Se sentó al borde de la cama, junto a
Wendy, y ocultó la cara entre las manos. Su albornoz favorito parecía un
símbolo de todo a lo que había estado dispuesta a renunciar en el curso de su
relación con nick. Se acabaron las caminatas por las colinas de Marín porque nick
quería que hiciera ejercicio bajo la mirada estricta y reglamentada de su
entrenador personal del club olímpico. Nada de ponerse ropa mona y moderna
porque necesitaba toda la ayuda que pudiera conseguir para parecer mayor y más
sofisticada. Debía cambiar su encantador y pequeño escarabajo por un BMW serie
5 porque era «más apropiado para la imagen que tenía que cultivar».
Tantas cosas, grandes y pequeñas,
pero todas ellas cosas que le gustaban, cosas que formaban parte de ella. Había
renunciado a todas ellas con una misión concreta: ser la hija perfecta, la
novia perfecta, la todo perfecta.
—No me puedo creer que me hiciera
esto —dijo—. ¿Te puedes creer que me hiciera esto? —demi se quedó mirando
a Wendy.
Las cejas alzadas de Wendy y su
consoladora palmadita en la rodilla de demi fue más que suficiente para
transmitir que nada de aquello la había sorprendido en absoluto
—Me siento como una estúpida. De
verdad pensé, después de sorprenderlo en primavera, que me sería fiel. Pero
apuesto a que nunca dejó de engañarme en todo este tiempo.
—Pues no, no dejó de engañarte. —La
convicción de Wendy provocó un hormigueo de irritación que atravesó los hombros
de demi.
—¿Y tú cómo lo sabes con tanta
seguridad?
— Demi , lo vi por toda la ciudad. —Al contrario que demi Wendy era una juerguista convencida y le
encantaba explorar los restaurantes y discotecas más animados de San Francisco.
A pesar de todos sus esfuerzos, eran raras las veces que demi se unía a
ella para pasar una noche de fiesta—. Por lo menos una vez a la semana lo veía
con alguna mujer en el Bubble Lounge o en el Redwood Room. Y si no llegaba con
alguien, se iba con alguien.
Había veces que demi agradecía de
verdad la franqueza de Wendy pero esa no era una de ellas.
—¿Por qué no me dijiste nada? —Para
ser justos, Wendy no tenía la culpa del comportamiento de nick, pero demi
no podía creer que la mujer que llevaba cinco años siendo su mejor amiga
fuera capaz de ocultarle semejante información.
—Pero si te lo dije —dijo Wendy,
exasperada—. Más de una vez. Y cada vez volvías a aceptarlo. Siempre supiste
que no iba a cambiar. Si tú estabas dispuesta a no darle importancia a sus
aventuras, ¿quién era yo para intentar convencerte de lo contrario?
A demi se le hizo un nudo en el
estómago y aunque no dijo nada reconoció que lo que decía Wendy era cierto.
Desde que se lo había presentado, a Wendy le había caído mal Brian.
Era demasiado hábil, decía Wendy.
Demasiado zalamero, demasiado refinado, un repelente niño Vicente pero con
mejor pinta. Había intentado, a veces con sutileza —pero la mayor parte de las
veces sin ella— convencer a demi para que lo dejara. Una vez, tras una
fiesta, Wendy incluso había afirmado que nick le había entrado, y eso que demi estaba
en la habitación de al lado. La acusación había encolerizado a demi de
tal modo que no le había dirigido la palabra a Wendy en todo un mes.
Las amigas terminaron por hacer las
paces pero desde ese momento, si Wendy tenía algo en contra de Brian, se lo
guardaba.
Pero a pesar de la estricta política
de «sin comentarios» que había instaurado, Wendy había sido incapaz de quedarse
callada esa primavera. Había visto a nick saliendo del hotel Clift a primera
hora de la mañana de un día laborable, cuando se suponía que estaba en Seattle
por negocios, con una seductora morena prácticamente pegada al costado.
A esas alturas, demi ya se
había atrincherado en los preparativos de la boda que planeaban para el otoño,
embalada en su carrera hacia su futuro como la señora de Nick Jonas. Se había convencido de que Nick había
tenido un desliz, pero solo esa vez. Y dado que demi se había visto
obligada a admitir, aunque solo fuera ante sí misma, que su vida sexual no era
demasiado espectacular, parte de ella se preguntó si quizá no fuera también
culpa suya. Después de eso, se había jurado esforzarse más para ser la clase de
amante que quería su prometido y así evitar futuros lapsus.
Claro que, en el fondo, demi
siempre había sabido que aquella no había sido la primera vez, ni la
única. Que era por lo que sus intentos de darle un poco más de sabor a su vida
sexual se habían reducido a la compra de un inmenso montón de lencería carísima
y dos encuentros bastante mediocres en los últimos seis meses. Al menos a ella
le gustaba mucho su nueva ropa interior, que era muy sexy, aunque nick no
hubiera sabido apreciarla.
Después de aquello, demi se
resignó a tener un matrimonio cómodo, aunque no fuera apasionado. Después de
todo, en un matrimonio había cosas más importantes que el sexo. Y al casarse
con Brian contribuía de una forma decisiva a unir a las dos familias, a
cimentar su relación empresarial y elevar el perfil público de la compañía.
Aunque hubiera querido echarse atrás, no habría podido hacerlo sin provocar la
madre de todos los desastres.
Con todo, el desastre se las había arreglado
para encontrarla a ella.
—Dios, soy un auténtico felpudo
—gimió demi mientras se tiraba en la cama. Después se sentó y apretó los
puños—. Quiero ir ahí abajo y darle una buena patada en esas fundas tan
perfectas que se ha puesto en la boca.
Wendy lanzó una áspera carcajada.
—Venga, vamos. Yo te lo sujeto. Pero
no te olvides de darle también un buen pisotón en los huevos.
Entonces oyeron que alguien llamaba a
la puerta.
—_demi, déjame entrar.
Demi hizo una mueca al oír
aquella voz temblorosa que arrastraba las palabras. Genial. Su madre no solo
era un caso perdido emocional, como de costumbre, sino que encima llevaba una
buena curda. Por lo general, era demi la que tenía que calmar a su madre
y hacerla bajar del árbol emocional al que se hubiera encaramado pero esa noche
ya no tenía fuerzas. Cogió a Wendy por los hombros y le rogó:
—Tienes que deshacerte de ella.
Wendy fue a la puerta y le hizo un
gesto a demi para que se escondiera en la cocinita de la suite mientras
ella contestaba a la puerta. Demi oyó la voz apagada de Wendy y después la
más aguda de su madre.
—Lo de ahí abajo es un caos
—sollozaba su madre—. No hacen más que preguntarme qué pasa y yo no tengo ni
idea. Grant ha desaparecido con demi y nick tiene que bajar para
tranquilizar a todo el mundo. —A Barbara se le quebró la voz y nick oyó
el graznido apagado de su madre sonándose la nariz—. Y toda la prensa local
está por aquí. ¿Qué diantres les voy a decir? No hay nadie que me diga lo que
tengo que decirles.
—Me siento como una estúpida. De
verdad pensé, después de sorprenderlo en primavera, que me sería fiel. Pero
apuesto a que nunca dejó de engañarme en todo este tiempo.
—Pues no, no dejó de engañarte. —La
convicción de Wendy provocó un hormigueo de irritación que atravesó los hombros
de nick .
—¿Y tú cómo lo sabes con tanta
seguridad?
—demi, lo vi por toda la ciudad. —Al
contrario que demi, Wendy era una juerguista convencida y le encantaba explorar
los restaurantes y discotecas más animados de San Francisco. A pesar de todos
sus esfuerzos, eran raras las veces que demi se unía a ella para pasar
una noche de fiesta—. Por lo menos una vez a la semana lo veía con alguna mujer
en el Bubble Lounge o en el Redwood Room. Y si no llegaba con alguien, se iba
con alguien.
Había veces que demi agradecía
de verdad la franqueza de Wendy pero esa no era una de ellas.
—¿Por qué no me dijiste nada? —Para ser
justos, Wendy no tenía la culpa del comportamiento de nick, pero demi no
podía creer que la mujer que llevaba cinco años siendo su mejor amiga fuera
capaz de ocultarle semejante información.
—Pero si te lo dije —dijo Wendy,
exasperada—. Más de una vez. Y cada vez volvías a aceptarlo. Siempre supiste
que no iba a cambiar. Si tú estabas dispuesta a no darle importancia a sus
aventuras, ¿quién era yo para intentar convencerte de lo contrario?
A demi se le hizo un nudo en el
estómago y aunque no dijo nada reconoció que lo que decía Wendy era cierto.
Desde que se lo había presentado, a Wendy le había caído mal nick.
Era demasiado hábil, decía Wendy.
Demasiado zalamero, demasiado refinado, un repelente niño Vicente pero con
mejor pinta. Había intentado, a veces con sutileza —pero la mayor parte de las
veces sin ella— convencer a demi para que lo dejara. Una vez, tras una
fiesta, Wendy incluso había afirmado que nick le había entrado, y eso que demi
estaba en la habitación de al lado. La acusación había encolerizado a demi
de tal modo que no le había dirigido la palabra a Wendy en todo un mes.
Las amigas terminaron por hacer las
paces pero desde ese momento, si Wendy tenía algo en contra de nick, se lo
guardaba.
Pero a pesar de la estricta política
de «sin comentarios» que había instaurado, Wendy había sido incapaz de quedarse
callada esa primavera. Había visto a nick saliendo del hotel Clift a primera
hora de la mañana de un día laborable, cuando se suponía que estaba en Seattle
por negocios, con una seductora morena prácticamente pegada al costado.
A esas alturas, demi ya se
había atrincherado en los preparativos de la boda que planeaban para el otoño,
embalada en su carrera hacia su futuro como la señora de nick Jonas. Se había
convencido de que nick había tenido un desliz, pero solo esa vez. Y dado que demi
se había visto obligada a admitir, aunque solo fuera ante sí misma, que
su vida sexual no era demasiado espectacular, parte de ella se preguntó si
quizá no fuera también culpa suya. Después de eso, se había jurado esforzarse
más para ser la clase de amante que quería su prometido y así evitar futuros
lapsus.
Claro que, en el fondo, demi
siempre había sabido que aquella no había sido la primera vez, ni la
única. Que era por lo que sus intentos de darle un poco más de sabor a su vida
sexual se habían reducido a la compra de un inmenso montón de lencería carísima
y dos encuentros bastante mediocres en los últimos seis meses. Al menos a ella
le gustaba mucho su nueva ropa interior, que era muy sexy, aunque nick no
hubiera sabido apreciarla.
Después de aquello, demi se
resignó a tener un matrimonio cómodo, aunque no fuera apasionado. Después de
todo, en un matrimonio había cosas más importantes que el sexo. Y al casarse
con Brian contribuía de una forma decisiva a unir a las dos familias, a
cimentar su relación empresarial y elevar el perfil público de la compañía.
Aunque hubiera querido echarse atrás, no habría podido hacerlo sin provocar la
madre de todos los desastres.
Con todo, el desastre se las había
arreglado para encontrarla a ella.
—Dios, soy un auténtico felpudo
—gimió demi mientras se tiraba en la cama. Después se sentó y apretó los
puños—. Quiero ir ahí abajo y darle una buena patada en esas fundas tan
perfectas que se ha puesto en la boca.
Wendy lanzó una áspera carcajada.
—Venga, vamos. Yo te lo sujeto. Pero
no te olvides de darle también un buen pisotón en los huevos.
Entonces oyeron que alguien llamaba a
la puerta.
—demi, déjame entrar.
Demi hizo una mueca al oír
aquella voz temblorosa que arrastraba las palabras. Genial. Su madre no solo
era un caso perdido emocional, como de costumbre, sino que encima llevaba una
buena curda. Por lo general, era demi la que tenía que calmar a su madre y
hacerla bajar del árbol emocional al que se hubiera encaramado pero esa noche
ya no tenía fuerzas. Cogió a Wendy por los hombros y le rogó:
—Tienes que deshacerte de ella.
Wendy fue a la puerta y le hizo un
gesto a demi para que se escondiera en la cocinita de la suite mientras
ella contestaba a la puerta. DEmi oyó la voz apagada de Wendy y después la
más aguda de su madre.
—Lo de ahí abajo es un caos
—sollozaba su madre—. No hacen más que preguntarme qué pasa y yo no tengo ni
idea. Grant ha desaparecido con demi y nick tiene que bajar para tranquilizar
a todo el mundo. —A Barbara se le quebró la voz y demi oyó el graznido
apagado de su madre sonándose la nariz—. Y toda la prensa local está por aquí.
¿Qué diantres les voy a decir? No hay nadie que me diga lo que tengo que
decirles.
—Señora lovato ¿por qué no se va a su habitación y se toma un poco
de café? Yo llamaré a la coordinadora de la boda y haré que ella lo solucione
todo.
—Pero demi…
demi se asomó a la esquina y Wendy se movió para bloquear
físicamente la puerta con su cuerpo. Por suerte, la madre de demi
compartía el cuerpo menudo de su hija así que Wendy no tuvo problemas
para hacer de gorila de discoteca.
—Confíe en mí, señora demi es mejor que su hija no vea a nadie
ahora mismo. ¿Quién sabe qué más sería capaz de hacer?
En circunstancias normales no era difícil arrollar a la madre de demi
y era obvio que el estrés de la noche había despojado a la buena mujer de
sus escasas reservas de fuerzas. Con un pequeño sollozo lastimero y el ruego de
que demi fuera a visitarla cuando se sintiera con ánimo, Barbara accedió
a retirarse a su habitación hasta el día siguiente. demi tomó nota
mentalmente de enviarle un Martini bien cargado.
Después dio un suspiro de alivio cuando oyó que Wendy cerraba la puerta
y corría el cerrojo de seguridad. Su amiga regresó a la suite y rodeó los
hombros de demi con un brazo.
—Ya está. Mi madre va a sufrir por fin un ataque de nervios y será todo
culpa mía.
—No le va a pasar nada. Mañana a primera hora la van a llamar todas sus
amigas por teléfono para soltar los «ohs» y «ahs» de rigor por el escándalo que
has provocado y tu madre podrá regodearse en toda esa compasión y todas las
atenciones que le van a prodigar.
demi bufó.
—¿Crees que les sobrará un poco de compasión para mí?
—Sabes que estás mejor así, ¿verdad?
demi se encogió de hombros y se sentó en la cama.
—Creo que podríamos haber conseguido que funcionara. Nos conocemos desde
siempre. Nos movemos en los mismos círculos. Jamás he tenido que preocuparme
por si iba detrás de mí dinero.
—O de tu cuerpo. —Wendy se dirigió directamente al minibar y apareció
con los brazos cargados de botellas diminutas.
—Para algunas personas…
—El sexo no es lo más importante —Wendy terminó por ella el sonsonete—.
Si hubieras dado alguna vez con un tío que sabía que es lo que hacía…
demi puso los ojos en blanco. Se había acostado con más de un tío
antes de nick (con tres, para ser exactos) y los resultados jamás habían sido
esa conmoción trascendental que describían todas sus amigas. Tampoco se había
preocupado demasiado por el tema.
Wendy no se rendía.
—Y aparte del sexo, ¿qué hay de la confianza, la compañía y todo eso?
Admítelo, demi , la única razón para que empezaras a salir con nick ya en
primer lugar fue por la ley del mínimo esfuerzo y porque era un modo de
garantizarte la aprobación de tu padre.
demi lanzó un gemido, incapaz de negar la verdad.
—Es patético. Yo soy patética.
—Lo has dicho tú, no yo —dijo Wendy por lo bajo.
demi le sacó la lengua, después se pasó las manos por el pelo e
hizo una mueca cuando sus dedos se toparon con la densa capa de laca que lo
cubría.
—Agh, necesito una ducha. Prepáranos unas copas.
Demi oyó el tintineo de las botellitas cuando se metió bajo el
chorro y empezó a frotarse con vigor para quitarse hasta el último rastro de
maquillaje, laca, vino y tarta, en un intento de borrar aquel día de su vida en
el proceso. Estaba tan harta de ser educada… no quería morderse más la lengua para
guardar las apariencias. Sus agallas tenían que manifestarse de una vez, que ya
llevaban un retraso de veintiséis años.
Salió del baño quince minutos después, sin laca y sin maquillaje. Miró
la copa que le ofrecía Wendy y sacudió la cabeza.
Su amiga frunció el ceño, confundida.
—Es Chardonnay, lo que bebes siempre.
—Dame eso —dijodemi mientras cogía de un manotazo una
botellita de tequila del aparador.
—Esto… demi, ¿estás segura de que quieres beberte eso?
—El Chardonnay es para jovencitas sin agallas. Desde hoy, soy una mujer
fuerte e independiente. —Destapó la botellita de Cuervo con un floreo—. Me
gustaría proponer un brindis por la versión nueva y mejorada de demi lovato.
Una nueva demi_ que hace lo que quiere,
cuando quiere y que no se deja mangonear por nadie. Sobre todo por el *******
de su marido, un capullo incapaz de esperar a cortar la tarta para tener su
primera aventura. —Levantó la botella y se ventiló el contenido de un solo
trago.
La nueva imagen de chica dura de demi lovato quedó arruinada cuando le
entró tal ataque de tos y arcadas que la tumbó.
—Agh, Esto es asqueroso sin la mezcla para hacer margaritas. — demi echó
mano del vino para quitarse el sabor a gasolina que le había quedado en la boca—.
Será mejor que vaya poco a poco antes de ponerme con el tequila.
Sus ojos no tardaron en posarse en una botella de Veuve Clicquot que se
enfriaba en un cubo junto con dos copas de champán de cristal de Baccarat.
—Qué romántico —dijo con tono sarcástico mientras se apoderaba de la
botella con una mano y de las copas con la otra.
demi se acomodó en la cama junto a Wendy y en un momento destapó
la botella y derramó un poco del líquido burbujeante en la moqueta. Después le
dio a Wendy una copa de champán.
—Vamos a probar otra vez. Un brindis por la nueva demi lovato, antiguo
felpudo y flamante zorra del momento. —Tomó un largo trago de champán. Las
burbujas le cosquillearon por la garganta y le calentaron el vientre de
inmediato.
La sonrisa de Wendy se apoderó de la mitad inferior de su cara.
—¡Ya era hora!
—Lo sé. Hace años que me dices que tengo que alejarme de mis padres,
vivir mi propia vida y deshacerme de nick. Creo que todo este fiasco es la
forma que tiene de decirme el universo que ya va siendo hora. Hay todo un mundo
nuevo de posibilidades, y empieza ahora mismo.
—Así se habla. —Wendy tomó un buen sorbo de champán y demi se
apresuró a rellenar las copas.
A medida que el alcohol le iba calentando el vientre, demi se iba
entusiasmando cada vez más con su nueva vida.
—Quiero encontrar a alguien salvaje, alguien totalmente inadecuado para
mí.
—Deberías acostarte con su hermano —dijo Wendy con los altos pómulos
acalorados por el champán—. Ya sabes, dos metros de hombre, hombros anchos y
musculosos. Ya me imagino lo que se esconde debajo de ese esmoquin. ¿Y le has
visto las manos? Prometedoras, muy prometedoras. Que lo sepas, un buen polvo
con él sería la venganza perfecta e iba a cabrear a nick de lo lindo.
—No puedo ir a por Joe —Pero mientras hablaba, el cerebro de demi
se inundó de imágenes de joe desnudo, sobre ella, bajo ella, moviéndose
dentro de ella—. Además, incluso aunque quisiera, no soy su tipo para nada.
Wendy puso los ojos en blanco y le hizo un gesto a demi para que
le bajara la cremallera y pudiera cambiarse el vestido de dama de honor por uno
de los albornoces de cortesía de la suite.
—Chorradas. La única razón por la que los tíos no te entran es por esa
actitud que tienes de mosquita muerta. Créeme, con un mínimo estímulo por tu
parte, aparecerían un montón de tíos a los que les encantaría tener la
oportunidad de despeinarte un poco. —Se pulió el resto del champán que le
quedaba y después se preparó un vodka con tónica en el minibar—. Joe Jonas no
es ninguna excepción.
y el primer capitulo esta muy uena esta novela
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