Demi
Mamá, no es para tanto.—¿Cómo puedes decir eso, demi? Claro que es para tanto.
He estado sentada en la mesa de nuestra cocina por los últimos veinte minutos sin ser capaz de comer algo de la comida puesta delante de nosotros porque estoy demasiado ocupada siendo sermoneada por mi madre sobre los peligros de estar en el viaje de Nuevo Comienzo con joe. Anoche ella apenas habló conmigo. Ahora está dándome un sermón.
—Estoy consternada de que el coordinador del programa permitiera que esto pasara.
―Mamá…
—Pudo haberte lastimado.
―Mamá…
—Si piensas que el joe jonas que viste en ese viaje es el mismo chico que vivió junto a nosotras cuando estabas creciendo, piénsalo de nuevo.
―Mamá…
—¿Cómo puedo confiar en que tomarás la decisión correcta cuando estés a cuatro mil millas de distancia en España, demi? Si crees que está bien viajar por todo el Medio Oeste con ese chico, ¿qué otras decisiones irresponsables vas a tomar? —Agarra el tenedor y pincha la pechuga de pollo—. Para ser honesta, esperaba que cuando se fuera, sería para nunca más volver.
—Se fue para no volver, mamá —le dije—. Ni siquiera pensó que sería recibido de vuelta en Paradise, y le dije que estaba equivocado. Le dije que las personas le darían otra oportunidad y no lo juzgarían —tomé la servilleta de mi regazo y la puse sobre la mesa —. Supongo que estaba equivocada.
—¿Por qué te has vuelto tan rebelde repentinamente? —pregunta ella cuando me levanto y agarró mi bolso.
Suspiro.
—No lo estoy, mamá. Sólo estoy frustrada. Te quiero, pero en algunas ocasiones tienes que confiar en mí.
—No puedo. No cuando se trata de joe. Su familia sigue luchando para recuperarse del dolor y sufrimientos que él nos causó a todos nosotros. Fuiste físicamente lastimada por su estupidez temeraria. ¿Cómo puedes protegerlo? ¿Porque es un chico guapo? Afuera está lleno de chicos así, cariño. Confía en mí.
Ya no puedo seguir escuchando.
—Volveré más tarde —digo mientras salgo caminando de la cocina. Me doy la vuelta antes de salir y digo―. Te quiero, mamá. Lo sabes, ¿verdad?
—Lo sé. Te quiero, también.
—Entonces confía en mí. No defiendo a joe porque sea guapo. Lo defiendo porque no se merece todas las cosas malas que le han pasado —levanto mi mano cuando creo que ella va a interrumpirme—. Cometió un error. Mamá, todos cometemos errores. ¿No merecemos todos una segunda oportunidad?
Me dirijo a la casa de la Sra. Reynolds en el Cadillac que me dio en su testamento. La extraño tanto. Ella fue la persona que me instó a perdonar a joe, y tenía razón. Al principio yo no quería. El simple hecho de mirar a joe cuando regresó de la cárcel hacía a mi pulso acelerarse y a mi cuerpo temblar de ansiedad.
Pero entonces hablamos. Mucho. Antes de que me enterara de que él no era quien me golpeó, lo perdoné. Y me enamoré de él.
Me detuve en la casa, esperando que estuviera desocupada. Lou, el hijo de la Sra. Reynolds y el novio de mi mamá, está parado regando el césped. Hay un cartel de Se Vende en el frente.
Cuando ve detenerme, sonríe.
—Hola, demi —dice—. ¿Qué te trae a este lado de la ciudad?
—Quería revisar los narcisos de la parte de atrás —le digo.
—Algunos están floreciendo. He estado intentando vender esta casa por meses, sin que nadie pique. El Mercado está muerto por acá, así que probablemente no voy a poder venderla pronto —suspira. Sé que creció en esta casa y que tiene un valor sentimental para él. Su mamá, la Sra. Reynolds, se fue, pero su espíritu aún permanece aquí—. ¿Dónde está tu mamá? —pregunta.
—En casa —supongo que debo contarle sobre el drama al volver a casa—. Se volvió loca porque no le conté que joe se había unido al viaje de Nuevo Comienzo.
—Me llamó por eso hace unas cuantas horas —me dice—. ¿Quieres hablar de eso?
—Supongo —caminamos al patio trasero, lado a lado. Mi papá nunca caminó conmigo en ningún lugar. Estaba demasiado ocupado saliendo de la ciudad por trabajo o mirando la televisión. Nunca se interesó por mí, o mamá. Solía rezar para que volviera. La última vez que hablamos fue hace meses. Dijo que vendría a verme graduar de la escuela secundaria, pero nunca lo hizo.
Ni siquiera llamó para felicitarme el día de la graduación.
Dejo de pensar en mi papá cuando los jardines del patio trasero atrapan mi vista. Me sorprendo de ver que los narcisos todavía están floreciendo, el brillante arcoíris de colores eleva mi espíritu inmediatamente. Es impresionante.
Si la Sra. Reynolds estuviera viva, le encantaría. Ella me dio instrucciones meticulosas de cómo plantar cada bulbo, aunque sabía que se estaba muriendo y que nunca las vería salir mostrándose en todo su esplendor y, curiosamente, orgullo. Cada variedad parecía tener una actitud propia.
Deseo que Caleb estuviera aquí para verlas. Él hizo el gazebo mientras yo plantaba los bulbos de los narcisos, ambos trabajando como esclavos para complacer a la Sra. Reynolds.
—Mi mamá está loca porque no me bajé del viaje cuando descubrí que joe estaba en él —le digo a Lou.
—Tienes que admitir que ella tiene rezones para desconfiar de él.
—Lo entiendo, pero… —no sé cuanto contarle. Si descubre que joe no me golpeó con el auto, tendrá que decirle a mamá. Si ella lo sabe, intentará averiguar quién me golpeó en realidad. Y el círculo vicioso se repetiría.
No quiero que pase. Ya que joe no quiere volver a Paradise, no vale la pena el caos que causaría.
—No es como si fuera volver a Paradise. Él no lo hará.
Lou se sienta en una de las sillas mecedoras en las que su madre solía sentarse.
—¿Cómo te sientes con respecto a eso?
—No lo sé —miro a Lou, meciéndose a lo lejos. Me recuerda a su madre―. Nos acercamos en el viaje. Fue agradable.
—¿Debería preguntar cuan cerca?
—Probablemente no.
Me siento en la silla mecedora al lado de la suya. Nos mecimos por un rato, ninguno hablando. El aire fresco del verano es cálido aunque el sol desciende cada vez más en el cielo.
Lou sonríe.
—Sabes, mi madre estaría opinando ahora mismo. Nos llamaría holgazanes, entonces nos daría tareas domésticas y no estaría satisfecha hasta que estuviéramos trabajando y sudando como burros.
—La quería —le digo. Trato de no pensar demasiado en su pérdida, o me quebraré y lloraré. La Sra. Reynolds fue una dama fuerte y no querría que llorara por ella―. Aunque me hizo trabajar como esclava, la apreciaba. Fue la primera persona después que llegué a casa tras el accidente que no me trató como si tuviera una discapacidad.
—Ella te quería, también. Y supongo que le gustaba joe —dice él, señalando al mirador que sabía que joe había construido por sí solo. Él había sido asignado a trabajar aquí para terminar su servicio obligatorio a la comunidad—. Mi mamá siempre decía que yo no guardara rencores. Decía que habían arruinado su vida.
—Me gustaría que mi mamá pensara del mismo modo.
—¿Quieres que hable con ella de eso? —me pregunta—. Tal vez pueda suavizar las aguas un poco.
Miro al hombre que no solo ha sido el jefe de mi mamá y el propietario del restaurante Tía Mae, sino el único hombre que ha hecho sonreír a mamá nuevamente.
—Eso sería estupendo.
—Tu mamá es una mujer dulce. Ella sólo quiere protegerte.
—Lo sé —aparto una pequeña pelusa invisible cuando bajo la vista a mis jeans. Solía odiar que Lou estuviera saliendo con mi mamá. Pero ahora no puedo estar más que agradecida de que él esté en su vida. Y en la mía—. No sé si alguna vez te lo he dicho, pero mamá es una persona nueva desde que empezó a salir contigo.
Ella te necesita.
Eso lo hace sonreír. Aclara su garganta y dice:
—He tenido la intención de preguntar esto hace un tiempo, pero no tuve el valor suficiente antes de que dejaras el programa de Nuevo Comenzar y ahora que estás aquí…
Aclara su garganta nuevamente.
—Me gustaría pedirle a tu madre que se casara conmigo. ¿Estaría bien para ti, demi?
***
Joe
Camino hacia mi casa, la más grande de toda la cuadra. La casa de demi, al lado, es prácticamente eclipsada por la nuestra.
Sigo la acera de ladrillo que mi papá y yo colocamos tres años atrás hasta la puerta principal. Mi casa luce familiar y sin embargo… de alguna manera totalmente extraña para mí. Noto la pintura desprendiéndose de las molduras de madera. Uno de los canales se está cayendo, y no se han plantado flores en el frente. Mamá solía plantarlas cada verano. Ella decía que hacía parecer nuestra casa, un hogar.
Tenía razón.
Tomo un profundo respiro y me concentro en la puerta principal.
¿Cómo vuelves a casa luego de haber huido? Si abro la puerta y solo entro como solía hacerlo, ellos pensarán que soy un intruso. Un extraño.
¿Me tratarán como uno una vez que me hayan dado un vistazo?
Miro atrás hacia la calle, preguntándome si debería retirarme y olvidar volver a casa. Puedo volver sobre mis pasos y desaparecer de nuevo. Nadie lo sabría, y sería más fácil que lidiar con el drama apunto de desarrollarse. Pero desaparecer sería la manera cobarde de salir.
No soy un cobarde.
Ya no más, al menos.
Pongo mi mochila abajo y toco el timbre. Mi pulso se acelera un billón de veces por segundo, como si acabara de haber corrido una maratón. Diferentes escenarios de cómo mis padres y mi hermana reaccionarían, están volando por mi cabeza.
Escucho pasos. ¿Es mi mamá, mi papá o selena? No tengo tiempo de pensarlo mucho porque la puerta se abre y mi hermana está parada enfrente de mí.
Mi hermana gemela.
Por la que fui a la cárcel. Todavía tiene su cabello teñido de negro, de color marrón claro en las raíces, pero su ropa no es tan extraña como cuando me fui. En lugar de cadenas goteando de sus pantalones, ella está usando jeans normales. Su camisa es de color negro para coincidir con su cabello.
La última vez que la vi lucía como la muerte. Su cabello era negro, sus uñas eran negras y su estado de ánimo hacía juego con su ropa negra. Me asustó al principio, pero luego me molestó. Yo era el que fui a la cárcel así que ella vivía una vida fácil en casa. ¿Cómo se atrevía a convertirse en un recluso, y cambiar su apariencia y su actitud, y vivir como los muertos? No tenía derecho...
Por lo menos sus uñas no son negras, y no está usando delineador ni labial negro. Es un gran progreso.
Mi garganta se seca al mismo tiempo que las lágrimas inundan sus ojos.
—jow —ella lloriquea—. Volviste.
—Por un rato, al menos —me las arreglo para decir.
Cuando volví a casa de la cárcel,selena se había catapultado en mis brazos y me había abrazado con fuerza. No esta vez. Ella está definitivamente manteniendo su distancia. ¿Acaso piensa que soy un fantasma y que voy a desaparecer si se acerca?
—demi dijo que te iba a instar a volver a casa, pero no le creí —sus manos están rígidas a sus costados—. No puedo creer que estés aquí.
—Bueno, créelo —estiro mi cabeza para ver si hay alguien más en casa–. Sí, entonces, eh… ¿puedo entrar?
Ella abre más la puerta y retrocede.
—Sí —dice lentamente—, uhm, papá no está en casa.
—¿Dónde está? —le pregunto mientras entro en el vestíbulo.
selena comienza a morder una de sus uñas con nerviosismo.
—Fue a visitar a mamá.
—¿Visitar a mamá? ¿Está en rehabilitación ahora? —oh, demonios. Tal vez sea peor de lo que pensaba.
—Ha estado ahí por un tiempo. No es su primera vez.
Dejo escapar un lento suspiro.
—De acuerdo —puedo lidiar con esto, pero—, ¿algo más que necesite saber?
—¿Cómo qué?
—No lo sé, selena. —estoy en el borde y quiero respuestas. ¿Me las daría?—. ¿Papá está enfrentando bien las cosas? ¿Cuál es tu historia en estos días? —hombre, ¿Por qué dije eso? No quiero confrontarla cuando no he estado de regreso ni por cinco minutos—. Olvida que pregunté lo último.
selena abre su boca para decir algo, luego la cierra.
—Invité a un amigo a quedarse —digo.
— ¿Quién?
—Su nombre es nick. Es un tipo que necesita un corte de pelo y viste una camiseta que dice ―Soy Tu Papi toca el timbre‖, asumiendo que él lo es —no podía dejar a nick fuera en la calle. Cuando no está haciendo su mejor esfuerzo en ser un completo idiota, no es tan repulsivo. Incluso insistió en darme un par de horas para reencontrarme con mi familia antes de que él viniera.
Tomo mi mochila y me dirijo a arriba por las escaleras.
— ¿A dónde vas? —selena pregunta, su voz claramente en estado de pánico.
—A mi habitación.
—¡Espera! —selena grita, pero es muy tarde.
Abro la puerta de mi habitación. O lo que solía ser mi habitación. Ha sido convertido en una oficina. No hay cama, no hay cortinas, no hay armario lleno de ropa. Wow, hasta se deshicieron de mis trofeos. Ninguna señal de mí por ninguna parte.
En ocho meses toda evidencia de mi vida ha sido borrada.
Tengo la sensación de que volver aquí fue el mayor error de mi vida.
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