Bienvenidos

Mi nombre es Yesennia ... subo adaptaciones jemi en youtube pero aveces como son largas lo subo a este blog este es mi canal http://www.youtube.com/channel/UC93vtXRXWvbXxe_1js_HRJg/videos?flow=grid&view=0 ...
/// Lovatica // Jonatica // nemi friendship// Jemi forever ///

jueves, 20 de junio de 2013

Unfaithful capitulo 23 - FINAL - jemi en español


Capitulo 23 : 

Final 

La compra de Harvey's?. 
Demi siempre había pensado que había sido Joe el que proponía comprar aquella empresa, y no al revés. 
Joe asintió, sin saber que Demi estaba asombrada con la nueva visión de los hechos. 
-Fue amarga y muy dura -dijo- Y tuve que asumir riesgos que me hacer temblar cuando pienso en ellos, ahora que terminó todo hace tiempo. En otros periodos difíciles, siempre te tuve a ti para encontrar alivio, pero estabas ocupada con Frankie y con el sarampión de los mellizos. Sé que suena muy egoísta, pero los envidiaba porque ellos obtenían tus cuidados y yo no. ¡Te necesitaba, Demi, pero no podías ayudarme! Y, que Dios me perdone, Taylor sí podía -dijo y suspiró con angustia- Con la brillante ayuda de Taylor, gané la batalla de Harvey's. Pero sabe Dios por qué razón, me sentí tan aliviado que perdí el control y caí en sus brazos. 
-¿Cuánto tiempo? 
Joe la miró con asombro. -¿Cuánto tiempo qué? 
-¿Cuánto tiempo fuisteis amantes? 
Joe sacudió la cabeza con una extraña expresión. -Nunca lo fue, al menos, no en el sentido en que tú lo dices. He intentado decírtelo alguna vez, pero te negabas a escucharme ... Dios sabe que no te culpo. Al fin y al cabo, te he sido infiel en todo menos en hacer el amor. Salía con Taylor en lugar de volver a casa. La invitaba a cenar, a bailar... 
-Mandy me dijo que te había visto saliendo de su apartamento -dijo Demi con voz grave. 
Joe asintió. 
-Después de la batalla con Harvey's me volví un poco loco -dijo sin poder ocultar cierto desprecio por sí mismo--. Me quedé sentado aquí bebiendo hasta que no pude volver a casa conduciendo. Taylor me recogió y me llevó a su apartamento hasta que estuve sobrio. Oh! -añadió con una sonrisa cínica-, no me entiendas mal. Ella sabía lo que estaba haciendo y yo sabía lo que se proponía, pero ... no pude. No eras tú y, borracho o no, la idea de acariciarla me ponía enfermo. Debió darse cuenta, porque salió de la habitación. Yo me quedé dormido y no me desperté hasta la mañana siguiente. No tengo ni idea de dónde durmió ella aquella noche, pero entró en la habitación mientras yo trataba de recordar lo que había ocurrido, horrorizado por mi comportamiento incluso antes de que me dijera que no me había portado mal para haber bebido tanto. 
Se detuvo para tragar saliva y Demil se puso muy pálida. 
-Dejó que me atormentara durante meses antes de decirme la verdad. Fue su forma de vengarse de mí por quitarle la representación de mi empresa y dársela a uno de sus socios. La noche que habló contigo no fue más que un intento de vengarse de mí. Cuando la llamé, le dije que iba a retirar mis negocios de su esfera. Estoy hablando de mucho dinero, Demi, de una cuenta muy lucrativa. Que la firma perdiera la representación de mis negocios completamente no iba a sentar muy bien a sus socios, que la temen, sobre todo, porque se puede ir de la lengua. Los insultos que cruzamos son tan viles que no quiero repetirlos, pero me dijo que no la había tocado nunca, lo que me hizo sentirme mucho mejor. Me dijo las peores cosas que se le pueden decir a un hombre, pero a mí me sonaron a música celestial, porque me di cuenta de que estaba diciendo la verdad cuando decía que no la había tocado. 
-y esa es la verdad desnuda ... -dijo mirando a Demi a los ojos- Espero que la creas, pero no te culparé si no quieres hacerlo. 
Demi agachó la cabeza, mirándose las manos que tenia apoyadas sobre el regazo. Quería creerlo, necesitaba creerlo, pero ... 
-Puedes quedarte con todo mi dinero y todo mi poder -dijo Joe con voz grave-, a cambio de tu perdón. 
-Ya tienes mi perdón -le dijo Demi con irritación, pero las dudas no la abandonaban. 
-Entonces ¿qué más quieres que diga? -dijo Joe con frustración- ¡No puedo obligarte a que lo olvides! ¡Sólo tú puedes hacerlo! 
Demi perdió la paciencia y se levantó. Le ponía furiosa que Joe descargara en ella los problemas de su matrimonio. Había revelado mucho de sí mismo, pero aquel hecho no la ayudaba. 
Tal vez aquel fuera su problema. Ella, como Joe, siempre había ocultado una parte de sí misma. Sus sueños, tal como él los había llamado. Pero, ¿cómo iba él a saber que su sueño era ser su esposa y la madre de sus hijos, si ella no se lo había dicho nunca? 
¿Podría decírselo en aquellos momentos? Con toda la tristeza y el dolor que había llevado a sus espaldas en los últimos meses, ¿podría ser tan sincera con él como él lo había sido con ella? ¿Podría serlo con el fin de salvar su matrimonio? 
El silencio era espeso. Entonces, al verlos colgados sobre la pared, detrás de donde Joe se encontraba, le dio un vuelco el corazón.
Sam, Kate, Frankie y ella. Sus propios dibujos enmarcados y colgados en el despacho de Joe. 
-Los robé -dijo poniéndose en pie mientras Demi se acercaba a ellos. 
-Quería verlos cada vez que lo necesitaba ... ¿Te molesta? 
Demi se sorprendió de no haberlos echado de menos. Entonces, recordó el desorden que reinaba en su casa con los preparativos de la mudanza y sonrió. 
-Has quitado las rayas -advirtió observando su retrato y sintiéndose un poco expuesta por lo mucho que revelaba de sí misma- Yo no soy así -dijo a pesar de lo que sus ojos le decían. 
-Sí lo eres -dijo Joe con un orgullo que no le pasó desapercibido a Demi-. Es una galería familiar. 
-Pero faltas tú. 
-Sí -dijo Joe, y la sonrisa desapareció de su semblante-. ¿Por qué Demi? ¿Por qué no había un retrato mío en ninguno de tus cuadernos? 
¿Los había hojeado todos? Vaciló un momento y luego, le dijo la verdad, era la hora de la verdad. 
-Todos me quieren -le dijo mirando los retratos de sus tres hijos- Yo creía que tú ya no me querías. Traté de dibujarte -añadió-, pero no lograba recordar tus rasgos, así que lo dejé. 
-¿Los ha visto Efron? 
-¿Qué? -la hosquedad de su voz la sorprendió y tuvo que pensar por un momento antes de recordar quién era Efon-. Oh!, no. Nadie los había visto. -¿Fue muy serio lo que ocurrió entre vosotros? 
-En absoluto. 
-Lo besaste. Os vi. 
-¿Un beso apresurado en un coche? -dijo Demi burlándose de los celos de Joe-. No fue nada, nada en absoluto. 
Pero Joe no se convenció y la agarró por los hombros. Demi suspiró. Joe lo había hecho de nuevo, había descargado las culpas sobre ella de modo que tenía que defenderse de algo que ni siquiera había hecho. Sonrió al pensar en lo absurdo que era todo. 
-Vuelves a parecerte a ese diablo -dijo-. Ya sabes, el que se ducha con fuego. 
-Voy a besarte -gruñó Joe. 
-¿Qué? ¿Aquí en tu despacho? Te equivocas de escenario, cariño, yo pertenezco a tu otro mundo, ¿recuerdas?
Joe la besó apasionadamente, hasta que Demi se rindió entre sus brazos. La besó hasta que ella le echó los brazos al cuello y le acarició la nuca, hasta que sus lenguas se entrelazaron. Los pezones de Demi se erizaron, al tiempo que sentía la urgencia del deseo de Joe contra el vientre. 
-Te quiero, Demi-susurró Joe. 
-Lo sé -dijo Demi besándole suavemente en el cuello-. Creo que puedo creerte otra vez. 
Joe suspiró con alivió y volvió a besarla, esta vez dulcemente. 
Uno de los teléfonos empezó a sonar. Joe lo miró con un brillo de ira en la mirada. Luego agarró a Demi y la llevó hasta su mesa. 
-No te muevas -dijo separándose un poco de ella para alcanzar el teléfono. 
Fue increíble cómo pasó de ser un amante apasionado a ser un frío hombre de negocios, pensó Demi mientras miraba a Joe aunque sin oír nada de lo que decía. Parecía más delgado, con los rasgos más duros, como si se hubieran alterado para corresponderse con el hombre que era en aquellos momentos. Su mirada era fría, a pesar de que dejaba de mirarla, y tenía los labios apretados, perdiendo toda la sensualidad que tenían al besarla. 
Demi sonrió y Joe frunció el ceño al verla, sin distraer la atención de la conversación que estaba manteniendo. Un diablillo en el interior de Demi hizo que le dieran ganas de hacer cosquillas sobre la armadura de aquel magnate de las finanzas y le acarició un muslo. 
Joe casi se atragantó. Agarró la mano de Demi para detenerla, un brillo cruzó por sus ojos y le tembló la voz. Demi se rió. 
-Te llamaré más tarde -gruñó Joe y colgó-. ¡Era un cliente muy importante! ¡Lo has hecho a propósito! -la acusó atrayéndola hacia sí. 
-Te quiero, Joe-le dijo suavemente. 
Joe se puso pálido y tragó saliva. -Dilo otra vez. 
Demi lo besó en la boca con ternura. 
-Te quiero -repitió, dándose cuenta de lo fácil que le resultaba decirlo después de haberlo dicho una vez. 
Joe respiró profundamente, casi como si estuviera oliendo el aroma de aquellas palabras. 
-Echaba de menos que me lo dijeras -dijo, y volvió a respirar profundamente- He echado de menos la luz de tu cara cuando me lo dices -dijo acariciándole la mejilla. 
-Te quise cuando era una niña de diecisiete años -le dijo Demi con dulzura- Y, desde entonces, nunca he dejado de amarte. Sólo que, a veces, me olvidaba. 
-y ocultaste tus sentimientos, convirtiendo las noches en un infierno -dijo Joe con un profundo suspiro- Todas esas noches silenciosas y oscuras. Eran como un castigo. 
-Vámonos a casa -murmuró Demi que deseaba abrazarlo desnudo en la luz de su dormitorio- ¿No nos podemos ir? 
-¡Claro que podemos! -dijo Joe levantándose de la mesa- Soy el jefe, esto es mío. 
-Mmm, ya me había olvidado de que eres multimillonario -dijo Demi, mirándolo reflexivamente- Eso significa que, si nos divorciamos, la mitad de tus propiedades son mías. Me pregunto si merecerá la pena ... 
Joe la agarró por los hombros y la condujo hacia la puerta. 
-Vámonos a casa. A la nueva. Le dejaremos los niños al ama de llaves e inauguraremos una de las habitaciones, así podré enseñarte la más valiosa de mis propiedades. 
-Parece interesante -musitó Demi. 
-Será algo más que eso. 
-Estoy en una condición muy delicada, ya lo sabes. 
-Lo que no ha supuesto ningún problema hasta ahora. De hecho, te recuerdo que sueles ser más sensible cuando estás así. 
En aquel momento, se abrió la puerta del despacho y los niños entraron corriendo. 
Joe agarró a Frankie, que estaba muerto de sueño. 
El niño apoyó la cabeza en el hombro de su padre, y Demi no pudo evitar una sonrisa al ver la escena. 
Bajaron en ascensor y se dirigieron al aparcamiento. 
Joe llevaba a Frankie en un brazo y con el otro rodeaba los hombros de Demi. Sam se había convertido en un piloto de caza que amenazaba con atacarlos según avanzaban y Kate iba agarrada con fuerza de la mano de su madre. 
-Nunca volveré a hacerlo, mamá -le había dicho hacía unos instantes. Y Demi sabía que cumpliría su promesa.
Era un día soleado y la mitad de los empleados de Jonas Holdings estaban asomados a las ventanas para ver a la familia del dueño de la empresa. 
-No puedo creerlo -dijo un hombre- Sabía que estaba casado, ¡pero cuatro hijos! 
-Llevo años trabajando para él -puntualizó otro- Y no sabía que estaba casado. Siempre ha sido demasiado duro, no sé cómo una criatura como ésa puede haberse casado con un hombre así. 
-Ahora no parece tan duro -señaló el primero-. 
Al revés, tiene un aspecto muy amable. Puede que en su casa sea diferente. 
- puede que ella no sea tan dulce como parece -dijo el segundo-. Después de todo, si tienen cuatro hijos, significa que ... 
-¿Y mi coche? -preguntó Demi. 
-Haré que lo lleven esta tarde. 
-No mientras tenga las llaves aquí mismo -dijo 
Demi con un aplomo muy femenino. 
Joe murmuró algo entre dientes, cambió al pequeño Frankie por las llaves del coche de Demi, y después de abrir el coche les dijo a los mellizos que se metieran en el asiento de atrás. Abrió la puerta del acompañante y ayudó a Demi a entrar. 
Los empleados que miraban desde las ventanas, lo vieron volver al edificio y aparecer al cabo de unos segundos con Archer, del departamento de ventas, el joven que había acompañado a Demi hasta su despacho. 
Joe le dio las llaves y señaló el coche blanco. 
Joe montó en el BMW y, un momento después, salió para abrir la puerta de atrás. Los niños salieron a toda velocidad y él fue a abrir la puerta del acompañante. Recogió a Frankie y todos juntos se dirigieron hacia el Escort. Joe cruzó unas palabras con Archer y se intercambiaron las llaves. La razón del cambio de coche quedó clara cuando sentaron a Frankie en su sillita. Archer se dirigía al BMW cuando Kate lo detuvo. La niña miró a su padre, que a su vez miró a Archer, quien se encogió de hombros, sonrió y la agarró de la mano. Los dos se dirigieron al BMW y los demás al Escort. 
-Santo Dios -dijo alguien- ¡Lo tienen en el bote! Me pregunto cómo lo hacen. Saberlo puede valer una fortuna. 
-Ojos azules, pelo rubio y un cuerpo delicioso, aunque esté embarazada, ésa es la fórmula. 
-Yo creía que tenía una aventura con Taylor Swift -murmuró otro. 
-¡TAYLOR SWIFT! 
-Perdón. Es verdad, es una idea muy estúpida. 
-Qué niños tan guapos -dijo alguien. 
-Qué mujer tan guapa -dijo otro. 
-Qué coche tan bonito -dijo riendo el siguiente. 
-¿Su casa es bonita? 
-Su negocio es bonito -dijo algún bromista. 
-Bonito panorama. Venga, todos a trabajar -gritó un jefe. 
-Recuérdame que compre una sillita para mi coche -dijo Joe. 
-¿Qué? ¿Y echar a perder tu imagen de despiadado hombre de negocios? 
-¿Qué imagen de despiadado hombre de negocios? ¿Te has molestado en mirar a las ventanas del edificio? -No, ¿por qué? -dijo Demi, volviéndose a mirar en aquellos instantes y observando a los curiosos- ¿Te van a gastar bromas sobre nosotros? 
-En mi cara, no, si tienen un mínimo instinto de supervivencia. Aunque sabe Dios lo que dirán a mis espaldas. 
-No importa -dijo Demi, apoyando una mano sobre la pierna de Joe-. Despiadado o no, todos te queremos. 
-Deja la mano donde está y dirán que soy un maníaco sexual. 
-¿Qué es un maníaco sexual? -preguntó Sammy. Demi profirió una risita y apartó la mano. Joe miró al cielo y suspiro. 
-Cuando seas mayor, hijo -dijo- Te lo explicaré cuando seas mayor. 
-¿Me lo vas a explicar a mi también cuando sea mayor? -dijo Demi. 
Joe le dirigió una ardiente mirada. 
-Haré algo mejor que eso. Te haré una demostración en cuanto estemos a solas. 
-Con la luz encendida, para que pueda ... 
-¡Demi! -exclamó Joe, cerrando los ojos- No sabes cuánto deseo hacerlo. 
-Sí que lo sé -le dijo Demi, y su mirada le dijo por qué. 
La mirada de Joe se ensombreció. 
-Sigue pensando lo que estás pensando -dijo, y aceleró. 


FIN


* Un Marido Infiel Autora: Reid Michelle Adaptación*


Unfaithful capitulo 22 - jemi en español Capitulo Penultimo

Capitulo 22 :


No dijo nada hasta que le ofreció una taza a Demi, sentándose a su lado para comprobar que la apuraba hasta el último sorbo.
-Bueno, ¿qué ha pasado? -le preguntó entonces. Demi reconoció sus culpas.
-He sido muy impaciente con ellos -admitió-. Más de lo normal. Supongo que se han ofendido, así que se han ido a buscar consuelo a otra parte -dijo y dejó la taza en el suelo. Estaba a punto de llorar otra vez- Pensé que habían ido a casa de tu madre ... los he buscado por todas partes ... Pero no se me ocurrió que fueran a venir aquí.
Está bien -dijo Joe, agarrándole las manos-
No te atormentes más. Están bien, ya lo has visto.
Demi asintió, tratando de tranquilizarse. -Lo siento -dijo al cabo de un rato.
-¿Por qué?
-Por no ser una buena madre para tus hijos -dijo-. Por... venir aquí.
-Algunas veces, Demi -dijo Joe, perdiendo la paciencia-, me pregunto qué pasa por esa cabeza tuya. -¿Les has pegado?
Joe frunció el ceño.
-No, me contuve -dijo secamente- ¡Pero los he regañado muy seriamente! Lo que han hecho ha sido estúpido y peligroso, y además, no había razón para hacerla -dijo sacudiendo la cabeza- Sammy ha encajado bien la bronca, pero Kate estaba consternada. Creo que nunca le había gritado así.
-Te perdonará -le aseguró Demi. Kate adoraba a su padre.
-No, si es como su madre, no lo hará -dijo Joe, y Demi agachó la mirada.
-No se trata de ... perdonar -murmuró- Lo que me pasa es que no puedo olvidar. Has ensombrecido mi mundo, Joe.
-Lo sé -dijo Joe, observando con tristeza sus manos entrelazadas- Y el mío también. No es que importe, pero yo me lo merezco, tú no.
-Entonces, ¿por qué lo hiciste?
Joe suspiró profundamente y soltó la mano de Demi para pasársela por la cabeza.
-Porque ella estaba allí -respondió de manera brutal, y frunció el ceño al ver que Demi se sobresaltaba: -Debes haberla hecho mucho daño.
-¿Sí? -dijo Joe-. No es como tú, Demi. Las mujeres como Taylor tienen la piel curtida, no se les hace daño tan fácilmente.
-y con eso te justificas, ¿no?
-No -dijo Joe y se apoyó los codos en las rodillas y se quedó mirando al suelo sobriamente- Pero no puedo sentirme culpable por sus sentimientos cuando no ha tenido en cuenta los míos.
Demi frunció el ceño, sin entender a qué se refería. Joe la vio y suspiró.
-Si trato de explicártelo todo, ¿me escucharás? -dijo. ¿Lo escucharía? ¿Quería saberlo todo? ¿Podría aceptar la verdad? Apartó los ojos de él. Le temblaban los labios y estaba llena de incertidumbre.
Joe le agarró la mano y la estrechó.
-Por favor -le pidió de nuevo- Eras y sigues siendo la única mujer a la que he amado, Demi. Si no puedes oír nada más, por favor, oye eso, porque es la verdad. -Entonces, ¿por qué te acostaste con Taylor?
Joe se irguió y frunció los labios. Retiró la mano y la dejó caer entre sus rodillas.
-Porque, por un corto periodo de tiempo, perdí el control. No sólo con lo que estaba ocurriendo entre tú y yo, sino también aquí, en este despacho. Taylor fue una válvula de escape. Así de simple -dijo mirando a Demi con pesadumbre-. Estaba bajo mucha presión y, sinceramente, la utilicé para librarme de alguna de esa presión.
¿Yeso qué significaba para ella?, se preguntaba Demi, sintiendo que la ira se agitaba en su interior.
-y ahora, yo tengo que perdonar y olvidar -dijo- Y sentarme a esperar la próxima vez que estés bajo presión y sientas la necesidad de encontrar otra válvula de escape.
-No -dijo Joe con tranquilidad-, porque no volverá a ocurrir.
Demi lo miró con escepticismo.
-No volverá a ocurrir -repitió Joe-, porque la primera vez no funcionó.
Observó el rostro de Demi para ver si entendía lo que quería decir. Sonrió al comprobar que no era así.
-Tú y tu eterna inocencia -murmuró secamente.
-Dejé de ser inocente, Joe, a los diecisiete años. ¡Tú me quitaste la inocencia!
-Tú me la diste, Demi. Me la diste libremente. -Demi se sonrojó. Joe tenía razón. No solamente se la había dado, sino que se la había entregado alegremente.
-Y, lo creas o no -continuó Joe-, la acepté cuando no tenía intención de hacerlo. No ... no pienses mal. Te deseaba. ¡Dios mío, siempre te he deseado! Tenía veinticuatro años y cierta experiencia. Sabía que debía apartarme de ti y marcharme antes de que las cosas llegaran a ser demasiado serias. Pero no pude, así que decidí que lleváramos una relación inocente, pero tampoco pude conseguirlo -dijo apretando la mandíbula- Al final, estaba tan obsesionado contigo que mi trabajo se resintió. Y el tuyo también. Tenías sobresaliente en todo hasta que aparecí yo. Pero, en lugar de sumergirte en los estudios, que era lo que debías hacer, empezaste a salir conmigo. Y tus padres hablaron conmigo ...
Demi se quedó muy sorprendida ante aquella noticia. Siempre había pensado que sus padres se habían limitado a saludar a Joe con una sonrisa cuando iba a recogerla a casa.
-No querían que saliéramos. Y tenían razón, yo ponía en peligro tus estudios. Y por ti, yo pospuse los grandes planes que tenía para mi futuro.
-¿Esto? -preguntó Demi, refiriéndose al despacho en el que estaban.
- algo como esto -asintió Joe.
-Así que al final alcanzaste tu sueño, a pesar de mí -dijo Demi amargamente- Pero a expensas del tuyo -dijo Joe.
-¿Los míos? ¿Cómo sabes cuáles eran mis sueños si nunca te molestaste en preguntar?
-Estudiar Arte primero y luego, ganarte la vida como artista. En publicidad, tal vez, o en diseño. No pensabas en otra cosa.
-¿Ah no? -dijo Demi, burlándose de la excesiva confianza de Joe-. Eso demuestra lo poco que me conoces.
Un brillo cruzó la mirada de Joe.
-Entonces, ¿qué querías? -preguntó Joecon cierta incomodidad, como si no quisiera escuchar la respuesta.
Demi le dirigió una mirada desafiante. «A ti», quería decirle, «todo lo que he querido en la vida eres tú».
-Digamos que he obtenido lo que merecía -dijo, y se dio cuenta de que a Daniel le dolieron aquellas palabras.
-Estuve a punto de desaparecer de tu vida hace ocho años, cuando me dijiste que estabas embarazada -dijo Joe, y Demi cerró los ojos, aceptando que le correspondía a él hacerle daño- Pasé aquella noche aquí, en Londres, pero lo que no sabes es que tuve varias entrevistas en las que me ofrecieron irme a trabajar al extranjero.
Demi lo había sospechado. Desde que supo su aventura con Taylor, sospechó que Joe se había visto atrapado por su embarazo. Joe no se habría casado con ella, pero no tuvo elección.
-No ... -dijo Joe agarrándole las manos otra vez... estás confundiendo mis razones. ¡No quería dejarte! Pero estaba preparado para salir de tu vida por tu propio bien. Eras demasiado joven como para decidir tu vida tan pronto. Aquellas ofertas de trabajo eran una encrucijada. Acepté una de ellas, porque creía que era lo mejor para los dos. Pero no era una decisión fácil y me sentía muy mal, ensayando un montón de adioses.
Se detuvo, recordando.
-y allí estabas tú -murmuró--, de pie delante de mí, mirándome con esa ... con esa -dijo, cubriendo con una mano los ojos de Demi por un instante- Y allí estaba yo, muriéndome por dentro porque tendría que abandonarte. Y lo que ocurrió a continuación ... -dijo tragando saliva- ... fue que hicimos el amor cuando no debimos hacerlo, porque, ¿cómo le dices a la mujer que amas que vas a dejarla? -dijo, tan perdido en sus propios recuerdos que no se daba cuenta de que Demi estaba pálida y quieta- Entonces, cuando trataba de decirte que me iba, apoyaste la cabeza en mis rodillas y dijiste: «Estoy embarazada, Joe, ¿qué vamos a hacer?».
Rió ligeramente, sacudiendo la cabeza.
-Fue como la anulación de una condena a muerte cuando el verdugo está a punto de ponerte la soga al cuello. Me sentí libre, vivo. Tan vivo que lo único que pude hacer fue quedarme allí sentado y dejarme invadir por la alegría. No tenía que dejarte marchar porque me necesitabas. ¡Me necesitabas! Podía dejar de pensar en tus estudios, en lo joven que eras. Y podía hacer lo que más deseaba, que era casarme contigo y cuidarte y guardarte, para que nadie supiera el maravilloso tesoro que tenía.
Respiró profundamente y luego, dejó escapar el aire muy despacio.
-Entonces, nos casamos -continuó con menos emoción-. Y nos vinimos a vivir en aquel piso tan pequeño de Camden Town. No teníamos dinero ni propiedades, pero creo que no he sido más feliz en mi vida. Entonces, llegaron los mellizos y empecé a hacer algo que siempre había pensado, empecé a jugar en la bolsa. Compré acciones, y un día, un paquete me dio un gran resultado. Podía hacer dos cosas: comprar una casa para ti o reinvertirlo todo. Lo invertí todo -confesó--, y me sentí como si hubiera cometido un pecado mortal.
A Demi le habría gustado que, al menos, consultara con ella lo que debía hacer. Pero, pensó, tal vez, Joe no habría llegado a ser el que era si hubiera tenido que consultar a otros cada vez que tomaba una decisión arriesgada.
-Pasé un año sintiéndome culpable cuando se hizo tan difícil vivir en aquel piso con los dos niños. Pero entonces, las acciones empezaron a dar dividendos y alcanzaron un precio tan alto que las vendí para invertir otra vez. Y después de aquello, nunca tuve que mirar atrás. Compramos la casa y fundé mi propia empresa, que ha crecido hasta llegar a convertirse en lo que es hoy. Aunque todo eso, no sin sacrificios. Cuanto más crece la empresa, más tiempo tengo que pasar trabajando. Y la naturaleza de mi negocio supone que tengo que moverme por ciertos círculos sociales para enterarme de lo que pasa en el mundo de los negocios. Pero, cuanto más conozco ese mundo, más decidido estoy a que no te toque ninguna de sus bajezas. Tú has sido el jardín de rosas en medio de la jungla urbana en la que me desenvuelvo. Tú has sido la única constante de mi vida. Siempre que vuelvo a casa, veo a la chica de diecisiete años de quien me enamoré y sé que sería capaz de luchar contra el mismo diablo para conservarte así.
De nuevo, respiró profundamente. Miró a Demi con alguna timidez, porque le estaba revelando demasiado del hombre que normalmente guardaba escondido en su interior, el hombre que Demi siempre había querido conocer, pero que nunca parecía estar lo bastante cerca de ella.
-Creo que allí arriba, alguien debía pensar que era demasiado feliz, porque tuviste un embarazo y un parto muy difícil con Frankie, y uno de mis últimos negocios se vio metido en un escándalo de fraude, que llevó meses resolver. Pasé más tiempo fuera que en casa, que era donde debía estar, ayudándote. Porque muchas veces eres demasiado terca, Demi. Teníamos más dinero del que podíamos gastar y te negaste a contratar una asistenta.
Demi se irguió.
-Puede que tú no puedas dirigir este lugar tú sólo, pero yo sí puedo ocuparme de una casa y tres niños.
Joe suspiró.
-Pero todos tenemos un límite de resistencia -señaló-. Tú casi alcanzaste el tuyo cuando nació Frankie y nos dio cuatro meses de tormento.
-y me enteré de tu aventura con Taylor -añadió Demi con frialdad.
Pero Joe negó con la cabeza.
-No. Ése fue el resultado de sobrepasar mi límite de resistencia, Demi. Casi lo pierdo todo en la compra más difícil en la que he estado metido. Harvey's, un grupo de empresas más grande que el mío, decidió que quería quitarme de la circulación y me atacó con todas sus armas. Incluida una acusación de fraude.