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miércoles, 12 de diciembre de 2012

Do you remenber me? capitulo 2 - jemi


Demi Lovato salió de la ducha, se envolvió los cabellos en una toalla y se puso una bata. Ni siquiera el agua caliente había conseguido calmarla.«¿Nos conocemos?».La pregunta resonó una y otra vez en su cabeza hasta que sintió ganas de estrellar algún objeto… preferiblemente contra ese hombre. ¿Cómo había podido ser tan estúpida? Ella no perdía la cabeza por un tipo atractivo. Se había mostrado inmune a hombres de gran encanto. Pero en cuanto Joseph Jonas había aparecido en su isla, se había rendido ante él. Sin luchar. Sin resistirse. Lo tenía todo. Era la perfección en traje de chaqueta. Un traje del que había conseguido desembarazarle y, para cuando se marchó de la isla, su piloto privado ni siquiera había sido capaz de reconocerlo. Había pasado de ser una persona sobria y estirada a convertirse en alguien relajado, tranquilo y descansado… En una persona enamorada. El repentino torrente de dolor que la invadió ante el recuerdo le obligó a cerrar los ojos. Era evidente que no se había enamorado. Había llegado, visto y vencido. Ella había sido muy ingenua como para ver los verdaderos motivos. Sin embargo, sus mentiras y traición no iban a salirle gratis. Haría lo que tuviera que hacer, pero no iba a dejarle construir en las tierras que ella misma le había vendido. Había necesitado de todo su valor para reventarle la fiesta aquella noche, pero en cuanto había sabido que el motivo de la misma era reunira los potenciales inversores para el proyecto que pretendía destrozar sus tierras, había decidido hacerle frente, allí mismo, delante de todos, desafiándole a mentir cuando todos los asistentes conocían sus planes. Con lo que no había contado era con que negara conocerla siquiera. Aunque, ¿qué mejor estrategia que la de hacerle parecer una idiota de pueblo? O una especie de activista chiflada en contra del progreso. Si no se calmaba, la tensión se le iba a disparar. ¿Había servicio de habitaciones en ese hotel? Se moría de hambre. Se frotó la barriga y se esforzó por liberarse de toda ira y estrés. Se obligó a relajarse mientras se peinaba y secaba los cabellos .Estaba a punto de terminar cuando alguien golpeó su puerta con fuerza.
—Comida. Por fin —murmuró mientras apagaba el secador.
Corrió a la puerta y la abrió. Sin embargo no había ningún carrito con comida. Ningún empleado del hotel. Ante ella estaba joe, con sus sandalias colgando de una mano. demi dio un paso atrás e intentó cerrar la puerta, pero él adelantó un pie, evitándolo. Indómito, como siempre, se abrió paso al interior de la habitación y separó ante ella. demi odiaba lo pequeña y vulnerable que se sentía, aunque durante un tiempo le había encantado sentirse protegida cuando se acurrucaba contra su cuerpo.
—Márchate o llamo a seguridad —gruñó.—Hazlo —contestó él con calma—. Pero dado que soy el dueño de este hotel, puede que te cueste un poquito hacer que me echen de aquí.
—Pues llamaré a la policía. Seas quien seas, no puedes entrar a la fuerza en mi habitación.
—He venido para devolverte tus zapatos. ¿Me convierte eso en un criminal?—¡Venga ya, joe! Deja tus jueguecitos. Lo he pillado, en serio. Medi cuenta en cuanto me miraste hoy. Aunque debo admitir que lo de «¿nos conocemos?», fue un toque maestro. Demasiado. Tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para no soltarle otro puñetazo.

—¿Sabes qué? Jamás te tomé por un cobarde. Jugaste conmigo. Me comporté como una monumental idiota. Pero el hecho de que evitaras la confrontación me pone enferma. Le golpeó el pecho con un dedo e ignoró la expresión de estupor en su rostro
—Pues que sepas que no te saldrás con la tuya. Aunque me cueste cada centavo que tengo, lucharé contra ti. Teníamos un acuerdo verbal, y te vas a ceñir a él. Se cruzó de brazos, tan furiosa que tenía ganas de sacudirle una patada.
—¿Y bien? ¿Pensabas que no volverías a verme jamás? ¿Pensabas que me escondería en algún agujero al descubrir que no me amabas y que sólo te habías acostado conmigo para que accediera a venderte las tierras? Pues no podrías estar más equivocado. joe reaccionó como si lo hubiera golpeado de nuevo. Su rostro palideció y la mirada se volvió gélida.
—¿Insinúas que tú y yo nos hemos acostado? —preguntó él en un susurro—. Ni siquiera sé cómo te llamas. No debería sentirse dolida. Hacía tiempo que era consciente de porqué la había elegido, seducido y mentido. Y no podía echarle toda la culpa .Se lo había puesto demasiado fácil.
Sin embargo, el hecho de que estuviera allí de pie, negando siquiera conocer su nombre, le había provocado una herida en el corazón imposible de curar.
—Deberías marcharte —le indicó con la mayor calma que pudo. Joseph  ladeó la cabeza mientras la estudiaba con atención. Y, para desesperación de joe, alargó una mano y enjugó una lágrima que rodaba por su mejilla.
—Estás disgustada. Por el amor de Dios, ese tipo era imbécil. Rezó para que su bebé hubiera heredado el cerebro de su madre y estuvo a punto de soltar una carcajada, pero lo que surgió fue un sollozo sofocado.
—Fuera de aquí. Pero él le tomó el rostro entre las manos y la miró a los ojos. Y de nuevo le enjugó las lágrimas en un gesto sorprendentemente tierno.
—No podemos habernos acostado. Aparte de que no eres mi tipo, no olvidaría algo así .demi  lo miró boquiabierta y desistió de intentar hacerle marchar. Laque se iba era ella. Ajustándose la bata, salió al pasillo antes de que él la agarrara de la muñeca.
—Por el amor de Dios, no intento hacerte daño. joseph la empujó al interior de la habitación, cerró la puerta y la miró furioso.
—Ya me has hecho daño —murmuró ella entre dientes.
—Es evidente que sientes que te he hecho algún mal —él la miró con una mezcla de ternura y confusión—. Y te pido perdón por ello, pero tendría que acordarme de ti y de lo que se supone que hicimos para poderte ofrecer una compensación.
—¿Compensación? —ella lo miró, perpleja ante la diferencia entre el Joseph jonas del que se había enamorado y el tipo que tenía en frente. Se abrió la bata lo justo para mostrar la barriga que se marcaba bajo el camisón de seda—. Haces que me enamore de ti. Me seduces. Me dices que me amas. Consigues que firme los papeles para venderte unas tierras que han pertenecido a mi familia desde hace un siglo. Me mientes sobre nuestra relación y tus planes para esas tierras. Y, por si no bastara con eso, encima tuviste que dejarme embarazada. joseph palideció. Dio un paso al frente y, por primera vez, resultó lo suficientemente atemorizante como para que ella diera un paso atrás y se apoyara contra la mesa.
—¿Me estás diciendo que nos acostamos juntos y que soy el padre de tu bebé?
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—¿Me estás diciendo que no lo hicimos? ¿Insinúas que me he imaginado las semanas que pasamos juntos? ¿Te atreves a negar que me abandonaste sin decir nada y sin mirar atrás?—No te recuerdo —anunció joe con voz ronca—. No recuerdo nada de ti. De nosotros. De eso —señaló la barriga de demi.
—No lo recuerdas…
—Sufrí un… accidente —él deslizó una mano por los cabellos—. Si lo que dices es cierto, debimos conocernos durante el periodo en que en mi mente estaba completamente en blanco.

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