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sábado, 18 de mayo de 2013

Unfaithful capitulo 19 - jemi en español

Capitulo 19:

Eran las dos en punto de la tarde de un miércoles. Joe estaba en su despacho, recogiendo los documentos en los que había estado trabajando para preparar su próxima reunión cuando sonó el teléfono.
...
-Una señora le llama por teléfono, señor Jonas, dice que es la señora Jonas.
A Joe le dieron escalofríos. Demi nunca lo llamaba al despacho. ¿Habría ocurrido algún accidente?, se preguntó con alarma. ¿Le habría ocurrido algo a sus hijos?
-Pásemela -le pidió a su secretaria.
Cuando recibió la llamada, había considerado tantas posibilidades que se desconcertó cuando no oyó la voz de Demi sino la de su madre.
Sacudió la cabeza y dijo:
-Empieza otra vez, mamá. Me temo que no he entendido una sola palabra.
Al cabo de unos minutos, estaba en su coche, pisando el acelerador en dirección a su casa. Su madre le abrió la puerta.
-Está ahí dentro -le dijo Jenny con gesto de preocupación y con signos de haber llorado-. Está muy enfadada, Joe-añadió susurrando.
Joe hizo un gesto de dolor al abrir la puerta del salón y ver a Demi sentada en una esquina del sofá. Tenía el rostro enterrado en un cojín y no paraba de sollozar. Se acercó a ella con cuidado. Se quitó la corbata antes de intentar tocarla, le temblaron las manos.
-Dmei-susurró agachándose y apoyando la mano en su hombro.
-Vete -dijo ella sin dejar de sollozar.
Joe frunció el ceño, desconcertado y temeroso.
Nunca la había visto así, tan destrozada que ni siquiera podía decirle lo que le ocurría. Permaneció allí, acariciándole los hombros con ternura mientras se preguntaba qué podía haberla llevado a aquel estado. Pensó en Zac Efron y se le hizo un nudo en el estómago. Si aquel canalla había hecho daño a Demi cuando se estaba recuperando del daño que él mismo le había ocasionado ...
-Demi... -dijo aproximándose y acariciándole el pelo. Se sorprendió al comprobar que estaba húmedo. ¿Cuánto tiempo llevaba así?-. Por Dios Santo. Háblame, dime qué ocurre.
Demi sacudió la cabeza. Joe tragó saliva sin saber qué hacer. Luego, con resolución, se levantó para estrecharla entre sus brazos y volvió a sentarse con ella hecha un ovillo sobre su regazo, con cojín y todo.
Al menos, no trataba de separarse de él, advirtió Joe que permanecía impotente escuchando los sollozos de Demi.
-Tú tienes la culpa -dijo ella por fin.
Joe suspiró, recordando los últimos días, tratando de averiguar si había hecho algo que pudiera causarle a Demi tanto dolor. En realidad, había sido muy cuidadoso. Ni siquiera había dicho una palabra sobre su maldita clase de dibujo. Tampoco habían hecho el amor.
-Se suponía que eras tú el que iba a tener cuidado
-añadió Demi con aquella voz rota que le partía el corazón.
Acarició su pelo con la mejilla. -¿Tener cuidado de qué? -le preguntó.
Demi sollozó todavía más, amenazando con ahogarse si no se calmaba. Joe la agarró por los hombros y la sentó, tirando el cojín lejos de allí.
-Cálmate -le dijo con firmeza, muy preocupado por su estado.
Pero, gracias a aquella firmeza, Demi trató de tranquilizarse y quiso contener las lágrimas. Joe tomó un pañuelo, apartó las manos de Demi de su rostro y le secó las mejillas. Estaba tan caliente que le quitó el jersey de lana que llevaba. Demi se estremeció al quedarse sólo con la blusa y sentir algo de frío.
-Ahora -dijo Joe-, cuéntame qué ocurre. Has dicho que era algo que yo he hecho.
Demi lo miró. Tenía los ojos bañados en lágrimas e hizo un puchero con la boca. A Joe casi le dieron ganas de sonreír, porque Demi era la viva imagen de Kate. Pero era Demi, no su pequeña hija, y Demi era fuerte, a pesar del aire de fragilidad que la rodeaba.
-No llores -murmuró, al ver que Demi volvía a llorar- Demi, por el amor de Dios, tienes que decirme qué te pasa para que pueda ayudarte.
-¡No puedes ayudarme! ¡Nadie puede ayudarme! ¡Estoy embarazada, Joe! ¡Embarazada! -dijo Demi sin dejar de sollozar y luego tragó saliva- ¡Dijiste que ibas a tener cuidado!
Fue él el que debió tener cuidado cuando se quedó embarazada de los mellizos, a partir de ese momento fue ella quien se ocupó de todo. Hasta que la píldora le produjo una reacción, así que Joe volvió a ocuparse de todo, y entonces, nació Frankie.
-¡Eres un inútil! ¡Puede que sepas dirigir un millón de empresas, pero en todo lo demás eres un inútil! ¡Sólo tengo veinticinco años, por el amor de Dios! -dijo balbuciendo---. A este paso me vas a enterrar antes de llegar a los treinta.
Joe no pudo evitar una sonrisa, pero apretó la cabeza de Demi contra su pecho para que no pudiera verla.
-Chist -dijo- Todavía estoy intentando asumido. Pero Demi estaba enfadada y se irguió, para decirle todo lo que llevaba atormentándola durante tanto tiempo.
-¡Me he convertido en una fábrica de niños! -gruñó-. Ahora me explico por qué me tienes aquí encerrada. Tus amigos, esos grandes hombres, se quedarían boquiabiertos cuando descubrieran que también has montado una fábrica en casa. Apuesto a que ... si consultamos a un sindicato, te denunciaría por abuso de contrato.
-¡Cállate, Demil! -dijo Joe, que ya no pudo contener la risa por más tiempo---. ¡No puedo pensar si me lanzas todas esas acusaciones!
-¡Piensa sólo en que estoy embarazada y no quiero estado!
«¡Piensa en eso todo lo que quieras!», se dijo Demi con amargura.
-¿De cuánto? -le preguntó Joe, después de una larga pausa. Tenía un nudo en la garganta y estaba pálido.
-De tres meses -le respondió ella, sintiéndose estúpida.
-Tres meses -repitió Joe, relajándose- ¡Dios Santo! -exclamó tan sorprendido como Demi aquella mañana cuando había visto al médico-. Eso significa ... -Sí.
Significaba que debió ser la primera vez que dejó que se acercara a ella, después de enterarse de lo de Taylor.
-Dios mió, ahora me acuerdo de que no se me ocurrió pensar en ...
Se hizo el silencio, mientras los dos reflexionaban.
Demi seguía sentada sobre las rodillas de Joe que le acariciaba el pelo distraídamente. De repente, se acordó de aquella vez en que él le acarició el pelo de aquella manera, mientras trataba, también, de asumir una noticia semejante.
N o estaba furioso en aquella ocasión y no lo estaba entonces.
-Bueno, pues que así sea -dijo Joe por fin, y le dio a Demi un beso en la boca- Ahora sí que tendremos que comprar una casa más grande.
Con su primer embarazo había ocurrido lo mismo.
Joe había hecho un comentario semejante para aceptar la situación ... «Tendremos que casamos», había dicho.
Demi no volvió a sus clases de dibujo. Fue una decisión enteramente suya. Había recuperado el amor por el dibujo, pero el sentido común le decía que no debía volver a las clases si Zac estaba allí. Pero no dejó de dibujar, y sus caricaturas de los niños se podían encontrar por toda la casa.
Sin que mediara ningún acuerdo entre ellos, Joe empezó a invitarla a salir todos los miércoles, como si quisiera compensarla por todo lo que había perdido ...
También salían a buscar casa. Les llevó mucho tiempo encontrar una que les convenciera a todos.
-¡Así nunca vamos a encontrar casa! -le dijo secamente a Joe después de pasar un fin de semana examinando todas las propiedades en venta de los alrededores y comprobar que nunca coincidían en la elección.
-¿Para qué quieres una casa tan grande? -se quejó una vez después de ver una mansión demasiado grande como para que se pudiera vivir cómodamente en ella- Puede que necesitemos una casa más grande que ésta, pero no tanto. No será para que tengamos habitaciones libres para tus amigos, ¿no?
-La verdad es que aquí no podemos invitar a nadie -replicó Joe, desafiante- Y creo, Demi, que, después de todo lo que he trabajado para que podamos comprar casi lo que queramos, deberías darme el placer de comprar algo especial.
Al cabo de algún tiempo, encontraron algo que les gustaba a los dos. Una vieja casa solariega de ladrillo rojo con grandes ventanales y techos altos. Estaba en una pequeña finca delimitada por un alto muro de ladrillo y árboles, para resguardar la intimidad del lugar. El lugar tenía el prestigio que Joe buscaba y era lo bastante acogedor para convertirse en el hogar que quería construir Demi. A los mellizos les gustaba porque tenía piscina cubierta y establos. Además, tenía una pequeña casa para huéspedes ideal para la madre de Joe, que se enamoró del lugar en cuanto lo vio.
En las habitaciones del piso de abajo, vivía una pareja mayor que llevaba cuidando de la propiedad más de veinte años y que estaban muy preocupados por su futuro después de que la casa se vendiera. El buen corazón de Demi le impidió despedirlos, y Joe se alegró porque así tendrían una asistenta permanente, que liberaría a Demi de muchos trabajos, y un jardinero y chofer para llevar y traer a los niños de la escuela.
Demi se sumergió en la deliciosa tarea de redecorar su nuevo hogar, y descubrió, para su sorpresa, que tenía un gran gusto para hacerla.
Llevaba el embarazo mejor que el de Frankie y, mientras el invierno dejaba paso a la primavera, la casa empezaba a estar lo bastante bien acondicionada como para que consideraran la idea de mudarse.
Joe estaba metido hasta el cuello en otro negocio, la compra de una pequeña empresa de construcción de Manchester que había trabajado para él en el pasado y que atravesaba dificultades financieras, así que pasaba más tiempo en el norte del país que en Londres, mientras Demi trataba de concluir los preparativos de la mudanza antes de que su embarazo se lo impidiera.
Taylor se había disuelto de sus pensamientos a medida que habían ido pasando los meses y no había vuelto a atormentarla mientras hacían el amor, aunque Demi seguía necesitando hacer el amor a oscuras. Pero, al menos, había logrado superar una infidelidad que había estado a punto de echar a perder su matrimonio.
La crisis de los siete años, se decía íntimamente. Si no ocurría nada semejante sino al cabo de otros siete años, podría soportarlo. Porque se había dado cuenta de que nunca dejaría a Joe. Sus vidas estaban demasiado unidas por el amor que sentían por los hijos que ya tenían y por el que pronto nacería. ¿La amaría a ella?, se preguntó. Desechó aquella idea como un sueño que pertenecía a los sueños de la niña que había sido. Pero se había convertido en una mujer madura, que había aprendido a dominar sus emociones para salvaguardar su matrimonio.
Una tarde que estaba en su dormitorio, Joe llegó inesperadamente desde Manchester. Estaba sentada en el suelo separando ropa que quería conservar de otra de la que quería deshacerse.
Joe tenía aspecto de estar muy cansado. Por su mirada, Demi se dio cuenta de que le molestaba que estuviera haciendo aquello.
-¿Por qué no contratas a una asistenta? -dijo Joe con impaciencia, quitándose la chaqueta y la corbata y dirigiéndose al baño con cuidado de no pisar la ropa..



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Me encanto el capi !!