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jueves, 25 de abril de 2013

Unfaithful capitulo 16 - jemi en español


Capitulo 16:



Demi lo miró detenidamente. No se sentía con fuerzas para pasar media hora más a su lado. Pero tampoco quería esperar una hora entera a que llegara un taxi, que era el tiempo mínimo de espera.
Zac tomó la decisión por ella al agarrarla por la muñeca.
-Vamos -dijo con tranquilidad- Yo te llevo.
La mirada de Zac no dejaba lugar a dudas, no tomaba en serio la negativa de Demi...
. Cansada, harta y un poco deprimida por la discusión constante que tenía con cuantos la rodeaban, incluida ella misma, Demi cedió.
Fueron juntos al guardarropa para recoger su abrigo, luego salieron al aire helado de diciembre para dirigirse al Porsche rojo de Zac. Al poco rato, estaban en la carretera, cubierta de sal para impedir que se formara hielo. Demi se subió las solapas de su abrigo y observó el camino en silencio.
. -¿Por qué le soportas cuando sólo es un cerdo egoísta? -dijo Zac de repente.
-¿No son así todos los hombres?
-No tanto como Joe. Todavía me cuesta creer que esté casado con alguien como tú -dijo Zac, y miró a Demi-. Le van más las mujeres como Taylor Swift.
Fue un comentario tan cruel que Demi sintió una punzada de dolor en el pecho. Lo peor era que no podía contradecirle. Tal vez a Joe le convenía más Taylor Swift que ella, aunque no podía juzgarla porque no la conocía -y no tenía la menor gana de conocerla.
Taylor Swift era el nombre del fantasma sin cara que la visitaba todas las noches. Con eso tenía bastante. -y Miley Cyrus -añadió Zac-. Menuda discusión tuvisteis aquel día en la pista de baile.
-¿Oíste algo? -preguntó Demi, dando un respingo.
-La mitad de la sala lo oyó, querida. Y fue asombroso. Joe Jonas, el joven tiburón de las finanzas, tenía mujer y tres hijos y nadie lo sabía. Supongo que esa noticia le dio a Taylor donde más duele. Quería casarse con él, ¿sabes? Joe era la elección ideal para una abogada con su futuro.
Así pues, Tayor era abogada, y no la secretaria de Joe, como ella había creído. La noticia la sobresaltó. «Compite con eso si puedes», se dijo con amargura.

Una cosa era luchar por el amor de su marido con una simple secretaria, pero otra muy distinta hacerlo con una mujer que estaba acostumbrada a vivir en el mismo mundo que él.
Como si estuviera pensando algo parecido, Zac dijo: -Si lleváis casados siete años, eso quiere decir que lo atrapaste antes de que iniciara su carrera meteórica. ¿Cómo te sientes? ¿Como un desliz de su juventud?
Demi se dijo que, tal vez, merecía alguno de aquellos insultos. Pero el último comentario era lo que más le había dolido, probablemente, porque ella empezaba a pensar algo parecido.
-Creo que será mejor que te calles y pares el coche antes de que digas algo que me ofenda de verdad -dijo.
Para su consternación, Zac hizo exactamente lo que le había pedido, deteniéndose bruscamente en el arcén.
-Soy yo quien me siento ofendido por el modo en que has estado jugando conmigo durante todo este tiempo. ¡Dios mío! No has pensado en mí en serio ni por un momento, ¿verdad?
-No -respondió Demi sinceramente.
-Entonces, ¿por qué no me detuviste antes de que llegáramos tan lejos?
-¿Tan lejos? ¿Cómo que tan lejos? -le dijo con una mirada desafiante- ¡Pero si sólo nos hemos dado un beso!
-No se trataba sólo de eso, Demi, y tú lo sabes.
Pero para ti era sólo un juego, ¿verdad? Te diste cuenta de que me gustabas y pensaste que podrías jugar un rato conmigo, ¿no es eso? -le preguntó Zac amargamente- ¿Qué ocurre? ¿Que tu autoestima estaba en un nivel muy bajo? ¿Tanto te molestaba que prefiriese acostarse con su abogada a acostarse contigo?
Demi le dio una bofetada al tiempo que se ponía roja de vergüenza. Luego agarró la manecilla de la puerta con una mano y se desabrochó el cinturón de seguridad con la otra. Pero Zac la agarró por el brazo.
-h no -dijo entre dientes- No pienses que te vas a escapar tan fácilmente.
Tiró de ella y la besó. Fue un beso brusco, desagradable. Cuando la soltó, Demi estaba asqueada del sabor de su boca.
Salió de coche dando un portazo.
Zac arrancó haciendo chirriar los neumáticos dejándola a merced del viento helado de la noche.
Se llevó una mano a la boca, y vio asqueada que le había hecho sangre en el labio. Le maldijo, deseando estar de vuelta cuanto antes en su mundo de cuento de hadas, donde nada malo podía ocurrirle. Maldijo a Miley por haberla despertado de aquel mundo de ensueño, añadió para sí iniciando el camino de regreso a casa. Y maldijo a Joe por su infidelidad y a Taylor por haberlo seducido. Pero, por encima de todos, se maldijo a sí misma.
No tardó mucho en llegar a casa, pero tenía los pies deshechos. Se quitó los zapatos, de tacón alto, nada más entrar.
En el interior de la casa, hacía calor. El reloj del pasillo marcaba la una de la madrugada. Se sentía deprimida y la escena con Zac no dejaba de darle yueltas en la cabeza. N o se molestó en ir a ver a Joe. Por ella podía irse al infierno. De todas formas, no estaba de humor para tener otra discusión.
Pero se equivocó al pensar que él la ignoraría tan fácilmente. Acababa de ponerse el camisón cuando entró en la habitación con sus zapatos en la mano.
-Te has olvidado de esto -dijo dejándolos detrás de la puerta.
-No me he olvidado, simplemente me los he quitado al entrar -replicó Demi, que estaba sentada al borde de la cama masajeando sus pies doloridos. La melena ocultaba su rostro a ojos de Joe.
-¿Dónde te ha dejado? -dijo Joe con suspicacia. ¿Otra vez espiando tras las cortinas?, se preguntó Demi con amargura.
-No me ha dejado en ninguna parte.
-Si hubieras hecho todo el camino andando, habrías tardado más.
«Bastante he andado de todas formas», pensó Demi acariciándose las plantas de los pies.
-Una pelea entre amantes, ¿no? -añadió Joe con mal gusto.
-Algo así -dijo Demi, encogiéndose de hombros, y salió de la cama para dirigirse al baño. «¡Que piense lo que quiera!», se dijo.
Joe la agarró por los brazos y la obligó a mirarlo a la cara. Estaba furioso y tenía una mirada penetrante y amada.
-¿Y por qué os peleasteis? -le preguntó, apretando los dientes- ¿Porque no querías ir a su casa? ¿Por eso? ¿Qué pasaba, que no estabas de humor?
Demi lo miró con ira. Sentía amargura y asco hacia los hombres por lo que la estaban haciendo pasar aquella noche.
-¿Y cómo sabes que no he estado en su casa toda la noche? Podría haberte llamado desde allí. ¿Cómo ibas a saberlo?
Joe se puso pálido y apretó con fuerza los brazos de Demi. La miraba fijamente, como si buscara evidencias de lo que estaba diciendo.
-¡Te ha dado una bofetada y. te ha roto el labio!
-Me estás haciendo daño. ¡Suéltame! -exclamó
Demi tratando de apartarse pero sin conseguirlo. -¿Cómo has podido? -dijo Joe casi gritando- ¿Cómo has podido hacerla, Demi? ¿Cómo has podido?
La situación había estallado. Llevaba muchos días amenazando con hacerla, y finalmente, la intensidad de sus sentimientos reprimidos empezaba a aflorar a la superficie.
-Se me acaba de ocurrir una cosa, Joe. Te propongo un cambio, si me cuentas cómo fue con Taylor, te diré lo que ha pasado con Zac.
-¡Dios, ya basta! -dijo Joe, cerrando los ojos y haciendo una mueca de verdadero dolor.
A Demi se le llenaron los ojos de lágrimas, y, por segunda vez aquella noche, golpeó a un hombre. Joe la soltó.
-Me das asco, ¿sabes? -susurró Demi amargamente y se encerró en el cuarto de baño.
Cuando volvió a salir, más tranquila, aunque no del todo, vio a Joe sentado en la cama con la cabeza escondida entre las manos. Le dolía verlo así, pero, aquellos días, todo le dolía. Ya no podía recordar si alguna vez había llegado a reír en aquella casa.
-Quiero acostarme -le dijo, negándose a ceder a sus deseos de consolar a Joe.
Joe no se movió. Demi permaneció allí de pie durante un interminable minuto, debatiéndose entre el amargo deseo de volver a pegado y la tenue necesidad de acercarse a él y estrecharlo entre sus brazos. Tan sólo eso, estrecharlo entre sus brazos porque estaba sufriendo y ella lo amaba. A pesar de lo que pudiera hacer o decir, lo amaba. Se estremeció y, con un gemido, cayó de rodillas ante él, y le apartó las manos de la cara.
-¿De verdad quieres saber lo que ha ocurrido esta noche? -le dijo con voz temblorosa- Quiso besarme, pero yo le rechacé. Él se vengó comparándome Con Taylor -dijo- Con Taylor, la brillante abogada que le conviene a Joe Jonas mucho más que la pobre y patética Demi.
-Eso no es cierto -murmuró Joe.
-¿No? -dijo Demi con los ojos llenos de lágrimas- Pues yo creo que sí. Nos hemos alejado, Joe. Tú has avanzado mientras yo me he quedado estancada. Además, creo que las mujeres como Taylor Swift te van más que yo.
Joe se rió, sacudiendo la cabeza como si no pudiera creer lo que estaba oyendo.
-¿Te parece que me he alejado de ti? ¿Crees que quiero dejarte? ¿No crees que si quisiera dejarte, sería capaz de hacerlo?
En aquellos momentos, era Joe quien agarraba a Demi por las muñecas.
-Taylor -murmuró Demi, cerrando los ojos-, es ...
-Al infierno con la maldita Taylor -dijo Joe violentamente- No tiene nada que ver con esto. ¡Se trata sólo de nosotros y de si podemos seguir soportándonos el uno al otro!
-Entonces es tu conciencia -dijo Demi suspirando- Te quedas porque te sientes culpable,
-La verdad es que sí, sí que me siento culpable -asintió Joe con amargura- Pero no seas tan tonta como para pensar que soy un mártir. Si creyera que nuestro matrimonio es una pérdida de tiempo, me habría marchado hace mucho tiempo. Estamos en los noventa -añadió cínicamente-, y hay muchos divorcios. Si me quedo, es por esto -dijo atrayéndola hacia sí para besarla- Te deseo. No me canso de ti. Llevamos siete años casados, y me excito sólo con verte. ¡Dios mío! ¡Ni siquiera puedo evitar hacerte el amor incluso sabiendo que no puedo satisfacerte!
Sacudió la cabeza.
-Pero ésa no es razón para lo que has hecho. Demi, ¿cómo puedes, sólo porque te he hecho daño, convertir tu vida en algo miserable? ¿Por qué? Si quieres que me vaya, ¿por qué no me lo has dicho?
-Yo ...

Demi se negó a proseguir, porque la respuesta era demasiado dolorosa para su alma humillada.
-¿Quieres que me vaya? -dijo Joe.
Demi sintió un escalofrío y una punzada de dolor recorrió su cuerpo.
-No -susurró, sintiendo que las lágrimas se agolpaban en su pecho.
-¿Por qué no? -insistió Joe-. ¿Cómo puedes soportar que viva en la misma- casa que tú, que duerma en la misma cama, que te toque, que te abrace? ¿Cómo Demi? ¿Cómo? ¿Cómo? ¿Cómo?
«Porque te quiero, maldito bastardo», pensó Demi, y rompió a llorar entre sollozos.
Joe dio un suspiro, que provenía de lo más profundo de su ser. Luego, estrechó a Demi entre sus brazos y la tendió sobre la cama, echándose encima de ella. La abrazaba tan fuerte que Demi apenas podía respirar.
-¿De verdad te parece que cada vez estamos más separados? -le preguntó en voz baja.
-No -respondió Demi, que no deseaba estar en ningún otro lugar del mundo.
-Entonces, no vuelvas a decirlo -dijo Joe con voz ronca y la besó. Fue un beso largo e impulsivo. Demi sólo pudo dejarse llevar por sus demandas, hasta sumergirse en las cálidas aguas de su afecto.
-¿Has dejado que ese cerdo te toque? -preguntó Joe con voz grave. Demi recuperó sus sentidos, abrió los ojos y vio la mirada atormentada de Joe. Se negaba a creer que hubiera sido capaz de preguntarle algo así.
-Contesta -insistió él- ¡Quiero saberlo, necesito saberlo! ¡Dios, tengo que saberlo!
Demi lo miró durante un largo instante, luego apretó los dientes y dijo:
-¡Vete al infierno!
Joe fue directo al infierno, pero se aseguró de llevarla con él. Con furiosa pasión, Joe abrió la bata de Demi y se quitó la ropa. Le hizo el amor con tal crudeza que, cuando todo terminó, a Demi le dio la impresión de que había contenido el aliento hasta ese momento.
Rodó hacia su lado de la cama mientras Joe se encerraba en el baño.
Permaneció en él largo rato. El suficiente para encontrar dormida a Demi cuando salió.
La noche siguiente, el teléfono empezó a sonar cuando estaba quitando la mesa. Se dirigió al vestíbulo y levantó el auricular, frunciendo el ceño porque los niños tenían la televisión demasiado alta.
-Dígame -dijo distraídamente tirando del cable del teléfono para llevado hasta el salón.
Hubo una pausa, luego una voz femenina preguntó por Joe.
-Todavía no ha llegado -respondió Demi-. Si quiere, puedo darle un mensaje cuando venga o decide que la llame.
Hubo otra pausa. Demi miró el reloj. Tenía un guiso en el horno, si la mujer no se daba prisa ...
-Soy Taylor -dijo por fin, y Demi se puso absolutamente rígida.

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Tan Tan Tan !!!

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