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sábado, 15 de diciembre de 2012

do you remenber me ? capitulo 5 - jemi

Respiró hondo y atravesó las puertas giratorias para entrar en el edificio. El vestíbulo era precioso. En el centro había una gran fuente y separó frente a ella para permitir que el sonido del agua le relajara. Echabade menos el mar. No salía muy a menudo de la isla y, en medio de la gran ciudad, lo pensaba en regresar al tranquilo lugar en el que hacrecido.Se le formó un nudo en la garganta y el dolor le oprimió el pecho. Por su culpa, las tierras de la familia estaban en manos de un hombre decidido a construir un complejo turístico con campo de golf y a saber qué más.Pero la isla Moon era especial. Las familias llevaban viviendo allí desde hacía generaciones y todo el mundo se conocía. La mitad de la islas e dedicaba a la pesca o a las gambas y la otra mitad vivía jubilada tras años trabajando en Houston o Dallas.Entre los residentes había un acuerdo no escrito por el que la isla seguiría siendo un paraíso para quien buscara una vida más tranquila.Pero todo eso iba a cambiar por su culpa. Las excavadoras iban a invadirlo todo y, lentamente, el mundo exterior cambiaría su forma devivir. demi se mordió el labio y se dirigió hacia el ascensor. Le dolía pensar en lo ingenua y estúpida que había sido.Furiosa, pulsó el botón de la tercera planta. Le había creído cuando le había asegurado que quería las tierras con fines personales. Al firmar los documentos, el nombre que había aparecido era el suyo, no el de ninguna empresa. Joe Jonas. Y también le había creído cuando le había dicho que la amaba y que regresaría. Que quería que estuvieran juntos.Se sentía tan humillada por su estupidez que no soportaba pensa rmás en ello. Y al presentarse en Nueva York se había encontrado con lahistoria de la pérdida de memoria. Demasiado oportuno.
—Por favor, que esté diciendo la verdad —susurró.Porque, si decía la verdad, entonces a lo mejor no era tan mala persona.—¿Tiene cita? —al salir del ascensor, se topó con un mostrador. La recepcionista  sonrió.
—joseph me está esperando —asintella tras unos segundos de incertidumbre.
—¿Es usted la señorita Morgan?Ella asintió de nuevo.—Sígame. El señor jonas pidió que la llevara de inmediato a su despacho. ¿Le apetece un café o té? —miró la enorme barriga—. Si lo prefiere, tenemos descafeinado.
—Gracias, estoy bien —demi sonrió.—Señor Jonas la señorita Morgan está aquí —la recepcionista abrió una puerta.

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—Gracias, Tamara —joe alzó la vista del escritorio y se puso en pie.
—¿Necesitará alguna cosa más? —preguntó amablemente Tamara.
—Que nadie me moleste —joe sacudió la cabeza. La mujer sonrió y se marchó, cerrando la puerta tras ella. demi miró a joel. Estaban tan cerca que podía olerlo, pero no saa mo actuar. No poa mantener la pose airada de amante despechada porque, si no se acordaba de ella no se le podía culpar por comportarse como si no existiera.Pero tampoco poa retomar la relación donde la haan dejado arrojándose en sus brazos.
—Antes de que esto vaya más lejos, hay algo que debo hacer —élsuspiró.—¿Qué? —demi frunció el ceño antes de enarcar las cejas al verlo aproximarse. joe le tomó el rostro entre las manos ahuecadas y se acercó aún más a ella.
—Tengo que besarte.

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demi intentó zafarse, pero joe estaba decidido a no dejarlescapar. La sujetó por los hombros y la atrajo bruscamente hacia sí antes de  besarla apasionadamente.No estaba muy seguro de qué esperar. ¿Fuegos artificiales? ¿Lmemoria milagrosamente recuperada? ¿Igenes de las semanaperdidas?No sucedió nada de eso. En cambio, lo que sí sucedió lo llenó depánico. joseph sintió que su cuerpo despertaba. Cada músculo se tensó. El deseo y la lujuria se enroscaron alrededor del esmago y se puso dolorosamente duro.¡Cómo le correspondía esa mujer! Tras la resistencia inicial, se fundió contra él y le devolvió el beso con pasión. Le rodeó el cuello con los brazos moldeando sus deliciosas curvas contra su cuerpo. Un cuerpo que pedía a gritos que la tumbara sobre el escritorio y saciara su deseo.Pero a medida que la consciencia se abría paso, se contuvo. ¿En qué estaba pensando? Esa mujer, a la que no recordaba, estaba embarazada,aunque eso no le impidiera querer arrancarle la ropa.Bueno, al menos no podría dejarla embarazada otra vez…¿Que no era su tipo? Nunca había conocido a una mujer con la que tuviera tanta química. demi lo miraba perpleja con los labios hinchados y la mirada turbia. Y joe tuvo que hacer acopio de toda su capacidad de control para no terminar lo que había empezado.
Lo siento se disculpó apartándose de ella. Tenía qucomprobarlo.
—¿Comprobar el qué? —ella entornó los ojos mientras cruzaba los brazos sobre el pecho y daba unos impacientes golpecitos en el suelo con el pie.
—Si conseguía recordar algo.
—¿Y bien?—Nada —él sacudió la cabeza. demi se dio media vuelta, dispuesta a salir del despacho.
—Espera un momento —llamó él.
—¿Cuál es tu problema?
—¿Cuál es mi problema? Pues no tengo ni idea. Quizás que no me gusta ser maltratada como una especie de animal de laboratorio
.—Pero…
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Antes de que él pudiera protestar, ella ya se  había   marchado. joe la vio irse sin saber si ir tras ella o no. ¿Qué le diría cuando la alcanzara? No lamentaba el beso, aunque no hubiera supuesto la cura milagrosa que había esperado. Pero sí le había aclarado algo importante:no podía acercarse a esa mujer sin estallar en llamas, y eso hacía que fuera bastante probable que llevara a su hijo dentro de ella.Regresó al escritorio y descolgó el teléfono. Segundos más tarde,Ramon contestó
.—La señorita Morgan acaba de abandonar mi despacho. Procura que llegue bien al hotel.demisalió a la calle. Las lágrimas le ardían en los ojos.Había esperado ver algún rastro del joe del que se había enamorado. Quizás también había esperado que el beso despertara…algo.
El viento fresco le revolvió los cabellos mientras miraba calle abajo,sin saber muy bien qué dirección tomar. Hacía más frío que antes y empezó a tiritar.Aún había bastante luz como para regresar caminando al hotel. El beso de joe la había dejado acalorada y le enfurecía que se hubiera mostrado   tan frío.Se había sentido como… un juguete. Como si no fuera más que unartículo para divertirle. Y seguramente era eso lo que había sido desde el principio.Al pararse ante un paso de peatones, un hombre tropezó con ella violentamente.
—¡Eh! —demi  se volvió asustada. 
El hombre murmuró una disculpa mientras el semáforo se ponía en verde. No fue consciente del tin en el otro brazo hasta que fudemasiado tarde.El bolso se deslizó por el brazo que casi fue arrancado del hombro mientras el ladrón echaba a correr.Instintivamente, demi agarró la correa del bolso tirando de ella.El ladrón la empujó con fuerza, haciéndole caer al suelo. El golpe fue muy fuerte, pero la correa del bolso se mantuvo firmemente enrollada alrededor de su muñeca.El ladrón tiró con fuerza, arrastrándola varios metros antes de soltar un rugido de rabia y sacudirle una bofetada con el dorso de la mano.demi percibió un destello plateado.

El pánico hizo presa de ella al reconocer la navaja que se aproximabaa su cuerpo. Sin embargo, el atacante rajó la correa y en unos segundos desapareció, fundiéndose con la multitud mientras ella quedaba tirada enel suelo.
—¿Está bien, señora? —alguien se arrodilló a su lado.Ella se volvió, demasiado aturdida para responder. Un coche negro dio un frenazo, parándose frente a ella y una mole de hombre corrió en suauxilio
.Señorita Morgan, ¿se encuentra bien? preguntó apresuradamente.
—¿Cómo… cómo sabe mi nombre?—El señor jonas  me envió.
—¿Cómo se ha enterado él de lo sucedido?—Me pidió que me asegurara de que llegara sana y salva al hotel. No la alcancé a tiempo para llevarla en coche y la estaba buscando.
—Entiendo.
—¿Puede ponerse de pie? —preguntó él. demi asintió lentamente. Al menos lo intentaría. Mientras el hombre la ayudaba a levantarse, se sujetó la barriga, preocupada por si el bebé había sufrido algún daño.
—¿Le  duele? —preguntó él.—No lo sé —contestó ella temblorosa—. Puede que no sea más que el susto. La caída…—La llevaré de inmediato al hospital. El señor de jonas se reunirá allí con nosotros.Bryony no protestó al ser empujada al asiento trasero del coche. El hombre se sentó a su lado y ordenó al conductor que arrancara
.—¿Le duele algo? —preguntó.—No creo. Sólo estoy alterada.—Va a tener un buen moretón en el ojo.
—Gracias —murmuró—. Por su ayuda. Llegó en el momento justo.—No, no es verdad —el rostro del hombre se arrugó en una mueca derabia—. De haber llegado un segundo antes, no la habría lastimado.
—Aun así, gracias. Llevaba una navaja.Al recordarlo, empezó a respirar agitadamente. Le subió un escalofríopor la columna hasta los hombros y empezó a tembladescontroladamente.
—Ni siquiera sé su nombre —continuó con voz débil.—Ramon —él la miró con preocupación—. Soy el jefe de seguridad delseñor jonas

—Me llamo demi —se presentó ella antes de recordar que él ya conocía  su nombre.
—Casi hemos llegado, demi—la tranquilizó.El coche se paró y la puerta se abrió. Ramon la ayudó a salir y los recibió un auxiliar de urgencias, que les aguardaba con una silla de ruedas. Sorprendida por la rapidez con que fue atendida, contempló boquiabierta mo dos enfermeras la tumbaban en una cama yempezaban a examinarla.Ramon se quedó a su lado sin perder detalle de los movimientos delpersonal sanitario.
—El señor  jonas es benefactor de este hospital —murmuró, como sicomprendiera el aturdimiento de la joven—. Llamó para informarles de sullegada.
El obstetra vendrá enseguida anuncuna enfermera—.Examinará al bebé.demi asintió y murmuró un agradecimiento. Acababa de cerrar losojos cuando la puerta se abrió de golpe.
—¿Estás bien? —preguntó angustiado joe—. ¿Estás herida? ¿Te duele algo? —respiró hondo y se mesó los cabellos
—. ¿El… bebé?Antes de que ella pudiera responder, él se fijó en el ojo y su rostro seenfureció. Instintivamente le tocó la cara antes de volverse hacia Ramon.
—¿Qué ha pasado?—Estoy bien —intervino demi, pero joe ya no le prestabaatención a ella
.—joe…
Él seguía bombardeando al jefe de seguridad con preguntas y tuvoque tirarle de la manga para recuperar su atención.
—Estoy bien, en serio. Ramon apareció justo a tiempo. Me ha cuidado muy bien.—No debería haberte dejado marchar del despacho —joe rechinó losdientes—. Estabas alterada y no deberías haber salido a la calle. Pensaba que Ramon te llevaría al hotel.—Eché a andar —ella se encogió de hombros—. Él no me alcanzóhasta después de…
—¿Ha venido ya el médico? —joe acercó una silla y se sentó a su lado—. ¿Qué ha dicho del bebé? ¿Te ha hecho daño ese bastardo en alguna otra parte?Ella sacudió la cabeza y pestperpleja. Aql era un joe totalmente desconocido.
—La enfermera dijo que el obstetra de guardia vendría en breve para reconocerme y asegurarse de que el bebé está bien. Y no, no me ha herido en ninguna otra parte.
—No puedes caminar por las calles de Nueva York tú sola —joel le tomó la mano—. Ni siquiera me gusta que te alojes en ese hotel.—Pero si es tuyo —demi sonrió divertida—. ¿Estás diciendo que no es un lugar seguro?
—Preferiría que te quedaras conmigo, para estar seguro de que no te pase nada.
—¿Qué estás diciendo? —ella frunció el ceño.
—Escucha, de todos modos nos íbamos a ir juntos a la isla Moon en unos días. Lo lógico sería que te quedaras conmigo hasta entonces. Nos dará más tiempo para… conocernos.Quizás no la recordaba, pero sus instintos protectores se habían despertado y desde luego estaba preocupado por el bebé y su madre.Al menos era un comienzo, ¿no?
—De acuerdo —accedió demi—. Me alojaré en tu casa hasta que salgamos  hacia la isla.
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