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lunes, 15 de abril de 2013

Unfaithful capitulo 13 - jemi en español


Demi cerró los ojos. Al reconocer aquella voz, apoyó la cabeza sobre el hombro de Joe, que se había puesto rígido como una tabla. -Sabes que está casado, ¿verdad, querida?
...
Obviamente, Miley no había reconocido a Demi. -Lleva casado siete años, nada menos -prosiguió-. Con una chica preciosa, aunque un poco sosa que, en estos momentos, estará sentada en casa cuidando de sus tres hijos mientras su querido marido seduce a todas las mujeres que se le ponen por delante.
-A todas no, Miley -replicó Joe fríamente- A ti siempre me ha resultado muy fácil rechazarte.
¿Es que Miley había andado detrás de Joe?
Levantó la cabeza y vio la expresión cínica de Joey entonces, otro velo cayó de sus ojos confiados. Joe se dio cuenta y su mirada se ensombreció.
Siempre había aceptado que Joe y Miley no se llevaban bien, sin preguntarse por qué. Al saber la razón, se sintió muy mal.
-Los hombres siempre deben desconfiar de una mujer a la que han rechazado, -Joe -dijo Miley-. Después de todo, es una de nuestras pequeñas armas.
Y tú la has usado con sabiduría, ¿verdad? -repicó Joel-. Apuntando directamente al punto más débil.
-A propósito, ¿cómo está Demi? ¿Tiene la pobre alguna idea de lo pronto que has sustituido a Taylor?
Demi ya había oído bastante. Se separó un poco de Joe y se volvió para mirar ala que en otro tiempo fuera su mejor amiga.
A Miley se le mudó el color de la cara y, sin decir una palabra, se dio la vuelta y se alejó.
Tampoco Joe y ella hablaron al salir de club y andar hasta el coche.
-¿Cuánto tiempo? -le preguntó una vez en el interior del coche.
-Años -respondió Joe, avanzando entre el tráfico londinense.
-¿Y alguna vez se te pasó por la cabeza acostarte con ella? -preguntó Demi y observó que Joe apretaba el volante con fuerza. Aquella pregunta ofendía su dignidad, pero Demi tenía derecho a hacerla.
-No, nunca -respondió.
-¿Por qué no?
-Me deja frío.
-Entonces, ¿por qué no me lo dijiste?
-Porque confiabas en ella -dijo Joe, cruzando con ella una mirada sombría- Nunca oculté el hecho de que no me gustaba -le dijo.
-Pero tampoco hiciste nada para abrirme los ojos
-dijo Demi-. Bastaba una palabra, Joe, una sola palabra. Con decirme que me estaba utilizando para conseguirte, habríamos evitado la pequeña escena de esta noche.
-¿Sabiendo lo mucho que te habría dolido la verdad?
Sólo un canalla habría hecho algo así.
Al llegar a casa, se dirigió directamente a las escaleras, sin molestarse en ir a saludar a Jenny.
-Me duele la cabeza -le dijo a Joe, lo que no era mentira- Por favor, pídele disculpas a tu madre de mi parte.
Todavía no se había dormido cuando Joe entró en la habitación después de llevar a su madre a casa, pero fingió que lo estaba. Fue consciente de cada movimiento de Joe, que se metió en la cama desnudo, como de costumbre. Se acostó boca arriba, cruzó los brazos por detrás de la cabeza y se quedó mirando al techo, mientras ella yacía muy quieta a su lado. Deseaba con toda su alma que el destino los cubriera con un velo y borrara las últimas semanas de su existencia, como si nunca hubieran ocurrido.
Pero el destino no fue tan amable de responder a su súplica y siguieron allí acostados largo tiempo. La tensión era tan evidente que Demi empezó a sentirse sofocada. Entonces, Joe dejó escapar un suspiro y apoyó una mano sobre su cuerpo. Ella no pudo evitar volverse y echarse en sus brazos. Probablemente, necesitaba lo que iba a ofrecerle tan desesperadamente como él. Se amaron con un frenesí casi tan insoportable como el silencio anterior.
Taylor visitó a Demi una vez más, y justo cuando creía que, por fin, iba a liberar sus reprimidos deseos, se puso muy tensa, en el mismo punto que en las noches anteriores. Joe se dio cuenta y se quedó muy quieto viendo cómo luchaba contra los demonios que la amenazaban y luchaba con todas sus fuerzas. Cerró los ojos para contener las lágrimas, besó a Joe para detener el temblor de sus labios y apretó las manos sobre sus hombros para no estremecerse.
Cuando logró alejar a Taylor de su mente, pensó que había superado otro obstáculo. Luego, con un suspiro, besó a Joe. Fue un fracaso tan grande que ni siquiera se atrevió a pensar en él. 

-Demi-susurró él al penetrarla.
Susurró su nombre una y otra vez, como si quisiera decirle que había compartido con ella la batalla que acababa de vencer y que sabía que lo había hecho por él. Sólo por él.
Sin embargo, cuando estaban a punto de llegar al clímax y, aunque sus cuerpos se movían al unísono, sólo Joe alcanzó el orgasmo y ella se quedó al borde, sin llegar, sintiéndose perdida y vacía.

 Joe volvió a estar muy ocupado con la compra de una nueva empresa y tuvo que pasar muchas noches fuera, porque las negociaciones tenían lugar en Liverpool. Demi aceptaba sus excusas sin hacer preguntas, lo que dejaba a Joe tenso y lleno de frustración. Ella se quedaba en casa sentada, atormentándose con sospechas que bien sabía que eran injustas. Joe, a cambio, no le comentaba ninguno de sus negocios porque había decidido que no tenía por qué justificar ante ella todo lo que hacía. En pocas palabras, le estaba pidiendo que confiara en él. Pero Demi no podía, lo que sólo servía para poner su matrimonio en la cuerda floja. Y la vida se hacía más insoportable a medida que iban pasando las semanas.
Entonces, una tarde, cuando estaba hojeando el periódico local, que le enviaban semanalmente por correo, vio algo que le aceleró el pulso.
Aquella misma noche, Zac Efron daba una charla sobre su obra en una facultad de Arte que había cerca de allí. La entrada era libre.
Joe estaba fuera de la ciudad, pero, si su madre podía cuidar de los niños, ¿qué daño podría hacer a nadie si asistía a la charla?
En el fondo, sabía que sólo estaba cediendo a la necesidad de herir a Joe donde más le dolía.
La culpa la tenía él, pensaba para justificarse mientras aparcaba su coche en un sitio vacío delante de la facultad. No debía haberse mostrado celoso de una persona como Zac Efron. Sólo gracias a esos celos estaba allí.
Se sentó en la parte de atrás de la sala de conferencias.
No esperaba que Zac la viera, y en caso de verla, sería difícil que la reconociera, al fin y al cabo, sólo se habían visto una vez.
Pero sí la vio, y la reconoció al instante. Se acercó al estrado, miró sonriendo a la audiencia, la vio, se detuvo, volvió a mirarla, y logró que se sonrojara al sonreír tan abiertamente que todo el mundo se dio la vuelta para ver a quién concedía el orador su atención tan abiertamente.
Ella le devolvió una tímida sonrisa y se ocultó tras el cuello de su abrigo azul pálido con el deseo de desaparecer cuanto antes.
Pero, en cuanto Zac comenzó a hablar, volvió a relajarse. El ingenioso e inteligente discurso de Zac atrapó su atención. Estaba relajado y no dejaba de sonreír mientras contaba cómo se las arreglaba para captar las debilidades de sus víctimas.
En muchas ocasiones, sorprendió a Demi riendo con el resto de la audiencia. Al verla, le guiñaba el ojo. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan halagada.
Al terminar, Zac se acercó a ella, agradeciendo alegremente las muchas felicitaciones que recibía de los asistentes.
-Demi... -dijo estrechando su mano- ... me alegro mucho de que hayas venido.
-y yo me alegro de haberlo hecho -replicó ella, sintiendo de nuevo una gran timidez- Ha sido muy interesante.
-¿Vienes a clase a esta facultad?

-Oh, no -respondió Demi, sonrojándose ligeramente porque jamás habría esperado semejante pregunta. Luego pensó en el aspecto que debía tener, con unos vaqueros viejos, el abrigo azul y sin maquillaje.
No se parecía en absoluto a la mujer de su primer encuentro. Más bien tenía aspecto de estudiante. -Vivimos cerca de aquí -le dijo-. Me enteré de la conferencia en el periódico local y, siguiendo un impulso, vine.
-¿Tú sola?
-Sí -dijo Demi y se sonrojó aún más, sin saber por qué, ya que aquel hombre no podía saber que apenas salía- Joe está de viaje.
-Ah -exclamó Zac, y le dirigió una extraña mirada- ¿Te interesa la política?
-Más bien el arte, o las caricaturas. Aunque no lo creas, se me daban bastante bien -admitió con timidez-, antes de que tuviera que dedicar la mayor parte del tiempo a mis hijos.
Le dio un vuelco el corazón cuando se dio cuenta de lo que había dicho, ya que Zac creía que Joe y ella se habían casado hacía muy poco.
Zac frunció el ceño con desconcierto y ella se mordió el labio.
Por-suerte, alguien les interrumpió para hacerle algunas preguntas a Zac. Demi decidió que lo mejor era aprovechar la ocasión para marcharse, antes de que se enredaran más la cosas. Se metió las manos en los bolsillos y se dio la vuelta. Pero Zac la agarró por el brazo.
-No te vayas -dijo- Tengo que despedirme de los organizadores, pero si me esperas, podemos ir a tomar una copa.
Demi vaciló, presa de algo parecido a la tentación.
Tomar una copa, en un pub, con un hombre que no fuera Joe no era como cruzar el límite invisible que imponía el matrimonio. ¿O sí lo era? ¡La gente lo hacía continuamente! ¡Joe lo hacía continuamente! ¿Qué daño podría hacerle a nadie si aceptaba? ¿A quién le importaba que lo hiciera?
Probablemente a Joe, se respondió. Pero, inmediatamente, se olvidó de ello, ya que era mucho más fuerte su deseo de revancha. Además, Zac le caía bien, y estaba muy interesada en lo que hacía.
-Gracias -dijo-, me encantaría.
En aquel momento, fue Zac quien vaciló y dirigió a Demi aquella mirada pensativa que recordaba de la primera ocasión en que se habían visto. Luego asintió y le soltó el brazo.
-Cinco minutos -prometió y se marchó.
Demi se quedó debatiéndose con su conciencia. Disfrutó del rato que pasaron en un pub cercano.
El lugar estaba lleno, porque más de la mitad de la gente que había asistido' a la conferencia estaba en él. Zac y ella estaban en la barra, bebiendo una cerveza.
Le encantaba estar allí, relajadamente, hablando simplemente de persona a persona y no sólo como madre o esposa. Le gustaba la cordialidad de Zac, su modo de escuchar, tan atento, cuando ella le contó sus propias ideas, primero tímidamente y luego, con entusiasmo.
El nombre de Joe no apareció en la conversación hasta el momento de las despedidas.
-¿Cuánto tiempo lleváis casados Joe y tú, Demil?
-preguntó Zac.
Demi suspiró, sintiendo que el placer de la noche se desvanecía.
-Siete años -respondió-. Tenemos tres hijos, dos niños y una niña. Los mayores, Sammy y Kate son mellizos.
Zac sonrió, pero sin el menor asomo de humor.
-Creo que te debo una disculpa por la noche que nos conocimos -dijo.

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