Do your remenber me ? capitulo 3 - jemi
Joe vio cómo el rostro de la joven
palidecía. Soltó un juramento y la agarró
de los brazos, sintiéndola floja y temblorosa.—Siéntate antes de que te caigas —dijo secamente. La condujo
hasta la cama y ella se sentó,
sujetándose al borde del colchón.—¿Esperas que crea que sufres amnesia? —ella lo miró espantada—.¿Es lo mejor que has podido inventar? joe hizo una
mueca, pues él mismo sentía algo parecido ante la idea de la amnesia.—No pretendo enfurecerte, pero ¿cómo te
llamas? Me encuentro en desventaja.
—Hablas en serio —demi suspiró y se pasó
una mano por los cabellos—.
Me llamo Demi Morgan.—Bueno, demi, parece que tú y yo tenemos mucho de qué hablar.—Amnesia —ella volvió a mirarlo fijamente—.
¿De verdad piensas seguir con
esa historia?—¿Crees que me gusta que una mujer me sacuda un puñetazo en público y
asegure estar embarazada de mi hijo cuando, por lo que yo sé, es la primera vez que nos vemos? Ponte en mi
lugar. Si un hombre al que no hubieras visto jamás apareciera y te dijera las
cosas que tú me has dicho a mí,
¿no sospecharías algo?—Esto es una
locura —murmuró demi.—Escucha, puedo demostrarte lo que me
sucedió. Puedo enseñarte mi expediente médico y el diagnóstico. No te recuerdo, demi. Siento mucho tener que decirlo, pero es la verdad.
Sólo cuento con tu palabra de que entre
nosotros ha habido algo.—Sí, y no olvidemos que no soy tu tipo .joe dio un respingo. ¡Tenía que acordarse de ese
comentario!—Me gustaría que me lo contaras todo desde el principio. Cuéntame dónde y
por qué nos conocimos. Quizás algo de lo que me digas merefresque la memoria. Alguien llamó a la puerta.—¿Esperas a alguien a estas horas? —preguntó él.—El servicio de habitaciones. Me muero de hambre. No
he comido en todo el día. demi se ajustó la bata y fue a abrir la puerta. Segundos
después, un camarero apareció empujando
un carrito con las bandejas tapadas.—Lo siento —se disculpó ella cuando
estuvieron de nuevo a solas—.No
esperaba visita y sólo he pedido comida para uno.Él alzó una ceja. Allí había comida para un pequeño regimiento.—Siéntate y relájate. Podemos hablar mientras comes. demi se retrepó en
el pequeño sillón junto a la cama y alargó la mano hacia un plato. joe aprovechó para estudiar el rostro de la mujer
que había olvidado. Era
preciosa, no podía negarlo, aunque no era el tipo de mujer hacia el que se sentía atraído. Él prefería mujeres dulces
y, según sus amigos, sumisas. Era
consciente de que eso le hacía parecer un imbécil, pero no podía negar el hecho de que le gustaban las mujeres un
poco más obedientes. El que se hubiera
enamorado de la antítesis de las mujeres con las que había salido en los últimos cinco años, era fascinante. Aceptaba el hecho
de que podía haberse sentido atraído por ella, incluso haberse acostado con ella, pero ¿enamorarse? ¿En unas pocas
semanas? Las mujeres tendían a ser criaturas emotivas y entraba dentro de lo posible que se hubiera creído que él estaba
enamorado. Desde luego, el dolor
y la traición no parecían fingidos. Y luego estaba lo del embarazo. Seguramente le
haría parecer un completo bastardo, pero sería de imbéciles no
pedir una prueba de paternidad. A
fin de cuentas entraba dentro de lo posible que se lo hubiera inventado todo tras averiguar lo de su pérdida de
memoria. Sintió la repentina necesidad de llamar a su abogado para preguntarle
quién había firmado el contrato de venta de las tierras que había adquirido. No había visto los papeles antes del
accidente, para eso pagaba a otras
personas, y una vez finalizado el trato, no había motiv opara mirar atrás… salvo en esa ocasión.—¿En qué piensas? —preguntó ella.—Que esto es un enorme lío que…—A mí me lo vas a decir —murmuró demi—. Lo que no entiendo es por qué es tan
malo para ti. Eres inmensamente rico. No estás embarazado y no has vendido unas tierras que pertenecieron a tu
familiadurante generaciones a un hombre
que va a destrozarlas para construir un complejo
turístico. El dolor que reflejaba la voz de la joven le produjo a joe un aincómoda
sensación en el pecho. Algo parecido a un sentimiento de culpa, pero, ¿por qué debería sentirse culpable?—¿Cómo nos conocimos? —preguntó—. Necesito saberlo
todo.—La primera vez que te vi llevabas un traje de chaqueta, zapatos
que costaban
más que mi casa, y gafas de sol. Me irritó mucho no poder ve rtus ojos y me negué a hablar contigo hasta que te las
quitaste.—¿Y dónde sucedió todo eso?—En la isla Moon. Preguntabas por una
franja de tierra en primera línea de playa, y por su dueño. Y yo era la dueña y me imaginé que eras un tipo trajeado con planes para construir en
la isla y salvar a la poblaciónlocal de
una vida de pobreza
.—¿No estaba en venta? —él frunció el ceño—. Debía
estar en venta. No habría sabido
nada de ese lugar de no ser así.—Lo estaba —demi asintió—. Yo… yo necesitaba
venderla. Mi abuela y yo no
podíamos pagar los impuestos. Pero estábamos de acuerdo en que no se la venderíamos a un constructor. Se interrumpió,
claramente incómoda con las revelaciones que le había hecho.—En fin, te tomé por uno de esos tipos estirados y te
envié al otro extremo de la isla. Él la miró furioso y, por primera vez, en los labios
de la joven aparecióuna sonrisa.—Estabas tan enfadado que volviste a mi casa y aporreaste la
puerta. Exigiste
saber a qué demonios estaba jugando y dijiste que no actuaba como alguien desesperada por vender un pedazo
de tierra.—Eso sí parece propio de mí —admitió él.—Te expliqué que no
estaba interesada en vendértela a ti y cuando hablé de la promesa hecha a mi abuela de que sólo venderíamos a
alguien dispuesto
a firmar un compromiso de no utilizarla con fines comerciales, me pediste que te la presentara. Un incómodo
cosquilleo se instaló en la nuca de joe. Aquello no era propio de él. Él no entraba en el terreno
personal. Todo el mundo tení aun precio.
Se habría limitado a seguir aumentando la oferta.
—Lo demás resulta bastante embarazoso —siguió ella—. Te presenté a Mamaw. Os
caísteis de maravilla. Ella te invitó a cenar y después dimos un paseo por la
playa. Me besaste, y yo te devolví el beso. Me acompañaste a mi casa y quedamos en vernos al día siguiente.—¿Y así fue?—Desde luego —susurró demi—. Y al siguiente, y al
otro. Me llevó tres días
conseguir que te quitaras ese traje. Él
alzó una ceja y la miró fijamente
.—¡Cielos! —la joven se
sonrojó violentamente y se tapó la boca con la mano—. No quería decir eso. Llevabas ese traje a todas partes, incluso a
la playa. De modo que te llevé de
compras. Te compramos ropa de playa.—¿Ropa de playa? —aquello empezaba a sonar como una pesadilla.—Pantalones cortos, camisetas —ella asintió—. Chanclas. Quizás el médico
estuviera en lo cierto y había perdido la memoria apropósito.
¿Chanclas? miró sus carísimos zapatos de cuero e intentó imaginarse con chanclas.—Y yo me puse esa ropa de playa…—Desde luego. También te compraste trajes
de baño. Nunca había conocido a alguien que viajara a una isla sin
traje de baño. Después te llevé a
mi rincón preferido de la playa. Hasta
ese momento el relato de aquellas semanas era tan distinto deél mismo que le parecía estar escuchando la historia
de otra persona.—¿Y cuánto duró esa
relación que dices que mantuvimos? —gruñó.—Cuatro semanas —contestó ella con calma—.
Cuatro maravillosas semanas. Pasamos todos los días juntos. Tras la primera semana abandonaste tu habitación
de hotel y te instalaste en mi casa. En mi cama.
Hacíamos el amor con las ventanas abiertas para oír el mar.—Entiendo.—No me crees —ella entornó los ojos.—demi —empezó joe con mucho tacto—. Me resulta muy difícil. He perdido un mes
de mi vida y lo que me cuentas suena tan inusual en mí que me cuesta creerlo.—Comprendo que no sea fácil —ella apretó los temblorosos labios—.Pero intenta verlo
desde mi punto de vista. Imagina que la persona de laque estabas
enamorado, y que pensabas estaba enamorada de ti, de repente no te recuerda. Imagina las dudas al
descubrir que todo lo que te había
contado era mentira, y que te había hecho una promesa que no iba a mantener. ¿Cómo te sentirías?—Me sentiría muy disgustado —contestó él.—Sí, eso lo describe bastante bien —demi se
puso de pie—.Escucha,
esto no tiene sentido. Estoy muy cansada y creo que deberías marcharte.
—¿Quieres que me vaya? —joe se levantó de un salto—. Después de soltarme esta
historia, después de anunciarme que voy a ser padre, ¿esperas que me marche sin más?—Ya lo hiciste una vez —contestó con voz cansada.—¿Cómo demonios puedes asegurarlo? ¿Cómo
sabes lo que hice o dejé de hacer si ni siquiera yo lo sé? Dices que me amabas y que yo te amaba. Acabo de decirte que no recuerdo nada. ¿Por
qué dices que te abandoné, que te traicioné? Sufrí un accidente.
¿Cuál fue el último día que me viste? ¿Qué
hicimos? ¿Te dije que te abandonaba?—Fue el día después de cerrar el trato —ella estaba
muy pálida—.Dijiste que debías
regresar a Nueva York. Una emergencia. Dijiste que note llevaría más de uno o dos días. Dijiste que
volverías y que hablaríamos sobre lo que
haríamos con las tierras.—¿Y qué día fue eso? La fecha, demi, quiero la fecha exacta.—El
tres de junio.—El día del accidente
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