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Mi nombre es Yesennia ... subo adaptaciones jemi en youtube pero aveces como son largas lo subo a este blog este es mi canal http://www.youtube.com/channel/UC93vtXRXWvbXxe_1js_HRJg/videos?flow=grid&view=0 ...
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viernes, 1 de febrero de 2013

Fiesta privada capitulo 6 - jemi

Capitulo
 
 
 
 
 
Se sentó al borde de la cama, junto a Wendy, y ocultó la cara entre las manos. Su albornoz favorito parecía un símbolo de todo a lo que había estado dispuesta a renunciar en el curso de su relación con nick. Se acabaron las caminatas por las colinas de Marín porque nick quería que hiciera ejercicio bajo la mirada estricta y reglamentada de su entrenador personal del club olímpico. Nada de ponerse ropa mona y moderna porque necesitaba toda la ayuda que pudiera conseguir para parecer mayor y más sofisticada. Debía cambiar su encantador y pequeño escarabajo por un BMW serie 5 porque era «más apropiado para la imagen que tenía que cultivar».

Tantas cosas, grandes y pequeñas, pero todas ellas cosas que le gustaban, cosas que formaban parte de ella. Había renunciado a todas ellas con una misión concreta: ser la hija perfecta, la novia perfecta, la todo perfecta.

—No me puedo creer que me hiciera esto —dijo—. ¿Te puedes creer que me hiciera esto? —demi  se quedó mirando a Wendy.

Las cejas alzadas de Wendy y su consoladora palmadita en la rodilla de demi  fue más que suficiente para transmitir que nada de aquello la había sorprendido en absoluto

—Me siento como una estúpida. De verdad pensé, después de sorprenderlo en primavera, que me sería fiel. Pero apuesto a que nunca dejó de engañarme en todo este tiempo.

—Pues no, no dejó de engañarte. —La convicción de Wendy provocó un hormigueo de irritación que atravesó los hombros de demi.

—¿Y tú cómo lo sabes con tanta seguridad?

  Demi , lo vi por toda la ciudad. —Al contrario que demi  Wendy era una juerguista convencida y le encantaba explorar los restaurantes y discotecas más animados de San Francisco. A pesar de todos sus esfuerzos, eran raras las veces que demi se unía a ella para pasar una noche de fiesta—. Por lo menos una vez a la semana lo veía con alguna mujer en el Bubble Lounge o en el Redwood Room. Y si no llegaba con alguien, se iba con alguien.

Había veces que demi agradecía de verdad la franqueza de Wendy pero esa no era una de ellas.

—¿Por qué no me dijiste nada? —Para ser justos, Wendy no tenía la culpa del comportamiento de nick, pero demi  no podía creer que la mujer que llevaba cinco años siendo su mejor amiga fuera capaz de ocultarle semejante información.

—Pero si te lo dije —dijo Wendy, exasperada—. Más de una vez. Y cada vez volvías a aceptarlo. Siempre supiste que no iba a cambiar. Si tú estabas dispuesta a no darle importancia a sus aventuras, ¿quién era yo para intentar convencerte de lo contrario?

A demi se le hizo un nudo en el estómago y aunque no dijo nada reconoció que lo que decía Wendy era cierto. Desde que se lo había presentado, a Wendy le había caído mal Brian.

Era demasiado hábil, decía Wendy. Demasiado zalamero, demasiado refinado, un repelente niño Vicente pero con mejor pinta. Había intentado, a veces con sutileza —pero la mayor parte de las veces sin ella— convencer a demi  para que lo dejara. Una vez, tras una fiesta, Wendy incluso había afirmado que nick le había entrado, y eso que demi estaba en la habitación de al lado. La acusación había encolerizado a demi  de tal modo que no le había dirigido la palabra a Wendy en todo un mes.

Las amigas terminaron por hacer las paces pero desde ese momento, si Wendy tenía algo en contra de Brian, se lo guardaba.

Pero a pesar de la estricta política de «sin comentarios» que había instaurado, Wendy había sido incapaz de quedarse callada esa primavera. Había visto a nick saliendo del hotel Clift a primera hora de la mañana de un día laborable, cuando se suponía que estaba en Seattle por negocios, con una seductora morena prácticamente pegada al costado.

A esas alturas, demi  ya se había atrincherado en los preparativos de la boda que planeaban para el otoño, embalada en su carrera hacia su futuro como la señora de Nick  Jonas. Se había convencido de que Nick había tenido un desliz, pero solo esa vez. Y dado que demi  se había visto obligada a admitir, aunque solo fuera ante sí misma, que su vida sexual no era demasiado espectacular, parte de ella se preguntó si quizá no fuera también culpa suya. Después de eso, se había jurado esforzarse más para ser la clase de amante que quería su prometido y así evitar futuros lapsus.

Claro que, en el fondo, demi  siempre había sabido que aquella no había sido la primera vez, ni la única. Que era por lo que sus intentos de darle un poco más de sabor a su vida sexual se habían reducido a la compra de un inmenso montón de lencería carísima y dos encuentros bastante mediocres en los últimos seis meses. Al menos a ella le gustaba mucho su nueva ropa interior, que era muy sexy, aunque nick no hubiera sabido apreciarla.

Después de aquello, demi se resignó a tener un matrimonio cómodo, aunque no fuera apasionado. Después de todo, en un matrimonio había cosas más importantes que el sexo. Y al casarse con Brian contribuía de una forma decisiva a unir a las dos familias, a cimentar su relación empresarial y elevar el perfil público de la compañía. Aunque hubiera querido echarse atrás, no habría podido hacerlo sin provocar la madre de todos los desastres.

Con todo, el desastre se las había arreglado para encontrarla a ella.

—Dios, soy un auténtico felpudo —gimió demi  mientras se tiraba en la cama. Después se sentó y apretó los puños—. Quiero ir ahí abajo y darle una buena patada en esas fundas tan perfectas que se ha puesto en la boca.

Wendy lanzó una áspera carcajada.

—Venga, vamos. Yo te lo sujeto. Pero no te olvides de darle también un buen pisotón en los huevos.

Entonces oyeron que alguien llamaba a la puerta.

—_demi, déjame entrar.

Demi  hizo una mueca al oír aquella voz temblorosa que arrastraba las palabras. Genial. Su madre no solo era un caso perdido emocional, como de costumbre, sino que encima llevaba una buena curda. Por lo general, era demi  la que tenía que calmar a su madre y hacerla bajar del árbol emocional al que se hubiera encaramado pero esa noche ya no tenía fuerzas. Cogió a Wendy por los hombros y le rogó:

—Tienes que deshacerte de ella.

Wendy fue a la puerta y le hizo un gesto a demi  para que se escondiera en la cocinita de la suite mientras ella contestaba a la puerta. Demi oyó la voz apagada de Wendy y después la más aguda de su madre.

—Lo de ahí abajo es un caos —sollozaba su madre—. No hacen más que preguntarme qué pasa y yo no tengo ni idea. Grant ha desaparecido con demi y nick  tiene que bajar para tranquilizar a todo el mundo. —A Barbara se le quebró la voz y nick  oyó el graznido apagado de su madre sonándose la nariz—. Y toda la prensa local está por aquí. ¿Qué diantres les voy a decir? No hay nadie que me diga lo que tengo que decirles.

—Me siento como una estúpida. De verdad pensé, después de sorprenderlo en primavera, que me sería fiel. Pero apuesto a que nunca dejó de engañarme en todo este tiempo.

—Pues no, no dejó de engañarte. —La convicción de Wendy provocó un hormigueo de irritación que atravesó los hombros de nick .

—¿Y tú cómo lo sabes con tanta seguridad?

—demi, lo vi por toda la ciudad. —Al contrario que demi, Wendy era una juerguista convencida y le encantaba explorar los restaurantes y discotecas más animados de San Francisco. A pesar de todos sus esfuerzos, eran raras las veces que demi  se unía a ella para pasar una noche de fiesta—. Por lo menos una vez a la semana lo veía con alguna mujer en el Bubble Lounge o en el Redwood Room. Y si no llegaba con alguien, se iba con alguien.

Había veces que demi agradecía de verdad la franqueza de Wendy pero esa no era una de ellas.

—¿Por qué no me dijiste nada? —Para ser justos, Wendy no tenía la culpa del comportamiento de nick, pero demi  no podía creer que la mujer que llevaba cinco años siendo su mejor amiga fuera capaz de ocultarle semejante información.

—Pero si te lo dije —dijo Wendy, exasperada—. Más de una vez. Y cada vez volvías a aceptarlo. Siempre supiste que no iba a cambiar. Si tú estabas dispuesta a no darle importancia a sus aventuras, ¿quién era yo para intentar convencerte de lo contrario?

A demi  se le hizo un nudo en el estómago y aunque no dijo nada reconoció que lo que decía Wendy era cierto. Desde que se lo había presentado, a Wendy le había caído mal nick.

Era demasiado hábil, decía Wendy. Demasiado zalamero, demasiado refinado, un repelente niño Vicente pero con mejor pinta. Había intentado, a veces con sutileza —pero la mayor parte de las veces sin ella— convencer a demi  para que lo dejara. Una vez, tras una fiesta, Wendy incluso había afirmado que nick le había entrado, y eso que demi  estaba en la habitación de al lado. La acusación había encolerizado a demi  de tal modo que no le había dirigido la palabra a Wendy en todo un mes.

Las amigas terminaron por hacer las paces pero desde ese momento, si Wendy tenía algo en contra de nick, se lo guardaba.

Pero a pesar de la estricta política de «sin comentarios» que había instaurado, Wendy había sido incapaz de quedarse callada esa primavera. Había visto a nick saliendo del hotel Clift a primera hora de la mañana de un día laborable, cuando se suponía que estaba en Seattle por negocios, con una seductora morena prácticamente pegada al costado.

A esas alturas, demi  ya se había atrincherado en los preparativos de la boda que planeaban para el otoño, embalada en su carrera hacia su futuro como la señora de nick Jonas. Se había convencido de que nick había tenido un desliz, pero solo esa vez. Y dado que demi  se había visto obligada a admitir, aunque solo fuera ante sí misma, que su vida sexual no era demasiado espectacular, parte de ella se preguntó si quizá no fuera también culpa suya. Después de eso, se había jurado esforzarse más para ser la clase de amante que quería su prometido y así evitar futuros lapsus.

Claro que, en el fondo, demi  siempre había sabido que aquella no había sido la primera vez, ni la única. Que era por lo que sus intentos de darle un poco más de sabor a su vida sexual se habían reducido a la compra de un inmenso montón de lencería carísima y dos encuentros bastante mediocres en los últimos seis meses. Al menos a ella le gustaba mucho su nueva ropa interior, que era muy sexy, aunque nick no hubiera sabido apreciarla.

Después de aquello, demi se resignó a tener un matrimonio cómodo, aunque no fuera apasionado. Después de todo, en un matrimonio había cosas más importantes que el sexo. Y al casarse con Brian contribuía de una forma decisiva a unir a las dos familias, a cimentar su relación empresarial y elevar el perfil público de la compañía. Aunque hubiera querido echarse atrás, no habría podido hacerlo sin provocar la madre de todos los desastres.

Con todo, el desastre se las había arreglado para encontrarla a ella.

—Dios, soy un auténtico felpudo —gimió demi  mientras se tiraba en la cama. Después se sentó y apretó los puños—. Quiero ir ahí abajo y darle una buena patada en esas fundas tan perfectas que se ha puesto en la boca.

Wendy lanzó una áspera carcajada.

—Venga, vamos. Yo te lo sujeto. Pero no te olvides de darle también un buen pisotón en los huevos.

Entonces oyeron que alguien llamaba a la puerta.

—demi, déjame entrar.

Demi  hizo una mueca al oír aquella voz temblorosa que arrastraba las palabras. Genial. Su madre no solo era un caso perdido emocional, como de costumbre, sino que encima llevaba una buena curda. Por lo general, era demi la que tenía que calmar a su madre y hacerla bajar del árbol emocional al que se hubiera encaramado pero esa noche ya no tenía fuerzas. Cogió a Wendy por los hombros y le rogó:

—Tienes que deshacerte de ella.

Wendy fue a la puerta y le hizo un gesto a demi  para que se escondiera en la cocinita de la suite mientras ella contestaba a la puerta. DEmi oyó la voz apagada de Wendy y después la más aguda de su madre.

—Lo de ahí abajo es un caos —sollozaba su madre—. No hacen más que preguntarme qué pasa y yo no tengo ni idea. Grant ha desaparecido con demi y nick  tiene que bajar para tranquilizar a todo el mundo. —A Barbara se le quebró la voz y demi  oyó el graznido apagado de su madre sonándose la nariz—. Y toda la prensa local está por aquí. ¿Qué diantres les voy a decir? No hay nadie que me diga lo que tengo que decirles.

—Señora lovato  ¿por qué no se va a su habitación y se toma un poco de café? Yo llamaré a la coordinadora de la boda y haré que ella lo solucione todo.

—Pero demi…

demi  se asomó a la esquina y Wendy se movió para bloquear físicamente la puerta con su cuerpo. Por suerte, la madre de demi  compartía el cuerpo menudo de su hija así que Wendy no tuvo problemas para hacer de gorila de discoteca.

—Confíe en mí, señora demi  es mejor que su hija no vea a nadie ahora mismo. ¿Quién sabe qué más sería capaz de hacer?

En circunstancias normales no era difícil arrollar a la madre de demi  y era obvio que el estrés de la noche había despojado a la buena mujer de sus escasas reservas de fuerzas. Con un pequeño sollozo lastimero y el ruego de que demi  fuera a visitarla cuando se sintiera con ánimo, Barbara accedió a retirarse a su habitación hasta el día siguiente. demi tomó nota mentalmente de enviarle un Martini bien cargado.

Después dio un suspiro de alivio cuando oyó que Wendy cerraba la puerta y corría el cerrojo de seguridad. Su amiga regresó a la suite y rodeó los hombros de demi con un brazo.

—Ya está. Mi madre va a sufrir por fin un ataque de nervios y será todo culpa mía.

—No le va a pasar nada. Mañana a primera hora la van a llamar todas sus amigas por teléfono para soltar los «ohs» y «ahs» de rigor por el escándalo que has provocado y tu madre podrá regodearse en toda esa compasión y todas las atenciones que le van a prodigar.

demi  bufó.

—¿Crees que les sobrará un poco de compasión para mí?

—Sabes que estás mejor así, ¿verdad?

demi se encogió de hombros y se sentó en la cama.

—Creo que podríamos haber conseguido que funcionara. Nos conocemos desde siempre. Nos movemos en los mismos círculos. Jamás he tenido que preocuparme por si iba detrás de mí dinero.

—O de tu cuerpo. —Wendy se dirigió directamente al minibar y apareció con los brazos cargados de botellas diminutas.

—Para algunas personas…

—El sexo no es lo más importante —Wendy terminó por ella el sonsonete—. Si hubieras dado alguna vez con un tío que sabía que es lo que hacía…

demi  puso los ojos en blanco. Se había acostado con más de un tío antes de nick (con tres, para ser exactos) y los resultados jamás habían sido esa conmoción trascendental que describían todas sus amigas. Tampoco se había preocupado demasiado por el tema.

Wendy no se rendía.

—Y aparte del sexo, ¿qué hay de la confianza, la compañía y todo eso? Admítelo, demi , la única razón para que empezaras a salir con nick ya en primer lugar fue por la ley del mínimo esfuerzo y porque era un modo de garantizarte la aprobación de tu padre.

demi  lanzó un gemido, incapaz de negar la verdad.

—Es patético. Yo soy patética.

—Lo has dicho tú, no yo —dijo Wendy por lo bajo.

demi  le sacó la lengua, después se pasó las manos por el pelo e hizo una mueca cuando sus dedos se toparon con la densa capa de laca que lo cubría.

—Agh, necesito una ducha. Prepáranos unas copas.

Demi  oyó el tintineo de las botellitas cuando se metió bajo el chorro y empezó a frotarse con vigor para quitarse hasta el último rastro de maquillaje, laca, vino y tarta, en un intento de borrar aquel día de su vida en el proceso. Estaba tan harta de ser educada… no quería morderse más la lengua para guardar las apariencias. Sus agallas tenían que manifestarse de una vez, que ya llevaban un retraso de veintiséis años.

Salió del baño quince minutos después, sin laca y sin maquillaje. Miró la copa que le ofrecía Wendy y sacudió la cabeza.

Su amiga frunció el ceño, confundida.

—Es Chardonnay, lo que bebes siempre.

—Dame eso —dijodemi   mientras cogía de un manotazo una botellita de tequila del aparador.

—Esto… demi, ¿estás segura de que quieres beberte eso?

—El Chardonnay es para jovencitas sin agallas. Desde hoy, soy una mujer fuerte e independiente. —Destapó la botellita de Cuervo con un floreo—. Me gustaría proponer un brindis por la versión nueva y mejorada de demi lovato. Una nueva  demi_  que hace lo que quiere, cuando quiere y que no se deja mangonear por nadie. Sobre todo por el ******* de su marido, un capullo incapaz de esperar a cortar la tarta para tener su primera aventura. —Levantó la botella y se ventiló el contenido de un solo trago.

La nueva imagen de chica dura de demi lovato quedó arruinada cuando le entró tal ataque de tos y arcadas que la tumbó.

—Agh, Esto es asqueroso sin la mezcla para hacer margaritas. — demi echó mano del vino para quitarse el sabor a gasolina que le había quedado en la boca—. Será mejor que vaya poco a poco antes de ponerme con el tequila.

Sus ojos no tardaron en posarse en una botella de Veuve Clicquot que se enfriaba en un cubo junto con dos copas de champán de cristal de Baccarat.

—Qué romántico —dijo con tono sarcástico mientras se apoderaba de la botella con una mano y de las copas con la otra.

demi  se acomodó en la cama junto a Wendy y en un momento destapó la botella y derramó un poco del líquido burbujeante en la moqueta. Después le dio a Wendy una copa de champán.

—Vamos a probar otra vez. Un brindis por la nueva demi lovato, antiguo felpudo y flamante zorra del momento. —Tomó un largo trago de champán. Las burbujas le cosquillearon por la garganta y le calentaron el vientre de inmediato.

La sonrisa de Wendy se apoderó de la mitad inferior de su cara.

—¡Ya era hora!

—Lo sé. Hace años que me dices que tengo que alejarme de mis padres, vivir mi propia vida y deshacerme de nick. Creo que todo este fiasco es la forma que tiene de decirme el universo que ya va siendo hora. Hay todo un mundo nuevo de posibilidades, y empieza ahora mismo.

—Así se habla. —Wendy tomó un buen sorbo de champán y demi  se apresuró a rellenar las copas.

A medida que el alcohol le iba calentando el vientre, demi  se iba entusiasmando cada vez más con su nueva vida.

—Quiero encontrar a alguien salvaje, alguien totalmente inadecuado para mí.

—Deberías acostarte con su hermano —dijo Wendy con los altos pómulos acalorados por el champán—. Ya sabes, dos metros de hombre, hombros anchos y musculosos. Ya me imagino lo que se esconde debajo de ese esmoquin. ¿Y le has visto las manos? Prometedoras, muy prometedoras. Que lo sepas, un buen polvo con él sería la venganza perfecta e iba a cabrear a nick de lo lindo.

—No puedo ir a por Joe —Pero mientras hablaba, el cerebro de demi  se inundó de imágenes de joe desnudo, sobre ella, bajo ella, moviéndose dentro de ella—. Además, incluso aunque quisiera, no soy su tipo para nada.

Wendy puso los ojos en blanco y le hizo un gesto a demi  para que le bajara la cremallera y pudiera cambiarse el vestido de dama de honor por uno de los albornoces de cortesía de la suite.

—Chorradas. La única razón por la que los tíos no te entran es por esa actitud que tienes de mosquita muerta. Créeme, con un mínimo estímulo por tu parte, aparecerían un montón de tíos a los que les encantaría tener la oportunidad de despeinarte un poco. —Se pulió el resto del champán que le quedaba y después se preparó un vodka con tónica en el minibar—. Joe Jonas no es ninguna excepción.

 

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Capitulo 2 :

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Joseph
Pensar que demi, aun tiene su boca abierta en shock cuando me levanto inclinándome sobre el asiento y kevin cambia de lugar conmigo. No me gusta ver a otro chico sentado cerca a ella. Sé que es estúpido sentirse posesivo, cuando no tengo derecho.
Damon mira de vuelta. —joe, vuelve a tu sitio.
—Estaba mareado —dije—, es cambiar de asientos, o vomitar encima de demi y kevin.
Miro a demi quien no parece demasiado contenta, ella se aleja de mi cuando nuestras rodillas chocan, pero, encuentra mi mirada con la suya.
—Estaba mareado —digo torpemente—. Y nick huele a mierda…literalmente. No puedo soportarlo.
—Oi, eso —nick dice
—Bien —yo digo de vuelta.
Demi sacude su cabello marrón con una confianza que solo puedo vislumbrar cuando estamos juntos. Ella me lanza una mirada de lado.
—¿Por qué estas tratando de empezar una pelea con nick?
—No lo estoy, él la empezó —sonaba como un niño pequeño, pero en este punto ya no me importaba ¿Qué piensa demi, que soy perfecto? Ella debe saber desde ahora que estoy muy lejos de ello.
—Estas siendo conflictivo.

—¿Qué tiene de malo ser conflictivo? —pregunte.
demi puso su nariz en el aire. —Estoy segura que puedes averiguarlo por ti mismo.
—¿Todo bien ahí? —Damon intervino.
—Mis dedos duelen —nick dejo salir—, necesito una bolsa de hielo.
Ruedo mis ojos cuando Damon le pregunta a nick que paso. Después de una ligera pausa y una mirada de advertencia de mi parte, nick dice.
—No es nada.
demi toma una guía turística de España y se pone un par de extraños lentes con montura. Que deben ser nuevos porque nunca la había visto con lentes antes. Ella se gira lejos de mí y se concentra en su libro, mientras muerde la punta de su lapicero.
Observo como hace círculos en algunas páginas y orejas de perros en otras.
—¿Planeando un viaje a España? ¿De nuevo? —pregunto. Justo antes dejar Paradise, ella dijo algo sobre cambiar su manera de pensar y no tomar el semestre de primavera en el extranjero.
Ella cierra el libro y empuja el lápiz mordido en su mochila.
—Sí.
Eso es todo, sin detalles, sin explicaciones. No como si me debiera algo. Ella obviamente no quiere hablarme o mirarme para ese asunto.
Después de dos horas Damon detiene el carro en una parada para descansar.
—Todo el mundo afuera, vayan al baño y estiren las piernas. Comeremos una rápida cena aquí.
Mientras esperamos que todos vuelvan del baño, camino junto a demi,quien, se retira hacia las maquina expendedoras.
—¿Qué pasa? —pregunto tratando de sonar normal.
Ella me da una mirada de disgusto y sorpresa.
—¿Qué pasa? ¿Estás bromeando joe? Desapareciste por ocho meses. Creo pasaste la etapa de ―Qué pasa
por siete meses.
Mierda. Tengo la sensación que nada de lo que diga será suficiente, pero lo intento. —Lo siento.

—Yo también lo siento —demi se gira y se aleja, su cojera es un crudo recordatorio de aquella fatídica noche hace dos años. Para una chica semiparalizada, seguro que es muy rápida, corro para alcanzarla, porque soy estúpido y no puedo dejarla sola.
—¿Puedes decirme que nunca pensaste en nosotros cuando estaba lejos? —le pregunte Ella se encoje de hombros. —Pensé en ti y después pensé en cómo me dejaste.
—No fue por ti, demi, lo sabes.
—No quiero volver a eso —ella dice cuando esta cerca de la Van—. Ya he seguido adelante.
Me sitúo en frente de ella, deteniéndola antes que llegue demasiado cerca al resto del grupo, ellos no necesitan saber de nuestros asuntos privados
—No puedes ignorarme para siempre.
Ella sacude la cabeza y me empuja fuera de su camino.
—No, no puedo ignorarte, ni siquiera puedo ignorarte si lo quisiera. Pero no lo intentes y me hagas hablar de… nosotros.
Ella susurra el nosotros como si fuera un gran secreto y ella no quisiera que nadie supiera que nuestra relación iba más allá que una simple amistad.
De vuelta en la Van después de la cena, ella pone sus manos en su regazo y observa como Damon nos conduce a un camping. Después de un rato, noto que sus ojos comienzan a cerrarse.
—Puedes recostarte sobre mi si quieres dormir —ofrecí—, prometo que no hare nada como tocar o algo así.
—No gracias, traje mi almohada de viaje —ella alcanza su mochila y saca una almohada de avión de color verde fluorescente. Ella lo infla y lo pone en su cuello como la demi que conozco, emocional y auto-consiente demi.
Ella se queda dormida casi instantáneamente, y una hora después, todos excepto Damon y yo somos los únicos despiertos. La chica con los audífonos esta roncando tan fuerte que me pregunto si demi y la chica con los tatuajes tendrán que usar aparatos para los oídos después de este viaje.
—Toma una siesta joe, aun nos queda mucho camino por recorrer —Damon dice.
—Deje de tomar siestas cuando tenía dos años —le digo, robando otra mirada a la dormida demi.

Dejo salir una respiración frustrada, luego observo mi rodilla, la estoy moviendo arriba y abajo al ritmo de la Van.
Estoy ansioso y no tengo idea porque. Ojala pudiera ponerme de pie y caminar y liberarme de esta energía, o correr hasta que mi cuerpo grite que pare. A cambio, estoy atascado sentado aquí pensando cuando estuve en Juve donde no tenía mucho tiempo para pensar.
Pensar mucho y por demasiado tiempo era peligroso para cualquiera con demonios contra los que luchar.
Mientras demi duerme, la envidio, me alegra que haya seguido adelante pero no estoy seguro de estarlo. Deje Paradise pero soy el mismo chico, con el mismo predicamento de entonces.
Cuando finalmente llegamos al camping, Damon baja de la camioneta para registrarnos. El regresa cinco minutos después con el ceño fruncido.
—Malas noticias —él dice.
—¿Los camperos decidieron que no querían estudiar una cantidad de historias sentimentales? —pregunto.
—¿Chicos y chicas tendrán que dormir en la misma cabina? —la chica con tatuajes pregunta.
Damon suspira. El obviamente fue arrojado a una desviación del plan
—Si estaré durmiendo en la siguiente cabina con los consejeros. Estaré revisándolos cada dos horas. ¿Todos de acuerdo con eso?
—¡Uh, no! —la otra chica anuncia—. No voy a cambiarme delante de ustedes chicos.
—Hay un baño de chicas solo a unos pocos pies de la cabina —Damon le informa—. Puedes cambiarte ahí miley.
—Si esa es la única opción entonces viviré con ella —miley dice—. Pero por si acaso no estoy de acuerdo con ello.
Todos están de acuerdo con el inesperado alojamiento. demi luce un poco nerviosa ahora que Damon ha parqueado junto a la súper pequeña cabina. Todos estamos apilados.
Dentro de la casi inhabitable cabina hay tres camas bunker, con sabanas y almohadas a los pies de cada cama, pero no hay nada más. Trabaje en construcción muchos veranos para mi tío y estoy seguro que este lugar fue pegado, con pegamento…y unas pocas uñas que estallaron y nadie se preocupo por arreglar.

—Tomo la litera inferior —kevin dice cuando se desploma dentro de una de las delgadas camas que se hunde hasta el suelo.
—Maldición Damon esto esta devastado al máximo.
—Quiero una litera inferior también —miley dice.
—Yo también —digo, después observo como demi cojea dentro de la cabina—. Un segundo creo que tomo la cama superior porque demi necesita una litera inferior por su, uh…
—¿Pierna? —demi finalizo por mí—. Puedes decirlo joe, no es como si fuera un secreto, todos pueden ver que camino con cojera.
—Oh, y mientras hablamos de obvias imperfecciones —kevin dice—, tal vez debería anunciar que estoy consciente que tengo un muñón por brazo, Es el obvio Elefante blanco del salón, así que quiero decirle a todos que está bien, hablar de ello o hacerme cualquier pregunta.
—Ew —miley dice—. ¿Tienes que llamarlo muñón?
—¿Preferirías llamarlo mi apéndice parcial? —kevin pregunta, jalando su manga y mostrando lo que queda de su brazo izquierdo. Ella toma un rápido vistazo—. No.
Damon palmea llamando nuestra atención.
—Bien, todo el mundo ahora que todo está arreglado, sitúense y encuéntrenme en diez minutos.
—¿Afuera? —miley pregunta— ¿y para qué?
Esta chica va estar definitivamente en la carrera con Nick por la persona más molesta en nuestro grupo. Ella no ha sonreído o dicho algo remotamente positivo desde que el viaje empezó. Tengo el sentimiento que ella está tratando de hacernos la vida miserable como la de ella. De nuevo estoy con ella, prefiero estar de vuelta en Chicago que aquí.
—Solo salgan en diez minutos —Damon dice, luego cierra la puerta principal y desaparece.
La chica del tatuaje, cuyo nombre es Taylor  salta en la litera superior a la de demi, Tomo la litera sobre la de kevin, se que probablemente no importa que cama tome porque, probablemente no duerma, hasta que mi cuerpo este exhausto.
Después que organizamos nuestras cosas, salimos, está oscureciendo, y los mosquitos están definitivamente afuera.
Tomamos nuestro turno rociándonos con repelente mientras Damon explica cómo será la noche.

—Es casual, así que sin presiones. Respiren profundo, y ahora estamos aquí para apoyarnos a todos. Dado que es tarde, no todos hablaran hoy, pero está bien. Tendrán forma de compartir en cualquier momento.
Damon nos dirige a los bosques. Casi veinte chicos están sentados ante una fogata en tres tocones, esperando por nosotros.
Todos miran hacia arriba cuando nos aproximamos.
El crujido en el bosque me recuerda al tiempo cuando mi papa y yo solíamos ir de camping a Wisconsin con Brian y su papa. La última vez que hable con Brian el estaba saliendo con mi ex-novia ashelly y trabajando en la tienda de hardware de su padre.
—Tomen asiento —Damon dice a nuestro grupo—. Escojan un espacio vacío en cualquier sitio.
Me senté junto a un chico con una gran cantidad de acné, quien debía ser nuevo en el descontrol de hormonas. Él me sonríe débilmente.
Una mujer se levanta y dice que los chicos son de secundaria del área de Chicago y necesitan pasar la escuela de verano para pasar a siguiente grado.
Después que la mujer habla, Damon se pone de pie.
—He traído algunos adolescentes que están aquí para contar sus historias acerca de cómo los riesgos al conducir han afectado sus vidas. Sé que algunos de ustedes piensan que son invencibles, pero adivinan de nuevo. Escúchenlos. Escuchen sus historias. Serán más inteligentes que eso —él se sienta.
Silencio.
¿Que esperaba que hiciéramos, que saltáramos y contáramos nuestras románticas historias? ¿El realmente piensa que a estos chicos sentados frente a la fogata les importa una mierda? Esto es una broma.
Alguien tose.
Alguien estornuda.
—Hola chicos soy kevin —la voz de kevin corta el silencio. El aclara su garganta. Unos pocos chicos miran, pero la mayoría están mirando sus uñas o el fuego. Unos pocos están susurrando a otros totalmente desinteresados en lo que kevin está a punto de decir.
—Supongo que voy de primero. Hace unos meses, regresaba a casa de un juego de futbol de la escuela, yo era el receptor. Habíamos derrotado a nuestro rival en su propio terreno y estaba más que feliz. Mientras regresábamos a la escuela,
estábamos bromeando. Me sentía bien. Muy bien —él miro hacia abajo—. Incluso invencible.
Algunos de los chicos aun están hablando entre ellos, sin dar una mierda por el pobre kevin abriendo su corazón .kevin ni siquiera parece notar que no están prestando atención, o tal vez no le importa.
—Despues que regresamos de la escuela y apilamos nuestros carros, en una parada. Un amigo mío estaba junto a mí. Yo acelere el motor, él acelero el suyo —él se detuvo—. Cuando la luz se torno verde, presione el pedal tan fuerte que lanzo mi cabeza hacia atrás. Fue una ráfaga, especialmente sabiendo que iba a dejar a mi amigo hecho polvo. Fue entonces cuando perdí el control del automóvil. No me acuerdo de mucho antes de estrellarme contra un árbol, y cuando desperté me encontré con que habían tenido que amputar mi brazo. El metal lo había aplastado destrozándolo y sin posibilidad de reparación.
Como si no fuera suficiente, kevin se saca la camisa, ahora que tiene atención. Unos pocos chicos jadearon, algunos se encogen y algunos miran. Su pecho está lleno de cicatrices y menos de diez pulgadas de su brazo izquierdo. Él vuelve a sentarse.
—No me siento tan invencible ahora. Perdí cualquier chance de una beca universitaria y…y… —él seca sus ojos—. Nunca seré capaz de atrapar un balón de nuevo —él mira de nuevo hacia arriba, luciendo desafiante—. Traten de ponerse los pantalones usando una mano. Solo por un día, traten de hacer esa simple tarea con una mano. Puedo decirles ahora que no es fácil cuando tienes una mano. Si quieren la bendita verdad, apesta, desearía retroceder el tiempo, pero no puedo. Tome una estúpida decisión porque pensé que era invencible y lo pague por el resto de mi vida.
Él suspira y sostiene su cabeza.
Bien, eso fue un bajón. Maldición por lo mucho había pensado que íbamos a asar malvaviscos y hacer algo más parecido a una fogata.
Mi mirada va a demi. Nuestras miradas se encuentran por un segundo, pero luego ella rompió la mirada rápidamente y se enfoco en el suelo. Cuando ella mira de nuevo, ella dice a través del tenso silencio
—Soy demi casi dos años atras fui golpeada por un carro…
Cuando ella se levanta ella enfoca su acusatoria mirada en mi. ¿Va a renunciar decir que fui yo el convicto que la golpeo? No fui el único que lo hizo, pero ella no sabe que estoy guardando ese secreto, o incluso peor ¿Espera que me levante y diga que la arrolle mientras conducía ebrio? Me ahogo en la mentira.
Maldición no puedo lidiar con esto.
No ahora.

Antes que ella pueda decir otra palabra, me levanto y me dirijo a la cabina.
—joe, regresa aquí —Damon sisea.
Lo ignoro y sigo caminando


martes, 29 de enero de 2013

Return to paradise - capitulo 1 - jemi


Capítulo 1 ***


Joseph

Algunas personas son malditamente afortunadas. Desafortunadamente, nunca he sido una de esas personas. De hecho, creo que soy uno de esos chicos destinados a siempre quedar atrapado en medio del tiroteo. Mientras me siento en la parte de atrás de un coche patrulla con esposas clavándose en mis muñecas, vuelvo a pensar en la primera vez que me arrestaron, hace casi dos años.
Había estado bebiendo.
Estaba drogado.
Y fui arrestado por un delito que no cometí.
Aunque, no importa. Me encerraron en el reformatorio durante un año de todos modos, principalmente porque me declaré culpable de los cargos de omisión del deber de socorro y conducir borracho.
Esta vez estoy siendo arrestado por drogas. Excepto que yo no fumé, inhalé, ingerí, esnifé, me pinché, o compré la mierda. De acuerdo, admito que estaba viviendo en una casa de drogas. Era o tener un techo sobre mi cabeza e ignorar las cosas ilegales a mí alrededor, o vivir en la calle.
Elegí el techo. Mirando atrás, quizás no era la decisión más sabia. Vivir en la calle suena muy tentador ahora mismo. Nada es peor que ser encerrado como un animal enjaulado y renunciar a controlar tu propia vida. Que te digan cuando cagar, ducharte, afeitarte, comer, y dormir no es mi idea del paraíso. Pero entonces, Paradise, donde crecí, tampoco era un paraíso. Me pregunto si el paraíso es sólo una palabra en el diccionario con la definición: esto no existe.

Inclino mi cabeza contra el asiento trasero del coche patrulla, preguntándome cómo voy a salir de esto. No tengo dinero, amigos de verdad, y mi familia… bueno, no he tenido ningún contacto con ellos desde que dejé Paradise hace ocho meses.
Cuando llegamos a la estación de policía, el policía me escolta a una señora que tiene el excitante trabajo de llevar mi fotografía. Luego el policía me ordena que vaya a su escritorio y se presenta como Lieutenant Ramsey.
—No intentes nada estúpido —me dice me abre la esposa de mi muñeca derecha y la sujeta a un enganche de metal en su escritorio como que si quisiera escaparme tenga que arrastrar un escritorio de cincuenta libras conmigo. Sin necesidad de decir, no voy a ir a ninguna parte.
Después de preguntarme un montón de preguntas, me deja solo. Miro alrededor en busca de Rio, uno de mis cinco compañeros de cuarto. Todos fuimos detenidos al mismo tiempo, cuando Rio y otro de nuestros compañeros de cuarto estaban vendiendo un montón de metanfetaminas a tres tipos quienes, si me preguntas, parecían policías de paisano que estaban vestidos como gánsteres idiotas. Creo que era el diente dorado de uno de los tipos lo que lo reveló. Parecía como si hubiera sido pegado y podría jurar que se le soltó en un punto y se lo tragó.
Eso fue justo antes de que sacaran sus pistolas y nos gritaran que nos pusiéramos de rodillas en el suelo y pusiéramos las manos en la cabeza. Había estado viendo un reality show sobre casas de empeño, porque la última cosa que necesitaba era ser envuelto en los asuntos de Rio.
Rio me había pedido que lo ayudara con algunos recorridos un par de veces, y lo hice. Pero no me he puesto a vender drogas a tipos que estaban tan desesperados por drogarse que me darían sus últimos diez centavos para conseguirla. La última vez que se suponía que vendía drogas para Rio, era a un tipo con tres niños. Trajo sus tres niños a nuestra casa, y cuando vi sus estiradas caras largas y sus ropas harapientas y desgarradas, no pude hacerlo. Me negué a venderle las cosas. No es que eso me haga una buena persona ni nada, especialmente porque sé que si no se lo vendía, alguien más lo haría.
—Escucha, joseph —dice Ramsey mientras abre una carpeta de archivos de la parte de arriba—. Te has metido en grandes problemas. Los jueces de Chicago no son indulgentes en los reincidentes, especialmente cuando están viviendo en casas de drogas con más de cincuenta mil dólares en metanfetaminas y z-tabs.
—No soy un traficante —le digo—. Trabajo en la planta de reciclaje de Chicago.
—Sólo porque tengas un trabajo no quiere decir que no trafiques —toma su teléfono y me pasa el auricular—. Tienes una llamada. Dime que numero marcar.
Pongo el auricular abajo en su escritorio.
—Renuncio a mi derecho a llamar.

—¿Familia? ¿Amigos? —sugiere.
Niego con la cabeza. —No tengo ninguno.
Ramsey deja el auricular abajo en el teléfono.
—¿No quieres que alguien te eche un cable? El juez fijará la fianza más tarde hoy o mañana. Deberías estar preparado.
Cuando no respondo, hojea mi carpeta. Levanta la mirada tras un par de minutos.
—Aquí dice que Damon Manning era tu consejero de transición.
Damon Manning se suponía que se aseguraría de que estuviera fuera de problemas cuando fuera liberado del reformatorio. Era un tipo grande y negro que le daba miedo a mi madre cuando entraba a nuestra casa durante sus visitas programadas. Damon me asignó mi trabajo de servicio comunitario y constantemente me taladraba en cómo hacer la transición de estar en la cárcel a estar de vuelta en casa. No tomaría una respuesta monosilábica o un silencio como respuesta. El tipo era un duro de pelar que no tomaba la mierda de nadie, y cualquier vez que la jodiera me dejaba saber que mejor me ponía en forma o él personalmente sería el responsable de decirle al juez que me encerraran de nuevo. No tenía ninguna duda de que lo haría también.
Ramsey apunta un número y lo coloca frente a mí.
—¿Qué es esto?
—El número de teléfono de Damon Manning.
—¿Y por qué lo querría? —le pregunté.
—Si no tienes familia o amigos que te paguen la libertad bajo fianza, te sugiero que lo llames.
Niego con la cabeza y digo: —De ninguna manera.
Ramsey me pasa el teléfono y se inclina hacia atrás en su silla. —Llámalo. Si no lo haces, yo lo haré.
—¿Por qué?
—Porque he leído los informes de Damon sobre ti, y raramente se equivoca sobre sus valoraciones.
—¿Qué escribió? —¿qué era un completo jodido que se merecía ser encerrado permanentemente?
—¿Por qué no lo llamas y se lo preguntas por ti mismo? Estás en serios problemas, joe. Necesitas a alguien de tu lado ahora mismo.
Miro al teléfono y niego la cabeza en frustración. Ramsey no parece que me esté dando oportunidad. Tomo el teléfono y marco el número.

—Soy Damon —contesta una voz profunda.
Me aclaro la garganta. —Ahm… soy joseph. Joseph jonas.
—¿Por qué me llamas?
—Yo como que me metí en problemas —digo, luego aclaro mi garganta. Tomo una respiración profunda y a regañadientes dejo escapar—. Necesito tu ayuda.
—¿Ayuda? No sabía que conocías esa palabra.
Brevemente explico la situación. Suspira fuertemente un montón de veces, pero dice que viene de camino a la comisaria. Después de mi llamada, soy escoltado a los calabozos y lo espero. Una hora después me dicen que tengo un visitante y me dirigen a lo que asumo es una de las salas de interrogatorio. Oh, chico. Si las cosas no eran lo suficientemente malas, tengo la sensación de que van a ponerse peor mientras un muy molesto Damon entra por la puerta antibalas de metal.
—¿En qué mierda te has metido, jonas?
—Un montón de problemas —le digo.
Damon cruza los brazos sobre su pecho.
—Podría haber jurado que eras un tipo que cometió un error e iba a cambiar su vida —tiene una mirada distante casi triste en su cara, pero es rápidamente enmascarada—. Tengo que admitir que me recordaste a mí mismo cuando tenía tu edad.
—Sí, bueno, estabas obviamente equivocado.
Entrecierra la mirada hacia mí.
—¿Lo estaba?
Esta no era la forma que se suponía que sería. Dejé Paradise para hacer todo mejor, pero todo lo que me las he arreglado para hacer es joder las cosas por mí mismo. Miro directamente a Damon a los ojos.
 —No lo hice —le digo—. No soy un traficante.
—¿Por qué debería creerte?
—Porque es la verdad —dejo salir el aliento, sabiendo que es una causa perdida defender mi caso pero haciéndolo de todos modos—. No espero que me creas.
—¿Me has mentido en el pasado?
Asiento.
—¿Sobre qué?
Cierro los ojos y niego con la cabeza. No puedo decirle a Damon que no fui quien atropelló a demi. Le dije a selena que me llevaría ese secreto a la tumba. No puedo traicionar a mi propia gemela. No ahora, y no nunca
—. Olvídalo.

—Estás en el camino equivocado —me dice Damon.
—No tengo opción —dejo salir un largo y lento suspiro y decido igualarme con él. Sobre ciertas cosas, de todos modos—. Descubrí que mi madre era adicta a las medicinas. Creía que estar en casa lo ponía peor. Ella seguía esperando que fingiera que todo estaba bien. Mi familia entera estaba de acuerdo con la mierda. Yo no podía. Demi era la única que me mantenía cuerdo, pero no podía verla sin recibir regaños de los policías, mis padres, su madre, e incluso tú. Tú una vez dijiste que debería salir de Paradise en lugar de acercarme a demi. Así que ahora estoy aquí.
—Vivir con un traficante de drogas no es una mejor opción —dice Damon, afirmando lo obvio.
—Era un techo sobre mi cabeza.
—Siempre hay más opciones que vivir con matones —me dice Damon.
—Sí, claro —miro hacia abajo y la marca roja que las esposas han dejado en mi piel. Parece que todo está fuera de mi alcance ahora mismo.
—Estoy muy decepcionado de ti.
Decepcionado es mejor que enfadado. He visto a Damon enfadado. Se tensa como un toro con una espina en el trasero. Demonios, cuando me expulsaron del colegio por pelearme, Damon parecía preparado a patearme el trasero sin ayuda de nadie. Este tipo es enorme y debe pesar cerca de los dos-ochenta. No soy un peso ligero, pero se podría sentar en mí y romperme los huesos.
—Vuelvo en un momento —dice Damon, y luego me deja solo en la sala.
Ramsey vuelve media hora después, con Damon siguiéndole a sus pies. El oficial se sienta en el borde de la pequeña mesa en la sala y mira hacia abajo a mí.
—Eres afortunado, chico.
Estoy a punto de ser echado a la cárcel. No me siento afortunado ahora mismo.
—Acabo de hablar con el juez Hanson —dice Damon—. Tendrás tu comparecencia esta tarde, y pagaré cualquier fianza establecida. Soy amigo del fiscal del distrito que te va a ayudar.
—¿Por qué harías eso por mí? —pregunto.
—Porque alguien lo hizo por mí hace un tiempo. Hay una condición —dice. Aquí viene. El hacha está a punto de caer—. ¿Qué?
Mi ex consejero de transición tiene una mirada severa en su cara.
—Te vas a unir a Re-Comenzar.
—¿Qué es eso?

—Es un grupo de chicos cuyas vidas han sido afectadas por conducción adolescente temeraria. Viajaremos un mes juntos, y cada participante comparte su historia con varios grupos de chicos en el Medio Oeste. Estaremos sin comodidades, así que no te esperes hoteles de fantasía o tratamiento real. Estaremos quedándonos en habitaciones y campings. Este arresto no es sobre drogas, joe. Es un resultado directo de tu accidente en Paradise. Únete al programa y ayuda a otros. Si no aceptas venir conmigo, estoy fuera de esto. Si me voy, no tengo ninguna duda de que te encerrarán para bien y tirarán la llave. Tienes dieciocho ahora. Si pensabas que el reformatorio era horrible, te garantizo que la cárcel de adultos será cien veces peor.
—¿Así que en realidad no tengo alternativa?
—La tienes. Te quedas aquí y disfrutas de la hospitalidad de nuestras prisiones del estado, o sacas tu trasero y me sigues.
Así que no hay alternativa. Una de las opciones es algo que haría prácticamente cualquier cosa por evitar. Incluso si eso incluye pasar un tiempo con mi antiguo consejero de transición.
No hablamos mucho durante todo el viaje de hora y media fuera de Redwood. Intenta preguntarme algunas cosas y yo hago lo mejor que puedo esquivándolas. Cuando nos detenemos en el camino de entrada de un dúplex de una planta, explica:
—Dormirás en mi casa esta noche, y te encontrarás con el resto del grupo mañana por la tarde.
Dentro, dejo caer mi macuto al lado de un sofá de cuadros desvanecidos. En el manto sobre la vacía chimenea hay una foto de Damon con un chico pequeño, de alrededor de ocho años, en un uniforme de la Liga Infantil.
—¿Es tuyo? —le pregunto, preguntándome como este tipo acabó viviendo solo en un pequeño pueblo en el medio de los barrios lejanos de Illinois. Paradise no está tan lejos de aquí.
—Sí.
Es obvio a partir de ver el lugar que vive solo. No hay obras de arte en las desnudas paredes blancas. El lugar no es como mi casa en Paradise, es demasiado simple y demasiado sin usar, como si acabara de llegar aquí a dormir y ya está.
—¿Te divorciaste? —pregunto.
—¿Vas a dejar de hacer preguntas? Creo que me gustabas más en el viaje hasta aquí, cuando no hablabas en absoluto.
Después de que Damon hace una sorprendentemente buena cena de pollo y arroz que me recuerda a mi mamá cocinando, se dirige por un estrecho pasillo a la cama. Está silencioso en la casa. No estoy acostumbrado a tanto silencio. En la casa de

Rio, siempre había gente de fiesta o entrando y saliendo a todas horas. No me importa, porque no duermo mucho de todas formas.
Apago la luz aunque sé que no voy a conseguir mucho sueño esta noche. Es como lo habitual… cada quince minutos me despertaré y me quedaré mirando al techo y le rogaré al sueño que venga. Lo hace, pero en esfuerzos tan cortos que me pregunto cómo sería tener una noche completa de sueño sin interrupciones. Eso no ha pasado desde hace años… desde antes del accidente.
En la cocina estoy comiendo algún tipo de grano entero de cereal saludable cuando Damon entra en la cocina. No puedo evitar preguntar: —¿Por qué me ayudaste?
—Porque creo que eres un buen chico —dice, con su espalda hacia mí mientras está de pie enfrente de la cocina y fríe algunos huevos—. Sólo tienes que hacer mejores elecciones.
Al final de la tarde, tiramos nuestras bolsas en el coche. Damon para en el centro comunitario de Redwood, donde una gran furgoneta blanca nos está esperando. Le llaman de dentro del edificio y me dice que espere en la furgoneta y me presente al resto del grupo. Hay otros dos chicos y tres chicas de pie ahí esperando con su equipaje.
Cuando una de las chicas se aparta y entreveo a la persona que estaba tapando, mi cuerpo entero se adormece.
Demi.

***
Demi

tiro mi barra de proteína caer en el asfalto en cámara lenta, y la mordida en mi boca sabe a polvo. ¿Qué está haciendo joe aquí? ¿Dónde ha estado los últimos ocho meses? Él dejó la ciudad sin dejar rastro después de nuestra breve y loca relación.
¿Por qué no trató de buscarme, o al menos darme una señal de que estaba vivo?
Tiene los mismos ojos azules, el mismo rostro cincelado, y los mismos músculos magros asomándose de su camiseta.
Él es real, y vivo, y camina directo hacia mí.
No puedo mirar hacia otro lado, a pesar de que ansío hacerlo.
Deja escapar un suspiro lento y dice:
—Esto es un poco incómodo, huh — su voz suena familiar pero diferente. Tiene algo que no estaba allí la última vez que nos vimos
—Sí — me las arreglo para dejar salir un chillido—. Uhm…
—¿Cómo has estado?
No puedo responder a esa pregunta. Es demasiado falso. Si a él le importara cómo he estado, habría encontrado una manera de verme o hablar conmigo. Me dejó antes de Navidad, antes de Año Nuevo, antes del día de San Valentín, antes de mi cumpleaños, antes del baile de último curso y antes de la graduación. Antes de que me dieran la noticia de que tendría una cojera permanente por el resto de mi vida sin ninguna esperanza de una completa recuperación.

—¿Qué estás haciendo aquí?
Se encoge de hombros.
—Me estaba preguntando eso mismo esta mañana.
Uno de los otros chicos se para al lado de nosotros, tiene el pelo corto y rizado y le cae en la cara, y se echa un gas. Lo peor es que hace un gran show de gemir y empujar hacia afuera, como un niño pequeño.
—Hombre, ¿te importa? —pregunta joe.
—¿Qué? —dice el chico, impávido—. Tenía que dejarlo salir.
—Pues déjalo salir cuando estés solo, hombre. No seas un maldito imbécil.
—¿Quién eres, el poli de la flatulencia? —dice el chico, dando un paso hacia joe. Joe se alza en lo alto, como si hubiera estado en muchas peleas y no tiene miedo de añadir otra a su cuenta.
Esto es irreal. No puedo sentir los dedos de mis pies porque estoy en shock, y joe y este chico van a empezar una pelea por… ¿gases?
—Tranquilos, chicos —brama una voz áspera. Un tipo negro y alto con un portapapeles apuntándome—. demi, ¿Puedo hablar contigo un momento? En privado —él señala a joe—. Contigo también, jonas. Ahora.
Sigo al tipo fuera de la furgoneta, consciente de que joe está siguiéndome muy de cerca. Estoy tentada en dar la vuelta y exigirle saber dónde ha estado, pero ni siquiera sé si podría pronunciar las palabras.
El tipo se detiene en una mesa de picnic y deja caer su portapapeles sobre ésta. Se presenta como Damon Manning, el líder Senior y acompañante de nuestro grupo, luego luce dolido mientras dice: —Obviamente, ustedes dos no pueden estar en este viaje juntos. demi, no tenía idea de que mi ayudante te pondría como reemplazo después de que Heather lo abandonara.
—Yo lo abandonaré —ofrece joe con entusiasmo.
—El infierno si lo harás, jonas. No tienes más remedio que hacer esto.
Eso significa que Damon espera que yo lo abandone. Si fuera la vieja demi, la que tenía miedo del menor conflicto o confrontación, lo abandonaría en un santiamén. Pero soy más fuerte ahora, y no doy marcha atrás por nada. Incluso joe.
Me giro hacia Damon con determinación.
—No lo dejaré.
—demi, lo siento pero no va a funcionar con ustedes dos…

—No me voy —interrumpo.
Damon se frota una mano sobre su cabeza calva y suspira. Puedo decir que está vacilando… por lo menos un poco. ¿Qué puedo decir para convencerlo de que no tengo que dejar el viaje solo porque joe pasa a ser parte de él? La verdad es que estar con joeserá un reto—uno grande que no había esperado. Pero decido que voy a probarme a mí misma y a él que he seguido adelante.
No dejo que el pasado dicte mi vida nunca más. Los dos tenemos dieciocho ahora, ambos somos considerados adultos a los ojos de la ley.
—Esta es una mala idea —Damon repica—. Una mala idea de verdad.
—¿Puedo hablar con joe a solas? —le pregunto.
Damon mira de mí a joe.
—Bien. Tienes cinco minutos.
Cuando Damon se aleja, trago con fuerza y me fuerzo a hacerle frente a joe. Se ve cansado, pero al mismo tiempo una fuerza feroz irradia de él.
Yo solía pensar que él era todo lo que quería y necesitaba. Si tuviera a joe jonas a mi lado, mi vida estaría bien.
Y así fue, por un tiempo al menos.
—Han pasado ocho meses —digo en voz baja. Pensando en lo mucho que lo había extrañado estuve a punto de llorar. Parpadeo y rezo porque mis lágrimas no caigan. No ahora, cuando tengo que permanecer fuerte. Digo algo, cualquier cosa, así no las dejo caer—. Te perdiste la graduación.
—Me perdí de muchas cosas —dice, luego lentamente comienza a extender las manos antes de meterlas en los bolsillos.
Sé que probablemente luzco patética. Me siento patética. Pero estoy harta de sentir lástima de mí misma. He tenido que superarlo. Me he vuelto más fuerte cada día. No puedo ser absorbida de nuevo en la telenovela de la vida de joe. No voy a dejar que eso suceda.
Miro a la enorme furgoneta blanca que se supone que nos llevará a un viaje de cuatro semanas juntos. Vamos a compartir nuestras historias públicamente, con la esperanza de prevenir que otros sufran lo que nos pasó. Me muerdo el labio por la ironía. ¿Cómo podemos hacer eso, cuando la verdad de joe y el accidente todavía están enterrados?
Pateo algunos guijarros sueltos de alquitrán en el asfalto. —Él dijo que no tenías más remedio que ir en este viaje. ¿Por qué?

Con los brazos cruzados, joe se apoya contra la mesa de picnic y suspira. —Bien, este es el asunto. Gran sorpresa: me metí en problemas otra vez. Es este programa, o voy a la cárcel. La pelota está en tu tejado, demi. Quieres que me marche, lo haré. Asumiré las consecuencias.
Lo último que quiero es que demi esté de nuevo en la cárcel. Tengo miedo de preguntar por los detalles sobre cómo se metió en problemas, así que no lo hago. Si él quiere decirme, lo hará. Pero sé que no lo hará porque no sabe cómo confiar en alguien, menos en mí. Yo podría haber sido una parte de su vida una vez, pero ahora no lo soy. Soy una extraña para él, y él es un extraño para mí.
—Son solo cuatro semanas —le digo—. Creo que podemos manejarlo.
—Cuatro semanas atrapados en una furgoneta juntos, y entonces nunca tendrás que verme de nuevo.
Cierro mis ojos cuando él dice eso. No debería desaparecer de nuevo. Su hermana lo necesita, y su madre lucha todos los días contra su adicción a las drogas prescritas. —Después del viaje, deberías volver a Paradise.
—No va a pasar, así que mantén ese pensamiento fuera de tu cabeza.
Olvidando mi tristeza y mi acopio de coraje, me quedo de pie mirándolo a los ojos.
 —¿Sabes lo que pienso?
—¿Qué?
—Creo que el duro y estoico demi toma el camino más fácil —ahí está, lo dije.
—Mi vida es un montón de cosas, demi, pero fácil no es una de ellas —dice. Se aclara la garganta—. Y si piensas que estás viendo ahora mismo todo fácil por mí, supongo que otra vez… —su voz se apaga.
—Tal vez este fue el destino que nos da una segunda oportunidad para decir adiós. Ya sabes, antes de que ambos vayamos por caminos separados de nuevo.
—Eso debe ser —dice con sarcasmo—. ¿Así que estás absolutamente tranquila con que suceda este viaje juntos?
Me aclaro la garganta y miro hacia la furgoneta.
—Estoy bien con eso, siempre y cuando tú lo estés.
Se levanta de la mesa, se aleja de mí y se dirige a Damon. Hablan por un segundo, luego joe lanza su mochila en la parte posterior de la furgoneta y se sube en el interior.

—joe dijo que lo resolviste todo —me dijo Damon cuando subo a la furgoneta.
—Son solo cuatro semanas. Estará bien.
Damon parece tan convencido como me siento, pero le aseguro que el pasado está detrás de nosotros y vamos a ir más allá de él. Realmente espero no estar mintiéndome a mí misma.
En la furgoneta, las dos chicas que conocí esta mañana están sentadas en el asiento delantero. La chica llamada Taylor tiene un piercing en la nariz y en los labios y tatuajes subiendo y bajando sobre su brazo desnudo. Está leyendo un libro mientras se apoya contra la ventana.
La otra chica, miley, tiene el cabello largo y rubio muy brillante y, definitivamente, podría pasar por una de las porristas populares de Paradise. Tiene maquillaje oscuro en los ojos y lleva lápiz labial de color rosa claro. Se ve bien en ella. A propósito incluso evito mirar la silla trasera, no voy a buscar dónde está sentado, así que me deslizo al lado de Kevin en la silla central. Conozco a kevin de terapia física, ya que sus citas usualmente son después de las mías en las noches de miércoles. kevin perdió tres cuartas partes de su brazo izquierdo, y su brazo derecho está cicatrizado, pero no estoy segura de qué le sucedió exactamente. Estoy segura de que voy a averiguarlo al compartir nuestras historias.
kevin me da una sonrisa amable pero reservada.
—No sabía que estarías aquí —dice.
—Fue algo de último minuto —le digo, mirando a miley y a taylor en el asiento delante de nosotros y preguntándome si joe decidirá abandonar el viaje en el último segundo. Parte de mí quiere que se vaya, pero la otra quiere que se quede y así puedo probarme a mí misma que verdaderamente estoy sobre él, que el dolor que quedó después de que se fue se ha ido.
Mi pulso se acelera cuando escucho a joemoverse en su asiento detrás de nosotros. No es una buena señal que esté híper-consciente de cada uno de sus movimientos. Probablemente cuatro semanas sean una verdadera tortura—quizás incluso peor que el año de terapia física después del accidente.
No importa cómo me sentí cuando joe me abandonó. En las semanas y los meses después de haber dejado la ciudad, recé porque volviera. Solía dejar mi luz encendida en la noche, así si volvía, él la vería como una señal de que lo estaba esperando.
Vivía al lado, así que me quedaba mirando por la ventana durante horas y horas, esperando ver encendida la luz de su habitación. Mi fantasía era que él me diría que había cometido un gran error por dejar Paradise.

Pero nunca lo hizo.
Y al final, me di cuenta de que había confiado demasiado en él.
Damon se mete en el asiento del conductor y se da la vuelta.
—Bueno, chicos, eso es todo. Nuestra primera parada es en un campamento de verano para adolescentes. Vamos a estar durmiendo en cabinas en su campamento esta noche, y ustedes esperarán a compartir sus historias con ellos. Mañana continuaremos hacia nuestra segunda parada. Pero ahora mismo, tomemos un segundo para que se presenten entre ustedes mientras esperamos a nick. Como todos saben, soy Damon Manning, y soy su acompañante.
—Soy miley —dijo miley, con un borde en su voz, que implica ―no hablar de mí a menos que yo quiera
.
taylor no levanta la vista de su libro mientras dice en voz baja.
—Soy taylor.
kevin se aclara la garganta.
—Soy kevin.
—Soy demi —digo, incapaz de resistir mirar a joe.
Luce como si prefiriera ir a bucear en aguas infestadas de tiburones o pirañas que estar en esta furgoneta. Se queda mirando el piso alfombrado.
 —Soy joe.
—Y yo soy nick—el chico del gas dice, casi saltando en la furgoneta y deslizándose en el lugar al lado de joe
joe se estremece.
—Hombre, si te echas otro voy a patearte el trasero.
—joe, no amenaces a los otros miembros del grupo —ordena Damon desde el asiento delantero—. nick, vas a mantener esto libre de flatulencia por ahora, ¿bien?
Ahogo una risita nerviosa.
—Lo intentaré —dice nick, dándole a Damon un pulgar hacia arriba. Pero tan pronto como salimos del estacionamiento, oigo a nick decir a joe —. ¿Quieres tirar de mi dedo?
Tengo que mirar. En lugar de apartar los dedos de nick de su cara, o mejor aún, ignorarlo, joe agarra el dedo de nick y lo dobla hacia atrás.
—Basta —le digo a joe mientras nick hace una mueca de dolor y trata de arrebatar su mano libre—. ¡Le estás haciendo daño!
¿Qué sucedía con joe para hacerlo arremeter con tanta rapidez?
Joe suelta el dedo de nick. Éste le lanza a joeuna mirada que dice que va a tomar represalias después, luego se pasa hasta el otro lado del asiento.
—Tú te lo buscaste —dice joe con aire de suficiencia mientras nick examina su dedo magullado.
—Te voy a demandar si tengo un esguince —nick le advierte—. Toco la guitarra, hombre.
joe sonríe, entonces me mira meneando la cabeza.
—¿Qué?
—Nada —digo.
Me giro de nuevo. No voy a mirar a joe otra vez. No hasta que tenga que hacerlo, por lo menos.
A mi lado, kevin saca su móvil y empieza a enviar mensajes de texto con su única mano. Su palma mece el móvil mientras su pulgar teclea. No puedo imaginar que sea fácil para él, pero parece estar manejándolo muy bien.
Me inclino hacia adelante, pongo mis manos en el asiento delantero. Haré una pequeña conversación con miley ytaylor. Cualquier cosa es mejor que preguntar sobre joe, y porque vamos a estar viviendo en lugares cerrados por el mes que viene, tengo que hacer migas con estas chicas. Pero me doy cuenta, muy rápido, que no quieren charlar. miley se pone los auriculares en sus orejas y levanta la sudadera con capucha para ocultar su rostro. taylor está tan absorta en su libro que no estoy segura de que sepa sobre la vida real que pasa a su alrededor.
Vuelvo a caer en mi asiento y miro por la ventana. Los campos de maíz y las granjas que esboza el paisaje de Illinois son borrosos.
—Tú, kevin —dice joe.
—¿Si?
—Cambia de asiento conmigo.