Bienvenidos

Mi nombre es Yesennia ... subo adaptaciones jemi en youtube pero aveces como son largas lo subo a este blog este es mi canal http://www.youtube.com/channel/UC93vtXRXWvbXxe_1js_HRJg/videos?flow=grid&view=0 ...
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sábado, 20 de abril de 2013

Return to paradise capitulo final - jemi en español



Nueve meses después.

Bienvenidos al Aeropuerto Internacional O'Hare de Chicago. Por favor, esperen hasta que el avión haya parado por completo antes de descender del avión.
Mi corazón late con tanta furia en el pecho que me sorprende que los otros pasajeros no pueden oírlo. Recojo mi mochila cuando se detiene el avión y rápidamente cojeo hacia el reclamo de equipaje, ignorando el dolor en mi rígida pierna.
Caleb no está aquí. Mi mamá si lo está, sin embargo. Ella corre hacia mí y me abraza firmemente. Lou está con ella, así que espero que sea una buena señal. Ella no lleva su anillo, pero la última vez que hablé con ella me preguntó qué pensaba de las bodas en invierno. Mi papá me visitó en España para Año Nuevo, e hizo un montón de preguntas. Creo que estamos en vías de recuperación, y aunque él nunca será un padre cariñoso, me alegro de que hayamos empezado a resolver las cosas.
—¿Tuviste un buen vuelo? —Lou pregunta—. Apuesto a que tienes hambre de una buena comida americana.
—Definitivamente estoy hambrienta de uno de los pasteles que prepara Irina en el comedor —le digo, y recibe una sonrisa como respuesta. Todo el mundo ama los pasteles de Irina, y he sido su degustadora desde que mi madre empezó a trabajar allí.
Cuando tenemos el equipaje y nos conducimos de camino a Paradise, mi mamá me pregunta si quiero levantar mi pierna. Yo le respondo, pero todo el tiempo en lo único en lo que puedo pensar es, ¿en dónde está joe?
El último correo electrónico que recibí de él, decía que se reuniría conmigo cuando volviera a casa. Eso fue hace casi tres semanas, sin embargo.
Es mucho lo que puede haber cambiado en tres semanas.
Me digo que estoy sobre pensando en las cosas. Uf, no puedo soportar el suspenso.
—¿Has oído hablar de joe? —pregunto, tratando de no sonar como que estoy desesperada por escuchar la respuesta.

—Él vino por la tarde y te dejó una nota en tu habitación —mi mamá dice.
Una nota. Las notas son malas. Las notas no pueden ser buenas.
—¿Te dijo algo cuando dejo la nota?
Mi madre niega con la cabeza. 

—No, sólo me preguntó si podía dejar una nota y me dijo que estaba bien. Estuvo en la casa menos de dos minutos.
Deseo que el viaje a casa no durara más de una hora. En el viaje de avión pensé en cientos de diferentes escenarios para nuestra reunión. Ninguno de ellos incluye una nota.
En mi casa, salgo del coche y entro en la casa después de que Lou insiste en llevar el equipaje arriba.
Arriba, mi habitación es la misma que dejé. Mi cama está hecha y en la parte superior de mi enorme edredón hay un sobre. En el frente, una palabra está escrita con el puño y letra de joe: demi.
Tomo el sobre con dedos temblorosos y lo abro rasgando el sello. Yo despliego la nota lentamente. Cierro los ojos y respiro profundamente, y luego vuelvo a abrirlos y leo lo que dice:
¿Recuerdas el viejo roble? Ve allí, y espérame.
¿Eh? ¿El viejo roble en el parque de Paradise?
Le digo a mi mamá que volveré más tarde. Ella no discute, probablemente porque estoy prácticamente fuera de la puerta antes de que yo termine mi oración.
Es de noche ahora, pero el parque no está muy lejos. Me dirijo al roble. Nadie está aquí, a excepción de una ardilla corriendo por la hierba.
Espero diez minutos, mirando el árbol y me pregunto por qué quería que esperara aquí y cuánto tiempo quiere que yo espere. Justo cuando estoy empezando a sentirme insegura, veo una silueta que corre hacia mí.
Reconocería a joe en cualquier lugar. Mi corazón se dispara.
—¡Demii!
Se pone de pie frente a mí, dedo del pie-a-dedo del pie, totalmente fuera de la respiración. Lleva pantalones vaqueros rasgados y una camiseta blanca manchada. Parece que no se ha afeitado en una semana, y su pelo está desaliñado.

—Lo siento mucho pero se me hizo tarde —él extiende la mano y pone los dedos en mi cabello, que es largo ahora yo no lo he cortado en casi un año.
—Te ves genial, demi. Diferente.
—Gracias —le digo—. Tú, también.
Volteo hacía arriba y pongo mis brazos alrededor de su cuello, sin importar que no me abrace. No quiero retenerlo. 
—Te extrañé —le digo.
Sus manos van alrededor de mi cintura y me aprieta junto a él. 
—Tengo tantas preguntas que hacerte. Pero primero...
Creo que vamos a besarnos, pero en cambio se saca algo del bolsillo y lo alza. Es un pañuelo.
—¿Qué es eso? —pregunto.
—Date la vuelta.
Frunzo una ceja.
—Confía en mí, demi.
Hago lo que dice. 
—Yo iba a darte un beso —le digo.
Suavemente posiciona el pañuelo sobre mis ojos y lo ata por atrás. 
—Lo harás. Te lo prometo... sólo espera.
No soy paciente.
Mientras estaba en España, mis sentimientos por joe crecieron infinitamente haciéndose más fuertes. Yo tenía amigos mi compañera de habitación y yo salíamos con ellos, pero ninguno de ellos me hizo temblar de emoción. Me emociono sólo de pensar en estar en brazos de joe nuevo.
—No puedo ver nada —le digo mientras atravesamos el parque y entro en un coche.
—Eso es más o menos el punto, corazón.
Avanzamos a través de calles sinuosas hasta llegar a una parada. Él abre la puerta y me lleva fuera del coche. Él se ríe entre dientes mientras pone sus manos en mi cintura y me empuja hacia adelante a quién sabe dónde.
—¿Dónde estamos? —pregunto, preguntándome cuánto tiempo pasará antes de que el suspenso se acabe.
—Lo sabrás muy pronto. Bueno, basta.
—¿Puedo quitarme la venda de los ojos?

—No. Todavía no —en un rápido movimiento, joe me recoge y me acuna en sus brazos.
Envuelvo mis brazos alrededor de su cuello por ayuda. 
—La última vez que me tenías así me sumergiste en el agua.
Camina hacia adelante. 
—Confía en mí, demi.
—Sí. Pero tengo que ser honesta y decir que hueles a un hombre sudoroso después de estar en el gimnasio.
—He estado trabajando. Te prometo tomar una ducha después de mostrarte algo.
Camina un poco más, y de pronto se detiene. 
—Muy bien, quita la venda de tus ojos.
Cuando lo hago, me doy cuenta inmediatamente de dónde estamos. En el mirador de la Sra. Reynolds. Todo el piso está cubierto de cojines y lucecitas parpadeantes contornean el perímetro. En la parte superior de los cojines hay miles de pequeños pétalos de rosa blancos y rojos.
—Es perfecta —le digo sin aliento mientras deslizo mis pies fuera de mis sandalias y camino sobre los cojines—. ¿Dónde están nick y Julio? —pregunto. Sé que Lou sacó la casa del mercado y casi lo considera un refugio para joe y sus amigos. Siempre y cuando sean útiles y no se metan en problemas, tienen un techo sobre su cabeza.
—Los mande a dormir fuera. Esta noche yo quería estar a solas contigo.
Trago, con fuerza. 
—¿Solos? —tengo pensamientos subidos de tono, que una chica no debería tener. Sonrío—. ¿En serio?
—Sí. Ha pasado tanto maldito tiempo que me temía que ibas a volver a Paradise y me dirías que no querías volver a verme.
—Tenía miedo de lo mismo de ti —lo reconozco.
Los dos nos reímos, y por alguna razón me hace sentir mejor que los dos seamos cautos y estemos nerviosos.
—¿Has visto a ashelly, Brian y su nuevo bebé recientemente? —le pregunto. Me dijo que ha estado saliendo con Brian y sus compañeros de secundaria en ocasiones.
—Sí. Es adorable, aunque yo tengo un sentimiento de que ashelly va a criarla como una pequeña diva.
—¿Cómo es su relación? —le pregunto.
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—Inestable, pero están intentándolo. La última vez que vi a ashelly, casi no me hablaba. Sospecho que se dio cuenta de que no la miro como la diosa que quiere que todos piensen que es.
—Bien.
—demi, quiero decirte algo —dice en tono serio, mientras se acomoda en los cojines de felpa.
Sacudo la cabeza.
 —No. Quiero decir lo que tengo que decir en primer lugar —esto no va a ser fácil. Puedo tomar una respiración profunda, recogiendo el valor de poner todo en la línea. Hay cosas que he frenado porque tenía miedo, pero aprendí algo en España este año. Uno de mis profesores decía que si te metes de puntillas en agua fría, estás perdiendo en la carrera de sumergirte de cabeza.
Me voy a hundir, sin preocuparme de las consecuencias. Miro a joe, a las luces brillantes, y los hermosos pétalos que nos rodean.
—He estado retrasándolo porque he tenido miedo. Puedes aplastar mi corazón como mi padre hizo con mi mamá. Tienes poder sobre mí —una lágrima se escapa de mi ojo—. Todavía te amo, joe. Caí enamorada de ti aquí en este patio trasero, y nunca deje de estarlo Además lo que siento no ha cambiado en nada en este año.
Joe mira a su alrededor, como si estuviera pensando en algo que decir, pero no sabe cómo ponerlo en palabras. 
Desde que nos quedamos encerrados en el ático de la Señora Reynolds, yo sabía que había estado perdiéndome de una chica que realmente se preocupaba por mí y no estaba absorta en sí misma. Yo estuve tan ciego durante tanto tiempo.
—¿Qué pasara cuando me vaya para la universidad en el otoño?
—Iré a visitarte cada vez que pueda. La U de I no está lejos —se toca la nariz—. Quiero besarte, pero tengo que tomar una ducha rápida primero —salta para arriba de los cojines, Joe empieza a caminar hacia la casa—. Sólo espera aquí... y no te muevas hasta que yo vuelva. Tengo una sorpresa para ti —dice con un toque nervioso a su voz.
Estoy confundida, pero prometo no moverme hasta que él regrese. Me recuesto sobre los cojines. Estoy de vuelta en Paradise con joe nuevo. Sé que está trabajando en la construcción y tratando de ahorrar para la universidad. Él puede hacerlo. Estoy segura de ello.
Él viene de nuevo diez minutos más tarde, completamente limpio. Su camisa expone sus músculos de los brazos, que son más grandes desde la última vez que lo vi. Estoy segura de que es por trabajar en la construcción todo el día.
Me mira con una expresión intensa. En el pasado, cada vez que lo sorprendía mirándome de esa manera, quería pellizcarme. Pensé que la única manera de que

Joe Jonas me mirara así, fuera porque estuviera soñando o se hubiera alterado el día.
No sé cuando ocurrió el cambio. Creo que fue después de que ashelly se quedara hasta tarde en su casa, hablando. Después, él me dijo que confiara en él y me pidió que fuera su novia.
Ese fue el momento.
La esquina de su boca se movió hacia arriba cuando me preguntó—. ¿En qué estás pensando?
—En ti.
—Espero que sea algo bueno.
Sonrío. 
—Lo es —doy una palmadita en los cojines. Todavía no nos hemos besado, y yo no estoy interesada en ser paciente ahora. De hecho, en este momento yo no tengo ningún problema en besar a un sudoroso, robusto y maloliente joe—. Ven y siéntate conmigo.
En vez de sentarse conmigo, él tiende la mano.
 —Tengo una sorpresa para ti.
Él me ayuda y me da lo que parece un control remoto.
—No me vas a volver a vendar los ojos, ¿verdad? —pregunto.
—No —él me lleva detrás del garaje. Apenas puedo ver la silueta de algún tipo de estructura grande. No puedo entender lo que es. De pie detrás de mí, me abraza, joe susurra: 
—Presiona el botón.
Cuando lo hago, las luces de toda la estructura parpadean... es el esquema de... 
—¿Un castillo?
Un castillo. Una versión más grande de aquel castillo en el parque.
—Yo estaba terminando los toques de última hora cuando tu avión aterrizó y perdí la noción del tiempo —dice joe.
No puedo creer que no lo había notado antes. No sé qué decir... 
—Es un castillo. No puedo creer que me hayas hecho un castillo.
Toma mi mano y me lleva dentro de la estructura. Hay más pétalos esparcidos por todo el piso de madera, que rodean un montón de almohadas y mantas en el centro.
—Esto es como el cielo —me quejo cuando miro hacia el cielo abierto por encima de nosotros. Es como cuando estábamos en el parque, pero esto es mejor. Esta vez no estamos huyendo de algo o alguien.

Joe se sienta en las almohadas.
 —El cielo, ¿eh?
—Definitivamente —estoy en shock cuando me hundo junto a él—. Esto es increíble, joe. ¿Lo has construido tu mismo?
—Nick y Julio ayudaron, pero yo lo diseñe.
Miro al chico convertido en el hombre que es el amor de mi vida. Yo tomo una pequeña caja de mi bolso y se la doy. 
—Aquí. Es un regalo que traje para ti.
Cuando él quita la parte superior y saca el contenido del interior, agrego, 
—Yo tomé una clase de joyería —saca la cadena de cuero y el colgante adjunto—. Es una espada —le digo.
Se ríe. 
—Puedo decir lo que es. Es realmente genial. Me gusta —él se la cuelga alrededor del cuello. Me gusta que él esté usando algo que hice para él.
—Simboliza la fuerza —le digo—. Me recuerda a ti.
En una decisión sorpresiva,joe se arrodilla delante de mí. Mi corazón casi salta de mi pecho.
Se aclara la garganta.
Toma una respiración profunda y endereza los hombros. 
—Muy bien, aquí está el trato. Fue un infierno apartarme de ti el año pasado. Todos los días había algo que me hacía acordarme de ti.
Tengo la cara entre las manos. Cuando de mis labios sale un susurro hacía él, le pregunto: —¿Crees que lo lograremos, joe? ¿Crees que va a durar?
—Hemos estado en el infierno y hemos vuelto. Lo vamos a hacer. Te quiero, demi lovato, y siempre será así.
—¿Me lo prometes?
Nos tumbamos sobre las almohadas, y él da pequeños besos suaves y lentos a través de mi cuello. 
—Confía en mí —susurra contra mis labios—. Demi, tú eres mi paraíso.

FIN


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Y termino !! Gracias Naty por estar ahi siempre conmigo !!
Esta fue una linda nove espero que halla sido de su agrado !!

Return to Paradise capitulo 27 - jemi en español


***
Demi
Cinco exhaustivas horas después estamos de vuelta en casa. Ellos soltaron a selena con una fianza de cinco mil dólares, así que estamos todos juntos. Estaba tan preocupada por seleena hoy, pero ella parecía estar bien con todo. Ella dijo que en realidad haber dicho la verdad finalmente la hizo sentir libre, lo que es raro porque ella quizá tenga que pasar algún tiempo en la cárcel. Damon dijo que iba a hablar con el fiscal, y tratar de convencerlo de no acusar a selena. La mamá de joe decidió volver a casa, así que todos están felices pero definitivamente en el borde.
Joe, Nick y Julio se mudaron a la casa de la Señora Reynolds al final de la semana. Joe y los chicos van a trabajar para el tío de él, quien posee una compañía constructora. Él dice que conseguirá su GED6 y pondrá su vida de nuevo en marcha. La noche antes de que me vaya a España, joe y yo caminamos por el parque y nos paramos debajo del gran roble. Nuestro tiempo juntos está disminuyendo a cada minuto, y estoy nerviosa. 

—Desearía que pudieras venir conmigo. Él da una corta risa.
 —Yo también.
—Antes de que te vayas, tengo que sacar algo de mi pecho —él retrocede, se pasa una mano a través de su cabello—. Escucha, en realidad estoy jodidamente
6General Educational Development (Desarrollo de Educación General) Examen ofrecido a personas que por diferentes razones no se han graduado de la secundaria y que necesitan el certificado equivalente al certificado de educación secundaria tradicional.
asustado porque tú te vas. Lo siento por maldecir, pero es verdad. Aunque sé que puedo seguir sin ti, maldita sea, no quiero. Me he acostumbrado a tenerte en mi vida, y no será lo mismo sin ti.
Mi corazón esta latiendo rápido, me estiro para sostener su mano.

 —Qué estás diciendo?
—Estoy diciendo que te amo,demi —me mira a través de sus claros ojos de cristal—, me estaba frenando y no quería decirlo, porque no quiero que pienses que lo digo como un truco para hacer que no salgas con otros chicos mientras estas en España.

—No quiero salir con otros chicos.
—Eso es lo que todas dicen, hasta que algún apuesto chico español se te acerca y te susurra alguna mierda romántica española en tu oído y te invita a salir.
Me rio. —No veo que eso ocurra.
—¿Y que si sí ocurre? ¿Qué tal si conoces a algún chico español y decides quedarte en España para siempre?
—Puedo decir lo mismo, joe. No sobre el asunto de quedarme en España, pero ¿Qué tal si tú conoces a otra chica mientras no estoy?
—No va a ocurrir —dice, repitiendo mis palabras.
Sé que no quiere forzarme a hacer un compromiso con él. La verdad es, que quiero ser libre este próximo año. Si podemos superar esto, sé que seremos lo suficientemente fuertes para durar para siempre si queremos. 

—Propongo esto —digo—, prometemos no buscar a alguien más, pero si pasa, pasa, y tenemos que ser honestos el uno con el otro sobre eso.
—Trato hecho. Ahora dejemos de hablar de eso antes de que decida convencerte de quedarte en Paradise.
—¿Qué es lo que quieres hacer? —pregunto—. ¿Besarme?
—Oh, sí. Quiero besarte.
Me jala hacia él y siento su cálido cuerpo contra el mío. Joe me hace sentir feliz, protegida y amada, todo al mismo tiempo. Me besa, sus suaves labios haciendo temblar a mi cuerpo completo de emoción. No puedo imaginarme nada sintiéndose así de bien.
—Esto es perfecto —le digo.
Él pasa dulcemente sus labios sobre los míos.

 —Está bastante cerca.

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Lindisimo cortito pero lean el ultimo el final !!

viernes, 19 de abril de 2013

unfaithful capitulo 14


Unfaithful

Capitulo 14

Se refería a sus. alusiones a las otras mujeres de Joe. Demi sintió una punzada en el corazón, pero se encogió de hombros.
-No, no me debes ninguna disculpa -replicó- Sólo fuiste sincero. Fuimos Joe y yo los que no dijimos la verdad. Buenas noches, Zac -añadió antes de que él pudiera decir algo más. N o quería hablar de aquella noche, no quería saber qué más estaba pensando-. Me lo he pasado muy bien, gracias.
Se dio la vuelta para abrir la puerta de su coche.
La voz de Zac la detuvo.
-Escucha -le dijo-, estoy pensando en dar un curso de caricaturas en esta facultad. Un día a la semana durante doce semanas. ¿Te interesaría asistir?
¿Le interesaba? Demi lo miró con suspicacia. Tal vez, se le acababa de ocurrir.
-No lo sé -respondió con vacilación- ¿Hay tanta gente interesada-como para que te merezca la pena venir aquí a dar un curso?
Zac sonrió cínicamente. Al fin y al cabo, era una celebridad, el curso rebosaría de gente.
-Te gustará -dijo- Te lo prometo.
Demi sintió un nudo en el estómago. La promesa de Zac implicaba más de lo que decía. En realidad, no había hecho ningún esfuerzo por ocultar que ella le gustaba.
El problema era: ¿quería ella alentar algo que podría llegar a ser muy peligroso?
La respuesta era «no». Su vida ya era bastante complicada como para complicarla aún más con un hombre como Zac Efron. Y era una pena, ciertamente, porque le atraía mucho la idea de volver a tomar un lápiz y un bloc de dibujo. -Cuando sepas si vas a dar el curso -dijo fInalmente-, llámame y lo pensaré.
-¿Zac Eforn va a dar clases en ese colegio universitario tan pequeño? ¿Y por qué iba a molestarse en venir a un sitio tan poco importante? -dijo Joe, frunciendo el ceño.
-A lo mejor porque le interesa -dijo Demi un poco ofendida por el desdén de Joe.
No le había gustado nada que saliera sin que él lo supiera, pero, al saber que fue con Zac Efron, se puso hecho una furia.
-¿Y cómo te enteraste de que daba esa conferencia?
-Por la Gaceta Local-replicó Demi-. ¿Has comido? -le preguntó cambiando de tema diplomáticamente- ¿Quieres que te haga algo?
-iNo! Lo que quiero es que me digas por qué saliste con Zac Efon ...
-iYo no salí con él! ¡Sólo fui a escuchar su conferencia –le dijo, porque había un abismo entre eso y salir con él- ¿Qué diablos estás intentando decir, Joe?-le preguntó comenzando a perder la paciencia-. ¿Qué hicimos todo lo posible por vemos a solas?
Joe se ruborizó, de modo que Demi supo que era eso exactamente lo que estaba pensando.
-Es muy capaz -dijo- ¡Le gustaste desde el momento en que te vio!
«Dios mío», pensó mientras una sensación de euforia se apoderaba de ella, «el invencible Joe Jonas tiene miedo de que su pequeña esposa esté pensando en echarse un amante».
-Eres tú quien no confía en nuestro matrimonio, Joe, no yo.
-Pero podrías hacerlo por venganza.
Y tú podrías volverte paranoico con tu sentido de culpabilidad. N o me metas a mí en el mismo saco -replicó Demi, y, una vez más, algo le decía que no estaba siendo completamente sincera.
-No digas tonterías, yo no estoy haciendo eso --dijo Joe, y se levantó para servirse algo de beber. -Entonces, ¿qué es lo que estás haciendo?
-Pues la verdad ... -dijo Joe, y suspiró con desconsuelo-, .la verdad es que no sé qué estoy haciendo -confesó-. ¿Vas a ir al curso?
-¿Vas a hacer de marido dominante impidiéndome ir si quiero hacerlo?
-¿Me vas a hacer caso si te pido que no vayas? -No.
-Entonces, no merece la pena que lo intente -dijo
Joe encogiéndose de hombros y luego salió del salón.
Demi se quedó allí sentada, furiosa y con una sensación de impotencia. Pero, sobre todo, con un intenso desamparo. Porque tanto si discutía como si hacía el amor con él, todavía se sentía desamparada cada vez que Joe se separaba de ella.
«Tu problema, Demi, es que llevas tanto tiempo viviendo para él que ya no sabes vivir para ti», se dijo y aquélla fue la razón por la que decidió asistir al curso cuando Zac la llamó para decirle que todo estaba preparado.
Joe no dijo ni palabra. Pero Demi supo su opinión cuando abandonó la casa un par de semanas después para asistir a la primera clase. Y cuando volvió, no esperó a que anocheciera para compartir la cama matrimonial, sino que, en cuanto apareció por la puerta la agarró de la mano y la llevó a la habitación. Sin embargo, después de hacer el amor, sintieron una amarga frustración, porque, aunque se precipitó con él en el ardiente camino de la sensualidad, Joe, de nuevo, alcanzó solo las puertas del cielo. Lo que no dejó satisfechos a ninguno de los dos.
Su talento para la caricatura emergió a lo largo del curso. Incluso Joe se rió con las que hizo de toda la familia.
Zac la animaba mucho. Nunca hacía ningún comentario personal en clase, pero después, cuando se dirigía con los alumnos a tomar algo al pub de al lado, siempre se sentaba a su lado. Demi trataba de ignorar el evidente interés de Zac. Quería aprender de su talento, y temía, si él se ponía demasiado insistente, verse obligada a abandonar sus clases.
Llegó diciembre y Demi se vio inmersa en los preparativos de las Navidades. Fue de compras muchas veces y se aprovisionó para preparar comidas adecuadas para la ocasión. La casa se llenó de actividad.
Joe estaba todavía más ocupado y más preocupado también. Su única concesión a la necesidad de Demi de ser considerada como algo más que su esposa era salir con ella regularmente. Iban al teatro, al cine, salían a cenar, a bailar. Demi se compró más ropa elegante, aunque normalmente seguía vistiendo como siempre. Mantuvo su corte de pelo porque le gustaba y porque era más cómodo que la melena.
Pero la tensión de su matrimonio se manifestaba en otros detalles. Se cansaba con facilidad, se irritaba por pequeñas cosas y, a veces, se echaba a llorar sin motivo aparente, lo que dejaba a su familia sumida en la preocupación.
Una tarde, su coche no arrancó cuando se disponía a ir a clase. Joe estaba en Liverpool y no volvería hasta muy tarde. Jenny estaba cuidando a los niños. Caía aguanieve y Demi contempló con desgana su casa, que acababa de abandonar, sabiendo que debía volver a entrar para llamar un taxi, pero sin la menor gana de hacerla.
Se sorprendió al darse cuenta de que contemplaba su casa como si fuera una especie de prisión.
Dio un profundo suspiro, se subió el cuello del abrigo y bajó la calle para tomar el autobús.
Llegó a la facultad calada hasta los huesos, con el pelo empapado y aterida de frío. Con una exclamación, todos los alumnos se precipitaron para ayudarla a secarse. Alguien le secó el pelo con una toalla de papel y otro le quitó las botas y los calcetines.
-¡Vaya! -exclamó alguien- La dama lleva calcetines de hombre.
Todos rieron, y lo mismo hizo Demi. Se sentía alegre y libre por primera vez en mucho tiempo. Tenía la blusa empapada. Zac le ofreció su suéter negro de lana. Se quitó la blusa y se lo puso mientras las demás mujeres' de la clase formaban una pantalla para protegerla de las miradas de los hombres.
Al final, sus ropas estaban por todos los radiadores de la clase y ella no iba vestida más que con la ropa interior y el suéter de Zac, que le llegaba por las rodillas.
Pero sus ropas seguían húmedas cuando terminó la clase, y cambiar el cálido suéter por los vaqueros y la blusa húmedos no le apetecía en absoluto. Cuando Zac se ofreció para llevarla directamente a casa, en lugar de ir con los demás a tomar algo al pub de enfrente, Demi leyó la expresión de sus ojos, pero, de todas formas, aceptó, ignorando lo que un timbre de alarma le decía en el interior de su cabeza.
Zac tenia un Porsche último modelo, que se deslizaba sobre la carretera mojada como si estuviera pegado a ella.
-Mmm -exclamó Demi con placer, cuando la calefacción del coche empezó a calentarle las piernas.

Zac la miró y sonrió. Demi tenía los ojos cerrados y una sonrisa en los labios.
-¿Mejor? -le preguntó.
-Mmm -volvió a murmurar ella- Siento que te hayas perdido tu cerveza.
-No importa --dijo Zac-. Prefiero estar aquí, contigo.
Demi sintió un escalofrío de alarma y abrió los ojos.
-En la próxima a la izquierda -dijo. Zac giró obedientemente.
-¿Qué le parece a Joe que vengas a mi curso todos los jueves? -preguntó con suavidad.
Demi se encogió de hombros. No quería hablar de Joe, tampoco quería ponerse en guardia contra Zac.
-Me da muchos ánimos -dijo e hizo una mueca.
En realidad, Joe odiaba que fuera a aquellas clases, y, como lo odiaba, ella le pasaba su interés por las narices. No dejaba de decirle quién le había hecho recordar su amor por el dibujo.
-Pero no has hecho ninguna caricatura de él, ¿verdad? -dijo Zac con calma- La has hecho de los demás miembros de tu familia, pero de él no.
-No creo que quede bien -dijo- Sigue recto después del cruce.
-¿Joe? -preguntó Zac con humor- Yo diría que es ideal, siendo como es un fiera en los negocios y un hombre tan normal en su casa. Si mezclas los dos, puede resultar algo muy divertido.
Demi no estaba de acuerdo. Ya no veía nada divertido en Joe. Tal vez un tiempo atrás, habría disfrutado haciendo de él una caricatura, pero ya no.
-Entonces, puede que algún día lo intente -dijo Demi, sabiendo que no lo haría- Aquí es. La casa blanca con el BMW aparcado a la puerta.
Así pues, Joe había vuelto. Demi tembló, pero no de frío.
Zac se detuvo al pie del camino de entrada. Apagó el motor y los dos se quedaron callados, escuchando el golpeteo de la lluvia sobre el coche. Zac se volvió para mirarla y Demi le devolvió la mirada.
-Bueno, gracias por traerme -dijo sin hacer el menor movimiento para salir del coche. Se sentía atrapada por la expresión de Zac, por el calor que hacía en el interior del coche, por la sensación que le provocaba la profunda mirada de su acompañante.
-Ha sido un placer -dijo él, ausente. No dejaba
-de observar a Demi, buscando en sus ojos algo que ella no estaba segura de estar mostrando. Entonces, se dio cuenta de que sí lo estaba mostrando, porque Zac se inclinó y la besó con dulzura en la boca. Ella no respondió, pero tampoco se apartó. Se estremeció y el corazón comenzó a palpitarle dentro del pecho, aunque no sabía si era porque estaba jugando con fuego o porque se sentía realmente atraída por él.
Zac le acarició la mejilla y el pelo sin dejar de besarla.
Luego le acarició los labios, pidiendo la respuesta de Demi. Pero al hacer eso, Demi se apartó, segura de que no era aquello lo que quería. Zac la dejó y se quedó observándola con un brillo en los ojos.
-Lo siento -dijo Demi con voz temblorosa.
-¿Por qué?
Demi no respondió, no podía. Lo único que quería era salir del coche. Buscó la manecilla de la puerta con una mano temblorosa.
-Tú has querido que te besara, Demi -murmuró Zac-. No sé qué es lo que piensas ahora mismo, pero recuerda que lo has deseado tanto como yo.
Las mejillas de Demi se llenaron de rubor, porque sabía que Zac tenía razón. Ella había querido que la besara, había querido saber qué se sentía al besar a otro hombre además de a Joe.
Pero, en aquellos instantes, se sentía como una estúpida, y furiosa consigo misma por permitir que hubiera ocurrido. Aquello animaba a Zac a pensar que había para él un lugar en su vida, cuando eso no era posible. En su vida, sólo había sitio para Joe. Él era todo lo que quería. Maldito fuera. Mil veces maldito.
Al correr bajo la lluvia hacia la puerta de la casa, se preguntó si Joe les habría oído llegar. Miró hacia las ventanas, pero no vio nada a través de las cortinas. N o la había visto besando a Zac, pensó con alivio. Estaría esperando que llegara en autobús, así que incluso si lo había oído, no habría asociado el ruido del coche con su llegada.
No estaba en el salón. Miró por la puerta entreabierta del estudio, pero tampoco estaba allí. Lo encontró en la cocina.
-Has vuelto antes de lo que esperaba ---'-dijo.
Joe le daba la espalda porque estaba haciendo té. Estaba muy atractivo con un suéter negro y unos vaqueros.
-Le dije a mi madre que se fuera a casa -dijo poniendo dos bolsitas de té en dos tazas- Estaba preocupada porque vio tu coche, pero tú no estabas por ninguna parte. Tendrías que haberle dicho que no ibas en tu coche.
-No arrancaba -le dijo-, así que tomé el autobús.
Lo siento, no pensé que fuera a preocuparse. Mañana le pediré disculpas.
Se hizo un silencio. Joe todavía no la había mirado. Estaba concentrado en la bandeja de té que estaba preparando. De repente, al ver la tensión de los músculos de su cuello, se dio cuenta de que estaba muy enfadado. Estaba tenso e hiciera lo que hiciese no la miraba.
¿La había visto besando a Zac? Con una sonrisa nerviosa exclamó;
-¡Estoy empapada!
Quiso tener un tono alegre, pero fue patética. Tenía un gran sentimiento de culpabilidad. Se sonrojó. Si Joe la miraba, se daría cuenta de que le ocurría algo extraño- Me voy a dar un baño caliente -dijo nerviosamente, luego añadió-: ¿Has ... has cenado? Puedo hacerte algo antes de que ...
-¡No! -exclamó Joe tan violentamente que Demi se sobresaltó.
Se mordió el labio, observando el evidente esfuerzo de Joe por controlarse. Cuando Joe levantó la vista de la tetera, aunque sin darse la vuelta, contuvo la respiración.
-No -dijo con más calma-, ya he cenado, gracias.
-Entonces ... -dijo Demi con vacilación, y salió de la cocina apresuradamente.
Los había visto, se dijo mientras llenaba la bañera, y se estremeció, aunque no supo si era por miedo, culpabilidad o simplemente satisfacción por haberse vengado, aunque sólo fuera un poco.
Se fue a la cama muy tensa y lista para enfrentarse a Joe en cuanto subiera.
Pero no subió. No subió en toda la noche.






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Maldito de Zac aish !!!
Bueno lo malo ya paso o eso creo ? jajjajajajjaja

Espero que les guste el capi es un capi especial ya que hoy es mi cumple !!

lunes, 15 de abril de 2013

Unfaithful capitulo 13 - jemi en español


Demi cerró los ojos. Al reconocer aquella voz, apoyó la cabeza sobre el hombro de Joe, que se había puesto rígido como una tabla. -Sabes que está casado, ¿verdad, querida?
...
Obviamente, Miley no había reconocido a Demi. -Lleva casado siete años, nada menos -prosiguió-. Con una chica preciosa, aunque un poco sosa que, en estos momentos, estará sentada en casa cuidando de sus tres hijos mientras su querido marido seduce a todas las mujeres que se le ponen por delante.
-A todas no, Miley -replicó Joe fríamente- A ti siempre me ha resultado muy fácil rechazarte.
¿Es que Miley había andado detrás de Joe?
Levantó la cabeza y vio la expresión cínica de Joey entonces, otro velo cayó de sus ojos confiados. Joe se dio cuenta y su mirada se ensombreció.
Siempre había aceptado que Joe y Miley no se llevaban bien, sin preguntarse por qué. Al saber la razón, se sintió muy mal.
-Los hombres siempre deben desconfiar de una mujer a la que han rechazado, -Joe -dijo Miley-. Después de todo, es una de nuestras pequeñas armas.
Y tú la has usado con sabiduría, ¿verdad? -repicó Joel-. Apuntando directamente al punto más débil.
-A propósito, ¿cómo está Demi? ¿Tiene la pobre alguna idea de lo pronto que has sustituido a Taylor?
Demi ya había oído bastante. Se separó un poco de Joe y se volvió para mirar ala que en otro tiempo fuera su mejor amiga.
A Miley se le mudó el color de la cara y, sin decir una palabra, se dio la vuelta y se alejó.
Tampoco Joe y ella hablaron al salir de club y andar hasta el coche.
-¿Cuánto tiempo? -le preguntó una vez en el interior del coche.
-Años -respondió Joe, avanzando entre el tráfico londinense.
-¿Y alguna vez se te pasó por la cabeza acostarte con ella? -preguntó Demi y observó que Joe apretaba el volante con fuerza. Aquella pregunta ofendía su dignidad, pero Demi tenía derecho a hacerla.
-No, nunca -respondió.
-¿Por qué no?
-Me deja frío.
-Entonces, ¿por qué no me lo dijiste?
-Porque confiabas en ella -dijo Joe, cruzando con ella una mirada sombría- Nunca oculté el hecho de que no me gustaba -le dijo.
-Pero tampoco hiciste nada para abrirme los ojos
-dijo Demi-. Bastaba una palabra, Joe, una sola palabra. Con decirme que me estaba utilizando para conseguirte, habríamos evitado la pequeña escena de esta noche.
-¿Sabiendo lo mucho que te habría dolido la verdad?
Sólo un canalla habría hecho algo así.
Al llegar a casa, se dirigió directamente a las escaleras, sin molestarse en ir a saludar a Jenny.
-Me duele la cabeza -le dijo a Joe, lo que no era mentira- Por favor, pídele disculpas a tu madre de mi parte.
Todavía no se había dormido cuando Joe entró en la habitación después de llevar a su madre a casa, pero fingió que lo estaba. Fue consciente de cada movimiento de Joe, que se metió en la cama desnudo, como de costumbre. Se acostó boca arriba, cruzó los brazos por detrás de la cabeza y se quedó mirando al techo, mientras ella yacía muy quieta a su lado. Deseaba con toda su alma que el destino los cubriera con un velo y borrara las últimas semanas de su existencia, como si nunca hubieran ocurrido.
Pero el destino no fue tan amable de responder a su súplica y siguieron allí acostados largo tiempo. La tensión era tan evidente que Demi empezó a sentirse sofocada. Entonces, Joe dejó escapar un suspiro y apoyó una mano sobre su cuerpo. Ella no pudo evitar volverse y echarse en sus brazos. Probablemente, necesitaba lo que iba a ofrecerle tan desesperadamente como él. Se amaron con un frenesí casi tan insoportable como el silencio anterior.
Taylor visitó a Demi una vez más, y justo cuando creía que, por fin, iba a liberar sus reprimidos deseos, se puso muy tensa, en el mismo punto que en las noches anteriores. Joe se dio cuenta y se quedó muy quieto viendo cómo luchaba contra los demonios que la amenazaban y luchaba con todas sus fuerzas. Cerró los ojos para contener las lágrimas, besó a Joe para detener el temblor de sus labios y apretó las manos sobre sus hombros para no estremecerse.
Cuando logró alejar a Taylor de su mente, pensó que había superado otro obstáculo. Luego, con un suspiro, besó a Joe. Fue un fracaso tan grande que ni siquiera se atrevió a pensar en él. 

-Demi-susurró él al penetrarla.
Susurró su nombre una y otra vez, como si quisiera decirle que había compartido con ella la batalla que acababa de vencer y que sabía que lo había hecho por él. Sólo por él.
Sin embargo, cuando estaban a punto de llegar al clímax y, aunque sus cuerpos se movían al unísono, sólo Joe alcanzó el orgasmo y ella se quedó al borde, sin llegar, sintiéndose perdida y vacía.

 Joe volvió a estar muy ocupado con la compra de una nueva empresa y tuvo que pasar muchas noches fuera, porque las negociaciones tenían lugar en Liverpool. Demi aceptaba sus excusas sin hacer preguntas, lo que dejaba a Joe tenso y lleno de frustración. Ella se quedaba en casa sentada, atormentándose con sospechas que bien sabía que eran injustas. Joe, a cambio, no le comentaba ninguno de sus negocios porque había decidido que no tenía por qué justificar ante ella todo lo que hacía. En pocas palabras, le estaba pidiendo que confiara en él. Pero Demi no podía, lo que sólo servía para poner su matrimonio en la cuerda floja. Y la vida se hacía más insoportable a medida que iban pasando las semanas.
Entonces, una tarde, cuando estaba hojeando el periódico local, que le enviaban semanalmente por correo, vio algo que le aceleró el pulso.
Aquella misma noche, Zac Efron daba una charla sobre su obra en una facultad de Arte que había cerca de allí. La entrada era libre.
Joe estaba fuera de la ciudad, pero, si su madre podía cuidar de los niños, ¿qué daño podría hacer a nadie si asistía a la charla?
En el fondo, sabía que sólo estaba cediendo a la necesidad de herir a Joe donde más le dolía.
La culpa la tenía él, pensaba para justificarse mientras aparcaba su coche en un sitio vacío delante de la facultad. No debía haberse mostrado celoso de una persona como Zac Efron. Sólo gracias a esos celos estaba allí.
Se sentó en la parte de atrás de la sala de conferencias.
No esperaba que Zac la viera, y en caso de verla, sería difícil que la reconociera, al fin y al cabo, sólo se habían visto una vez.
Pero sí la vio, y la reconoció al instante. Se acercó al estrado, miró sonriendo a la audiencia, la vio, se detuvo, volvió a mirarla, y logró que se sonrojara al sonreír tan abiertamente que todo el mundo se dio la vuelta para ver a quién concedía el orador su atención tan abiertamente.
Ella le devolvió una tímida sonrisa y se ocultó tras el cuello de su abrigo azul pálido con el deseo de desaparecer cuanto antes.
Pero, en cuanto Zac comenzó a hablar, volvió a relajarse. El ingenioso e inteligente discurso de Zac atrapó su atención. Estaba relajado y no dejaba de sonreír mientras contaba cómo se las arreglaba para captar las debilidades de sus víctimas.
En muchas ocasiones, sorprendió a Demi riendo con el resto de la audiencia. Al verla, le guiñaba el ojo. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan halagada.
Al terminar, Zac se acercó a ella, agradeciendo alegremente las muchas felicitaciones que recibía de los asistentes.
-Demi... -dijo estrechando su mano- ... me alegro mucho de que hayas venido.
-y yo me alegro de haberlo hecho -replicó ella, sintiendo de nuevo una gran timidez- Ha sido muy interesante.
-¿Vienes a clase a esta facultad?

-Oh, no -respondió Demi, sonrojándose ligeramente porque jamás habría esperado semejante pregunta. Luego pensó en el aspecto que debía tener, con unos vaqueros viejos, el abrigo azul y sin maquillaje.
No se parecía en absoluto a la mujer de su primer encuentro. Más bien tenía aspecto de estudiante. -Vivimos cerca de aquí -le dijo-. Me enteré de la conferencia en el periódico local y, siguiendo un impulso, vine.
-¿Tú sola?
-Sí -dijo Demi y se sonrojó aún más, sin saber por qué, ya que aquel hombre no podía saber que apenas salía- Joe está de viaje.
-Ah -exclamó Zac, y le dirigió una extraña mirada- ¿Te interesa la política?
-Más bien el arte, o las caricaturas. Aunque no lo creas, se me daban bastante bien -admitió con timidez-, antes de que tuviera que dedicar la mayor parte del tiempo a mis hijos.
Le dio un vuelco el corazón cuando se dio cuenta de lo que había dicho, ya que Zac creía que Joe y ella se habían casado hacía muy poco.
Zac frunció el ceño con desconcierto y ella se mordió el labio.
Por-suerte, alguien les interrumpió para hacerle algunas preguntas a Zac. Demi decidió que lo mejor era aprovechar la ocasión para marcharse, antes de que se enredaran más la cosas. Se metió las manos en los bolsillos y se dio la vuelta. Pero Zac la agarró por el brazo.
-No te vayas -dijo- Tengo que despedirme de los organizadores, pero si me esperas, podemos ir a tomar una copa.
Demi vaciló, presa de algo parecido a la tentación.
Tomar una copa, en un pub, con un hombre que no fuera Joe no era como cruzar el límite invisible que imponía el matrimonio. ¿O sí lo era? ¡La gente lo hacía continuamente! ¡Joe lo hacía continuamente! ¿Qué daño podría hacerle a nadie si aceptaba? ¿A quién le importaba que lo hiciera?
Probablemente a Joe, se respondió. Pero, inmediatamente, se olvidó de ello, ya que era mucho más fuerte su deseo de revancha. Además, Zac le caía bien, y estaba muy interesada en lo que hacía.
-Gracias -dijo-, me encantaría.
En aquel momento, fue Zac quien vaciló y dirigió a Demi aquella mirada pensativa que recordaba de la primera ocasión en que se habían visto. Luego asintió y le soltó el brazo.
-Cinco minutos -prometió y se marchó.
Demi se quedó debatiéndose con su conciencia. Disfrutó del rato que pasaron en un pub cercano.
El lugar estaba lleno, porque más de la mitad de la gente que había asistido' a la conferencia estaba en él. Zac y ella estaban en la barra, bebiendo una cerveza.
Le encantaba estar allí, relajadamente, hablando simplemente de persona a persona y no sólo como madre o esposa. Le gustaba la cordialidad de Zac, su modo de escuchar, tan atento, cuando ella le contó sus propias ideas, primero tímidamente y luego, con entusiasmo.
El nombre de Joe no apareció en la conversación hasta el momento de las despedidas.
-¿Cuánto tiempo lleváis casados Joe y tú, Demil?
-preguntó Zac.
Demi suspiró, sintiendo que el placer de la noche se desvanecía.
-Siete años -respondió-. Tenemos tres hijos, dos niños y una niña. Los mayores, Sammy y Kate son mellizos.
Zac sonrió, pero sin el menor asomo de humor.
-Creo que te debo una disculpa por la noche que nos conocimos -dijo.

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