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Mi nombre es Yesennia ... subo adaptaciones jemi en youtube pero aveces como son largas lo subo a este blog este es mi canal http://www.youtube.com/channel/UC93vtXRXWvbXxe_1js_HRJg/videos?flow=grid&view=0 ...
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sábado, 15 de diciembre de 2012

do you remenber me ? capitulo 5 - jemi

Respiró hondo y atravesó las puertas giratorias para entrar en el edificio. El vestíbulo era precioso. En el centro había una gran fuente y separó frente a ella para permitir que el sonido del agua le relajara. Echabade menos el mar. No salía muy a menudo de la isla y, en medio de la gran ciudad, lo pensaba en regresar al tranquilo lugar en el que hacrecido.Se le formó un nudo en la garganta y el dolor le oprimió el pecho. Por su culpa, las tierras de la familia estaban en manos de un hombre decidido a construir un complejo turístico con campo de golf y a saber qué más.Pero la isla Moon era especial. Las familias llevaban viviendo allí desde hacía generaciones y todo el mundo se conocía. La mitad de la islas e dedicaba a la pesca o a las gambas y la otra mitad vivía jubilada tras años trabajando en Houston o Dallas.Entre los residentes había un acuerdo no escrito por el que la isla seguiría siendo un paraíso para quien buscara una vida más tranquila.Pero todo eso iba a cambiar por su culpa. Las excavadoras iban a invadirlo todo y, lentamente, el mundo exterior cambiaría su forma devivir. demi se mordió el labio y se dirigió hacia el ascensor. Le dolía pensar en lo ingenua y estúpida que había sido.Furiosa, pulsó el botón de la tercera planta. Le había creído cuando le había asegurado que quería las tierras con fines personales. Al firmar los documentos, el nombre que había aparecido era el suyo, no el de ninguna empresa. Joe Jonas. Y también le había creído cuando le había dicho que la amaba y que regresaría. Que quería que estuvieran juntos.Se sentía tan humillada por su estupidez que no soportaba pensa rmás en ello. Y al presentarse en Nueva York se había encontrado con lahistoria de la pérdida de memoria. Demasiado oportuno.
—Por favor, que esté diciendo la verdad —susurró.Porque, si decía la verdad, entonces a lo mejor no era tan mala persona.—¿Tiene cita? —al salir del ascensor, se topó con un mostrador. La recepcionista  sonrió.
—joseph me está esperando —asintella tras unos segundos de incertidumbre.
—¿Es usted la señorita Morgan?Ella asintió de nuevo.—Sígame. El señor jonas pidió que la llevara de inmediato a su despacho. ¿Le apetece un café o té? —miró la enorme barriga—. Si lo prefiere, tenemos descafeinado.
—Gracias, estoy bien —demi sonrió.—Señor Jonas la señorita Morgan está aquí —la recepcionista abrió una puerta.

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—Gracias, Tamara —joe alzó la vista del escritorio y se puso en pie.
—¿Necesitará alguna cosa más? —preguntó amablemente Tamara.
—Que nadie me moleste —joe sacudió la cabeza. La mujer sonrió y se marchó, cerrando la puerta tras ella. demi miró a joel. Estaban tan cerca que podía olerlo, pero no saa mo actuar. No poa mantener la pose airada de amante despechada porque, si no se acordaba de ella no se le podía culpar por comportarse como si no existiera.Pero tampoco poa retomar la relación donde la haan dejado arrojándose en sus brazos.
—Antes de que esto vaya más lejos, hay algo que debo hacer —élsuspiró.—¿Qué? —demi frunció el ceño antes de enarcar las cejas al verlo aproximarse. joe le tomó el rostro entre las manos ahuecadas y se acercó aún más a ella.
—Tengo que besarte.

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demi intentó zafarse, pero joe estaba decidido a no dejarlescapar. La sujetó por los hombros y la atrajo bruscamente hacia sí antes de  besarla apasionadamente.No estaba muy seguro de qué esperar. ¿Fuegos artificiales? ¿Lmemoria milagrosamente recuperada? ¿Igenes de las semanaperdidas?No sucedió nada de eso. En cambio, lo que sí sucedió lo llenó depánico. joseph sintió que su cuerpo despertaba. Cada músculo se tensó. El deseo y la lujuria se enroscaron alrededor del esmago y se puso dolorosamente duro.¡Cómo le correspondía esa mujer! Tras la resistencia inicial, se fundió contra él y le devolvió el beso con pasión. Le rodeó el cuello con los brazos moldeando sus deliciosas curvas contra su cuerpo. Un cuerpo que pedía a gritos que la tumbara sobre el escritorio y saciara su deseo.Pero a medida que la consciencia se abría paso, se contuvo. ¿En qué estaba pensando? Esa mujer, a la que no recordaba, estaba embarazada,aunque eso no le impidiera querer arrancarle la ropa.Bueno, al menos no podría dejarla embarazada otra vez…¿Que no era su tipo? Nunca había conocido a una mujer con la que tuviera tanta química. demi lo miraba perpleja con los labios hinchados y la mirada turbia. Y joe tuvo que hacer acopio de toda su capacidad de control para no terminar lo que había empezado.
Lo siento se disculpó apartándose de ella. Tenía qucomprobarlo.
—¿Comprobar el qué? —ella entornó los ojos mientras cruzaba los brazos sobre el pecho y daba unos impacientes golpecitos en el suelo con el pie.
—Si conseguía recordar algo.
—¿Y bien?—Nada —él sacudió la cabeza. demi se dio media vuelta, dispuesta a salir del despacho.
—Espera un momento —llamó él.
—¿Cuál es tu problema?
—¿Cuál es mi problema? Pues no tengo ni idea. Quizás que no me gusta ser maltratada como una especie de animal de laboratorio
.—Pero…
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Antes de que él pudiera protestar, ella ya se  había   marchado. joe la vio irse sin saber si ir tras ella o no. ¿Qué le diría cuando la alcanzara? No lamentaba el beso, aunque no hubiera supuesto la cura milagrosa que había esperado. Pero sí le había aclarado algo importante:no podía acercarse a esa mujer sin estallar en llamas, y eso hacía que fuera bastante probable que llevara a su hijo dentro de ella.Regresó al escritorio y descolgó el teléfono. Segundos más tarde,Ramon contestó
.—La señorita Morgan acaba de abandonar mi despacho. Procura que llegue bien al hotel.demisalió a la calle. Las lágrimas le ardían en los ojos.Había esperado ver algún rastro del joe del que se había enamorado. Quizás también había esperado que el beso despertara…algo.
El viento fresco le revolvió los cabellos mientras miraba calle abajo,sin saber muy bien qué dirección tomar. Hacía más frío que antes y empezó a tiritar.Aún había bastante luz como para regresar caminando al hotel. El beso de joe la había dejado acalorada y le enfurecía que se hubiera mostrado   tan frío.Se había sentido como… un juguete. Como si no fuera más que unartículo para divertirle. Y seguramente era eso lo que había sido desde el principio.Al pararse ante un paso de peatones, un hombre tropezó con ella violentamente.
—¡Eh! —demi  se volvió asustada. 
El hombre murmuró una disculpa mientras el semáforo se ponía en verde. No fue consciente del tin en el otro brazo hasta que fudemasiado tarde.El bolso se deslizó por el brazo que casi fue arrancado del hombro mientras el ladrón echaba a correr.Instintivamente, demi agarró la correa del bolso tirando de ella.El ladrón la empujó con fuerza, haciéndole caer al suelo. El golpe fue muy fuerte, pero la correa del bolso se mantuvo firmemente enrollada alrededor de su muñeca.El ladrón tiró con fuerza, arrastrándola varios metros antes de soltar un rugido de rabia y sacudirle una bofetada con el dorso de la mano.demi percibió un destello plateado.

El pánico hizo presa de ella al reconocer la navaja que se aproximabaa su cuerpo. Sin embargo, el atacante rajó la correa y en unos segundos desapareció, fundiéndose con la multitud mientras ella quedaba tirada enel suelo.
—¿Está bien, señora? —alguien se arrodilló a su lado.Ella se volvió, demasiado aturdida para responder. Un coche negro dio un frenazo, parándose frente a ella y una mole de hombre corrió en suauxilio
.Señorita Morgan, ¿se encuentra bien? preguntó apresuradamente.
—¿Cómo… cómo sabe mi nombre?—El señor jonas  me envió.
—¿Cómo se ha enterado él de lo sucedido?—Me pidió que me asegurara de que llegara sana y salva al hotel. No la alcancé a tiempo para llevarla en coche y la estaba buscando.
—Entiendo.
—¿Puede ponerse de pie? —preguntó él. demi asintió lentamente. Al menos lo intentaría. Mientras el hombre la ayudaba a levantarse, se sujetó la barriga, preocupada por si el bebé había sufrido algún daño.
—¿Le  duele? —preguntó él.—No lo sé —contestó ella temblorosa—. Puede que no sea más que el susto. La caída…—La llevaré de inmediato al hospital. El señor de jonas se reunirá allí con nosotros.Bryony no protestó al ser empujada al asiento trasero del coche. El hombre se sentó a su lado y ordenó al conductor que arrancara
.—¿Le duele algo? —preguntó.—No creo. Sólo estoy alterada.—Va a tener un buen moretón en el ojo.
—Gracias —murmuró—. Por su ayuda. Llegó en el momento justo.—No, no es verdad —el rostro del hombre se arrugó en una mueca derabia—. De haber llegado un segundo antes, no la habría lastimado.
—Aun así, gracias. Llevaba una navaja.Al recordarlo, empezó a respirar agitadamente. Le subió un escalofríopor la columna hasta los hombros y empezó a tembladescontroladamente.
—Ni siquiera sé su nombre —continuó con voz débil.—Ramon —él la miró con preocupación—. Soy el jefe de seguridad delseñor jonas

—Me llamo demi —se presentó ella antes de recordar que él ya conocía  su nombre.
—Casi hemos llegado, demi—la tranquilizó.El coche se paró y la puerta se abrió. Ramon la ayudó a salir y los recibió un auxiliar de urgencias, que les aguardaba con una silla de ruedas. Sorprendida por la rapidez con que fue atendida, contempló boquiabierta mo dos enfermeras la tumbaban en una cama yempezaban a examinarla.Ramon se quedó a su lado sin perder detalle de los movimientos delpersonal sanitario.
—El señor  jonas es benefactor de este hospital —murmuró, como sicomprendiera el aturdimiento de la joven—. Llamó para informarles de sullegada.
El obstetra vendrá enseguida anuncuna enfermera—.Examinará al bebé.demi asintió y murmuró un agradecimiento. Acababa de cerrar losojos cuando la puerta se abrió de golpe.
—¿Estás bien? —preguntó angustiado joe—. ¿Estás herida? ¿Te duele algo? —respiró hondo y se mesó los cabellos
—. ¿El… bebé?Antes de que ella pudiera responder, él se fijó en el ojo y su rostro seenfureció. Instintivamente le tocó la cara antes de volverse hacia Ramon.
—¿Qué ha pasado?—Estoy bien —intervino demi, pero joe ya no le prestabaatención a ella
.—joe…
Él seguía bombardeando al jefe de seguridad con preguntas y tuvoque tirarle de la manga para recuperar su atención.
—Estoy bien, en serio. Ramon apareció justo a tiempo. Me ha cuidado muy bien.—No debería haberte dejado marchar del despacho —joe rechinó losdientes—. Estabas alterada y no deberías haber salido a la calle. Pensaba que Ramon te llevaría al hotel.—Eché a andar —ella se encogió de hombros—. Él no me alcanzóhasta después de…
—¿Ha venido ya el médico? —joe acercó una silla y se sentó a su lado—. ¿Qué ha dicho del bebé? ¿Te ha hecho daño ese bastardo en alguna otra parte?Ella sacudió la cabeza y pestperpleja. Aql era un joe totalmente desconocido.
—La enfermera dijo que el obstetra de guardia vendría en breve para reconocerme y asegurarse de que el bebé está bien. Y no, no me ha herido en ninguna otra parte.
—No puedes caminar por las calles de Nueva York tú sola —joel le tomó la mano—. Ni siquiera me gusta que te alojes en ese hotel.—Pero si es tuyo —demi sonrió divertida—. ¿Estás diciendo que no es un lugar seguro?
—Preferiría que te quedaras conmigo, para estar seguro de que no te pase nada.
—¿Qué estás diciendo? —ella frunció el ceño.
—Escucha, de todos modos nos íbamos a ir juntos a la isla Moon en unos días. Lo lógico sería que te quedaras conmigo hasta entonces. Nos dará más tiempo para… conocernos.Quizás no la recordaba, pero sus instintos protectores se habían despertado y desde luego estaba preocupado por el bebé y su madre.Al menos era un comienzo, ¿no?
—De acuerdo —accedió demi—. Me alojaré en tu casa hasta que salgamos  hacia la isla.
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do you remenber me ? capitulo 4 - jemi


Ella lo miró espantada y se llevó una mano a la boca. Parecía a punto de desvanecerse y él la atrapó por la cintura, obligándola a sentarse a su lado.—¿Cómo? ¿Qué sucedió? —ella no se resistió y se limitó a mirarlo fijamente.
—Mi avión privado se estrelló sobre Kentucky —explicó él—. No recuerdo gran cosa. Desperté en un hospital sin saber cómo había llegado allí.
—¿Y no recuerdas nada? —insistió ella.—Sólo he olvidado esas cuatro semanas, aunque tengo alguna que otra laguna.
—De modo que te olvidaste de mí… —demi soltó una amarga carcajada.
—Sé que es desagradable oírlo —él suspiró—. Puede que no te recuerde, demi, pero no soy ningún bastardo. No me satisface ver lo herida que te sientes.
—Intenté llamarte —continuó ella—. Al principio esperé. Me inventé un montón de excusas. Que la emergencia había sido grave, que estabas muy ocupado. Pero cuando intenté llamar al número que me diste, nadie me permitió hablar contigo.
—Después del accidente se tejió una importante red de seguridad a mí alrededor. No queríamos que nadie supiera lo de mi pérdida de memoria. Temíamos que los inversores perderían su confianza en mí.
—Pues parecía que me habías dejado tirada y que no habías tenido las agallas de decírmelo a la cara.
—¿Y por qué ahora? ¿Por qué has esperado tanto tiempo para venir a enfrentarte a mí? Ella lo miró con desconfianza. Desde luego, lo sensato hubiera sido noesperar tanto.—No descubrí que estaba embarazada hasta la décima semana. Mamaw estaba enferma y pasaba mucho tiempo con ella. No quería disgustarla contándole que sospechaba que nos habías seducido y mentido a las dos sobre tus planes para las tierras. Le habría partido el corazón, y no sólo por las tierras. Ella sabía cuánto te amaba. Quería verme feliz. Joseph  se sentía como un auténtico gusano.
—Tenemos que tomar algunas decisiones, demi.—¿Decisiones?—Dices que estaba enamorado de ti —joe la miró a los ojos—. También dices que estás embarazada de mí. Hay mucho que decidir y no lo vamos a resolver en una noche. Ella asintió.—Quiero que vengas conmigo.—¿Y adónde vamos exactamente? —demi se humedeció los labios.—Si lo que dices es cierto, una gran parte de mi vida y futuro cambió en esa isla. Tú y yo vamos a regresar al lugar donde todo comenzó. Ella lo miró perpleja, como si hubiera esperado que la dejara tirada.—Vamos a revivir esas semanas, demi. Quizás estar allí hará que recuerde.
—¿Y si no lo hace? —preguntó ella con cautela.—Entonces habremos pasado un montón de tiempo conociéndonos de nuevo.-------------------------------—¿Te has vuelto loco? —exclamó Ryan.joe dejó de pasear por el despacho y miró a su amigo a los ojos.—Preferiría no hablar de quién ha perdido la cabeza —señaló—. No soy  yo quien está buscando a la mujer que me engañó con mi hermano.—Eso ha sido un golpe bajo —intervino nick . joe dejó escapar un suspiro. Era cierto. Fuera cual fuera el motivo que tuviera Ryan para buscar a su ex novia, no se merecía ese trato.—Lo siento, tío —se disculpó.—Creo que los dos estáis locos. Ninguna mujer merece tantas molestias. Y en cuanto a ti, no sé qué decir sobre esa locura de volver a la i sla  Moon. ¿Qué esperas conseguir?Quería recuperar la memoria. Quería saber por qué había actuado de manera tan poco propia de él.—Ella dice que nos enamoramos.Los otros tres lo miraron como si acabara de anunciar que iba a hacer voto de castidad.—También asegura que el hijo que espera es tuyo —señaló nick—.Eso es asegurar mucho.—¿Has hablado con tu abogado? —preguntó Ryan—. Toda esta situación me pone de los nervios. No nos hará ningún bien si va por ahí contando que eres un auténtico bastardo al seducirla y abandonarla antesde que se secara la tinta del contrato.—No, aún no he hablado con Mario —murmuró joe—. No he tenido tiempo.—¿Y cuánto tiempo vas a dedicar a buscarte a ti mismo? —preguntó Cam.—Tanto como sea necesario.—Me encantaría seguir aquí —nick consultó el reloj—, pero tengo una cita.—¿Copeland? —bufó    Cam. nick hizo un mohín en dirección a su amigo.—¿El viejo sigue empeñado en que te cases con su hija si quieres lafusión?—Sí —nick suspiró—. Ella es un poco… alocada y Copeland cree que  yo conseguiré equilibrarla.—Pues dile que no hay trato —Cam se encogió de hombros.-------------------------------------------------------------------------------------------—No está tan mal. Es joven y… exuberante. Hay peores mujeres conlas que casarse.—En otras palabras, volvería loca a una persona tan inflexible comotú —rio Ryan.Nick le dedicó un gesto grosero a su amigo y se dirigió hacia lapuerta.—Yo también tengo que irme —Cam se puso de pie—. Antes de iniciartu búsqueda, tenemos que quedar para tomar algo, joe.Ryan no se había apartado de la ventana y se volvió hacia su amigoen cuanto estuvieron a solas.—Oye, siento lo que dije sobre Kelly —se disculpó joe—. ¿Aún no lahas encontrado?—No —Ryan sacudió la cabeza—. Pero lo haré. joseph no comprendía el empeño de su amigo en encontrar a suantigua novia. Todo había sucedido durante las cuatro semanas perdidasde su vida. Kelly se había acostado con el hermano de Ryan. Ryan la habíaechado de su vida y, aparentemente, pasado página.—¿No te acuerdas de demi? —preguntó Ryan—. ¿Nada en absoluto?—No —jow  tamborileó con un bolígrafo sobre el escritorio.—¿Y no te parece raro?—Pues claro que es raro —contestó él exasperado—. Todo esto esraro.—¿No crees que si te hubieras enamorado de esa mujer y pasado conella cada instante del día durante cuatro semanas, no tendrías al menosuna leve sensación dedéjà vu?—Entiendo tu punto de vista, Ryan —joe soltó el bolígrafo—, y agradezco tu preocupación. Algo sucedió en esa isla. No sé qué es, pero en mi mente hay un enorme boquete y ella está en el centro. Tengo que regresar, aunque sólo sea para desmentir su versión.—¿Y si lo que dice es verdad?—Entonces tengo mucho tiempo que recuperar . --------------------------------Demi se paró frente al edificio de oficinas y miró hacia arriba. La moderna arquitectura del rascacielos relumbraba bajo el sol otoñal.La ciudad la asustaba y fascinaba a partes iguales. Todo el mundo parea ocupado y nadie se paraba siquiera un segundo. La ciudad latía con gente, coches, luces y ruidos. ¿Cómo podía alguien soportar ese ruido constante?Aun así, había estado dispuesta a abrazar esa vida, consciente de que, si iba a compartir su vida con joe, tendría que acostumbrarse a la ciudad. Una semilla de duda crecía a cada aliento que exhalaba y no podía evitar preguntarse si no estaría haciendo un ridículo aún mayor que la primera vez.—Debo estar loca por confiar en él —murmuró. Pero si decía la verdad, si esa historia extraña e increíble era cierta, entonces no la había traicionado. No la había abandonado.—demi, ¿verdad?Ante ella había dos hombres que ya había visto en la fiesta de joe.—En efecto, demi .Ambos eran altos. Uno de ellos tenía el pelo castaño y corto, y le sonrió. El otro era rubio con cabellos revueltos, y fruncía el ceño mientra sentornaba los azules ojos.
—Soy Nick miller, un amigo de joe —el sonriente extendió una mano—. Y éste es Cameron Hollingsworth. Cameron seguía escrutándola con la mirada, y demi lo ignoró, centrándose en nick.—Encantada de conocerte —murmuró al fin, sin saber muy bien qué decir.
—¿Has venido para ver a joe? —preguntó Nick .Ella asintió.—Nos encantará acompañarte.—No hace falta —demi sacudió la cabeza—. Puedo ir yo sola. No quiero causar molestias. Cameron le dedicó una mirada fría y calculadora.—No es ninguna molestia —insistió nick—. Te acompañaré hasta el ascensor.
—¿No me crees capaz de encontrar el ascensor? —ella frunció el ceño—. ¿O acaso eres uno de esos amigos entrometidos? nick sonrió despreocupadamente y la miró como si supiera exactamente cómo se sentía.—Entonces te deseo un buen día —dijo él al fin. demi deseó no haber sido tan grosera.—Gracias, encantada de conocerte. Impregnó su voz de tanta sinceridad que estuvo a punto de creérselo ella misma. nick asintió, pero Cameron no pareció impresionado. Los dos amigos entraron en un BMW que les aguardaba.






miércoles, 12 de diciembre de 2012

Do your remenber me ? capitulo 3 - jemi


Joe vio cómo el rostro de la joven palidecía. Soltó un juramento y la agarró de los brazos, sintiéndola floja y temblorosa.—Siéntate antes de que te caigas —dijo secamente. La condujo hasta la cama y ella se sentó, sujetándose al borde del colchón.—¿Esperas que crea que sufres amnesia? —ella lo miró espantada—.¿Es lo mejor que has podido inventar? joe hizo una mueca, pues él mismo sentía algo parecido ante la idea de la amnesia.—No pretendo enfurecerte, pero ¿cómo te llamas? Me encuentro en desventaja.
—Hablas en serio —demi suspiró y se pasó una mano por los cabellos—. Me llamo Demi  Morgan.—Bueno, demi, parece que tú y yo tenemos mucho de qué hablar.—Amnesia —ella volvió a mirarlo fijamente—. ¿De verdad piensas seguir con esa historia?—¿Crees que me gusta que una mujer me sacuda un puñetazo en público y asegure estar embarazada de mi hijo cuando, por lo que yo sé, es la primera vez que nos vemos? Ponte en mi lugar. Si un hombre al que no hubieras visto jamás apareciera y te dijera las cosas que tú me has dicho a mí, ¿no sospecharías algo?—Esto es una locura —murmuró demi.—Escucha, puedo demostrarte lo que me sucedió. Puedo enseñarte mi expediente médico y el diagnóstico. No te recuerdo, demi. Siento mucho tener que decirlo, pero es la verdad. Sólo cuento con tu palabra de que entre nosotros ha habido algo.—Sí, y no olvidemos que no soy tu tipo .joe dio un respingo. ¡Tenía que acordarse de ese comentario!—Me gustaría que me lo contaras todo desde el principio. Cuéntame dónde y por qué nos conocimos. Quizás algo de lo que me digas merefresque la memoria. Alguien llamó a la puerta.—¿Esperas a alguien a estas horas? —preguntó él.—El servicio de habitaciones. Me muero de hambre. No he comido en todo el día. demi se ajustó la bata y fue a abrir la puerta. Segundos después, un camarero apareció empujando un carrito con las bandejas tapadas.—Lo siento —se disculpó ella cuando estuvieron de nuevo a solas—.No esperaba visita y sólo he pedido comida para uno.Él alzó una ceja. Allí había comida para un pequeño regimiento.—Siéntate y relájate. Podemos hablar mientras comes. demi se retrepó en el pequeño sillón junto a la cama y alargó la mano hacia un plato. joe aprovechó para estudiar el rostro de la mujer que había olvidado. Era preciosa, no podía negarlo, aunque no era el tipo de mujer hacia el que se sentía atraído. Él prefería mujeres dulces y, según sus amigos, sumisas. Era consciente de que eso le hacía parecer un imbécil, pero no podía negar el hecho de que le gustaban las mujeres un poco más obedientes. El que se hubiera enamorado de la antítesis de las mujeres con las que había salido en los últimos cinco años, era fascinante. Aceptaba el hecho de que podía haberse sentido atraído por ella, incluso haberse acostado con ella, pero ¿enamorarse? ¿En unas pocas semanas? Las mujeres tendían a ser criaturas emotivas y entraba dentro de lo posible que se hubiera creído que él estaba enamorado. Desde luego, el dolor y la traición no parecían fingidos. Y luego estaba lo del embarazo. Seguramente le haría parecer un completo bastardo, pero sería de imbéciles no pedir una prueba de paternidad. A fin de cuentas entraba dentro de lo posible que se lo hubiera inventado todo tras averiguar lo de su pérdida de memoria. Sintió la repentina necesidad de llamar a su abogado para preguntarle quién había firmado el contrato de venta de las tierras que había adquirido. No había visto los papeles antes del accidente, para eso pagaba a otras personas, y una vez finalizado el trato, no había motiv opara mirar atrás… salvo en esa ocasión.—¿En qué piensas? —preguntó ella.—Que esto es un enorme lío que…—A mí me lo vas a decir —murmuró demi—. Lo que no entiendo es por qué es tan malo para ti. Eres inmensamente rico. No estás embarazado y no has vendido unas tierras que pertenecieron a tu familiadurante generaciones a un hombre que va a destrozarlas para construir un complejo turístico. El dolor que reflejaba la voz de la joven le produjo a joe un aincómoda sensación en el pecho. Algo parecido a un sentimiento de culpa, pero, ¿por qué debería sentirse culpable?—¿Cómo nos conocimos? —preguntó—. Necesito saberlo todo.—La primera vez que te vi llevabas un traje de chaqueta, zapatos que costaban más que mi casa, y gafas de sol. Me irritó mucho no poder ve rtus ojos y me negué a hablar contigo hasta que te las quitaste.—¿Y dónde sucedió todo eso?—En la isla Moon. Preguntabas por una franja de tierra en primera línea de playa, y por su dueño. Y yo era la dueña y me imaginé que eras un tipo trajeado con planes para construir en la isla y salvar a la poblaciónlocal de una vida de pobreza
.—¿No estaba en venta? —él frunció el ceño—. Debía estar en venta. No habría sabido nada de ese lugar de no ser así.—Lo estaba —demi asintió—. Yo… yo necesitaba venderla. Mi abuela y yo no podíamos pagar los impuestos. Pero estábamos de acuerdo en que no se la venderíamos a un constructor. Se interrumpió, claramente incómoda con las revelaciones que le había hecho.—En fin, te tomé por uno de esos tipos estirados y te envié al otro extremo de la isla. Él la miró furioso y, por primera vez, en los labios de la joven aparecióuna sonrisa.—Estabas tan enfadado que volviste a mi casa y aporreaste la puerta. Exigiste saber a qué demonios estaba jugando y dijiste que no actuaba como alguien desesperada por vender un pedazo de tierra.—Eso sí parece propio de mí —admitió él.—Te expliqué que no estaba interesada en vendértela a ti y cuando hablé de la promesa hecha a mi abuela de que sólo venderíamos a alguien dispuesto a firmar un compromiso de no utilizarla con fines comerciales, me pediste que te la presentara. Un incómodo cosquilleo se instaló en la nuca de joe. Aquello no era propio de él. Él no entraba en el terreno personal. Todo el mundo tení aun precio. Se habría limitado a seguir aumentando la oferta.
—Lo demás resulta bastante embarazoso —siguió ella—. Te presenté a  Mamaw. Os caísteis de maravilla. Ella te invitó a cenar y después dimos un paseo por la playa. Me besaste, y yo te devolví el beso. Me acompañaste a mi casa y quedamos en vernos al día siguiente.—¿Y así fue?—Desde luego —susurró demi—. Y al siguiente, y al otro. Me llevó tres días conseguir que te quitaras ese traje. Él alzó una ceja y la miró fijamente
.—¡Cielos! —la joven se sonrojó violentamente y se tapó la boca con la mano—. No quería decir eso. Llevabas ese traje a todas partes, incluso a la playa. De modo que te llevé de compras. Te compramos ropa de playa.—¿Ropa de playa? —aquello empezaba a sonar como una pesadilla.—Pantalones cortos, camisetas —ella asintió—. Chanclas. Quizás el médico estuviera en lo cierto y había perdido la memoria apropósito. ¿Chanclas? miró sus carísimos zapatos de cuero e intentó imaginarse con chanclas.—Y yo me puse esa ropa de playa…—Desde luego. También te compraste trajes de baño. Nunca había conocido a alguien que viajara a una isla sin traje de baño. Después te llevé a mi rincón preferido de la playa. Hasta ese momento el relato de aquellas semanas era tan distinto deél mismo que le parecía estar escuchando la historia de otra persona.—¿Y cuánto duró esa relación que dices que mantuvimos? —gruñó.—Cuatro semanas —contestó ella con calma—. Cuatro maravillosas semanas. Pasamos todos los días juntos. Tras la primera semana abandonaste tu habitación de hotel y te instalaste en mi casa. En mi cama. Hacíamos el amor con las ventanas abiertas para oír el mar.—Entiendo.—No me crees —ella entornó los ojos.—demi —empezó joe con mucho tacto—. Me resulta muy difícil. He perdido un mes de mi vida y lo que me cuentas suena tan inusual en mí que me cuesta creerlo.—Comprendo que no sea fácil —ella apretó los temblorosos labios—.Pero intenta verlo desde mi punto de vista. Imagina que la persona de laque estabas enamorado, y que pensabas estaba enamorada de ti, de repente no te recuerda. Imagina las dudas al descubrir que todo lo que te había contado era mentira, y que te había hecho una promesa que no iba a mantener. ¿Cómo te sentirías?—Me sentiría muy disgustado —contestó él.—Sí, eso lo describe bastante bien —demi se puso de pie—.Escucha, esto no tiene sentido. Estoy muy cansada y creo que deberías marcharte.
—¿Quieres que me vaya? —joe se levantó de un salto—. Después de soltarme esta historia, después de anunciarme que voy a ser padre, ¿esperas que me marche sin más?—Ya lo hiciste una vez —contestó con voz cansada.—¿Cómo demonios puedes asegurarlo? ¿Cómo sabes lo que hice o dejé de hacer si ni siquiera yo lo sé? Dices que me amabas y que yo te amaba. Acabo de decirte que no recuerdo nada. ¿Por qué dices que te abandoné, que te traicioné? Sufrí un accidente. ¿Cuál fue el último día que me viste? ¿Qué hicimos? ¿Te dije que te abandonaba?—Fue el día después de cerrar el trato —ella estaba muy pálida—.Dijiste que debías regresar a Nueva York. Una emergencia. Dijiste que note llevaría más de uno o dos días. Dijiste que volverías y que hablaríamos sobre lo que haríamos con las tierras.—¿Y qué día fue eso? La fecha, demi, quiero la fecha exacta.—El tres de junio.—El día del accidente