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sábado, 13 de abril de 2013

Unfaithful - capitulo 12 - jemi en español

Unfaithful

Capitulo 12

Demi se fijó en él. Era atractivo y tendría la misma edad que Joe. Era rubio y delgado, y tenía unos ojos verdes cuya mirada podría atravesar una armadura si se lo proponía.
-He vuelto hace un mes -respondió Zac-. Eres tú el que ha estado fuera de la circulación últimamente -dijo mirando con una curiosidad puramente masculina a Demi-. ¿Tiene esta hermosa criatura la culp...

a? -preguntó con suavidad. Luego miró a Joe y le preguntó--: ¿Qué ha ocurrido con la encantadora T...
-Mi mujer -le interrumpió Joe.
Demi, sin embargo, imaginó el nombre que Zac iba a pronunciar.
-Demi-añadió Joe con un gesto de la mano- Zac Efron. Tenemos el mismo abogado.
Zac Efron miró a Joe pensativamente.
-Vaya, vaya -murmuró antes de rodear a Joe para ofrecerle la mano a Demi.
estaba demasiado ocupada tratando de recordar por qué le sonaba aquel nombre como para pensar en lo que aquel pequeño comentario significaba. Zac Efron era el dibujante de la sección política del Sunday Globe, y tenía un humor mordaz. Tenía la infalible capacidad de captar las debilidades de la gente y utilizarlas de modo que podía convertir a la persona más eminente en el mayor hazmerreír. Aquella habilidad también le había convertido en una celebridad de la televisión.
-Ahora entiendo por qué nadie ha visto a Joe durante semanas -murmuró cuando Demi le tendió la mano-. Te has casado -añadió con suavidad- No hay duda de que tu gusto ha mejorado, Joe.
Demi supo que la estaba comparando con Taylor. -Gracias -respondió en lugar de Joe, que estaba tan tenso que no parecía capaz de pronunciar palabra aunque quisiera- He oído hablar de usted, señor Efron. Admiro su trabajo.

-¿Una admiradora? -replicó Zac con humor- Dígame una cosa ... -añadió haciendo ademán de retirar una silla para sentarse.
-Zac, cariño, ¿no te olvidas de algo? -dijo una mujer interrumpiéndole. Con un gesto de fastidio, hecho para que Demi lo viera, se irguió y se dio la vuelta.
-Disculpa -dijo-, pero debes entender que tenía que saborear este momento. Este hombre ha sucumbido a los encantos del matrimonio -dijo con un suspiro y se volvió a Joe agarrando a su acompañante por la cintura- Claree, éste es Joe Jonas, de quien, sin duda habrás oído hablar.
-¿Y quién no? -añadió Claree con sequedad- Todos esperábamos con impaciencia el resultado de la venta de Habréis.
Demi bajó la vista, preguntándose si sería la única persona del mundo que no sabía lo importante que había sido la venta de Habréis.
-Encantada de conocerte -dijo Claree.
Joe se limitó a responder con una sonrisa. Tenía los ojos fijos en Zac, que miraba a Demi con un no disimulado interés.
-Nos gustaría que os sentarais con nosotros, pero ya hemos pedido la cena -mintió.
-No te preocupes -dijo Zac con una sonrisa- No tenemos ningún deseo de interrumpir a unos recién casados.
Joe abrió la boca para corregir el error, pero la mirada de Demi le obligó a guardar silencio. «¡No!», le decían sus ojos, «¡No les digas la verdad! Conoce a Taylor, así que no me pongas en ridículo diciéndole que llevamos casados siete años y que nuestros hijos tienen seis».
Joe apartó la mirada y apretó los labios con un gesto sombrío y lleno de frustración.
Demi se sentía tan mal que le daban ganas de salir corriendo para no tener que hacer frente a su humillación.
Entonces, Joe hizo algo inesperado y extraño. La agarró por la barbilla, se inclinó y, allí mismo, ante la sociedad más refinada de Londres, la besó apasionadamente.
Cuando se separó, Demi vio en su mirada un dolor tan profundo que se le llenaron los ojos de lágrimas. -Ya veo que la luna de miel no ha terminado -dijo Zac Efron-. Vamos, Claree, creo que debemos dejar solos a estos dos tortolitos.
-¿Qué quieres cenar? -preguntó Joe al cabo de un rato.
Absorta, desconcertada y excitada por el inesperado beso de Joe, y conmovida por la expresión de su mirada, Demi tuvo que hacer un gran esfuerzo para concentrarse en lo que había dicho.
-Pues ... -dijo mirando la carta sin poder leer una palabra- Pues ...
El corazón le palpitaba y en sus labios ardía el recuerdo de aquel beso apasionado.
-Pídeme lo que quieras -dijo por fin apartando la carta.
Joe llamó al camarero con un gesto. Luego le pidió la cena con tal sequedad que el camarero se movió nerviosamente hasta el momento de desaparecer, como si en aquella mesa hubiera demasiada tensión para poder soportarla.
Demi se preguntó si el camarero habría visto cómo se besaron, si lo habría visto toda aquella gente. Con un rubor en las mejillas, miró de reojo a su alrededor, pero nadie parecía prestarles interés. Se retorció las manos bajo la mesa y habló con normalidad.
-¿Cómo conociste a Zac Efron? -le preguntó a Joe.
Joe se encogió de hombros.
-Heredó un par de pequeñas empresas de su padre
-le respondió- No las quería, así que me las vendió.
-Me gusta su trabajo. A mí no se me daba mal dibujar, así que supongo que puedo apreciar mejor su talento.
-También has podido apreciar su encanto, ¿no? -dijo Joe, apretando la mandíbula.
Demi se sobresaltó. ¿Joe celoso?
-¿Por eso me has besado así?
Una mirada cegadoramente amarga cruzó el semblante de Joe.
-Te miraba como si fueras un plato del menú -respondió-. N o quería que tuviera ninguna duda de a quién perteneces.
¿Pertenecer? Sí, ella pertenecía a Joe, pero Joe no parecía pertenecerle a ella.
-¿Hay alguien, en este otro mundo en el que te mueves, que sepa de mi existencia o de la de los niños? -le preguntó con brusquedad.
-Mi vida privada no es asunto de nadie -respondió
Joe-. Sólo me mezclo con ellos por interés, eso es todo. Ahora, ¿podemos dejar el tema? A no ser, por supuesto, que los encantos de Zac Efron te parezcan más interesantes que mi compañía, en cuyo caso, puedo llamarlo para que os doréis la píldora mutuamente.
¡Vaya, estaba celoso! La idea complacía mucho a Demi.
-Bueno, al menos, no hace callar a su acompañante cada vez que abre la boca -replicó Demi con dulzura, observando con una sensación de triunfo el semblante cada vez más serio de Joe.
Gracias a Dios, llegó el primer plato, porque estar allí sentados sin más deseos que lanzarse pullas continuamente, convertía la comida en la mejor opción.
Demi pensó que no podría probar bocado, pero Joe había pedido para ella una mousse de salmón que estaba deliciosa. Iba por la mitad cuando Joe estiró el brazo y le acarició el dorso de la mano.
-Demi -murmuró con voz grave. Demi levantó la vista y le miró a los ojos- ¿Por qué no intentamos pasarlo bien al menos esta noche? No quiero pelear contigo, sólo quiero ...
-¡Joe, cuánto me alegro de verte!
Joe frunció el ceño con irritación y Demi se sintió decepcionada ante la nueva interrupción, porque, después de mucho tiempo, se había dejado sumergir en la hermosa mirada de sus ojos grises.
Aquella vez, Joe ni siquiera se levantó para saludar a quien los interrumpía, una pareja de mediana edad que se había detenido junto a él. Ni siquiera les presentó a Demi. Se limitó a cumplir con la más estricta cortesía, dejándoles claro que no quería ser interrumpido.
-Ahora ya sabes por qué no me gusta traerte a estos sitios -dijo-. Nos van a estar interrumpiendo durante toda la noche.
-¿Y qué tiene de malo? -preguntó Demi ofendida porque veía la irritación de Joe como un signo de su reticencia a presentarla como su esposa.
-Porque, cuando salimos, me gusta tenerte para mí solo -respondió Joe y volvió a mirarla como antes, con aquella mirada oscura y posesiva que le hacía un nudo en el estómago.
Pero tenía razón. Volvieron a interrumpirlos al menos otras tres veces durante el curso de la cena. Finalmente, Joe le ofreció la mano para ayudarla a levantarse. -Vamos -dijo-, podemos ir a bailar. Al menos, mientras estemos bailando, la gente no se atreverá a interrumpirnos.
La llevó de la mano a través de las mesas hasta unas puertas cerradas que se abrieron al empujarlas con la mano. En aquella sala había menos luz. Desde la entrada, apenas se distinguía el otro lado, donde había una barra y un pequeño estrado donde una orquesta tocaba una pieza de jazz muy tranquila.
Joe la llevó hasta la pista de baile y la tomó entre sus brazos. Al instante, Demi se vio asaltada por una extraña sensación de incertidumbre, como si Joe fuera un extraño. Un extraño alto y moreno que apelaba a sus sentidos y hacía que se sintiera como una mujer.
Pero no era ningún extraño, sino Joe, pensaba mientras comenzaban a moverse al ritmo de la música. Ningún extraño, sino el hombre con el que llevaba casada siete años.
Sin embargo, aquel Joe era extraño para ella, y no sólo porque estuviera compartiendo con él una noche en su mundo. En realidad, era un extraño para ella desde hacía pocas semanas.
No pudo evitar un suspiro lleno de tristeza. Y Joe debió darse cuenta, porque apretó la mano que ella apoyaba sobre su pecho y la atrajo hacia sí con la mano que apoyaba en su cintura. Pero se detuvo al instante. Una repentina quietud los asaltó cuando la mano de Joe rozó la espalda desnuda de Demi.
Tuvo que cerrar los ojos, estremecida por una oleada de sensaciones. Trató de combatirla y movió la cabeza para respirar otro aire que no fuera el que impregnaba el olor del cuerpo de Joe. Pero él la detuvo apoyando en su nuca la mano que tenía la suya agarrada.
-Déjate llevar -susurró. Demi dio un respingo. La primera vez que bailaron juntos ella llevaba una camiseta cortada por encima del ombligo y él metió la mano por debajo. Aquella vez llevaba una chaquetilla de terciopelo, algo mucho más sofisticado, pero tuvo la misma reacción ardiente y torrencial, que siseaba como el agua sobre el carbón ardiente. Le palpitaba el corazón y se estremeció al notar que Joe recorría su espalda.
«No», se dijo, «no dejes que te haga esto».
Pero todo el vello de su cuerpo se erizó en respuesta a las caricias de Joe. Cerró los ojos y arqueó un poco el cuerpo, de modo que rozó con los senos el pecho de Joe. Joe se puso rígido y luego se agitó, presa de una necesidad tan vieja como el tiempo y dejó escapar un Suspiro.
-No ha cambiado ni un ápice, ¿verdad? -dijo-.
Seguimos teniendo el mismo efecto el uno sobre el otro.
Tenía razón, se dijo Demi. Y con un último suspiro, que provenía de lo más profundo de su interior, se dejó llevar e hizo lo que estaba deseando hacer tan desesperadamente y lo besó.
Fue la primera vez desde hacía semanas que se acercaba a él intencionadamente. Joe respiró profundamente y dejó escapar el aire poco a poco.
-Vámonos a casa -dijo con voz ronca- N o es esto lo que quiero que hagamos.
-Yo ... -dijo Demi. Estaba a punto de ceder. Se sentía como si ya no tuviera nada que reprocharle. Pero entonces, otra persona les interrumpió, con una voz burlona y familiar, y aquella sensación se hizo añicos.
-Vaya, pero si es el mismo Don Juan en persona. y con una nueva conquista ...


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Cha Cha Cha !! Adivinen quien es la personita que entro a la batalla bueno en el próximo capitulo sale un secreto

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