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viernes, 12 de abril de 2013

Unfaithful capitulo 11 - jemi en español

Unfaithful

Capitulo 11 :


Si alguna vez Demi... qué? Se preguntaba Demi metida en el pequeño cuarto de baño de Frankie mientras esperaba a que Joe saliera de su dormitorio para no tener que encontrarse con él.
...
¿Si alguna vez Demi descubría que había habido otra mujer? Bueno, Demi ya lo había descubierto.
¿Si alguna vez Demi decidía crecer?, se dijo cínicamente, y se miró al espejo con cierto sobresalto, porque era casi como mirar a otra persona.
«Mírate, se dijo. «Escondiéndote aquí cuando ni siquiera tienes que usar el baño. No te atreverías a bañarte por miedo a que el agua te estropeara el peinado, ni a lavarte por si no puedes rehacer el maquillaje. Joe te va a invitar a cenar, pero sólo porque se siente culpable. y, además, espera salir con la persona que acaba de conocer, la misma que te mira desde el espejo, pero esa persona no es más que una ilusión. Un disfraz bajo el que la verdadera Demi está tratando de ocultarse.
Oyó que se cerraba una puerta y luego el andar característico de Joe, que bajaba las escaleras. Demi dio un profundo suspiro, miró de reojo a la mujer del espejo y salió de su escondite. En el brazo llevaba uno de los vestidos que se había comprado, y lo colgó en la puerta del guardarropa, luego, se alejó unos pasos, preguntándose si se atrevería a ponérselo o no.
Era muy sexy. De encaje color rubí y seda negra, dejaba al descubierto los hombros y buena parte de la espalda. La dependienta se había dado cuenta de su desconcierto al ver cuánto exponía su cuerpo y había ido a buscar una chaquetilla de terciopelo negra con mangas y cuello alto, que sólo dejaba expuesto el tentador escote.
¿Iba a ponérselo o no?, se preguntó reflexivamente. ¿O se ponía el vestido negro que llevaba normalmente cuando salía con Joe?
Kate entró apresuradamente en la habitación, colorada y oliendo a polvos de talco. Se acercó a Demi y abrió mucho los ojos al ver el vestido nuevo.

-¿Te lo vas a poner, mamá? -preguntó con dulzura.
-No lo sé -respondió Demi con incertidumbre- Puede que ... lo mejor sea ponerme mi vestido negro ... -dijo extendiendo el brazo para sacarlo del armario. La niña la detuvo.
-¡Pero no puedes ponerte eso! -exclamó con horror- Papá se ha puesto su esmoquin con pajarita esta guapísimo
Demi frunció los labios. Sin duda, el maravilloso papá de Kate merecía algo mejor que su viejo vestido negro.
-Además, ese vestido negro es muy aburrido -dijo la niña.
«Aburrido», se repitió Demi. Era una palabra con la que estaba muy familiarizada las últimas semanas.
-Bueno, entonces, me pondré el rojo -dijo. Si la vieja Demi era aburrida, la nueva estaba decidida a no serlo-. Ve a ayudar a la abuela mientras yo me visto.
Se agachó y le dio un beso en la mejilla. Kate salió corriendo de la habitación. A Demi le dio la impresión de que estaba impaciente por ayudar a su abuela,orgullosa de colaborar a que sus padres pudieran salir.
Se vistió y bajó. Sus hijos y su suegra, que estaban cenando en la cocina, se quedaron boquiabiertos. Había llegado el momento de saber la opinión del verdadero experto, pensó deteniéndose antes de entrar en el salón. Kate tenía razón, se dijo observándolo al entrar, Joe estaba guapísimo con el esmoquin. Pero se trataba de algo más que del elegante corte del traje, era el hombre que lo llevaba el que marcaba la diferencia. Tenía un aire de madurez y sofisticación que parecía aumentar el innato atractivo que siempre había tenido.
Estaba junto al mueble bar, sirviéndose una tónica, y no se había dado cuenta de su presencia.Demi se alegró porque así tenía tiempo de calmar el efecto que tenía sobre sus sentidos. Llevaba el pelo tan informal como siempre, ni muy corto ni muy largo, con un peinado ni moderno ni anticuado. Yeso decía mucho de su carácter. Joe siempre dejaba huella en la gente porque no era ni muy convencional ni demasiado extravagante. Era un hombre con una gran confianza en sí mismo, pero que mantenía en el misterio una parte de su personalidad, lo que le hacía aún más atractivo.
Demi no podía dejar de sentirse intimidada ante aquel hombre y pasaba nerviosamente los dedos por el borde de la chaquetilla. N o solía pensar en él en aquellos términos. De hecho, no solía pensar en él como otra cosa que no fuera su marido. Ésa era otra novedad a la que tenía que hacer frente, que pudiera sentirse intimidada por un hombre con el que llevaba viviendo siete años.
Joe se dio la vuelta y la vio en el umbral de la puerta. A Demi le dio un vuelco el corazón al ver que fruncía el ceño y la observaba de arriba abajo, pero no podía ver bien la expresión de sus ojos.
«Se esconde, huye de mi», se dijo Demi, «lo hace todo el tiempo». Incluso en aquellos instantes en que veía cómo observaba su nuevo peinado y su rostro maquillado, no podía saber lo que estaba pensando. El vestido era mucho más fino que cualquier cosa que se hubiera puesto en su vida, realzaba su esbelta figura, sus piernas largas y bonitas, pero Joe lo observó sin dar la menor muestra de aprobación o disgusto.
Luego, sin previo aviso, un brillo de emoción cruzó por sus ojos antes de desaparecer de nuevo.
Demi se sobresaltó, porque estaba segura de que sus ojos no revelaban otra cosa que tristeza. Pero, ¿por qué debía Joe sentir tristeza al ver a su mujer vestida para salir con él?
O, tal vez, no fuera tristeza, tal vez fuera su conciencia culpable. ¿Qué había dicho su madre? «La tienes guardada entre algodones». Aquella frase debía haberle calado muy hondo, y, en aquellos instantes, allí estaba ella, distinta, convertida en otra mujer. Y Joe debía saber que ella nunca habría llegado tan lejos si él no la hubiera hecho sentirse tan insegura.
-¿Quieres algo de beber antes de que nos vayamos? -preguntó Joe.
Demi se dio cuenta de que no iba a hacer ningún comentario sobre el vestido y sintió una gran decepción. -No ... gracias -replicó con voz grave- ¿Has .. has reservado mesa?
Joe sonrió.
-Sí -dijo-. ¿Nos vamos?
Demi se sentó en el BMW. Se' sentía intranquila y no dejaba de mirarse las manos mientras Joe aceleraba en dirección al centro de Londres. Demi montaba pocas veces en aquel coche, porque cuando salían solían hacerla con sus hijos y era su Ford Escort blanco el elegido. Así que se sentía algo extraña en aquel coche. En realidad, se sentía extraña con todo, incluso consigo misma.
-¿Adónde vamos? -preguntó sin mucho entusiasmo. Se dio cuenta de que Joe la miró, y volvió la cabeza para mirarlo. El volvió a mirar a la carretera. Tenía la mandíbula apretada.
Mencionó un club con restaurante y sala de baile y Demi sintió un hormigueo en la piel. Era uno de los sitios más frecuentados por los ricos y famosos, Demi pensaba que había que tener cierto estatus para ser admitido en uno de aquellos lugares y la naturalidad con que Joe mencionó aquel club le hizo sentirse aún más incómoda.
La comida es buena -decía sin darle importancia- Lo bastante buena como para tentar incluso los apetitos más frágiles.
¿Se refería a ella? Podría ser, desde hacía algún tiempo, no tenía mucha hambre. La comida se convertía en un problema cuando tenía que vivir con un nudo permanente en la garganta.
-Entonces, lo conoces -dijo.
-He estado una o dos veces.
¿Con Taylor? Demi no pudo evitar aquel pensamiento, que provocó que permaneciera en silencio el resto del camino.
Joe no estaba más alegre que ella. La guió a través del vestíbulo del club, iluminado con luz indirecta para realzar el lujo del lugar.
-Buenas noches, señor Jonas -le saludó un hombre bajo, calvo y gordito, con acento francés. Luego se inclinó educadamente para saludar a Demi.
-Buenas noches, Claude -respondió Joe con una familiaridad que provocó la mueca de Demi-. Me alegro de que hayáis podido encontrar una mesa para nosotros habiéndoos llamado con tan poca antelación.
Claude se encogió de hombros de un modo típicamente europeo.
-Ya sabe, señor, para personas como usted siempre tenemos sitio. Por aquí, por favor.
Joe agarró a Demi por la cintura. Demi miró a su alrededor, mientras seguían a Claude, tratando de no demostrar lo impresionada que estaba por el lujo del lugar.
Siempre que había salido con Joe habían ido a alguno de los restaurantes del barrio, indio, chino o italiano. Él no llevaba más que unos vaqueros y una camiseta, tal vez una chaqueta de esport, y ella llevaba una ropa igualmente informal. Solían sentarse relajadamente y compartir una botella de vino con la relajada intimidad de dos personas que se encuentran a gusto en compañía del otro. Pero Demi dudaba de que pudiera relajarse en aquel lugar. No podía imaginar, por ejemplo, a Joe robándole del plato una gamba, su comida favorita, como solía hacer, o a ella misma inclinándose sobre la mesa para darle una, sosteniéndola entre los dedos.
Aquel ambiente no inspiraba aquella clase de intimidad. En realidad, se dijo mientras la admiración era reemplazada por cierto desprecio, encontraba que allí no había ambiente en absoluto, aparte del que decía: «Comemos aquí no porque nos guste, sino porque está de moda».
-No te gusta -le dijo Joe, observando su expresión.
-Todo es ... muy bonito -replicó ella.
-Bonito -repitió Joe con ironía- Resulta que es uno de los mejores restaurantes de Londres, y a ti sólo te ocurre decir que es «bonito».
-Lo siento -dijo Demi-. ¿Debería estar impresionada?
-No -dijo Joe, pero tenía la mandíbula apretada.
-¿O lo que debería impresionarme es que consigas mesa con tanta facilidad? Ten cuidado, Joe, o empezaré a sospechar que tratas de impresionarme.
-y es una posibilidad demasiado ridícula como para que la tengas en cuenta, ¿no?
Demi reflexionó un momento acerca de aquel comentario, mientras paseaba la mirada por las otras mesas, ocupadas por elegantes personas luciendo elegantes vestimentas. Luego miró a Joe.
-Francamente, sí -replicó con desdén- Yo creía que los dos sabíamos que no tenías que hacer nada para impresionarme. Joe suspiró con impaciencia.
-Demi, no te he traído aquí para que discutamos.
Yo sólo quería ...
-¿Darme un trato especial? -sugirió Demi con sarcasmo.
-¡No! ¡Quería complacerte, sólo complacerte! -dijo Joe con amarga intensidad.
-¿Enseñándome cómo vive tu otra mitad? -preguntó Demi burlonamente.
-¿Mi otra mitad? -dijo Joe con desconcierto- ¿Qué diablos quieres decir con eso?
-Tu otro yo, ése del que yo no sé nada -dijo Demi, añadiendo para sí: «el Joe que ha ido creciendo más y más mientras el otro se ha ido desvaneciendo poco a poco sin que yo me diera cuenta»-. El que se siente como pez en el agua en lugares como éste.
Un brillo cruzó la mirada de Joe.
-¿Habrías preferido que, así vestidos, fuéramos a un chino? Te has tomado muchas molestias para conseguir una nueva imagen, Demi. Y esto ... -dijo señalando a su alrededor- ... es lo que coincide con ella. Depende de ti elegir si lo prefieres o no.
Su respuesta fue «no», e hizo una mueca al darse cuenta de lo que aquella respuesta significaba. No se encontraba a gusto así vestida y aquel ambiente no era el suyo. Pero estaba tan claro que sí era el de Joe, que le daban ganas de llorar. ¿Les quedaría algo en común?
-¿Y tú la prefieres? -le preguntó-. ¿Prefieres mi nueva imagen?
Joe se reclinó sobre su silla. Tenía una extraña expresión.
-Me gusta tu pelo -admitió al cabo de un momento-, pero no estoy seguro de que me gusten tus razones para haber cambiado. El vestido también me gusta. Es precioso, pero no me gusta lo que hace con la mujer que ...
En aquel momento, un camarero se detuvo junto a Demi y les ofreció la carta.
-La carta, señores -,dijo.
-Gracias -,dijo Joe y despidió al camarero con un ademán. El camarero se marchó con una inclinación de cabeza.
-Has sido un poco brusco con él -dijo Demi-. ¿Qué te ha hecho para que le trates así?
-Me ha interrumpido cuando trataba de hacerte un cumplido.
Demi lo miró con ironía.
-Si llamas a eso cumplidos, Joe, te diré que no me impresiona tu estilo.
Joe hizo una mueca.
-De acuerdo-asintió-, me cuesta acostumbrarme a tu nueva imagen. Demi... -dijo Joe, inclinándose hacia delante y agarrándole la mano a Demi- ... eres muy guapa, no hace falta que te lo diga ...
«¿No hace falta?», se preguntó Demi.
- ... pero no, por favor, no dejes de ser la encantadora persona que eres sólo porque quieres probarme algo.
-No he hecho esto por ti, Joe-dijo Demi con frialdad- Lo he hecho por mí misma; Ya era hora de crecer.
-Oh, no, cariño -murmuró Joe-, estás equivocada. Yo ...
-¡Por todos los diablos, pero si es el mismísimo Joe Jonas! -dijo una voz.
-Maldita sea -murmuró Joe, apretando la mano de Demi y volviéndose para mirar al intruso.
-Zac -le saludó poniéndose en pie- Creía que estabas en Estados Unidos -dijo estrechándole la mano.



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Bueno nuevo amigito se unio a la nove muajajja Zac entra a la acción !!

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