discapacidad.
Mi mamá sacude su cabeza.

—Necesito tiempo para digerir esto. Es solo que es… demasiado para mí. Necesito estar sola ahora mismo.
Se apresuró hacia las escaleras. Un minuto más tarde, escuché la puerta cerrándose, y doy un respingo. Nunca quise lastimarla o hacerla sentir traicionada por cualquiera de nosotros. El programa de Re-COMENZAR realmente trajo a casa el hecho de que los accidentes afectan a muchas personas… son como las avalanchas, afectando a todos y todo a su paso.
Miro hacia Lou. —Lo siento. No quise molestarla.
—Lo sé. Creo que le tomará un tiempo asimilarlo. Dale un poco de tiempo y se recuperará —Lou se gira hacia joe—. fuiste muy valiente al volver aquí.
—No me siento valiente ahora mismo. Mi vida familiar es un desastre, y tengo a dos tipos quedándose en la casa de mis padres conmigo porque están lidiando con la misma clase de secuelas con las que estoy lidiando yo.
Lou se detiene por un momento, entonces sonríe.

—Tengo una proposición para ti —le dice a joe—. La casa de mi madre está vacía. Si tú y tus amigos quieren quedarse ahí por un tiempo, y pagan suficiente alquiler para cubrir las utilidades y los impuestos de la propiedad, es tuya.
—¿Habla enserio, señor? —pregunta joe, completamente sorprendido.
Lou asiente. —Sé que mi madre pensaba que eras un buen chico y quería ayudarte. Creo que es el destino; es de la forma en que mi madre lo hubiera querido. ¿Qué dices?
joe sacude la mano de Lou enérgicamente.
—Diría que ha hecho un trato.
Cuando estoy caminando con joe de regreso a su casa así podríamos pasar tiempo con selena y darle las buenas noticias a nick y Julio, joe dice:

—Lou es un buen tipo.
—Lo sé. Espero que mi mamá supere el miedo a amar a otro hombre que no sea mi papá.
—¿Cuáles son tus miedos? —pregunta—, sobre nosotros, quiero decir.
—Después de hoy no tengo ninguno, porque… —le doy la respuesta honesta, la que he guardado durante mucho tiempo—, porque te amo.

Unfaithful - capitulo 12 - jemi en español

Unfaithful

Capitulo 12

Demi se fijó en él. Era atractivo y tendría la misma edad que Joe. Era rubio y delgado, y tenía unos ojos verdes cuya mirada podría atravesar una armadura si se lo proponía.
-He vuelto hace un mes -respondió Zac-. Eres tú el que ha estado fuera de la circulación últimamente -dijo mirando con una curiosidad puramente masculina a Demi-. ¿Tiene esta hermosa criatura la culp...

a? -preguntó con suavidad. Luego miró a Joe y le preguntó--: ¿Qué ha ocurrido con la encantadora T...
-Mi mujer -le interrumpió Joe.
Demi, sin embargo, imaginó el nombre que Zac iba a pronunciar.
-Demi-añadió Joe con un gesto de la mano- Zac Efron. Tenemos el mismo abogado.
Zac Efron miró a Joe pensativamente.
-Vaya, vaya -murmuró antes de rodear a Joe para ofrecerle la mano a Demi.
estaba demasiado ocupada tratando de recordar por qué le sonaba aquel nombre como para pensar en lo que aquel pequeño comentario significaba. Zac Efron era el dibujante de la sección política del Sunday Globe, y tenía un humor mordaz. Tenía la infalible capacidad de captar las debilidades de la gente y utilizarlas de modo que podía convertir a la persona más eminente en el mayor hazmerreír. Aquella habilidad también le había convertido en una celebridad de la televisión.
-Ahora entiendo por qué nadie ha visto a Joe durante semanas -murmuró cuando Demi le tendió la mano-. Te has casado -añadió con suavidad- No hay duda de que tu gusto ha mejorado, Joe.
Demi supo que la estaba comparando con Taylor. -Gracias -respondió en lugar de Joe, que estaba tan tenso que no parecía capaz de pronunciar palabra aunque quisiera- He oído hablar de usted, señor Efron. Admiro su trabajo.

-¿Una admiradora? -replicó Zac con humor- Dígame una cosa ... -añadió haciendo ademán de retirar una silla para sentarse.
-Zac, cariño, ¿no te olvidas de algo? -dijo una mujer interrumpiéndole. Con un gesto de fastidio, hecho para que Demi lo viera, se irguió y se dio la vuelta.
-Disculpa -dijo-, pero debes entender que tenía que saborear este momento. Este hombre ha sucumbido a los encantos del matrimonio -dijo con un suspiro y se volvió a Joe agarrando a su acompañante por la cintura- Claree, éste es Joe Jonas, de quien, sin duda habrás oído hablar.
-¿Y quién no? -añadió Claree con sequedad- Todos esperábamos con impaciencia el resultado de la venta de Habréis.
Demi bajó la vista, preguntándose si sería la única persona del mundo que no sabía lo importante que había sido la venta de Habréis.
-Encantada de conocerte -dijo Claree.
Joe se limitó a responder con una sonrisa. Tenía los ojos fijos en Zac, que miraba a Demi con un no disimulado interés.
-Nos gustaría que os sentarais con nosotros, pero ya hemos pedido la cena -mintió.
-No te preocupes -dijo Zac con una sonrisa- No tenemos ningún deseo de interrumpir a unos recién casados.
Joe abrió la boca para corregir el error, pero la mirada de Demi le obligó a guardar silencio. «¡No!», le decían sus ojos, «¡No les digas la verdad! Conoce a Taylor, así que no me pongas en ridículo diciéndole que llevamos casados siete años y que nuestros hijos tienen seis».
Joe apartó la mirada y apretó los labios con un gesto sombrío y lleno de frustración.
Demi se sentía tan mal que le daban ganas de salir corriendo para no tener que hacer frente a su humillación.
Entonces, Joe hizo algo inesperado y extraño. La agarró por la barbilla, se inclinó y, allí mismo, ante la sociedad más refinada de Londres, la besó apasionadamente.
Cuando se separó, Demi vio en su mirada un dolor tan profundo que se le llenaron los ojos de lágrimas. -Ya veo que la luna de miel no ha terminado -dijo Zac Efron-. Vamos, Claree, creo que debemos dejar solos a estos dos tortolitos.
-¿Qué quieres cenar? -preguntó Joe al cabo de un rato.
Absorta, desconcertada y excitada por el inesperado beso de Joe, y conmovida por la expresión de su mirada, Demi tuvo que hacer un gran esfuerzo para concentrarse en lo que había dicho.
-Pues ... -dijo mirando la carta sin poder leer una palabra- Pues ...
El corazón le palpitaba y en sus labios ardía el recuerdo de aquel beso apasionado.
-Pídeme lo que quieras -dijo por fin apartando la carta.
Joe llamó al camarero con un gesto. Luego le pidió la cena con tal sequedad que el camarero se movió nerviosamente hasta el momento de desaparecer, como si en aquella mesa hubiera demasiada tensión para poder soportarla.
Demi se preguntó si el camarero habría visto cómo se besaron, si lo habría visto toda aquella gente. Con un rubor en las mejillas, miró de reojo a su alrededor, pero nadie parecía prestarles interés. Se retorció las manos bajo la mesa y habló con normalidad.
-¿Cómo conociste a Zac Efron? -le preguntó a Joe.
Joe se encogió de hombros.
-Heredó un par de pequeñas empresas de su padre
-le respondió- No las quería, así que me las vendió.
-Me gusta su trabajo. A mí no se me daba mal dibujar, así que supongo que puedo apreciar mejor su talento.
-También has podido apreciar su encanto, ¿no? -dijo Joe, apretando la mandíbula.
Demi se sobresaltó. ¿Joe celoso?
-¿Por eso me has besado así?
Una mirada cegadoramente amarga cruzó el semblante de Joe.
-Te miraba como si fueras un plato del menú -respondió-. N o quería que tuviera ninguna duda de a quién perteneces.
¿Pertenecer? Sí, ella pertenecía a Joe, pero Joe no parecía pertenecerle a ella.
-¿Hay alguien, en este otro mundo en el que te mueves, que sepa de mi existencia o de la de los niños? -le preguntó con brusquedad.
-Mi vida privada no es asunto de nadie -respondió
Joe-. Sólo me mezclo con ellos por interés, eso es todo. Ahora, ¿podemos dejar el tema? A no ser, por supuesto, que los encantos de Zac Efron te parezcan más interesantes que mi compañía, en cuyo caso, puedo llamarlo para que os doréis la píldora mutuamente.
¡Vaya, estaba celoso! La idea complacía mucho a Demi.
-Bueno, al menos, no hace callar a su acompañante cada vez que abre la boca -replicó Demi con dulzura, observando con una sensación de triunfo el semblante cada vez más serio de Joe.
Gracias a Dios, llegó el primer plato, porque estar allí sentados sin más deseos que lanzarse pullas continuamente, convertía la comida en la mejor opción.
Demi pensó que no podría probar bocado, pero Joe había pedido para ella una mousse de salmón que estaba deliciosa. Iba por la mitad cuando Joe estiró el brazo y le acarició el dorso de la mano.
-Demi -murmuró con voz grave. Demi levantó la vista y le miró a los ojos- ¿Por qué no intentamos pasarlo bien al menos esta noche? No quiero pelear contigo, sólo quiero ...
-¡Joe, cuánto me alegro de verte!
Joe frunció el ceño con irritación y Demi se sintió decepcionada ante la nueva interrupción, porque, después de mucho tiempo, se había dejado sumergir en la hermosa mirada de sus ojos grises.
Aquella vez, Joe ni siquiera se levantó para saludar a quien los interrumpía, una pareja de mediana edad que se había detenido junto a él. Ni siquiera les presentó a Demi. Se limitó a cumplir con la más estricta cortesía, dejándoles claro que no quería ser interrumpido.
-Ahora ya sabes por qué no me gusta traerte a estos sitios -dijo-. Nos van a estar interrumpiendo durante toda la noche.
-¿Y qué tiene de malo? -preguntó Demi ofendida porque veía la irritación de Joe como un signo de su reticencia a presentarla como su esposa.
-Porque, cuando salimos, me gusta tenerte para mí solo -respondió Joe y volvió a mirarla como antes, con aquella mirada oscura y posesiva que le hacía un nudo en el estómago.
Pero tenía razón. Volvieron a interrumpirlos al menos otras tres veces durante el curso de la cena. Finalmente, Joe le ofreció la mano para ayudarla a levantarse. -Vamos -dijo-, podemos ir a bailar. Al menos, mientras estemos bailando, la gente no se atreverá a interrumpirnos.
La llevó de la mano a través de las mesas hasta unas puertas cerradas que se abrieron al empujarlas con la mano. En aquella sala había menos luz. Desde la entrada, apenas se distinguía el otro lado, donde había una barra y un pequeño estrado donde una orquesta tocaba una pieza de jazz muy tranquila.
Joe la llevó hasta la pista de baile y la tomó entre sus brazos. Al instante, Demi se vio asaltada por una extraña sensación de incertidumbre, como si Joe fuera un extraño. Un extraño alto y moreno que apelaba a sus sentidos y hacía que se sintiera como una mujer.
Pero no era ningún extraño, sino Joe, pensaba mientras comenzaban a moverse al ritmo de la música. Ningún extraño, sino el hombre con el que llevaba casada siete años.
Sin embargo, aquel Joe era extraño para ella, y no sólo porque estuviera compartiendo con él una noche en su mundo. En realidad, era un extraño para ella desde hacía pocas semanas.
No pudo evitar un suspiro lleno de tristeza. Y Joe debió darse cuenta, porque apretó la mano que ella apoyaba sobre su pecho y la atrajo hacia sí con la mano que apoyaba en su cintura. Pero se detuvo al instante. Una repentina quietud los asaltó cuando la mano de Joe rozó la espalda desnuda de Demi.
Tuvo que cerrar los ojos, estremecida por una oleada de sensaciones. Trató de combatirla y movió la cabeza para respirar otro aire que no fuera el que impregnaba el olor del cuerpo de Joe. Pero él la detuvo apoyando en su nuca la mano que tenía la suya agarrada.
-Déjate llevar -susurró. Demi dio un respingo. La primera vez que bailaron juntos ella llevaba una camiseta cortada por encima del ombligo y él metió la mano por debajo. Aquella vez llevaba una chaquetilla de terciopelo, algo mucho más sofisticado, pero tuvo la misma reacción ardiente y torrencial, que siseaba como el agua sobre el carbón ardiente. Le palpitaba el corazón y se estremeció al notar que Joe recorría su espalda.
«No», se dijo, «no dejes que te haga esto».
Pero todo el vello de su cuerpo se erizó en respuesta a las caricias de Joe. Cerró los ojos y arqueó un poco el cuerpo, de modo que rozó con los senos el pecho de Joe. Joe se puso rígido y luego se agitó, presa de una necesidad tan vieja como el tiempo y dejó escapar un Suspiro.
-No ha cambiado ni un ápice, ¿verdad? -dijo-.
Seguimos teniendo el mismo efecto el uno sobre el otro.
Tenía razón, se dijo Demi. Y con un último suspiro, que provenía de lo más profundo de su interior, se dejó llevar e hizo lo que estaba deseando hacer tan desesperadamente y lo besó.
Fue la primera vez desde hacía semanas que se acercaba a él intencionadamente. Joe respiró profundamente y dejó escapar el aire poco a poco.
-Vámonos a casa -dijo con voz ronca- N o es esto lo que quiero que hagamos.
-Yo ... -dijo Demi. Estaba a punto de ceder. Se sentía como si ya no tuviera nada que reprocharle. Pero entonces, otra persona les interrumpió, con una voz burlona y familiar, y aquella sensación se hizo añicos.
-Vaya, pero si es el mismo Don Juan en persona. y con una nueva conquista ...


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Cha Cha Cha !! Adivinen quien es la personita que entro a la batalla bueno en el próximo capitulo sale un secreto

viernes, 12 de abril de 2013

Unfaithful capitulo 11 - jemi en español

Unfaithful

Capitulo 11 :


Si alguna vez Demi... qué? Se preguntaba Demi metida en el pequeño cuarto de baño de Frankie mientras esperaba a que Joe saliera de su dormitorio para no tener que encontrarse con él.
...
¿Si alguna vez Demi descubría que había habido otra mujer? Bueno, Demi ya lo había descubierto.
¿Si alguna vez Demi decidía crecer?, se dijo cínicamente, y se miró al espejo con cierto sobresalto, porque era casi como mirar a otra persona.
«Mírate, se dijo. «Escondiéndote aquí cuando ni siquiera tienes que usar el baño. No te atreverías a bañarte por miedo a que el agua te estropeara el peinado, ni a lavarte por si no puedes rehacer el maquillaje. Joe te va a invitar a cenar, pero sólo porque se siente culpable. y, además, espera salir con la persona que acaba de conocer, la misma que te mira desde el espejo, pero esa persona no es más que una ilusión. Un disfraz bajo el que la verdadera Demi está tratando de ocultarse.
Oyó que se cerraba una puerta y luego el andar característico de Joe, que bajaba las escaleras. Demi dio un profundo suspiro, miró de reojo a la mujer del espejo y salió de su escondite. En el brazo llevaba uno de los vestidos que se había comprado, y lo colgó en la puerta del guardarropa, luego, se alejó unos pasos, preguntándose si se atrevería a ponérselo o no.
Era muy sexy. De encaje color rubí y seda negra, dejaba al descubierto los hombros y buena parte de la espalda. La dependienta se había dado cuenta de su desconcierto al ver cuánto exponía su cuerpo y había ido a buscar una chaquetilla de terciopelo negra con mangas y cuello alto, que sólo dejaba expuesto el tentador escote.
¿Iba a ponérselo o no?, se preguntó reflexivamente. ¿O se ponía el vestido negro que llevaba normalmente cuando salía con Joe?
Kate entró apresuradamente en la habitación, colorada y oliendo a polvos de talco. Se acercó a Demi y abrió mucho los ojos al ver el vestido nuevo.

-¿Te lo vas a poner, mamá? -preguntó con dulzura.
-No lo sé -respondió Demi con incertidumbre- Puede que ... lo mejor sea ponerme mi vestido negro ... -dijo extendiendo el brazo para sacarlo del armario. La niña la detuvo.
-¡Pero no puedes ponerte eso! -exclamó con horror- Papá se ha puesto su esmoquin con pajarita esta guapísimo
Demi frunció los labios. Sin duda, el maravilloso papá de Kate merecía algo mejor que su viejo vestido negro.
-Además, ese vestido negro es muy aburrido -dijo la niña.
«Aburrido», se repitió Demi. Era una palabra con la que estaba muy familiarizada las últimas semanas.
-Bueno, entonces, me pondré el rojo -dijo. Si la vieja Demi era aburrida, la nueva estaba decidida a no serlo-. Ve a ayudar a la abuela mientras yo me visto.
Se agachó y le dio un beso en la mejilla. Kate salió corriendo de la habitación. A Demi le dio la impresión de que estaba impaciente por ayudar a su abuela,orgullosa de colaborar a que sus padres pudieran salir.
Se vistió y bajó. Sus hijos y su suegra, que estaban cenando en la cocina, se quedaron boquiabiertos. Había llegado el momento de saber la opinión del verdadero experto, pensó deteniéndose antes de entrar en el salón. Kate tenía razón, se dijo observándolo al entrar, Joe estaba guapísimo con el esmoquin. Pero se trataba de algo más que del elegante corte del traje, era el hombre que lo llevaba el que marcaba la diferencia. Tenía un aire de madurez y sofisticación que parecía aumentar el innato atractivo que siempre había tenido.
Estaba junto al mueble bar, sirviéndose una tónica, y no se había dado cuenta de su presencia.Demi se alegró porque así tenía tiempo de calmar el efecto que tenía sobre sus sentidos. Llevaba el pelo tan informal como siempre, ni muy corto ni muy largo, con un peinado ni moderno ni anticuado. Yeso decía mucho de su carácter. Joe siempre dejaba huella en la gente porque no era ni muy convencional ni demasiado extravagante. Era un hombre con una gran confianza en sí mismo, pero que mantenía en el misterio una parte de su personalidad, lo que le hacía aún más atractivo.
Demi no podía dejar de sentirse intimidada ante aquel hombre y pasaba nerviosamente los dedos por el borde de la chaquetilla. N o solía pensar en él en aquellos términos. De hecho, no solía pensar en él como otra cosa que no fuera su marido. Ésa era otra novedad a la que tenía que hacer frente, que pudiera sentirse intimidada por un hombre con el que llevaba viviendo siete años.
Joe se dio la vuelta y la vio en el umbral de la puerta. A Demi le dio un vuelco el corazón al ver que fruncía el ceño y la observaba de arriba abajo, pero no podía ver bien la expresión de sus ojos.
«Se esconde, huye de mi», se dijo Demi, «lo hace todo el tiempo». Incluso en aquellos instantes en que veía cómo observaba su nuevo peinado y su rostro maquillado, no podía saber lo que estaba pensando. El vestido era mucho más fino que cualquier cosa que se hubiera puesto en su vida, realzaba su esbelta figura, sus piernas largas y bonitas, pero Joe lo observó sin dar la menor muestra de aprobación o disgusto.
Luego, sin previo aviso, un brillo de emoción cruzó por sus ojos antes de desaparecer de nuevo.
Demi se sobresaltó, porque estaba segura de que sus ojos no revelaban otra cosa que tristeza. Pero, ¿por qué debía Joe sentir tristeza al ver a su mujer vestida para salir con él?
O, tal vez, no fuera tristeza, tal vez fuera su conciencia culpable. ¿Qué había dicho su madre? «La tienes guardada entre algodones». Aquella frase debía haberle calado muy hondo, y, en aquellos instantes, allí estaba ella, distinta, convertida en otra mujer. Y Joe debía saber que ella nunca habría llegado tan lejos si él no la hubiera hecho sentirse tan insegura.
-¿Quieres algo de beber antes de que nos vayamos? -preguntó Joe.
Demi se dio cuenta de que no iba a hacer ningún comentario sobre el vestido y sintió una gran decepción. -No ... gracias -replicó con voz grave- ¿Has .. has reservado mesa?
Joe sonrió.
-Sí -dijo-. ¿Nos vamos?
Demi se sentó en el BMW. Se' sentía intranquila y no dejaba de mirarse las manos mientras Joe aceleraba en dirección al centro de Londres. Demi montaba pocas veces en aquel coche, porque cuando salían solían hacerla con sus hijos y era su Ford Escort blanco el elegido. Así que se sentía algo extraña en aquel coche. En realidad, se sentía extraña con todo, incluso consigo misma.
-¿Adónde vamos? -preguntó sin mucho entusiasmo. Se dio cuenta de que Joe la miró, y volvió la cabeza para mirarlo. El volvió a mirar a la carretera. Tenía la mandíbula apretada.
Mencionó un club con restaurante y sala de baile y Demi sintió un hormigueo en la piel. Era uno de los sitios más frecuentados por los ricos y famosos, Demi pensaba que había que tener cierto estatus para ser admitido en uno de aquellos lugares y la naturalidad con que Joe mencionó aquel club le hizo sentirse aún más incómoda.
La comida es buena -decía sin darle importancia- Lo bastante buena como para tentar incluso los apetitos más frágiles.
¿Se refería a ella? Podría ser, desde hacía algún tiempo, no tenía mucha hambre. La comida se convertía en un problema cuando tenía que vivir con un nudo permanente en la garganta.
-Entonces, lo conoces -dijo.
-He estado una o dos veces.
¿Con Taylor? Demi no pudo evitar aquel pensamiento, que provocó que permaneciera en silencio el resto del camino.
Joe no estaba más alegre que ella. La guió a través del vestíbulo del club, iluminado con luz indirecta para realzar el lujo del lugar.
-Buenas noches, señor Jonas -le saludó un hombre bajo, calvo y gordito, con acento francés. Luego se inclinó educadamente para saludar a Demi.
-Buenas noches, Claude -respondió Joe con una familiaridad que provocó la mueca de Demi-. Me alegro de que hayáis podido encontrar una mesa para nosotros habiéndoos llamado con tan poca antelación.
Claude se encogió de hombros de un modo típicamente europeo.
-Ya sabe, señor, para personas como usted siempre tenemos sitio. Por aquí, por favor.
Joe agarró a Demi por la cintura. Demi miró a su alrededor, mientras seguían a Claude, tratando de no demostrar lo impresionada que estaba por el lujo del lugar.
Siempre que había salido con Joe habían ido a alguno de los restaurantes del barrio, indio, chino o italiano. Él no llevaba más que unos vaqueros y una camiseta, tal vez una chaqueta de esport, y ella llevaba una ropa igualmente informal. Solían sentarse relajadamente y compartir una botella de vino con la relajada intimidad de dos personas que se encuentran a gusto en compañía del otro. Pero Demi dudaba de que pudiera relajarse en aquel lugar. No podía imaginar, por ejemplo, a Joe robándole del plato una gamba, su comida favorita, como solía hacer, o a ella misma inclinándose sobre la mesa para darle una, sosteniéndola entre los dedos.
Aquel ambiente no inspiraba aquella clase de intimidad. En realidad, se dijo mientras la admiración era reemplazada por cierto desprecio, encontraba que allí no había ambiente en absoluto, aparte del que decía: «Comemos aquí no porque nos guste, sino porque está de moda».
-No te gusta -le dijo Joe, observando su expresión.
-Todo es ... muy bonito -replicó ella.
-Bonito -repitió Joe con ironía- Resulta que es uno de los mejores restaurantes de Londres, y a ti sólo te ocurre decir que es «bonito».
-Lo siento -dijo Demi-. ¿Debería estar impresionada?
-No -dijo Joe, pero tenía la mandíbula apretada.
-¿O lo que debería impresionarme es que consigas mesa con tanta facilidad? Ten cuidado, Joe, o empezaré a sospechar que tratas de impresionarme.
-y es una posibilidad demasiado ridícula como para que la tengas en cuenta, ¿no?
Demi reflexionó un momento acerca de aquel comentario, mientras paseaba la mirada por las otras mesas, ocupadas por elegantes personas luciendo elegantes vestimentas. Luego miró a Joe.
-Francamente, sí -replicó con desdén- Yo creía que los dos sabíamos que no tenías que hacer nada para impresionarme. Joe suspiró con impaciencia.
-Demi, no te he traído aquí para que discutamos.
Yo sólo quería ...
-¿Darme un trato especial? -sugirió Demi con sarcasmo.
-¡No! ¡Quería complacerte, sólo complacerte! -dijo Joe con amarga intensidad.
-¿Enseñándome cómo vive tu otra mitad? -preguntó Demi burlonamente.
-¿Mi otra mitad? -dijo Joe con desconcierto- ¿Qué diablos quieres decir con eso?
-Tu otro yo, ése del que yo no sé nada -dijo Demi, añadiendo para sí: «el Joe que ha ido creciendo más y más mientras el otro se ha ido desvaneciendo poco a poco sin que yo me diera cuenta»-. El que se siente como pez en el agua en lugares como éste.
Un brillo cruzó la mirada de Joe.
-¿Habrías preferido que, así vestidos, fuéramos a un chino? Te has tomado muchas molestias para conseguir una nueva imagen, Demi. Y esto ... -dijo señalando a su alrededor- ... es lo que coincide con ella. Depende de ti elegir si lo prefieres o no.
Su respuesta fue «no», e hizo una mueca al darse cuenta de lo que aquella respuesta significaba. No se encontraba a gusto así vestida y aquel ambiente no era el suyo. Pero estaba tan claro que sí era el de Joe, que le daban ganas de llorar. ¿Les quedaría algo en común?
-¿Y tú la prefieres? -le preguntó-. ¿Prefieres mi nueva imagen?
Joe se reclinó sobre su silla. Tenía una extraña expresión.
-Me gusta tu pelo -admitió al cabo de un momento-, pero no estoy seguro de que me gusten tus razones para haber cambiado. El vestido también me gusta. Es precioso, pero no me gusta lo que hace con la mujer que ...
En aquel momento, un camarero se detuvo junto a Demi y les ofreció la carta.
-La carta, señores -,dijo.
-Gracias -,dijo Joe y despidió al camarero con un ademán. El camarero se marchó con una inclinación de cabeza.
-Has sido un poco brusco con él -dijo Demi-. ¿Qué te ha hecho para que le trates así?
-Me ha interrumpido cuando trataba de hacerte un cumplido.
Demi lo miró con ironía.
-Si llamas a eso cumplidos, Joe, te diré que no me impresiona tu estilo.
Joe hizo una mueca.
-De acuerdo-asintió-, me cuesta acostumbrarme a tu nueva imagen. Demi... -dijo Joe, inclinándose hacia delante y agarrándole la mano a Demi- ... eres muy guapa, no hace falta que te lo diga ...
«¿No hace falta?», se preguntó Demi.
- ... pero no, por favor, no dejes de ser la encantadora persona que eres sólo porque quieres probarme algo.
-No he hecho esto por ti, Joe-dijo Demi con frialdad- Lo he hecho por mí misma; Ya era hora de crecer.
-Oh, no, cariño -murmuró Joe-, estás equivocada. Yo ...
-¡Por todos los diablos, pero si es el mismísimo Joe Jonas! -dijo una voz.
-Maldita sea -murmuró Joe, apretando la mano de Demi y volviéndose para mirar al intruso.
-Zac -le saludó poniéndose en pie- Creía que estabas en Estados Unidos -dijo estrechándole la mano.



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Bueno nuevo amigito se unio a la nove muajajja Zac entra a la acción !!

Unfaithfll capitulo 10 - jemi en español

Unfaithful

Capitulo 10 :

Al cabo de diez minutos, el suelo del cuarto de estar estaba cubierto de paquetes medio abiertos y Kate no paraba de corretear luciendo un collar de cuentas rojas que su madre le había comprado. A Frankie le había traído un juego de piezas de construcción, pero lo que más le gustaba era la caja de cartón, que estaba destrozando poco a poco. Para Sam había comprado un nue...vo juego de ordenador, y ya estaba jugando con él en su habitación cuando llegó Joe.
Joe se detuvo en el umbral de la puerta y se quedó mirando. La actividad en el cuarto de estar se detuvo. Kate dejó de corretear para observar su reacción y su madre dejó de recoger los envoltorios, mientras Demi se ponía en pie incómodamente y lo miraba con una mezcla de desafío y súplica.
Fue Jenny quien rompió la tensión del momento.
Recogió a Frankie de la moqueta y agarró a Kate de la mano.
Pero Demi no prestaba atención a sus hijos, estaba pendiente de Joe, que la observaba con una inescrutable expresión.
Una tenue sonrisa se dibujó por fin en el rostro de Joe. Demi se quedó muy sorprendida, porque era la misma sonrisa con que se había acercado a ella la noche que se conocieron, una sonrisa ambigua. Demi se irguió con una expresión definitivamente desafiante.
-Vaya, vaya -dijo Joe-, ya veo que ha comenzado la segunda etapa.
¿La segunda etapa? ¿De qué diablos estaba hablando?
Se preguntó Demi.
-¿Vas a salir? -preguntó Joe-. Vas a tener que perdonarme, Demi, pero, si me has dicho que tenías planes para salir esta noche, creo que me he olvidado por completo.
Demi frunció el ceño. Sabía que Joe no decía nada al azar, y se preguntaba qué quería decir con aquel «¿vas a salir?» y el «segunda etapa», cuando sabía muy bien que no iba a ninguna parte.
Le quedó claro que no iba a hacer ningún comentario sobre su nuevo aspecto. Tal vez no le gustaba, tal vez prefería su versión aburrida, la que no le causaba ningún problema, la que sabía el lugar exacto que ocupaba en el ordenado mundo de Joe y no pensaba salir de él.
Demi pensó que lo que tal vez le ocurría a Joe era que no las tenía todas consigo, y experimentó una sensación de triunfo. Tal vez su pregunta fuera sincera. -y si estuviera pensando en salir, ¿qué harías? -le preguntó.
La pregunta provocó de nuevo la sonrisa irónica de Joe. Al verla, Demi se estremeció llena de frustración.
-Supongo que preguntarte con quién sales -respondió Joe, que sabía jugar mejor que ella al juego de las ambigüedades.
-¿Para ver si tu mujercita sale con buenas compañías?
-Pero, entonces, ¿vas a salir? -preguntó Joe, apretando los puños- ¿Con quién? ¿Con un hombre?
Demi no cabía en sí de satisfacción.
-Cuando tú sales, no me dices con quién, no sé por qué tengo que hacerlo yo -dijo con frialdad.

Joe frunció el ceño y miró a Demi como diciéndole «Ten cuidado».
-No te burles de mí -le dijo-. Dame un nombre, sólo quiero un nombre.
Era una conversación completamente estúpida -pensaba
Demi -, ya que ella no iba a ninguna parte.
-No hay ningún nombre -murmuró, furiosa por la facilidad con que Joe había estropeado aquel día tan feliz para ella. Paseó la mirada por los paquetes esparcidos por el suelo, sin encontrar en ellos ninguna satisfacción- Acabo de llegar, no iba a ninguna parte.
A Joe le había bastado con ver los paquetes y las bolsas para darse cuenta. ¿A quién quería engañar, fingiendo con una pequeña mueca de sorpresa que no los había visto hasta aquel momento?
Joe se acercó al paquete que tenía más próximo, una caja larga y plana que todavía estaba sin abrir. Aprovechando que Joe le dejaba libre el paso, Demi tomó su bolso nuevo y se dirigió hacia la puerta tristemente decepcionada.
-¿Qué es esto? -preguntó Joe.
Demi se encogió de hombros, tan arrogante como su hija cuando no obtenía la respuesta que quería.
-Un traje -respondió de mala gana.
-¿Y esto? -preguntó Joe, señalando otra caja
con el pie.
-Ropa interior -respondió Demi ruborizándose, porque la caja rebosaba con la ropa interior más cara que Demi había visto en su vida.
-¿Y esto?
-Dos vestidos -replicó y lo miró con resentimiento-. ¿Por qué? No irás a echarme la bronca por haber gastado demasiado, ¿verdad? ¡Fuiste tú quien me dio todas esas tarjetas de crédito! Una para cada gran almacén de Londres, creo.
Demi no las había utilizado nunca. Hasta aquel día, no se había dado cuenta de las delicias que podían ofrecerle.
Joe ignoró el comentario.
-Es un vestido que merece una cena en uno de los restaurantes más caros de Londres, tal vez con un poco de baile después, ¿no te parece?
Demi se estremeció y miró a Joe a los ojos, sin acabar de comprender.
-¿Me estás invitando a cenar? -preguntó con tanta inocencia que Joe no pudo evitar una sonrisa irónica. -Sí -asintió con cierta burla.
Demi tuvo la impresión de que su ingenuidad le parecía algo muy divertido. Se sonrojó y deseó que la tragara la Tierra antes que continuar con aquella tortura. Por lo visto, Joe no podía tomar en serio nada de lo que ella hacía.
-Sí, Demi -repitió Joe con mayor amabilidad, como si se hubiera dado cuenta de la inquietud de Demi y lamentara haberla causado- Te estoy preguntando si te gustaría que saliésemos a cenar esta noche.
-eh -exclamó Demi desconcertada y sin saber qué responder.
Se alegró de oír a Sam bajar corriendo por las escaleras, como un alud. Pasó a su lado como una exhalación y saltó a los brazos de su padre.
-¡Hola! -exclamó- Mamá me ha comprado un juego nuevo -prosiguió con excitación- ¿Puedo bajado y ponerlo en la televisión? Es un simulador de vuelo y hay que aterrizar y despegar en un tornado.

-¿Por qué no? -dijo Joe sonriendo sin dejar de mirar a Demi-. Si a tu abuela no le importa, puedes bajarlo. Tú madre y yo nos vamos a cenar.
-¿Os vais a cenar los dos juntos? -exclamó Sam, tan sorprendido como Demi-. ¡Qué bien!' -agregó mirando a su madre- Papá te lleva a cenar en vez de ir tú sola como el otro ...
-Sam -dijo su padre. El niño se calló. Demi se sintió muy incómoda.
-A lo mejor tu madre no puede quedarse -dijo.
Sabía que Joe sólo la había invitado a cenar al ver todas las molestias que se había tomado para cambiar de aspecto- Ha estado aquí todo el día y no me parece bien que ...
-No importa -dijo Jenny, viniendo por el pasillo. Demi se dio la vuelta. Jenny y Kate estaban allí.
Tuvo la sensación de que en aquella casa no había la menor intimidad.
-Por supuesto que importa -dijo- Has estado aquí todo el día y yo ...
-Llévala a un sitio bonito -dijo Jenny, ignorando las protestas de Demi.
Demi suspiró con impaciencia, sabiendo que su opinión importaba poco.
-Creo recordar que no he dicho que quiera salir -dijo.
-Claro que quieres salir -intervino Jenny-. Así que recoge todas esas cosas y súbetelas. ¡Kate y Sammy, ayudad a vuestra madre!
Demi exhaló un suspiro de resignación. A no ser que quisiera contarles a todos sus razones para no salir con Joe, no tenía más remedio que hacerlo.
Los niños obedecieron inmediatamente. Recogieron varios paquetes y salieron, dejando que Demi recogiera el resto. Cuando estaba al pie de la escalera, oyó la voz de Jenny.
-Si quieres saber mi opinión, Joe, ya era hora de que salieseis juntos. Y no estaría de más que empezaras a llevarla a esas cenas donde conoces a tanta gente del mundo de los negocios.
Demi se había detenido en las escaleras y esperaba con curiosidad la respuesta de Joe, pero cuando habló no pudo distinguir sus palabras.
Sin embargo, a Jenny se le entendía perfectamente.

-¡Tonterias! -replicó-. ¿Cómo sabes que no le va a gustar cuando no le has dado la oportunidad de averiguado? Tu problema, Joe, es que la tienes tan envuelta entre algodones que no le dejas descubrir lo que realmente quiere de la vida.
¿Era eso lo que Jenny pensaba?, se dijo Demi. En realidad, ella creía que siempre había sabido lo que quería de la vida, ser una buena madre y una buena esposa. Eso era todo. No era algo ni muy excitante ni muy ambicioso. Sólo quería ser una buena esposa para el hombre al que amaba y una buena madre para unos hijos a los que adoraba. ¿Qué tenia eso de malo?
-y te digo algo más -continuó Jenny-. No sé qué es lo que ha pasado para que esa pobre chica tenga roto el corazón, pero sé que ha sufrido mucho y me imagino de quién es la culpa.
A Demi le dio un vuelco el corazón. La invadió una terrible sensación de desolación, como ocurría siempre que recordaba la llamada de Miley.
-Sigue mi consejo, hijo, y sé muy cuidadoso a partir de ahora, porque si alguna vez Demi...
Demi subió las escaleras precipitadamente. No quería saber lo que podría ocurrir «si alguna vez Demi...» Lo que le ocurría era ya bastante doloroso como para preocuparse si alguna vez ...

jueves, 11 de abril de 2013

Unfaithfull capitulo 9 - jemi en español


Unfaithfull

Capitulo 9 :

Pero la madre de Joe aceptó cuidar a su nieto con alegría, lo que en cierto modo contrarió a Demi. De alguna manera, le atraía la idea de entrar en el ultramoderno edificio de oficinas donde Joe tenía el despacho y dejarle a Frankie en brazos. «Aunque, sin embargo», pensaba mientras se dirigía en taxi al centro de Londres, «una cosa es imaginarlo y otra muy distinta hacerla».
Se sentía feliz y esperaba que aquella sensación le durara algún tiempo.
¿Era tan malo no tener otra ambición que ser una buena madre y esposa? Siempre había amado su trabajo, que consistía en cuidar de sus tres hijos, escucharlos, jugar con ellos o, simplemente, disfrutar de ellos.
Y de Joe. Joe podía ser un león en la jungla de los negocios, pero Demi sabía que la tensión desaparecía de su cuerpo en cuanto llegaba a su casa y encontraba a su pequeña familia con sus pequeños problemas, esperando que él los solucionara.
Muchas noches llegaba agotado y con el semblante serio, con el rostro de un cazador implacable, pensó Demi en aquellos momentos-, pero en menos de media hora, estaba tumbado en el suelo jugando con los gemelos. Jugando o viendo la televisión. Se compenetraba absolutamente con ellos y podía llegar a pelearse con Sammy por un juego de ordenador, y no tenía la menor señal de tensión ni de pesadumbre, tan sólo aquella sonrisa infantil igual a la de su hijo, que decía que había abandonado el mundo de los negocios para sumergirse en el feliz alivio que le ofrecía su familia.
Demi se preguntaba si el mismo proceso funcionaba a la inversa, ¿le era tan fácil desprenderse de su papel de padre y esposo cada vez que salía para irse a trabajar? ¿Era un alivio para él volver a aquel otro mundo mucho más excitante, ser el gran hombre con poder sobre otros y verse tratado de forma especial? ¿Se convertían su pequeña mujer y sus tres hijos en poco más que nada una vez que volvía a aquel escenario sofisticado lleno de gente inteligente y sofisticada, con ropa sofisticada y sofisticadas conversaciones?
Sofisticado, se repitió por enésima vez, en eso se había convertido Joe, en un hombre maduro y sofisticado. Mientras, ella se había estancado.
Se odió a sí misma por haber dejado que ocurriera y odió a Joe por obligarla a ver sus propios defectos, porque eso significaba que ella tenía que asumir parte de culpa por lo que les estaba ocurriendo.
Demi sintió un inexplicable alivio al no ver el BMW negro de Joe cuando el taxi la dejó en casa a las seis en punto de la tarde.
Iba tan cargada con bolsas y paquetes que tuvo que llamar al timbre con el codo.
-¡Cielo Santo! -exclamó la madre de Joe, abriendo la puerta y mirando a su nuera con asombro.
Demi siguió hacia el interior sin detenerse.
-Cielo Santo! -volvió a exclamar cuando, una vez en el interior de la casa, Demi dejó caer los paquetes a sus pies.
-¿Qué te parece? --preguntó Demi con incertidumbre.
La Demi que había abandonado su hogar una hora después que su marido no era la misma que estaba ante su suegra.
Se había cortado el pelo en un óvalo alrededor de la cara, hasta la altura de la barbilla. La habían maquillado de modo que quedaran realzados los hermosos rasgos que ella no creía tener. Tenia un aspecto tan natural que era imposible decir cómo le habían arreglado los ojos y la boca para que, de repente, llamaran tanto la atención.
Pero aquello no era todo. Ya no llevaba el abrigo de lana azul pálido y los vaqueros con que había salido aquella mañana. En su lugar, llevaba el traje de chaqueta de lana más exquisitamente cortado que Jenny había visto. Era de color marrón pálido y se ajustaba perfectamente a su figura. Se abrochaba con dos filas de botones de un marrón más oscuro en la pechera y estaba adornado con tres botones en cada puño. También llevaba unas botas de ante por debajo del tobillo y un bolso a juego.
-Creo -dijo Jenny Jonas- que lo mejor será que preparemos una bebida fuerte para cuando mi hijo vuelva a casa.
Jenny no podía saberlo, pero había dado la respuesta que más podía satisfacer a Demi que había ido adquiriendo una actitud más desafiante a medida que pasaba el día.
Se abrió la puerta y entró Sammy.
-¡Uauh! -exclamó, y Demi sonrió de oreja a oreja como una idiota. El tiempo que había empleado preocupándose por la reacción de sus hijos ante el nuevo aspecto de su madre, había sido tiempo perdido.
-¿Qué hay en los paquetes? -preguntó Sammy, despreocupándose de Demi como si fuera la misma de siempre.


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Unfaithful capitulo 8 - jemi en español


 
 
Unfaithful

Capitulo 8 :

La madre de Joe empezó a pasar más tiempo con Demi. No mencionaba el domingo que su nuera había pasado en Londres, pero el hecho estaba allí, aguardando tras sus cuidadosos gestos, tras la cautela con que abordaba ciertas conversaciones.
Jenny Jonas estaba orgullosa de su hijo. Era un hombre, que se había hecho a sí mismo, que había triunfado a pesar de las dificultades. Pero no estaba ciega ante lo que la tentación podía suponer para un hombre del calibre de Joe. Era un hombre perspicaz, inteligente y lleno de vida. Con treinta y dos años, ya era respetado en la comunidad de ejecutivos.
La profunda mirada de sus ojos grises y su habilidad para hacer dinero donde no lo había, lo hacían' muy interesante para las mujeres. Y, aunque nadie le había dicho nada de por qué el matrimonio de su hijo atravesaba por tiempos difíciles, Jenny no era tonta y tenía una idea bastante acertada de la verdad. Así que decidió pasar más tiempo con Demi, para ofrecerle su apoyo moral. Demi, se lo agradecía, porque había llegado a la dolorosa conclusión de que, en el mundo extraño en el que había empezado a vivir, ella era su única amiga.
Se sentía decepcionada consigo misma por haberse dejado llevar hasta convertirse en una persona vacía. Su hogar, que antaño era su orgullo y su gozo, se había convertido en continuo objeto de sus críticas. Podía ser un buen lugar para ella, pero no para Joe. Su avance en la vida merecía una casa mayor, una que reflejara sus éxitos. Demi no dejaba de atormentarse recordando las muchas veces que Joe le había comentado que quería mudarse a una casa más grande, mejor. Tal como había empezado a considerarlo últimamente, lo comprendía perfectamente. No había duda de por qué no había llevado a aquella casa a ninguno de sus amigos: debía avergonzarse de su hogar.
Pero Demi también se sentía furiosa con su marido por no abrirle las puertas de su mundo. Tal vez fuera culpable por permanecer ciega a lo mucho que él había cambiado, pero él tenía parte de culpa por esconderla, como si fuera un incómodo secreto que no convenía a su imagen de triunfador.
La ira se convirtió en resentimiento y el resentimiento en una inquietud que la hacía irritable e impaciente, hasta el punto de que hasta sus hijos estaban alerta para evitar sus reacciones intempestivas.
«¿Quién eres, Demil?», se preguntó una noche que Joe volvía tarde del trabajo, después de muchas semanas en que había vuelto a las seis y media en punto. La tardanza de su marido aumentaba su inquietud. Necesitaba que Joeestuviera allí para experimentar cierta paz.
«No puedes echarle a Joe la culpa de todo», se decía. «Has vivido en una nube, tan encerrada en tu pequeño mundo que ni siquiera te has preguntado cómo era el de tu marido. Sabías que acudía a muchas comidas de negocios, que tenia que moverse en ciertos círculos si quería estar al día, pero no te preguntaste si debías preocuparte por entrar con él en ese mundo, ni siquiera te preocupaste de escucharlo y apoyarlo.»


Se dio cuenta de que ni siquiera sabía que la compra de Harveys se había consumado hasta que Miley se lo dijo. Aún más, sólo se enteró de que quería comprar Harveys cuando la madre de Joe salió en su defensa una noche que ella se quejaba de que volvía demasiado tarde a casa.
-¡Está ocupado con la compra de Harvey's! -había exclamado molesta- ¿No te das cuenta de que es muy importante que consiga ese negocio?
La verdad era que no podía darse cuenta, porque no sabía de su existencia, pero lo más triste era que todavía no se había preocupado de averiguarlo. ¿Qué futuro tenía un matrimonio que no compartía más que una casa, una cama y tres hijos?
-Ni siquiera soy guapa -dijo con un suspiro, mirándose al espejo una mañana.
«Al menos, no en el sentido clásico, supongo», se dijo sin dejar de mirarse al espejo. «Mi figura no está mal, sobre todo, teniendo en cuenta que he tenido tres hijos. Tengo unas piernas bonitas, pero no tengo una cara que llame la atención. No es la cara que se espera de la mujer de Joe Jonas. Tengo los ojos demasiado grandes y la nariz demasiado pequeña, la boca no está mal, pero mi mirada es demasiado vulnerable.»

Hizo una mueca de disgusto.
«¡Y mira qué pelo!», se dijo acariciando su larga melena dorada. «¡No he cambiado de peinado desde que tenía la edad de Kate! ¡Incluso la ropa que me pongo es demasiado juvenil!»
«Pues haz algo para cambiar», le dijo con impaciencia una voz interior.
-¿Por qué no? -susurró con un impulso desafiante- Vaya decirte tina cosa, Mike -dijo dándose la vuelta y hablando a su hijo pequeño, que jugaba en la moqueta-. ¡Me voy de compras! Vamos a ver si la abuela puede cuidar de ti, y si no puede, pues ... pues llamaremos a papá y que se ocupe él, por un día no le va a pasar nada -dijo y se mordió el labio, exactamente igual que hacía su hija Kate cuando tomaba una decisión.



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