***
Joe
No puedo hacer esto —le digo a Damon de nuevo. Mierda, mis rodillas han
empezado a agitarse sin parar desde que él empezó a conducir.
Damon me da una palmada en la espalda de nuevo, como si fuera mi amigo y se
quedara a mi lado sin importar nada.
—Sí, tú puedes. Confía en mí.
¿Confiar en él? ¿Cuándo fue la última vez que realmente confié en alguien sin
joderlo?
—Como sea, amigo.
—Escucha, eres más fuerte de lo que piensas, joe. Estos chicos están buscando
modelos a seguir.
Aparto el sudor de mi frente.
—Escucha esto, Damon. No soy un modelo a seguir, y no quiero ser uno. Qué voy a
decirles a estos chicos, ¿que fui a la cárcel por algo que no hice?
—Es tu elección lo que les digas.
Levanto la vista hacia el edificio de ladrillos en el cual viví durante casi un
año. Tuve que levantarme a las seis y media y ducharme en frente de otros, tuve
que comer cuando ellos decían que lo hiciera, y cuando tenía que utilizar las
instalaciones durante la escuela reformatoria, fui escoltado al baño para que
pudiera cagar. Era patético.
Al igual que entonces, no parece como si hubiera otra opción en la materia.
Sigo a Yates y a los otros chicos del Nuevo Comienzo hacia el sector masculino,
pero miro atrás y veo a la Sra. Bushnell escoltar a las chicas al otro sector. Demi
está cojeando detrás de ella. Muy pronto va a ver la realidad de cómo viví
durante un año.
Me gustaría evitar que entrara allí.
Cuando estaba en el DOC, las chicas y los chicos nunca se veían. Tuvimos un par
de horas de escuela, íbamos al grupo de terapia, donde nos asignaban tareas,
salíamos fuera por una hora, comíamos tres veces, y teníamos el resto del día
para relajarnos en nuestras celdas.
Nos alentaban a leer mucho o a estudiar para pasar el tiempo, pero muchos
chicos odiaban leer o no podían leer algo que valiera la pena.
En el centro de admisión en la sala de espera, mis manos están temblando un
poco, así que las empujo en mis bolsillos mientras me levanto y observo a los
guardias de seguridad y las cámaras de seguridad y las puertas bien aseguradas.
Miro las celdas de espera, donde eres encerrado antes de que te registren. Los
malos recuerdos vienen de golpe.
Después de registrarte como un delincuente aquí, confiscan cada pieza de ropa y
objetos personales y los guardan bajo llave hasta que puedas salir. El registro
al desnudo es lo siguiente, y déjame decirte, el guardia se asegura de que no
estés escondiendo nada de contrabando en ninguna cavidad de tu cuerpo.
Yates sostiene una bandeja de plástico transparente.
—Vacíen todos sus bolsillos. Me refiero a todo, incluso bolígrafos, lápices,
dinero, billeteras, y papel.
Todos seguimos las instrucciones y luego somos escoltados a través de un montón
de puertas cerradas y corredores. Llegamos a una sala donde los reclusos se
reúnen con sus familiares y amigos el día de visitas.
—Hemos decidido que se emparejen —dice Yates―. Se reunirán con nuestros
residentes uno-a-uno. De esta forma, podemos tener cambios y ustedes pueden
compartir sus historias en un entorno pequeño. No se permite maldecir o hacer
comentarios obscenos. No toquen a los residentes.
Damon, kevin y yo miramos a nick, que pone su mano en el pecho.
—¿Creen que soy obsceno?
¿Está bromeando? El chico me instó a agarrar su dedo para que él pudiera
tirarse un gas, abanica su saco de bolas en frente de nosotros, y no limpia su
rebelde pubis del asiento del baño. Si él no es obsceno, que Dios nos ayude a
todos. Giro los ojos.
—Sin comentarios —dice kevin y ríe.
Damon le da a nick una mirada afilada.
—Sé oportuno, nick, o te encontrarás en un cuarto de limpieza por el resto del
día.
Nick se burla de Damon saludándolo.
—Sí, señor.
Damon sacude la cabeza. Es probable que esté contando los días hasta que el
programa termine así él puede patearnos al bordillo.
Yates se sienta en el borde de una de las mesas en la sala y me señala.
—Caleb hará constar el hecho de que algunos de nuestros residentes provienen de
hogares rotos y/o pandillas y no tienen buen instinto cuando se trata de hacer
buenas elecciones. Muchos de estos chicos confiarán en ustedes si también han
pasado por momentos difíciles como los que ellos tienen. Piensan que las
dificultades son una insignia de honor.
Mis dificultades son como un dolor en el culo, no una insignia de honor. Y no
nos equivoquemos al respecto, los chicos encerrados en el DOC están lejos de
ser residentes.
Yates lo hace sonar como si estos chicos estuvieran pagando alquiler por vivir
en cuartos. Qué broma de mierda. En realidad, son encerrados como animales.
Somos asignados a una mesa. Es inquietantemente tranquilo como la primera ronda
de presos se nos une. Caminan por la habitación con sus manos en la espalda
como exigen los guardias, sus expresiones en blanco. El familiar mono azul
oscuro de poliéster me lleva de vuelta al primer día que estuve aquí. Ese traje
era un recordatorio constante de que mi vida ya no era mía…. mientras estuviera
encerrado, era propiedad de la Justicia de Menores de Illinois y del
Departamento de Correcciones. Sus cabezas cortadas con poco cabello o
afeitadas, un requerimiento para todos los nuevos internos.
Cuando la última persona camina a la habitación, es como si un fantasma
apareciera justo en frente de mí. Es Julio, mi viejo compañero de celda. Lleva
un mono naranja en vez de azul, lo que significa que está bajo severas
restricciones por meterse en problemas en el DOC.
No he oído hablar o hablado con Julio desde que salí de este lugar. Era un
completo asno cuando fuimos asignados por primera vez como compañeros de celda,
pero después se dio cuenta de que no le tenía miedo y me vio pararme pie-a-pie
con un miembro de pandilla, Dino Alvarez, en el patio de ejercicios cuando me
acorraló, y empezamos a llevarnos muy bien.
Julio, con tatuajes en su cuello que asoman por su traje, se sienta frente a
mí.
—Tanto tiempo sin verte, amigo.
—¿Cómo has estado? —pregunto.
—Relajándome en el DOC. Seré liberado en dos semanas, si no antes —dice con una
sonrisa―. Hurra. Solo tengo que mantenerme lejos de los problemas.
No es fácil para un chico como Julio.
Julio fue el que me contactó con su primo Río, viví con Río hasta que…
—Río fue arrestado.
Julio sacude la cabeza.
—Eso oí. Que jodida vergüenza. Mi primo no saldrá pronto porque es reincidente.
Estoy jodido también, porque iba a vivir con él. Mi mamá regresó a México con
su novio.
—A mí también me arrestaron — le digo―. Por eso estoy en este programa. O era
esto, o estar encerrado de nuevo.
Veo a Julio reclinarse en su silla mientras acepta las noticias.
—¿Qué vas a hacer después de terminar?
Me encojo de hombros.
—No lo sé.
Damon se acerca a nosotros.
—Suena como una reunión, chicos.
—Julio fue mi compañero de celda —explico―. Julio, este es Damon, él fue mi
consejero de transición.
Julio hace un gesto hacia Damon y se cierra de inmediato. No hay manera de que
Julio sea amigable o hable con cualquier persona que trabaje para el DOC de
ninguna manera; Julio es un miembro de una banda con conexiones dentro y fuera
de este lugar, y no confía en nadie de afuera de ese círculo. Me sorprende que
aún confíe en mí, pero entonces pasamos casi un año como compañeros de celda,
dormimos y comimos en cuartos cercanos.
Damon se acerca a la mesa de kevin. Este está hablando con un chico que se
parece al típico novato. Tiene miedo como el infierno de estar aquí, pero está
poniendo frente a lo duro. Un guardia está parado justo en la puerta de metal
solido, una pistola eléctrica en el lado de la cintura y una pistola
tira-a-matar en el otro lado.
Me he dado cuenta de que uno de los guardias tiene sus ojos fijos en Julio. Este
no es el típico reformatorio. Este lugar tiene grandes delincuentes que
resultan ser menores de edad. Yates está al otro lado de la habitación, con sus
manos cruzadas
sobre su pecho mientras estrecha sus ojos sobre nosotros. Nos están viendo como
halcones, como hacían cuando yo fui preso aquí.
Julio se inclina y susurra.
—Yates piensa que esta mierda es el Club Med, pero apesta. No puedo esperar a
salir de aquí, hombre. Diablos, tal vez voy a ir a visitarte a Paradise.
Siempre he querido saber cómo viven los paletos en los lugares lejanos. He
escuchado que las chicas en Paradise son fáciles.
—Algunas lo son —digo, pensando en mi ex, ashelly―, y otras no —agrego,
pensando en demi. Mis pensamientos llegan a demi. Probablemente está
enloquecida reuniéndose con chicas difíciles que se comen chicas inocentes como
ella para el desayuno.
Yates pasa a nuestra mesa y nos da una mirada malvada. ¿Qué espera ese hombre,
que deslice a Julio algunas drogas o una pala para que pueda cavar un camino
fuera de aquí?
Me aclaro la garganta y me inclino hacia Julio.
—Así que se supone que tengo que compartir el cómo conducir temerariamente ha
cambiado mi vida y causó dolor a otros. Es parte del programa.
Julio gira sus ojos y resopla.
—Muy bien, golpéame con eso.
—Conducir temerariamente cambió mi vida y causó dolor a otros —digo, como si
estuviera leyendo una tarjeta de referencia.
Julio sonríe. Estoy haciendo una broma de esta visita y Julio lo entiende. Pero
la verdad es que, no es una broma. Es la realidad. De repente, me pongo serio.
Respiro hondo y suelto el aire lentamente.
—Creo que yo, uhm, nunca te dije lo que sucedió realmente la noche en que fui
arrestado.
—Nunca hablaste mucho al respecto.
—Sí, porque yo no lo hice —me encojo de hombros y miro a mi antiguo compañero
de celda―. Me declaré culpable, aunque no era yo el verdadero culpable.
Julio se ríe.
—¿Estás hablando mierda, verdad? —Lo dice muy bajo para que nadie pueda oírlo
maldecir.
Yates no toma lo de maldecir a la ligera, no en su cárcel. Por suerte el
guardia Miller no está aquí, o Julio probablemente obtendría una especie de
castigo por maldecir. El guardián Miller toma sus reglas en serio y espera que
los demás también lo hagan. Si no, es mejor estar preparado para las tareas
adicionales, acostarse temprano o incluso estar solo.
Sacudo la cabeza.
—No.
—¿Por qué te declaraste culpable? ¿Para proteger a alguien?
—Sí —digo en voz baja―. Algo así.
—Wow. No se puede decir que yo haría lo mismo —Julio mira a los lados—. A menos
que fuera mi familiar. Moriría por mi familia.
Asiento con la cabeza lentamente.
—Yo también.
Julio asiente de nuevo en completa comprensión, porque a pesar de que
procedemos de entornos totalmente diferentes, somos cortados de la misma tela.
El sabe muy bien por mi asentimiento que me sacrifiqué y fui a la cárcel por un
familiar.
—¿Lo lamentas? —pregunta.
Me detengo a pensar sobre cómo hubiera sido mi vida si no hubiera sido
detenido.
—Sí, lo hago. Lo jodido de este asunto es que no puedo decir que no lo volvería
a hacer.
—La lealtad y el honor y toda esa mierda realmente joden tu cabeza, ¿no?
—Sí —hago una mueca de dolor, porque las imágenes de demi no están lejos de mis pensamientos. No quiero
pensar en ella ahora―. Y las chicas también joden mucho tu cabeza.
Julio levanta una ceja emocionado.
—¿Mi chico Caleb tiene una chica? Bien hecho, amigo. ¿Quién es? Lo último que
oí es tú y tu zorra rompieron porque ella se entendía con tu mejor amigo.
—Un minuto más chicos —grita Yates―. ¡No lo echen a perder!
—No tengo una chica —digo, riendo ante la idea―. Además, la única chica que
quiero me odia. Nunca digo lo correcto cuando estoy a su alrededor. Infiernos,
trato y la alejo para no tener que lidiar con el drama. Y ella me hace enojar
la mayor parte del tiempo.
—Suena como un encuentro hecho en el Cielo para mí —Julio se inclina sobre la
mesa―. Toma un consejo de un chico que no ha visto a una chica de menos de
veinte en más de un año, la única mujer con la que he hablado últimamente es la
trabajadora de la cafetería y ella es jodidamente fea que ni siquiera estoy
seguro de que sea una mujer. Solo se vive una vez, así que tomas ventaja de lo
que te dieron cuando lo tengas.
—Tú también.
—Te escucho fuerte y claro. No más arrepentimientos ¿de acuerdo? Vive cada día
como si fuera el último, ¿Comprendes?
Yates ordena que los internos se alineen en la puerta.
Yo sonrío. Julio tiene razón. He estado viviendo cada día con pesar, cuando
debería ser al revés.
—Sí, lo entiendo.
—Nos vemos afuera, joe —levanta dos dedos―. Paz —con esas palabras, arrastra
los pies fuera de la habitación.
Estoy listo para vivir mi vida sin arrepentimientos. Solo tengo que encontrar
una estrategia para hacer que eso suceda.
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