Do you remenber me ? capitulo 1 - jemi
Joe jonas
había estado en situaciones peores antes y no tenía la menor duda de que aún
sería peor en el futuro. Pero esas personas jamás sabrían que no guardaba ni un
solo recuerdo de ninguna de ellas. Contempló el concurrido salón
de baile con malhumorada resignación mientras bebía a sorbos un insípido vino.
La cabeza le latía con tal fuerza que sentía ganas de vomitar.
—joe, ya has
aguantado bastante —murmuró Nick miller—. Nadie sospecha nada. joseph se giró
para mirar a sus tres amigos: Nick , Ryan Beardsley y Cameron Hollingsworth cubriéndole protectoramente las espaldas. Así había sido desde la facultad,
cuando no eran más que unos jóvenes decididos a destacar en el mundo de los negocios. Habían ido a verlo al hospital, siendo ya víctima de ese enorme agujero negro en la memoria. Pero no se habían
compadecido de él. Al contrario. Se
habían portado como unos auténticos bastardos y siempre les estaría
agradecido por ello.
—Por lo visto
yo nunca me marcho temprano de una fiesta —observó joe.—¿Y a quién le importa lo que sueles hacer? —bufó Cam—. Es tu
fiesta. Diles
que…
—Son
importantes socios de negocios, Cam —Ryan alzó una mano—.Necesitamos su
dinero.—¿Quién necesita un equipo de seguridad con vosotros tres cerca? —bromeó
joe, agradecido por tener en quien confiar. Nadie más sabía lo de su pérdida de
memoria.—El hombre que se acerca es Quenton
Ramsey tercero —susurró nick al oído de su amigo—. Su esposa se llama
Marcy. Ya ha accedido a participar en Moon Island. joseph asintió y se apartó ligeramente de la protección de sus tres amigos
para saludar con una cálida sonrisa a la pareja que se aproximaba. Junto a sus socios había localizado el lugar
perfecto para un complejo vacacional: una diminuta isla frente a la
bahía de Galveston, en Texas. Las tierras le pertenecían y lo único que había
que hacer era construir el hotely mantener a los inversores contentos.
—Quenton, Marcy, qué alegría veros de nuevo. Marcy, permítemedecirte lo hermosa que estás esta noche. Quenton es un hombre afortunado.
Las mejillas de la mujer se sonrojaron mientras joe le besaba
la mano.
Asintió con
educación y fingido interés en la pareja, aunque le volvía a picar la nuca.
Tenía la cabeza inclinada, como si estuviera atento a cada palabra que le
decían, aunque su mirada vagaba por el salón buscando la causa de la inquietud
que sentía.Al principio le pasó desapercibida, pero rápidamente le llamó la atención una mujer que estaba
de pie al otro lado del salón y que lo taladraba con la mirada. joseph no estaba seguro de por qué se sentía atraído por ella. Por regla
general las prefería altas, de largas piernas y rubias. Se derretía ante los
ojos azules y la piel pálida. Sin embargo, aquella mujer era pequeñita, incluso
a pesar de los tacones, y su piel era de un suave tono oliváceo. El rostro quedaba enmarcado por una sedosa maraña de
negros rizos que llegaban hasta los hombros y sus ojos eran del mismo color. No la había visto en su vida. ¿O sí?
Maldijo el agujero negro de su memoria. No
recordaba nada de las semanas anteriores al accidente que había sufrido cuatro
meses atrás y tenía lagunas de otros períodos.
Amnesia selectiva. Su médico había sugerido la existencia de
algún motivo psicológico y a joseph no le había gustado la insinuación. Él no estaba loco. Sí recordaba a nick, Cam y Ryan. Cada instante de
la última década, los años en la facultad, los éxitos en los negocios.
Recordaba a la mayoría de las personas que
trabajaban para él, aunque no a todas, lo cual provocaba no pocas tensiones en la oficina, sobre todo cuando intentaba cerrar un negocio millonario.
En aquellos momentos no recordaba quién era la mitad de sus inversores y, a esas alturas, no podía permitirse
perder a ninguno. La mujer no le quitaba la vista de encima. Cuanto
más lo miraba, más fría se volvía su mirada
y más se cerraba la mano en torno al pequeño bolso.
—Disculpadme —murmuró él a los Ramsey, encaminándose hacia la
misteriosa
joven .Su equipo de seguridad lo siguió de cerca. La mujer no fingió timidez y
no apartó la mirada un solo instante. Tenía la barbilla alzada en un gesto desafiante.
—Disculpe, ¿nos conocemos? —preguntó joseph con una voz
tierna que
normalmente resultaba muy eficaz con las mujeres.
Lo más probable era que dijera
que no, o que mintiera descaradamente e intentara convencerle de que
habían pasado una noche maravillosa en la
cama. Lo cual era del todo imposible porque ella no era su tipo. Pero la
mujer no hizo nada de lo que él había esperado que hiciera. Yal levantar la
vista hacia su rostro lo que vio fue ira.
—¿Que si nos conocemos? —susurró—. ¡Bastardo!
Antes de que él pudiera asimilar la
reacción de la joven, recibió un derechazo
que le hizo tambalearse hacia atrás mientras se llevaba una mano a la nariz.—Hijo de…No tuvo tiempo de preguntarle si se había vuelto loca,
pues uno de sus guardas se interpuso entre ellos y, en medio
de la confusión, la empujó a un lado
haciendo que cayera al suelo. La mujer se llevó de inmediato una mano a los pliegues del vestido. Y entonces lo
vio. La tela había ocultado la curvatura de su barriga, ocultado el embarazo.—¡No! —rugió joe—. Está embarazada. Los guardas
dieron un paso atrás y miraron perplejos a su jefe,mientras la mujer se ponía apresuradamente en pie.
Salían chispas de sus ojos mientras corría por el pasillo, golpeando
ruidosamente el suelo de mármol
con los tacones. joseph miraba fijamente la figura que huía, muy sorprendido para hacer o decir nada. La última mirada que le
había dirigido no había sido de ira ni de rabia. Lo que había visto era dolor, y
lágrimas. Le había hecho daño a
esa mujer, pero no sabía cómo ni por qué. Y
la siguió por el pasillo. Atravesó a la carrera el vestíbulo del hotel y, al llegar a las escaleras que conducían a la calle,
vio un par de zapatos que
resplandecía. Se agachó y recogió las
sandalias. Una mujer embarazada no debería llevar unos tacones tan altos. ¿Por
qué demonios había salido corriendo? Parecía
buscar un enfrentamiento, pero a la primera oportunidad había huido.
—¿Qué demonios ha pasado, joe? —preguntó Cam al darle alcance. Todo el
equipo de seguridad, junto con Cam, Ryan y Nick lo había seguido
hasta la calle y en esos momentos lo rodeaban con gesto de preocupación. Joseph dejó
escapar un suspiro de frustración antes de arrojar el par de sandalias a las manos de Ramon, el jefe de
seguridad.—Encontrad a la dueña de estos zapatos.
—¿Y qué quieres que haga con ella cuando la encuentre?
—preguntó Ramon.—No tienes que
hacer nada —joe sacudió la cabeza—. Sólo infórmame. Yo me encargaré.
—No me gusta, joe —anunció Ryan—. Existe la posibilidad de que se haya filtrado a la prensa lo de tu pérdida de
memoria.—Cierto —joe asintió lentamente—. Sin embargo, hay algo en ella que me perturba.—¿La has reconocido? —Cam enarcó las cejas—. ¿La conoces?—No lo sé —joe frunció el ceño—. Pero voy a averiguarlo.
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