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miércoles, 3 de julio de 2013

Atraccion capitulo 4 - jemi en español

 
Capitulo 4 :
 
 
Solía usar el todoterreno para desplazarse por el rancho, y tanto el capataz como los vaqueros tenían sus propios medios de transporte. Pensaba hacer que uno de sus mecánicos le echara un vistazo al coche de demi, pero prefirió no decírselo porque no quería responsabilizarse de ella más tiempo del necesario.
No le importaba ayudarla si el trato personal se limitaba al mínimo posible, aunque le daba un poco de pena porque parecía ser una especie de inadaptada; en todo caso, era obvio que no estaba demasiado interesada en él, porque se mantenía lo más alejada posible y no intentaba atraer su atención. Se había dado cuenta de que se había puesto tensa cuando Coltrain había estado a punto de ponerle una mano en el hombro, pero a pesar de que aquel detalle le parecía curioso, estaba demasiado cansado para darle vueltas al asunto. Cuanto antes la dejara en su casa, antes podría dormir.
En cuanto lleJoe a su rancho, la señorita Turner salió con una pequeña maleta y su bolso, y se metió en el asiento trasero del coche.
—He cerrado la puerta, señor Grier. Tiene la llave, ¿verdad?
—Por supuesto.
—¿Estás bien, demi? ¿Cómo está tu abuela?
—Bastante mal, señorita Turner —le contestó ella, con voz somnolienta—. El doctor Coltrain cree que ha tenido un ataque al corazón, y no me ha dado demasiadas esperanzas.
—No te preocupes. Es el mejor médico de la zona, y hará todo lo que pueda.
—Sí, ya lo sé. Gracias por venir a hacerme compañía, la casa es grande.
—Sí, es verdad.
Cuando llegaron a la vieja casa victoriana, Joe se dio cuenta de que necesitaba una buena capa de pintura; al parecer, sus vecinas no podían costearse el mantenimiento de la casa. Era una pena, porque era una vivienda preciosa.
—Gracias por tu ayuda, y por dejar que la señorita Turner se quede conmigo —le dijo demi, con obvia reticencia.
Joe se sorprendió al darse cuenta de que aquella mujer tenía una vena independiente y testaruda, y la opinión que tenía de ella cambió un poco.
—Cierre la puerta con llave —le dijo a la señorita Turner, cuando demi y ella se bajaron del coche y fueron hacia la casa.
—Por supuesto. Iré a prepararle el desayuno en cuanto me traigan el Expedition —le contestó el ama de llaves.
—De acuerdo. Buenas noches.
Joe se alejó de allí sin más. Empezó a planear el trabajo que tenía que hacer al día siguiente, y no volvió a pensar en demi.
Al día siguiente, después de descansar, se sintió mal por la forma en que la había tratado la noche anterior. Recordó cómo se había sentido él tras la muerte de su madre, y sobre todo cuando había muerto la mujer a la que amaba. En aquel entonces, no tenía a nadie que le ayudara a superar el dolor y la depresión, porque su familia vivía en Texas y él en Georgia, ya que trabajaba en Atlanta. Tendría que haberse acordado de lo solo que se había sentido, había sido muy desconsiderado con demi.
De modo que se levantó más temprano que de costumbre, preparó galletas, tocino frito y huevos revueltos para desayunar, y llamó a casa de las Collier; al acordarse de que el teléfono no funcionaba, fue a por el coche y puso rumbo a casa de su vecina.
Tanto demi como la señorita Turner estaban levantadas. Demi llevaba de nuevo unos vaqueros y una sudadera ancha, y tenía el pelo recogido en un moño. Las dos parecieron sorprenderse al verlo, así que les dijo sin preámbulos:
—Vamos, he preparado el desayuno.
—No hacía falta…—empezó a decirle demi.
Joe alargó la mano para tomarla del brazo y llevarla hasta el coche, pero ella se apresuró a retroceder y lo miró con los ojos como platos.
—Sólo es un desayuno, no estoy declarándome —le espetó él con sarcasmo.
—Vaya, gracias a Dios que me he salvado —al ver que sus palabras lo habían tomado por sorpresa, añadió—: a lo mejor no tendría que haberlo dicho hasta después de desayunar, ¿no?
El rostro de Joe permaneció imperturbable, pero sus ojos oscuros brillaron con humor. Hizo un sonido gutural ininteligible, evitó la mirada llena de diversión de la señorita Turner, y fue hacia el coche.
Demi intentó mostrarse relajada mientras comía, pero seguía sintiéndose un poco incómoda junto a su corpulento y taciturno vecino. Nunca había conocido a nadie parecido. Si tenía el más mínimo sentido del humor, debía de tenerlo muy bien escondido.
—Todo estaba buenísimo, Joe —le dijo, al terminar de desayunar—. ¿Puedo llamar al hospital desde tu teléfono?
—Claro. Hay uno en el vestíbulo.
Ella se levantó, se limpió la boca con una servilleta, y fue a llamar.
—¿Cómo la ve? —le preguntó Joe a su ama de llaves.
—Va a ser un golpe muy duro para ella. La señora Collier es una madre sustituta de pesadilla, pero demi lleva tanto tiempo viviendo con ella, que me parece que se limita a pasar por alto lo mal que la trata.
—Por lo que vi, su abuela no la soporta.
—Es incluso peor de lo que parece. La señora Collier no la ayudó cuando demi la necesitaba más que nunca, y me parece que la trata tan mal porque se siente culpable.
—¿Qué pasó? —le preguntó él con curiosidad.
—No soy quién para hablar de los asuntos de demi.
Joe se limitó a apurar su taza de café; al parecer, los secretos eran una parte intrínseca de la vida en una población pequeña.
Demi volvió al cabo de un momento, y mientras se sentaba de nuevo comentó con abatimiento:
—Está en la UCI. El doctor no me lo dijo anoche.
—Seguro que tenía sus razones. ¿Vas a ir a trabajar?
—Tengo que hacerlo. Con la pensión de la abuela apenas nos alcanza para llegar a fin de mes, tengo que ganar todo lo que pueda.
—¿No quieres ir a la universidad, ni aprender un oficio? —le preguntó Joe.
—¿Cómo iba a costeármelo, aunque no tuviera que cuidar de mi abuela? Está inválida desde que me gradué en el instituto, soy todo lo que tiene —demi frunció el ceño, y añadió—: para ser un hombre que quiere que nadie se meta en sus asuntos, pasas bastante tiempo metiendo las narices en las vidas ajenas.
—Oye, te he prestado a mi ama de llaves…
—A la señorita Turner no se la presta, ella es una persona que tiene corazón.
Joe la fulminó con la mirada, y le contestó indignado:
—Y yo también.
—Pues debes de tenerlo bien guardado, para que no se te gaste —demi se levantó antes de añadir—: gracias por el desayuno. No eres una persona demasiado agradable, pero al menos cocinas bien.
—Qué suerte que tengo.
—Si tú eres desagradable, yo también. Si algún día logras mostrar algo de amabilidad, puede que incluso llegue a sonreírte.
La señorita Turner estaba luchando por contener una sonrisa. A pesar del extraño comportamiento de su jefe, le gustaba su trabajo.
—No creo que eso llegue a pasar —Joe se volvió hacia su ama de llaves, y le dijo—: tengo que irme, me esperan un montón de reuniones. Las llaves del Expedition están colgadas detrás de la puerta, úselo tanto como quiera —tras una ligera vacilación, añadió—: intente no atropellar a demi a menos que sea necesario. Es tan punzante, que seguro que pincha una rueda.
—No me extraña que no estés casado, pero gracias por dejarme usar tu coche. Haré que me arreglen el mío cuanto antes —le dijo demi.
—No creo que encuentres a ningún mecánico que trabaje gratis.
Ella lo fulminó con la mirada. Sus ojos chispeaban cuando estaba enfadada, y sus mejillas adquirían un precioso rubor.
—Jerry, el chico que trabaja en la gasolinera, me cambiará una puesta a punto por huevos y pasteles.
—¿Hacéis trueques?, ¿en qué siglo vivís? —le preguntó él, atónito.
—En uno mejor que el tuyo, te lo aseguro. Por aquí no somos números en los archivos de registros, sino personas.
—Me extraña que no seas un número en el archivo de algún manicomio —masculló él en voz baja.
—Podemos irnos en cuanto quieras, demi —se apresuró a decir la señorita Turner, al darse cuenta de que estaba a punto de producirse una explosión.
—Estoy lista, señorita Turner.
—¿Vas a trabajar con esa pinta? —le preguntó Joe.
Demi  examinó los vaqueros impecables y la sudadera de un blanco inmaculado que se había puesto, y le preguntó:
—¿Qué quieres que me ponga para trabajar en una floristería, un traje de noche?
—Las mujeres de mi despacho llevan traje chaqueta, y se maquillan.
—Claro, porque creen que estás disponible y quieren impresionarte. Mi jefa se viste igual que yo.
—A cada cual lo suyo. Señorita Turner, llegaré bastante tarde. Déjeme cualquier cosa para comer en la nevera.
—De acuerdo.
Al llegar a la puerta, Joe se volvió y miró a demi con expresión seria.
—Espero que tu abuela mejore.
—Gracias.
Demi sintió una extraña sensación en la boca del estómago. Esperaba no tener que tener demasiado contacto con su taciturno vecino, y que su abuela mejorara lo antes posible.
Cuando llegó a la floristería, Judy le dio todo su apoyo y se mostró de lo más compasiva; de hecho, incluso le dijo que se fuera a hacerle compañía a su abuela y que le pagaría las horas de todas formas.
—Gracias, pero al doctor Coltrain no le haría ninguna gracia —le dijo demi, mientras preparaba una corona para un funeral—. No quiere que me pase el día pululando cerca de la UCI, sólo puedo entrar durante unos minutos tres veces al día. Judy, tengo miedo. Mi abuela está muy mal.
—Hace mucho tiempo que es tu única familia, pero hay todo un mundo que aún no has visto. Tienes que pensar en salir adelante, en tu futuro.
—No sé lo que haría si… en fin, mi primo Bob podría venir a visitarme, pero está bastante mal y una enfermera lo cuida día y noche. Me quedaría completamente sola en Jacobsville.
Judy le dio unas palmaditas en la mano, y le dijo con una sonrisa:
—Nunca estarás sola aquí, sabes que todos nosotros somos tu familia.
demi consiguió esbozar una sonrisa llorosa, y susurró:
—Gracias.
—Conseguirás salir adelante, todos te cuidaremos. Aunque la verdad es que ya no lo necesitas, porque con el paso de los años has llegado a ser muy independiente. Estoy orgullosa de ti, eres todo un ejemplo.
—¿Quién, yo?
—Sí. No todo el mundo habría conseguido superar tan bien lo que te pasó, demi. Eres una mujer con agallas.
A demi no le gustaba hablar del pasado, así que se acercó unas cuantas rosas rojas más y desvió la conversación hacia las nuevas tarifas del agua. Estuvieron hablando del tema durante una hora.
Cuando demi se fue del hospital después de que anocheciera, su abuela aún estaba en coma. La señorita Turner había ido a buscarla con el Expedition, y había insistido en que regresara a casa.
—No puedes pasarte el día entero esperando en el hospital y trabajando. Además, el teléfono ya está arreglado —se volvió hacia la enfermera que estaba cubriendo el turno de noche, y le dijo—: Jolie, la llamarás si hay cualquier novedad, ¿verdad?
—Claro que sí —le dijo la mujer, con una sonrisa tranquilizadora.
—De acuerdo, me iré a casa. Gracias, Jolie.
Después de despedirse de la enfermera, demi y la señorita Turner salieron y fueron a por el Expedition.
A pesar de que había llegado a casa un poco más tarde de lo habitual, Joe había salido a ayudar a los vaqueros con algunas vacas que iban a parir por primera vez. Finales de febrero era el momento perfecto para la llegada de las nuevas reses, ya que la hierba empezaba a brotar de nuevo. Sus reses eran preciosas, y como las criaba para la producción de carne, quería potenciar algunos rasgos específicos. Era una suerte que los Jacob, los anteriores propietarios del rancho, hubieran criado caballos, porque el establo estaba muy bien cuidado y las cercas que habían construido estaban como nuevas. De modo que sólo había tenido que poner cables eléctricos alrededor de los pastos para que los animales no se escaparan.
Salió al porche justo cuando llegaba la señorita Turner, y en cuanto ella se le acercó, le preguntó:
—¿Cómo está la señora Collier?
—No ha habido ningún cambio. Demi  está aguantando bien, pero me parece que se derrumbará si su abuela muere. No está acostumbrada a vivir sola.
—No me diga que le tiene miedo a la oscuridad —le dijo él, con una carcajada.
Ella lo miró muy seria, y le dijo:
—Si la señora Collier muere, tendré que encontrar a alguien que pueda quedarse con demi  durante una temporada, hasta que se acostumbre a estar sola. Aunque a lo mejor prefiere irse a pasar unos días con su primo de Victoria.
—Habrá que ir viendo cómo van las cosas, no hay que adelantar acontecimientos.
—Sí, tiene razón —tras vacilar por un segundo, el ama de llaves comentó—: el coche de demi no está en su casa.
—Sí, le pedí a Brady que lo trajera para repararlo. He estado a punto de mandarlo al desguace, pero supongo que aguantará un par de kilómetros más…
El teléfono empezó a sonar, y Joe contestó antes de que la señorita Turner pudiera hacerlo.
—Grier.
—¡Me has robado el coche! —le dijo demi Carver, hecha una furia.
 

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