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viernes, 5 de abril de 2013

Unfaithful capitulo 6 - jemi en español



Capitulo 6

-Nunca has salido sin nosotros, espera a que todos...
Demi apenas lo oía. Pero Joe tenía razón, ella nunca había salido sola. Si no con él, con los niños, o con su madre. Durante toda su vida adulta, había vivido bajo el amparo protector de otros. Primero sus padres, luego sus amigas y finalmente, Joe. Sobre todo, Joe.
¡Pero por Dios, estaba a punto de cumplir veinticuatro años! Y allí estaba, convertida en ama de casa, cada día menos atractiva, con tres hijos y un marido que...
-¡Me voy sola! ¡No te va a pasar nada porque, por una vez, te quedes con los niños!
-¡No me estoy quejando de eso! -dijo Joe, sus­pirando y acercándose a ella- Pero, Demi, nunca habías...
-¡Exactamente -exclamó Demi, apartándose de él-. Mientras tú te ocupabas de hacerte rico y de buscar a una amante, yo estaba sentadita en esta maldita casa, muriéndome de asco.
-¡No digas tonterías! -dijo Joe, agarrándola por la muñeca- Esto es ridículo, te estás portando como una niña.
-Precisamente, Joe, de eso se trata, ¿no te das cuenta? -dijo Demi, apelando a la comprensión a pesar de que lo que más deseaba era irse de allí cuanto antes- Eso es exactamente lo que soy... una niña. Una niña a la que han explotado, a la que han herido profundamente. No he crecido porque no me han dado la oportunidad de crecer. ¡Tenía diecisiete años cuando me casé contigo! -le gritó- ¡No había terminado el colegio! Y antes de que aparecieras tú, mis padres me tenían entre algodones. Dios mío, qué decepción debió ser para ellos descubrir que su dulce y pequeña hija se había estado acostando con el lobo feroz.
Joe se rió. A Demi no le sorprendió, sabía que su calificación era tan acertada que no tenía más remedio que reírse si no quería llorar.
-y me quedé embarazada -prosiguió-, y cambié a unos padres por otros, tú y tu madre.
-Eso no es cierto, Demi -protestó Joe-. Yo nunca te he visto como una niña. Yo...
-¡Mentira! ¡Eres un maldito hipócrita mentiroso! ¿Y sabes por qué sé que eres un mentiroso? Por el miedo que te da que yo quiera pasar algún tiempo sola.
-¡Esto es una locura! -dijo Joe, negando con la cabeza, como si no creyera que aquella conversación pudiera tener lugar.
-¿Una locura? -repitió Demi-. ¿Cómo crees que me siento sabiendo que he dejado que me hicieras todo eso? Lo único que hice fue sentarme y dejar que me trataras como te daba la gana... y mira qué he conseguido. Veinticuatro años, tres hijos y un marido que se ha cansado de mí. Así que, por favor, deja que me yaya.
Con un sollozo, se apartó de él y salió de la habitación.
Corrió escaleras abajo, recogió el bolso de la mesita del recibidor y salió precipitadamente a la calle.
El BMW de Joe cerraba el paso a su Ford Escort blanco, así que tuvo que irse a pie, alejándose de la moderna casa en la que vivían desde hacía cinco años. En una casa situada en una de las zonas más acomodadas de Londres. Aquella casa le encantaba porque les ofrecía mucho más espacio que el pequeño piso alquilado del centro de Londres en el que vivían anteriormente.
Sin embargo, en aquellos momentos, lo único que quería era alejarse de allí lo más deprisa posible. Se apresuró por la acera, bajo la sombra de los árboles, sabiendo que Joe no la seguiría. Todavía tenía que vestirse y vestir a los niños, así que no podría detenerla antes de que tomara el autobús.
El primero que llegó se dirigía al centro de Londres.
Se sentó junto a la ventanilla y miró a través del cristal manchado de polvo y de gotas de barro. Se fijó en el parque al que solía llevar a los niños. ¿O eran ellos los que la llevaban a ella? No lo sabía, ya no estaba segura de nada.
Se subió el cuello del anorak para protegerse del frío aire de septiembre, se metió las manos en los bolsillos y comenzó a pasear por Londres, cuyas calles siempre estaban solitarias los domingos por la tarde. Estaba perdida en un mar de tristeza. Un mar más profundo a medida que un ojo interior se abría cada vez más para mostrarle cómo era la verdadera Demetria Jonas.
Una mujer de veinticuatro años que se había estancado emocionalmente a la edad de diecisiete. Pensó que Joe la amaba porque había hecho el amor con ella, y nunca se preguntó si la quería realmente.
Pero había llegado la hora de hacerlo. Y, aunque la idea la mortificaba, se daba cuenta de que sólo se había casado con ella para aceptar su responsabilidad por haberla dejado embarazada.
Puede que Joe considerara que estaba en su derecho de llevar otra vida, aparte de la que ya llevaba con ella. No cabía duda, se trataba de eso. Joe quería llevar otra vida, una vida aparte de la que llevaba con ella.
Demi se dio cuenta, en aquellos momentos en que su vida estaba al borde del precipicio, de que Joe nunca había compartido con ella aquella otra vida excitante y apresurada. Sólo había construido su matrimonio para ella, para que jugara a ser esposa y madre de sus hijos, porque era lo que ella quería ser.
Pero, ¿acaso se trataba sólo de un juego, de una fantasía? No lo sabía, no podía saberlo.
Caminó durante horas. Horas y horas, sin darse cuen­ta del tiempo que pasaba. Tristes horas de reflexión, contemplando la intensidad de su propio dolor. Hasta que el más completo agotamiento la obligó a regresar a casa. Estaba agotada y hacía frío, así que tomó un taxi.
De repente, su casa se convirtió en el único lugar del mundo en el que quería estar.
Pero, al darse cuenta, experimentó una sensación de derrota, porque aquello significaba que sus horas de libertad no le habían hecho ningún bien.

 
Cuando entró en el salón, Joe estaba sentado en el sofá con un libro entre las manos. Tenía el aspecto de alguien que no se hubiera movido del sitio durante horas. No se molestó en saludar a Demi, que, tras una corta pausa, esperando su repentina explosión de furia, que no llegó, cerró la puerta y se dirigió a la cocina. Esbozaba una sonrisa. Joe no la engañó ni por un momento con su a...ire de indiferencia, le había visto mirando por la ventana justo antes de entrar por la puerta del jardín.
Dejó el abrigo sobre una de las sillas de la cocina, se quitó las botas y preparó café. Joe entró como un gato en busca de su comida diaria. Llevaba vaqueros y camisa de algodón.
-Será mejor que llames a Miley -murmuró, apartando una silla con el pie para sentarse en ella
-¿Por qué? -dijo Demi con curiosidad, y mirándolo por un instante.
-Porque no he parado de llamarla creyendo que estarías en su casa, y ella no me lo quería decir.
-¿Y por qué estás tan seguro de que no ha sido así?
Antes de contestar, Joe guardó silencio por unos instantes.
-Porque llamé a mi madre para que cuidase de los niños y me fui a su apartamento para ver si era verdad.
-Así que no sólo Miley, sino también tu madre sabe que he estado fuera todo el día -dijo Demi con acritud sirviéndose el café, que ya estaba listo.
-No puedes echarme la culpa de que estuviera tan preocupado después de cómo te fuiste -se quejó Joe.
«Eso está mejor», pensó Demi. «Eso le enseñará a no tratarme como a una niña. Puede que lo sea, pero eso no significa que me guste que me traten como tal. Además, así se dará cuenta de que su predecible esposa no es tan predecible después de todo.»
Se sentó frente a él, tomando con gusto la taza de café caliente entre las manos, todavía frías. Joe se pasó las manos por el pelo y luego las apoyó sobre la mesa y comenzó a tamborilear con los dedos, como si algún pensamiento le rondara en su interior. Inclinó la cabeza hacia delante. Tenía el pelo revuelto, como si se hubiera pasado las manos por él muchas veces.
Demi nunca lo había visto así, con un aspecto tan frágil.
-Tus padres también lo saben -dijo inesperadamente- Los llamé cuando no se me ocurrió ningún otro sitio donde pudieras haber ido. Han estado esperando que aparecieras por Altrincham toda la tarde. Será mejor que los llames para decirles que estás bien.
Así que sólo se le había ocurrido llamar a tres sitios para localizarla. ¿Qué le decía eso a ella de sí misma? Se preguntó, pero decidió que ya había hecho suficiente auto análisis aquel día y decidió posponer la respuesta.
-Te voy a decir una cosa, Joe -le sugirió- ¿Por qué no los llamas tú ya que fuiste tú quien los has preocupado? Llama a tu madre y a Miley, no tengo ninguna gana de hablar con ella.
-¿Con quién? ¿Con mi madre?
-No, con Miley -dijo Demi sarcásticamente- Has sido tú la que la has vuelto a meter en este lío después de decirle que se ocupara de sus asuntos, así que, si crees que está preocupada, llámala tú.
-iTodos estábamos muy preocupados! -exclamó Joe, dirigiéndole una mirada furiosa.
-No pienso suicidarme -dijo Demi con calma, sorbiendo su café. Cuanto más nervioso estaba Joe, más tranquila estaba ella- Puede que me hayas tomado por una imbécil, pero no me voy a perder el resto de mi vida por eso.
-¡Yo no te he tomado por una imbécil!
-Claro que lo has hecho. Por ejemplo, cuando has
perdido el tiempo pensando que había hecho una tontería -dijo Demi con mordacidad.
Joe tragó saliva. Quería contenerse, evitar cualquier disputa.
-¿Dónde has ido? -preguntó.
-A Londres -respondió Demi, irguiendo la cabeza
con orgullo.
-¿A qué parte de Londres? ¿Y para qué? Has estado fuera desde las diez de la mañana, ¡casi doce horas! ¿Qué has estado haciendo durante doce horas si las tiendas están cerradas?
-¡Puede que haya salido con un hombre! -exclamó Demi, y vio con satisfacción que a Joe le mudaba el semblante- No es tan difícil encontrar uno, ¿sabes? Puede que haya decidido echar una canita al aire e irme a buscar... comprensión, ya que, últimamente, no encuentro mucha en esta casa -dijo con ironía.
Joe se puso de pie, dando un golpe con la silla contra el suelo.

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