Capitulo 3:
Cuando acabaron de hacerle todas las pruebas a la señora Collier, ya era más de medianoche. El doctor Jeb «Copper» Coltrain salió a la sala de espera en cuanto obtuvo los resultados, y le dijo a demi que había sido un ataque al corazón bastante grave.
—Está mal, demi. Lo siento, pero supongo que esperabas algo así. Ya te dije que esto pasaría tarde o temprano.
—Pero… hay medicinas, y en las noticias vi que habían desarrollado nuevos procedimientos quirúrgicos…
El hizo ademán de colocarle una mano en el hombro, pero la bajó antes de tocarla cuando ella se tensó de forma visible. Joe también notó su reacción, y sintió cierta curiosidad.
—La mayoría de esos procedimientos aún están en fase experimental, demi —le dijo el médico con voz suave—. Y las medicinas aún no han sido aprobadas por Sanidad.
Cuando demi se mordió el labio, Joe no pudo evitar darse cuenta de que tenía una boca preciosa con un tono rosado natural, y una tez perfecta que muchas mujeres le habrían envidiado. Su pelo tenía un suave color rubio dorado, y estaba ligeramente ondulado; a pesar de que lo tenía recogido en una coleta, suelto debía de llegarle hasta media espalda. Tenía unos pechos pequeños pero firmes, y una cintura estrecha; de hecho, estaba perfectamente proporcionada. Los vaqueros ajustados que llevaba enfatizaban sus largas piernas y sus caderas curvilíneas… de pronto se sintió incómodo observándola, y se apresuró a apartar la mirada y a centrar su atención en Coltrain.
—A lo mejor ha sido un ataque leve —insistió ella.
—No tardará en tener uno aún peor —le dijo el médico—. Se niega a medicarse, y a dejar de comer patatas fritas cargadas de sal y pepinillos en vinagre… cuando dejas de comprárselos, hace que se los lleven a domicilio. Demi, tienes que admitir de una vez por todas que no está ayudándose, y que no puedes obligarla a vivir si no quiere.
—¡No quiero que se muera!
Coltrain respiró hondo y miró a Joe, que permanecía en silencio.
—¿Eres el hermano de Cash? —al ver que él asentía, añadió—: ¿el agente del FBI?
Joe asintió de nuevo.
—Mi coche no se ponía en marcha y el teléfono no funcionaba, así que he tenido que pedirle ayuda —comentó demi, para detener el interrogatorio. El médico era brusco y rudo con los desconocidos, y el señor Grier no parecía ser un hombre demasiado paciente.
—Ya veo —se limitó a decir Coltrain, sin apartar la mirada de Joe.
—Puedo quedarme con mi abuela esta noche.
—Ni hablar. Vete a casa, y duerme un poco. Te irá bien descansar, por si se recupera y vuelve a casa.
—¿Si se recupera?, ¿cómo que «si se recupera»?
—De acuerdo, cuando se recupere —le contestó el médico con irritación.
—¿Hará que me llamen si me necesita?
—Sí, haré que te llamen. Venga, ve a ocuparte del papeleo —al ver que ella miraba a Joe y vacilaba por un segundo, insistió—: él puede esperar. Venga, ve de una vez —cuando ella obedeció, el médico miró a Joe con suspicacia y le preguntó—: ¿conoces bien a la familia?
—Sólo había hablado una vez con demi hasta hoy, somos vecinos.
—Sé dónde vive. ¿Cuánto sabes de ella?
Joe empezó a impacientarse.
—No sé nada, y quiero que siga siendo así. Esta noche le he hecho un favor, pero no estoy de humor para hacerme cargo de nadie, sobre todo si se trata de una solterona desastrada.
—Con esa actitud no vas a llegar lejos en Jacobsville, demi es especial —le espetó Coltrain con indignación.
—Lo que usted diga.
El médico respiró hondo, y masculló una imprecación en voz baja mientras seguía a demi con la mirada.
—Se quedará destrozada cuando la vieja se muera, y eso no va a tardar en pasar. He pedido que le hagan un ecocardiograma, y ya tiene muertos la mitad de los músculos del corazón. Acabará con el resto en cuanto le dé el alta… si es que dura tanto, claro. Demi cree que la he sedado, pero la verdad es que está en coma. No he tenido valor para decírselo, por eso no he querido que entre a verla. Está en la UCI, y no creo que salga de ésta. Demi no tiene a nadie más.
—Todo el mundo tiene algún pariente.
—Sus padres se divorciaron cuando ella tenía diez años. Su abuela tuvo que hacerse cargo de ella, y no ha dejado de recordarle el favor que le hizo. Su madre se fue de la zona, y murió de sobredosis cuando demi tenía doce años. Su padre había muerto dos años antes en un accidente. No tiene tíos ni tías, sólo le queda un primo lejano que vive en Victoria, pero es muy mayor y está prácticamente incapacitado.
—¿Y qué más da que no tenga a nadie?, es una mujer adulta.
Coltrain tardó unos segundos en contestar, y finalmente le dijo:
—Demi es muy inocente, es más joven de lo que parece —en vez de explicar aquellas enigmáticas palabras, soltó un suspiro y añadió—: en fin, te agradeceré que la lleves a su casa. A lo mejor Lou y yo podemos ingeniárnoslas para ayudarla.
Lou era su esposa. Era doctora, y ejercían juntos en la zona junto con el doctor Drew Morris.
Joe frunció el ceño, porque sentía que estaban obligándolo a cargar con una obligación. Pero a pesar de que la situación no le hacía ninguna gracia, no podía largarse y dejar tirada a demi sin más. De repente, se le ocurrió una idea. Sí, alguien tenía que sacrificarse, pero no tenía por qué ser él.
—La señorita Turner trabaja para mí, y ella conoce a demi.
—Sí, Jane fue profesora suya. Están muy unidas, a pesar de que no tienen parentesco.
—Puedo pedirle a la señorita Turner que se quede con ella esta noche.
—Qué detalle —comentó el médico con sarcasmo.
Joe se limitó a mirarlo sin pestañear con un brillo acerado en sus ojos oscuros, y se negó a ceder; finalmente, Coltrain se dio cuenta de que no iba a dar su brazo a torcer y soltó un sonoro suspiro.
—De acuerdo, pero voy a sedar a demi antes de que se vaya. Si la señorita Turner puede quedarse con ella esta noche, se lo agradeceré.
—Cuente con ello —le dijo Joe.
Coltrain llevó a demi a la sala de Urgencias, y le auscultó el corazón.
—Estoy bien —protestó ella.
—Sí, es verdad —el médico le puso una inyección que ya tenía preparada, y le dijo—: vete a casa, necesitas descansar.
—No he llamado a Judy para decirle que mañana no podré ir a la floristería, seguro que me echa.
—Claro que no, seguro que lo entiende. Una de las enfermeras de Urgencias, Jill, es prima suya. Le pediré que le diga lo que ha pasado —le dijo él con una sonrisa.
—Gracias, doctor Coltrain.
—Tu vecino va a dejar que la señorita Turner se quede contigo esta noche.
—Qué amable… aunque me siento un poco incómoda teniéndolo cerca.
—Es agente del FBI, y por lo que me dijo su hermano Cash, es muy bueno en homicidios…
Demi apartó la mirada y le dijo:
—Tengo que irme.
—No es obligatorio que te caiga bien, demi. Pero necesitas que alguien te ayude a pasar por todo esto.
—La señorita Turner lo hará —Demi se volvió hacia la puerta y añadió—: gracias, doctor.
—Saldrás adelante, demi. Todos tenemos que enfrentarnos a la pérdida de seres queridos, forma parte de la vida; al fin y al cabo, nadie sale vivo de este mundo —le dijo, mientras salían al pasillo.
—Es reconfortante saberlo.
—Sí, es verdad.
Joe estaba esperándola con las manos en los bolsillos, paseándose de un lado a otro. Parecía cansado e irritado.
—Estoy lista. Gracias por esperar —le dijo demi, sin mirarlo a los ojos.
Él se limitó a asentir con un gesto cortante.
—Te llamaré si hay alguna novedad, demi. De verdad —le dijo Coltrain.
—De acuerdo. Gracias, doctor.
—De nada. Descansa un poco.
Ella fue hacia la puerta sin añadir nada más. Era obvio que se le había olvidado que su teléfono no funcionaba, y que por lo tanto el médico no podría contactar con ella.
Joe la siguió sin sacarse las manos de los bolsillos. No se despidió de Coltrain, que por su parte lo siguió con la mirada con expresión ceñuda, hasta que una enfermera lo llamó.
Joe abrió la puerta del coche y ayudó a entrar a demi, que parecía haber enmudecido. Permanecieron en silencio mientras salían del aparcamiento, y al final él comentó:
—Conoces bien al doctor, ¿verdad?
Ella se limitó a asentir sin mirarlo.
—Es un hombre bastante rudo, ¿no?
Demi pensó que el comentario era gracioso viniendo de alguien que parecía incluso peor que Coltrain, pero como era demasiado tímida para decirlo, asintió sin más.
Joe enarcó una ceja. Se sentía como si estuviera hablando solo, y se preguntó por qué el médico le había puesto una inyección en vez de darle una pastilla; de hecho, también le parecía extraño que el tipo se preocupara hasta el punto de querer asegurarse de que no pasara la noche sola. Mucha gente tenía familiares muy enfermos, y la mayoría aguantaba la situación sin necesidad de tranquilizantes, sobre todo si se trataba de mujeres jóvenes y sanas.
Se dijo que no era asunto suyo y sacó el móvil para llamar a la señorita Turner, que contestó de inmediato. Era obvio que no se había acostado.
—¿Le importaría pasar la noche en la casa de la señorita Carver?
—Claro que no. Estaré lista en cuanto lleguen.
Joe guardó el teléfono y le dijo a demi:
—Iremos a buscar a la señorita Turner, y os llevaré a tu casa. Ella puede llevarte mañana al trabajo y al hospital en mi Expedition, haré que uno de mis empleados os lo lleve a primera hora.
Solía usar el todoterreno para desplazarse por el rancho, y tanto el capataz como los vaqueros tenían sus propios medios de transporte. Pensaba hacer que uno de sus mecánicos le echara un vistazo al coche de demi, pero prefirió no decírselo porque no quería responsabilizarse de ella más tiempo del necesario.
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