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sábado, 19 de enero de 2013

Dejar paradise capitulo 25 - jemi (casi finales)


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Capitulos casi finales xD !!!

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Demetria


Tenía todo lo que quería y lo estropee. Joe me amaba, todo lo que tenía que hacer era mostrarle mis cicatrices para probarle lo mucho que confiaba en él y amarlo de vuelta.

Pero no pude. Algo me estaba jalando hacia atrás a mi coraza protectora.

Le dije a mi mamá que estaba muy enferma para ir a la escuela hoy, así que estoy acostada en la cama. El vestido que la señora Reynolds me compro está colgado en mi armario, un cruel recuerdo de la noche más romántica de mi vida. Gane a joe y lo perdí igual de rápido.

Cuando me llevo a casa y aparcamos, me dio una pequeña sonrisa y dijo que siempre habíamos sido amigos y seguiríamos siendo amigos.

Eso es lo más importante. ¿Verdad?

¿Entonces porque he estado llorando toda la mañana? Llame a la casa de la Señora Reynolds para ver cómo estaba después de anoche.

El señor Reynolds responde el teléfono.
—¿Hola? —dice con voz agitada.

—Hola, es demi ¿Está la señora Reynolds ahí?

El señor Reynolds no dice nada por un largo tiempo y en mi garganta se forma un gran bulto.

—Mi mamá murió esta mañana, demi.
—No —susurro mientras mi vida se viene abajo—. No puede ser verdad. Estábamos juntas. Anoche ella estaba bailando y riendo y…
—Ella estaba agradecida de tenerte en su vida —el dice—. Ella te quería como una nieta. Más que eso, ella te quería como a una amiga.

—¿Dónde está? ¿Estaba sola cuando murió?

El Señor Reynolds solloza. —Se la llevaron en una ambulancia. Ella murió cuando dormía, sin dolor. Su corazón ha estado mal por años, demi. Sólo era cuestión de tiempo.

Lágrimas resbalan por mis mejillas mientras recuerdo todo el tiempo que pasamos juntas estos últimos meses. Ella me enseño tanto sobre la vida.

—Los narcisos… ella nunca vera florecer los narcisos —le digo, ahogando mis emociones.
—Mamá adoraba los narcisos. ¿No es así?

No sé que mas decirle. La señora Reynolds pudo haber sido grande en años, pero todavía había tanto que había planeado. Invitarnos a mamá y a mí a cenar, ver los narcisos florecer en la primavera. Comiendo los pasteles de Irina.

—La voy a extrañar.
—Se que lo harás. Ella nunca quiso un funeral. Decía que eran sólo una excusa para que la gente deprimida haga charlas sin sentido.

Sonrió con nostalgia. —Eso suena a ella. Ella me acusó de eso ayer, lo que me recuerda… un vestido. Ella compro un vestido.

—¿El azul colgado en la silla del cuarto?
—Sí. Si ella va a ser enterrada… —no puedo siquiera sacar las palabras.
—Me asegurare de eso. Escucha, si quieres venir y tomar algo de la casa antes de que la vendamos, puedes hacerlo.
—No puede vender la casa… los narcisos, el mirador… todo lo que le importó en los últimos dos meses todo para nada.

En la tarde, mi mamá me conduce a la casa de la Señora Reynolds por última vez. Ella está sosteniendo mi mano mientras Lou nos saluda. —Toma lo que quieras, demi

En el cuarto de lavado, toda limpia y doblada, esta la muumuu.

La recojo y la aprieto contra mi pecho. Era la manera de protegerme de la Señora Reynolds, cubriendo mi ropa para que no me ensuciara.
—¿Puedo tener esto? —pregunto.

El Señor Reynolds luce sorprendido de que lo quisiera, pero dice:
—Hablaba en serio cuando dije cualquier cosa.

Hay dos cosas más que quiero. Me dirijo hacia la cocina y abro gabinetes hasta que lo encuentro. Mi mamá esta encogiéndose de hombros al Señor Reynolds, quien esta tan desconcertado como ella. —Tiene que estar por aquí en algún lado. Aja.

Abro uno de los cajones de la parte superior, y en un pedazo de viejo, manchado y rasgado papel de lino, esta la receta de sus galletas favoritas Snickerdoodle.

—¿Algo más?
—Una cosa más.

Mamá y el Señor Reynolds me siguen hasta el ático. Me dirijo al baúl y lo abro.
Sosteniendo un marco de foto, digo:
—Esto es lo último.

El señor Reynolds dice:
—Es tuyo.

Miro la foto de dos personas locamente enamoradas en su día de bodas.
Que los dos descansen en paz.


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Joseph

demi no asistió ayer a la escuela, y no la he visto en toda la mañana. Hoy me he pasado dos veces por su casillero, pero ella ha estado tan elusiva como un fantasma.

Durante el tercer periodo no logro concentrarme. Así que tomo el pase para el baño y salgo por la puerta. Pero no me dirijo directamente hacia el baño. Volteo la esquina y me dirijo por el corredor hacia donde sé que se encuentra su casillero. Me he convertido un acechador.

—¿Estás buscando a alguien, joe? —es ashelly, con su propio pase colgando de sus dedos—. ¿Tal vez a demi lovato?
—Deja de estar juagando conmigo, ashelly.

Ella destella una macabra sonrisa.

—No, en serio. Es solo que no logro entender que es lo que ves en ella.
—Nada —solo lo digo para quitarme de encima a mi ex—. No veo nada en demi lovato. Lo único que ella ha sido es una distracción por no poderte tener a ti. —la mierda fluye porque necesito proteger a _demi  y a selena a cualquier precio.

El sonido de alguien detrás de mí me hace voltear. Es demi. Ha escuchado cada una de las falsas palabras que han salido de mi boca. ashelly se escabulle hacia ella.

—¿joe, le has dicho a demi la verdad respecto el accidente?
—Ashelly. No lo hagas —digo en un tono de advertencia—. O le daré una pista a Brian sobre lo que ha estado pasando entre tú y yo.

Si ashelly tuviera garras, las tendría afuera y seria mortal.

demii cojea en mi dirección.

—¿Qué es lo que ha estado pasando entre tú y ashelly , joseph?

ashelly coloca las manos sobre sus caderas, lista para que comience la pelea.

—Sí, joecito. Dile cuanta veces hemos estado juntos desde que regresaste

¿Qué puedo decir? Quiero contarle la verdad a demi, voy a decirle la verdad.
Respecto a todo. Pero no aquí, no enfrente de ashelly. Ella no tiene nada que ver conmigo y con demi.

—Di algo —ordena demi, sus ojos están en llamas. Cuando no lo hago, ella me da una bofetada y se aleja cojeando.

***

Odio las reuniones de motivación. Así que me parece demente estar atrapado en medio de una el día de hoy, entre todos los días. Pero aquí me encuentro, en el medio de la multitud de atletas mientras las porristas guían al resto de la escuela para animar a todo el cuerpo estudiantil.

Como si un grupo de luchadores quisiera ser ―animado
. Pero los chicos tomarían cualquier excusa para saltar una hora de clase.
Meyer se para en el podio como si fuera el presidente de los Estados Unidos en lugar de ser el director de una escuela de un pequeño pueblo.

—Acomódense, todos. Acomódense —el lugar sigue estando ruidoso, pero es lo mejor que va a lograr y lo sabe—. Es el momento de conmemorar a los estudiantes que representan a las Panteras de Paradise en competencias deportivas.

La multitud se comienza a agitar, el piso del gimnasio vibra por el ruido.

—Tranquilícense. Tranquilícense. Esta tarde vamos a honrar a nuestros atletas. Cada entrenador subirá al podio y anunciara a cada uno de los miembros de su equipo. Vamos a comenzar con el equipo más grande… ¡Futbol!

Esto lleva a las porristas a un frenesí, pateando y haciendo volteretas por todo el gimnasio
—Levanten la mano cuando diga su nombre —dijo el entrenador de futbol—. Adam Albers, Nate Atkins, Max Ballinski, Ty Edmonds... —la lista sigue y sigue por lo que parece durar para siempre.

Estoy parado al lado de Brian.
—Viejo, esto es una tortura.
—Dímelo a mí —dijo él.

Pero cuando el entrenador Wenner sube al podio, los chicos del equipo de lucha de Paradise no están dispuestos a aceptar un puesto de atrás. Comienza un rugido detrás de mí.

—¡Wee-ner! ¡Wee-ner! ¡Wee-ner!

Los chicos están pronunciando mal el nombre del entrenador a propósito. Apuesto que Wenner ya está planeando cuantas lagartijas extras hará el equipo para pagarle por eso.

El resto de la escuela se une, aunque los profesores están tratando de ponerle fin al más mínimo grito.

—¡Wee-ner! ¡Wee-ner!
—Está bien, jaja, muy gracioso. Ya se rieron, ahora vamos a hacerlo —dice el entrenador—. Andy Martinez, joe jonas, Max Ren, David Poys...

Aunque nuestra escuela es pequeña, lleva un buen rato pasar por todos los nombres.
Finalmente, después de haber estado una hora atascado en este caluroso gimnasio, Meyer vuelve al micrófono y nos despacha a
nuestro tercer periodo. Tratar de salir es como una escena de un levantamiento colectivo. Todo el mundo esta tan ansioso como yo por escapar. Pero me quedo atrás.

Escaneo las tribunas. Mi hermana está mirando hacia abajo, ignorando todo excepto las escaleras. demi está parada con el resto de la multitud empujando entre ellos tratando de salir. Parece tan frágil parada allí, como un pájaro rodeado por una estampida de elefantes.

Hay algunas sacudidas y empujones. Dos alumnos de tercer año están peleando. Y es justo donde demi está parada.

—¡demi, cuidado! —grito, pero ella no alcanza a escucharme. No se da cuenta de la conmoción que hay tras ella, pero soy muy lento y hay mucho ruido. El tipo es golpeado en dirección a demi, quien tropieza tres pasos y cae sobre sus rodillas.

—¡demi! —grito, empujando a la gente fuera de mi camino para poder llegar hasta ella. Finalmente la alcanzo y me arrodillo a su lado—. ¿demi, estás bien?

Ella pestañea, parece como si estuviera mareada y se sienta.
—demii, demi, demi —La multitud comienza a canturrear.
Miro a la multitud y grito.

—¡Callen esa boca de mierda! —pero nadie me escucha. Agarro el codo de demi. Ella trata de soltarse pero yo la aprieto—. ¿Estás bien? —le pregunto una vez que ella se encuentra en pie. La mayoría de los chicos han parado de gritar su nombre, pero algunos idiotas siguen sin tener nada mejor que hacer.

Drew me agarra del hombro y me hecha hacia atrás.
—joe, ¿por qué la estas ayudando? La perra es responsable de haberte puesto en la cárcel.

Yo tomo mi puño y golpeo justo en el rostro de Drew. Él se me viene encima y estamos uno sobre el otro, puños volando, hasta que Wenner y otro entrenador nos separan.

—¿Dónde está demi? —pregunto yo.
Wenner me mira como si yo estuviera loco.

—En la enfermería.
—Tengo que verla.
—La única cosa que vas a ver es la oficina del director, jonas. ¿Qué es lo que te pasa?

Soy escoltado a la oficina de Meyer. No tengo opción, ya que Wenner me tiene clavadas las muñecas a la espalda.
—Espera aquí por el Sr. Meyer —ordena el entrenador.

Pero tan pronto como él deja la oficina, yo salto sobre el escritorio de enfrente y abro la puerta de la enfermería. Los pantalones de demi están enrolladlos justo por encima de sus rodillas.

Mi mirada se enfoca inmediatamente en sus cicatrices.

Las furiosas líneas de donde los doctores debieron haberla cocido están rosadas y su pierna luce como si un animal feroz la hubiera arañado. Por su rodilla, donde está el grupo más grande de marcas, creo que tiene un injerto de piel, porque es más oscura y no concuerda con el resto de su suave piel color marfil.

Apartando la vista de su pierna, levanto la mirada en dirección a ella. —Lo siento, demi —digo.
Su expresión es severa, sus ojos cerrados.

—Vete, joseph.
¿O quieres tomar una foto para poder mostrársela a ashelly? Así tendrían los dos algo de que reírse.

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