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viernes, 5 de abril de 2013

Unfaithful capitulo 7 - jemi en español






Capitulo 7:


-¡Ya basta! -dijo Joe, pasándose la mano por el pelo- ¡Deja ya de tomarte la revancha! No solías disfrutar haciendo daño a los demás.
Eso era cierto. Era extraño comprobar cómo podía cambiar una persona de la noche a la mañana. Nunca había tenido ningún desea de hacer daño a nadie, pero, de repente, ni siquiera le importaba que sus padres estuvieran preocupados par ella. Probablemente, la madre de Joe estaría sentada en su apartamento, apenas a un kilómetro de allí, esperando con inquietud una llamada que le dijera que su adorable Demi estaba bien.
-Haz esas llamadas y no tendrás que escucharme -replicó Demi can la vista fija en la taza de café que tenía entre las manos.
Joe la miró con furia. Parecía a punta de estallar, pero, para sorpresa de Demi, suspiró profundamente y se marchó. Demi oyó que cerraba de un portazo la puerta del estudia e hizo una mueca.
Subió al piso de arriba para darse una ducha. Recogió su larga melena en el garro de baño y se metió bajo el agua.
Después de ducharse, mientras se ponía el albarnoz recordó que no había hecha la maleta de Joe.
Con una maldición, entró apresuradamente en la habitación, recogió la maleta de cuero, la dejó sobre la cama y la abrió.
-No hace falta que lo hagas -dijo Joe, desde la puerta- Esta tarde he cancelado el viaje.
-Vaya par Dios -dijo Demi, mientras él cerraba la puerta- Qué decepción se habrá llevada Taylor.
Joe se encogió, como si alguien le hubiera golpeado can un látigo. Demi sintió pánico al ver su semblante pálido. Joe se acercó, la agarró por los brazos y ella se estremeció.
-Ya no puedo soportarlo –dijo Joe entre dientes-. ¡No vas a cambiar de .opinión sobre mí a pesar de la que haga o diga!
-Ya he cambiado de opinión sobre ti! -replicó Demi, sintiendo temor ante el extraño brillo de los ojos de Joe-. ¡Pensaba que eras un santo, ahora sé que eres un cerdo!
-¡Pues, entonces, voy a portarme como un cerdo!
-exclamó Joe y la besó.
No fue un beso persuasivo, ni dulce, fue un beso brutal. Demi gimió. Joe clavó sus manos como garras en sus hombros. Demi hizo esfuerzos para apartarse, tratando de no tocar su cuerpo.
Joe le metió la lengua entre los labios, y ella quiso morderle. Pero Joe, que preveía su reacción, apretó sus labios con fuerza para impedírselo y le acarició la lengua con sensualidad. Demi se estremeció y le golpeó el pecho con los puños, en un desesperado intento por detener el ardor que despertaba en su cuerpo. Aunque lo odiara desde lo más profundo de su ser, seguía siendo vulnerable a sus caricias.
Gimió de nuevo y le dio una patada con su pie desnudo. Pero dio igual. Joe no estaba dispuesto a soltarla. El cuerpo de Demi no era más que un junco que se doblaba ante la voluntad de Joe. Con una mano la agarró por la cintura y con la otra la melena, tirando de ella para obligarla a abrir la boca ya recibir su beso.
Demi estaba ardiendo, su cuerpo se sacudió con una oleada de calor al sentir el cuerpo de Joe apretándose contra ella. Pero no era sólo la temperatura de su cuerpo la que había sobrepasado los límites, sino también sus sentidos. Estaba fuera de control, ansiosa, como una abeja precipitándose hacia la miel más dulce de la Tierra.
«¡No es justo!», pensó con desconsuelo. «¡No es justo que me siga haciendo esto!» Se odiaba a sí misma y odiaba a Joe por obligarla a darse cuenta de su debilidad.
-iMaldito seas! -exclamó cuando Joe se separó de ella para respirar.
Joe tenía las mejillas sonrosadas y sus ojos eran como oscuros estanques llenos de frustración.
-Sí -dijo con un susurro- Maldíceme cuanto quieras,Demi, pero me deseas. Me deseas tanto que casi no puedes pensar en otra cosa.
Era la amarga verdad. Se encogió un poco, pero se dispuso a hacer algo en lo que había pensado muchas Veces en los últimos días. Con un gruñido animal, y sin importarle el dolor. que le hacía Joe al tirarle del pelo, levantó los brazos para arañarlo.
Sólo sus buenos reflejos salvaron a Joe. Echó la cabeza hacia atrás y Demi sólo alcanzó su cuello. -¡Vaya, qué gatita! -dijo soltándola el pelo para tocarse el cuello.
-¡Te odio!
-Mejor -dijo Joe atrayéndola hacia sí- Así será más fácil hacerte el amor de cualquier manera, sin importarme lo que sientas por mí.
-¡Estupendo! ¿Por qué no añadir la violación al adulterio?
-¿Violación? ¿Desde cuándo he tenido que recurrir a la violación al acostarme contigo? ¡En toda mi vida no he conocido a una mujer más caliente que tú!
-¿Ni siquiera Taylor?
Joe la apartó de un empujón y cruzó las manos detrás de la nuca, como si se estuviera conteniendo para no tener que pegarle. En sus ojos se divisaba algo muy parecido al tormento.
-Ya basta, Demi-dijo entre dientes- Deja ya de provocarme antes de hacer algo que podamos lamentar.
Demi se preguntó a qué se refería. ¿Acaso lo estaba provocando, lo estaba poniendo furioso para que le hiciera el amor?
Se dio cuenta de que era eso lo que estaba haciendo exactamente. Tentándole con cada mirada cuando debía irse de allí mientras podía. Pero quería alimentar el odio que le tenía, llevar al límite su angustia, su decepción y, sobre todo, el profundo dolor que no había abandonado su pecho desde la llamada de Miley.

Se oyó a sí misma decir, como desde el otro lado de un largo túnel:
-Entonces, vete! ¿Por qué no haces lo que debes hacer y te vas de aquí? ¡No hay nada que te impida marcharte con tu preciosa Taylor!
- ¡Deja ya de mencionar su maldito nombre!
-Taylor -repitió ella al instante- Taylor, Taylor, Taylor.
Un brillo, tal vez de angustia, cruzó la mirada de Joe. Se mordió el labio y agarró a Demi por los brazos.
-¡No! -dijo entre dientes- ¡Tú, tú, tú!
Con un rápido movimiento, la obligó a girar y a echarse sobre la cama.
Lo que sucedió estuvo muy lejos de tener algo que ver con el amor. Fue una batalla. Una batalla para ver quién de los dos lograba excitar más al otro. Una batalla de los sentidos donde cada caricia era deliberada y respondida por otra, donde cada mirada recibía como respuesta otra mirada de burla. En cuanto uno de los dos se excitaba, más lo excitaba el otro, lanzados frenéticamente a un torbellino de sensaciones dolorosas, rotas.
Por un instante, Joe pareció a punto de recuperar el sentido común y trató de apartarse de Demi. Pero ella se dio cuenta. Tuvo miedo, pánico a perderlo, y se aferró a él y lo besó con frenesí. Joe suspiró y pronunció su nombre en una ardiente súplica. Pero ella no atendió aquella súplica. En aquellos instantes, era ella la que jugaba el papel de seductora, la que dominaba la situación. Y mantuvo aquel papel desde el desesperado principio hasta el tumultuoso final. Dominó a Joe, y al terminar, se apartó y se hizo un ovillo, presa de la frustración. Su cuerpo había exigido algo que se le negaba hacia días, pero sólo se sentía abatida y asqueada con sigo misma.
Así que, ¿quién ganó la batalla? Se preguntó. Nadie.


Su comportamiento le daba náuseas. Había hecho el amor con él, no porque lo quisiera, sino por su miedo a perderlo. Era esencial para su integridad mental saber que, a pesar de todas las Talyors que pudiera haber habido o que hubiera en el futuro, ella, la pequeña y aburrida Demi todavía podía volverlo loco en la cama.
Y además, tenía que reconocer que lo había deseado,...
el deseo que había sentido por él no dejaba espacio para el orgullo ni el respeto por sí misma. Pero, sin embargo, hacer el amor no había supuesto ningún alivio para la tristeza y el dolor que sentía desde hacia una semana. Era como si su alma herida se negara a concederle a Joe un respiro.
Una solitaria lágrima se derramó por sus mejillas.
Demi, en su desesperado deseo de probarse que todavía podía excitar a su marido, había perdido más de lo que había ganado. Se había dado cuenta de que ya no sentía lo mismo por él. Había perdido la confianza ciega y, con ella, su forma de amarlo libremente.
Le dolía y le daba miedo. Se sentía más sola que si Joe se hubiera marchado y la hubiera dejado. Porque no sabía si algún día volvería a sentir por él lo que antaño sintiera.
-¿Demi?
Demi se dio la vuelta. Joe la contemplaba con una mirada sombría.
-Lo siento -dijo tranquilamente.
¿Qué lamentaba, hacer el amor o toda aquella horrible situación? Qué importaba, se dijo. Al fin y al cabo, ya nada importaba. Se sentía como una cáscara vacía, perdida y sola y ningún lamento lograría que se sintiera mejor.
Se le llenaron los ojos de lágrimas.
-Me avergüenzo de mí misma -le dijo con voz grave y temblorosa.
A Joe se le humedecieron los ojos.
-Ven aquí -dijo estrechándola entre sus brazos- Te juro que no volveré a hacer nada que pueda hacerte tanto daño, Demi. Palabra de un hombre que en su vida se ha sentido peor.
¿Podía Demi arriesgarse a creerlo? Sería fácil. Y sería fácil perdonarlo y olvidarlo todo, con la esperanza de que el perdón y el olvido se llevaran el dolor para Siempre.
-Te quiero -le dijo Joe con voz grave- Te quiero mucho, Demi.
-¡No! -exclamó Demi violentamente, abandonando la idea de perdonado al escuchar aquellas tres palabras falsas. Ya le había creído una vez, y sólo le había servido para hundirse en el lodo.
-No me hables de amor -le replicó amargamente- El amor no tiene nada que ver con lo que acaba de suceder, ¿o es que te casaste conmigo por amor?
El desayuno transcurrió en medio de una atmósfera enrarecida. Los mellizos no dejaban de mirados con extrañeza y curiosidad. Demi sabía que se habían hecho muchas preguntas acerca de su ausencia del día anterior, pero era obvio que Joe les había ordenado que no hicieran preguntas. No pudo evitar una media sonrisa cuando Kate abrió la boca para decir algo y Joe la silenció con una mirada. Sam se comportaba de forma distinta. No dejaba de mirada, pero no decía nada, en realidad, no había dicho nada desde que había bajado a desayunar.
-Come, Sammy -le dijo Demi amablemente, después de que el niño estuviera jugando con la cuchara un buen rato-. A media mañana vas a tener hambre si ahora no comes nada.
Sam frunció el ceño y la miró. Tenía los mismos ojos que su padre.
-¿Adónde fuiste ayer? -le preguntó de repente, y miró a su padre.
-Pues ... salí a pasar el día por ahí -respondió Demi con una sonrisa, para demostrarle a su hijo que no sucedía nada anormal- No te importa; ¿verdad?
Sam se removió en la silla. Demi se inquietó. Sam no era como su hermana, extrovertida y comunicativa con todo el mundo, siempre se callaba sus problemas.
Si le hacía aquella pregunta era porque estaba realmente preocupado.
-Pero, ¿adónde fuiste? -insistió el niño.
Demi suspiró y le acarició el pelo. Sam no protestó, como solía hacer.
-Estaba muy cansada -respondió, tratando de encontrar una explicación que un niño de seis años pudiera comprender-. Además, como me paso el tiempo en casa, me apetecía dar un paseo. Eso es todo.
-¡Pero normalmente vas con uno de nosotros, para que te cuide! -dijo mirando a su padre, pero esta vez para decide que se mantuviera al margen de aquella conversación.
-¿Quién ha dicho eso? -dijo Demi en broma, tratando de tomarse aquella afirmación con buen humor,cuando, en realidad, estaba horrorizada de que su hijo también pensara que era incapaz de cuidar de sí misma- Ya sabes que soy mayor y que puedo cuidar de mí misma.
-Papá dijo que no -intervino Kate-. Llamó a la abuela, • y estaba muy nervioso. Y habló por teléfono con la tía Miley, y se puso furioso.
-Ya basta, Kate -dijo Joe con calma, pero en un tono tajante.
-¡Pero sí lo dijiste! ¡Y te portaste como un toro loco!
-¿Como un qué? -preguntó Joe.
-Como un toro loco -repitió la niña- Eso es lo que nos dice mi profesora cuando corremos por la clase, ”Los toros al campo” dice -dijo Kate y esbozó una de sus encantadoras sonrisas, de ésas con las que se le caía la baba a su padre- Pero mamá volvió sana y salva, como dije yo.
 Así que, al menos, había un miembro de su familia que la creía capaz de cuidar de sí misma. «Gracias, Kate», pensó Demi.
-Acábate el desayuno -dijo-. Como podéis ver, estoy sana y salva, así que vamos a olvidarlo, ¿vale?
En cuanto los niños se marcharon a recoger sus cosas del colegio, le dijo a Joe:
-Puedes irte a Birmingham, si quieres.
...
Joe estaba guardando el periódico en su cartera.
Al oír a Demi se detuvo por un instante y luego, cerró la cartera.
Tenía todo el aspecto de un hombre de negocios.
Con la camisa de seda blanca y el chaleco. Parecía fuera de lugar en aquella cocina de atmósfera tan familiar, su atuendo era apropiado para una mansión de estilo georgiano, con muebles de caoba. Demi sintió una gran tristeza al pensar en lo mucho que Joe había evolucionado con los años mientras ella permanecía estancada.
-Ya no tengo que ir -dijo Joe-. Jack Brice puede ocuparse de todo tan bien como yo.
Entonces, ¿por qué no iba él desde un principio?, se preguntó Demi.
-¿Tenías miedo de que te abandonara mientras tú no estabas en casa? -le preguntó con un sincero interés por saber su respuesta. A Joe le importaban mucho ella y los niños, pero no sabía en qué medida sería para él una tragedia que dejaran de formar parte de su vida.
Joe se dio la vuelta para marcharse, pero se detuvo junto a la ventana que daba al jardín trasero de la casa, lleno de juguetes.
-Sí -admitió sobriamente.
Demi experimentó un gran alivio al oír su respuesta, lo que, por otro lado, la puso furiosa, porque no era más que una muestra de su propia debilidad.
-Yo 'no tengo por qué irme -replicó- Eres tú quien tiene que hacerlo.
-Sí -dijo Joe, y agachó la cabeza antes de darse la vuelta. N o la miró, pero hizo como si examinara su cartera de nuevo- Sé que, si me quedara un átomo de orgullo, debería recoger mis cosas y marcharme. Pero no quiero marcharme, no quiero echar a perder lo que hemos ... tenido. Sé que tengo que probarte que puedo y volver a ser el mismo. Sé que me va a costar algún tiempo, pero no voy rendirme, Demi -dijo y se atrevió a mirarla con determinación -Puedes hacer lo que
quieras, pero no voy a ser yo quien me vaya.
-Podría pedirte la separación -le espetó Demi de repente- Para hacer que te marches.
Joe frunció el ceño.
-¿ y cómo sabes que si pides la separación puedes 0bligarme a irme? -dijo Joe, preguntándose si Demi habría hablado con algún abogado. No la creía capaz, pero no estaba seguro.
A Demi le encantaba verlo tan desconcertado. Le hacía recuperar algo de orgullo, así que se encogió de hombros y dijo con sarcasmo:
-Veo mucha televisión.
-Entonces, ¿vas a ... acabar con nuestro matrimonio? Demi tenía que admitir que era muy listo. Con una
simple pregunta le había dejado a ella toda la responsabilidad.
-Has sido tú el que has empezado a estropear nuestro matrimonio, Joe -respondió con tranquilidad- Pero no, no voy a hacer nada por cambiar esta situación ... todavía.
-¿Todavía? ¿Si quieres pedir el divorcio por qué no lo haces cuanto antes? -dijo Joe, dando un suspiro, recogiendo la chaqueta del respaldo de la silla.
Demiobservó cómo se la ponía. Se fijó en su anillo de oro. No significaba nada, sólo era un trozo de oro que le habían puesto allí hacía un millón de años. Era un anillo sencillo y barato. Cuando se casaron, no habían podido pagar nada mejor. Al cabo de algunos años, Joe le había regalado una sortija de oro con un diamante engastado.
Recordaba el día que lo habían comprado; «Te quiero, Demi», había dicho poniéndoselo en el dedo, «sin ti y los mellizos, mi trabajo no tendría sentido».
Pero Joe se equivocaba. Sin ella ni los mellizos, habría llegado mucho más lejos, de eso estaba segura.
Joe la observaba con aquella mirada sombría, mientras esperaba la respuesta de Demi. Por un instante, se cruzaron una mirada, luego, Demi agachó la cabeza.
-No lo sé. Pero creo que quiero verte sufrir -respondió Demi con sinceridad.
Para su sorpresa, Joe sonrió y se llevó la mano al cuello, donde era visible el arañazo de la noche anterior.
-Yo creía que ya me habías hecho sufrir bastante-dijo.
-No lo suficiente -dijo Demi, sonrojándose ligeramente.
-Ya veo.
-Me alegro.
-Así que ahora vamos a iniciar un periodo en el
que me toca recibir a mí -dijo Joe, sonriendo de nuevo y agachándose para besar a Frankie-. Pues que así sea -añadió y salió orgullosamente de la habitación, dejando a Demi desconcertada.
Durante las dos semanas siguientes, vivieron en una especie de tiempo muerto, como si su matrimonio hubiera entrado en coma. En realidad, se estaban tomando una tregua para recobrarse antes de afrontar su futuro.
Demi no volvió a dormir en la habitación de Frankie. Dormía con Joe, sin saber muy bien por qué. Tampoco le rechazaba cuando la buscaba, en el prolongado silencio en que sus noches se habían convertido. Y llegaron a compartir cierto afecto, aunque aquellos encuentros no fueron demasiado satisfactorios para ninguno de los dos. Demi se dejaba llevar y recorría con Joe el largo y sensual camino del placer. Pero, en los instantes de mayor intensidad, palpitando de deseo entre sus brazos y sintiendo cómo él se estremecía y profería pequeños gemidos, no podía dejar de imaginar a Taylor en su lugar, de pensar que Taylor le había llevado al mismo estado de pasión desenfrenada. Y, en aquellos momentos, se apartaba de él con angustia, y el placer se extinguía tan rápidamente como había surgido.
Entonces daba la espalda a Joe y se hacía un ovillo para soportar su desesperación en soledad mientras Joe estaba tendido a su lado cubriéndose el rostro con una mano, sabiendo, aunque nunca hablaban de ello, que Taylor se interponía una vez más entre ellos. En aquellos momentos, el dolor de la infidelidad y la angustia de los celos azotaban a Demi con toda su crueldad y no podía soportar que Joe la tocara. Y él se quedaba quieto y ni siquiera lo intentaba.
Demi pasaba los días preocupada, pensando en aquellos momentos con temor, porque sabía que, si había algo que pudiera hacer volver a Joe a brazos de Taylor era su estúpido comportamiento en la cama.
Que Joe viera aquellos momentos como el modo en que Demi quería devolverle su infidelidad, sólo hacía que se sintiera peor, porque era lo último en que pensaba cuando Joe la buscaba.
Y se sentía más tensa y sufría cada vez más cuando Joe trataba de hacer el amor, porque sabía que no podrían alcanzar una satisfacción plena. Y aun así, lo necesitaba, a pesar de que no podía darle lo que pedía. Necesitaba experimentar el pequeño placer de los primeros escarceos y necesitaba saber que Joe la necesitaba.

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Espero que les haya gustado .
Si no hay comentarios no subo capítulos .

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