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domingo, 9 de junio de 2013

Unfaithful capitulo 21 - jemi en español



Capitulo 22 :

Demi se dijo a sí misma en el momento en que se dio cuenta de que se habían ido. La semana había transcurrido con una tensión insoportable. Joe se comportó de un modo frío y distante, sin preocuparse de ocultar su enfado con Demi, así que, todos suspiraron aliviados cuando se marchó a Manchester por un par de días.
Pero no se trataba sólo de eso. Era Semana Santa y l...

os niños estaban de vacaciones, así que pasaban todo el día en casa. Su excitación ante el inminente cambio de casa no ayudaba a que Demi estuviera tranquila. Muchas veces se entrometían en su trabajo y ella no tenía la paciencia suficiente. Acabó por darles algunos cachetes que no merecían.
Estaba cansada de guardar cosas en cajas cuando oyó el teléfono. Profirió un juramento y se dirigió a contestarlo, pero dejó de sonar.
Volvió a su tarea sin dejar de maldecir.
Todavía estaba jurando entre dientes, cuando los mellizos entraron en la habitación.
-Era papá -dijo Sammy con el semblante muy serio.
No había olvidado la bronca que le echara Demi por tirar su zumo de naranja sobre el suelo de la cocina. Para Sammy había sido una injusticia, porque lo había tirado cuando lo tomó para Frankie, de modo que su intención había sido ayudar a su madre, pero Demi vio el pequeño accidente y perdió los nervios.
-Ha dicho que te diga que está volviendo de Manchester -dijo el pequeño con frialdad- Y que primero irá a la oficina, así que llegará tarde.
«Al cuerno con él», pensó Demi. Que se quedara en su oficina mientras ella se encargaba de la mudanza. «¿Haciendo el papel de mártir, Demi?», oyó que le decía la voz de Joe en el interior de su cabeza.
-Le dije que viniera a jugar con nosotros -intervino Kate.
-y supongo que él colgó enseguida, muerto de miedo -dijo Demi con sarcasmo.
Los mellizos no fueron ajenos a la crudeza de aquella expresión. Kate se puso roja de ira.
-¡No, no dijo eso! -exclamó- ¡Dijo que prefería jugar con nosotros a trabajar! ¡Y tú no eres una buena mamá!
Demi vio que a Kate se le llenaban los ojos de lágrimas antes de salir corriendo de la habitación y bajar las escaleras como un rayo seguida de Sammy.
Suspirando, apoyó una mano sobre su vientre hinchado y la otra en la frente. Reconociendo que, probablemente, merecía las palabras de Kate, se dirigió al piso de abajo. Los mellizos la ignoraron, fingiendo estar concentrados en la televisión.
Levantó a Frankie del suelo, donde había estado jugando alegremente con su juego de construcción y miró a Sam y a Kate, con la esperanza de que le devolvieran la mirada para poder decirles que lo sentía. Pero pensó que, tal vez, aquello aumentaría su irritación y salió del salón con el pequeño.
Una hora más tarde estaba a punto de volverse loca.
Los buscó por todas partes, pero los mellizos habían desaparecido de la faz de la Tierra. Fue en coche hasta el parque, pensando que podrían estar en los columpios. Fue a la casa de la madre de Joe, sabiendo que Jenny estaba fuera visitando a unos amigos, pero pensando que los mellizos no lo sabrían y que habrían podido dirigirse allí. Inspeccionó la casa de arriba abajo por dos veces, buscó en el jardín, y llegó a llamar a la nueva casa pensando que podrían haber ido hasta allí de alguna manera. Pero no había sido así. Se disponía a llamar a la policía cuando sonó el teléfono.
Contestó al instante. Estaba temblando de tal manera que le costaba apoyar el auricular en la oreja. -¿Señora Jonas?
-Sí -respondió con un susurro.
-Señora Jonas, soy la secretaria de su marido ...
Le dio un vuelco el corazón. -¿Está Joe ahí? -preguntó.
-No, todavía no ha llegado -respondió la mujer-
Pero sus hijos acaban de aparecer preguntando por él y he pensado que ...
-¿Están ahí?
-Sí -dijo la secretaria amablemente, dándose cuenta de la preocupación de Demi-. Sí, están aquí.
-¡Oh, Dios mío! -exclamó Demi, tapándose la boca con la mano, conteniendo un torrente de lágrimas- ¿Están bien?
-Sí, están bien.
Demi se sentó en la escalera, invadida por una sensación de alivio. Pero se puso en pie casi al instante. -¿Puede decirles que se queden ahí, por favor?-dijo casi en un susurro- Voy enseguida, voy enseguida ...
Colgó el teléfono, profirió una pequeña risa nerviosa y se apresuró a preparar a Frankie.
Demi llegó al edificio de Jonas Holdings justo cuando finalizaba la hora de descanso para comer. El moderno vestíbulo estaba repleto de gente que volvía a sus respectivas oficinas.
Tenía las mejillas sonrosadas por el sofoco de la prisa y, en su expresión, se veía que había sufrido un gran disgusto. Iba vestida con un pantalón blanco ajustado, que se ponía para estar en casa, y con una camisa vieja de Joe. Se detuvo en la entrada y miró con asombro a su alrededor.

No podía ver a los niños. Sintió una punzada en el corazón y avanzó hacia el mostrador de recepción que había al otro lado del amplio vestíbulo, donde una chica coqueteaba con un joven que estaba apoyado en su mesa.
-Perdóneme -dijo Demi sin aliento- Soy Demetria Jonas. Mis hijos. Yo ...
-¡Señora Jonas! -exclamó la chica, poniéndose en pie y observando a Demi como si no pudiera creer lo que veía. Demi no la culpaba, sabía que su aspecto era horrible. Pero no la importaba, lo único que quería era ver a Sam y a Kate, necesitaba verlos.
-Mis hijos -repitió--. ¿Dónde están? -preguntó sin darse cuenta de que la exclamación de la recepcionista se había oído en todo el vestíbulo y todo el mundo la estaba mirando.
-Oh, el señor Jonas ha llegado hace diez minutos -le dijo la chica- Los ha llevado a su despacho y ha dicho que usted ...
-La acompañaré a su despacho, si quiere -dijo el Joven.
Demi lo miró distraídamente y asintió.
-Gracias -susurró y lo siguió a los ascensores, demasiado turbada para darse cuenta de las miradas curiosas.
El ascensor los llevó muchos pisos más arriba y los dejó en una planta cuyo suelo estaba cubierto por una gruesa moqueta gris que amortiguaba el sonido de sus pasos. Se acercaron a un par de puertas de color gris mate. Demi aminoró el paso, sintiéndose extraña, débil. El joven golpeó la puerta con los nudillos, esperó unos instantes y abrió. Luego se apartó para dejar paso a Demi.
Demi se detuvo en el umbral y miró a Joe con cautela. Estaba apoyado en una gran mesa de despacho, con los brazos cruzados. Los niños estaban sentados, muy juntos, en un gran sofá de cuero. Se le llenaron los ojos de lágrimas. Dejó a Frankie en el suelo, tragó saliva y exclamó:
-¡Oh, Sammy, Kate!
y se desmayó al instante.
Cuando volvió en sí, estaba echada en el sofá y tenía algo frío y húmedo sobre la frente. Cuatro rostros con reconocible parecido entre ellos la miraban con preocupación. Sonrió débilmente y recibió cuatro sonrisas en respuesta.
Joe estaba de rodillas a su lado y agarraba a Frankie con un brazo. Con una mano, agarraba la de Demi. Sammy y Kate estaban a su lado, cada uno apoyado en uno de los hombros de su padre. Era una imagen muy dulce y deseó tener papel y lápiz para poder inmortalizada.
-¿Cómo estás? -le preguntó Joe.
-Mareada -dijo Demi, luego miró a sus hijos mayo-
Res-. Lo siento -dijo con un susurro y recibió dos sollozos como respuesta.
Aquel sollozo expresaba su arrepentimiento, sus disculpas, su amor y su miedo al veda desmayarse. Luego, le contaron su aventura atropelladamente: habían llamado a un taxi, reunido sus ahorros para pagado, y habían llegado a la oficina de su padre antes de que él llegara, con la consiguiente preocupación para todos los empleados.
-y metiendo el miedo en el cuerpo a vuestra madre -dijo Joe, y se quedaron callados.
Dirigió una seria mirada a Demi, que agachó los ojos.
-Lo planearon todo muy concienzudamente -añadió-.Llamaron a la compañía de taxis a la que tú llamas cuando yo estoy de viaje. Dijeron que estabas enferma y que querías que los llevaran a mi oficina. Incluso le entregaron al taxista una de mis tarjetas de visita para que todo fuera más creíble.
-oh, Kate -dijo Demi, recordando lo importante que se sentía la niña cuando le encargaba que llamara a un taxi para llevados al colegio cuando Joe no estaba.
La pobre niña agachó la cabeza.
-Yo pensé en usar la tarjeta de papá -intervino Sammy, compartiendo valientemente las culpas con su hermana.
Aunque todos sabían que el cerebro de aquella operación había sido la revoltosa Kate.
-Lo siento -susurró la pequeña, y Demi vio con una punzada en el corazón cómo se limpiaba las lágrimas con su pequeña manita.
El hecho de que no se acercara 'a su padre para buscar su reconfortante abrazo, le decía a Demi que, antes de su llegada, Joe los había reprendido severamente por su aventura.
Demi observó a Joe. Estaba pálido y tenía los labios fruncidos, signo de una rabia contenida. Sostenía a Frankie, abrazándolo como si necesitara el calor de su cuerpecito para consolarse de lo que realmente deseaba ... abrazar a los mellizos.
Se dio cuenta de que Demi lo estaba observando y frunció el ceño.
-Mi secretaria está haciendo café -dijo- En cuanto venga, le diré que baje con los niños a la cafetería para que coman algo. Tenemos que hablar.
Aquello sonaba como una amenaza. Demi agachó la vista y se incorporó. En ese momento, llegó una joven de rostro muy agradable con una bandeja llena.
Sin dejar a Frankie, Joe se levantó y se acercó a ella. Mientras dejaba la bandeja en la mesa, le dijo algo en voz baja y llamó a los mellizos. Los niños le obedecieron con tal presteza que se vieron confirmadas las sospechas de Demi de que les había estado regañando.
Un momento después, Frankie reposaba confiadamente en los brazos de la joven, que salió de la habitación dejando paso a los mellizos. Joe sirvió el café.

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