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jueves, 11 de abril de 2013

Unfaithfull capitulo 9 - jemi en español


Unfaithfull

Capitulo 9 :

Pero la madre de Joe aceptó cuidar a su nieto con alegría, lo que en cierto modo contrarió a Demi. De alguna manera, le atraía la idea de entrar en el ultramoderno edificio de oficinas donde Joe tenía el despacho y dejarle a Frankie en brazos. «Aunque, sin embargo», pensaba mientras se dirigía en taxi al centro de Londres, «una cosa es imaginarlo y otra muy distinta hacerla».
Se sentía feliz y esperaba que aquella sensación le durara algún tiempo.
¿Era tan malo no tener otra ambición que ser una buena madre y esposa? Siempre había amado su trabajo, que consistía en cuidar de sus tres hijos, escucharlos, jugar con ellos o, simplemente, disfrutar de ellos.
Y de Joe. Joe podía ser un león en la jungla de los negocios, pero Demi sabía que la tensión desaparecía de su cuerpo en cuanto llegaba a su casa y encontraba a su pequeña familia con sus pequeños problemas, esperando que él los solucionara.
Muchas noches llegaba agotado y con el semblante serio, con el rostro de un cazador implacable, pensó Demi en aquellos momentos-, pero en menos de media hora, estaba tumbado en el suelo jugando con los gemelos. Jugando o viendo la televisión. Se compenetraba absolutamente con ellos y podía llegar a pelearse con Sammy por un juego de ordenador, y no tenía la menor señal de tensión ni de pesadumbre, tan sólo aquella sonrisa infantil igual a la de su hijo, que decía que había abandonado el mundo de los negocios para sumergirse en el feliz alivio que le ofrecía su familia.
Demi se preguntaba si el mismo proceso funcionaba a la inversa, ¿le era tan fácil desprenderse de su papel de padre y esposo cada vez que salía para irse a trabajar? ¿Era un alivio para él volver a aquel otro mundo mucho más excitante, ser el gran hombre con poder sobre otros y verse tratado de forma especial? ¿Se convertían su pequeña mujer y sus tres hijos en poco más que nada una vez que volvía a aquel escenario sofisticado lleno de gente inteligente y sofisticada, con ropa sofisticada y sofisticadas conversaciones?
Sofisticado, se repitió por enésima vez, en eso se había convertido Joe, en un hombre maduro y sofisticado. Mientras, ella se había estancado.
Se odió a sí misma por haber dejado que ocurriera y odió a Joe por obligarla a ver sus propios defectos, porque eso significaba que ella tenía que asumir parte de culpa por lo que les estaba ocurriendo.
Demi sintió un inexplicable alivio al no ver el BMW negro de Joe cuando el taxi la dejó en casa a las seis en punto de la tarde.
Iba tan cargada con bolsas y paquetes que tuvo que llamar al timbre con el codo.
-¡Cielo Santo! -exclamó la madre de Joe, abriendo la puerta y mirando a su nuera con asombro.
Demi siguió hacia el interior sin detenerse.
-Cielo Santo! -volvió a exclamar cuando, una vez en el interior de la casa, Demi dejó caer los paquetes a sus pies.
-¿Qué te parece? --preguntó Demi con incertidumbre.
La Demi que había abandonado su hogar una hora después que su marido no era la misma que estaba ante su suegra.
Se había cortado el pelo en un óvalo alrededor de la cara, hasta la altura de la barbilla. La habían maquillado de modo que quedaran realzados los hermosos rasgos que ella no creía tener. Tenia un aspecto tan natural que era imposible decir cómo le habían arreglado los ojos y la boca para que, de repente, llamaran tanto la atención.
Pero aquello no era todo. Ya no llevaba el abrigo de lana azul pálido y los vaqueros con que había salido aquella mañana. En su lugar, llevaba el traje de chaqueta de lana más exquisitamente cortado que Jenny había visto. Era de color marrón pálido y se ajustaba perfectamente a su figura. Se abrochaba con dos filas de botones de un marrón más oscuro en la pechera y estaba adornado con tres botones en cada puño. También llevaba unas botas de ante por debajo del tobillo y un bolso a juego.
-Creo -dijo Jenny Jonas- que lo mejor será que preparemos una bebida fuerte para cuando mi hijo vuelva a casa.
Jenny no podía saberlo, pero había dado la respuesta que más podía satisfacer a Demi que había ido adquiriendo una actitud más desafiante a medida que pasaba el día.
Se abrió la puerta y entró Sammy.
-¡Uauh! -exclamó, y Demi sonrió de oreja a oreja como una idiota. El tiempo que había empleado preocupándose por la reacción de sus hijos ante el nuevo aspecto de su madre, había sido tiempo perdido.
-¿Qué hay en los paquetes? -preguntó Sammy, despreocupándose de Demi como si fuera la misma de siempre.


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