More to love when your hands are free Baby put your pom poms down for me Come on shake it up 1-2-3 Baby put your pom poms down for me Never put my love out on the line Never said yes to the right guy Never had trouble getting what I want But when it comes to you I'm never good enough
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Mi nombre es Yesennia ... subo adaptaciones jemi en youtube pero aveces como son largas lo subo a este blog este es mi canal http://www.youtube.com/channel/UC93vtXRXWvbXxe_1js_HRJg/videos?flow=grid&view=0 ...
/// Lovatica // Jonatica // nemi friendship// Jemi forever ///
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viernes, 5 de abril de 2013
Unfaithful Capitulo 4 - jemi en español
Capitulo 4 :
No estaba allí. Oyó ruido en el baño y Joe apareció al cabo de un instante. Llevaba una camisa blanca y pantalones grises. En cuanto la vio, se detuvo bruscamente.
Desde que lo conocía, Demi nunca se había sentido tan vulnerable en su presencia. Era consciente de su desamparado aspecto: de sus ojos enrojecidos por el llanto, de la palidez de su semblante y de sus cabellos enredados.
También estaba alerta ante él. Observaba lo alto que era, la fortaleza de su cuerpo y sus músculos esbeltos. El ancho pecho, las caderas estrechas y las piernas largas y poderosas...
Tragó saliva y levantó la vista. Cruzaron una mirada. Tampoco él tenía buen aspecto. Parecía cansado, como si no hubiera dormido mucho. Debía haber estado pensando, tratando de encontrar una solución, la salida a una situación imposible. Era una de sus virtudes convertir los fracasos en éxitos. Era la causa principal de su prosperidad.
Acababa de afeitarse, su barbilla parecía limpia y suave... Demi absorbió el familiar aroma de su loción de afeitar y se dio cuenta de que sus sentidos respondían. La atracción sexual no conocía límites, reconoció amargamente. Incluso en aquellos instantes, sin dejar de odiarlo y despreciarlo, sabía que era el hombre al que había amado ciegamente durante muchos años.
Se acercó a la cama, apoyó la rodilla en el colchón y dejó a Frankie sobre la colcha. Entonces, se dio cuenta de que Joe no había dormido en aquella cama, la única evidencia de que la había utilizado era la huella de su cuerpo sobre el edredón de color melocotón.
Frankie se puso a patalear, tratando de captar la atención de su padre, que, sin embargo, no apartaba los ojos de Demi. El niño gritó con frustración y se puso colorado del esfuerzo de tratar de sentarse sobre la cama. Demi sonrió al ver sus dificultades y le tendió una mano, que el niño usó para equilibrarse.
Joe se acercó al otro lado de la cama e, inconscientemente, estiró el brazo para ayudar a Frankie. -¡Pa! -dijo el bebé triunfalmente, librándose de ambas manos para prestar toda su atención a la colcha.
Demi mantuvo la vista fija en su hijo, dándose cuenta de que Joe no apartaba los ojos de ella.
-Demi, por favor, mírame -dijo Joe con una súplica que conmovió las entrañas de Demi.
-No -dijo ella con un susurro, tratando de mantener la calma.
Joe profirió un suspiro. Levantó a su hijo, le dio un beso en la mejilla y lo volvió a dejar sobre la cama.
Demi fue a levantarse, pero Joe fue más rápido que ella. La agarró por la cintura y tiró de ella hasta que pudo estrechada entre sus brazos.
A Demi le dieron ganas de sumergirse en el calor que Joe le ofrecía. Se puso tensa y tuvo que hacer esfuerzos por no llorar.
-No llores -le dijo Joe.
Era lo peor que podía haber dicho, porque, al ver el gesto de ternura de Joe, Demi comenzó a sollozar sobre su hombro. Joe la estrechó con fuerza y enterró la cabeza entre sus cabellos.
-Lo siento -dijo una y otra vez- Lo siento, lo siento, lo siento...
Pero no era bastante. No podía ser bastante. Joe había acabado con todo. El amor, la fe, la confianza, el respeto, todo se había desvanecido, y las disculpas no iban a devolvérselo.
-Estoy bien -murmuró Demi, haciendo un esfuerzo monumental por recobrar la calma y apartarse de él.
Pero Joe la estrechó con fuerza.
-Sé que te he hecho mucho daño -dijo, tratando de contener sus propias lágrimas. Demi podía sentir la tensión de su pecho, el ritmo errático de su corazón- Pero no tomes ninguna decisión precipitada mientras... Lo tenemos todo para ser felices si nos das otra oportunidad. No lo tires todo por la borda sólo porque he cometido un error estúpido. ¡No puedes tirarlo todo por la borda!
-No he sido yo quien lo he hecho -replicó Demi. Aquella vez, Joe dejó que se separara de él. Tenía una mirada triste y desolada. Demi, buscando algo que ponerse, fue del armario a la cómoda y vuelta al armario, sin saber realmente lo que estaba eligiendo.
Había pasado muchos años comprendiendo sus ambiciones, teniendo una fe ciega en él. Muchos años aguardándole en casa, esperando sus caricias como un perro o un gato, como una mascota, mientras él alimentaba en casa sus necesidades básicas: comida, bebida y un paseo de vez en cuando, y ella lo había aceptado con alegría.
« ¡Qué criatura más patética eres!». Se dijo.
Frankie dejó escapar un chillido. Los dos dieron un respingo. El niño, aburrido de jugar solo, reclamaba su desayuno.
Demi se quedó inmóvil en el centro de la habitación, con la ropa en las manos, preguntándose qué hacer a continuación. Vestirse o atender a Frankie. Era una elección muy sencilla, pero no parecía en condiciones de tomarla.
Fue Joe quien finalmente levantó al niño. -Yo me ocupo de él. Vístete tranquilamente, todavía es temprano -dijo y se marchó por la puerta. Demi suspiró, sintiendo que la tensión de la habitación se relajaba.
El desayuno fue horrible. Demi veía una provocación en cada gesto. En Kate porque comía demasiado, en Sam porque se comió los cereales con muy poca leche, ella llenó demasiado la cafetera y su café estaba demasiado amargo. Al final, se enfadó consigo misma por reaccionar contra todo, frustrada por no saber lidiar con su propia desgracia. La emprendió con Sam porque se había dejado el ordenador encendido la noche anterior, con todos los juegos esparcidos sobre la alfombra. Cuando terminó de reñirlo, el pobre niño estaba pálido, rígido, Kate sorprendida, Frankie callado y Joe... Joe simplemente estaba sombrío. El resto del desayuno transcurrió en silencio. Los niños se mostraron visiblemente aliviados cuando su padre los mandó a recoger sus cosas para irse al colegio.
-¡No tenías por qué tratar así a Sam! -le espetó Joe en cuanto Sam y Kate no podían oído- ¡Sabes muy bien que normalmente es muy ordenado! Vas a convertirlos en un manojo de nervios si no pones más cuidado. Son unos chicos estupendos y se comportan muy bien la mayor parte del tiempo. ¡No vaya dejar que la tomes con ellos porque estés enfadada conmigo!
Demi se dio la vuelta hecha una furia.
-¿Y desde cuándo estás aquí el tiempo suficiente para saber cómo se comportan? -le dijo, viendo con gran satisfacción que se ponía tieso como un clavo- Los ves durante el desayuno, ¡pero sólo cuando dejas de leer tu precioso Financial Times! ¡La mayoría del tiempo ni siquiera te acuerdas de que tienes tres hijos! Los... los quieres como quieres... a esa pintura de Lowry que compraste, eso cuando piensas en ellos. ¡Así que no me digas cómo tengo que educar a mis hijos cuando como padre eres un completo inútil!
¿Qué le ocurría? Se preguntó dando un paso atrás mientras Joe se ponía en pie y se acercaba a ella. -Me puedes acusar de muchas cosas, Demi -dijo Joe entre dientes- Y, probablemente, la mayoría de ellas me las merezco, ¡pero no me puedes acusar de no querer a nuestros hijos!
-¿De verdad? -le preguntó Demi con sarcasmo- ¡En primer lugar, te diré que sólo te casaste conmigo porque estaba embarazada de los mellizos! ¡Incluso Frankie fue un error al que te costó acostumbrarte!
Joe dio un puñetazo sobre la mesa. Demi parpadeó al verlo levantar la mesa, apartarla para levantarse y acercarse a ella. La violencia casi se podía palpar. A Demi se le secó la garganta al ver cómo Joe se aproximaba a ella con la intención, creía ella, de estrangularla.
En el último momento, cambió de opinión y la agarró por los hombros. Demi se dio cuenta de que estaba temblando.
-Es demasiado pequeño para comprender lo que estás diciendo -dijo con una voz ronca y señalando a Frankie con la cabeza-, pero si los mellizos te oyen, si les das alguna razón para que piensen que no los quiero, te...
No terminó la frase. No hacía falta, Demi sabía exactamente cómo continuaba. Joe siguió mirándola por unos instantes, luego la soltó y salió de la cocina.
Tragó saliva y dio un profundo suspiro, y sólo entonces, se dio cuenta de que había estado conteniendo la respiración. Sólo por pura necesidad de consuelo, levantó a Frankie y lo meció en sus brazos.
Se avergonzaba de sí misma. Y también estaba furiosa, porque, al haberle gritado de aquella manera, le había dado el derecho a meterse con ella, cuando, hasta ese momento, era ella la que tenía todo el derecho a meterse con él.
Al llegar el fin de semana, los mellizos se dieron cuenta de que algo extraño sucedía. Y, como siempre, fue la observadora y callada Kate quien quiso saber qué era.
-¿Por qué estás durmiendo en la habitación de Frankie, mamá? -preguntó el domingo por la mañana mientras toda la familia estaba reunida en la cocina, .desayunando.
La niña lo había descubierto porque aquella mañana Frankie...
había dormido hasta más tarde de lo acostumbrado, con lo cual, su madre también se había despertado tarde. Después de pasar varias noches durmiendo mal el una cama demasiado pequeña y atormentada por sus pensamientos, estaba exhausta; la noche anterior, para su alivio, había conciliado el sueño nada más meterse en la cama, y no se había despertado hasta que Sammy entró en la habitación. Pero no se sentía mucho mejor que los días anteriores, Porque, si dormir había servido para dar descanso a su cuerpo, su mente no había reposado en absoluto. -sabía qué había soñado, pero, desde luego, sus sueños no habían aliviado el peso de su corazón, ni su rabia, ni su amargura. Incluso se aborrecía a sí misma por no hacer nada para remediar la situación. Joe le había aconsejado que no tomara ninguna decisión hasta que no estuviera un poco más tranquila -hasta que dejara de ser la criatura patética en que se había convertido-, pero aquel consejo sólo le servía como excusa para no enfrentarse a la realidad.
Joe no tenía mejor aspecto que ella, su rostro reflejaba la misma tensión. Desde la noche fatídica de la llamada de Miley, había estado llegando a las seis y media todos los días. Demi sospechaba que se debía más a que lo había criticado como padre que al deseo de demostrarla que su aventura había terminado.
Llegaba a tiempo de bañar a los niños y meterlos en la cama mientras ella preparaba la cena. En apariencia, su vida transcurría normalmente, y los dos hacían un gran esfuerzo por que los niños no se enteraran de sus problemas.
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