Bienvenidos

Mi nombre es Yesennia ... subo adaptaciones jemi en youtube pero aveces como son largas lo subo a este blog este es mi canal http://www.youtube.com/channel/UC93vtXRXWvbXxe_1js_HRJg/videos?flow=grid&view=0 ...
/// Lovatica // Jonatica // nemi friendship// Jemi forever ///

sábado, 19 de enero de 2013

Dejar paradise capitulo 26 - jemi




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Casi finales ... Ultimos capitulos 
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1 Temporda 

Demetria

joe ni siquiera sabe que la Sra. Reynolds murió. Cuando lo vi en pasillo esta mañana, iba a decirle. Pero entonces atrape a joe y ashelly juntos.

Antes de que nuestra relación comenzara, podía entender. Pero yo creía que le gustaba lo suficiente para no necesitar a alguien más. Pensé que lo que teníamos era real. Puaj. No quiero pensar en ashelly Greene y su perfecto cabello rubio y sus perfectos y desvergonzados senos o la manera perfecta en la que camina. Pero no puedo evitarlo. Porque yo no soy perfecta.

Estar sentada en la oficina de la enfermera lo demuestra. Desde que joseph se quedó paralizado allí, sorprendido frente a las cicatrices en mi pierna, he estado muriendo por salir de aquí.

—¿Puedo regresar a clase ahora?

La enfermera de la escuela se inclina sobre mi pierna con guantes de hule, examinándola. Levanta la vista.

—¿Te duele?
¿Se refiere a mi corazón? —No. Está bien —le digo—. De verdad.
—Hay un poco de sangre aquí. Me preocupa que pueda haber daños internos.
—Es sólo una pequeña raspada —le digo mientras la mujer está poniendo antiséptico en una bola de algodón y frota la sangre de mi rodilla—. Se armó un gran problema por nada.

Yo sé por qué joe vino corriendo hacia mí y actuó completamente preocupado. Es porque se siente culpable de que yo escuchara detalles sobre su relación con ashelly. Drew sólo dijo la verdad, yo fui responsable de meterlo a la cárcel. joseph y yo nunca deberíamos haber empezado a hablar. Deberíamos haber seguido ignorándonos mutuamente en la casa de la Sra. Reynolds.
Porque si no hubiéramos hablado, no estaría tan unida a él.

Si no hubiéramos hablado, no lo habría besado y querido más. No lo habría dejado manipularme.
La enfermera Sandusky no se ve feliz cuando me bajo de la camilla y cuidadosamente bajo mi pantalón. Sin embargo no voy a sentarme aquí y ponerme de mal humor todo el día. Voy a levantarme y mantenerme en alto, ante joe, Drew, ashelly... y cualquier otro que decida ponerse en mi camino.

Cuando estoy vestida, doy un suspiro de alivio. Mis cicatrices están cubiertas. Entonces, ¿por qué me siento tan expuesta? Porque joe ha visto las cicatrices de las heridas que él puso en mi cuerpo.

Las cicatrices constantes que me hacen pensar en él y el accidente todos los días de mi vida.
Por desgracia tengo que pasar por la oficina de Meyer en mi salida. joseph está sentado frente al escritorio de la secretaria, con la cabeza hundida en las manos.

Como si supiera que lo estoy viendo, levanta la cabeza. Sus ojos me penetran como si estuvieran buscando calor o conexión. ¿Piensa que soy una tonta que quiere ser humillada? Aparto la mirada, espero que la enfermera me escriba un pase y salgo de la oficina tan rápido como puedo.

Como si el día no pudiera empeorar, ashelly y Hannah están caminando por el pasillo. No me han visto todavía. Me meto al baño de las chicas... ya he tenido suficiente por un día.

Me miro en el espejo del baño. Ojos de color avellana opaco, cabello que no ha decidido si quiere ser claro u oscuro, y una nariz que es demasiado grande para mi cara. En la cima de todos esos defectos, tengo una cojera.

¿Cómo pude alguna vez pensar que podía competir con la perfecta ashelly Greene?

La puerta del baño se abre rechinando. Me escondo en uno de los cubículos y pronto escucho a ashelly decir:
—No me los puedo imaginar besándose. ¿Puedes?
—Por favor, ashelle, no me hagas asquear. joe es, como, un tipo duro de Hollywood y demi es, como, una idiota total. Probablemente besa con sus labios completamente fruncidos y las manos a los costados.
—Exactamente. Deberías haberla visto esta mañana. Creí que iba a llorar en medio del pasillo.

Las dos se ríen.
Me quiero morir. Olvida mantenerme en alto, en el fondo soy realmente una idiota y una cobarde.
Me asomo por la abertura de la puerta. Hannah se pone lápiz labial mientras ashelly juega con su cabello largo y rubio.

—Él siempre te va a amar. Ustedes dos tienen un vínculo que no puede ser deshecho —dice Hannah.
ashelly deja de jugar con su cabello y se apoya en uno de los lavabos.

—joe le dijo a Brian que estaba interesado en salir con demi
—¿Por qué demi? ¿No es ella la persona menos probable para atraparlo? Él la golpeó con su coche, ya sabes. Y ella se aprovecha.
ashelly titubea.
—¿Qué? —pregunta Hannah.
—¿Has comprobado los cubículos?

Huy. Soy carne muerta. Equilibrarme en la tapa del inodoro con una pierna mala no es una buena opción.
La puerta de uno de los cubículos se abre rechinando. Oh, no.

Trato de mirar por la puerta, pero no quiero tropezar o hacer ningún sonido que les avise que estoy espiando.
—Ustedes dos son tan patéticas. Deberían haber revisado antes de empezar a balbucear sobre su patética vida.

Es Sabrina, mi prima.
—¿Qué has oído? —dice ashelly.
—¿Qué piensas? Lo escuché todo.
—Y te lo guardarás para ti misma, ¿no es así Sabrina?

Sabrina se pone las manos en sus caderas.
—No lo sé. ¿Por qué no dejas de difundir rumores sobre mi prima? Ella puede cojear, pero tiene más para admirar que ustedes dos juntas.

Las otras chicas miran fijamente a Sabrina como si le hubieran brotado alas, totalmente sorprendidas de que su seguidora finalmente demuestre que tiene mente propia

—Pon los pies en la tierra, Sabrina. No olvides que eras una perdedora y demi estaba en tu lugar hace un año. Sólo porque ahora eres amiga de Taylor y Danielle no significa que de repente eres la gran mierda.

Ella tiene razón. Yo no era agradable con Sabrina cuando estaba en la cima y ella luchaba por hacer amigos que no se escondieran en la biblioteca durante el almuerzo. Creo que las palabras de ashelly van a bajarle los humos a Sabrina, pero mi prima no vacila.

—ashelly, solía adorar el suelo que pisabas porque eras bonita y popular y tenías un novio que el resto de las chicas sólo soñaban que pudieran conseguir. Quería ser popular, ser como tú. Ahora sólo piensa que eres patética.
—Será mejor que tengas cuidado, Sabrina, o simplemente puede ser que te encuentres siendo una perdedora de nuevo tan rápido que tu cabeza dará vueltas —los ojos de ashelly son grandes y salvajes, y creo que si ella tuviera súper poderes habría fundido a

Sabrina con esa única mirada. Pero ella no tiene súper poderes. Hannah está de pie detrás de Kendra con el pulgar y el dedo índice en una “L” sobre su frente, dirigiéndola hacia Sabrina.

Mientras que Sabrina está dando la cara por mí y siendo amenazada, yo estoy escondiéndome como una cobarde. Mis manos están sudorosas. Me doy cuenta de que mi propio miedo me retiene. Observo a mi prima dando la cara por mí sabiendo que el resultado final no va a ser bonito. Siento el espíritu de la Sra. Reynolds dándome coraje.

Empujo la puerta del cubículo abriéndola ampliamente, el fuerte chirrido alerta a las tres de mi presencia.
La cara de Sabrina está tan sorprendida como la de ashelly y Hannah. ashellyemite una risa nerviosa, pero se recupera rápidamente.

—¿Es este, como, el baño designado para perdedoras y nunca tomé nota?
—Eres igual que tú prima —me dice Hannah—. Siempre vas a seguir los pasos de chicas como ashelly y yo.
Cojeo al lado de mi prima.

—Hannah, tú y ashelly lo tienen todo. Y sin embargo... ambas son caparazones vacíos, nada que valga la pena en el interior. No las seguiría incluso si eso significara la curación de mis piernas.
—Creo que el accidente dañó tu cerebro. —ashelly escupe las palabras como un dragón que escupe fuego sobre su enemigo.
Sabrina me está mirando en estado de shock. Sé que no he sido fuerte desde el accidente. Nunca doy la cara por mí misma y me concentro en mis defectos en vez de mis virtudes. Pasar tiempo con una mujer fuerte como la Sra. Reynolds debe haberme contagiado. Y pasar tiempo con joe en los últimos meses me ha hecho sentir atractiva y hermosa. Yo sólo... en el fondo no puedo creer que él me estuviera mintiendo. La admiración brillaba a través de las profundidades de sus ojos. Le temblaban los dedos cuando delineaba mis labios o tocaba mi cara. Un chico como joseph, que esconde sus emociones, no podría fingir las reacciones tan intensas incluso si quisiera.

ashelly sacude su cabeza y se burla de mí.

—Si joe te dio la menor atención es sólo porque sentía lástima por ti.
Estoy segura de que lo hizo... pero lo que compartimos fue mucho más allá de eso.
—No me burlaría si fuera tú —le digo a ashelly—. No se ajusta a tu cara.
Mi prima se vuelve hacia mí.

—¿joseph? No, no puede ser verdad. ¿Puede serlo?
Asiento.

—¿El Joseph jonas? ¿El hermano de selena jonas? ¿joe jonas? —ladeo mi cabeza hacia un lado y asiento un poco más.
La boca de Sabrina se abre y los ojos se salen de sus órbitas.

Como una onda de choque, me doy cuenta de que joe tuvo razón todo el tiempo. Ir a España era sólo una manera de escabullirme, una manera de escapar de la gente y una manera de olvidar el accidente por un tiempo. Pero el accidente ocurrió. No hay manera de olvidarlo. Y yo cojeo. Tengo que enfrentar el hecho de que nunca seré la misma de antes.

Está bien. Estoy bien. Tomando una respiración profunda, me doy cuenta de algo...
Me siento más fuerte y más viva que antes del accidente.

La puerta del baño se abre. La Sra. Gibbons entra al baño. Sus cejas se alzan cuando presencia nuestra pequeña confrontación.

—¿No se supone que todas ustedes están en clase?

Ninguno de nosotras responde. ashellyme está mirando, Hannah sigue mirando de ashelyy a mí y de nuevo a ashelly, Sabrina todavía tiene la boca abierta en shock, y yo no estoy revelando nada.

—Muy bien, entonces. Vamos todas a hacer un viajecito a la oficina del Sr. Meyer para que podamos llegar al fondo de esto.
—Me parece muy bien —le digo.
—A mí también —dice Sabrina, respaldándome. Le debo una gran disculpa por ser tan imbécil antes del accidente. A veces hay que alejarse de la multitud para ser una mejor persona. No siempre es fácil, eso es seguro. Pero es correcto. Y a veces hacer lo correcto se siente muy bien. Incluso si te hace terminar en un viaje a la oficina del director.

Los ojos de ashelly siguen escupiendo fuego.

—Lo que sea.
—Sí, lo que sea —dice Hannah, haciendo una imitación vergonzosa de su mejor amiga. Casi me siento mal por ella.
Todas seguimos a la Sra. Gibbons a la oficina. Sabrina me está mirando, con sus ojos muy abiertos.

—¡No puede ser! ¿joe jonas? —articula silenciosamente.

No es culpa de ashelly ser hermosa y bonita. Ni siquiera es culpa de joe sentirse atraído por ella. Eso ni siquiera importa.

Lo que importa es que no estoy acarreando sentimientos de odio y traición. Eso ha sido demasiado agotador. La Sra. Reynolds tenía razón.

No odio a ashelly.
No odio a selena.
No odio a joseph.

Me siento más fuerte que... bueno, ni siquiera puedo recordar cuándo. Lo único que sé es que me siento bien. No, mejor que eso.

Me siento fuerte.

Dejar paradise capitulo 25 - jemi (casi finales)


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Capitulos casi finales xD !!!

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Demetria


Tenía todo lo que quería y lo estropee. Joe me amaba, todo lo que tenía que hacer era mostrarle mis cicatrices para probarle lo mucho que confiaba en él y amarlo de vuelta.

Pero no pude. Algo me estaba jalando hacia atrás a mi coraza protectora.

Le dije a mi mamá que estaba muy enferma para ir a la escuela hoy, así que estoy acostada en la cama. El vestido que la señora Reynolds me compro está colgado en mi armario, un cruel recuerdo de la noche más romántica de mi vida. Gane a joe y lo perdí igual de rápido.

Cuando me llevo a casa y aparcamos, me dio una pequeña sonrisa y dijo que siempre habíamos sido amigos y seguiríamos siendo amigos.

Eso es lo más importante. ¿Verdad?

¿Entonces porque he estado llorando toda la mañana? Llame a la casa de la Señora Reynolds para ver cómo estaba después de anoche.

El señor Reynolds responde el teléfono.
—¿Hola? —dice con voz agitada.

—Hola, es demi ¿Está la señora Reynolds ahí?

El señor Reynolds no dice nada por un largo tiempo y en mi garganta se forma un gran bulto.

—Mi mamá murió esta mañana, demi.
—No —susurro mientras mi vida se viene abajo—. No puede ser verdad. Estábamos juntas. Anoche ella estaba bailando y riendo y…
—Ella estaba agradecida de tenerte en su vida —el dice—. Ella te quería como una nieta. Más que eso, ella te quería como a una amiga.

—¿Dónde está? ¿Estaba sola cuando murió?

El Señor Reynolds solloza. —Se la llevaron en una ambulancia. Ella murió cuando dormía, sin dolor. Su corazón ha estado mal por años, demi. Sólo era cuestión de tiempo.

Lágrimas resbalan por mis mejillas mientras recuerdo todo el tiempo que pasamos juntas estos últimos meses. Ella me enseño tanto sobre la vida.

—Los narcisos… ella nunca vera florecer los narcisos —le digo, ahogando mis emociones.
—Mamá adoraba los narcisos. ¿No es así?

No sé que mas decirle. La señora Reynolds pudo haber sido grande en años, pero todavía había tanto que había planeado. Invitarnos a mamá y a mí a cenar, ver los narcisos florecer en la primavera. Comiendo los pasteles de Irina.

—La voy a extrañar.
—Se que lo harás. Ella nunca quiso un funeral. Decía que eran sólo una excusa para que la gente deprimida haga charlas sin sentido.

Sonrió con nostalgia. —Eso suena a ella. Ella me acusó de eso ayer, lo que me recuerda… un vestido. Ella compro un vestido.

—¿El azul colgado en la silla del cuarto?
—Sí. Si ella va a ser enterrada… —no puedo siquiera sacar las palabras.
—Me asegurare de eso. Escucha, si quieres venir y tomar algo de la casa antes de que la vendamos, puedes hacerlo.
—No puede vender la casa… los narcisos, el mirador… todo lo que le importó en los últimos dos meses todo para nada.

En la tarde, mi mamá me conduce a la casa de la Señora Reynolds por última vez. Ella está sosteniendo mi mano mientras Lou nos saluda. —Toma lo que quieras, demi

En el cuarto de lavado, toda limpia y doblada, esta la muumuu.

La recojo y la aprieto contra mi pecho. Era la manera de protegerme de la Señora Reynolds, cubriendo mi ropa para que no me ensuciara.
—¿Puedo tener esto? —pregunto.

El Señor Reynolds luce sorprendido de que lo quisiera, pero dice:
—Hablaba en serio cuando dije cualquier cosa.

Hay dos cosas más que quiero. Me dirijo hacia la cocina y abro gabinetes hasta que lo encuentro. Mi mamá esta encogiéndose de hombros al Señor Reynolds, quien esta tan desconcertado como ella. —Tiene que estar por aquí en algún lado. Aja.

Abro uno de los cajones de la parte superior, y en un pedazo de viejo, manchado y rasgado papel de lino, esta la receta de sus galletas favoritas Snickerdoodle.

—¿Algo más?
—Una cosa más.

Mamá y el Señor Reynolds me siguen hasta el ático. Me dirijo al baúl y lo abro.
Sosteniendo un marco de foto, digo:
—Esto es lo último.

El señor Reynolds dice:
—Es tuyo.

Miro la foto de dos personas locamente enamoradas en su día de bodas.
Que los dos descansen en paz.


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Joseph

demi no asistió ayer a la escuela, y no la he visto en toda la mañana. Hoy me he pasado dos veces por su casillero, pero ella ha estado tan elusiva como un fantasma.

Durante el tercer periodo no logro concentrarme. Así que tomo el pase para el baño y salgo por la puerta. Pero no me dirijo directamente hacia el baño. Volteo la esquina y me dirijo por el corredor hacia donde sé que se encuentra su casillero. Me he convertido un acechador.

—¿Estás buscando a alguien, joe? —es ashelly, con su propio pase colgando de sus dedos—. ¿Tal vez a demi lovato?
—Deja de estar juagando conmigo, ashelly.

Ella destella una macabra sonrisa.

—No, en serio. Es solo que no logro entender que es lo que ves en ella.
—Nada —solo lo digo para quitarme de encima a mi ex—. No veo nada en demi lovato. Lo único que ella ha sido es una distracción por no poderte tener a ti. —la mierda fluye porque necesito proteger a _demi  y a selena a cualquier precio.

El sonido de alguien detrás de mí me hace voltear. Es demi. Ha escuchado cada una de las falsas palabras que han salido de mi boca. ashelly se escabulle hacia ella.

—¿joe, le has dicho a demi la verdad respecto el accidente?
—Ashelly. No lo hagas —digo en un tono de advertencia—. O le daré una pista a Brian sobre lo que ha estado pasando entre tú y yo.

Si ashelly tuviera garras, las tendría afuera y seria mortal.

demii cojea en mi dirección.

—¿Qué es lo que ha estado pasando entre tú y ashelly , joseph?

ashelly coloca las manos sobre sus caderas, lista para que comience la pelea.

—Sí, joecito. Dile cuanta veces hemos estado juntos desde que regresaste

¿Qué puedo decir? Quiero contarle la verdad a demi, voy a decirle la verdad.
Respecto a todo. Pero no aquí, no enfrente de ashelly. Ella no tiene nada que ver conmigo y con demi.

—Di algo —ordena demi, sus ojos están en llamas. Cuando no lo hago, ella me da una bofetada y se aleja cojeando.

***

Odio las reuniones de motivación. Así que me parece demente estar atrapado en medio de una el día de hoy, entre todos los días. Pero aquí me encuentro, en el medio de la multitud de atletas mientras las porristas guían al resto de la escuela para animar a todo el cuerpo estudiantil.

Como si un grupo de luchadores quisiera ser ―animado
. Pero los chicos tomarían cualquier excusa para saltar una hora de clase.
Meyer se para en el podio como si fuera el presidente de los Estados Unidos en lugar de ser el director de una escuela de un pequeño pueblo.

—Acomódense, todos. Acomódense —el lugar sigue estando ruidoso, pero es lo mejor que va a lograr y lo sabe—. Es el momento de conmemorar a los estudiantes que representan a las Panteras de Paradise en competencias deportivas.

La multitud se comienza a agitar, el piso del gimnasio vibra por el ruido.

—Tranquilícense. Tranquilícense. Esta tarde vamos a honrar a nuestros atletas. Cada entrenador subirá al podio y anunciara a cada uno de los miembros de su equipo. Vamos a comenzar con el equipo más grande… ¡Futbol!

Esto lleva a las porristas a un frenesí, pateando y haciendo volteretas por todo el gimnasio
—Levanten la mano cuando diga su nombre —dijo el entrenador de futbol—. Adam Albers, Nate Atkins, Max Ballinski, Ty Edmonds... —la lista sigue y sigue por lo que parece durar para siempre.

Estoy parado al lado de Brian.
—Viejo, esto es una tortura.
—Dímelo a mí —dijo él.

Pero cuando el entrenador Wenner sube al podio, los chicos del equipo de lucha de Paradise no están dispuestos a aceptar un puesto de atrás. Comienza un rugido detrás de mí.

—¡Wee-ner! ¡Wee-ner! ¡Wee-ner!

Los chicos están pronunciando mal el nombre del entrenador a propósito. Apuesto que Wenner ya está planeando cuantas lagartijas extras hará el equipo para pagarle por eso.

El resto de la escuela se une, aunque los profesores están tratando de ponerle fin al más mínimo grito.

—¡Wee-ner! ¡Wee-ner!
—Está bien, jaja, muy gracioso. Ya se rieron, ahora vamos a hacerlo —dice el entrenador—. Andy Martinez, joe jonas, Max Ren, David Poys...

Aunque nuestra escuela es pequeña, lleva un buen rato pasar por todos los nombres.
Finalmente, después de haber estado una hora atascado en este caluroso gimnasio, Meyer vuelve al micrófono y nos despacha a
nuestro tercer periodo. Tratar de salir es como una escena de un levantamiento colectivo. Todo el mundo esta tan ansioso como yo por escapar. Pero me quedo atrás.

Escaneo las tribunas. Mi hermana está mirando hacia abajo, ignorando todo excepto las escaleras. demi está parada con el resto de la multitud empujando entre ellos tratando de salir. Parece tan frágil parada allí, como un pájaro rodeado por una estampida de elefantes.

Hay algunas sacudidas y empujones. Dos alumnos de tercer año están peleando. Y es justo donde demi está parada.

—¡demi, cuidado! —grito, pero ella no alcanza a escucharme. No se da cuenta de la conmoción que hay tras ella, pero soy muy lento y hay mucho ruido. El tipo es golpeado en dirección a demi, quien tropieza tres pasos y cae sobre sus rodillas.

—¡demi! —grito, empujando a la gente fuera de mi camino para poder llegar hasta ella. Finalmente la alcanzo y me arrodillo a su lado—. ¿demi, estás bien?

Ella pestañea, parece como si estuviera mareada y se sienta.
—demii, demi, demi —La multitud comienza a canturrear.
Miro a la multitud y grito.

—¡Callen esa boca de mierda! —pero nadie me escucha. Agarro el codo de demi. Ella trata de soltarse pero yo la aprieto—. ¿Estás bien? —le pregunto una vez que ella se encuentra en pie. La mayoría de los chicos han parado de gritar su nombre, pero algunos idiotas siguen sin tener nada mejor que hacer.

Drew me agarra del hombro y me hecha hacia atrás.
—joe, ¿por qué la estas ayudando? La perra es responsable de haberte puesto en la cárcel.

Yo tomo mi puño y golpeo justo en el rostro de Drew. Él se me viene encima y estamos uno sobre el otro, puños volando, hasta que Wenner y otro entrenador nos separan.

—¿Dónde está demi? —pregunto yo.
Wenner me mira como si yo estuviera loco.

—En la enfermería.
—Tengo que verla.
—La única cosa que vas a ver es la oficina del director, jonas. ¿Qué es lo que te pasa?

Soy escoltado a la oficina de Meyer. No tengo opción, ya que Wenner me tiene clavadas las muñecas a la espalda.
—Espera aquí por el Sr. Meyer —ordena el entrenador.

Pero tan pronto como él deja la oficina, yo salto sobre el escritorio de enfrente y abro la puerta de la enfermería. Los pantalones de demi están enrolladlos justo por encima de sus rodillas.

Mi mirada se enfoca inmediatamente en sus cicatrices.

Las furiosas líneas de donde los doctores debieron haberla cocido están rosadas y su pierna luce como si un animal feroz la hubiera arañado. Por su rodilla, donde está el grupo más grande de marcas, creo que tiene un injerto de piel, porque es más oscura y no concuerda con el resto de su suave piel color marfil.

Apartando la vista de su pierna, levanto la mirada en dirección a ella. —Lo siento, demi —digo.
Su expresión es severa, sus ojos cerrados.

—Vete, joseph.
¿O quieres tomar una foto para poder mostrársela a ashelly? Así tendrían los dos algo de que reírse.

martes, 15 de enero de 2013

dejar paradise capitulo 24 - jemi


Joseph


Me apresuro hacia el coche para abrirle la puerta a la Sra. Reynolds. Le extiendo mi mano para ayudarla a salir del coche. —Está caliente —le digo.

Ella me da una palmada en la mejilla y le dice:
—Si yo fuera sólo sesenta años más joven, hijo mío.
—¿Hizo lo que le dije? —digo cerca de su oído. Ella resopló—. Tuve que decirle a demi  una ridícula frase que se me ocurrió.

La Sra. Reynolds y yo somos compañeros en el crimen de esta noche. El quiosco se ha terminado. Mi trabajo aquí ha terminado. Estuve con la anciana que demi cuida alrededor de la ciudad hasta las seis. He estado planeando en mi cabeza esta noche juntos durante una semana. Una noche perfecta.
Cuando doy vuelta y cojo la vista de demi, estoy condenado al fracaso. Y sin palabras.

La Sra. Reynolds dice: —No pongas esa cara asustada, joseph. No se ajusta a tu cara.
demi se acerca a mí, con el vestido mostrando las curvas que recientemente había soñado.
—El mirador se ve muy bien —dice.

No puedo ver lejos de ella. Demonios, no puedo quitar mis ojos de ella. Estas dos mujeres son probablemente mi gracia salvadora.

demi  se sonroja, y luego se desliza para reunirse con la Señora Reynolds en el mirador.

He puesto una mesa dentro del mirador con tres platos de comida, cortesía de mi jardín reservado y del Restaurante ―Pequeña Italia
. He añadido un calentador pequeño para mantener el quiosco caliente, y un radio portátil con la reproducción de música suave en el fondo.

Después de tirar una silla para demi, tiendo mi mano a la Sra. Reynolds.

—¿Quiere usted bailar, Señora?

Ella se ríe, pero me toma de la mano y tiro de ella en un giro depositándola en mis brazos. Ella grita. —joseph, por favor. Soy una señora de edad. ¿Dónde está mi bastón?

—Pensé que a las señoras mayores, les gustaban los hombres más jóvenes —bromeo, y bailamos
lentamente hasta que la canción se ha terminado.

Le llevo a su silla y la dejo ahí. —Lo mejor es mirar lejos de él, demi. Él es peligroso —hago una mueca de dolor cuando me agacho para sentarme.

—¿Qué está mal? —demi pregunta.
—Nada —le digo después de que todo el mundo se ha servido. Tomo una cucharada de la sopa y miro hacia arriba. demi no me lo compraría. Ni la Sra. Reynolds—. Vale, vale. Competí en una lucha hoy por invitación. No es gran cosa.

—Yo no sabía que te habías unido al equipo.
—Fue una cosa de una sola vez. Me parece.

La Sra. Reynolds termina su sopa y ondea la cuchara hacía mí. —Es posible que tenga una costilla rota.
—Estoy seguro de que es sólo una magulladura —digo, tratando de tranquilizar tanto a ella como a mí—. Justo antes de cubrir a Vic en la segunda ronda, me tiraron al suelo y tomó un período de cinco puntos.
He ganado la pelea, pero el entrenador aún así me mando al infierno por jugar sucio la primera ronda.

—No puedo esperar hasta ver los narcisos —demi dice, con los ojos brillantes con las velas brillando sobre ellos. Mis manos están húmedas por el nerviosismo, no tengo idea de por qué—. Vas a tener que tomar una foto para mí y enviarla a España.

Todavía no puedo creer que ella se vaya. Justo cuando me enamoré de ella.

—Hablando de España... —la Sra. Reynolds tiene las manos en un sobre—. Disfruta de tu viaje, pero siempre recuerda de dónde vienes.

demi pone un vaso lleno de agua frente a ella.
—¿Quién puede olvidar el Paradise?
Chocamos nuestros vasos.

Después de comer, abro las cajas de Irina, la chef de la tía Mae. Como puedo coloco las tartas en frente de demi y la Señora lovato, jurarías que se pusieron de acuerdo por las expresiones en sus eufóricos rostros. Todos tomamos un tenedor y probamos.

—Este ha sido el día más magnífico de mi vida desde que Albert murió, descanse en paz. Gracias a ambos. Pero estos huesos cansados necesitan un descanso.

—¿Estás bien? —demi pregunta, la preocupación marca su voz. Los dos nos levantamos para ayudarla.

—No, ustedes dos siéntense y disfruten. Sólo necesito descansar un poco.
Independientemente de que la anciana está renegando. demi la lleva al piso de arriba mientras yo limpio los platos.
—¿Ella está bien? —pregunto cuando demi vuelve al exterior.

—Creo que sí. Ella fue al doctor ayer. Él quiere hacerle algunas pruebas, pero es demasiado testaruda para ir.

Puedo ver a demi. Dios, cualquiera que esta con ella se ve infectado por su humildad y honestidad.
—¿Bailamos?

—No puedo —dice—. No con mi pierna...

Tomo su mano en la mía y la conduzco de nuevo al quiosco. —Baila conmigo, demi —la insto poner un brazo en mi espalda y la acerco a mí.

Nos domina de la música. Poco a poco se relaja en mis brazos. —Nunca imaginé que sería así —dice ella en mi pecho.

Cuando la pierna le empieza a doler, hago lugar en el suelo y nos acostamos el uno al lado del otro.
—¿Qué viste en ashelly? —se pregunta.

Caray, ni yo lo sé. —Ella era muy popular y bonita. Alguien con quien todos los chicos querían salir. Solía
mirarme como si yo fuera el único hombre que pudiera hacerla feliz —ella se sienta—. Muy bien, ahora sueno como un idiota —yo era uno.

Se acuesta a mi lado, utilizando mi brazo como almohada.

Vemos las velas quemándose una por una. Cuando sólo hay una vela a la izquierda, la beso suavemente en los labios trazando sus curvas con las manos hasta que tengo el aliento débil.

—Déjame ver tus cicatrices —digo cuando estamos los dos jadeando y tratando de aspirar de nuevo. Hago uso de la orla de su vestido en mi puño y deslizo lentamente el material hacía arriba.

Ella toma mi mano con la suya y alisa el material hacia abajo. —No.
—Confía en mí.
—Yo... no puedo —murmura—. No con mis cicatrices.

Sus palabras me golpearon como el azote de una puerta. Porque aunque ella piensa que ella me perdonó, aunque hizo promesas de perdón, incluso si ella me besa como si yo fuera su héroe, finalmente se da cuenta que no puede superar su ira en su interior. Y nunca va a confiar en mí.

Me acuesto de nuevo, totalmente frustrado, y poniendo mi brazo sobre mis ojos. —Esto no va a funcionar, ¿verdad?

demi se sienta. —Estoy tratando —dice ella, con su voz llena de pesar.

Quiero decirle a demi que no soy el responsable de lastimar a su pierna, pero no puedo.
¿Qué pasa si selena estaba en lo cierto? No puedo dejar que mi hermana vaya a la cárcel cuando ya he pagado por su error. Estoy comprometido a vivir con esa culpa para siempre.


La noche del accidente, se suponía que debía llevar a casa a selena. Pero yo estaba demasiado borracho y enfurecido por las acusaciones de demi. Que quedarme con ashelly y asegurarme de que no se fuera a casa con otro individuo fue más importante que cualquier otra cosa. Mi maldito ego. No tenía idea de que selena se llevó mis llaves hasta que ella volvió a la fiesta despotricando como loca acerca de un accidente.

El resto, como dicen, es historia. 

DEjar paradise capitulo 23 - jemi



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Joseph

Yo dije que Vic iba a pagarlo, pero no sabía cómo hacerlo... legalmente. Es decir, hasta que ayer mientras estaba hablando con los chicos en el almuerzo me dijeron que Vic competiría hoy con su escuela en nuestro torneo de lucha. 

Soy oficialmente un luchador de Paradise Panther ahora. Y sólo tengo que vencer a cuatro chicos hasta que esté cara a cara en la colchoneta con Medonia. Como yo sospechaba, nosotros estamos todavía en la misma clase de peso. Creo que es lo que le pasa a los chicos que consumen esteroides en grandes 
cantidades. 

Estoy en el vestuario con el resto del equipo, preparándome para el partido. 
—Joseph , te ves como si estuvieras a punto de matar a alguien —me dice Brian mientras estoy saltando a la cuerda para calentarme. 
—Él está en la zona —dice Drew—. ¿No es así? 

No respondo. El entrenador Wenner me detiene y me da una palmadita en la espalda. —No has estado practicando, jonas. ¿Seguro que estás listo? 

Puse mi protector bucal —Si entrenador. 
Gano mis dos primeras peleas inmovilizándolos en el primer minuto. El tercer encuentro me llevó un poco más. Creo que lo inmovilicé en noventa segundos. 

—Nick estás que te sales —grita Tristán mientras está tapando un sangrado por la nariz de su pelea anterior. 

Yo me enfoco mientras ellos me llaman y Medonia sube a la colchoneta. No puedo esperar para quitarle esa sonrisa de suficiencia de su cara. 

—¿Cómo está tu novia? —pregunta. 
—Mejor que la tuya cualquier día. 
—Ella está lisiada jonas. 
—Tú serás el cojo después de esta pelea. 

El árbitro coloca las manos entre nosotros. —Juego limpio, chicos. 
Cuando la pelea comienza, yo lo empujo con todas mis fuerzas hasta que cae. Desafortunadamente, él rueda fuera de la colchoneta y el árbitro toca el silbato. 

—Precaución, Panthers. Punto para Fremont. 

La siguiente vez que comenzamos, Medonia lo hizo lentamente. Me moví fuera de la colchoneta cuando la competencia inició y Medonia paso volando junto a mí. El árbitro toco su silbato. 
Cuando la pelea comienza otra vez, tengo una advertencia más por el control ilegal que terminó con mi codo en la cara de Medonia. 

Una advertencia más y estaré descalificado. 

Suena el silbato, y el árbitro dice en voz alta, —Tenemos a un Fremont sangrando profusamente. Dos minutos de descanso. 

El entrenador Wenner viene hacia mí, sus ojos llameantes. 
—¿Qué estás haciendo? Mi equipo no juega sucio, jonas. Ahora, o sales ahí y tratas de ganar ese juego o lo pierdo por ti. ¿Cuál escoges? 

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Demetria

La señora Reynolds va ser la muerte para mí. Ella está decidida a ponerme al volante de su negra monstruosidad guardada en el garaje.

—Es un clásico —dice la Sra. Reynolds, con la barbilla en alto mientras la puerta del garaje se abre y se revela el Cadillac.
—Yo… yo realmente no estoy lista para conducir todavía —digo—, pero usted puede conducir y yo me montaré en el lado del pasajero.

La Sra. Reynolds abre la puerta del pasajero y se desliza en el asiento.
—Cariño, mis ojos no pueden ver a más de dos pies en frente de mí. Vamos, ahora. Estamos perdiendo tiempo.

Ella baja su mano por la ventana, las llaves colgando de sus dedos. Ella bate los dedos, las llaves tintinean unas con otras.

Estoy jadeando y resoplando mientras deslizo las llaves de su mano, esperando que ella entienda la indirecta. Ella no lo hace. Abro la puerta del lado del conductor y me deslizo en el asiento delantero. Wow. El cuero blanco es suave, y la parte posterior del asiento es tan grande como un viejo sillón reclinable Lay-Z-Boy. Miro por la ventana del frente. El capó es ancho y tiene ese brillante símbolo de Cadillac.

Me vuelvo a la Sra. Reynolds, que tiene su pequeño bolso perfectamente apretado en su regazo, lista para salir. Hacer sentir a la señora orgullosa de mí sería tan magnífico. Pero… no estoy lista. Eso creo.

—No puedo hacer esto —le explico, esperando a que ella lo entienda. Ella no está atendiendo nada. Solo por la severa mirada de su cara, lo sé.
—demi, mete la llave en el encendido —lo hago.
—Ahora gira la llave y arranca el auto —giro la llave.
—¿De qué tienes miedo, cariño?
—De golpear a alguien. Estar en un accidente —trago.
—Esta parte de ti tiene que cambiar, lo sabes. Estar asustada de asumir riesgos es mucho más espeluznante que estar haciendo cosas que te reten
—No he conducido desde el accidente.
—Es hora de que lo hagas, entonces —sacudo la cabeza—. Retrocede despacio para no golpear la valla —la Sra. Reynolds se voltea hacia el frente y abrocha su cinturón de seguridad.

Abrocho el mío también. No tengo ni idea de por qué la señora me hace hacer cosas que no quiero hacer.

Es como si ella tuviera poder sobre mí.

Tomo un respiro profundo, presiono mi pie sobre el freno, y pongo el auto en reversa. Poco a poco suelto el freno, retrocedo y me aseguro de que todo está limpio para retroceder a la calzada.

—Cuidado con el buzón de correo —aconseja la Sra. Reynolds.

Estamos a salvo en la parte inferior de la calzada y yo retrocedo hacia la calle. Estoy tratando de convencerme a mí misma de no tener un ataque de pánico, pero no creo que esté teniendo demasiado éxito. Una parte de mí está emocionada por volver a manejar y sacar el miedo de mi vida, por el otro lado quiero poner el auto en el estacionamiento y cojear a casa. Oigo la voz de joseph dentro de mi cabeza, empujándome a hacerlo.

La Sra. Reynolds me da una palmadita en la rodilla. —Bien hecho, demi

Con ese voto de confianza, puse el auto en inicio y lentamente conduje por la calle.

Mis pies no están acostumbrados a los pedales y es muy difícil parar y acelerar demasiado rápido. —Lo siento —le digo después de haber llegado a una señal de alto y la Sra. Reynolds se sacude hacia adelante.
Ella se aclara la garganta. —No hay problema. Vamos a tomarlo con un poco más de calma con el acelerador y el freno, ¿bien?

—Uh, seguro —pero cuando es mi turno de cruzar la intersección, quito el pie del freno y presiono suavemente el acelerador. Empujo un poco porque no quiero que la Señora Reynolds se sacuda hacia adelante.

Pero ahora estoy haciéndolo peor. Ups. —Usted probablemente sería una mejor piloto, aún con sus problemas de visión —digo seriamente.

—Yo podría estar de acuerdo contigo, querida. La próxima vez intentaremos eso, recuérdame tomar
algo de Dramamine para el mareo.

Le doy una mirada de soslayo. —Usted luce como si fuera a estar enferma.
—Sólo mira a la carretera, no a mí —ella ordena—. Mi aspecto enfermizo no tiene nada que ver con tu forma de conducir.

Ella me dirige a un lugar llamado Monique’s. Éste tiene hermosos vestidos en el mostrador. En el momento en que llegamos allí mis nervios han pasado de sobre estimulados a marchar lentamente. Sigo a la Sra. Reynolds a la tienda. Vestidos de todos los colores y diseños están colocados en los bastidores de la tienda.

La Sra. Reynolds pasa sus dedos sobre un vestido corto, de seda azul claro.
—¿Sabes cómo detectar el material de calidad?

Levanto mi mano y recorro el tejido suave con mis dedos. —Nunca he prestado atención a las telas.
—Cada tejido tiene su propia personalidad, al igual que mis narcisos. Para algunos, la suavidad y el peso importan. Para otros, es la forma en que se mueva la tela… y no puedes descartar los colores vibrantes.
—¿Cómo sabe tanto?

—Cariño, cuando estás tan vieja como yo, sabes más de lo que quisieras saber.
Una mujer que trabaja en la tienda viene a nosotras, vistiendo un pantalón color ciruela y el cabello rubio bien peinado y rizado en las puntas.
—¿Puedo ayudarlas, señoras?

—Estamos buscando un vestido —dice la Sra. Reynolds, entonces apunta hacia mí—. Para esta jovencita.

—¿Para mí? —digo, siguiéndola mientras la señorita nos conduce a través de la tienda.

La Sra. Reynolds se detiene y se vuelve hacia mí. —Necesitas algo para darle vida a tu guardarropa, demi. Todo lo que vistes es sólido, y para ser completamente honesta, la ropa es un poco grande y casual.

Miro mis pantalones de algodón y mi camiseta gris. —Son cómodas.
—Y totalmente apropiadas para descansar en casa. Pero vamos a tener una cena esta noche y quiero vestirte. Considéralo un regalo adelantado de navidad.

La vendedora nos lleva a un stand con vestidos de coctel cortos. —Estos acaban de llegar de Europa. Es una nueva mezcla de seda/lavable.

La Sra. Reynolds desliza el vestido de seda, de color verde azulado entre sus dedos. —Demasiado rígido. Está acostumbrada al algodón, así que me gustaría una tela más suave.

—Yo no me pongo vestidos cortos —les digo.
La mujer nos lleva a la otra esquina de la tienda. —¿Qué tal una mezcla de algodón/lana?
La Sra. Reynolds sacude la cabeza —Demasiado caliente.

—¿Rayón?
—Demasiado pegajoso.

Yo esperaba que la señorita estuviera frustrada, pero ella sólo puso su mano en su barbilla, pensando. —Puede que tenga algo que les guste en la parte de atrás. Esperen aquí —ella va a la parte trasera de la tienda y sale un minuto después con un vestido amarillo colgando de su brazo. Se lo tiende a la Sra. Reynolds, y dice—: Es de Suecia. Un nuevo proveedor nos lo envió para su evaluación.

La Sra. Reynolds ojea el vestido, a continuación, frota el borde de la tela entre su dedo pulgar e índice.
—Amo la tela, pero el color es atroz. Ella se vería como un limón agrio en esto.

—Viene también en color ciruela. Voy a buscarlo.
—Es un tono hermoso —digo cuando ella saca el vestido de color ciruela. Me lo pruebo en el vestidor.

Éste tiene tirantes delgados y escote recogido. El centro está ajustado en la cintura antes de que las ondas del material caigan y paren justo encima de mi tobillo. Cuando camino delante del espejo difícilmente puedes notar que cojeo.

La mujer sonríe cuando modelo para ellas. —Creo que tenemos un ganador.
La señora Reynolds chasquea sus labios. —Es perfecto. Vamos a llevarlo.
—Tienes una abuela muy generosa —la vendedora me dice.

Miro a la Sra. Reynolds, que está al otro lado de la tienda, mirando otro vestido. —Lo sé. Yo no podría haber elegido una mejor.

Cuando regreso al vestuario para quitarme el vestido, la señora Reynolds me detiene. —Mantenlo puesto, demi. Vamos a ir a cenar de aquí y no tendrás tiempo de cambiarte

—¿Qué vestido se está probando?
—Las ancianas no necesitan vestidos nuevos. Ahora deja la charla y vamos a seguir adelante.
Puse mis manos en mis caderas ceñidas en color ciruela. —Yo no voy a dejar esta tienda hasta que usted también compre un vestido nuevo.

La boca de la Señora Reynolds se abre en estado de shock. —No ponga ese gesto de asustada, abuela —digo, copiando su famoso dicho—. No se ajusta a su cara.

Su boca se cierra. Entonces echa la cabeza hacia atrás y suelta una risa descarada.
Media hora más tarde estamos de vuelta en el Cadillac. Podría añadir que la Sra. Reynolds está vistiendo un nuevo conjunto azul pálido de satén y rayón con una chaqueta a juego.

—Quiero que deduzca dinero de mi cheque por el vestido. Insisto —le digo. La Sra. Reynolds solo sonríe sin responder—. Hablo en serio, Sra. Reynolds.

—Sé que lo haces, querida, y aprecio eso. Pero yo lo estoy comprando con mis propios fondos.
Sacudo la cabeza en señal de frustración.
—¿Y ahora?

—Un recorrido circular.
—¿Eh?
—Solo dirígete hacia la Tía Mae y verás.

Yo giro el auto y conduzco a la cafetería. La Sra. Reynolds se agacha. —Ve a la parte de atrás, donde está el contenedor —susurra—. Y no dejes que nadie te vea.

La mujer está seria. Me deslizo en el asiento y conduzco el auto hacia la parte trasera del restaurante, como si estuviéramos aquí para robar el lugar. Me detengo cerca de los contenedores de basura.
 —¿Qué estamos haciendo aquí? —digo en voz baja, y luego me pregunto por qué estoy susurrando. Su hijo es dueño del restaurante.

—Mantén el auto en marcha, solo sal y toca la puerta de atrás tres veces. Luego haz una pausa dos segundos y después golpea otras tres veces —la Sra. Reynolds se hunde más en su asiento—. Cuando alguien responda, di, La gallina roja ha volado del gallinero.

—No lo entiendo.
—Lo harás si sigues mis instrucciones. ¡Ve ahora!

Esto es cómico. Estuve a punto de orinarme en mi vestido mientras caminaba hasta la puerta de atrás y llamaba. Toc, toc, toc. Pausa. Toc, toc, toc.

Juan, uno de los chicos, abre un poco la puerta. Me echo a reír cuando digo, —El pájaro rojo ha volado del gallinero.

—¿No querrás decir gallina?
—Oh, sí. Lo siento, lo siento, lo siento. Me refiero a que la gallina roja ha volado del gallinero.


Creo que Juan se ríe cuando dice, —Espera aquí —y cierra la puerta. Cuando la puerta se abre, Irina me entrega dos cajas.

—¿Qué hay dentro? —pregunto.
—No preguntes, demi. Una sorpresa para ti y para la Sra. Reynolds.

Cuando ella cierra la puerta, llevo las cajas al auto y me deslizo en el asiento del conductor. —Tenemos la mercancía

—Bien, ahora conduce de vuelta a mi casa.

La Sra. Reynolds está sonriendo mientras conduzco hasta su casa. Cuando aparco en el garaje, finalmente descubro de qué se trata todo esto.

El mirador está terminado, y joseph ha colgado luces blancas por todo el alrededor. Velas blancas están encendidas, haciendo que la luz del mirador crezca. joseph está de pie junto a éste, con pantalones color caqui y una camisa blanca y con corbata. Cuando él me guiña el ojo y muestra su sonrisa, siento que otra pieza de mi armadura cae. 


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El amor en mayo cumplo 5 meses en youtube tengo una gran sorpresa muajajajja!!!