More to love when your hands are free Baby put your pom poms down for me Come on shake it up 1-2-3 Baby put your pom poms down for me Never put my love out on the line Never said yes to the right guy Never had trouble getting what I want But when it comes to you I'm never good enough
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Mi nombre es Yesennia ... subo adaptaciones jemi en youtube pero aveces como son largas lo subo a este blog este es mi canal http://www.youtube.com/channel/UC93vtXRXWvbXxe_1js_HRJg/videos?flow=grid&view=0 ...
/// Lovatica // Jonatica // nemi friendship// Jemi forever ///
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domingo, 9 de junio de 2013
Unfaithful capitulo 21 - jemi en español
Capitulo 22 :
Demi se dijo a sí misma en el momento en que se dio cuenta de que se habían ido. La semana había transcurrido con una tensión insoportable. Joe se comportó de un modo frío y distante, sin preocuparse de ocultar su enfado con Demi, así que, todos suspiraron aliviados cuando se marchó a Manchester por un par de días.
Pero no se trataba sólo de eso. Era Semana Santa y l...
os niños estaban de vacaciones, así que pasaban todo el día en casa. Su excitación ante el inminente cambio de casa no ayudaba a que Demi estuviera tranquila. Muchas veces se entrometían en su trabajo y ella no tenía la paciencia suficiente. Acabó por darles algunos cachetes que no merecían.
Estaba cansada de guardar cosas en cajas cuando oyó el teléfono. Profirió un juramento y se dirigió a contestarlo, pero dejó de sonar.
Volvió a su tarea sin dejar de maldecir.
Todavía estaba jurando entre dientes, cuando los mellizos entraron en la habitación.
-Era papá -dijo Sammy con el semblante muy serio.
No había olvidado la bronca que le echara Demi por tirar su zumo de naranja sobre el suelo de la cocina. Para Sammy había sido una injusticia, porque lo había tirado cuando lo tomó para Frankie, de modo que su intención había sido ayudar a su madre, pero Demi vio el pequeño accidente y perdió los nervios.
-Ha dicho que te diga que está volviendo de Manchester -dijo el pequeño con frialdad- Y que primero irá a la oficina, así que llegará tarde.
«Al cuerno con él», pensó Demi. Que se quedara en su oficina mientras ella se encargaba de la mudanza. «¿Haciendo el papel de mártir, Demi?», oyó que le decía la voz de Joe en el interior de su cabeza.
-Le dije que viniera a jugar con nosotros -intervino Kate.
-y supongo que él colgó enseguida, muerto de miedo -dijo Demi con sarcasmo.
Los mellizos no fueron ajenos a la crudeza de aquella expresión. Kate se puso roja de ira.
-¡No, no dijo eso! -exclamó- ¡Dijo que prefería jugar con nosotros a trabajar! ¡Y tú no eres una buena mamá!
Demi vio que a Kate se le llenaban los ojos de lágrimas antes de salir corriendo de la habitación y bajar las escaleras como un rayo seguida de Sammy.
Suspirando, apoyó una mano sobre su vientre hinchado y la otra en la frente. Reconociendo que, probablemente, merecía las palabras de Kate, se dirigió al piso de abajo. Los mellizos la ignoraron, fingiendo estar concentrados en la televisión.
Levantó a Frankie del suelo, donde había estado jugando alegremente con su juego de construcción y miró a Sam y a Kate, con la esperanza de que le devolvieran la mirada para poder decirles que lo sentía. Pero pensó que, tal vez, aquello aumentaría su irritación y salió del salón con el pequeño.
Una hora más tarde estaba a punto de volverse loca.
Los buscó por todas partes, pero los mellizos habían desaparecido de la faz de la Tierra. Fue en coche hasta el parque, pensando que podrían estar en los columpios. Fue a la casa de la madre de Joe, sabiendo que Jenny estaba fuera visitando a unos amigos, pero pensando que los mellizos no lo sabrían y que habrían podido dirigirse allí. Inspeccionó la casa de arriba abajo por dos veces, buscó en el jardín, y llegó a llamar a la nueva casa pensando que podrían haber ido hasta allí de alguna manera. Pero no había sido así. Se disponía a llamar a la policía cuando sonó el teléfono.
Contestó al instante. Estaba temblando de tal manera que le costaba apoyar el auricular en la oreja. -¿Señora Jonas?
-Sí -respondió con un susurro.
-Señora Jonas, soy la secretaria de su marido ...
Le dio un vuelco el corazón. -¿Está Joe ahí? -preguntó.
-No, todavía no ha llegado -respondió la mujer-
Pero sus hijos acaban de aparecer preguntando por él y he pensado que ...
-¿Están ahí?
-Sí -dijo la secretaria amablemente, dándose cuenta de la preocupación de Demi-. Sí, están aquí.
-¡Oh, Dios mío! -exclamó Demi, tapándose la boca con la mano, conteniendo un torrente de lágrimas- ¿Están bien?
-Sí, están bien.
Demi se sentó en la escalera, invadida por una sensación de alivio. Pero se puso en pie casi al instante. -¿Puede decirles que se queden ahí, por favor?-dijo casi en un susurro- Voy enseguida, voy enseguida ...
Colgó el teléfono, profirió una pequeña risa nerviosa y se apresuró a preparar a Frankie.
Demi llegó al edificio de Jonas Holdings justo cuando finalizaba la hora de descanso para comer. El moderno vestíbulo estaba repleto de gente que volvía a sus respectivas oficinas.
Tenía las mejillas sonrosadas por el sofoco de la prisa y, en su expresión, se veía que había sufrido un gran disgusto. Iba vestida con un pantalón blanco ajustado, que se ponía para estar en casa, y con una camisa vieja de Joe. Se detuvo en la entrada y miró con asombro a su alrededor.
No podía ver a los niños. Sintió una punzada en el corazón y avanzó hacia el mostrador de recepción que había al otro lado del amplio vestíbulo, donde una chica coqueteaba con un joven que estaba apoyado en su mesa.
-Perdóneme -dijo Demi sin aliento- Soy Demetria Jonas. Mis hijos. Yo ...
-¡Señora Jonas! -exclamó la chica, poniéndose en pie y observando a Demi como si no pudiera creer lo que veía. Demi no la culpaba, sabía que su aspecto era horrible. Pero no la importaba, lo único que quería era ver a Sam y a Kate, necesitaba verlos.
-Mis hijos -repitió--. ¿Dónde están? -preguntó sin darse cuenta de que la exclamación de la recepcionista se había oído en todo el vestíbulo y todo el mundo la estaba mirando.
-Oh, el señor Jonas ha llegado hace diez minutos -le dijo la chica- Los ha llevado a su despacho y ha dicho que usted ...
-La acompañaré a su despacho, si quiere -dijo el Joven.
Demi lo miró distraídamente y asintió.
-Gracias -susurró y lo siguió a los ascensores, demasiado turbada para darse cuenta de las miradas curiosas.
El ascensor los llevó muchos pisos más arriba y los dejó en una planta cuyo suelo estaba cubierto por una gruesa moqueta gris que amortiguaba el sonido de sus pasos. Se acercaron a un par de puertas de color gris mate. Demi aminoró el paso, sintiéndose extraña, débil. El joven golpeó la puerta con los nudillos, esperó unos instantes y abrió. Luego se apartó para dejar paso a Demi.
Demi se detuvo en el umbral y miró a Joe con cautela. Estaba apoyado en una gran mesa de despacho, con los brazos cruzados. Los niños estaban sentados, muy juntos, en un gran sofá de cuero. Se le llenaron los ojos de lágrimas. Dejó a Frankie en el suelo, tragó saliva y exclamó:
-¡Oh, Sammy, Kate!
y se desmayó al instante.
Cuando volvió en sí, estaba echada en el sofá y tenía algo frío y húmedo sobre la frente. Cuatro rostros con reconocible parecido entre ellos la miraban con preocupación. Sonrió débilmente y recibió cuatro sonrisas en respuesta.
Joe estaba de rodillas a su lado y agarraba a Frankie con un brazo. Con una mano, agarraba la de Demi. Sammy y Kate estaban a su lado, cada uno apoyado en uno de los hombros de su padre. Era una imagen muy dulce y deseó tener papel y lápiz para poder inmortalizada.
-¿Cómo estás? -le preguntó Joe.
-Mareada -dijo Demi, luego miró a sus hijos mayo-
Res-. Lo siento -dijo con un susurro y recibió dos sollozos como respuesta.
Aquel sollozo expresaba su arrepentimiento, sus disculpas, su amor y su miedo al veda desmayarse. Luego, le contaron su aventura atropelladamente: habían llamado a un taxi, reunido sus ahorros para pagado, y habían llegado a la oficina de su padre antes de que él llegara, con la consiguiente preocupación para todos los empleados.
-y metiendo el miedo en el cuerpo a vuestra madre -dijo Joe, y se quedaron callados.
Dirigió una seria mirada a Demi, que agachó los ojos.
-Lo planearon todo muy concienzudamente -añadió-.Llamaron a la compañía de taxis a la que tú llamas cuando yo estoy de viaje. Dijeron que estabas enferma y que querías que los llevaran a mi oficina. Incluso le entregaron al taxista una de mis tarjetas de visita para que todo fuera más creíble.
-oh, Kate -dijo Demi, recordando lo importante que se sentía la niña cuando le encargaba que llamara a un taxi para llevados al colegio cuando Joe no estaba.
La pobre niña agachó la cabeza.
-Yo pensé en usar la tarjeta de papá -intervino Sammy, compartiendo valientemente las culpas con su hermana.
Aunque todos sabían que el cerebro de aquella operación había sido la revoltosa Kate.
-Lo siento -susurró la pequeña, y Demi vio con una punzada en el corazón cómo se limpiaba las lágrimas con su pequeña manita.
El hecho de que no se acercara 'a su padre para buscar su reconfortante abrazo, le decía a Demi que, antes de su llegada, Joe los había reprendido severamente por su aventura.
Demi observó a Joe. Estaba pálido y tenía los labios fruncidos, signo de una rabia contenida. Sostenía a Frankie, abrazándolo como si necesitara el calor de su cuerpecito para consolarse de lo que realmente deseaba ... abrazar a los mellizos.
Se dio cuenta de que Demi lo estaba observando y frunció el ceño.
-Mi secretaria está haciendo café -dijo- En cuanto venga, le diré que baje con los niños a la cafetería para que coman algo. Tenemos que hablar.
Aquello sonaba como una amenaza. Demi agachó la vista y se incorporó. En ese momento, llegó una joven de rostro muy agradable con una bandeja llena.
Sin dejar a Frankie, Joe se levantó y se acercó a ella. Mientras dejaba la bandeja en la mesa, le dijo algo en voz baja y llamó a los mellizos. Los niños le obedecieron con tal presteza que se vieron confirmadas las sospechas de Demi de que les había estado regañando.
Un momento después, Frankie reposaba confiadamente en los brazos de la joven, que salió de la habitación dejando paso a los mellizos. Joe sirvió el café.
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Unfaithul capitulo 20 - jemi en español
Capitulo 20 :
-¡No quiero que ninguna extraña husmee en nuestros objetos personales! -exclamó Demi-. Y además, ¿cómo iban a saber qué tenían que tirar y qué no? ¡Tengo que hacerla yo!
Joe no se molestó en contestar, pero dio un portazo al cerrar la puesta del baño. Al cabo de un instante, Demi se levantó y tomó su bloc de dibujo. Cuando Joe salió del baño, recién duchado y con una toalla alrededor de la cintura, estaba echada en la cama y dibujando afanosamente.
-¿Qué haces? -dijo Joe, tendiéndose a su lado.
-¡Serás bruja! -exclamó al ver el dibujo y soltó una carcajada.
Se reconoció a sí mismo en el diablo con cuernos y una horca que estaba tomando una ducha. Pero, en lugar de agua, de la ducha caían llamas.
-¡Pequeña bruja! -dijo quitándole el bloc.
Demi fue a agarrarlo, pero Joe se tumbó de espaldas y la agarró por su hinchada cintura mientras con la otra mano echaba un vistazo a las demás páginas del bloc.
Demi se quedó muy quieta. Le palpitaba el corazón mientras observaba la reacción de Joe al ver sus dibujos. Aquel no era el bloc donde tenía las caricaturas, la que le acababa de hacer era la única de todo el cuaderno. No, aquel era su trabajo más serio, y nadie lo había visto hasta aquel momento.
Había un retrato de Sam, con el ceño fruncido y una mirada solemne. Era igual que Joe, tanto, que a Demi le dio un vuelco el corazón al comparar el retrato con él.
Kate parecía satisfecha de sí misma. Su pelo rubio era como un halo alrededor de su cara. Tenía una mirada traviesa la misma con que había recibido la noticia de que su padre iba a comprarle un pony, y sus rasgos expresaban que era independiente y extrovertida. Se parecía a Demi, pero no era Demi. En aquel aspecto, se parecía más a su padre.
Había más retratos de Frankie, porque Demi pasaba más tiempo con él. En uno estaba durmiendo, boca abajo, con el culito en pompa y abrazado a su osito. Había otro dibujo en el que estaba riendo, y sus pequeños dientes asomaban en un rostro lleno de luz. En otro estaba muy serio, concentrado en dar sus primeros pasos.
-Son buenos -dijo Joe. Demi suspiró.
-Gracias -dijo e hizo ademán de tomar el bloc antes de que Joe volviera la hoja- Disfruto al hacerlos.
Joe no le devolvió el bloc. Al volver la siguiente página, se quedó muy quieto.
Esperaba ver algún dibujo de él mismo, pensó Demi más tarde. Era la conclusión lógica después de ver dibujos de todos los miembros de la familia. Pero no había ningún retrato suyo.
Era un autorretrato. El retrato de una mujer joven, con el pelo corto y el rostro terso. Una mujer que había cambiado poco a lo largo de los años. Su boca era pequeña y suave y tenía la nariz delicadamente recta. Pero sus ojos, los miraban con una tristeza que conmovía el alma. Para ella, fue como mirar a una extraña. Había odiado aquel retrato nada más terminarlo. Por eso lo había tachado con dos rayas de esquina a esquina de la página.
-¿Por qué lo ha tachado? -preguntó Joe con seriedad, siguiendo una de las rayas con un dedo y deteniéndose en la boca.
Demi se aparto un poco de él. -N o soy yo, no me gusta.
Joe no hizo ningún comentario, pero se quedó mirando el dibujo durante largo tiempo. Demi se levantó de la cama y trató de concentrarse en la ropa que tenía extendida sobre el suelo de la habitación.
-De mi no has hecho ningún dibujo -dijo Joe, cuando acabó de examinar el cuaderno.
Demi le dirigió una sonrisa forzada.
-¿Cómo que no? -dijo- ¿Y ese diablo? Así es como yo te veo.
N o podía explicar por qué no había intentado dibujarlo. Sabía las razones, pero no habría sabido decirlas con palabras. Joe era distinto. Era y no era de la familia. Los demás rostros del bloc eran parte de ella. Joe lo había sido, su parte más importante, pero ya no lo era. Se había alejado, se había convertido en una imagen borrosa.
No lo quería tanto como a sus hijos. Él era el eslabón roto de la cadena.
Se estiró para agarrar el cuaderno. Joe se lo dio, observando en silencio cómo lo guardaba en el último cajón del armario y cerrando la puerta antes de mirarlo a él de nuevo.
Él seguía tumbado en la cama, cubierto sólo por la toalla.
-¿Dónde está Frankie? -preguntó suavemente.
-En casa de tu madre.
Cruzaron una mirada y el tiempo se detuvo. La mirada de Joe no dejaba lugar a dudas, la deseaba. Ella estaba a un metro de él, nerviosa, insegura. Se sonrojó sintiendo que el deseo también se apoderaba de ella.
Se fijó en la mata de vello rizado que cubría el pecho de Joe y que descendía en forma de flecha, perdiéndose por debajo de su cintura. Joe era alto, esbelto y muy masculino. Sus piernas eran poderosas y con unos muslos bien formados, y estaban cubiertas de vello. Demi casi podía sentir el roce de aquel vello sobre su piel suave y delicada.
La pálida luz del sol entraba por la ventana, y se dio cuenta, con un pequeño sobresalto, que hacía muchos meses que no miraba a Joe tan abiertamente. La necesidad de hacer el amor a oscuras le había privado de aquel placer. Y también del placer el ver arder el deseo en los ojos de Joe.
Joe estiró el brazo, invitándola a tenderse a su lado. Demi le dio la mano en silencio, llevada por una fuerza contra la que era imposible luchar. Joe entrelazó los dedos con ella, con cuidado de no romper el hipnótico contacto de sus miradas. Se sentó muy despacio y separó las piernas para que Demi se deslizara entre ellas. Demi sólo llevaba un vestido muy ancho y las braguitas. Joe la agarró por la cintura y le acarició la cadera y las piernas hasta alcanzar el borde del vestido.
Demi contuvo la respiración y dio un respingo.
Joe se detuvo y la miró para comprobar el significado de aquel gesto. Demi dejó escapar el aire de sus pulmones lentamente y cerró los párpados inclinándose para besar a Joe en la boca.
Joe se echó hacia atrás y ella se echó con él.
Sin dejar de besarla, Joe le quitó el vestido. Al instante, se perdieron el uno en el otro, hambrientos, ansiosos, llenos de deseo, sumergiéndose en una cascada de sensualidad y de caricias, sin dejar nunca de besarse.
Demi estaba preparada para recibirlo, y sus sentidos se ahogaron en un dulce pozo de deseo. Joe se colocó encima de ella y Demi lo agarró por la cadera para que la penetrara.
Entonces, ocurrió. Amándolo con cada poro de su piel, con cada uno de sus sentidos, abrió los ojos muy despacio y miró el hermoso rostro de Joe, su pelo rizado, bañado por la tenue luz del sol, y vio la ferocidad de su pasión en el brillo fulminante de sus ojos. Entonces, el fantasma de su infierno volvió para atemorizarla y cerró los ojos, gimoteando con frustración y poniéndose completamente rígida.
-¡No! -exclamó Joe con violencia, porque se daba cuenta de lo que le estaba ocurriendo a Demi-. ¡No, maldita sea, Demi, no!
Demi luchó con todas sus fuerzas, apretándose a él y sin dejar de jadear.
-¡Mírame! -le exigió Joe-. ¡Por lo que más quieras, mírame!
Demi abrió los ojos lentamente. Joe tenía los párpados entrecerrados, con una evidente expresión de deseo. Tal vez Joe no la amara, pero la deseaba apasionadamente a pesar de que llevaban ocho años casados, a pesar de que su embarazo era evidente, a pesar de todo lo que había ocurrido entre ellos en durante los últimos meses. Joe todavía la deseaba con una gran intensidad, y, tal vez, eso fuera suficiente -¡No! -exclamó Joe al ver que Demi cerraba los ojos otra vez- ¡No, esta vez no me puedes dejar así, Demi!
Tomó el rostro de Demi entre sus manos y le apretó el rostro hasta conseguir que abriera los ojos.
-Me deseas -dijo con violencia-, pero no me tendrás a no ser que abras los ojos y aceptes a quien deseas. ¡A mí! -exclamó- ¡A mí, Demi! ¡A mí, el hombre que yo era antes de hacerte daño y el hombre que soy ahora!
-¿Y si no puedo? -susurró Demi, desconsoladamente- ¿Y si no puedo superar lo que nos hiciste?
-Entonces, nunca me tendrás otra vez -respondió Joe con pesar- Porque sé que no puedo seguir haciendo el amor con una mujer que tiene que cerrar los ojos para hacer el amor conmigo.
La apartó de su lado, mientras Rache1 trataba de asumir sus palabras. Joe le había dado un ultimátum, se dijo mientras le observaba dirigirse al baño. Le había dicho que ya había pagado su infidelidad. Le había dicho, en definitiva, que tenía que volver a confiar en él o tendría que olvidarse de sus relaciones sexuales.
No podía creerlo, no podía creer cómo se las había arreglado Joe para darle la vuelta a las cosas. Parecía ser ella la que tenía que hacer concesiones si quería que tuvieran una relación normal en el futuro.
El resentimiento se apoderó de ella, aunque se preguntó si Joe no tenía razón y ella tendría que aceptarlo tal como era, con sus culpas, si quería salvar su matrimonio. Pero aquello sólo añadió confusión a sus pensamientos.
Seguía buscando una respuesta cuando sucedió algo que hizo que olvidara todos sus problemas.
Los mellizos desaparecieron.
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Falta solo tres capítulos para que se termine la nove .
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