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viernes, 1 de febrero de 2013

Fiesta privada capitulo 6 - jemi

Capitulo
 
 
 
 
 
Se sentó al borde de la cama, junto a Wendy, y ocultó la cara entre las manos. Su albornoz favorito parecía un símbolo de todo a lo que había estado dispuesta a renunciar en el curso de su relación con nick. Se acabaron las caminatas por las colinas de Marín porque nick quería que hiciera ejercicio bajo la mirada estricta y reglamentada de su entrenador personal del club olímpico. Nada de ponerse ropa mona y moderna porque necesitaba toda la ayuda que pudiera conseguir para parecer mayor y más sofisticada. Debía cambiar su encantador y pequeño escarabajo por un BMW serie 5 porque era «más apropiado para la imagen que tenía que cultivar».

Tantas cosas, grandes y pequeñas, pero todas ellas cosas que le gustaban, cosas que formaban parte de ella. Había renunciado a todas ellas con una misión concreta: ser la hija perfecta, la novia perfecta, la todo perfecta.

—No me puedo creer que me hiciera esto —dijo—. ¿Te puedes creer que me hiciera esto? —demi  se quedó mirando a Wendy.

Las cejas alzadas de Wendy y su consoladora palmadita en la rodilla de demi  fue más que suficiente para transmitir que nada de aquello la había sorprendido en absoluto

—Me siento como una estúpida. De verdad pensé, después de sorprenderlo en primavera, que me sería fiel. Pero apuesto a que nunca dejó de engañarme en todo este tiempo.

—Pues no, no dejó de engañarte. —La convicción de Wendy provocó un hormigueo de irritación que atravesó los hombros de demi.

—¿Y tú cómo lo sabes con tanta seguridad?

  Demi , lo vi por toda la ciudad. —Al contrario que demi  Wendy era una juerguista convencida y le encantaba explorar los restaurantes y discotecas más animados de San Francisco. A pesar de todos sus esfuerzos, eran raras las veces que demi se unía a ella para pasar una noche de fiesta—. Por lo menos una vez a la semana lo veía con alguna mujer en el Bubble Lounge o en el Redwood Room. Y si no llegaba con alguien, se iba con alguien.

Había veces que demi agradecía de verdad la franqueza de Wendy pero esa no era una de ellas.

—¿Por qué no me dijiste nada? —Para ser justos, Wendy no tenía la culpa del comportamiento de nick, pero demi  no podía creer que la mujer que llevaba cinco años siendo su mejor amiga fuera capaz de ocultarle semejante información.

—Pero si te lo dije —dijo Wendy, exasperada—. Más de una vez. Y cada vez volvías a aceptarlo. Siempre supiste que no iba a cambiar. Si tú estabas dispuesta a no darle importancia a sus aventuras, ¿quién era yo para intentar convencerte de lo contrario?

A demi se le hizo un nudo en el estómago y aunque no dijo nada reconoció que lo que decía Wendy era cierto. Desde que se lo había presentado, a Wendy le había caído mal Brian.

Era demasiado hábil, decía Wendy. Demasiado zalamero, demasiado refinado, un repelente niño Vicente pero con mejor pinta. Había intentado, a veces con sutileza —pero la mayor parte de las veces sin ella— convencer a demi  para que lo dejara. Una vez, tras una fiesta, Wendy incluso había afirmado que nick le había entrado, y eso que demi estaba en la habitación de al lado. La acusación había encolerizado a demi  de tal modo que no le había dirigido la palabra a Wendy en todo un mes.

Las amigas terminaron por hacer las paces pero desde ese momento, si Wendy tenía algo en contra de Brian, se lo guardaba.

Pero a pesar de la estricta política de «sin comentarios» que había instaurado, Wendy había sido incapaz de quedarse callada esa primavera. Había visto a nick saliendo del hotel Clift a primera hora de la mañana de un día laborable, cuando se suponía que estaba en Seattle por negocios, con una seductora morena prácticamente pegada al costado.

A esas alturas, demi  ya se había atrincherado en los preparativos de la boda que planeaban para el otoño, embalada en su carrera hacia su futuro como la señora de Nick  Jonas. Se había convencido de que Nick había tenido un desliz, pero solo esa vez. Y dado que demi  se había visto obligada a admitir, aunque solo fuera ante sí misma, que su vida sexual no era demasiado espectacular, parte de ella se preguntó si quizá no fuera también culpa suya. Después de eso, se había jurado esforzarse más para ser la clase de amante que quería su prometido y así evitar futuros lapsus.

Claro que, en el fondo, demi  siempre había sabido que aquella no había sido la primera vez, ni la única. Que era por lo que sus intentos de darle un poco más de sabor a su vida sexual se habían reducido a la compra de un inmenso montón de lencería carísima y dos encuentros bastante mediocres en los últimos seis meses. Al menos a ella le gustaba mucho su nueva ropa interior, que era muy sexy, aunque nick no hubiera sabido apreciarla.

Después de aquello, demi se resignó a tener un matrimonio cómodo, aunque no fuera apasionado. Después de todo, en un matrimonio había cosas más importantes que el sexo. Y al casarse con Brian contribuía de una forma decisiva a unir a las dos familias, a cimentar su relación empresarial y elevar el perfil público de la compañía. Aunque hubiera querido echarse atrás, no habría podido hacerlo sin provocar la madre de todos los desastres.

Con todo, el desastre se las había arreglado para encontrarla a ella.

—Dios, soy un auténtico felpudo —gimió demi  mientras se tiraba en la cama. Después se sentó y apretó los puños—. Quiero ir ahí abajo y darle una buena patada en esas fundas tan perfectas que se ha puesto en la boca.

Wendy lanzó una áspera carcajada.

—Venga, vamos. Yo te lo sujeto. Pero no te olvides de darle también un buen pisotón en los huevos.

Entonces oyeron que alguien llamaba a la puerta.

—_demi, déjame entrar.

Demi  hizo una mueca al oír aquella voz temblorosa que arrastraba las palabras. Genial. Su madre no solo era un caso perdido emocional, como de costumbre, sino que encima llevaba una buena curda. Por lo general, era demi  la que tenía que calmar a su madre y hacerla bajar del árbol emocional al que se hubiera encaramado pero esa noche ya no tenía fuerzas. Cogió a Wendy por los hombros y le rogó:

—Tienes que deshacerte de ella.

Wendy fue a la puerta y le hizo un gesto a demi  para que se escondiera en la cocinita de la suite mientras ella contestaba a la puerta. Demi oyó la voz apagada de Wendy y después la más aguda de su madre.

—Lo de ahí abajo es un caos —sollozaba su madre—. No hacen más que preguntarme qué pasa y yo no tengo ni idea. Grant ha desaparecido con demi y nick  tiene que bajar para tranquilizar a todo el mundo. —A Barbara se le quebró la voz y nick  oyó el graznido apagado de su madre sonándose la nariz—. Y toda la prensa local está por aquí. ¿Qué diantres les voy a decir? No hay nadie que me diga lo que tengo que decirles.

—Me siento como una estúpida. De verdad pensé, después de sorprenderlo en primavera, que me sería fiel. Pero apuesto a que nunca dejó de engañarme en todo este tiempo.

—Pues no, no dejó de engañarte. —La convicción de Wendy provocó un hormigueo de irritación que atravesó los hombros de nick .

—¿Y tú cómo lo sabes con tanta seguridad?

—demi, lo vi por toda la ciudad. —Al contrario que demi, Wendy era una juerguista convencida y le encantaba explorar los restaurantes y discotecas más animados de San Francisco. A pesar de todos sus esfuerzos, eran raras las veces que demi  se unía a ella para pasar una noche de fiesta—. Por lo menos una vez a la semana lo veía con alguna mujer en el Bubble Lounge o en el Redwood Room. Y si no llegaba con alguien, se iba con alguien.

Había veces que demi agradecía de verdad la franqueza de Wendy pero esa no era una de ellas.

—¿Por qué no me dijiste nada? —Para ser justos, Wendy no tenía la culpa del comportamiento de nick, pero demi  no podía creer que la mujer que llevaba cinco años siendo su mejor amiga fuera capaz de ocultarle semejante información.

—Pero si te lo dije —dijo Wendy, exasperada—. Más de una vez. Y cada vez volvías a aceptarlo. Siempre supiste que no iba a cambiar. Si tú estabas dispuesta a no darle importancia a sus aventuras, ¿quién era yo para intentar convencerte de lo contrario?

A demi  se le hizo un nudo en el estómago y aunque no dijo nada reconoció que lo que decía Wendy era cierto. Desde que se lo había presentado, a Wendy le había caído mal nick.

Era demasiado hábil, decía Wendy. Demasiado zalamero, demasiado refinado, un repelente niño Vicente pero con mejor pinta. Había intentado, a veces con sutileza —pero la mayor parte de las veces sin ella— convencer a demi  para que lo dejara. Una vez, tras una fiesta, Wendy incluso había afirmado que nick le había entrado, y eso que demi  estaba en la habitación de al lado. La acusación había encolerizado a demi  de tal modo que no le había dirigido la palabra a Wendy en todo un mes.

Las amigas terminaron por hacer las paces pero desde ese momento, si Wendy tenía algo en contra de nick, se lo guardaba.

Pero a pesar de la estricta política de «sin comentarios» que había instaurado, Wendy había sido incapaz de quedarse callada esa primavera. Había visto a nick saliendo del hotel Clift a primera hora de la mañana de un día laborable, cuando se suponía que estaba en Seattle por negocios, con una seductora morena prácticamente pegada al costado.

A esas alturas, demi  ya se había atrincherado en los preparativos de la boda que planeaban para el otoño, embalada en su carrera hacia su futuro como la señora de nick Jonas. Se había convencido de que nick había tenido un desliz, pero solo esa vez. Y dado que demi  se había visto obligada a admitir, aunque solo fuera ante sí misma, que su vida sexual no era demasiado espectacular, parte de ella se preguntó si quizá no fuera también culpa suya. Después de eso, se había jurado esforzarse más para ser la clase de amante que quería su prometido y así evitar futuros lapsus.

Claro que, en el fondo, demi  siempre había sabido que aquella no había sido la primera vez, ni la única. Que era por lo que sus intentos de darle un poco más de sabor a su vida sexual se habían reducido a la compra de un inmenso montón de lencería carísima y dos encuentros bastante mediocres en los últimos seis meses. Al menos a ella le gustaba mucho su nueva ropa interior, que era muy sexy, aunque nick no hubiera sabido apreciarla.

Después de aquello, demi se resignó a tener un matrimonio cómodo, aunque no fuera apasionado. Después de todo, en un matrimonio había cosas más importantes que el sexo. Y al casarse con Brian contribuía de una forma decisiva a unir a las dos familias, a cimentar su relación empresarial y elevar el perfil público de la compañía. Aunque hubiera querido echarse atrás, no habría podido hacerlo sin provocar la madre de todos los desastres.

Con todo, el desastre se las había arreglado para encontrarla a ella.

—Dios, soy un auténtico felpudo —gimió demi  mientras se tiraba en la cama. Después se sentó y apretó los puños—. Quiero ir ahí abajo y darle una buena patada en esas fundas tan perfectas que se ha puesto en la boca.

Wendy lanzó una áspera carcajada.

—Venga, vamos. Yo te lo sujeto. Pero no te olvides de darle también un buen pisotón en los huevos.

Entonces oyeron que alguien llamaba a la puerta.

—demi, déjame entrar.

Demi  hizo una mueca al oír aquella voz temblorosa que arrastraba las palabras. Genial. Su madre no solo era un caso perdido emocional, como de costumbre, sino que encima llevaba una buena curda. Por lo general, era demi la que tenía que calmar a su madre y hacerla bajar del árbol emocional al que se hubiera encaramado pero esa noche ya no tenía fuerzas. Cogió a Wendy por los hombros y le rogó:

—Tienes que deshacerte de ella.

Wendy fue a la puerta y le hizo un gesto a demi  para que se escondiera en la cocinita de la suite mientras ella contestaba a la puerta. DEmi oyó la voz apagada de Wendy y después la más aguda de su madre.

—Lo de ahí abajo es un caos —sollozaba su madre—. No hacen más que preguntarme qué pasa y yo no tengo ni idea. Grant ha desaparecido con demi y nick  tiene que bajar para tranquilizar a todo el mundo. —A Barbara se le quebró la voz y demi  oyó el graznido apagado de su madre sonándose la nariz—. Y toda la prensa local está por aquí. ¿Qué diantres les voy a decir? No hay nadie que me diga lo que tengo que decirles.

—Señora lovato  ¿por qué no se va a su habitación y se toma un poco de café? Yo llamaré a la coordinadora de la boda y haré que ella lo solucione todo.

—Pero demi…

demi  se asomó a la esquina y Wendy se movió para bloquear físicamente la puerta con su cuerpo. Por suerte, la madre de demi  compartía el cuerpo menudo de su hija así que Wendy no tuvo problemas para hacer de gorila de discoteca.

—Confíe en mí, señora demi  es mejor que su hija no vea a nadie ahora mismo. ¿Quién sabe qué más sería capaz de hacer?

En circunstancias normales no era difícil arrollar a la madre de demi  y era obvio que el estrés de la noche había despojado a la buena mujer de sus escasas reservas de fuerzas. Con un pequeño sollozo lastimero y el ruego de que demi  fuera a visitarla cuando se sintiera con ánimo, Barbara accedió a retirarse a su habitación hasta el día siguiente. demi tomó nota mentalmente de enviarle un Martini bien cargado.

Después dio un suspiro de alivio cuando oyó que Wendy cerraba la puerta y corría el cerrojo de seguridad. Su amiga regresó a la suite y rodeó los hombros de demi con un brazo.

—Ya está. Mi madre va a sufrir por fin un ataque de nervios y será todo culpa mía.

—No le va a pasar nada. Mañana a primera hora la van a llamar todas sus amigas por teléfono para soltar los «ohs» y «ahs» de rigor por el escándalo que has provocado y tu madre podrá regodearse en toda esa compasión y todas las atenciones que le van a prodigar.

demi  bufó.

—¿Crees que les sobrará un poco de compasión para mí?

—Sabes que estás mejor así, ¿verdad?

demi se encogió de hombros y se sentó en la cama.

—Creo que podríamos haber conseguido que funcionara. Nos conocemos desde siempre. Nos movemos en los mismos círculos. Jamás he tenido que preocuparme por si iba detrás de mí dinero.

—O de tu cuerpo. —Wendy se dirigió directamente al minibar y apareció con los brazos cargados de botellas diminutas.

—Para algunas personas…

—El sexo no es lo más importante —Wendy terminó por ella el sonsonete—. Si hubieras dado alguna vez con un tío que sabía que es lo que hacía…

demi  puso los ojos en blanco. Se había acostado con más de un tío antes de nick (con tres, para ser exactos) y los resultados jamás habían sido esa conmoción trascendental que describían todas sus amigas. Tampoco se había preocupado demasiado por el tema.

Wendy no se rendía.

—Y aparte del sexo, ¿qué hay de la confianza, la compañía y todo eso? Admítelo, demi , la única razón para que empezaras a salir con nick ya en primer lugar fue por la ley del mínimo esfuerzo y porque era un modo de garantizarte la aprobación de tu padre.

demi  lanzó un gemido, incapaz de negar la verdad.

—Es patético. Yo soy patética.

—Lo has dicho tú, no yo —dijo Wendy por lo bajo.

demi  le sacó la lengua, después se pasó las manos por el pelo e hizo una mueca cuando sus dedos se toparon con la densa capa de laca que lo cubría.

—Agh, necesito una ducha. Prepáranos unas copas.

Demi  oyó el tintineo de las botellitas cuando se metió bajo el chorro y empezó a frotarse con vigor para quitarse hasta el último rastro de maquillaje, laca, vino y tarta, en un intento de borrar aquel día de su vida en el proceso. Estaba tan harta de ser educada… no quería morderse más la lengua para guardar las apariencias. Sus agallas tenían que manifestarse de una vez, que ya llevaban un retraso de veintiséis años.

Salió del baño quince minutos después, sin laca y sin maquillaje. Miró la copa que le ofrecía Wendy y sacudió la cabeza.

Su amiga frunció el ceño, confundida.

—Es Chardonnay, lo que bebes siempre.

—Dame eso —dijodemi   mientras cogía de un manotazo una botellita de tequila del aparador.

—Esto… demi, ¿estás segura de que quieres beberte eso?

—El Chardonnay es para jovencitas sin agallas. Desde hoy, soy una mujer fuerte e independiente. —Destapó la botellita de Cuervo con un floreo—. Me gustaría proponer un brindis por la versión nueva y mejorada de demi lovato. Una nueva  demi_  que hace lo que quiere, cuando quiere y que no se deja mangonear por nadie. Sobre todo por el ******* de su marido, un capullo incapaz de esperar a cortar la tarta para tener su primera aventura. —Levantó la botella y se ventiló el contenido de un solo trago.

La nueva imagen de chica dura de demi lovato quedó arruinada cuando le entró tal ataque de tos y arcadas que la tumbó.

—Agh, Esto es asqueroso sin la mezcla para hacer margaritas. — demi echó mano del vino para quitarse el sabor a gasolina que le había quedado en la boca—. Será mejor que vaya poco a poco antes de ponerme con el tequila.

Sus ojos no tardaron en posarse en una botella de Veuve Clicquot que se enfriaba en un cubo junto con dos copas de champán de cristal de Baccarat.

—Qué romántico —dijo con tono sarcástico mientras se apoderaba de la botella con una mano y de las copas con la otra.

demi  se acomodó en la cama junto a Wendy y en un momento destapó la botella y derramó un poco del líquido burbujeante en la moqueta. Después le dio a Wendy una copa de champán.

—Vamos a probar otra vez. Un brindis por la nueva demi lovato, antiguo felpudo y flamante zorra del momento. —Tomó un largo trago de champán. Las burbujas le cosquillearon por la garganta y le calentaron el vientre de inmediato.

La sonrisa de Wendy se apoderó de la mitad inferior de su cara.

—¡Ya era hora!

—Lo sé. Hace años que me dices que tengo que alejarme de mis padres, vivir mi propia vida y deshacerme de nick. Creo que todo este fiasco es la forma que tiene de decirme el universo que ya va siendo hora. Hay todo un mundo nuevo de posibilidades, y empieza ahora mismo.

—Así se habla. —Wendy tomó un buen sorbo de champán y demi  se apresuró a rellenar las copas.

A medida que el alcohol le iba calentando el vientre, demi  se iba entusiasmando cada vez más con su nueva vida.

—Quiero encontrar a alguien salvaje, alguien totalmente inadecuado para mí.

—Deberías acostarte con su hermano —dijo Wendy con los altos pómulos acalorados por el champán—. Ya sabes, dos metros de hombre, hombros anchos y musculosos. Ya me imagino lo que se esconde debajo de ese esmoquin. ¿Y le has visto las manos? Prometedoras, muy prometedoras. Que lo sepas, un buen polvo con él sería la venganza perfecta e iba a cabrear a nick de lo lindo.

—No puedo ir a por Joe —Pero mientras hablaba, el cerebro de demi  se inundó de imágenes de joe desnudo, sobre ella, bajo ella, moviéndose dentro de ella—. Además, incluso aunque quisiera, no soy su tipo para nada.

Wendy puso los ojos en blanco y le hizo un gesto a demi  para que le bajara la cremallera y pudiera cambiarse el vestido de dama de honor por uno de los albornoces de cortesía de la suite.

—Chorradas. La única razón por la que los tíos no te entran es por esa actitud que tienes de mosquita muerta. Créeme, con un mínimo estímulo por tu parte, aparecerían un montón de tíos a los que les encantaría tener la oportunidad de despeinarte un poco. —Se pulió el resto del champán que le quedaba y después se preparó un vodka con tónica en el minibar—. Joe Jonas no es ninguna excepción.

 

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