More to love when your hands are free Baby put your pom poms down for me Come on shake it up 1-2-3 Baby put your pom poms down for me Never put my love out on the line Never said yes to the right guy Never had trouble getting what I want But when it comes to you I'm never good enough
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Mi nombre es Yesennia ... subo adaptaciones jemi en youtube pero aveces como son largas lo subo a este blog este es mi canal http://www.youtube.com/channel/UC93vtXRXWvbXxe_1js_HRJg/videos?flow=grid&view=0 ...
/// Lovatica // Jonatica // nemi friendship// Jemi forever ///
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martes, 30 de abril de 2013
unfaithful capitulo 18 - jemi en español
Unfaithful !!
Un amor sencillo que extendía sus lazos de unos a otros y que los unía hasta tal punto que, cuando un eslabón se rompía amenazando con romper la cadena, los demás volvían a unirse para formarla otra vez.
El Joe de aquella escena era el viejo Joe. No el que estaba tan cansado que no tenía tiempo de echarse en el suelo para jugar con sus hijos, para disfrutar de ellos.
Frankie estaba sentado sobre él, golpeándole el pecho con los puños.
-Me rindo, me rindo -decía Joe, mientras Sam le sujetaba por los brazos para que Kate pudiera hacerle cosquillas sin piedad. Los dos niños sabían que Joe no podía hacer ningún movimiento para salvarse mientras tenía a Frankie sentado sobre él- ¡Ayúdame, Demi! ¡Necesito ayuda!
Demi soltó el árbol, asegurándose de que no caería sobre ellos antes de ir a agarrar a Frankie con un brazo y atacar a Kate con sus propias armas, dejando que Joe se las entendiera con Sam. Al cabo de unos segundos, el padre había doblado el brazo de su hijo mayor sobre su espalda y no dejaba de darle besos.
-¡Puaj! -protestaba Sammy, pero, en realidad, disfrutando y riéndose como un loco.
No hay muchas formas de darle a un niño de seis años los besos que necesita, pero que no se deja dar. Joe estaba empleando el mejor truco, porque se los daba jugando. Cuando dejó al niño en el suelo, estaba loco de felicidad, aunque sin dejar de hacer gestos de asco. Luego se moría de risa cuando su padre persiguió a Kate, que no paraba de chillar, pero que, en realidad, estaba deseando que Joe la abrazara y la cubriera de besos.
Frankie observaba con una sonrisa de felicidad y Demi se abrazó a él. El cálido cuerpo de su hijo la reconfortó, aunque en realidad, lo que más deseaba era esperar a que le llegara el turno de que Joel la persiguiera también a ella, como había hecho en el pasado.
Que Joe estaba pensando lo mismo quedó claro cuando dejó a Kate en el suelo y miró a Demi con incertidumbre. Ella sintió una repentina timidez y le ofreció a Frankie, agachando la mirada mientras Joe se tumbaba en el suelo jugando con su hijo pequeño.
Precisamente en aquel instante, el árbol de Navidad comenzó a inclinarse. Demi lo atrapó a tiempo, pero se le echó encima. Otra mano, más grande y fuerte que la suya apareció de repente para sostener el árbol, volviendo a ponerlo recto con gran facilidad.
-Te ha arañado en la cara -dijo , tomándola entre sus brazos y besándola en la comisura de los labios y acariciándola con la lengua- Hola -murmuró suavemente.
Demil se sonrojó.
-Hola -respondió con voz grave.
Joe la besó de nuevo, con intensidad, ternura e intimidad. Fue un beso cálido y lleno de vida. Demi cerró los ojos y se abandonó al abrazo de aquel cuerpo que conocía tan bien.
El sonido del timbre de la puerta los separó. Sus hijos se apresuraron a abrir, porque a aquella hora esperaban a Jenny.
-Tu madre va a llevarlos a oír villancicos -dijo Demi.
-¿Sí? -replicó Joe distraídamente, sin dejar de mirar a Demi intensamente- Mejor -añadió con un murmullo y la besó de nuevo, suavemente. No se separó de ella ni cuando su madre entró en la habitación.
Demi ni siquiera la oyó. El amor que creía perdido para siempre palpitaba en el fondo de su ser, alimentando una deliciosa calidez en cada rincón de su cuerpo. Con un suspiro, que fue como el suave murmullo de una brisa, le acarició los brazos y enterró los dedos en sus cabellos.
Estaban sin respiración cuando se separaron. Joe se volvió para saludar a su madre con una sonrisa. Jenny sonreía nerviosamente, pero la expresión de esperanza escrita en sus ojos, era inequívoca.
Al poner los anoraks a los niños, mientras Joe estaba fijando la posición del árbol, Demi recordó los cambios que había hecho en el piso de arriba. Se mordió el labio preguntándose cómo se lo diría, y pospuso el momento hasta que no tuviera más remedio.
Se despidieron de los niños y de su abuela desde la puerta. Joe la agarraba por la cintura mientras Jenny salía por la puerta del jardín empujando el cochecito de Frankie y con los mellizos correteando a su lado y sin parar de hablar.
Joe cerró la puerta. Después del alboroto anterior, el silencio parecía muy extraño.
-Ven conmigo mientras me cambio -dijo Joe,ofreciéndole la mano a Demi.
Demi la agarró dócilmente y se dejó llevar escaleras arriba hasta su dormitorio. Allí, Joe se separó de ella con un suspiro y comenzó a desanudarse la corbata.
Demi lo miraba desde el umbral de la puerta, retorciéndose las manos nerviosamente. -Joe...
Él, que no la oía, se dirigió al baño.
-Pero qué ... -dijo saliendo disparado y mirándola con asombro.
-Tenía que poner a mis padres en alguna parte -dijo Demi, poniéndose a la defensiva-, y ésta era la única solución -dijo señalando la cama.
Había quitado del baño todos sus objetos personales y vaciado uno de los armarios y había puesto su ropa con la de Joe. Casi no había cabido, la había metido con tanta presión que tendría que plancharla otra vez antes de ponérsela, pero ...
-¿Y dónde vamos a dormir tú y yo?
Demi señaló las otras habitaciones con un gesto vago.
-He comprado dos camas. Una la he puesto en la habitación de Sam y otra en la de Kate. Tu madre puede dormir con Kate.
La madre de Joe siempre se quedaba a dormir con ellos la Nochebuena porque le gustaba ver a sus nietos abriendo los regalos el día de Navidad.
-Yo dormiré con Frankie y tú con Sam. Sólo son dos noches, Joe -dijo apelando a su comprensión cuando lo vio a punto de explotar- Sabes que no podemos poner juntos a los mellizos o no se dormirán nunca. Están muy excitados y ...
-¡Maldita sea! -exclamó Joe-. ¿Qué te ocurre, Demi? ¿Por qué tengo que dejarle mi cama a tus padres? ¿Por qué no pueden dormir en otra cama? ¿O haces esto porque quieres seguir vengándote de mí? Porque, si es eso, te aviso: creo que ya he sufrido bastante.
Demi se indignó ante tal injusticia.
-¿Desde cuándo han sido mis padres un problema para ti? ¡Sólo vienen una vez al año! ¡Ten algo de consideración con ellos, por amor del Cielo! Saldrán para acá en cuanto cierren la tienda y harán el camino de un tirón. Empiezan a ser mayores, y no creo que sea muy cómodo para ellos dormir con los niños.
-¡No puedo creer que estés haciendo esto! -exclamó Joe, demasiado enfadado como para atender a razones-. Vuelvo a casa después de una semana entera en Liverpool... ¡En Liverpool, por Dios Santo! -dijo como si se tratara del fin de la Tierra-. Buscando un poco de tranquilidad en mi propia casa. ¡En mi propia casa! Y me encuentro con que me ha echado de mi habitación mi propia mujer, una mujer vengativa que no encuentra bastantes maneras de ... ¡No pasaría nada ... ! -continuó observando a una pálida Demi-. No pasaría nada si la maldita casa fuera lo bastante grande para perderme en ella si me daba la gana. Pero como tú te negaste a mudamos a una más grande, yo tengo que pagar las consecuencias. ¡Yo! Un maldito millonario viviendo en una casita de juguete con tres mocosos que no paran de hacer ruido y una mujer que ...
Se interrumpió dirigiendo a Demi, que estaba completamente pálida, una mirada furiosa.
-¡Maldita sea! -exclamó-. ¡Maldita sea! ¡Maldita sea!
-¿Por qué no te vas a casa de Taylor? -le sugirió Demi con voz temblorosa- ¡Puede que ella te trate mejor!
Giró sobre sus talones y salió del dormitorio antes que Joe pudiera decir algo más. ¿Creía que .era vengativa? ¿Qué vivía en una casa de juguete? ¡Y a los niños! ¡Había llamado mocosos a sus hijos!
Recogió los platos donde habían cenado los niños y se dispuso a lavarlos. Podría haberlos metido en el lavavajillas, pero aquella actividad le daba la oportunidad de descargar su rabia.
joe apareció a sus espaldas y la apretó contra el fregadero.
-Lo siento -dijo besándola en la nuca- No quería decir eso.
Demi suspiró, restregando un plato de tal modo que el dibujo corría el riesgo de desgastarse.
-Entonces ¿por qué lo has dicho?
-Porque ... -dijo Joe, pero se interrumpió para seguir besando a Demi en el cuello. -¿Porque qué? -insistió Demi.
-Porque estaba decepcionado ----dijo Joe-. Porque he pasado toda la semana sin pensar en otra cosa que en esa maldita cama. Porque me sentía culpable por haber olvidado el problema de tus padres. Porque -dijo y se detuvo para dar un suspiro-, no quiero dormir con Sam. Quiero dormir contigo. Quiero despertarme la mañana de Navidad y ver tu cara sobre la almohada. Porque ... maldita sea, hay un millón de porqués. Pero todos desembocan en una sola causa. Me he puesto así porque me has quitado el único sitio donde me siento cerca de ti. Necesito esa cama, Demi, la necesito.
Con un repentino sollozo, Demi dejó caer el plato que estaba fregando y se dio la vuelta para apoyarse en el pecho de Joe.
-h, Joe –susurró-. Estoy tan triste.
-Lo sé -dijo Joe con un suspiro abrazándola y acariciando su espalda. Apoyó su cabeza en la de Demi y, una vez más, su cuerpo se convirtió en su refugio.
Finalmente, Demi consiguió calmarse y Joe la agarró por la barbilla para examinar su rostro. Ella le dejó, tan silenciosa y petulante como Kate.
-Mi madre me va a matar si te ve así -dijo Joe sonriendo- una mirada y me acusará sin escucharme.
Demi, a su pesar, le devolvió la sonrisa. Pero Joe tenía razón. Jenny siempre se ponía de su lado cuando discutían, tuviera razón o no.
-¿Me perdonas? -le preguntó Joe, apartándole el pelo de la cara- Vamos a firmar un tregua, Demi. Vamos a ser felices estas Navidades. Incluso cederé muestra maldita cama si eso te hace feliz.
-¿Quién ha dicho que me haga feliz? -objetó Demi, metiendo las manos en el pantalón de Joe para buscar un pañuelo. Rozó con los dedos sus genitales y Joe dio un respingo.
-No me provoques, pequeña-la acusó Joe asombrado, porque sabía cuál era su intención. Y sonrió al comprobar que allí estaba la vieja Demi, la que pensó que había perdido para siempre- Vamos a firmar una tregua, Demi -le rogó con voz ronca- Por favor.
-¡Has llamado mocosos a los niños!
-¿He dicho eso? -dijo Joe, y parecía sinceramente sorprendido. -¡Y mucho más!
-Me pregunto por qué no me has tirado nada -murmuró Joe-. ¿Me perdonas?
Demi consideró la propuesta, complacida por el modo en que Joe le acariciaba el cuello y las mejillas. -¿De verdad eres millonario? -le preguntó.
-¿También he dicho eso? Debo haberme vuelto loco.
-¿Lo eres? -insistió Demi.
-Si te digo que sí, ¿vaya ganar un poco más de respeto en esta casa? -dijo Joe con una sonrisa. -Tal vez. -Entonces, sí. Tienes a un millonario delante de ti.
Tal vez a un multimillonario, añadiré, sólo para conseguir un poco más de respetabilidad, ya sabes -dijo con buen humor.
Demi se sintió dolida porque sabía que le estaba diciendo la verdad. Joe era un hombre muy rico y ella ni siquiera lo había sabido. Para ella no era más que Joe, el hombre al que llevaba amando toda su vida.
-¿Una tregua? -le preguntó Joe, rozando su boca con los labios.
-Sí -murmuró Demi y cerró los ojos.
-¿Por mis millones?
-Por supuesto -dijo Demi sonriendo-. ¿Por qué otra cosa iba a ceder?
Joe se rió, porque, si conocía en algo a Demi, sabía que no era interesada. La besó en la frente y se dio la vuelta agarrándola de la mano.
-Entonces, ven y charla conmigo mientras me cambio -le dijo.
La habitación estaba bañada, como de costumbre. por una tenue luz anaranjada.
-Esta noche, por supuesto, podemos dormir en nuestra cama -comentó Demi distraídamente, y recibió una palmadita en las nalgas.
Entraron en el cuarto de baño riendo.
Fueron unas Navidades felices, tranquilas, alegres, pero terminaron enseguida. Llegó el momento en que Demi tuvo que decidir si iba a volver a las clases de Zac. Joe no hizo ningún comentario, pero Demi no tuvo la menor duda de su opinión al ver su cara cuando la sorprendió con su bloc de dibujo. Además, ella se negó a comentárselo porque quería que fuera una decisión exclusivamente suya.
Muy lentamente, volvieron a ser dos extraños que vivían bajo el mismo techo. Demi pensaba que el noventa por ciento de la culpa la tenía el hecho de que no había conseguido una relación satisfactoria en la cama. Joe era un hombre muy sensual y su propia y continua incapacidad para entregarse por completo debía desafiar su virilidad. Odiaba las restricciones que ella imponía: la oscuridad, el silencio, su reticencia a dejarse llevar por sus sensaciones. Demi temía que, si no podía solucionarlo, una vez más, él se fuera en busca de la satisfacción a alguna otra parte.
¿La abandonaría alguna vez aquel miedo? Se preguntó una mañana, después de una noche especialmente desastrosa.
Joe había sufrido tanto como ella después de su aventura con Taylor, pero saber que podía volver a caer en la tentación cuando la presión fuera demasiado fuerte, acababa con la necesaria confianza que Demi necesitaba para volver a sentirse segura con él.
Demi era presa de una terrible inseguridad, una inseguridad que la mantenía continuamente irritada. Volvió a tener dolores de estómago, unos dolores que ya duraban meses.
Y, cuando pensaba en aquellos meses, se le helaba la sangre en las venas.
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