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Mi nombre es Yesennia ... subo adaptaciones jemi en youtube pero aveces como son largas lo subo a este blog este es mi canal http://www.youtube.com/channel/UC93vtXRXWvbXxe_1js_HRJg/videos?flow=grid&view=0 ...
/// Lovatica // Jonatica // nemi friendship// Jemi forever ///

sábado, 27 de abril de 2013

Unfaithful capitulo 17 - jemi en español




Demi seguía mirando fijamente el teléfono cuando Joe llegó unos minutos más tarde. Él la vio nada más entrar y se detuvo al instante.
-¿Qué ocurre? -le preguntó con impaciencia, dándose cuenta de que Demi sufría una especie de conmoción.
...
Demi se llevó la mano a la mejilla. La tenía helada.
 -Taylor acaba de llamar -le dijo-. Quiere que la llames.
Sin dejar de mirar a Joe, se preguntó si se desmayaría o se echaría a llorar. Joe se sonrojó y dio un suspiro. Pocas veces había visto Demi tanta emoción en sus ojos.
Joe dejó caer la cartera y suspiró con los dientes apretados.
Luego se acercó a una paralizada Demi, la apartó de su camino y se dirigió a su estudio. Entró y cerró la puerta. Demi se quedó mirándolo, haciéndose preguntas acerca de lo que acababa de ocurrir entre ellos, además del holocausto que tenía lugar en su interior.
¿Joe reaccionaba así ante la simple mención del nombre de Taylor ? Demi contuvo un sollozo, negándose a dejarse llevar por lo que ocurría en su interior.
¡Al saber que Taylor acababa de llamar, Joe había corrido al teléfono como un poseso!
Estaba con Frankie en el salón cuando Joe entró buscándola. Estaba pálido, y, aunque de sus rasgos había desaparecido todo rastro de emoción, podía ver huellas de la conmoción que sentía en sus ojos. Kate corno hacia él para abrazado, como de costumbre, pero sólo recibió una caricia en el pelo. Sam estaba viendo la televisión y Frankie estaba cansado, así que se limitó a dirigir una mirada a su padre antes de volver a sumergirse en el cálido abrazo de su madre.
Joe miraba fijamente a Demi.
-Lo siento -dijo con voz grave- Le dije que no llamara aquí nunca.
-No importa.
-¡Claro que importa! -exclamó Joe violentamente. Los niños se dieron la vuelta para mirado. Se pasó la mano por el pelo, tratando de tranquilizarse. -Sammy ... Kate. Quedaos con Frankie un momento mientras yo hablo con mamá.
Sin dar lugar a una respuesta, levantó a Frankie y lo dejó sobre la moqueta, entre las piernas de Sam. Luego dirigió a sus tres sorprendidos hijos una mirada tranquilizadora.
Se dio la vuelta y agarró a Demi de la mano. Al llegar a su estudio, la soltó.
-Le dije que no debía llamar aquí -repitió- ¡Le dije que si era muy urgente, le dijera a la señora de la limpieza que me llamara en su lugar! ¡Pero que ella no llamara nunca!
-Yate he dicho que no importa.
-¡Pero sí importa! -estalló Joe ferozmente- ¡Te ha hecho sufrir, y no quiero que eso ocurra! -Entonces, lo que tenías que haber hecho ...
Demi se interrumpió porque no quería insultado y, encogiéndose de hombros, se acercó a su mesa. -¿Cómo es que sigue trabajando para ti? -le preguntó entre dientes- Si decías que todo había terminado.
-No trabaja para mi -dijo Joe-. Trabaja para mi bufete de abogados. Hace meses que le pasé todos mis asuntos a uno de sus compañeros.
Demi no lo creía. Tenía grabada la expresión de su cara cuando le dijo que Taylor acababa de llamar. Todavía recordaba cómo la había apartado para correr a llamarla.
-Entonces, ¿por qué te ha llamado?
Joe suspiró. Demi estaba segura de que trataba de controlar las emociones que le había provocado la llamada de Taylor.
-Era la única que estaba en la oficina cuando llegó una información muy importante por fax -le explicó Joe-. Lo bastante importante como para que yo lo supiera inmediatamente. Y no había nadie más en el bufete.
-h -exclamó Demi, que no podía pensar en algo más que decir- Bueno, pues asegúrate de que no vuelva a llamar -añadió fríamente, para acabar con el asunto.
Pero el incómodo silencio que se hizo a continuación, le decía que aún no había concluido.
-El caso es que -dijo Joe con prudencia:- tengo que marcharme. Ha surgido un problema legal con el negocio de Liverpool y tengo que volver a la oficina para solucionarlo personalmente.
La compra de Harvey's y el negocio de Liverpool, ¿dónde estaba la diferencia?
-Claro que sí. Tú tienes que irte -dijo con tal acidez que fue como una bofetada en la cara-, y yo tengo que meter a los niños en la cama.
Lo empujó con la intención de abandonar el estudio. Pero Joe la detuvo.
-No -exclamó-. Voy a mi oficina, no a la de Taylor.
No voy a verla. No quiero veda. Estaré en la otra punta de Londres, ¿lo entiendes?
¿Entender? Sí, por supuesto, Demi lo entendía todo.
Le estaba pidiendo que confiara en él. Pero no podía. Tal vez nunca volviera a confiar en él.
-Tengo que acostar a Frankie-murmuró y le empujó para salir de la habitación.
Aquello ocurrió un viernes. Al lunes siguiente, Joe se marchó a Liverpool para atar los cabos sueltos del contrato antes de las vacaciones de Navidad. Y después de un horrible fin de semana, durante el cual los dos se comportaron con exquisita cortesía, Demi sintió alivio al verlo partir.
Pero hicieron el amor el domingo por la noche. Y, en medio de sus desesperados intentos por conseguir algún nivel de mutua satisfacción, Joe rompió una de las estrictas reglas que se habían instituido entre ellos y le habló. Le pidió que le perdonara. Demi le dijo que se callara, para no estropear más las cosas. Joe se mordió la lengua, pero, cuando la penetró, lo hizo con una ansiedad tal que rayaba en el tormento. Al terminar se separó de ella y hundió el rostro en la almohada. Demi sintió entonces la desesperada necesidad de consolarlo, pero no pudo, porque habría sido concederle algo demasiado importante.
El problema era que ya no sabía qué era aquello tan importante, porque había empezado a perder la noción de las causas que los separaban.
«Taylor», recordó, «Taylor».
Pero incluso aquel nombre empezaba a perder el poder de hacerle tanto daño como antes.
Los días siguientes, Demi se sumergió en los apresurados preparativos de las fiestas de Navidad. Ignoró las frecuentes molestias de su estómago y se dispuso a limpiar y reordenar las habitaciones. La noche que volvía Joe, consideró seriamente si no sería mejor meterse en la cama y descansar.
Estaban todos en el salón, tratando de poner en pie el enorme árbol de Navidad que acababan de traer, cuando se abrió la puerta y entró Joe. Una sonrisa suavizó sus duros rasgos al ver los esfuerzos de su mujer y sus hijos para sostener el árbol.
-Veo que para algunas pequeñas tareas todavía hago falta -dijo en broma, atrayendo la atención de sus hijos.
Los niños abandonaron a Demi y corrieron hacia Joe. Él, fingiendo terror, cayó en la moqueta mientras Kate y Sam se abalanzaban sobre él gritando y riendo. El tercer miembro del trío gateó como pudo hasta alcanzar los pies de su padre.
Demi observó la escena embobada, mientras las agujas del pino se le clavaban en la palma de las manos.
Fue en aquel preciso instante, al sentir una sensación de dulzura y afecto que jamás había experimentado, cuando se dio cuenta del valor que tenía su vida.
Amaba a su familia. Amaba el amor de su familia.



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jueves, 25 de abril de 2013

Unfaithful capitulo 16 - jemi en español


Capitulo 16:



Demi lo miró detenidamente. No se sentía con fuerzas para pasar media hora más a su lado. Pero tampoco quería esperar una hora entera a que llegara un taxi, que era el tiempo mínimo de espera.
Zac tomó la decisión por ella al agarrarla por la muñeca.
-Vamos -dijo con tranquilidad- Yo te llevo.
La mirada de Zac no dejaba lugar a dudas, no tomaba en serio la negativa de Demi...
. Cansada, harta y un poco deprimida por la discusión constante que tenía con cuantos la rodeaban, incluida ella misma, Demi cedió.
Fueron juntos al guardarropa para recoger su abrigo, luego salieron al aire helado de diciembre para dirigirse al Porsche rojo de Zac. Al poco rato, estaban en la carretera, cubierta de sal para impedir que se formara hielo. Demi se subió las solapas de su abrigo y observó el camino en silencio.
. -¿Por qué le soportas cuando sólo es un cerdo egoísta? -dijo Zac de repente.
-¿No son así todos los hombres?
-No tanto como Joe. Todavía me cuesta creer que esté casado con alguien como tú -dijo Zac, y miró a Demi-. Le van más las mujeres como Taylor Swift.
Fue un comentario tan cruel que Demi sintió una punzada de dolor en el pecho. Lo peor era que no podía contradecirle. Tal vez a Joe le convenía más Taylor Swift que ella, aunque no podía juzgarla porque no la conocía -y no tenía la menor gana de conocerla.
Taylor Swift era el nombre del fantasma sin cara que la visitaba todas las noches. Con eso tenía bastante. -y Miley Cyrus -añadió Zac-. Menuda discusión tuvisteis aquel día en la pista de baile.
-¿Oíste algo? -preguntó Demi, dando un respingo.
-La mitad de la sala lo oyó, querida. Y fue asombroso. Joe Jonas, el joven tiburón de las finanzas, tenía mujer y tres hijos y nadie lo sabía. Supongo que esa noticia le dio a Taylor donde más duele. Quería casarse con él, ¿sabes? Joe era la elección ideal para una abogada con su futuro.
Así pues, Tayor era abogada, y no la secretaria de Joe, como ella había creído. La noticia la sobresaltó. «Compite con eso si puedes», se dijo con amargura.

Una cosa era luchar por el amor de su marido con una simple secretaria, pero otra muy distinta hacerlo con una mujer que estaba acostumbrada a vivir en el mismo mundo que él.
Como si estuviera pensando algo parecido, Zac dijo: -Si lleváis casados siete años, eso quiere decir que lo atrapaste antes de que iniciara su carrera meteórica. ¿Cómo te sientes? ¿Como un desliz de su juventud?
Demi se dijo que, tal vez, merecía alguno de aquellos insultos. Pero el último comentario era lo que más le había dolido, probablemente, porque ella empezaba a pensar algo parecido.
-Creo que será mejor que te calles y pares el coche antes de que digas algo que me ofenda de verdad -dijo.
Para su consternación, Zac hizo exactamente lo que le había pedido, deteniéndose bruscamente en el arcén.
-Soy yo quien me siento ofendido por el modo en que has estado jugando conmigo durante todo este tiempo. ¡Dios mío! No has pensado en mí en serio ni por un momento, ¿verdad?
-No -respondió Demi sinceramente.
-Entonces, ¿por qué no me detuviste antes de que llegáramos tan lejos?
-¿Tan lejos? ¿Cómo que tan lejos? -le dijo con una mirada desafiante- ¡Pero si sólo nos hemos dado un beso!
-No se trataba sólo de eso, Demi, y tú lo sabes.
Pero para ti era sólo un juego, ¿verdad? Te diste cuenta de que me gustabas y pensaste que podrías jugar un rato conmigo, ¿no es eso? -le preguntó Zac amargamente- ¿Qué ocurre? ¿Que tu autoestima estaba en un nivel muy bajo? ¿Tanto te molestaba que prefiriese acostarse con su abogada a acostarse contigo?
Demi le dio una bofetada al tiempo que se ponía roja de vergüenza. Luego agarró la manecilla de la puerta con una mano y se desabrochó el cinturón de seguridad con la otra. Pero Zac la agarró por el brazo.
-h no -dijo entre dientes- No pienses que te vas a escapar tan fácilmente.
Tiró de ella y la besó. Fue un beso brusco, desagradable. Cuando la soltó, Demi estaba asqueada del sabor de su boca.
Salió de coche dando un portazo.
Zac arrancó haciendo chirriar los neumáticos dejándola a merced del viento helado de la noche.
Se llevó una mano a la boca, y vio asqueada que le había hecho sangre en el labio. Le maldijo, deseando estar de vuelta cuanto antes en su mundo de cuento de hadas, donde nada malo podía ocurrirle. Maldijo a Miley por haberla despertado de aquel mundo de ensueño, añadió para sí iniciando el camino de regreso a casa. Y maldijo a Joe por su infidelidad y a Taylor por haberlo seducido. Pero, por encima de todos, se maldijo a sí misma.
No tardó mucho en llegar a casa, pero tenía los pies deshechos. Se quitó los zapatos, de tacón alto, nada más entrar.
En el interior de la casa, hacía calor. El reloj del pasillo marcaba la una de la madrugada. Se sentía deprimida y la escena con Zac no dejaba de darle yueltas en la cabeza. N o se molestó en ir a ver a Joe. Por ella podía irse al infierno. De todas formas, no estaba de humor para tener otra discusión.
Pero se equivocó al pensar que él la ignoraría tan fácilmente. Acababa de ponerse el camisón cuando entró en la habitación con sus zapatos en la mano.
-Te has olvidado de esto -dijo dejándolos detrás de la puerta.
-No me he olvidado, simplemente me los he quitado al entrar -replicó Demi, que estaba sentada al borde de la cama masajeando sus pies doloridos. La melena ocultaba su rostro a ojos de Joe.
-¿Dónde te ha dejado? -dijo Joe con suspicacia. ¿Otra vez espiando tras las cortinas?, se preguntó Demi con amargura.
-No me ha dejado en ninguna parte.
-Si hubieras hecho todo el camino andando, habrías tardado más.
«Bastante he andado de todas formas», pensó Demi acariciándose las plantas de los pies.
-Una pelea entre amantes, ¿no? -añadió Joe con mal gusto.
-Algo así -dijo Demi, encogiéndose de hombros, y salió de la cama para dirigirse al baño. «¡Que piense lo que quiera!», se dijo.
Joe la agarró por los brazos y la obligó a mirarlo a la cara. Estaba furioso y tenía una mirada penetrante y amada.
-¿Y por qué os peleasteis? -le preguntó, apretando los dientes- ¿Porque no querías ir a su casa? ¿Por eso? ¿Qué pasaba, que no estabas de humor?
Demi lo miró con ira. Sentía amargura y asco hacia los hombres por lo que la estaban haciendo pasar aquella noche.
-¿Y cómo sabes que no he estado en su casa toda la noche? Podría haberte llamado desde allí. ¿Cómo ibas a saberlo?
Joe se puso pálido y apretó con fuerza los brazos de Demi. La miraba fijamente, como si buscara evidencias de lo que estaba diciendo.
-¡Te ha dado una bofetada y. te ha roto el labio!
-Me estás haciendo daño. ¡Suéltame! -exclamó
Demi tratando de apartarse pero sin conseguirlo. -¿Cómo has podido? -dijo Joe casi gritando- ¿Cómo has podido hacerla, Demi? ¿Cómo has podido?
La situación había estallado. Llevaba muchos días amenazando con hacerla, y finalmente, la intensidad de sus sentimientos reprimidos empezaba a aflorar a la superficie.
-Se me acaba de ocurrir una cosa, Joe. Te propongo un cambio, si me cuentas cómo fue con Taylor, te diré lo que ha pasado con Zac.
-¡Dios, ya basta! -dijo Joe, cerrando los ojos y haciendo una mueca de verdadero dolor.
A Demi se le llenaron los ojos de lágrimas, y, por segunda vez aquella noche, golpeó a un hombre. Joe la soltó.
-Me das asco, ¿sabes? -susurró Demi amargamente y se encerró en el cuarto de baño.
Cuando volvió a salir, más tranquila, aunque no del todo, vio a Joe sentado en la cama con la cabeza escondida entre las manos. Le dolía verlo así, pero, aquellos días, todo le dolía. Ya no podía recordar si alguna vez había llegado a reír en aquella casa.
-Quiero acostarme -le dijo, negándose a ceder a sus deseos de consolar a Joe.
Joe no se movió. Demi permaneció allí de pie durante un interminable minuto, debatiéndose entre el amargo deseo de volver a pegado y la tenue necesidad de acercarse a él y estrecharlo entre sus brazos. Tan sólo eso, estrecharlo entre sus brazos porque estaba sufriendo y ella lo amaba. A pesar de lo que pudiera hacer o decir, lo amaba. Se estremeció y, con un gemido, cayó de rodillas ante él, y le apartó las manos de la cara.
-¿De verdad quieres saber lo que ha ocurrido esta noche? -le dijo con voz temblorosa- Quiso besarme, pero yo le rechacé. Él se vengó comparándome Con Taylor -dijo- Con Taylor, la brillante abogada que le conviene a Joe Jonas mucho más que la pobre y patética Demi.
-Eso no es cierto -murmuró Joe.
-¿No? -dijo Demi con los ojos llenos de lágrimas- Pues yo creo que sí. Nos hemos alejado, Joe. Tú has avanzado mientras yo me he quedado estancada. Además, creo que las mujeres como Taylor Swift te van más que yo.
Joe se rió, sacudiendo la cabeza como si no pudiera creer lo que estaba oyendo.
-¿Te parece que me he alejado de ti? ¿Crees que quiero dejarte? ¿No crees que si quisiera dejarte, sería capaz de hacerlo?
En aquellos momentos, era Joe quien agarraba a Demi por las muñecas.
-Taylor -murmuró Demi, cerrando los ojos-, es ...
-Al infierno con la maldita Taylor -dijo Joe violentamente- No tiene nada que ver con esto. ¡Se trata sólo de nosotros y de si podemos seguir soportándonos el uno al otro!
-Entonces es tu conciencia -dijo Demi suspirando- Te quedas porque te sientes culpable,
-La verdad es que sí, sí que me siento culpable -asintió Joe con amargura- Pero no seas tan tonta como para pensar que soy un mártir. Si creyera que nuestro matrimonio es una pérdida de tiempo, me habría marchado hace mucho tiempo. Estamos en los noventa -añadió cínicamente-, y hay muchos divorcios. Si me quedo, es por esto -dijo atrayéndola hacia sí para besarla- Te deseo. No me canso de ti. Llevamos siete años casados, y me excito sólo con verte. ¡Dios mío! ¡Ni siquiera puedo evitar hacerte el amor incluso sabiendo que no puedo satisfacerte!
Sacudió la cabeza.
-Pero ésa no es razón para lo que has hecho. Demi, ¿cómo puedes, sólo porque te he hecho daño, convertir tu vida en algo miserable? ¿Por qué? Si quieres que me vaya, ¿por qué no me lo has dicho?
-Yo ...

Demi se negó a proseguir, porque la respuesta era demasiado dolorosa para su alma humillada.
-¿Quieres que me vaya? -dijo Joe.
Demi sintió un escalofrío y una punzada de dolor recorrió su cuerpo.
-No -susurró, sintiendo que las lágrimas se agolpaban en su pecho.
-¿Por qué no? -insistió Joe-. ¿Cómo puedes soportar que viva en la misma- casa que tú, que duerma en la misma cama, que te toque, que te abrace? ¿Cómo Demi? ¿Cómo? ¿Cómo? ¿Cómo?
«Porque te quiero, maldito bastardo», pensó Demi, y rompió a llorar entre sollozos.
Joe dio un suspiro, que provenía de lo más profundo de su ser. Luego, estrechó a Demi entre sus brazos y la tendió sobre la cama, echándose encima de ella. La abrazaba tan fuerte que Demi apenas podía respirar.
-¿De verdad te parece que cada vez estamos más separados? -le preguntó en voz baja.
-No -respondió Demi, que no deseaba estar en ningún otro lugar del mundo.
-Entonces, no vuelvas a decirlo -dijo Joe con voz ronca y la besó. Fue un beso largo e impulsivo. Demi sólo pudo dejarse llevar por sus demandas, hasta sumergirse en las cálidas aguas de su afecto.
-¿Has dejado que ese cerdo te toque? -preguntó Joe con voz grave. Demi recuperó sus sentidos, abrió los ojos y vio la mirada atormentada de Joe. Se negaba a creer que hubiera sido capaz de preguntarle algo así.
-Contesta -insistió él- ¡Quiero saberlo, necesito saberlo! ¡Dios, tengo que saberlo!
Demi lo miró durante un largo instante, luego apretó los dientes y dijo:
-¡Vete al infierno!
Joe fue directo al infierno, pero se aseguró de llevarla con él. Con furiosa pasión, Joe abrió la bata de Demi y se quitó la ropa. Le hizo el amor con tal crudeza que, cuando todo terminó, a Demi le dio la impresión de que había contenido el aliento hasta ese momento.
Rodó hacia su lado de la cama mientras Joe se encerraba en el baño.
Permaneció en él largo rato. El suficiente para encontrar dormida a Demi cuando salió.
La noche siguiente, el teléfono empezó a sonar cuando estaba quitando la mesa. Se dirigió al vestíbulo y levantó el auricular, frunciendo el ceño porque los niños tenían la televisión demasiado alta.
-Dígame -dijo distraídamente tirando del cable del teléfono para llevado hasta el salón.
Hubo una pausa, luego una voz femenina preguntó por Joe.
-Todavía no ha llegado -respondió Demi-. Si quiere, puedo darle un mensaje cuando venga o decide que la llame.
Hubo otra pausa. Demi miró el reloj. Tenía un guiso en el horno, si la mujer no se daba prisa ...
-Soy Taylor -dijo por fin, y Demi se puso absolutamente rígida.

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Tan Tan Tan !!!

domingo, 21 de abril de 2013

Unfaithful capitulo 15 - jemi en español



Unfaithful

Capitulo 15

Los días siguientes fueron horribles. Joe se convirtió en un extraño, hosco y poco comunicativo, que durante las noches ni siquiera la tocaba. Los niños estaban cada vez más revoltosos, excitados con las fiestas que se aproximaban y preocupados por la situación. Demi  seabía que las dificultades por las que atravesaba su matrimonio les afectaban tanto como a Joe o a ella.
...
El problema era que no sabía qué hacer. Le habría gustado contarle a Joe lo que había ocurrido entre Zac y ella, y pedirle perdón, pero no podía hacerla. Habría sido la prueba de que le importaba lo que él pudiera pensar o decir, y había decidido no mostrar por él ningún interés.
Una mañana cayó enferma y se pasó el día entero dando vueltas por la casa, débil y aburrida. Cuando los mellizos volvieron del colegio se pusieron a jugar, armaron tanto ruido que le dio un terrible dolor de cabeza. Se alegró de ver llegar a Joe, porque así podría dejárselos a él y acostarse.
-¿Por qué no me has llamado? -le reprochó Joe-. Si me hubieras dicho que note encontrabas bien, habría venido enseguida.
Demi le dio una respuesta confusa y subió las escaleras para dirigirse a su dormitorio. Ni siquiera se le había pasado por la cabeza llamarlo. En realidad, pensaba metiéndose en la cama, nunca lo había llamado al trabajo. Joe llamaba desde el despacho a menudo, pero ella nunca se había molestado en llamarlo. Una vez más, se asombró del muro que se alzaba entre el Joe hombre de negocios y el Joe padre de familia y no pudo recordar que se hubiera atrevido a traspasar ese muro ni una sola vez.
El caso era que Joe logró que los niños dejaran de hacer ruido. Al cabo de un rato, se quedó dormida y su sueño no fue interrumpido por ningún ruido.
Se despertó horas después. Había amanecido y Joe estaba inclinado sobre la cama con una taza en las manos.
-Pensé que podría apetecerte esto -dijo dejando la taza humeante en la mesilla- ¿Cómo estás?
-Mejor -dijo, aunque al incorporarse no quiso hacer ningún movimiento brusco con el estómago. Se apartó el pelo de la cara antes de tomar la taza- Gracias -murmuró.
Puedo tomarme el día libre y quedarme en casa a trabajar, si quieres -dijo Joe, mirándola con detenimiento.
Demi negó con la cabeza.
-No es necesario. Me siento un poco débil, pero puedo arreglármelas.
-Aun así...
Demi tenía la extraña sensación de que Joe se debatía para entre decirle algo o no.
-Creo que será mejor que no vayas a clase esta noche, con el tiempo que hace ...
-Teníamos pensado salir a celebrar la Navidad -dijo soplando el humeante té de la taza- Zac nos va a llevar a un club. No quiero perdérmelo.
Con el rabillo del ojo, se dio cuenta de que Joe apretaba la mandíbula. Aunque deseaba hacerle sufrir un poco, al ver su reacción, lo pasaba muy mal.
-Ya veremos cómo te encuentras esta tarde -dijo Joe, y se dio la vuelta para marcharse y de repente, Demi sintió la necesidad imperiosa de que se quedara.
-Mis padres, como siempre, vendrán a pasar las Navidades con nosotros -dijo. Joe se detuvo bruscamente en la puerta del baño- Pero este año tenemos un problema ...
Joe no la miraba, tan sólo le daba la espalda esperando a que terminara lo que tenia que decide.
-El año pasado la habitación de Frankie estaba libre.
Ahora, no sé cómo van a poder pasar aquí dos noches. No me imagino a mi padre durmiendo en el sillón de tu estudio ni a mi madre durmiendo en el sofá -dijo esta última frase con la intención de hacer gracia, pero Joe se dio la vuelta sin la menor sombra de una sonrisa en el rostro. Demi sintió un gran vacío en el corazón, aún mayor que el que tenía aquellos días.
-¿Y qué quieres que haga? -dijo Joe-. Ya he perdido la cuenta de las veces que te he dicho que quería mudarme a una casa más grande. Pero no te has molestado ni siquiera en discutido. Pues mira, ahora tienes un problema que vas a tener que solucionar tú sola. Yo no quiero saber nada.
Demi se lo quedó mirando con asombro mientras salía de la habitación dando un portazo.
Aquella noche asistió a su clase de dibujo. No porque se sintiera lo bastante bien para ir, que no era así, no porque tuviera ganas, que no tenía, sino porque estaba tan enfadada con Joe que no quería darle la satisfacción de estar en casa cuando volviera.
Pero no disfrutó de la clase. Tenía la mente ocupada en el millón de cosas que tenía que hacer en casa, y su estómago se negaba a tranquilizarse. Estaba cansada, tensa y pálida. Y además, Zac pasó la mayor parte de la clase mirándola.
Era la primera vez que lo veía con otra cosa que no fueran unos vaqueros, y tenía que reconocer que estaba muy atractivo con su traje oscuro de seda y una camisa de color crema. Ella llevaba un vestido negro corto que había comprado en su escapada a Londres. Dejaba los hombros y las piernas al descubierto, y despertó la admiración de los hombres de la clase.
Pero se sentía muy incómoda ante las miradas de Zac. Sus ojos no dejaban de decirle que recordaba el beso que se habían dado en su coche, aunque ya habían pasado algunas semanas desde entonces. A Demi no le había resultado difícil olvidarlo, lo que no lograba vencer era un sentimiento de culpa.
Al terminar la clase, se dirigieron a un nightclub que había cerca de allí. Era en realidad un viejo cine remozado. Tenían una mesa reservada en la zona de los antiguos palcos del cine, con vistas al viejo patio de butacas convertido en pista de baile. Había un gran montaje de luces y la música estaba tan alta que era imposible hablar. En cualquier otra ocasión, habría disfrutado del lugar. Lo sitios a los que la llevaba Joe eran mucho más refinados. Antes de su crisis matrimonial, había deseado muchas veces soltarse la melena e ir a bailar toda la noche. Aquella era la ocasión.
Zac se había sentado a su lado y quería monopolizar su atención. La música estaba tan alta que se veía obligada a inclinarse hacia él, con lo que no dejaba de rozar su cuerpo.
Zac empezó a tocarla ligeramente en el brazo, en los hombros, en las mejillas o en el pelo. Demi se sentía incómoda con la situación, pero no sabía qué hacer para librarse de él sin provocar una escena. Se alegró cuando Zac la invitó a bailar.
Al menos bailando no tendría por qué tocarla, no si bailaban del modo en que se bailaba en aquel lugar. Así que dejó que la condujera hasta la pista de baile. Pero una vez allí, la estrechó entre sus brazos.
-No, Zac -dijo queriendo apartarse de él. -No seas estúpida, Demi. Sólo estamos bailando. No estaban sólo bailando y él lo sabía. Después de algunas semanas, Zac había decidido dar un paso adelante para conquistarla. Si no lo detenía, entonces, sí sería culpable de traicionar a Joe.
-No -repitió Demi con firmeza, se soltó y se alejó de la pista.
No debía haber ido. Después de aquel beso, no debía haber ido. Zac la deseaba, pero ella a él no.
Ella sólo deseaba a Joe. Aquella certeza le dolía tanto que le daban ganas de llorar.
Zac fue tras ella hasta el vestíbulo principal. Ella se daba cuenta de que la seguía y se metió en una cabina telefónica para llamar a un taxi.
Como era Navidad, no pudo encontrar ningún taxi libre, todos estaban reservados.
Casi con desesperación llamó a su casa. Se le hizo un nudo en el estómago al escuchar la profunda e impaciente voz de Joe.
-Soy yo -dijo Demi con voz grave.
Se hizo una larga pausa. Sólo pudo escuchar la respiración de Joe al otro lado de la línea.
-¿Qué ocurre? -dijo él por fin.
-No puedo volver a casa. Es imposible encontrar un taxi ... ¿Qué hago?
Qué fácil había sido volver a ser la misma Demi de antes. La mujer indefensa que recurría a Joe para resolver cualquier problema. Lo único que tenía que hacer era sentarse y esperar que su marido encontrara una solución.
El silencio continuó. Demi agachó la cabeza; levantaba el auricular con fuerza, como si así estuviera más cerca de Joe.
-¿No te va a traer tu Romeo? -dijo Joe por fin.
-iNo es mi Romeo! ¡Y, además ... !
Repentinamente cambió de opinión. No quería darle a Joe el placer de oír que no quería ver a Zac Efron ni en pintura.
-No puedo decirle que se vaya en lo mejor de la fiesta sólo porque estoy cansada. ¿No puedes venir tú? -¿Y los niños? No querrás que los deje solos.
-h -exclamó, y volvió a sentirse como una estúpida No había pensado en ello. Al verse en problemas, lo único que había pensado era en llamar al hombre que podría solucionarlos.
-Vaya, ahora ella piensa que debería haber seguido mi consejo y contratar a alguien que los cuidara -dijo Joe burlonamente.
-Le diré a Zac que me lleve -replicó Demi.
La cuestión de contratar una chica para cuidar a sus hijos era un viejo punto de fricción entre ellos. Joe quería una casa más grande, una asistenta que limpiara y una niñera. Lo que a Demi le habría gustado saber era qué le quedaría a ella si Joe buscaba a otras personas para hacerlo todo.
-Llamaré a mi madre, vendrá mientras voy a buscarte -dijo Joe, cambiando repentinamente de opinión-. Supongo que la despertaré, y no creo que le guste, aunque no la culpo, pero ...
-Oh, no -dijo Demi-. No quiero que te molestes tanto. Zac me llevará -dijo y colgó sin dar tiempo a que Joe respondiera.
-¿No ha habido suerte? -dijo Zac, que estaba apoyado en la pared. Demi no podía saber si había oído su conversación con Joe, aunque, en realidad, le importaba muy poco.
-No -replicó--. Tendré que esperar a que haya algún taxi libre -dijo y se encogió de hombros para demostrarle a Zac que estaba dispuesta a esperar el tiempo necesario.
-Yo te llevo -dijo Zac