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Mi nombre es Yesennia ... subo adaptaciones jemi en youtube pero aveces como son largas lo subo a este blog este es mi canal http://www.youtube.com/channel/UC93vtXRXWvbXxe_1js_HRJg/videos?flow=grid&view=0 ...
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sábado, 12 de enero de 2013

Dejar paradise capitulo 22 - jemi


JoSEPH

Me encontré con Damon esta mañana, después de convencer a mis padres que me quede hasta tarde porque estaba en la casa de Brian y perdimos la noción del tiempo. Se lo creyeron. Damon vino por alguna clase de evaluación del estado de Illinois. El entrevisto a mi familia, incluso a selena luego nos quedamos en mi cuarto donde me lleno de preguntas.

Le conté a Damon que le había pedido a demi ver su pierna, dejando de lado el hecho que trabajamos juntos todos los días entre semana después de la escuela , o de el hecho que ella es la única persona que me hace olvidar que el año pasado siquiera paso. Dios me libre de decirle que dormí con ella la pasada noche, en el sentido literal de la palabra.

Damon sacude su cabeza. —Está prohibido confrontar a tu víctima, joseph.
—No la confronte.

Damon cruzo por mi cuarto y puso una mano en su cabeza como si tuviera dolor de cabeza.
—¿Eres dulce con ella?
—¿Con quién?
—demi.
—No, de ninguna manera —mentí.
—Ustedes chicos de pueblo pequeño son una raza aparte. Está bien este es el trato: Mantente alejado de ella.
—Tengo opción.

—No —Damon abrió su folder e hizo clic en su bolígrafo—. Ya casi acabas tus deberes de servicio comunitario. Un mirador para la señora Dorothy Reynols. Has estado en ese trabajo por tres semanas.
—Si todo sale bien espero terminar al final de la próxima semana.

Damon lucia impresionado —Buen trabajo joseph, comenzaste inestable, pero eres un chico decente. Encontrémonos de nuevo la próxima semana, hablaremos sobre lo que va a pasar después de tu puesta en libertad.

Me estoy sintiendo lleno de energía después de la visita de Damon, sabiendo que la amenaza de la cárcel esta casi detrás de mí. Solo tengo que mantener el hecho que estoy con demi como un secreto.
Golpeé en la puerta del cuarto de mi hermana. Ella está ahí. Su cuarto es su cueva. El invernadero de mi hermana excepto por la escuela y las comidas.

Ella no responde, golpeo más duro.
—selena, abre.
—¿Qué quieres?— ella dice tras la puerta.

Suspiro, esto es más difícil de lo que pensaba. —Solo abre la jodida puerta.
La abre en una rendija. Empujo el resto de la puerta y entro. Está demasiado oscuro así que tiro de la cortina.

—Ciérrala.
—Sí, bueno, tenemos que hablar y no veo una maldita cosa.
—No quiero hablar.
—Que mal —digo con mis brazos cruzados frente a mi pecho.

selena agarra la manija de la puerta, como si estuviera a punto de escaparse.
—¿Están mama y papa en casa? —ella pregunta nerviosamente.
—Salieron.

Ella deja salir una pequeña respiración.

Ni siquiera sé por dónde empezar, solo sé que estoy preparado para decirlo en voz alta, ha estado reprimido en mi desde hace más de un año. El demonio se ha desatado. La vida no se trata de encubrir la mierda y vivir en un mundo de fantasía.

Tomo una profunda respiración y le digo a mi hermana.

—Tú golpeaste a demi con el auto y me eché la culpa por ello. Me lo he aguantado, pero se acabo. No lo hubiera hecho si hubiera sabido que actuarías como un jodido cadáver el resto de tu vida.
Sus ojos se ensanchan como si su cerebro registrara la verdad por primera vez.

—Habla selena —ordene—. Di algo… ¡cualquier cosa!
—¡No puedo manejar esto! —ella grita, luego se lanza de bruces sobre la cama.

Tomo una caja de pañuelos de su mesa de noche y se la paso. Estoy de pie mientras ella llora histéricamente.

—Lo siento, joseph, lo siento tanto —ella dice entre sollozos—. Pude haberla matado, Nicholas.
—Pero no lo hiciste.
—Me quede allí y observe como te esposaban, deje que te llevaran.

Estaba tan acostumbrado a ser el problemático, solía ser el que lo arruinaba. Selena había sido la inmaculada gemela. Yo era el rebelde. Incluso borracho, no dude en echarme la culpa del accidente. selena no sería esposada, arrestada y condenada. Ella no podría manejarlo. Yo lo haría.

Los policías no preguntaron cuando confesé allí mismo. Infiernos, mis propios padres no cuestionaron mi culpa.

Pensar, que todo, era porque selena trato de esquivar una jodida ardilla en el camino.
—Se acabo —le dije.

—No, joseph, no lo está. Nunca se acabara. Voy a cargar con esta culpa a mí alrededor el resto de mi vida. Ni siquiera puedo mirar a demi. Infiernos, joseph, ni siquiera puedo mirarte. Es tan duro para mí, no puedes imaginarte.

Ella tiene razón, No puedo.

Ella gira hacia mi aspira en una temerosa respiración. —No le dirás a nadie ¿cierto? Prométeme que nunca le dirás a nadie.

Miro a mi gemela, la chica con la que compartí el vientre de mama, al igual que cumpleaños y con la que crecí lado a lado. Ella debe conocerme como yo la conozco, sentir mi dolor como yo siento el de ella. Ella sabe que este secreto me desgarra por dentro. Puedo sentir cuan retorcida se ha vuelto su racionalidad. Pero ella me ignora y se enfoca solo en ella. Ella es, después de todo, una extraña para mí. 

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Demetria

Estoy tarareando una vieja canción que mi madre solía cantarme cuando me metía en la cama, cuando tenía miedo de la oscuridad y me negaba a ir a dormir. La vida era menos complicada entonces. Mi papá vivía en casa y el único trabajo de mamá era, bueno, tan solo ser madre.

Ahora está trabajando como camarera y saliendo. De acuerdo, esa última parte es mi culpa. No puedo culpar a mi mamá por su cita esta noche. Gracias a joseph, estoy llegando a términos con eso.
Esa primera noche me besó mágicamente. Estaba toda preparada para ser solo amigos, apreciando nuestra relación platónica, cuando de repente se convirtió en algo más. Cuando estoy con el no pienso en mi cojera. Todo lo que pienso es como se siente el ser capaz de hablar y compartir y besar.
¿Y enamorarme de Joseph jonas otra vez? No lo sé. Estoy tan nerviosa y asustada de ser herida de nuevo, que mantengo una pared para que mi corazón este protegido.

Poco a poco ha estado socavando esa pared.

Después del trabajo nos hemos estado bajando del autobús dos manzanas más atrás para que podamos robar unos pocos minutos extras juntos.

Desafortunadamente, hoy tenía una reunión con algún consejero del Departamento de Correcciones. Dijo que era importante, así que espero que le vaya bien.

Le he perdonado por el accidente. Hace dos días intentó proponerlo, diciendo que tenía algo importante que decirme sobre eso. Lo corté con un beso y promesas de perdón.

El viento está soplando, y las hojas están empezando a caer. Es el final del verano. Los árboles, hierba y flores se están preparando para la inactividad. Conforme planto el último de los capullos de narcisos para la Señora

Reynolds, pienso en el invierno que tendrán que sobrevivir antes de descongelarse y estar listos para su primer vistazo al sol.

Miro hacia arriba y paro de soñar despierta sobre canciones y árboles y joseph para encontrar a la Señora Reynolds de pie sobre mí. Dejo de tararear.
—Estás muy alegre hoy.

—Solo tengo cinco capullos mas antes de terminar —le digo.
—Eso es una cosa buena, también —dice, mirando hacia el cielo anocheciendo—. El tiempo está cambiando. Ya siento un frío invernal en el aire.
—Yo también —después de terminar el último capullo, nos sentamos y cenamos.
—Me gustaría invitarte a ti y a tu madre a cenar una noche. Pero solo si está bien para ti.
—¿Por qué no lo estaría?
—Porque mi hijo ha estado saliendo con tu madre más de lo que lo ha estado en los últimos tres años. Lo he estado entrenando, ya sabes.
—¿Lo has hecho?
—¿Llevó Lou chocolates la primera vez que fue a tu casa? —asiento.
—Ese era mi consejo. Le dije que llevara rosas amarillas a tu madre porque son la mejor manera de empezar…
—No eran rosas amarillas —levanta una ceja—. ¿No lo eran?
—No. Tulipanes.
—¿Amarillos?
—Púrpuras.
—Uhm. Y los chocolates, ¿eran caramelos?
—Frango Mints. Muy sabrosos.
—¿Sabrosos, eh? Mucho para el consejo de una madre —río.

Mi jefa agita sus brazos al aire. —Suficiente holgazanería, demi.

Cuando estamos guardando los platos, la Señora Reynolds se balancea y se sujeta al borde del mostrador para apoyarse.

—¿Está bien? —pregunto, tomando su plato y dirigiéndola al sofá.
—Estos nuevos medicamentos están causando estragos en estos viejos huesos, eso es todo. Nada por lo que preocuparse.

Yo me preocupo. Antes de dejar su casa, llamo al Comedor de la Tía Mae y le digo al Señor Reynolds que la controle.

Me dirijo a la parada del autobús después de convencerme de que está bien. Un coche me grita cuando camino. Lo reconozco como el mismo coche con los tipos con los que se peleó con joseph.

— Hey, es la novia retrasada de Joseph jonas —alguien grita por la ventana. Me muerdo el interior del labio y sigo andando.

—Creo que te quiere, Vic. Por qué no le muestras un buen rato —alguien más dice. Luego todos ellos se ríen.

El coche está yendo despacio a mi lado. Solo espero que no bajen del coche. Si paro de andar, ¿saldrán?
¿Me harán daño?

Un miedo profundo, tan intenso que estoy temblando por dentro, no me deja parar.
No puedo volver a la casa de la señora Reynolds. Está demasiado lejos y no puedo correr más rápido que estos tipos. Hay casas que bordean la calle. Podría intentar tocar el timbre y pedir a alguien que llame a la policía.

Un plan se forma en mi cabeza. Me doy la vuelta y me dirijo en dirección contraria, la dirección por la que venía. Pero en el proceso me caigo. Mis manos me escuecen y siento humedad pegajosa goteando por mi rodilla del corte que me acabo de hacer de la caída.

—¿Tuviste un buen viaje? —uno de ellos grita por la ventana.

Me levanto y cojeo más rápido, rezando por que el coche no se vuelva y me siga. Porque si lo hacen, no sé cómo voy a manejarlo. Escucho el sonido del coche girando. No me atrevo a mirar atrás y darles otra razón para venir tras de mí. Pero difícilmente puedo oír nada aparte del jadeo furioso de mi propia respiración.

El alivio corre a través de mí cuando el autobús hace un estruendo calle abajo. Me apresuro a la acera y le hago señas al autobús para que pare, luego miro para ver si el coche está todavía por aquí.

—¿Estás bien? —pregunta el conductor del autobús.
—Estoy bien —digo, luego me escabullo al final para sentarme.

Nada puede curarme, ninguna cantidad de terapia o cirugías. La vieja demi, la estrella del tenis sin cojera debilitante, la vieja demi, quien podía huir del peligro, no existe.

Joseph  está fuera cortando el césped conforme bajo la calle. Para el motor y se precipita a mi tan pronto como mira hacia a mí.

—¿Qué ha pasado? Dime que ha pasado.
Estoy intentando contener las lágrimas. —Estoy bien.

Mira alrededor para asegurarse de que la gente no está mirando, luego acuna mi cara en sus manos. — No estás bien. Maldita sea, háblame.

Lo miro con desesperación. —Fue este tipo, Vic.
—Lo mataré si te ha tocado —gruñe, mirando mis pantalones rasgados manchados de sangre.
—No lo hizo. Él y sus amigos solo me asustaron, eso es todo.
—Me aseguraré de que no vuelva a suceder, demi.

Le sonrío afectuosamente. —No vas a ser siempre capaz de protegerme. ¿Qué vas a hacer cuando esté en España?, ¿volar y golpear a todos los tipos malos que se rían de mi? 

Dejar paradise capitulo 21 - jemi



Joseph


Es domingo. Domingo de Futbol. Estoy en el Dusty’s Sports Bar & Grill con los chicos, ya que nos podemos sentar en el área del comedor y ver el partido desde los tres televisores pantalla gigante pegados en todo el restaurante

El lugar está en bancarrota—hasta las oscuras mesas de madera y sillas se bambolean de lo viejas. Pero sus pantallas de televisión son grandes y nuevas, las cuales atraen chicos desde las tres ciudades más cercanas en las tardes de domingo.
Me pregunto qué estaría haciendo demi hoy. Ella trabaja para la Señora Reynolds en las mañanas, pero probablemente llegaba temprano a casa. ¿Estaría en casa ahora, sentada en su cuarto? ¿O estaría en fisioterapia?

—¿Viste eso, jonas? —pregunto Tristan mientras la multitud estallaba en gemidos. —Lo siento, hombre, me lo perdí. — estaba pensando en alguien en quien no tengo derecho a pensar.

Sacudiendo su cabeza, Tristan apunto a la pantalla.
—Lo juro, Guerrera necesita algo de pegamento en sus manos para que así pueda mantener el agarre del balón. Es el tercer balón que pierde.
—El cuarto —los corrigió Drew.

No le prestaba atención al juego hoy.

Atrape a Brian mirando hacia la puerta y señalando a quien quiera que acabara de entrar al restaurante. Me doy la vuelta. Es ashelly. Seguida por Hanna, taylor, Danielle y Sabrina. No creo que sus alegres porras fueran muy bien con este lugar. Pero entonces, a lo mejor sí.

—¿Qué están haciendo las chicas aquí? —le preguntó un frustrado Tristan a Brian, quien obviamente las invito.

—¿No podemos cambiar las reglas solo por esta vez? ashelly realmente quería venir.
—Ugh, me voy a enfermar —dijo Drew, fingiendo arcadas—. Ella te tiene por las pelotas, hombre. ¿Cuándo te darás cuenta?

Drew, el idiota autoproclamado de nuestro grupo, por primera vez en su vida tenía razón. Justo cuando estaba a punto de proclamar a Drew un suspicaz genio, las chicas llegan a la mesa. ashelly usando jeans ajustados y un suéter de los Osos. El suéter de Brian, el mismo que recordaba verle usando cada domingo.

Brian está mirando a su novia trofeo, y me está haciendo enfermar también. Porque así era como yo me veía cuando estaba saliendo con ella, y todos agradecían que una chica como ella me honrara eligiéndome como su novio. Que alguien me dispare.

—¿Podemos unirnos a ustedes? —pregunto ashelly, pero mientras las palabras se deslizaban de su boca ya estaba tomando la silla al lado de Brian y le hacía señas a las chicas para que acercaran silla, también.Seriamente, esta era una gran violación al código “no se permiten chicas en los partidos del domingo”.

Pude ver que Tristan y Drew no estaban felices por la invasión de chicas. La razón por la cual la regla había sido creada en primer lugar era que todos estábamos de acuerdo en que las chicas (al menos las de nuestro grupo, también conocidas como las que estaban sentadas en nuestra mesa justo ahora) no están interesadas en ver el juego. Están interesadas en romper nuestra concentración. Es como un reto, de ver si pueden distraernos del futbol.

—Hey, joseph —dice taylor mientras coloca su silla a mi lado—. ¿En qué andas? Antes de que pueda responder, la camarera se acerca a nuestra mesa para deslizar nuestra comida y preguntarles a las chicas que quieren ordenar.
—¿Qué tipo de ensaladas tienen? —pregunto ashelly.
La camarera sofoco una risa.
—Nada de ensaladas. Tenemos hamburguesas, sándwiches de pollo, alitas y papas fritas. Escoge.

ashelly  se sorprendió por las opciones. Lo note por la forma en que miraba a la camarera con horror. Este lugar era todo cerveza/alcohol para la
multitud ―mayor de veintiún años
. La comida era en lo que menos pensábamos.

—Tomare solo una Coca-Cola dietética —finalmente dijo.
Todas las chicas pidieron Coca-Cola dietética. Nada más. Tristan volteo sus ojos. —¡Espera! —dice Sabrina, llamando de nuevo a la camarera—. Comeré una hamburguesa. Sin queso, solo así.

—Una hamburguesa sola, cinco Coca-Colas dietéticas —repitió la camarera antes de retirarse.
—Comeré una hamburguesa, también —dice taylor pinchándola—. Sola, como la de ella.
—Dos hamburguesas, cinco Coca-Colas dietéticas.

Taylor  levanto sus cejas.
Danielle se encogió de hombros.

—¿Qué? No almorcé, estoy muerta de hambre. Además, no creo en eso de no-carbohidratos, taylor.

Drew se puso en pie de un salto y alzo sus manos.
—Está bien, si ustedes chicas quieren estar con nosotros, será bajo unas cuantas reglas. No hablaran sobre ensaladas, y ni siquiera quiero escuchar la palabra ―carbohidratos
. Si no vinieron aquí para hablar de los Osos o Futbol, o para recordar el año 1985, permanezcan en silencio. Y por el amor de Dios, si no saben ni porque lo hacen, espero que no aplaudan. ¿Lo captan? Las cejas de ashelly estaban fruncidas.

—¿Qué paso en 1985? Drew, lamento decírtelo pero ni siquiera habíamos nacido. Mientras Drew se golpeaba la frente en señal de frustración, un avergonzado Brian cubrió la boca de ashelly.
—Ese fue el último año en que los Osos ganaron el Super Bowl —le informo Brian. Él quito su mano de la boca de ashelly.

—Sabes lo que es el Super Bowl, ¿no? —pregunta Drew, sentándose al final.
—Por supuesto que lo sabe —comenta Brian, luego acerca a ashelly y mantiene su brazo sobre sus hombros.

El resto del partido se cumplió con el silencio por parte de las chicas y abucheos y gritos del resto de la gente en el restaurante. Cuando se me ocurrió echarle un vistazo a  ashelly y a Brian durante un comercial, su mirada estaba en mi mientras le susurraba algo a Brian en el oído que lo hacía sonreír maliciosamente.
Juro que también la vi lamiendo el lóbulo de su oreja.

Disgustado, me levante y me dirigí al lavabo. Después de hacer pis, me lavo las manos y me inclino sobre el lavabo mientras miro mi reflejo en el espejo. Soy un maldito desastre, incapaz de solo enfriarme y pasar un rato con mis amigos.

Especialmente no con las chicas aquí. Especialmente no con ashelly  aquí. Me pone los nervios de punta, recordándome el pasado. El accidente. demi.

La puerta del baño de hombres se abre y con seguridad ashelly  entra por ella. No me sorprende.

—Tu novio te seguirá hasta aquí —le digo.

Deambula cerca de mí, tan cerca que puedo oler su fuerte perfume mezclado con brillo labial de cereza. Demasiado exagerado.

—No lo hará. Piensa que estás enfadado, así que le dije que hablaría contigo. Confía en nosotros.
—Es un idiota.
—También piensa que estas celoso. ¿Lo estás?
—Oh, sí —le digo. Ella quiere escucharlo, así que le doy lo que quiere. Es un juego que le gusta jugar. Estoy cansado de sus juegos, pero es la única forma de soportarla.
—Has sido difícil de alcanzar, joe —dice tratando de sonar mandona.
—Pensé que teníamos un acuerdo.

La única relación que quiero es la que ya tengo, con demi. Puede no ser pública, pero es autentica.

Lo molesto es, que no sé lo que sabe ashelly. Cada vez que estamos juntos, sugiere saber más del accidente que los demás. ¿Pero que si no es así, que si esta aprovechándose de mí? Estábamos muy apegados esa noche y ella es
fácil. Tal vez mi ex ha estado jugando conmigo todo este tiempo y soy un tonto igual que Brian.


No importa lo mucho que lo quiera, no puedo arriesgarme a perderla.

Desliza sus uñas color rojo furioso sobre mi camiseta como una araña, deteniéndose cuando alcanza mi hombro. Entonces se inclina hacia adelante.

—Eres como una droga, joe. No puedo detenerme.

Ella está floreciendo en la persuasión. No yo. Lo que le gusta es probablemente que alguien podía entrar en cualquier momento y encontrarnos así de cerca. Es el factor riesgo el que le daba adrenalina.

—¿Entonces porque estabas succionando la oreja de otro tipo? —no sé porque le pregunte. No es que me importara. Puse mi mano en su cintura, listo para alejarla si se acercaba mas. Estaba cansado de ser su peón.

—Solo quería obtener una reacción de ti. Funciono. Desde hace un par de semanas no me das nada, ninguna emoción o aliento. Brian cree que estas con demi lovato. ¿No es ridículo?

Justo cuando estaba a punto de responder, la puerta se abre. Drew entra, viéndonos a Kendra y a mí, parados cerca, tocándonos el uno al otro en lo que podría verse como un abrazo. No es lo que parece, pero se ve mal.

—Ni siquiera preguntare —dice Drew, luego se dirige a los urinales. Antes de que él deslice su cierre abajo, vuelve la cabeza a ashelly—. ¿Te importaría hacer eso en otro lugar?
—No es nada que no haya visto antes —le dice ashelly a Drew mientras se aleja un paso de mi, rompiendo todo contacto.

Drew suelta una breve carcajada.
—Sí, bueno, tú puedes haber hecho rondas con mis amigos, pero no has puesto las manos en mí.

—Por lo que he oído, una mano sería suficiente —le disparo Kendra.
—Suficiente —digo—. ashelly, vuelve con Brian. Drew, vete ya a orinar.
Herida porque no la defendí, salió corriendo del baño de hombres, pero no sin antes murmurarle:

—Idiota —en su camino, a lo cual Drew respondió:
—Zorra.

Drew termino, entonces mientras lavaba sus manos dijo:

—¿joseph , crees que acostarte con ashelly es la respuesta? Escucha, deja que Brian tenga a la perra y se la pase a alguien más.

—Es un poco más complicado que eso —Drew hizo un sonido de reprobación, al igual que la Sra. Reynolds.
—Tú lo estás haciendo complicado —eso me golpeo.

Por segunda vez hoy, Drew tenía razón. Estaba dejando que ashelly me manipulara en vez de al revés. No necesitaba complacerla. Solo podía dejarla continuar la persecución sin darle la oportunidad de tirar a matar. Wow, había estado haciendo todo mal, no puedo creer que la solución sea tan simple. Saco mi billetera y le doy a Drew veinte dólares.

—Mira, paga mi cuenta. Me voy de aquí.
—No tienes que irte. No le diré a Brian lo que tú y ashelly estaban haciendo.
—En este momento, ni siquiera me importa —digo, entonces deje el baño de hombres y me dirigí a la puerta trasera. 

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Demetria


Joseph  llega en la tarde, totalmente inesperado. Abro la puerta y de repente, está aquí, parado al frente mío con una mirada determinada en su rostro.

—Quería verte —es toda la explicación que consigo—. ¿Tu mamá está en casa?
—No. Salió a trabajar hace cinco minutos —joe y yo somos amigos. Está bien, somos más que amigos. Es extraño y complicado, pero es la única amistad intacta que me queda.

Lo llevo a mi habitación y lo dejo esperando mientras traigo algunas bebidas y bocadillos. Nos sentamos en el suelo y nos comemos los bocadillos. Hablamos sobre la escuela y su equipo de lucha, y nos reímos sobre la época en que éramos niños en preescolar y todas las cosas estúpidas que hacíamos.

Entonces jugamos gin con las cartas que mi madre me compró cuando estaba en el hospital. Él no dice una sola palabra sobre besos. Ni siquiera me mira con esa caliente, necesitada mirada que he visto antes. Sé que tiene algo en mente. No sé que pueda ser, pero lo está distrayendo.

Después de un rato, baja sus cartas y dice:
—Quiero ayudarte demi.
—¿Con que?
—A jugar tenis de nuevo. Siempre te he visto mirando hacia el armario como si allí hubiera un monstruo, así que lo revisé mientras fuiste a la cocina. Encontré tu raqueta.

Me paré. Mi corazón comienza a acelerarse mientras me alejo de él.
—Nunca voy a volver a jugar.

Él se para, también.
—No estoy tratando de herirte demi. Estoy tratando de ayudarte.
Yo le doy la espalda.
—No puedo jugar.
—Simplemente inténtalo, demi. ¿Qué daño puede hacer?
—No voy a ser buena.
—¿Quién dice que tienes que ser buena?

Él no sabe que ser buena jugando tenis siempre ha significado más que ser buena en el tenis. Es mucho más profundo que eso.

Cuando miro a demi, quiero hacerlo sentirse orgulloso de mí. Está tratando de curar cualquier dolor que haya podido causarme. Quiero ayudarlo también.

—Está bien, lo intentaré —digo—. Pero no esperes mucho de mí.

Quince minutos después estamos detrás de la Preparatoria Paradise mirando hacia las canchas de tenis. Esto me trae recuerdos de esa época cuando trataba de probarme a mí misma.

Respirando profundamente, sigo a demi hacia la dura y verde superficie.

Cuando Nick sacó mi raqueta, me congelé. Ni siquiera quería sostenerla.

Así que después de que él sacó su propia raqueta y algunas bolas de su garaje, lo cargo todo sin quejarse mientras caminábamos hacia la escuela.

Ahora estaba ofreciéndome mi raqueta.
Yo me contengo.
Tomando mi mano en la suya, envuelve mis dedos alrededor del mango de la raqueta.

—Estoy asustada —admito.
—Yo también.

Yo levanto una ceja.
—Si —dice él—. De que me ganes. Tengo que cuidar mi imagen de tipo duro, lo sabes.

Eso me hace reír.

—Tú no me necesitas para hacerte parecer duro, demi.

Con eso, él toma las bolas de tenis y se dirige al lado opuesto del campo.
—Ten cuidado conmigo —bromea.

Golpea la bola justo hacia mí, fácil y lenta. Mis instintos toman el control y golpeo de vuelta. Se siente bien, tengo que admitirlo, pero también se siente extraño. Mi cuerpo se mueve diferente ahora, como si estuviera rígida y no lograra relajarme. Mis piernas, mi posición, ambas son extrañas y erróneas. No me puedo balancear en los talones de mis pies ni rebotar cuando la bola viene hacia mí. No puedo inclinarme en una posición alerta, lista para golpear la bola cuando vuele hacia mí.

Cuando demi golpea de nuevo la bola hacia mí, no me muevo.
Él se detiene y sacude su cabeza.

—Hubieras podido golpear esa.
—No quería hacerlo. ¿Podemos irnos ahora?
—No. Respóndeme diez lanzamientos, entonces nos iremos.

Él golpea la siguiente bola hacia mí. La golpeo suavemente.
—Nueve —dice él, contando las que faltan.

Tres bolas más llegan cerca a mis brazos y las golpeo lentamente, para que vuelen fácilmente sobre la red justo hacia él. Mis pies aún no se han movido de su lugar.

—Seis. Otros cinco gentiles lanzamientos vuelan sobre la red y rebotan justo en frente mío. Las envío de vuelta suavemente.
—Una más, demi. Entonces nos vamos de aquí.

Fantástico. Sólo falta una para que la humillación se termine.

Él envía una fuerte y rápida sobre la red. Rebota un metro y medio más allá de donde estoy parada. Ni siquiera intento ir por ella. Él lo hace de nuevo... y de nuevo. Yo dejo mi raqueta a un lado y me quedo mirándolo.

—¿Estás tratando de humillarme?

—Deja de actuar como un bebe y atrévete a ir por la bola —dice él, sacudiendo su cabeza—. ¡Vamos!

¡Como se atreve!

Esta vez, mientras la bola se acerca sobre la red, es mi rabia y nada más lo que me empuja mientras tomo los tres pasos y golpeo la bola de vuelta hacia Nick con toda la fuerza y frustración que hay dentro de mí.
Lo golpea directamente en su brazo.

—¡Ouch! —no le pregunto si se encuentra bien, porque tiene esa mirada arrogante en su cara y las esquinas de su boca están hacia arriba en un claro signo de victoria—. ¿Se sintió tan bien para ti como para mí? —pregunta.

Yo le tiro la raqueta y camino fuera del campo.

No le daré la satisfacción de saber que se sintió increíblemente estimulante.

Me alcanza y me acerca hacia él.

—Voy a tener un moretón, ¿lo sabes? —dice él—. Pero mirarte golpear esa cosa fue realmente sexy.
Yo me giro para mirar el moretón que ya está apareciendo en su brazo.
—¿Lo fue?

En un rápido movimiento, se adelante y me acorrala contra la cerca con su cuerpo.
—Voy a besarte.

Mi estomago hace un pequeño giro; Me olvido de que estoy molesta. Mis nervios se apoderan de todas mis emociones.

—¿Aquí?
—Oh, sí. Justo aquí, justo ahora. ¿Piensas huir esta vez?
—No lo creo. Pero no estoy segura.

Él sonríe, fascinado con mi respuesta.
Miro hacia arriba y encuentro sus ojos, un pequeño asomo a su mundo privado, entonces mojo mis labios en anticipación.

Y ese es el comienzo de nuestra maratón de besos. Todo lo que tengo que decir es que después de una hora de labios y lenguas, de inocentes y no tan
inocentes caricias de ambos lados, no me siento tan inexperta. No me siento insegura acerca de besarlo.
Nos vamos de las canchas del parque y regresamos a mi habitación. A mi cama. demi se inclina hacia atrás y gime.

—Vamos a tener que detener esto o mi cuerpo va a sufrir las consecuencias durante días.

Relajándome, pongo mi cabeza sobre su pecho.
—Esto fue agradable.
—Sí, demasiado agradable.

Él está respirando pesadamente. Los dos lo estamos. Tomo aire despacio y profundamente, y me glorifico en el momento. Podría quedarme aquí por siempre, justo como estamos. Mirándonos. Sintiéndome deseada. Sintiéndome protegida. Sintiéndome normal.

—Debería odiarte por obligarme a jugar tenis.
—Sí. Pero no puedes, ¿Verdad? Además, hemos tenido una sesión de besos y caricias en la que estarás pensando por semanas.
—Tú tienes un problema de ego.
—Sólo contigo —él se ríe, luego bosteza.
—¿Te estoy aburriendo? —pregunto.
—Para nada —dice él, acariciando mi cabello—. Es sólo que... yo nunca duermo demasiado bien. Y estoy tan relajado y feliz que mi cuerpo está listo para descansar.

Yo me incline sobre mis codos.
—Entonces duerme.
—¿Aquí?
—Seguro. Mi mamá no llegará hasta más tarde —comencé a levantarme, para dejarle la cama completa para que pudiera dormir en paz.
—No me dejes —dice él—. Acuéstate a mi lado —y me empuja hacia abajo con él.
—Eres tan diferente —dice él, casi para si mismo.

—No digas eso —le digo yo, mirando hacia otro lado. Quiero mantener la falsa fantasía de que soy igual que las demás chicas, por lo menos durante un poco más de tiempo.
—Diferente de una buena forma —sus cejas se arrugan—. De una forma realmente buena.

Entonces me acerca y me abraza apretadamente. Estamos abrazados tan juntos, como si hubiéramos estado saliendo por años. Incluso estamos compartiendo la almohada sobra la que he dormido desde que tengo diez años. Lo último que recuerdo antes de despertar es la lenta y rítmica respiración de demi detrás de mí mientras se queda dormido.

Pero ahora escucho la puerta de mi casa abrirse y me despierto totalmente.

—demi, despierta. Mi mamá está en casa.

Le toma un segundo recomponerse, hemos estado dormidos por más de cinco horas.
—Espérame aquí y no hagas un sonido —le digo, entonces lo beso en sus adormecidos labios.

Deslizándome debajo del brazo que me mantiene acurrucada contra él, cierro la puerta de mi habitación y me dirijo al primer piso.

—Hola mamá —digo, mi voz extraña por el sueño.
—No quise despertarte cariño. Odio estos turnos de los domingos en la noche, pero prefiero tomarlos y pasar las mañanas contigo. Parece que pasamos muy poco tiempo juntas últimamente —ella descarga su bolso y comienza a subir las escaleras. Yo rezo para que no esté pensando en pasar un rato a mi habitación para tener una de esas conversaciones madre/hija. No ahora.

Pero supongo que si lo hace, la verdad saldrá a la luz. A lo mejor será una bendición inesperada, pero preferiría no arriesgarme.

—Está bien mamá. Tú siempre te preocupas por cosas insignificantes.

Ella no escucha el crujido de mi cama tras mi puerta. Pero yo lo hago.
Mamá frunce el ceño.

—¿Por qué estabas dormida sin cambiarte?

Ups.

—Estaba en mi habitación y debo haberme quedado dormida.

—Bueno, yo también estoy exhausta. Regresa a la cama. Tienes escuela en la mañana. Y cámbiate esa ropa.

—Está bien, buenas noches —espero que no se dé cuenta de que estoy anticipando con mi respiración acelerada el momento en que cierre la puerta de su cuarto.

Cuando lo hace, me apresuro a mi cuarto. demi está sentado en mi cama, sobresaltado.
—Lo siento tanto —susurra, viéndose tan genial y peligroso como siempre, incluso medio dormido—. Perdí la noción del tiempo.

—Yo también.

Él camina hacia la ventana.
—demi, ¿Que estás haciendo? —susurro.
—Buscando una forma de salir.

Pongo mi mano en su brazo y lo hago retroceder.
—No vas a saltar desde mi ventana. Sólo tenemos que esperar unos quince minutos y yo voy a acompañarte hasta la puerta. Mi mamá duerme como los muertos y queda hundida bastante rápido.

Además si nos atrapan estamos en esto juntos, ¿verdad?

Le toma unos segundos responder. Es casi como si no creyera lo que acabo de decir.
—Sí, claro —murmura finalmente. 

dejar paradise capitulo 20 - jemi



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Joseph

No pude dormir anoche, lo que no es nada nuevo porque cada noche está llena de intranquilidad. Pero anoche no fueron pesadillas de la cárcel lo que me mantuvo despierto, o la noche del accidente y lo que pude haber hecho diferente. Yo estaba reviviendo lo que había pasado hace unas pocas horas. Besar a demi fue la cosa más estúpida que he hecho jamás. Pero, mirando dentro de sus tristes ojos y rostro vulnerable me hizo desearla más de lo yo hubiera deseado cualquier cosa en mi vida.

Anoche emociones reales estaban volando. Anoche honestamente estaba volando. Se sentía tan crudo.

Mientras me estoy alistando para la escuela, pensé en nuestra conversación después del beso. Ella estaba nerviosa, lo podía decir por el temblor de esos labios contra los míos. Cerró sus ojos y se aferro a mí mientras nuestros labios se encontraban. Juro que nunca había estado más excitado. Cuando me incline hacia atrás, tenía una mirada preocupada en su rostro como si yo fuera a darle una nota de reprobada en sus habilidades de besar.

No puedo creer que eso pasara, dijo ella.

Ni siquiera sé que respondí. Todo lo que recuerdo es este sentimiento de estupidez esparciéndose sobre mí, y preguntarme qué demonios me hizo besar a una chica a la que debería evitar acercarme a toda costa. Pero estar cerca de ella se sentía malditamente correcto, no pude resistirla. Nosotros habíamos pasado a través de mucho, nuestras vidas están engranadas y estamos varados en esta red juntos. La parte enferma es que, no quiero salir de ello.

demi  es frustrante, está confundida, está molesta… y tararea unas ridículas melodías cuando está trabajando en casa de la Sra. Reynolds. Pensarías que yo me volvería loco por eso. No puedo evitar que me guste cuando sopla su cabello fuera de su cara cuando está trabajando, o cuando mira a la Sra. Reynolds de soslayo cuando está insistiendo en que demi está plantando sus estúpidos bulbos mal… y cuando no está tarareando, resisto la urgencia de decirle que continúe.

Contrólate, joseph. Después de que la besaste corrió a casa lo más rápido que pudo.

Ok, entonces después de que la bese me dejo en el árbol preguntándome como me metí en este desastre. Por mucho que deseo a demi, no puedo tenerla. Tal vez debería escribirle una carta y deslizarla dentro de su casillero, disculpándome por la noche anterior.

Me senté en mi escritorio y saque una hoja de papel.

demi,
Siento lo de anoche.
joseph.


La leí para mí mismo y sonaba idiota. La arrugue y empecé de nuevo.

demi, Si te asuste anoche, lo siento. Fue un beso inofensivo que no significo nada. joseph

Lo arrugue casi tan pronto como firme con mi nombre. Porque sí significo algo. Los besos de ashell son más vacios para mí que una flauta. Y, maldita sea, no siento haberme deslizado y acercado a demi. Quería besarla y todavía quiero besarla. Ok, así que preferiría que ella hubiera dicho algo como Vamos a intentar eso de nuevo, pero ahora me conformaba con que no huyera. Calmándome, me dirigí a la escuela más temprano e intente olvidar a demi y la noche pasada.

Camine penosamente por mi día hasta que llegue a la clase de computación. Demi está sentada hasta adelante, sus ojos fijos en la pantalla en frente. Ni siquiera noto cuando entre. Esperaba obtener alguna señal de que todo está bien entre nosotros, pero no conseguí nada de nada.

Oh, sí. Si conseguí...ashelly. Ha estado dándome sus mejores sonrisas seductoras todo el día, prometiendo realizar todas mis fantasías. Poco sabe que mis fantasías son consumidas por una chica que se rehusa a mirar en mi dirección. Afortunadamente para mí, logre deshacerme de ashelly y su sobreexpuesto escote todo el día.

Me dirigí al autobús después de la escuela, intentando sin mucho éxito no estar sorprendido si demi se sienta al frente en vez de al lado de mí.

Me
deje caer pesadamente hacia atrás y pude ver su camiseta rosada y sus jeans descoloridos llegando por el pasillo. Su largo cabello cubre un lado de su cara, como si se estuviera escudando de mi mirada. Pasa los asientos de adelante y se dirige a los posteriores, nunca mirándome.

Cuando se desliza a mí lado y el autobús se dirige lejos de la escuela, dejo escapar un aliento. Estar en la escuela me está estresando. Los profesores me miran, los chicos me miran… todo el mundo me mira excepto demi estos días.

Miro abajo hacia nuestras rodillas, tocándose ligeramente. Jeans contra jeans. ¿Nota el calor transfiriéndose de su cuerpo al mío? ¿Acaso se da cuenta de lo que me está haciendo? Lo sé, lo sé, no soy virgen y el ligero toque de la rodilla de una chica me está volviendo loco. [/i] Ni siquiera sé lo que estoy sintiendo por demi, solo sé que estoy sintiendo. Es algo que he intentado evitar y negar hasta ayer, cuando la sostuve en mis brazos mientras sus lagrimas se derramaban en mi camisa.

Dios, nuestras rodillas tocándose no es suficiente. Necesito más.

Ella esta anudando sus dedos en su regazo como si no supiera qué hacer con ellos. Quiero tocarla, ¿pero y si se aleja como antes? Nunca había sido tan cobarde con una chica en mi vida.

Mordí mi labio inferior mientras deslizaba mi mano una millonésima de milímetro más cerca de su mano.
No parece asqueada así que la moví más cerca. Y más cerca.

Cuando las puntas de mis dedos tocaron su muñeca, se congelo. Pero no quito su mano. Dios, su piel es tan suave, pienso mientras mis dedos trazan un camino desde su muñeca a sus nudillos y a sus suaves y cuidadas uñas.

Juro que tocarla así me está volviendo loco. Es más erótico, más intenso que cualquier otro momento con ashelly. Me siento de nuevo tan incomodo e in experimentado como un novato. Levante la vista. Todo el mundo es inconsciente de la intensidad de emociones corriendo desenfrenadamente en la parte de atrás del autobús público.

Cuando miro de nuevo hacia abajo a mi mano cubriendo la suya, estoy agradecido de que no haya recobrado sus sentidos y retirado su mano. Como si supiera mis pensamientos, ambos volteamos nuestras manos al mismo tiempo para que así nuestras manos estén palma contra palma… dedo contra dedo. Su mano esta empequeñecida contra la mía. La hace ver más delicada y pequeña de lo que me había dado cuenta. Siento una necesidad de protegerla y ser su héroe si alguna vez necesita uno.

Con un ligero cambio de mi mano, enlacé mis dedos a través de los suyos.

Estoy agarrado de manos. Con demi lovato.

Ni siquiera voy a pensar acerca de lo malo que es porque se siente muy correcto. Ella esta evadiendo mirarme, pero ahora voltea su cabeza y nuestros ojos se traban. Dios, ¿Cómo no pude haber notado antes cuan largas son sus pestañas y como sus ojos marrones tienen motas de oro que destellan cuando el sol brilla sobre ellas?

El autobús se detiene repentinamente y miro hacia fuera por la ventana. Es nuestra parada. Ella debe haberse dado cuenta porque empuja su manos fuera de la mía y se para. La sigo, todavía tambaleándome.

Llegamos a la casa de la Sra. Reynolds. Puedo oler la esencia de galletas invadiéndonos mientras caminamos hacia dentro.

—Oh, estoy tan feliz de que ambos estén aquí —canturrea la Sra. Reynolds—. Pasen a la cocina. Tengo… —la anciana ladea su cabeza a un lado, mirándonos a demi y a mí en su sala—. ¿Está haciendo calor afuera? —pregunta.

demi sacude su cabeza mientras yo digo,
—No particularmente.
— ¿Entonces porque los dos están tan sonrojados? —ella pregunta, enarcando sus cejas.
Oh, mierda. Mientras demi se encoje de hombros y se dirige a la cocina, le informo a la anciana,
—Soy un tipo. No me sonrojo.
—Uh huh —ella dice.

Después de comer las galletas, las cuales ella insiste son su propia receta secreta de la marca Snickerdoodle, me dirigí hacia fuera. Mientras estoy trabajando, robe miradas de demi mientras se agachaba en el suelo y plantaba los bulbos con las instrucciones verbales de la Sra. Reynolds nunca lejos de ella.

Cuando la anciana tomo su siesta, escuche a demi tararear mientras yo trabajo en el mirador. Es tranquilizador. Su voz flota a través del aire mientras trabajo. Pero cuando el tarareo se detiene, miro a mí alrededor y demi no está aquí. Me dirigí a la casa.

La encontré sacando limones del refrigerador. La observo mientras los corta y los exprime en la jarra.

—¿Me estas siguiendo? —ella pregunta, pero no se encuentra con mi mirada.
 —Si —le digo.
—¿Por qué?
—¿Honestamente?

Ella me mira, sus cejas enarcadas. Le doy la única respuesta honesta y verdadera que tengo.
—Estas donde yo quiero estar. 

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Demetria

-demiiiiiiiii! —La voz de la Sra. Reynolds ruge a través de la casa.
joseph se retira y me da una mirada impotente. Luego dice:

—Supongo que esa es mi señal para regresar al trabajo —y salió de la cocina. Me quedé ahí, sosteniendo la mitad de un limón en mi mano. Estoy sin habla, excitada... hecha polvo. Joseph  quiere estar donde yo estoy.

No es algún chico sin importancia. Es JOSEPH JONAS , el muchacho con quien he soñado por lo que parece ser toda mi vida. El muchacho que solía mirar por mi ventana solamente para esperar hasta la próxima vez que estuviera en la misma habitación con él.
Es el muchacho que me golpeó con su auto y me dejó en la calle.

Pero cuando miraba dentro de sus ojos, podía decir que no es el mismo josephr que solía conocer. El viejo joseph solo se preocupaba por sí mismo. Nunca pensé que él observaba o se preocupaba por el mundo a su alrededor. ¿Había comenzado a perdonarlo mi corazón?

Me fui la noche pasada porque nuestro beso fue perfecto. Como siempre había soñado que sería nuestro primer beso. Asustada de que nunca quisiera besarme otra vez, o reír, o... algo que podría cambiarlo a algo menos que la perfección, me fui.
Cuando el autobús se detuvo en la esquina de nuestras casas, pregunté a joseph si quería venir.

—¿Está tu mamá en casa? —pregunta.
—No por otra hora.

Él se encoge de hombros y dice:
—Seguro. Lo guié a mi casa y hacia mi habitación.
—Mi mamá enloquecería si sabe que estuviste aquí, en mi habitación... solos. —Si, la mía también —dice—. ¿Quieres que me vaya?
Sonreí.

—No. Es sobre nosotros tomando nuestras propias decisiones, ninguno de nuestros padres las tomarían por nosotros.

Él estudió la decoración amarilla y rosada de mi cuarto, caminando alrededor del perímetro. Recogió un par de guantes de boxeo rojos y blancos que colgaban alrededor de mi cama.
—¿Tuyos?
—Los conseguí cuando estaba en el hospital —le digo—. Tú sabes, para recordarme que siguiera luchando.

Él sonríe tristemente hacia los guantes de boxeo.
—Estoy cansado de luchar. Estoy cansado de revivir el accidente —dice casi para sí mismo, como si fuera un pensamiento privado que estuviera compartiendo conmigo.

Tomé los guantes de sus manos.
—Yo también —y por primera vez desde esa desafortunada noche, quise decir eso. Cuando sus ojos taladraron los míos, pregunté—, ¿porqué estas aquí? De verdad.

Él sacude su cabeza.
—No lo sé —pasa su mano sobre su cabeza, frustrado—. Y, Dios, sé que es loco y debería permanecer tan lejos de ti como pueda, pero... y esta parte me está volviendo loco... cuando estoy cerca de ti finalmente puedo sentir cosas otra vez. Me quedé despierto la noche pasada pensando en sostenerte hasta que todo el dolor y el entumecimiento se vayan lejos. Necesito que estés bien, para estar bien. Pensé que era ashelly, quién me haría olvidar. Pero eres tú. Tú. ¿No es una mierda, demi? Porque tal vez si me dices que es una mierda lo creeré.

—No es loco, ni mucho menos —mascullé, en ese momento me acerco y lo abrazo tan fuerte como es posible.

Él pone sus brazos alrededor mío y me sostiene apretada.
—¿Alguna vez podrás perdonarme? —pregunta, con la voz temblando.

Una lágrima cae por mi mejilla. Siento su humedad caliente sobre mi piel. No sé el momento exacto que sucedió, pero algo ha cambiado. Yo he cambiado. Y creo que es porque finalmente dejé ir al pasado. Estoy lista para vivir mi vida otra vez.
—Ya te he perdonado, joseph —le digo.

Permanecimos de ese modo por un largo tiempo. No sé cuánto tiempo ha pasado. Es como si estuviera quitándole su dolor y él estuviera quitando el mío. Antes, estaba confundida... lo que sentía sobre él, lo que sentía sobre el accidente. Pero cuando me sostiene, dejo salir los sentimientos de traición que he mantenido del año pasado. Cuando se retira, lo oigo sorberse la nariz, y veo como limpia las lágrimas de sus ojos con su mano.

—Tengo algo en mi ojo.
—Esta bien llorar, joe. No se lo diré a nadie —miro hacia mi armario, donde está escondida mi raqueta—. Lloro un montón.
—¿Si? Bueno, voy a cambiar eso.

Él ya lo ha cambiado.

—Mi mama va a llegar a casa en cualquier minuto —digo cuando miro fijamente hipnotizada esos ojos.
—Mejor me voy entonces —asiento.
—Está bien.

Él se acerca, tanto que puedo sentir su corazón latiendo contra el mío.

Aguanto la respiración cuando estira su mano y pone su palma sobre mi mejilla. Ligeramente roza mis labios con su pulgar, trazando mi labio superior e inferior cuando mueve su pulgar sobre ellos.

—Tienes labios suaves —dice.
—Ya lo sabes, yo uh, realmente no tengo experiencia besando —digo tímidamente, luego bajo la vista y rompo nuestro contacto. No puedo mirarlo mientras digo esto—. Quiero decir, no soy como ashelly en ese departamento. Probablemente estás acostumbrado a chicas que saben lo que están haciendo, y soy nueva en esto y de verdad, de verdad me avergüenza si lo estoy haciendo muy mal o... oh, realmente estoy haciendo el ridículo ahora mismo.

—No iba a besarte.
—¿No ibas? —levanté la vista. Bueno, por supuesto que no iba a hacelo, estúpida. ¿Por qué comenzaría una relación conmigo cuando podía estar con alguien que de verdad supiera lo que estaban haciendo?, alguien que no fue responsable de enviarlo a prisión, me dijo mi cerebro.

—Nop. La próxima vez que te bese me voy a tomar mi tiempo, y dijiste que tu madre llegará en cualquier momento.

Reviso el reloj sobre mi mesita de noche y asiento.

Él muerde su labio inferior, pensando.

—No, la próxima vez que te bese durará un largo, largo tiempo. Y cuando lo hayamos hecho comprenderás que estar excitado no es sobre la experiencia.

Mientras yo seguía pasmada, joseph se dirigía fuera de la casa.

dejar paradise capitulo 19 - jemi



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Demetria

Le tomó una semana a mamá invitar al Sr. Reynolds a cenar. Me preguntó unas veinte veces más si eso estaba bien conmigo. No tuve corazón para decirle que no.

El Sr. Reynolds entra a la casa vistiendo un traje gris de tres piezas y corbata roja, como si fuera a la corte por una infracción de tráfico. En sus manos una docena de tulipanes púrpura para mi mamá y una caja de chocolates Frango para mí.

—Gracias —le digo embarazosamente cuando me entrega la caja. ¿Debo abrirla ahora, o esperar hasta más tarde... o mañana?
—Por qué no tomas asiento y te pones cómodo, Lou —dice mamá nerviosamente, sus manos jugueteando con el vestido negro y sofisticado que decidió usar—, ¿Quieres una bebida? ¿Vino... brandy... refresco?

El Sr. Reynolds sonríe, una cálida sonrisa que puedo decir es sincera. —Sorpréndeme.
Mamá se ríe, una risa dulce y suave que no he oído en años.

Cuando mamá está en la cocina, el Sr. Reynolds se vuelve hacia mí. 
— ¿Cómo es volver al colegio después de estar ausente durante un año?

Me encojo de hombros. 
—Está bien, supongo.
Él se queda mirando por la ventana. ¿Dónde está mi mamá? El reloj sobre la repisa de la chimenea hace tictac, cada segundo un recordatorio de cómo el tiempo pasa tan lentamente.

Tictac. Tictac. Tictac.

El Sr. Reynolds se frota las manos. Puedo decir que está tan ansioso como yo de que mi mamá vuelva. Tictac. Tictac. Tictac.

Quiero excusarme y esconderme en mi habitación. No creo que pueda manejar ver a mi mamá en una cita con alguien que no sea mi papá.

Justo cuando estoy a punto de ponerme de pie y excusarme, ella llega con tres bebidas y una gran sonrisa.
—Martinis para nosotros, Sprite para demi.

El Sr. Reynolds toma el vaso de mi mamá. Sus manos se tocan un poco cuando ella se lo entrega. Sé que la alenté a invitar al Sr. Reynolds, pero él es demasiado grande, demasiado rubio, y... y no es mi papá.
Me pongo de pie.

Mamá me mira con una expresión cautelosa.
—¿Adónde vas, cariño?
—A mi habitación. Olvidé llamar a Taylor.

Mamá tiene esa mirada de cachorro en su cara; creo que ella sabe que estoy mintiendo.
En mi habitación abro el primer cajón de mi escritorio. En un sobre guardo el número de teléfono de mi papá. Me tiemblan las manos mientras marco su número.

Suena tres veces antes de que él conteste.
—Jerry lovato aquí.
—Um... ¿papá?
—demi, ¿Eres tú?
—Sí.
—¿Cómo te está yendo mi niña?
—Muy bien.
—¿Y tu pierna? La última vez que hablamos estabas teniendo un poco de problemas.
—Está mejor, creo.

Se siente bien hablar con mi papá. Escuchar su voz familiar disipa la nube negra que siempre parece cernirse sobre mí. No quiero decirle la verdad sobre mi pierna, porque sólo quiero compartir buenas noticias. Si soy positiva, entonces tal vez él no quiera olvidar que soy su hija.

—Grandioso. ¿Y la escuela?

Me trago la realidad y digo tan alegremente como puedo:
—Perfecta. Estoy percibiendo todo como… —miento—. Wow —Hay silencio, pero no quiero que él cuelgue. Me siento desesperada. Él suena entusiasta, pero no estoy segura.

—¿Cómo está tu madre? finalmente dice, rompiendo el silencio.

Está teniendo actualmente una cita con su jefe en nuestra sala de estar. 
—Ella está bien.

—Me alegra oírlo. Te extraño, cariño.
—Yo también te extraño. ¿Cuándo puedo verte?

No importa cuántas veces me prometo que no le rogaré, fallo. Es como si algo dentro de mí se rompiera cuando pienso que él va a terminar la conversación. Quiero gritar: ¿No soy lo suficientemente buena? pero no lo hago.

—En algún momento pronto, cuando el negocio se establezca.
La nube negra regresa… He oído esas mismas palabras antes. Demasiadas veces.

—demi, ¿puedes hacerme un favor?

Estoy conteniendo las lágrimas, cuando digo:
—¿Cuál?
—Dile a tu madre que le envié un cheque la semana pasada. Y que su abogado deje de llamar al mío. Me está costando una fortuna cada vez que llama, como ciento cincuenta por hora.
—Se lo diré.

Alguien está hablando en el fondo y puedo decir que estoy perdiendo su atención. —Tengo que tomar otra llamada, cariño. Lo siento, es importante. Te llamaré pronto.

—Está bien. Te quiero, papá.
—Yo también te quiero, demi.

Hace clic.

Trago saliva y apoyo mi cabeza contra la pared. Por mucho que me diga que no a mí misma, estoy llorando. Me gustaría tirarme en mi cama y sollozar en mi almohada, pero probablemente mi mamá me oiría.

El teléfono suena, me asusta. Estoy todavía con el inalámbrico en mi mano. ¿Podría ser mi padre llamando de nuevo tan pronto? Él siempre dice que va a llamar pero nunca lo hace. Tal vez ha cambiado. Tal vez se dio cuenta después de oír mi voz que me extraña tanto que no puede aguantar más.
— ¿Hola? —digo con entusiasmo.

Hay una vacilación en la línea, luego una grabación de voz de mujer dice:
—Esto es High Spring Water Company recordándole que hay un especial en nuestros garrafones de agua de cinco galones en el mes de octubre. Si desea pedir…

Cuelgo el teléfono en medio de la grabación. Dios, me siento tan sola. No hay nadie en mi vida que remotamente entienda lo que estoy pasando.

Salvo una persona.

Mis dedos marcan el número de los jonas automáticamente antes de que mi cerebro pueda comprender lo que estoy haciendo.
—Hola.

Es él… joseph. Ni siquiera sé qué decir.
—¿demi? Sé que eres tú, tenemos identificador de llamadas.

Me olvidé de eso.
—Hola —murmuro.
—¿Qué sucede?

Las lágrimas acuden a mis ojos.
—Yo sólo... quería hablar contigo.
—¿Por qué lloras? ¿Estás herida? ¿Te caíste?

No puedo hablar porque no quiero que sepa cuán débil soy... cuánto necesito su amistad en este momento. Dios, todos estos años pensé que iba a morir si no me amaba tanto como yo lo amaba. Pero ahora me doy cuenta de lo estúpida que fui.

—Si no me contestas, iré para allá así esté tu madre allí o no —su voz es fuerte y dominante, y sé lo que eso significa.
—No, no vengas. ¿Puedes encontrarte conmigo en el Parque Paradise en diez minutos?
—Allí estaré —promete.

Uso la manga de mi camisa y me limpio los ojos.
—¿joseph?
—Sí.
—Gracias.

Echo agua sobre mis ojos en el baño, le digo a mi mamá que me voy a ir con taylor, y me dirijo al parque.

Joseph  se acerca un minuto después vestido con jeans y una camiseta con una simple camisa abotonada sobre ella. Desacelera su paso cuando me ve y, sin una palabra, me atrae en un abrazo.

Ahora pierdo el control, directamente en su camisa. Me agarro a él cuando los sollozos comienzan y no paran. Lo dejo salir todo… la cita de mi mamá, la conversación con mi padre, mi confusión acerca de todo. joseph no se ríe, no se aleja, no habla... él sólo me permite ser yo.

Cuando me calmo, me echo hacia atrás y veo el lío que he hecho en su camisa.
 —Puse tu camisa toda asquerosa —digo entre resuellos.

—Olvida la camisa. ¿Qué está pasando? No pude entender una palabra de las que murmuraste en mi pecho.

Ahora estoy medio riendo y medio llorando. Él baja la mirada hacia mi mano. Lo hago, también. Lentamente extiende su mano y toma mis dedos en los suyos. Dios mío, cómo he soñado con nosotros tomados de las manos desde hace tantos años. Toma mi mano en la suya y nos vamos caminando por la calle juntos. Levanto la vista hacia sus ojos. Generalmente son sombríos y melancólicos, pero ahora veo una calidez que nunca había notado antes. Me lleva al viejo roble. Ambos nos sentamos, luego se recuesta contra el árbol a mi lado y deja ir mi mano.
—Muy bien, ahora habla.

Es fácil porque no tengo que mirarlo, sólo tengo que dejar salir todas las cosas que van mal en mi vida. Tomo una respiración profunda. Voy a tratar de decirlo todo sin ponerme histérica otra vez.
—Mi mamá tiene una cita, con su jefe e hijo de la Sra. Reynolds. Creo que a mi mamá le gusta, pero no sé si estoy lista para que ella empiece a salir. Sé que es egoísta, pero mi papá prácticamente me ignoró desde el divorcio. Se volvió a casar, ya sabes. Y creo que su esposa quiere un hijo, como si él no tuviera ya una. Para colmo, mi doctor me dijo que debía jugar al tenis de nuevo, y cada vez que pienso en ello mi garganta comienza a estrangularse y tengo que recordar respirar... y luego te llamo porque eres el único con el que siento que puedo hablar. Lo cual es ridículo porque ¡eres tú!

Joseph juega con un pedazo de hierba que arrancó del suelo.
—¿Crees que tu mamá sería feliz con ese tipo, el jefe? —pregunta.

Vuelvo a pensar en la forma en que mamá se rió en el Festival de otoño y lo nerviosa que estaba esta noche.
—Sí, lo creo. Pero esa es la parte que me asusta. Es como poner fin a un capítulo en su vida y empezar de nuevo. Una madre soltera, novios... tantas cosas han cambiado.

—Estás haciendo demasiado hincapié en lo que podría ser. Haz algo para quitar de tu mente pensamientos de lo que nunca podría suceder.
—¿Cómo qué?
—Tomar una raqueta.
—Eso no es gracioso —le digo, ya tensándome y queriendo huir.
—No estoy tratando de ser gracioso, demi —lo escucho suspirar, una respiración baja que sale lenta—. ¿Puedo ver tus cicatrices?

Oh, Dios mío. 
—No. Sacudo mi cabeza febrilmente mientras sigo mirando al suelo. Y me doy cuenta que mi respiración acaba de hacerse más pesada.

—Por favor, no enloquezcas.
—No lo hago.
—Lo haces. Fui a la cárcel por algo que te hice y no tengo ni idea de cómo se ve.

Vuelvo mi cabeza y me quedo mirando sus ojos, más oscuros y más intensos de cómo jamás los he visto.
—¿Por qué me miras así?
—¿Recuerdas el accidente? —pregunta, totalmente centrado en mi respuesta.
Niego con mi cabeza.
—¿No recuerdas nada? ¿Nuestra conversación antes del accidente, a mí golpeándote con el coche? ¿Nada en absoluto?

—No. Es un gran vacío. Sólo sé lo que la gente me dijo.
Él parpadea, luego mira hacia otro lado.
—Peleamos, tú y yo.
—¿Sobre qué?
Él emite una risa breve y cínica.
—ashelly.

Estoy tratando de respirar de manera uniforme para no darle un indicio de que recuerdo. Cada palabra que él me escupió cuando le dije que lo amaba. Es la única parte de esa noche que está muy clara para mí. El resto se ha quedado atascado en una nube de niebla.
—No recuerdo —miento.

—Dijiste que estaba engañándome, que la viste con algún otro chico pero no quisiste decirme quién. Tenías razón, sabes —dice—. Estaba con Brian antes de que yo entrara a la cárcel —está mirándome otra vez, y esta vez no puedo apartar la mirada—. También dijiste que me amabas.

Trago, todavía hipnotizada por sus ojos. Esos ojos que nunca me dieron más que un vistazo hace un año están ardiendo en los míos. —No recuerdo —susurro.

—demiii… —toma mi mano entre las suyas y coloca la palma de mi mano contra su mejilla áspera por todo un día de rastrojo. Vuelve su cabeza y besa la parte interna y sensible de mi palma, con sus ojos manteniendo mi mirada—. Debería haber hecho esto hace un año.

Mi corazón enloquece cuando él se inclina y roza sus labios con los míos.

Dejar paradise capitulo 18 - jemi



Demetria

Desearía que mi mamá no insistiera en ir a mi cita de fisioterapia. —Puedes solo dejarme —dije—. Solo vuelve y recógeme en una hora.

Mamá sacude la cabeza. —El Dr. Gerrard quiere hablar con las dos.
Oh, no. —Mamá, estoy bien. Robert espera que sus pacientes hagan lo imposible, eso es todo.

—Se que no es fácil, demi —dice ella—. No te preocupes, no tienes que hacer lo que sientas incomodo. Solo haz lo mejor.
Cuando entramos al hospital, Robert nos está esperando con toda seguridad. —Hola demi, ¿Cómo estamos hoy?

¿Estamos? [i]
—Bien.
— ¿Has estado haciendo esos ejercicios de fortalecimiento que te enseñe?
Uh…
—Si. Bueno, a veces.

Robert sacude la mano de mi madre. —Gusto en verla de nuevo, señora lovato.
—Igualmente —responde ella, luego se sienta mientras Robert me lleva a la lona de entrenamiento.
—Empecemos con estiramientos. —dice Robert—. Y calentemos esos músculos para ayudarlos a trabajar duro. Pon tus piernas en una ―V
.
Lo hago, pero mis piernas se asemejan más a una ―I
que a una ―V porque mi pierna izquierda no quiere calentarse en este momento. No soy yo, es la pierna.
— ¿Eso es lo mejor que puedes hacer?
—Eso creo.

Robert se arrodilla junto a mí y dice. —Toca tu pie izquierdo con tu mano derecha.

Lo intento, pero solo llego hasta mi rodilla.
—Vamos, demi. Unas pulgadas más.

Alcanzo media pulgada más, lo que no impresiona a mi fisioterapeuta.
—Ella no puede —interviene mi mamá—. ¿Qué no puede ver que le duele?
—Señora lovato. —dice Robert—. demi tiene que forzarse a sí misma con el fin de entrenar esos músculos.

Mamá esta apunto de responder cuando el Dr. Gerrard entra.
—Hola damas. Robert.
Mamá se levanta y abraza a mi cirujano. Después del accidente, él fue quien siempre nos dio esperanza y tenia manos para reconstruir el interior de mi pierna. Recuerdo la primera vez que lo conocí en el hospital. Entro con un gran abrigo blanco, una enorme sonrisa, y grandes dedos que iban a operar mi pierna abierta y arreglarla.

El Dr. Gerrard se arrodilla junto a mí. — ¿Qué tal te va, demi? ¿Has corrido alguna maratón últimamente? —alzo las cejas.
—Solo estoy bromeando —admite—. Mala broma de cirujano.
—Necesita nuevo material, Dr. Gerrard —murmuro.
—Eso es lo que también dicen mis internos. —el Dr. Gerrard me tiene sentada en la mesa de exanimación y explora mis cicatrices—. Lucen bien —dice, entonces mira arriba—. Robert me dice que eres un poco tímida en fisioterapia.

Robert se queda parado ahí con su libreta en manos, el traidor.
Me encojo de hombros. —No puedo poner mucha presión en mi pie.
—Le duele —mamá hace caras.

Mi doctor retrocede y toma un profundo respiro. —De acuerdo camina a la puerta y vuelve hacia mí, demi.

Me ayuda a bajar de la mesa, mientras yo cojeo hasta la puerta. — ¿Puedes poner más presión en tu pie izquierdo?
—No realmente.
—Está bien, vuelve y siéntate. —Cojeo devuelta a la mesa y me siento —mamá se acerca y me frota la espalda.
—Voy a ser directo —dice el Dr. Gerrard. Simone Elkeles Paradise FORO PURPLE ROSE 148
—Tienes que empezar a forzarte a ti misma y dejar de favorecer a tu lado izquierdo.
—Estoy haciendo mi mejor esfuerzo —digo.

El Dr. Gerrard no me acusa de mentir, pero puedo notar por la manera en que esta frunciendo los labios que no está convencido.

—Tal vez deberíamos dejar la fisioterapia —dice mi madre.

El Dr. Gerrard aspira aire entre sus dientes apretados. El sonido sibilante es claramente un no como respuesta a la sugerencia de mi madre. —Odiaría verla parar la fisioterapia.
—Tengo una sugerencia —Robert dijo—. ¿Qué tal si demi comienza a jugar tenis de nuevo?

Mi corazón bombea más rápido, los golpes en mi cuerpo golpeando mi pecho como una danza trivial de la india.

—¿Estás bien? —pregunta mamá.

No puedo responder. Mi esófago se siente constreñido. —Necesito conseguir algo de aire —digo, luego me retiro de la mesa. Robert se acerca a mí—. demi, solo estamos tratando de ayudarte.

—Lo sé. Pero no puedo seguir haciendo esto. Tan solo no puedo —me pongo mi sudadera, me alejo cojeando al lado de mi madre. Estoy pasando a personas en sillas de ruedas, doctores y enfermeras. [i]¿Ellos piensan que estoy tan loca como me siento?

Cuando las puertas se abren aspiro aire fresco y trato de respirar profundamente.
Respiro. Dentro. Fuera. Dentro. Fuera.

¿No se supone que respirar es algo que se hace inconscientemente? En este momento estoy muy consiente sobre eso. Tan consiente, de hecho, que creo que si me dejo de concentrar, tal vez me olvide de hacerlo. Cierro mis ojos. Respiro. Dentro. Fuera. Dentro. Fuera.

Me sentí de esta manera el día que mi papá se fue por última vez, cuando me di cuenta que podía ser su última visita. Tampoco era fuerte entonces.

Parpadeo las lagrimas mientras me esfuerzo por olvidar. Por que duele mucho saber que su amor por mí no fue lo suficientemente fuerte para hacerlo quedarse. No era lo suficientemente digna para ser amada.
El tenis fue mi salvación, pero incluso eso no funciono. Yo merecía ser admirada en la cancha, porque valía algo cuando jugaba. No solo era parte del equipo, yo era a la que mis compañeros admiraban.
Cuantos más padres se presentaban a los partidos, más duro jugaba. Era como si quisiera que esos padres se arrepintieran que no fuera su hija. No importaba si mi papá me quería o no, habría otros padres que harían cualquier cosa para tenerme como su hija. Tener a otros papás felicitándome valía más que el trofeo de equipo universitario que gane en mi segundo año. Podría no ser digna del amor de mi papá, pero era digna de eso trofeo.

Un dolor en mi pierna se disparo a mi columna vertebral, un burlón recordatorio de que nunca más iba a ser la campeona de nuevo.

— ¿demi?
Me vuelvo hacia mi madre, quien ahora estaba oficialmente asustada.
—No puedo jugar tenis —le dije.
—El Dr. Gerrard quiere que lo intentes. Lo harás, ¿no? —pero no seré buena, y entonces mi papá no tendrá nada por lo que estar orgulloso de mi. Nunca querría que formara parte de su nueva familia.
— ¿Podemos ir a casa? Quiero ir a casa.

Mamá suspira. Odio sentirme como si la estuviera decepcionando. Sé que ella trata muy duro de mantenernos psicológica, física y económicamente. Ella es como la pequeña porrista de nuestra familia.
Cuando nos metemos en el auto, me tranquilizo. Miro a mi mamá, conduce el auto con una mirada triste en su cara. —Mamá, ¿Qué es lo que quieres de la vida?

Ella me da una pequeña sonrisa. —En este momento, dinero.
—Aparte del dinero.

Ella inclina su cabeza a un lado, pensando. Cuando llegamos a una luz roja, voltea hacia mí. —Supongo que me gustaría un compañero con el cual compartir mi vida.

— ¿Extrañas a mi papa?
—A veces. Extraño la compañía, salir como pareja. No extraño las peleas.

La luz se pone verde y aceleramos, nuestro auto pasa a una mujer y un hombre tomados de la mano con su hija. — ¿Querrá él que lo visite alguna vez?

—Un día —dice ella, pero puedo notar que no esta tan segura.
—¿Quieres salir con el Señor Reynolds? —le pregunto.
Sus ojos se ensanchan.
—¿Por qué preguntas tal cosa?
—Porque estuviste bailando con él en el festival de otoño. Él no tiene hijos. Creo que vino para estar contigo.

Mamá ríe, esa gran risa que llena el auto, y que probablemente las personas en el auto de al lado podrían oír, también.

—El restaurante de la Tía Mae fue uno de los patrocinadores del evento, demi. Por eso Lou estaba ahí.
—Bueno —dije a la defensiva—. Ustedes dos se veían muy amigables.
—Él sólo estaba siendo amable.
Sacudo mi cabeza. —No lo creo.
—Hmm...
—¿Qué significa eso?
—Nada. Solo vuelve a ser una niña, ¿quieres?

Nos sentamos en silencio el resto del camino a casa. Cuando caminamos dentro de la casa, ignore el nudo de mi garganta mientras decía.
—Para el registro… si quieres invitar al señor Reynolds a cenar una noche, no me importaría —y me dirigí arriba a mi habitación.

En mi habitación, quería retirar mis palabras. Solo las dije porque sé que tan miserable había estado mi mamá últimamente.

Pero la verdad es que también extraño a mi papá todos los días. Más que nada. Y sé que tiene otra esposa y otra vida. ¿Pero qué si mi mama y el señor Reynolds comienzan a salir? o peor aún, se casan. ¿Querrían ellos empezar una nueva vida sin mí, también?

Cierro mi puerta con seguro y abro mi armario. En la parte trasera, en las sombras más oscuras, esta mi raqueta. Sé que está ahí, aunque este escondida detrás de ropa. Siento su presencia cuando estoy en mi cuarto, algo así como kriptonita para Superman. La desesperación se mueve sobre mí.

Extiendo la mano y agarro el mango. El peso de la raqueta es extraño pero familiar, al mismo tiempo.

—demi, abre la puerta —pánico—. Sólo un segundo

Lanzo la raqueta al armario y abro la puerta. Mi madre me mira de manera extraña.
Me cepillo el cabello de la cara, esperando que ella no pueda ver a través de mi y darse cuenta que siempre he sabido donde esta mi raqueta perdida.
—Mamá, ¿Qué pasa?

—Estaba pensando. Sobre Lou, mi jefe. ¿Estabas hablando en serio cuando dijiste que debería invitarlo a cenar?


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Joseph

Invité a Brian a encontrarnos en el parque para hacer algunos pases. Estaba practicando tiro libre cuando se estaciona en su Yukon.

—Te ves como un tipo de mediana edad estando en esa cosa —dije. Él me da una falsa mueca como si se sintiera insultado—. Es mejor que el carro que tú conduces.
—No conduzco ninguno.
—Exactamente.

Nos quedamos enfrentándonos el uno al otro. Digo lo que debe ser dicho.
—Escucha, respecto a ti y asheelly. ¿Qué tal si lo llamamos una tregua?

—Me parece justo.
Le paso el balón. Él dribla el balón muy lejos de su cuerpo, así que yo lo empujo y se lo quito.
—El basquetbol aun no es lo tuyo, ¿cierto? —dribleo por la pista.

Brian arrastra los pies hacia delante y atrás, siguiendo cada uno de mis movimientos. Cuando me detengo, sus brazos están levantados y está listo para bloquear mi tiro. —Llévame a un tapete de lucha y te pateare el trasero.

Hago un tiro. Rebota fuera del aro y Brian toma el balón.

Brian es un jugador ansioso. Corre a través de la pista y lanza demasiado rápido, fallando la cesta por una milla de distancia. El balón aterriza en la grama. Yo vuelvo a poner el balón en juego. —Eres un peso
liviano, Bri —digo—. Te inmovilizaría en menos de un segundo.

—Pon tu dinero en lugar de tu boca, grandote, mañana después de la escuela.
Rodeo a Brian y hago una fácil anotación. —Tengo que trabajar.

Él agarra el balón. —Dices eso, pero nunca dices donde. Los rumores dicen que eres homo y te encuentras con tu amante después de la escuela. ¿Es él quien te ha hecho esos morados en el rostro?
Mis músculos se comienzan a tensionar. —No me salgas con esa mierda.

Brian comienza a driblar alrededor de la cancha, sus ojos en la cesta.
—¿Por qué? ¿Vas a amenazarme como amenazaste a Drew?

Brian tira y el balón, encesta. Esta vez yo sostengo el balón bajo mis brazos parando el juego. —Él estaba intentando sacarme de quicio y tú lo sabes —mi viejo amigo cruza los brazos sobre el pecho.

—Has cambiado, joseph. Ya ni siquiera te conozco. Esto no tiene nada que ver con ashelly.
—Eso es pura mierda. Sigo siendo la misma persona.

Él se ríe. —Estas a la defensiva. Todo el mundo lo sabe, excepto tú. Esa es la parte escalofriante.
No, la parte escalofriante es que la gente no se da cuenta cuanto han cambiado ellos. 
—¿Así que todo el mundo sigue igual excepto yo?

—No, viejo. Todo el mundo ha cambiado, nadie sigue igual. Tú eres el único que no logra aceptarlo. Ya no eres un estudiante de segundo año, ya no estás saliendo con ashelly, ya no eres el semental de la lucha. Eres un tipo malo, un amenazante ex convicto.

Le mostrare un amenazante ex convicto. Driblo el balón por la cancha, y cuando Brian se mete en mi
camino lo empujo antes de hacer el tiro.

—¡Foul! —grita Brian.
—Dijiste que aceptara ser un tipo malo, un ex convicto. Solo estoy aceptando la sugerencia.

Le tiendo una mano. Él me da una mirada desconfiada, luego agarra mi muñeca mientras lo levanto. Yo
anoto otras tres cestas y recupero dos de los rebotes de Brian.

—¿Sabes que es lo que necesitas? —dice Brian mientras se limpia el sudor de la frente.
—¿Un nuevo mejor amigo? —sugiero.
—No. Necesitas una novia. Nombra una chica que pienses que este buena. Solo dame un nombre.

- demi lovato.
—No, en serio. Nombra una chica.
—Hablo enserio.
—Hombre, eso es enfermizo. Fuiste a la cárcel por culpa de ella.
—Soy bastante consciente de eso.
— ¿Me estás diciendo que te gusta demi lovato? ¿Tu vecina? ¿La chica que camina raro porque le atropellaste la pierna con tu coche?
—Brian, estas comenzando a actuar como Drew.

Brian se ve confundido mientras trata de comprender lo que acabo de admitir en frente de él. Luego rompe en risas. No puede detenerse y se cae al suelo en su histeria, cogiéndose el estomago.
—¡Eso es… comiquísimo! —grita cuando logra respirar—. Oh Dios mío no puede ser cierto… —dice, luego vuelve a reírse histéricamente.

Yo estoy considerando seriamente patearle el trasero justo ahora. Pero este no es Vic o Drew, es Brian. Tomo el balón y me dirijo a casa, pero no sin antes decirle a Brian que se vaya al infierno.

Nadie está en casa; tengo la casa para mí solo. Quiero gritar al tope de mis pulmones, pero cuando estoy a punto de hacerlo suena el timbre. Brian es un idiota si es tan estúpido de venir a casa a reírse en mi cara otra vez. Tal vez, después de todo, usare su cabeza como bolsa de boxeo.

Pero abro la puerta y mi ex mejor amigo no está parado enfrente a mí. Es ashelly, mi ex novia. Labios brillantes y todo lo demás. —Hola —dice.
—Hola.
—¿Están tus padres en casa?
—Nop —ella ya sabía que no estaban.
—¿Puedo entrar?

Yo abro más la puerta. Ella va directamente hacia arriba en dirección a mi alcoba. Veo su espalda y mis ojos se enfocan en su tanga sobresaliendo por encima de su short antes de seguirla.

Cerrando mi puerta como siempre lo hago cuando estamos a punto de enrollarnos, me recuesto contra la puerta y la miro. Pero esta vez no vamos a enrollarnos. Lo sé. Ella obviamente, no lo sabe, puedo decirlo por la forma en que esta vestida. Una camisa con un escote ridículamente bajo
. Y sus short revelan mucho más de lo que alguna vez quisiera que una novia mía revelara. Pero ella no es mi novia, es la novia de Brian.

ashelly  deambula alrededor de mi alcoba, toqueteando con sus dedos mi escritorio, mi closet, y mis estanterías de libros. Cuando levanta mi sable de luz y lo enciende, estoy tentando a decirle que no lo toque.

—¿Cuándo vas a deshacerte de todos estos juguetes? —pregunta, agitándolo en el aire. Yo no respondo.
Suspirando dice —Se que Brian te conto sobre él y yo. Pero aun te amo, lo sabes —ella cierra la distancia entre nosotros, tan cerca que alcanzo a oler sus labios de cereza. Los lame y se inclina para un beso.
Yo aparto la cabeza lejos de ella.
—¿Qué? ¿Un solo novio no es suficiente para ti?

—Los quiero a ambos.
—Se ha terminado, ash. Más que terminado.
—No lo está y tú lo sabes. Porque… y sé que esto suena egoísta, pero es cierto… no quiero que nadie más te tenga.
—Termina con Brian. El tipo quiere casarse contigo.
Ella se ríe. —Mis padres piensan que él es bueno para mí, así que les sigo el juego. Además, necesito un novio con el que pueda estar en público. Pero tú puedes ser mi novio privado, joe

—Eso nunca va a pasar.
—¿Quieres apostar? —da un paso hacia atrás, apuntándome con el sable, y empuja la desafilada punta contra mi garganta. Una malvada sonrisa cruza por su boca—. Puedes ser mi pequeño secreto. Te gusta guardar secretos ¿no es cierto joseph?

Mi pulso se acelera, y el ambiente en el cuarto cambia en forma instantánea. Un pensamiento arde en mi mente… ella lo sabe.

—¿Qué quieres? —digo sin alterar la voz.
—joe, no parezcas tan triste. Solo te quiero a ti, —dice ella, luego baja el sable y va por otro beso.
Esta vez yo no me aparto de ella.  

Dejar paradise capitulo 17 - jemi


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Demetria


Vi a joe hoy en la escuela. Los rumores están corriendo desenfrenados sobre los moretones en su rostro. Ninguno de los rumores es cierto.

Después de la escuela tomo el autobús para ir a casa de la Sra. Reynolds. Camino por el pasillo hasta donde joe está sentado. Él no mira hacia arriba. Tomo asiento junto a su lado como lo hice ayer.

Esta vez no anda detrás de mí después de que dejamos la parada del autobús a la casa de la Sra. Reynolds. Caminamos lado a lado, como si hubiera un acuerdo tácito entre los dos. Yo soy la única (además de Vic y sus amigos matones) que sabe cómo obtuvo joe sus moretones. La pelea de ayer me dio miedo. ¿joe se metió en la pelea porque Vic me insultó? Independientemente de las razones que fueran, éramos nosotros contra ellos.

joe y yo estábamos en el mismo equipo y no teníamos oportunidad de ganar.

Es por eso que corrí detrás de un árbol y llamé al 911 desde mi celular, para protegerlo/protegernos, porque él nunca sería capaz de luchar contra tres chicos solo, y Dios sabe que mi bolso de libros barato no podía aguantar mucho más, y nunca he sido capaz de aguantar una pelea de todos modos. La pelea está terminada, pero sus efectos posteriores no se han detenido.

Así que ahora es otro día de trabajo, juntos en casa de la señora Reynolds, pero no.
joe aun sigue mis condiciones: él no me habla mientras trabaja en el kiosco y yo planto más narcisos.

Tarareo canciones mientras trabajo. A veces la señora Reynolds tararea conmigo, hasta que comienza a cantar las palabras de las canciones a gritos tan fuerte que dejo de trabajar y abro y cierro mis ojos ante esta señora de edad que no le importa lo que la gente piense de ella.

Es realmente alucinante.


Cuando la señora Reynolds comienza a cabecear, camino dentro de la casa y me sirvo un vaso de agua. Antes de salir de la cocina, sirvo uno para joe también. En silencio, lo dejo en una de las tablas de madera junto a él.

De vuelta en el interior preparo un pequeño refrigerio, recuerdo que me olvidé de traer el plato de galletas desde el ático la semana pasada. Subo los dos tramos de escaleras hasta el ático y recojo el plato.

La puerta se cierra y grito. joe está de pie en el ático conmigo, el vaso de agua en sus manos.
—¡Oh Dios Mío!

—No voy a hacerte daño, demi. Solo quería darte las gracias por el agua y… bueno, yo sé que no es fácil trabajar juntos, pero de verdad aprecio que no me eches a patadas.

—No puedes salir —dije.
—¿Por qué no?
—Porque la puerta se bloquea automáticamente.

Joseph  mira el tapón de la puerta y solo lo saca del camino.
—Estás bromeando, ¿verdad?

Sacudo la cabeza lentamente. Estoy tratando de no entrar en pánico sobre la realidad de estar encerrada con Joseph jonas en un ático. Respira, demi. Inhala. Exhala. Inhala. Exhala.

Joseph  intenta girar la perilla, luego trata una acción de girar-la-perilla-mientras-que-empuja-la-puerta. —Mierda —se gira hacia mí—. Tú y yo. En la misma habitación. Esto se supone que no debe pasar.

—Ya lo sé —digo.
—Podríamos gritarle a la señora Reynolds. Está durmiendo afuera, pero…
—Ella nunca nos oirá desde aquí. Su audición es marginal si estás a 3 metros de distancia.

Cuando se despierte le gritaremos y entonces ella nos oirá.
—¿Entonces estás diciendo que estamos atrapados aquí?

Asiento con la cabeza otra vez.
—Mierda.
—Ya has dicho eso —le informo. joe empieza a pasear mientras lleva las manos sobre su corte de pelo.
—Si bueno, esto apesta. Estar encerrado se está convirtiendo en el tema de mi vida —murmura—. ¿Cuánto tiempo antes de que ella se despierte?
Me encojo de hombros. —Podría ser una media hora, pero a veces duerme durante una hora o más, como ayer.

Tomando una respiración profunda, él se sienta en el centro del piso se apoya contra el baúl de la Sra. Reynolds. —Es mejor si tomas asiento —dice.
—Tengo miedo a las arañas.
—¿Aún?
—¿Te acuerdas de eso sobre mí?
—¿Cómo podría olvidarlo? Tú y selena solían hacerme su asesino de arañas personal —dice. Lo miro extrañada—. Siéntate —ordena—. Le estoy dando a la señora dos horas para liberarnos y entonces echaré la puerta abajo.

Ninguno de los dos dijo nada durante un tiempo. El único sonido es nuestra respiración y los escalofriantes golpes y crujidos de la vieja casa.

—¿Fue aterrador estar en la cárcel? —le pregunto, rompiendo el silencio.
—Algunas veces.
—¿Cómo cuando? ¿Qué te hicieron?

Me doy la vuelta y lo miro. Su expresión es cautelosa. —Tú sabes, eres la primera que pregunta por detalles.
—Admitiré que he escuchado rumores. Sospecho que la mayoría de ellos no son ciertos.
—¿Qué has oído?

Hundo mi labio, nerviosa por ser la primera en decírselo. —Vamos a ver… que tenías un novio en la cárcel… que te uniste a una pandilla… que intentaste escapar y te incomunicaron… que le pegaste a un tipo que después necesitó ser hospitalizado… ¿Debería continuar?

—¿Tú crees algo de eso?
—No. ¿Por qué? ¿Son verdad?

Él inclina la cabeza hacia atrás contra el baúl y deja escapar un largo suspiro. —Yo estuve en una pelea, y estuve incomunicado por eso. —pone las manos sobre sus ojos—. Estuve incomunicado durante treinta y seis
horas. Dios, de todas las personas, no puedo creer que esté hablando contigo, sobre esto.

—¿Te dieron agua y comida?

Él se ríe. —Sí, sigues recibiendo las comidas. Pero estás durmiendo en una losa de cemento y un colchón de espuma de una pulgada por encima de eso. Un retrete de acero inoxidable es tu única compañía.

—Por lo menos estabas solo —le digo—. Yo tuve que esperar por alguien que trajera un tazón de plástico para ir al baño mientras estuve en el hospital. Entonces tuve que sentarme allí mientras ellos me limpiaban. Era tan degradante.

—¿Los médicos dicen si alguna vez caminarás sin cojear?
—No saben. Tengo que ir a la terapia física dos veces a la semana hasta que me vaya a España.
—¿España?

Le explico por qué estoy trabajando en casa de la señora Reynolds todos los días y de mi sueño de dejar Paradise para poder escapar del pasado.

—No podía esperar para volver a casa —admite—. Regresar aquí significaba que era libre de estar encerrado.
—Eso es porque eres Joseph jonas. La gente siempre te aceptará. Lo único que me impidió ser una perdedora antes fue el tenis y selena. Ahora que he perdido tanto, no tengo nada, excepto miradas humillantes y comentarios que la gente dice y que no quiero oír.
joe se para y pasea por el ático otra vez —El volver a casa apesta. Pero dejar Paradise seria una manera de escabullirse.

—Para mí —le digo—. Dejar Paradise significa libertad. Me siento encerrada solo por vivir en este pueblo donde todo el mundo me recuerda lo perdedora que soy ahora.
joe se agacha, su cara rígida delante de la mía.
—Tú no eres una perdedora. Maldición, demi, siempre sabias lo que querías e ibas por ello.

Yo le digo la verdad.
—Ya no es así. Cuando me golpeaste, una parte de mí murió. 
.

--------------

Joseph


—¡joeeee, teléfono! —mamá grita desde la cocina.

He estado en mi habitación, tratando de entender estos pensamientos confusos que he tenido desde el martes, cuando demi y yo nos quedamos encerrados en el ático. Nos sentamos allí quizá cuarenta minutos. En ese corto periodo de tiempo, probablemente pude compartir más con ella de lo que lo hago con ashelly. Siempre.

Estoy en serios problemas.

Cojo el teléfono y asomo la cabeza en mi habitación. —¿Hola?

—Hey, joe. Soy Brian.
—¿Qué sucede?
—Es domingo —dice Brian en un tono demasiado alegre.
—¿Y? —digo yo.
—Vamos, amigo, no me digas que has olvidado nuestro ritual. Tú, yo, Drew, y Tristán... —lo recuerdo. Domingos por la tarde viendo el fútbol, yo, Brian, Tristán, y Drew. No se permiten gallinas era nuestro lema.

—Voy por Tristán en diez minutos. Quiero que ya estés listo —dice Brian, entonces la línea se corta.

Estoy en una disyuntiva. Me había jurado a mí mismo dormir todo el día. Pero si quiero volver a una rutina normal, el fútbol del domingo no puede ser ignorado.

Tomo una ducha rápida, créanme que estoy acostumbrado a ellas. Y cuando estoy tirando de unos pantalones viejos y una camiseta, escucho a mamá dular a Brian en las escaleras.

Estoy tan contenta de que hayas llamado a
joseph. Eres un buen amigo. Aquí hay algunos restos de comida china de la noche anterior. Les juro que es como una máquina fuera de control.
Cuando llego a la planta baja, Brian me dice:
—Tu mamá es genial, joe. Echa un vistazo a todas las cosas que empacó para nosotros.

Echo un vistazo a la bolsa de comestibles. A mamá le ha dado por verter la mitad de la comida de nuestro refrigerador en la misma. Estoy a punto de abrazarla, pero ella coge un trapo de la cocina y comienza a limpiar fuera de la mesa de la cocina cuando me acerco.
—Vayanse—dice ella—, y pasen un buen rato.

En la casa de Tristán tenemos que esperar a que comience el juego que veremos. Es de los Empacadores contra los Osos. Antes de que me arrestaran, yo podría haber dicho todas las fechas de cada partido y jugar los nombres de todos los oponentes de los Osos en esos juegos.

Yo mismo me sentía el couch recostado en el sofá del sótano. Casi no puedo esperar a verlo. Los otros chicos no tienen idea de cuánto echaba de menos esto.
Demonios, ni siquiera yo podía darme cuenta de cuánto echaba de menos esto.

Tengo a ashell de regreso, a mis amigos. Tengo que olvidar a demi. Estoy seguro de que estoy pensando tanto en ella porque estamos trabajando juntos. Volví a Paradise con la misión de recuperar mi vida y volver a la normalidad. Recostado en el sofá y viendo el partido me doy cuenta de que esto no es tan malo.

Hasta que Tristán comienza a lanzar las latas de Michelob a cada uno de nosotros.
—¿De dónde sacaste la bebida? Pregunta Drew.
—Son del cuatro de julio. Tome un paquete a espaldas de mis padres y lo escondí. Mi madre ni siquiera sabía que se faltaba uno.
—Así se hace, hombre —dice Brian—. Es momento de celebrar cachorros.
Brian y Drew alcanzan las suyas y las abren de inmediato. Cojo la que me lanzan a mí. Tristán aprieta la suya. —Por una nueva temporada para los Osos.

—Por un mariscal de campo que puede realmente lanzar la pelota —dice Brian.

—Y un corredor que en realidad pueda correr con el balón —Drew continúa.

Todos ellos esperan a la vez, que les demuestre mi sabiduría sobre el mundo del futbol.
Estoy sosteniendo la lata, siento el frío contra la palma de mi mano que envía un escalofrío por mi brazo. —Y un apostador que pueda patear el balón —agrego, preguntándose si se dan cuenta que no he volteado la parte superior y no la he abierto aún.

Todos ellos toman un trago. Excepto yo. Me pude haber puesto en peligro de volver a la cárcel cuando me metí en una pelea con Vic cuando insultó a demi, pero valió la pena el riesgo. Ni siquiera he estado cerca de alcohol desde la noche del accidente. No voy a ponerme en peligro de volver por una estúpida lata de cerveza.

—¿Qué crees que estás haciendo? —dice en voz alta una voz de adulto en la escalera.
Mierda, es la madre de Tristán.

Me gustaría tratar de ocultar la cerveza, pero eso sería inútil. Ya he sido arrestado.
Ella baja por las escaleras y toma el Michelob de la mano de Tristán. —No en mi casa, no —dice ella, y luego me señala con el dedo—, puedes pensar que sólo por venir de nuevo aquí todo el mundo aspirara a tener tu estilo de vida, joseph, pero no voy a dejar que eso suceda.

Tristán da unos pasos hacia adelante. —Mamá, para.
—No lo protejan, Tristán —ella mira hacia abajo a la lata de cerveza en mi mano, y luego mueve la cabeza con disgusto—. joseph, por favor sal de mi casa.

Puse la lata sin abrir abajo sobre la mesa. La Señora Norris ni siquiera mira la lata. Ella está demasiado ocupada mirando y burlándose de mí. —Aléjate de mi hijo —me ordena y yo bajo la cabeza.

No sirve de nada que me defienda. La Señora Norris ya tiene su mente predispuesta hacía mí. Veredicto: Culpable.

Además, si le explico la verdad no me creerá. La forma en que me miró, dice más que las palabras.

—Ese fue un rumor mortal —dice Brian, cuando estamos de vuelta en su coche—. ¿Dónde vamos a ver el partido ahora? Está probablemente cerca del medio tiempo.
—Podemos volver a mi casa —ofrezco.

Diez minutos más tarde nos asiento en el sótano y vemos el partido. Los Osos van ganando por tres, pero los empacadores tienen la pelota y es el cuarto trimestre.
Estoy totalmente en el juego cuando Brian dice: —Tengo que decirte algo.

—Dispara —le digo, tomando un puñado de papas fritas y empujándolas a mi boca. Mi atención está todavía en el juego, pero con las posibilidades de una pequeña mirada a mi amigo.

Brian se inclina hacia adelante, la expresión de su cara es totalmente seria.
—Ella me va a matar por decirte.

Echo un vistazo atrás a la TV. Los Empacadores perdieron el balón y la pelota es de los Osos. Esto podría significar una victoria para ellos.
—¿Quién? —le digo, sólo escucho en parte a Brian.

—ashelly.

ashelly estuvo recientemente en mis brazos y dispuesto a colaborar en mi cama. No fue la reunión más romántica, supongo que esperaba que fuera como en los viejos tiempos. Ha sido todo lo contrario.

—¿Viste eso? —le digo a Brian, consiguiendo que mire totalmente irritado el juego de los Osos. No me puede culpar de estar excitado cuando había estado restringido a ver el fútbol desde el año pasado. Me perdí toda la temporada—. ¡Ellos saquearon Edmonton!

—Estuvimos juntos, joe. Pensé que deberías saberlo —lo miro, confundido.
—¿De qué demonios estás hablando?
—De mí... y de ashelly.

Siento como si un ladrillo me golpeara en la cabeza a la velocidad del rayo.
—¿Tú y ashelly?

—Sí.

Por Dios. La palabra viene de la boca más rápido de lo que mi cerebro puede comprenderlo.
 —¿Cuándo?

—No quieres saber.

Eso significa que fue antes de que me arrestaran. demi no estaba mintiéndome esa noche que la asuste.

demi me había dicho la verdad, mientras que ashelly me miró a los ojos, alimentando mi mente con mentiras. ashelly me manipulo y yo le creí.


Pero todo tiene sentido ahora, por qué ashelly está desesperado por mantener nuestra relación en secreto. Es el momento perfecto para joder mi cabeza una vez más.
Brian me está mirando, midiendo mi reacción. No hay forma en el infierno de que vaya decirle que he estado haciéndolo con ashelly.

En cuestión de segundos, pierdo mi percepción de la demente realidad. No hay forma de que vuelva con ashelly, no puedo salir con los chicos como antes. Mi vida ahora no tiene ningún parecido con la anterior. ¿Cómo podría haber pensado que sería igual?

Tengo que preguntar. —¿Están ustedes, ya sabes...
—Sí.

Cierro los ojos y me inclino hacia atrás en los cojines del sofá. Wow. Mi novia estaba atornillando con los dos y yo no tenía ni idea. Pero demi lo sabía y trató de advertirme. Como agradecimiento, la insulté y luego la noche se salió de control, terminando con demi en el hospital.

El juego de los Osos ha quedado en el olvido, sacudo la cabeza y miro el techo.
—Al principio era sólo una conexión, un error —Brian continúa—, pero eso no significa que no quisiéramos que sucediera.

Deseo que Brian se pudiera callar. Ahora sé que significa lo que dice Damon acerca de tomar la culpa. —Probablemente estuviste tan feliz de que fuera condenado, por fin podrías tener mi novia sólo para ti —le digo.
—No es así —Brian hace una pausa—. Yo la quiero, josephs. Enserio me casaría con ella ahora mismo si pudiera.
—Maldita sea —murmuro. Me pregunto quién va a estar allí cuando Brian vuelva a la tierra y caiga de bruces. ashelly me dijo que no había ningún chico que le importara. ¿O eran mentiras también?

—Ella me hizo prometer que no te diría lo de nosotros. Pero yo creo que es genial si todos estamos enterados, ¿no? Entonces podemos ser una pareja en la escuela de nuevo, en lugar de fingir que no estamos juntos.

Siento, que necesito una cierta distancia. Este es mi mejor amigo de cuando estaba en jardín de infantes. Recuerdo cuando Drew le quito un lápiz de color a Brian en el primer grado y yo pellizque el brazo de Drew en represalia.

Y cuando tuve la varicela en el sexto grado y tuve que quedarse en casa por más de una semana de la escuela, Brian se acercó y en secreto jugábamos Calabozos y Dragones. Y nunca le dijimos a nuestros padres, aun cuando Brian se atascó con la varicela dos semanas después. Yo nunca pensé que Brian traicionaría nuestra amistad.

—Eres un gilipollas —le digo abruptamente.

Brian se para y coge las llaves de su coche. —Sabía que no lo entenderías. Por eso no te lo dije.

—Amigo, estabas haciéndolo con mi chica a mis espaldas. ¿Cómo crees que iba a reaccionar? Un escalofrío corrió arriba y abajo de mi espina dorsal cuando realmente puse la verdad en palabras.

—Creí que ibas a escuchar. Y tratar de entender sin querer arrancarme la cabeza. Esto es real, joseph.

Tengo una risa cínica. —Te diré a lo que es real. Real es que yo estaba en la cárcel durante el último año, quedándome en conjunto con los distribuidores de drogas y consumiendo una porquería de basura como alimento, que ni siquiera tu perro tocaría. Real es no poder usar la maldita ropa interior
propia y ducharte con veinticinco pollas de otros tipos todos los días mientras los guardias vigilan el reloj. Real es que mi vecina de al lado que camina como si estuviera en equilibrio sobre unos zancos, porque la pierna está tan jodido por el accidente. Brian, tu percepción de la realidad es totalmente errónea.

Brian se dirige a las escaleras, con la espalda rígida. Se detiene cuando está a medio camino.
 —Cuando quieras perdonarme y seguir adelante, ya sabes dónde estoy.
Mis puños se enlazan con tanta fuerza que van a quedar entumecidos.
Es entonces cuando mamá camina por las escaleras. Ella sonríe y dice todo con una alegre voz,
—¿Te divertiste con tus amigos? 

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