Capitulo 4
Demi estaba frente
a la pizarra, intentando llevar aire a sus pulmones. ¿Joseph había comprado
el anillo? ¡No, no, no! Eso no era posible. ¿O sí? ¿Cómo no se le había ocurrido
que él pudiera ser el comprador? Porque los multimillonarios no usaban
eBay, por eso. Si hubiera pensado por un momento que Joseph se enteraría,
no lo habría vendido. demi dejó escapar un gemido. En lugar de apartarlo
de su vida para siempre, lo había devuelto a ella. Cuando lo vio al otro
lado de la verja estuvo a punto de desmayarse. Por un momento, un momento
loco, pensó que iba a decirle que había cambiado de opinión, que sabía
que había cometido un error. Que había ido a pedirle perdón. Perdón.demi_ se
cubrió la boca con la mano para contener una carcajada histérica. ¿Cuándo
había pedido perdón Joseph Jonas? Ni siquiera parecía sentirse culpable
por no haber aparecido en la iglesia el día de su boda. No, no estaba allí
para disculparse.
—¿Se encuentra bien, señorita demi? —escuchó una vocecita entonces—. Está muy pálida y ha entrado corriendo como si la persiguiera alguien.
—No, estoy bien — demi se pasó la lengua por los labios.
—Parece como si estuviera escondiéndose.
—No estoy escondiéndome —dijo ella, levantando la voz sin darse cuenta. ¿Por qué había salido corriendo? Joseph creería que seguía importándole y ella no quería que pensara eso. Quería que pensara que estaba bien, que romper con él había mejorado su vida. Que había vendido el anillo porque le sobraba o algo así. demi_intentó respirar. Llevaba cuatro años soñando con volver a verlo. Había pasado muchas noches en blanco, imaginando que se encontraba con él... algo que desafiaba a la imaginación dado que se movían en diferentes estratosferas. Pero nunca, ni una sola vez, había imaginado que pudiera pasar de verdad. Y menos allí, en el colegio, sin previo aviso.
—¿Hay un incendio, señorita demi? —un par de ojos preocupados se clavaron en ella: Jessie Prince, que siempre estaba preocupada por todo, desde los exámenes a los terroristas—. Ha venido corriendo y siempre nos dice que no debemos correr a menos que haya un incendio.
—Sí, es verdad —asintió demi. Incendios y hombres a los que una no quería ver—. Y no estaba corriendo. Iba... caminando deprisa. Es bueno para la salud—¿seguiría en la puerta del colegio? ¿Seguiría allí cuando saliera?, se preguntó—. Abrid vuestros libros de lengua en la página doce y seguiremos donde lo dejamos ayer. Vamos a escribir una redacción sobre las vacaciones de verano. Tal vez debería haberle dado el anillo sin más, pero entonces Joe vería que lo llevaba colgado al cuello y no pensaba darle la satisfacción de saber lo que significaba para ella. Lo único que le quedaba era su orgullo... Al fondo de la clase se oyó un rifirrafe y después un golpe.
-¡Ay! ¡Me ha dado una torta, señorita! demi_ se llevó una mano a la frente. Problemas de disciplina era lo último que quería en ese momento. Necesitaba estar sola para pensar, pero si había algo que una profesora de primaria no tenía era un momento de tranquilidad.
—Tom, siéntate en uno de los pupitres de delante, por favor —demi_ esperó pacientemente mientras el niño arrastraba los pies hasta ella—. No se pega a nadie, no está bien. Quiero que le pidas perdón.
—¿Por qué?
-Acabo de decírtelo, porque no está bien. Quiero que le digas que lo sientes.
-Pero es que no lo siento —replicó el niño, sus mejillas casi del mismo tono que su pelo—. Me ha llamado pelo de zanahoria, señorita demi. Intentando concentrarse, demi respiró profundamente.
—Pues entonces él también te va a pedir perdón. Pero no puedes pegar a la gente, aunque te llamen «pelo de zanahoria». No se debe pegar a nadie. «Ni siquiera a un griego arrogante que te dejó plantada el día de tu boda».
—No ha sido culpa mía, tengo mal carácter porque soy pelirrojo.
—No es tu pelo el que ha pegado a Harry. ¿Cómo iba a saber ella que era Joe quien había comprado el anillo?
—Mi padre dice que si alguien se mete contigo le das una torta y ya no, vuelve a molestarte —dijo una niña.
-Podríamos pensar un poco en los sentimientos de los demás —les aconsejó demi_
—¿Se encuentra bien, señorita demi? —escuchó una vocecita entonces—. Está muy pálida y ha entrado corriendo como si la persiguiera alguien.
—No, estoy bien — demi se pasó la lengua por los labios.
—Parece como si estuviera escondiéndose.
—No estoy escondiéndome —dijo ella, levantando la voz sin darse cuenta. ¿Por qué había salido corriendo? Joseph creería que seguía importándole y ella no quería que pensara eso. Quería que pensara que estaba bien, que romper con él había mejorado su vida. Que había vendido el anillo porque le sobraba o algo así. demi_intentó respirar. Llevaba cuatro años soñando con volver a verlo. Había pasado muchas noches en blanco, imaginando que se encontraba con él... algo que desafiaba a la imaginación dado que se movían en diferentes estratosferas. Pero nunca, ni una sola vez, había imaginado que pudiera pasar de verdad. Y menos allí, en el colegio, sin previo aviso.
—¿Hay un incendio, señorita demi? —un par de ojos preocupados se clavaron en ella: Jessie Prince, que siempre estaba preocupada por todo, desde los exámenes a los terroristas—. Ha venido corriendo y siempre nos dice que no debemos correr a menos que haya un incendio.
—Sí, es verdad —asintió demi. Incendios y hombres a los que una no quería ver—. Y no estaba corriendo. Iba... caminando deprisa. Es bueno para la salud—¿seguiría en la puerta del colegio? ¿Seguiría allí cuando saliera?, se preguntó—. Abrid vuestros libros de lengua en la página doce y seguiremos donde lo dejamos ayer. Vamos a escribir una redacción sobre las vacaciones de verano. Tal vez debería haberle dado el anillo sin más, pero entonces Joe vería que lo llevaba colgado al cuello y no pensaba darle la satisfacción de saber lo que significaba para ella. Lo único que le quedaba era su orgullo... Al fondo de la clase se oyó un rifirrafe y después un golpe.
-¡Ay! ¡Me ha dado una torta, señorita! demi_ se llevó una mano a la frente. Problemas de disciplina era lo último que quería en ese momento. Necesitaba estar sola para pensar, pero si había algo que una profesora de primaria no tenía era un momento de tranquilidad.
—Tom, siéntate en uno de los pupitres de delante, por favor —demi_ esperó pacientemente mientras el niño arrastraba los pies hasta ella—. No se pega a nadie, no está bien. Quiero que le pidas perdón.
—¿Por qué?
-Acabo de decírtelo, porque no está bien. Quiero que le digas que lo sientes.
-Pero es que no lo siento —replicó el niño, sus mejillas casi del mismo tono que su pelo—. Me ha llamado pelo de zanahoria, señorita demi. Intentando concentrarse, demi respiró profundamente.
—Pues entonces él también te va a pedir perdón. Pero no puedes pegar a la gente, aunque te llamen «pelo de zanahoria». No se debe pegar a nadie. «Ni siquiera a un griego arrogante que te dejó plantada el día de tu boda».
—No ha sido culpa mía, tengo mal carácter porque soy pelirrojo.
—No es tu pelo el que ha pegado a Harry. ¿Cómo iba a saber ella que era Joe quien había comprado el anillo?
—Mi padre dice que si alguien se mete contigo le das una torta y ya no, vuelve a molestarte —dijo una niña.
-Podríamos pensar un poco en los sentimientos de los demás —les aconsejó demi_
—. No todo el mundo es igual y hay que ser tolerante.
Ésa va a ser nuestra palabra del día —añadió, tomando una tiza para escribir
en la pizarra, con veintiséis pares de ojos clavados en su espalda—.
To-le-ran-cia. ¿Quién puede decirme lo que significa? Veintiséis manos se
levantaron a la vez.
—Señorita, señorita, yo lo sé. demi tuvo que disimular una sonrisa. Daba igual lo estresada que estuviera, los niños siempre la hacían sonreír.-¿Jason?
—Hay un hombre en la puerta. Veintiséis cabezas se volvieron hacia la puerta y demi levantó la mirada justo cuando Joe estaba entrando en el aula. Muda de horror, notó que su pulso se había acelerado. ¿Era eso lo que su madre había sentido por su padre? ¿Aquella emoción, aquella excitación, aunque supiera que la relación no iba a ningún sitio? Joe cambiaba el ambiente del aula, pensó. Su presencia exigía atención. Los niños empezaron a levantarse, mirándola como para saber lo que debían hacer, y ella tragó saliva.
-Bien hecho, niños —los felicitó, antes de volverse hacia Joe—. Estoy dando una clase, no es buen momento para hablar.
—Es buen momento para mí.demi tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para disimular que le temblaban las piernas.
—Niños, tenemos una visita... ¿qué no ha hecho este señor?
—No ha llamado a la puerta, señorita demi_.
-Eso es —demi consiguió sonreír—. No ha llamado a la puerta porque ha olvidado sus buenas maneras. Así que este señor y yo vamos a salir un momento al pasillo y voy a decirle cómo debe portarse una persona que entra en un aula cuando ya ha empezado una clase mientras vosotros termináis vuestras redacciones. Cuando iba a salir del aula, Joseph la sujetó por la muñeca.
—Voy a daros una lección importante en la vida, niños —su acento griego más pronunciado de lo normal, Joe miraba la clase con la misma concentración con la que sin duda trataba a los miembros de un consejo de administración—. Cuando algo es importante para ti, hay que ir por ello. No dejéis que os den la espalda y no os quedéis en la puerta, esperando que os den permiso para entrar sólo porque ésas son las reglas. El comentario fue recibido con un silencio, pero enseguida empezaron a levantarse manos.
—Señorita, señorita, yo lo sé. demi tuvo que disimular una sonrisa. Daba igual lo estresada que estuviera, los niños siempre la hacían sonreír.-¿Jason?
—Hay un hombre en la puerta. Veintiséis cabezas se volvieron hacia la puerta y demi levantó la mirada justo cuando Joe estaba entrando en el aula. Muda de horror, notó que su pulso se había acelerado. ¿Era eso lo que su madre había sentido por su padre? ¿Aquella emoción, aquella excitación, aunque supiera que la relación no iba a ningún sitio? Joe cambiaba el ambiente del aula, pensó. Su presencia exigía atención. Los niños empezaron a levantarse, mirándola como para saber lo que debían hacer, y ella tragó saliva.
-Bien hecho, niños —los felicitó, antes de volverse hacia Joe—. Estoy dando una clase, no es buen momento para hablar.
—Es buen momento para mí.demi tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para disimular que le temblaban las piernas.
—Niños, tenemos una visita... ¿qué no ha hecho este señor?
—No ha llamado a la puerta, señorita demi_.
-Eso es —demi consiguió sonreír—. No ha llamado a la puerta porque ha olvidado sus buenas maneras. Así que este señor y yo vamos a salir un momento al pasillo y voy a decirle cómo debe portarse una persona que entra en un aula cuando ya ha empezado una clase mientras vosotros termináis vuestras redacciones. Cuando iba a salir del aula, Joseph la sujetó por la muñeca.
—Voy a daros una lección importante en la vida, niños —su acento griego más pronunciado de lo normal, Joe miraba la clase con la misma concentración con la que sin duda trataba a los miembros de un consejo de administración—. Cuando algo es importante para ti, hay que ir por ello. No dejéis que os den la espalda y no os quedéis en la puerta, esperando que os den permiso para entrar sólo porque ésas son las reglas. El comentario fue recibido con un silencio, pero enseguida empezaron a levantarse manos.
—Dime —Joe señaló a un niño en la segunda fila.
-Pero nos han dicho que tenemos que respetar las reglas.
-Si no son sensatas, hay que saltárselas.
-¡No!—exclamó demi_—.Uno no sepuede saltar las reglas. Las reglas existen...
—¿Para ser cuestionadas? —la interrumpió Joe, con su típica arrogancia—. Siempre debéis cuestionarlas. Algunas veces hay que saltarse las reglas para hacer algún progreso. Ahora mismo, por ejemplo. Necesito hablar con la señorita demi urgentemente y ella no quiere escucharme. ¿Qué puedo hacer? Un niño levantó la mano.
—Depende de lo importanteque sea lo que tiene quedecirle.
-Es muy importante. Pero también es importante que la otra persona dé su opinión, así que dejaré que ella elija dónde vamos a mantener esa conversación. Dime, demi, ¿aquí o fuera?
—Fuera —contestó ella, con los dientes apretados. Joe se volvió hacia los niños.
-¿Lo veis? Este es el ejemplo de una negociación que sale bien. Los dos tenemos lo que queremos y ahora, mientras la señorita demi__ y yo hablamos, vosotros vais a... escribir cien palabras sobre por qué las reglas siempre deben ser cuestionadas.
-¡No, de eso nada! —protestó demi—. Van a escribir una redacción sobre las vacaciones.
—O sobre los beneficios de saltarse las reglas —insistió Joe—. Me alegro de haberos conocido. Trabajad mucho y tendréis éxito en la vida. Pero recordad: lo importante no es de dónde viene uno sino dónde llega —sin soltar la muñeca de demi___, la sacó al pasillo y ella no tuvo más remedio que seguirlo y cerrar la puerta.
-Pero nos han dicho que tenemos que respetar las reglas.
-Si no son sensatas, hay que saltárselas.
-¡No!—exclamó demi_—.Uno no sepuede saltar las reglas. Las reglas existen...
—¿Para ser cuestionadas? —la interrumpió Joe, con su típica arrogancia—. Siempre debéis cuestionarlas. Algunas veces hay que saltarse las reglas para hacer algún progreso. Ahora mismo, por ejemplo. Necesito hablar con la señorita demi urgentemente y ella no quiere escucharme. ¿Qué puedo hacer? Un niño levantó la mano.
—Depende de lo importanteque sea lo que tiene quedecirle.
-Es muy importante. Pero también es importante que la otra persona dé su opinión, así que dejaré que ella elija dónde vamos a mantener esa conversación. Dime, demi, ¿aquí o fuera?
—Fuera —contestó ella, con los dientes apretados. Joe se volvió hacia los niños.
-¿Lo veis? Este es el ejemplo de una negociación que sale bien. Los dos tenemos lo que queremos y ahora, mientras la señorita demi__ y yo hablamos, vosotros vais a... escribir cien palabras sobre por qué las reglas siempre deben ser cuestionadas.
-¡No, de eso nada! —protestó demi—. Van a escribir una redacción sobre las vacaciones.
—O sobre los beneficios de saltarse las reglas —insistió Joe—. Me alegro de haberos conocido. Trabajad mucho y tendréis éxito en la vida. Pero recordad: lo importante no es de dónde viene uno sino dónde llega —sin soltar la muñeca de demi___, la sacó al pasillo y ella no tuvo más remedio que seguirlo y cerrar la puerta.
—No puedo creer que hayas hecho eso.
-De nada —dijo él—. Mi caché por los discursos de motivación en el circuito internacional es de medio millón de dólares, pero en este caso estoy dispuesto a no cobrar... para beneficio de las nuevas generaciones.
-No estaba dándote las gracias. -
Pues deberías. Los empresarios del mañana no saldrán de un grupo de robots incapaces de tomar la iniciativa. A punto de explotar de rabia, demi_ se soltó de un tirón.
-¿Es que no sabes nada sobre niños?
—No, nada. Les he hablado como si fueran adultos.
—Pero es que no son adultos. ¿Tú sabes lo difícil que es disciplinar a veintiséis niños? Cuando empecé a darles clase no estaban sentados en su pupitre cinco minutos seguidos.
-Estar sentado es un pasatiempo absurdo. Incluso en los consejos de administración yo suelo pasear, me ayuda a concentrarme mejor. Deberías animarlos a que hicieran preguntas...
—No me digas cómo debo hacer mi trabajo. Tú no sabes absolutamente nada sobre educación infantil.
—Muy bien, ¿por qué has vendido el anillo? demi__ parpadeó, sorprendida por el brusco cambio de tema. Pero no tuvo tiempo de contestar porque en ese momento alguien apareció corriendo por el pasillo.
-¡Señorita demi , se ha inundado el colegio!
Joe dejó escapar un suspiro.
-De nada —dijo él—. Mi caché por los discursos de motivación en el circuito internacional es de medio millón de dólares, pero en este caso estoy dispuesto a no cobrar... para beneficio de las nuevas generaciones.
-No estaba dándote las gracias. -
Pues deberías. Los empresarios del mañana no saldrán de un grupo de robots incapaces de tomar la iniciativa. A punto de explotar de rabia, demi_ se soltó de un tirón.
-¿Es que no sabes nada sobre niños?
—No, nada. Les he hablado como si fueran adultos.
—Pero es que no son adultos. ¿Tú sabes lo difícil que es disciplinar a veintiséis niños? Cuando empecé a darles clase no estaban sentados en su pupitre cinco minutos seguidos.
-Estar sentado es un pasatiempo absurdo. Incluso en los consejos de administración yo suelo pasear, me ayuda a concentrarme mejor. Deberías animarlos a que hicieran preguntas...
—No me digas cómo debo hacer mi trabajo. Tú no sabes absolutamente nada sobre educación infantil.
—Muy bien, ¿por qué has vendido el anillo? demi__ parpadeó, sorprendida por el brusco cambio de tema. Pero no tuvo tiempo de contestar porque en ese momento alguien apareció corriendo por el pasillo.
-¡Señorita demi , se ha inundado el colegio!
Joe dejó escapar un suspiro.
Por favor siguela esta en lo mejor
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