Hola a todos!
No entro a este blog desde hace un año y tanto. Tengo que aclarar algunas cosas he leido algunos comentarios... escribo mas para aclarar las cosas.
1.Yo no escribia historias yo adaptaba historias por que me gustaban la pareja que hacían joe jonas y demi en la parte de mi bibliografia dice eso hasta tenia un canal en youtube por ellos.
2.Por lo de arriba es logico pero igual lo escribire ninguna novela publicada aqui es mia.
3.Deje este blog porque todo tiene una etapa y comencé la universidad y ya no tenia mucho tiempo mas que estudio medicina tiempo no tengo.
4.Si incomode a alguien con las publicaciones pues lo siento no fue mi culpa solo era por diversion y seguiria adaptando si tuviera tiempo porque me gusta leer.
5.A esa novela que dice love contract en el primer capitulo que puse en mi canal de youtube puse el link de la pagina de la chica que escribio y ademas en el ultimo capitulo que publique en mi canal de youtube puse los links de los lugares que sacaba las historias.
Aclarando yo hice este blog porque en youtube no se podia escribir mucho en la caja que hay en los videos ya que yo publicaba ahi las historias ( que no son mias).
Si la autora esta amarga de la novela love contract por favor dejen su link para comunicarme con ella y escribirle.
Keep Calm and Smile.
pdt: No sabia que aun existia este blog entre hoy porque hare un blog diferente si aun hay seguidoras como los viejos tiempos comuniquense estaba pensando en algo de moda - musica libros(pero no adaptaciones) ya que es mas facil escribir que adaptar novelas.
pdt 2: si quieren nombres de libros geniales avisenme o envienme un mensaje por twitter(loserlikeme96) en todo este tiempo he leido libros geniales que merecen ser adaptados o conocidos.
Novelas Jemi - Soy Venus y tu Marte
More to love when your hands are free Baby put your pom poms down for me Come on shake it up 1-2-3 Baby put your pom poms down for me Never put my love out on the line Never said yes to the right guy Never had trouble getting what I want But when it comes to you I'm never good enough
Bienvenidos
Mi nombre es Yesennia ... subo adaptaciones jemi en youtube pero aveces como son largas lo subo a este blog este es mi canal http://www.youtube.com/channel/UC93vtXRXWvbXxe_1js_HRJg/videos?flow=grid&view=0 ...
/// Lovatica // Jonatica // nemi friendship// Jemi forever ///
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domingo, 1 de noviembre de 2015
domingo, 20 de abril de 2014
I know - Jemi - One shot
One shot
1. Un favor.
El timbre que anuncia el final de la clase nunca le ha parecido a Demi tan oportuno. Un minuto más de la soporífera clase de historia del señor Jenkins y habría caído dormida.
Va a guardar los libros en la taquilla cuando llega él, Joe Jonas, Demi le siente antes de oírle.
-Demi necesito un favor. – No saluda. Joe nunca saluda, va directo al grano, a lo que le interesa. Dem no puede evitar que le tiemble la voz al preguntar:
-¿Qué favor?
-Me tienes que cubrir en física. He quedado con Grace.
A Demi le da un vuelco el corazón. Grace. Su cita del día, que Joe tardará en olvidar el tiempo que tarde en bajarle las bragas, después, si te he visto no me acuerdo. Demi quiere gritarle lo mucho que le duele que se líe con otras y que encima ella tenga que cubrirle.
-¿No podrías quedar con tus chicas fuera del horario de clases? – un comentario sarcástico es mucho mejor que la verdad. Sobre todo si estás enamorada de tu mejor amigo en secreto desde hace años.
-¿Me cubrirás o no? – se impacienta Joe. Siempre lo hace cuando no le dan lo que quiere inmediatamente, cruza los brazos y ladea la cabeza. Demi se pregunta desde cuando le conoce tanto, decide que no quiere saber la respuesta.
-Claro. – Eso hacen los amigos, ¿no? Ayudarse cuando se necesitan, y Joe necesita que le cubra ante el profesor Banners para que pueda ir a algún rincón del patio a sobarse con Grace White.
Por supuesto tiene su pequeña compensación. Joe la abraza y le da un beso en la mejilla antes de irse. Con eso basta, ser su amiga y significar más para él que todas las chicas con las que se acuesta juntas, con eso basta. Casi siempre.
2. ¿Cómo te gusto?
La habitación de Joe esta siempre desordenada, revistas por aquí, ropa por allá, juegos de la play por todo…un caos. Como el propio Josh.
Y es difícil, muy difícil, estudiar con Joe. Porque con Joe estudiar nunca es sólo estudiar, cuando Joe estudia tiene que hacer un descanso cada quince minutos para comer algo y comentar en voz alta todo lo que lee, recalcando lo estúpido que le parece aprenderse cuando fue la revolución industrial o saber que es un complemento directo.
-¡No puedo más! – anuncia a media tarde. – Necesito salir de esta habitación.
-Has salido hace diez minutos, por nachos.
-¿Si? Pues vuelvo a tener hambre. – Para Demi es un misterio como una persona es capaz de comer tanto y no engordar ni un gramo.
– Oye, Demi…
-¿Hmm? – pregunta la chica sin levantar la mirada de su libro.
-¿Crees que debería cortarme el pelo?
Esta vez Demi si que le mira, asegurándose de que no es una broma, pero no, Joe está hablando en serio.
-Hombre, empiezas a llevarlo bastante largo – Demi no quiere hacerlo, pero no puede evitar imaginar como sería hundir los dedos en su pelo y…aparta la vista.
-Es que hay chicas a las que les gusta así de largo. – Sigue Joe ajeno a los pensamientos de su amiga. Como siempre.
-Puedes hacer una encuesta.- Dice Demi con ironía volviendo a mirar su libro. Aunque es incapaz de leer una sola palabra, lo único que ve es a Joe y su pelo y sus labios…
-¿Y tú? ¿Pelo largo o corto? ¿Cómo te gusto más, Demi?
Demi_ traga saliva y nota como va poniéndose roja, no tanto por la pregunta que podría ser perfectamente normal, sino por el tono y porque Joe se ha acercado demasiado. Ya no esta de pie mirándose en el espejo sino sentado, a su lado.
Por suerte o por desgracia en ese momento llegan Nick y Brad. El dúo dinámico, como los llaman en el instituto, los otros dos mejores amigos de Joe. Demi no suele hablar mucho con ellos por la sencilla razón de que no los soporta. Son como dos mundos diferentes: Demi y Joe . Nick, Brad y Joe.
-¡Hola! – gritan, se sientan, no piden permiso para pasar. ¿Para qué?
-Vaya – murmura Nick. – Tienes compañía- Luego le da un codazo a Brad y los dos se ríen maliciosamente, Demi sospecha que ambos saben desde hace tiempo, quien sabe cuanto, lo que siente por Joe.
-Chicos , les dije que vinierais a las seis. – Joe, en su mundo, no se da por aludido. Hay veces, como esa, en las que Demi_ le odia por ser tan… Joe.
-¿Y que hace la parejita? – pregunta Nick, con toda su mala leche (que no es poca) sentándose entre ellos.
Si a Demi le hicieran elegir, a base de dolorosa tortura y bajo amenaza de muerte, entre los dos, se queda con Brad. Nick es escandaloso y nada discreto, no conoce el significado de la palabra vergüenza. Brad también es así, pero no tanto, y se corta un poco cuando ella esta delante, sólo por eso es un poquito menos insoportable.
-Estábamos estudiando – responde Joe. Decir que estudiaban es ser optimistas pero Demi prefiere no comentar nada.
Nick bufa y dice:
-¿Estudiar? ¡Qué aburridos son! -después se levanta y añade: - Veníamos a buscarte Joe. Hemos quedado con tres mamotas que…- no acaba la frase pero tampoco hace falta. Brad mira a Demi con cautela, como si esperara que se enfade por lo que ha dicho su amigo.
-Vale, en este cuarto empieza a haber demasiada testosterona para mi gusto. Nos vemos mañana, Joe. Adiós chicos.
Cuando sale le parece oír que Nick le dice a Joe:
-Joe, tú no eres más atontado porque no puedes.
3. Celos.
Wilmer Green es guapo. No es guapo como Joe que deja a las chicas sin respiración pero es mono. Y también simpático. Es la pareja de Demi en química y siempre es agradable pasar un rato con él.
Salen de clase juntos, hablando de todo un poco. Es fácil hablar con Wilmer. No hace que Demi se sonroje y tenga que estar ocultando lo que siente. Fácil, pero no es Joe.
Y hablando de Roma, el chico en cuestión se acerca.
-¿Nos dejas solos? Tengo que hablar con mi amiga – ah, sí. A Joe no le gusta Wilmer. Nunca se han llevado bien y no es culpa de Wilmer, que es un encanto, sino de Joe que no se molesta en ser amable con él. Ni con nadie.
-Claro. – dice Wilmer. – Hasta otra, Demi . Joe.- A veces, Demi cree que Wilmer le tiene algo de miedo a Joe. Comprensible si se tiene en cuenta como le trata.
-Que idiota – murmura Joe cuando Wilmer se ha ido - ¿Por qué hablas con ese idiota?
-Joe, por favor. – la advertencia es suave pero firme.
-Vale…Como quieras. – Cambia de tema - Necesito un favor.
-Eres increíble – Demi no recuerda haber estado nunca tan enfadada con Joe. De repente, la invade una furia irracional hacia su mejor amigo de quien lleva años enamorada y que no parece darse cuenta de nada.
-¿Qué?
-Llamas idiota a cualquier persona con la que hable pero tú solo te acercas para pedirme que te cubra y así puedas ir a enrollarte con una de tus chicas. Pero oye, somos amigos y eso es lo que hacen los amigos. Yo te ayudo y tú desprecias a cualquiera que me hable que no seas tú.
-Demi...
-Nada de "Demi". Eres un egoísta…y yo una imbécil.
El timbre que anuncia el final de la clase nunca le ha parecido a Demi tan oportuno. Un minuto más de la soporífera clase de historia del señor Jenkins y habría caído dormida.
Va a guardar los libros en la taquilla cuando llega él, Joe Jonas, Demi le siente antes de oírle.
-Demi necesito un favor. – No saluda. Joe nunca saluda, va directo al grano, a lo que le interesa. Dem no puede evitar que le tiemble la voz al preguntar:
-¿Qué favor?
-Me tienes que cubrir en física. He quedado con Grace.
A Demi le da un vuelco el corazón. Grace. Su cita del día, que Joe tardará en olvidar el tiempo que tarde en bajarle las bragas, después, si te he visto no me acuerdo. Demi quiere gritarle lo mucho que le duele que se líe con otras y que encima ella tenga que cubrirle.
-¿No podrías quedar con tus chicas fuera del horario de clases? – un comentario sarcástico es mucho mejor que la verdad. Sobre todo si estás enamorada de tu mejor amigo en secreto desde hace años.
-¿Me cubrirás o no? – se impacienta Joe. Siempre lo hace cuando no le dan lo que quiere inmediatamente, cruza los brazos y ladea la cabeza. Demi se pregunta desde cuando le conoce tanto, decide que no quiere saber la respuesta.
-Claro. – Eso hacen los amigos, ¿no? Ayudarse cuando se necesitan, y Joe necesita que le cubra ante el profesor Banners para que pueda ir a algún rincón del patio a sobarse con Grace White.
Por supuesto tiene su pequeña compensación. Joe la abraza y le da un beso en la mejilla antes de irse. Con eso basta, ser su amiga y significar más para él que todas las chicas con las que se acuesta juntas, con eso basta. Casi siempre.
2. ¿Cómo te gusto?
La habitación de Joe esta siempre desordenada, revistas por aquí, ropa por allá, juegos de la play por todo…un caos. Como el propio Josh.
Y es difícil, muy difícil, estudiar con Joe. Porque con Joe estudiar nunca es sólo estudiar, cuando Joe estudia tiene que hacer un descanso cada quince minutos para comer algo y comentar en voz alta todo lo que lee, recalcando lo estúpido que le parece aprenderse cuando fue la revolución industrial o saber que es un complemento directo.
-¡No puedo más! – anuncia a media tarde. – Necesito salir de esta habitación.
-Has salido hace diez minutos, por nachos.
-¿Si? Pues vuelvo a tener hambre. – Para Demi es un misterio como una persona es capaz de comer tanto y no engordar ni un gramo.
– Oye, Demi…
-¿Hmm? – pregunta la chica sin levantar la mirada de su libro.
-¿Crees que debería cortarme el pelo?
Esta vez Demi si que le mira, asegurándose de que no es una broma, pero no, Joe está hablando en serio.
-Hombre, empiezas a llevarlo bastante largo – Demi no quiere hacerlo, pero no puede evitar imaginar como sería hundir los dedos en su pelo y…aparta la vista.
-Es que hay chicas a las que les gusta así de largo. – Sigue Joe ajeno a los pensamientos de su amiga. Como siempre.
-Puedes hacer una encuesta.- Dice Demi con ironía volviendo a mirar su libro. Aunque es incapaz de leer una sola palabra, lo único que ve es a Joe y su pelo y sus labios…
-¿Y tú? ¿Pelo largo o corto? ¿Cómo te gusto más, Demi?
Demi_ traga saliva y nota como va poniéndose roja, no tanto por la pregunta que podría ser perfectamente normal, sino por el tono y porque Joe se ha acercado demasiado. Ya no esta de pie mirándose en el espejo sino sentado, a su lado.
Por suerte o por desgracia en ese momento llegan Nick y Brad. El dúo dinámico, como los llaman en el instituto, los otros dos mejores amigos de Joe. Demi no suele hablar mucho con ellos por la sencilla razón de que no los soporta. Son como dos mundos diferentes: Demi y Joe . Nick, Brad y Joe.
-¡Hola! – gritan, se sientan, no piden permiso para pasar. ¿Para qué?
-Vaya – murmura Nick. – Tienes compañía- Luego le da un codazo a Brad y los dos se ríen maliciosamente, Demi sospecha que ambos saben desde hace tiempo, quien sabe cuanto, lo que siente por Joe.
-Chicos , les dije que vinierais a las seis. – Joe, en su mundo, no se da por aludido. Hay veces, como esa, en las que Demi_ le odia por ser tan… Joe.
-¿Y que hace la parejita? – pregunta Nick, con toda su mala leche (que no es poca) sentándose entre ellos.
Si a Demi le hicieran elegir, a base de dolorosa tortura y bajo amenaza de muerte, entre los dos, se queda con Brad. Nick es escandaloso y nada discreto, no conoce el significado de la palabra vergüenza. Brad también es así, pero no tanto, y se corta un poco cuando ella esta delante, sólo por eso es un poquito menos insoportable.
-Estábamos estudiando – responde Joe. Decir que estudiaban es ser optimistas pero Demi prefiere no comentar nada.
Nick bufa y dice:
-¿Estudiar? ¡Qué aburridos son! -después se levanta y añade: - Veníamos a buscarte Joe. Hemos quedado con tres mamotas que…- no acaba la frase pero tampoco hace falta. Brad mira a Demi con cautela, como si esperara que se enfade por lo que ha dicho su amigo.
-Vale, en este cuarto empieza a haber demasiada testosterona para mi gusto. Nos vemos mañana, Joe. Adiós chicos.
Cuando sale le parece oír que Nick le dice a Joe:
-Joe, tú no eres más atontado porque no puedes.
3. Celos.
Wilmer Green es guapo. No es guapo como Joe que deja a las chicas sin respiración pero es mono. Y también simpático. Es la pareja de Demi en química y siempre es agradable pasar un rato con él.
Salen de clase juntos, hablando de todo un poco. Es fácil hablar con Wilmer. No hace que Demi se sonroje y tenga que estar ocultando lo que siente. Fácil, pero no es Joe.
Y hablando de Roma, el chico en cuestión se acerca.
-¿Nos dejas solos? Tengo que hablar con mi amiga – ah, sí. A Joe no le gusta Wilmer. Nunca se han llevado bien y no es culpa de Wilmer, que es un encanto, sino de Joe que no se molesta en ser amable con él. Ni con nadie.
-Claro. – dice Wilmer. – Hasta otra, Demi . Joe.- A veces, Demi cree que Wilmer le tiene algo de miedo a Joe. Comprensible si se tiene en cuenta como le trata.
-Que idiota – murmura Joe cuando Wilmer se ha ido - ¿Por qué hablas con ese idiota?
-Joe, por favor. – la advertencia es suave pero firme.
-Vale…Como quieras. – Cambia de tema - Necesito un favor.
-Eres increíble – Demi no recuerda haber estado nunca tan enfadada con Joe. De repente, la invade una furia irracional hacia su mejor amigo de quien lleva años enamorada y que no parece darse cuenta de nada.
-¿Qué?
-Llamas idiota a cualquier persona con la que hable pero tú solo te acercas para pedirme que te cubra y así puedas ir a enrollarte con una de tus chicas. Pero oye, somos amigos y eso es lo que hacen los amigos. Yo te ayudo y tú desprecias a cualquiera que me hable que no seas tú.
-Demi...
-Nada de "Demi". Eres un egoísta…y yo una imbécil.
– Y con esas
palabras Demi deja a Joe plantado en medio del pasillo del instituto.
4. ¿Me perdonas?
El día siguiente de la discusión, viernes, será recordado por Demi_ como uno de los peores de su vida. No ha hablado con Joe, ni siquiera le ha visto y vaya a donde vaya la acompañan los rumores. Han discutido. Ella estará celosa. Sólo son amigos. Por favor, ¿has visto cómo le mira?
Palabras envenenadas de cotillas y chismosos que no saben nada de ella pero se creen con el derecho a juzgarla.
Por la tarde a última hora Demi tiene filosofía, normalmente es su clase favorita, se sienta al lado de Joe y se ríen de lo que la pirada de la profesora Peterson dice, pero ese día, Joe no ha ido a clase y a Demi le toca aguantar sola una hora de chorradas sin pies ni cabeza.
A la salida del instituto él esta allí. Apoyado en su moto y con su mejor cara de arrepentimiento, sólo con verle Demi nota que parte de su enfado se esfuma, pero se obliga a recordar lo terriblemente egoísta y egocéntrico que Joe puede llegar a ser.
-¿Qué quieres? – pregunta en su tono más cortante cuando Joe se le acerca.
-¿Quieres que te lleve a casa?
-No, gracias. Prefiero ir andando.
-Demi…tienes que perdonarme – Demi sigue caminando sin mirarle.
4. ¿Me perdonas?
El día siguiente de la discusión, viernes, será recordado por Demi_ como uno de los peores de su vida. No ha hablado con Joe, ni siquiera le ha visto y vaya a donde vaya la acompañan los rumores. Han discutido. Ella estará celosa. Sólo son amigos. Por favor, ¿has visto cómo le mira?
Palabras envenenadas de cotillas y chismosos que no saben nada de ella pero se creen con el derecho a juzgarla.
Por la tarde a última hora Demi tiene filosofía, normalmente es su clase favorita, se sienta al lado de Joe y se ríen de lo que la pirada de la profesora Peterson dice, pero ese día, Joe no ha ido a clase y a Demi le toca aguantar sola una hora de chorradas sin pies ni cabeza.
A la salida del instituto él esta allí. Apoyado en su moto y con su mejor cara de arrepentimiento, sólo con verle Demi nota que parte de su enfado se esfuma, pero se obliga a recordar lo terriblemente egoísta y egocéntrico que Joe puede llegar a ser.
-¿Qué quieres? – pregunta en su tono más cortante cuando Joe se le acerca.
-¿Quieres que te lleve a casa?
-No, gracias. Prefiero ir andando.
-Demi…tienes que perdonarme – Demi sigue caminando sin mirarle.
– Por favor, te
juro que no volveré a hablar de Green.
La chica suspira.
-¿Crees que ese es el problema? – dice parándose y girándose para encararlo.
-¿Qué iba a ser sino?
Claro, ¿qué iba a ser sino? Demi quiere decirle la verdad, que le quiere y que no soporta saber que esta con otras, quiere decirle que siempre ha soñado con estar con él y que cada vez que él le pide uno de sus favores tiene que aguantarse las lágrimas. Quiere decirle muchas cosas. Pero no dice ninguna, porque es una cobarde.
-Ya… ¿me prometes que no serás tan borde con Wilmer? ¿Y dejarás de insultarle?
Joe acepta a regañadientes y después, invita a Demi al cine para celebrar que se han amigado. Por un momento, Demi se siente como una de sus chicas. El momento pasa cuando Joe le dice que tiene que volver pronto porque ha quedado por la noche. Vuelta a la normalidad.
5. ¡Fiesta!
A Demi nunca le han gustado las fiestas. Bueno, las fiestas sí pero no ese tipo de fiestas. Las fiestas que da Joe en su casa cuando sus padres no están son casi una leyenda en el instituto. La única regla es que no hay reglas. Lo que si hay es música, alcohol, bailarinas a veces y drogas casi siempre. La mitad de los embarazos adolescentes del instituto vienen de esas fiestas.
Demi nunca ha ido a ninguna pero ese sábado Joe ha insistido mucho. Para terminar de amigarnos. Venga, Demi no me harás ese feo. Y ahora Demi está en medio de una fiesta salvaje en la que no pinta nada.
La chica está a punto de marcharse cuando ve algo que la deja paralizada. En un rincón Joe, enrollándose con una rubia a la que Demi no conoce. Le empiezan a picar los ojos y siente unas absurdas ganas de llorar. Una cosa es saber que él se acuesta con todas y otra cosa verlo.
Se aguanta las lágrimas y coge una botella de Tequila. Ella no suele beber pero, es una fiesta ¿no?
6. ¿Estas borracha?
Son cerca de las doce de la noche y la botella ya está vacía, pero Demi "no" está borracha. Sólo está algo achispada, por eso encuentra divertidas cosas como bailar en medio del salón y ser sobada por chicos a los que no conoce (o igual sí, porque sus caras están algo borrosas y no les ve muy bien). Cuando la chica empieza a considerar quitarse la camiseta (a sugerencia de uno de sus espectadores), llega alguien a quien si conoce y que ni con cuatro botellas más de tequila iba a conseguir olvidar. Joe.
-¿Demi? ¿Qué haces?
-Joe– la voz le suena algo perjudicada pero no está borracha – Ven a bailar – Intenta cogerle la mano pero y arrastrarlo pero el suelo parece moverse y sólo consigue caerse encima suyo.
-¿Estás borracha? – pregunta su amigo sujetándola.
-¡No! ¡Vamos a bailar!
-Estás borracha – esta vez no es una pregunta. – Vamos.
-¿A bailar?
-No, arriba. Vas a dormir en mi cama, y a vomitar en mi váter seguramente. – dice Joe mientras empieza a subir las escaleras con ella. Demi no se ve capaz de subir ni un escalón sin caerse así que se apoya en Joe quien tiene suficiente fuerza para llevarla sin que acaben los dos en el suelo.
Una vez arriba, Joe la deja en la cama pero Demi no le suelta y acaban los dos tumbados.
-Demi…venga suelta – dice Joe intentando incorporarse, pero Demi_ no le suelta.
-Nooo. No te vayas – a lo mejor si que está un poco borracha porque todo le da vueltas y lo único firme es Joe – Quédate, no vayas a enrollarte con otra de tus chicas. – Sí, está borracha pero no pasa nada porque es una fiesta.
-Demi...– Joe consigue soltarse pero no se marcha, se queda en la cama a su lado, sentado.
-¿Sabes qué? A la mierda. Voy a decirlo – decide Demi. Joe pregunta ¿qué? Y la chica, después de respirar hondo, dice – Joe Jonas, te quiero.
Joe se ríe.
– Yo también te quiero, Demi. Eres mi mejor amiga.
-¡No! ¡No lo entiendes! – Demi se incorpora, reprime las náuseas y consigue decir – Te quiero. Estoy enamorada de ti desde siempre y tú eres un idiota porque no te has dado cuenta. – después de esto Demi no lo resiste más y vomita en la alfombra de Joe
7. ¡No iba en serio!
A la mañana siguiente, cuando Demi abre los ojos siente como si tuviera un estropajo en la boca y tiene la sensación de que le va a reventar la cabeza. Además, no recuerda lo que ha pasado. Estaba en una fiesta y…nada más.
-¡Hombre! ¡Ya era hora! – le llega la voz de Joe desde la puerta. En ese momento Demi se da cuenta de que no está en su cama. Está en el cuarto de su mejor amigo.
-¿Qué hago aquí? – pregunta Demi incorporándose. Al hacerlo el dolor de cabeza aumenta.
-Pasaste una buena anoche. Tuve que evitar que te desnudaras en medio de mi salón. – dice Joe acercándose. Y, al ver que Demi se lleva una mano a la cabeza, añade divertido - ¿Resaca, eh?
-Shh, habla más bajo. – De repente Demi recuerda algo - ¿Mis padres…?
-Tranquila, llamé a tu madre y le dije que te quedarías a dormir para ayudarme a recogerlo todo.
-¿Y se lo tragó?
-Miento muy bien – es lo único que dice Joe encogiéndose de hombros.
La chica suspira.
-¿Crees que ese es el problema? – dice parándose y girándose para encararlo.
-¿Qué iba a ser sino?
Claro, ¿qué iba a ser sino? Demi quiere decirle la verdad, que le quiere y que no soporta saber que esta con otras, quiere decirle que siempre ha soñado con estar con él y que cada vez que él le pide uno de sus favores tiene que aguantarse las lágrimas. Quiere decirle muchas cosas. Pero no dice ninguna, porque es una cobarde.
-Ya… ¿me prometes que no serás tan borde con Wilmer? ¿Y dejarás de insultarle?
Joe acepta a regañadientes y después, invita a Demi al cine para celebrar que se han amigado. Por un momento, Demi se siente como una de sus chicas. El momento pasa cuando Joe le dice que tiene que volver pronto porque ha quedado por la noche. Vuelta a la normalidad.
5. ¡Fiesta!
A Demi nunca le han gustado las fiestas. Bueno, las fiestas sí pero no ese tipo de fiestas. Las fiestas que da Joe en su casa cuando sus padres no están son casi una leyenda en el instituto. La única regla es que no hay reglas. Lo que si hay es música, alcohol, bailarinas a veces y drogas casi siempre. La mitad de los embarazos adolescentes del instituto vienen de esas fiestas.
Demi nunca ha ido a ninguna pero ese sábado Joe ha insistido mucho. Para terminar de amigarnos. Venga, Demi no me harás ese feo. Y ahora Demi está en medio de una fiesta salvaje en la que no pinta nada.
La chica está a punto de marcharse cuando ve algo que la deja paralizada. En un rincón Joe, enrollándose con una rubia a la que Demi no conoce. Le empiezan a picar los ojos y siente unas absurdas ganas de llorar. Una cosa es saber que él se acuesta con todas y otra cosa verlo.
Se aguanta las lágrimas y coge una botella de Tequila. Ella no suele beber pero, es una fiesta ¿no?
6. ¿Estas borracha?
Son cerca de las doce de la noche y la botella ya está vacía, pero Demi "no" está borracha. Sólo está algo achispada, por eso encuentra divertidas cosas como bailar en medio del salón y ser sobada por chicos a los que no conoce (o igual sí, porque sus caras están algo borrosas y no les ve muy bien). Cuando la chica empieza a considerar quitarse la camiseta (a sugerencia de uno de sus espectadores), llega alguien a quien si conoce y que ni con cuatro botellas más de tequila iba a conseguir olvidar. Joe.
-¿Demi? ¿Qué haces?
-Joe– la voz le suena algo perjudicada pero no está borracha – Ven a bailar – Intenta cogerle la mano pero y arrastrarlo pero el suelo parece moverse y sólo consigue caerse encima suyo.
-¿Estás borracha? – pregunta su amigo sujetándola.
-¡No! ¡Vamos a bailar!
-Estás borracha – esta vez no es una pregunta. – Vamos.
-¿A bailar?
-No, arriba. Vas a dormir en mi cama, y a vomitar en mi váter seguramente. – dice Joe mientras empieza a subir las escaleras con ella. Demi no se ve capaz de subir ni un escalón sin caerse así que se apoya en Joe quien tiene suficiente fuerza para llevarla sin que acaben los dos en el suelo.
Una vez arriba, Joe la deja en la cama pero Demi no le suelta y acaban los dos tumbados.
-Demi…venga suelta – dice Joe intentando incorporarse, pero Demi_ no le suelta.
-Nooo. No te vayas – a lo mejor si que está un poco borracha porque todo le da vueltas y lo único firme es Joe – Quédate, no vayas a enrollarte con otra de tus chicas. – Sí, está borracha pero no pasa nada porque es una fiesta.
-Demi...– Joe consigue soltarse pero no se marcha, se queda en la cama a su lado, sentado.
-¿Sabes qué? A la mierda. Voy a decirlo – decide Demi. Joe pregunta ¿qué? Y la chica, después de respirar hondo, dice – Joe Jonas, te quiero.
Joe se ríe.
– Yo también te quiero, Demi. Eres mi mejor amiga.
-¡No! ¡No lo entiendes! – Demi se incorpora, reprime las náuseas y consigue decir – Te quiero. Estoy enamorada de ti desde siempre y tú eres un idiota porque no te has dado cuenta. – después de esto Demi no lo resiste más y vomita en la alfombra de Joe
7. ¡No iba en serio!
A la mañana siguiente, cuando Demi abre los ojos siente como si tuviera un estropajo en la boca y tiene la sensación de que le va a reventar la cabeza. Además, no recuerda lo que ha pasado. Estaba en una fiesta y…nada más.
-¡Hombre! ¡Ya era hora! – le llega la voz de Joe desde la puerta. En ese momento Demi se da cuenta de que no está en su cama. Está en el cuarto de su mejor amigo.
-¿Qué hago aquí? – pregunta Demi incorporándose. Al hacerlo el dolor de cabeza aumenta.
-Pasaste una buena anoche. Tuve que evitar que te desnudaras en medio de mi salón. – dice Joe acercándose. Y, al ver que Demi se lleva una mano a la cabeza, añade divertido - ¿Resaca, eh?
-Shh, habla más bajo. – De repente Demi recuerda algo - ¿Mis padres…?
-Tranquila, llamé a tu madre y le dije que te quedarías a dormir para ayudarme a recogerlo todo.
-¿Y se lo tragó?
-Miento muy bien – es lo único que dice Joe encogiéndose de hombros.
– Demi ...
-¿Hmm?
-Anoche dijiste algo…-empieza Joe poniéndose serio y sentándose en la cama – sobre mí.
-¿Qué dije? – pregunta Demi con temor. Como sea lo que ella cree se suicida. Al menos así dejaría de dolerle la cabeza.
-Dijiste que estás enamorada de mí– dice Joe respirando hondo.
-Oh…Joe, estaba borracha.
-Pues parecías bastante convencida.
-¿Qué? ¿Te lo creíste? – Demi no recuerda haber estado nunca tan nerviosa. Tiene un nudo en el estomago y el maldito dolor de cabeza parece haber aumentado- Ni siquiera me acuerdo de lo que paso, seguramente lo dije porque eras tú el que estaba conmigo. Si hubiera estado con otro chico pues se lo habría dicho a él. –Explica la chica atropelladamente.
-Entonces, ¿no estás enamorada de mí? – se asegura Joe. Demi niega con la cabeza. ¿Joe parece decepcionado o se lo está imaginando?
– Que raro, porque todo cuadraba. Lo nerviosa que te pones a veces, el enfado del otro día, que te emborracharas cuando me viste con otra…
Demi siente que las mejillas le arden.
-Tengo que irme, nos vemos mañana.- La chica se levanta pero, antes de que pueda dar un paso, Joe la coge del brazo y tira de ella consiguiendo que Demi se siente en su regazo. Entonces la besa.
Con ese beso Demi se da cuenta de algo y es que todos los rumores que ha oído sobre los besos de Joe se quedan cortos. Joe besa muy bien. Le rodea la cintura con un brazo y con la otra mano le acaricia la mejilla suavemente. Entonces Demi olvida el dolor de cabeza y enreda los dedos en el pelo de Joe abriendo la boca para profundizar el beso y, cuando la lengua de Joe entra en contacto con la suya la chica siente como si millones de mariposas aletearan en su estómago y tiene la sensación de que las piernas se le vuelven de mantequilla.
Al separarse, Joe sonríe seductoramente y Demi esta más sonrojada de lo que lo ha estado en su vida.
-¿Qué ha sido esto? – Pregunta Demi.
-Creo que un beso. Espera – Joe la vuelve a atraer hasta él para darle un beso fugaz – Sí, un beso.
-¿Por qué?
-Porque creo que me he enamorado de ti.
-No. – Dice Demi levantándose. – Tú…no. No puede ser. ¿Cómo? Quiero decir… - Demi siente que el dolor de cabeza ha vuelto con más fuerza y no sabe si lo que está pasando es producto de su imaginación o una broma de mal gusto.
-Demi escucha. – Dice Joe cogiendo a la chica por los hombros y mirándola a los ojos – Sé que suena raro que después de tanto tiempo te diga esto pero…con lo que dijiste ayer me he dado cuenta de que de una forma u otra tú siempre has estado en mi vida y…Demi, a pesar de lo idiota que soy y lo ciego que he estado, ¿quieres salir conmigo?
La chica siente que el corazón va a reventarle de alegría pero, por otra parte, esta asustada. Conoce el historial de Joe con las chicas y no quiere ser una más. Joe parece adivinar lo que pasa por su mente porque le aclara:
-Demi, no vas a ser como las demás, lo prometo.
-¿Hmm?
-Anoche dijiste algo…-empieza Joe poniéndose serio y sentándose en la cama – sobre mí.
-¿Qué dije? – pregunta Demi con temor. Como sea lo que ella cree se suicida. Al menos así dejaría de dolerle la cabeza.
-Dijiste que estás enamorada de mí– dice Joe respirando hondo.
-Oh…Joe, estaba borracha.
-Pues parecías bastante convencida.
-¿Qué? ¿Te lo creíste? – Demi no recuerda haber estado nunca tan nerviosa. Tiene un nudo en el estomago y el maldito dolor de cabeza parece haber aumentado- Ni siquiera me acuerdo de lo que paso, seguramente lo dije porque eras tú el que estaba conmigo. Si hubiera estado con otro chico pues se lo habría dicho a él. –Explica la chica atropelladamente.
-Entonces, ¿no estás enamorada de mí? – se asegura Joe. Demi niega con la cabeza. ¿Joe parece decepcionado o se lo está imaginando?
– Que raro, porque todo cuadraba. Lo nerviosa que te pones a veces, el enfado del otro día, que te emborracharas cuando me viste con otra…
Demi siente que las mejillas le arden.
-Tengo que irme, nos vemos mañana.- La chica se levanta pero, antes de que pueda dar un paso, Joe la coge del brazo y tira de ella consiguiendo que Demi se siente en su regazo. Entonces la besa.
Con ese beso Demi se da cuenta de algo y es que todos los rumores que ha oído sobre los besos de Joe se quedan cortos. Joe besa muy bien. Le rodea la cintura con un brazo y con la otra mano le acaricia la mejilla suavemente. Entonces Demi olvida el dolor de cabeza y enreda los dedos en el pelo de Joe abriendo la boca para profundizar el beso y, cuando la lengua de Joe entra en contacto con la suya la chica siente como si millones de mariposas aletearan en su estómago y tiene la sensación de que las piernas se le vuelven de mantequilla.
Al separarse, Joe sonríe seductoramente y Demi esta más sonrojada de lo que lo ha estado en su vida.
-¿Qué ha sido esto? – Pregunta Demi.
-Creo que un beso. Espera – Joe la vuelve a atraer hasta él para darle un beso fugaz – Sí, un beso.
-¿Por qué?
-Porque creo que me he enamorado de ti.
-No. – Dice Demi levantándose. – Tú…no. No puede ser. ¿Cómo? Quiero decir… - Demi siente que el dolor de cabeza ha vuelto con más fuerza y no sabe si lo que está pasando es producto de su imaginación o una broma de mal gusto.
-Demi escucha. – Dice Joe cogiendo a la chica por los hombros y mirándola a los ojos – Sé que suena raro que después de tanto tiempo te diga esto pero…con lo que dijiste ayer me he dado cuenta de que de una forma u otra tú siempre has estado en mi vida y…Demi, a pesar de lo idiota que soy y lo ciego que he estado, ¿quieres salir conmigo?
La chica siente que el corazón va a reventarle de alegría pero, por otra parte, esta asustada. Conoce el historial de Joe con las chicas y no quiere ser una más. Joe parece adivinar lo que pasa por su mente porque le aclara:
-Demi, no vas a ser como las demás, lo prometo.
– Explica Joe. Parece
nervioso- Si no quieres…no pasa nada. Podemos seguir siendo ami…
Demi no le deja terminar, le rodea el cuello con los brazos y le besa. No hablan durante unos instantes, ocupados en besarse lenta y apasionadamente.
-¿Eso es un sí? – pregunta Joe sobre sus labios. Demi asiente y le muerde el labio inferior antes de besarlo. Joe la estrecha entre sus brazos y Demi apoya la cabeza en su hombro.
-Joe.
-¿Qué?
-Me gustas más con el pelo largo.
Fin
Demi no le deja terminar, le rodea el cuello con los brazos y le besa. No hablan durante unos instantes, ocupados en besarse lenta y apasionadamente.
-¿Eso es un sí? – pregunta Joe sobre sus labios. Demi asiente y le muerde el labio inferior antes de besarlo. Joe la estrecha entre sus brazos y Demi apoya la cabeza en su hombro.
-Joe.
-¿Qué?
-Me gustas más con el pelo largo.
Fin
lunes, 7 de abril de 2014
Little Things - One shot - Jemi - Parte 2
Parte N°1:
https://www.youtube.com/watch?v=MwPZGnkOvjo
Parte N°2:
―No me dejaste terminar ―, dije para romper el hielo.
―¿Dejarte terminar? ―, preguntó confundida.
―Lo que te estaba diciendo…
―Lo siento Joe, en verdad, tengo que irme a casa ― Luego con un simple movimiento se soltó de mi agarre y con pasos moderados se alejó de mi. No podía evitar sentir una furia interna que me estaba devorando y acabando con la poca cobardía que me quedaba.
―¡Te amo! ―, grité, un gritó lleno de sentimientos, un grito que expresaba lo que sentía hacia ella. Ella se detuvo en seco, quedó paralizada en ese lugar por unos segundos y se giró desconcertada.
"Lo que me esperaba" pensé y luego bajé la mirada avergonzado. Me maldecí internamente, no quería confesarme así, no de esa manera. Actué muy brusco y sonó muy inesperado para ella. Subí la mirada para ver como estaba en estos momentos y me llevé la grata sorpresa de que estaba cerca mio, con el ceño fruncido y sus ojos tenían un brillo especial, no lo distinguía muy bien. Una sonrisa traviesa se formó en sus labios, haciendo que mis mejillas ardieran levemente, esto era inesperado.
―¿Esto es real? ―, preguntó fascinada.
―¿A que te refieres?
―Pellízcame ―, preguntó con tono burlón.
Fruncí el ceño
―¿De qué diablos hablas? ―, pregunté desconcertado.
―De esto, esto es un sueño ―, dijo seriamente, luego bajó la mirada y una traviesa lágrima rozó su mejilla, apreté los puños con frialdad y fruncí el ceño ―. Tú no puedes enamorarte de esto ― Señalándose ―. Lo dices para que yo esté mejor y sea la chica más feliz del mundo, tú sabes lo que siento por tí y te aprovechas de eso para que no me insulte a mi misma. Pero no quiero caer tan bajo joe y creí que eras mi amigo.
―¡Ya me hartaste! ―, dije al fin ―. Te estoy diciendo la verdad. Desde que te conocí me sentía atraido hacía tí.No entiendo porque dices que eres horrible, o que eres un estorbo para mí. Eres la chica más hermosa que he presenciado, tienes algo que hace que cada día te ame más, cuando me cuentas de tus problemas y de tus inseguras, trataba de buscar una manera cómoda y amigable de decirte que no le tomaras importancia, no quería decirte “Te amo por eso” por el miedo de que me rechazaras. Y te juro que no sabía que sentías esas cosas por mí, me sentiría feliz si no fuera por el hecho de que no te valoras.
―¡Pero se me hace tan difícil valorarme! ¡Se me hace difícil quererme! Te juro que no puedo joe ―, murmuró, iba a romper en llanto y no me iba a dejar terminar.
―Yo te ayudaré ―dijé con seguridad ―. Deja que te diga cada día lo hermosa que eres, deja que cada día te valore y te haga sentir bella. No me importa tu peso, no me importa tu color de ojos o de tu cabello, no me importa si no tienes algún talento específico. Yo te amo por ser tú Naomi, te amo por esas pequeñas cosas también, eres perfecta para mí.
Nunca había dicho algo así en mi vida, algo que salió de corazón y reflejándolo con unas simples palabras. Elevó la mirada y sonrió, pero esta vez no agachó la cabeza. Sonreí de lado y me acerqué más a ella, su aliento nuevamente chocaba con mi rostro, pero esto era especial, mágico, solo estos momentos se presenciaban en mis más locos sueños. Colocó sus manos sobre mi rostro y posó sus labios con los míos.
Sus dulces y suaves labios, al fin formando un hermoso beso con los míos. El sabor de sus labios me estremecía, el suave contacto con los míos hacia que unas traviesas mariposas volaran en mi estomago, que la temperatura de mis mejillas elevara y me hiciera el hombre más feliz del planeta.
―Gracias ―, susurró entre mis labios para luego besarme nuevamente.
Esto si que era el paraíso.
--------------------
―¡Joven jonas! ¿Otra vez dormido en clase?
La voz chillona y repugnante de la profesora de ciencias me despertó de otro sueño con ella, otro sueño irreal con la chica irreal. ¿Por qué soñaba con ella? Todo el tiempo era la misma rutina. Elevé la mirada para ver a la profesora pelirroja con una ceja arqueada, luego la bajé nuevamente, avergonzado. Escuchaba la risa de mis compañeros. La mujer me miró por unos segundos más, buscado una explicación o respuesta, pero yo no dije nada. Ella suspiró resignada y giró su cabeza para mirara los asientos que se encontraban adelante.
―Joven nueva… ¿Le puede explicar el trabajo a jonas?
No se escuchó nada. La profesora se alejó y los murmullos de los compañeros se empezaron a resonar en todo la clase. Elevé la mirada y ahí estaba ella, la chica de mis sueños. Abrí los ojos como platos.
Todos mis compañeros la miraban insensiblemente y con el ceño fruncido. Fulminé con la mirada a la mayoría y estos volvieron a mirar sus libros. Después me di cuenta que ella se encontraba a mi lado, colocando su libro en la mesa y con la mirada baja. Yo la miré por un segundo y si, era ella… los mismo rasgos, ojos, cabello, todo. No sé que pasaba, esto era tan extraño. Ella se percató de que la observaba y se sonrojo en un santiamén, yo sonreí, siendo simpático y queriéndome ganar una buena impresión por su parte.
―¿A si que eres nueva? ― dije, aun que ya sabia cual era la respuesta.
―Eh… si ―, murmuro, su voz era la misma que en la de mi sueños.
―¿Cómo te llamas?
―Me llamo demi―, dijo mientras acomodaba unos traviesos mechones de su cabello y los colocaba detrás de su oído.
«Sí, es ella» pensé y luego sonreí de oreja a oreja.
―Mi nombre es joe y… creo que seremos muy buenos amigos. ―, le aseguré, haciendo que sus mejillas se enrojeciesen.
Quería besarla, pero eso podría esperar. Ya que el destino hizo que los sueños se convirtieran en realidad. Voy a hacer que se dé cuenta de que hay alguien que la ama... por sus pequeñas cosas.
FÍN.
lunes, 3 de febrero de 2014
9 months ♥ ♥ - Capitulo 4 - jemi en español
Capitulo 4
Demi estaba frente
a la pizarra, intentando llevar aire a sus pulmones. ¿Joseph había comprado
el anillo? ¡No, no, no! Eso no era posible. ¿O sí? ¿Cómo no se le había ocurrido
que él pudiera ser el comprador? Porque los multimillonarios no usaban
eBay, por eso. Si hubiera pensado por un momento que Joseph se enteraría,
no lo habría vendido. demi dejó escapar un gemido. En lugar de apartarlo
de su vida para siempre, lo había devuelto a ella. Cuando lo vio al otro
lado de la verja estuvo a punto de desmayarse. Por un momento, un momento
loco, pensó que iba a decirle que había cambiado de opinión, que sabía
que había cometido un error. Que había ido a pedirle perdón. Perdón.demi_ se
cubrió la boca con la mano para contener una carcajada histérica. ¿Cuándo
había pedido perdón Joseph Jonas? Ni siquiera parecía sentirse culpable
por no haber aparecido en la iglesia el día de su boda. No, no estaba allí
para disculparse.
—¿Se encuentra bien, señorita demi? —escuchó una vocecita entonces—. Está muy pálida y ha entrado corriendo como si la persiguiera alguien.
—No, estoy bien — demi se pasó la lengua por los labios.
—Parece como si estuviera escondiéndose.
—No estoy escondiéndome —dijo ella, levantando la voz sin darse cuenta. ¿Por qué había salido corriendo? Joseph creería que seguía importándole y ella no quería que pensara eso. Quería que pensara que estaba bien, que romper con él había mejorado su vida. Que había vendido el anillo porque le sobraba o algo así. demi_intentó respirar. Llevaba cuatro años soñando con volver a verlo. Había pasado muchas noches en blanco, imaginando que se encontraba con él... algo que desafiaba a la imaginación dado que se movían en diferentes estratosferas. Pero nunca, ni una sola vez, había imaginado que pudiera pasar de verdad. Y menos allí, en el colegio, sin previo aviso.
—¿Hay un incendio, señorita demi? —un par de ojos preocupados se clavaron en ella: Jessie Prince, que siempre estaba preocupada por todo, desde los exámenes a los terroristas—. Ha venido corriendo y siempre nos dice que no debemos correr a menos que haya un incendio.
—Sí, es verdad —asintió demi. Incendios y hombres a los que una no quería ver—. Y no estaba corriendo. Iba... caminando deprisa. Es bueno para la salud—¿seguiría en la puerta del colegio? ¿Seguiría allí cuando saliera?, se preguntó—. Abrid vuestros libros de lengua en la página doce y seguiremos donde lo dejamos ayer. Vamos a escribir una redacción sobre las vacaciones de verano. Tal vez debería haberle dado el anillo sin más, pero entonces Joe vería que lo llevaba colgado al cuello y no pensaba darle la satisfacción de saber lo que significaba para ella. Lo único que le quedaba era su orgullo... Al fondo de la clase se oyó un rifirrafe y después un golpe.
-¡Ay! ¡Me ha dado una torta, señorita! demi_ se llevó una mano a la frente. Problemas de disciplina era lo último que quería en ese momento. Necesitaba estar sola para pensar, pero si había algo que una profesora de primaria no tenía era un momento de tranquilidad.
—Tom, siéntate en uno de los pupitres de delante, por favor —demi_ esperó pacientemente mientras el niño arrastraba los pies hasta ella—. No se pega a nadie, no está bien. Quiero que le pidas perdón.
—¿Por qué?
-Acabo de decírtelo, porque no está bien. Quiero que le digas que lo sientes.
-Pero es que no lo siento —replicó el niño, sus mejillas casi del mismo tono que su pelo—. Me ha llamado pelo de zanahoria, señorita demi. Intentando concentrarse, demi respiró profundamente.
—Pues entonces él también te va a pedir perdón. Pero no puedes pegar a la gente, aunque te llamen «pelo de zanahoria». No se debe pegar a nadie. «Ni siquiera a un griego arrogante que te dejó plantada el día de tu boda».
—No ha sido culpa mía, tengo mal carácter porque soy pelirrojo.
—No es tu pelo el que ha pegado a Harry. ¿Cómo iba a saber ella que era Joe quien había comprado el anillo?
—Mi padre dice que si alguien se mete contigo le das una torta y ya no, vuelve a molestarte —dijo una niña.
-Podríamos pensar un poco en los sentimientos de los demás —les aconsejó demi_
—¿Se encuentra bien, señorita demi? —escuchó una vocecita entonces—. Está muy pálida y ha entrado corriendo como si la persiguiera alguien.
—No, estoy bien — demi se pasó la lengua por los labios.
—Parece como si estuviera escondiéndose.
—No estoy escondiéndome —dijo ella, levantando la voz sin darse cuenta. ¿Por qué había salido corriendo? Joseph creería que seguía importándole y ella no quería que pensara eso. Quería que pensara que estaba bien, que romper con él había mejorado su vida. Que había vendido el anillo porque le sobraba o algo así. demi_intentó respirar. Llevaba cuatro años soñando con volver a verlo. Había pasado muchas noches en blanco, imaginando que se encontraba con él... algo que desafiaba a la imaginación dado que se movían en diferentes estratosferas. Pero nunca, ni una sola vez, había imaginado que pudiera pasar de verdad. Y menos allí, en el colegio, sin previo aviso.
—¿Hay un incendio, señorita demi? —un par de ojos preocupados se clavaron en ella: Jessie Prince, que siempre estaba preocupada por todo, desde los exámenes a los terroristas—. Ha venido corriendo y siempre nos dice que no debemos correr a menos que haya un incendio.
—Sí, es verdad —asintió demi. Incendios y hombres a los que una no quería ver—. Y no estaba corriendo. Iba... caminando deprisa. Es bueno para la salud—¿seguiría en la puerta del colegio? ¿Seguiría allí cuando saliera?, se preguntó—. Abrid vuestros libros de lengua en la página doce y seguiremos donde lo dejamos ayer. Vamos a escribir una redacción sobre las vacaciones de verano. Tal vez debería haberle dado el anillo sin más, pero entonces Joe vería que lo llevaba colgado al cuello y no pensaba darle la satisfacción de saber lo que significaba para ella. Lo único que le quedaba era su orgullo... Al fondo de la clase se oyó un rifirrafe y después un golpe.
-¡Ay! ¡Me ha dado una torta, señorita! demi_ se llevó una mano a la frente. Problemas de disciplina era lo último que quería en ese momento. Necesitaba estar sola para pensar, pero si había algo que una profesora de primaria no tenía era un momento de tranquilidad.
—Tom, siéntate en uno de los pupitres de delante, por favor —demi_ esperó pacientemente mientras el niño arrastraba los pies hasta ella—. No se pega a nadie, no está bien. Quiero que le pidas perdón.
—¿Por qué?
-Acabo de decírtelo, porque no está bien. Quiero que le digas que lo sientes.
-Pero es que no lo siento —replicó el niño, sus mejillas casi del mismo tono que su pelo—. Me ha llamado pelo de zanahoria, señorita demi. Intentando concentrarse, demi respiró profundamente.
—Pues entonces él también te va a pedir perdón. Pero no puedes pegar a la gente, aunque te llamen «pelo de zanahoria». No se debe pegar a nadie. «Ni siquiera a un griego arrogante que te dejó plantada el día de tu boda».
—No ha sido culpa mía, tengo mal carácter porque soy pelirrojo.
—No es tu pelo el que ha pegado a Harry. ¿Cómo iba a saber ella que era Joe quien había comprado el anillo?
—Mi padre dice que si alguien se mete contigo le das una torta y ya no, vuelve a molestarte —dijo una niña.
-Podríamos pensar un poco en los sentimientos de los demás —les aconsejó demi_
—. No todo el mundo es igual y hay que ser tolerante.
Ésa va a ser nuestra palabra del día —añadió, tomando una tiza para escribir
en la pizarra, con veintiséis pares de ojos clavados en su espalda—.
To-le-ran-cia. ¿Quién puede decirme lo que significa? Veintiséis manos se
levantaron a la vez.
—Señorita, señorita, yo lo sé. demi tuvo que disimular una sonrisa. Daba igual lo estresada que estuviera, los niños siempre la hacían sonreír.-¿Jason?
—Hay un hombre en la puerta. Veintiséis cabezas se volvieron hacia la puerta y demi levantó la mirada justo cuando Joe estaba entrando en el aula. Muda de horror, notó que su pulso se había acelerado. ¿Era eso lo que su madre había sentido por su padre? ¿Aquella emoción, aquella excitación, aunque supiera que la relación no iba a ningún sitio? Joe cambiaba el ambiente del aula, pensó. Su presencia exigía atención. Los niños empezaron a levantarse, mirándola como para saber lo que debían hacer, y ella tragó saliva.
-Bien hecho, niños —los felicitó, antes de volverse hacia Joe—. Estoy dando una clase, no es buen momento para hablar.
—Es buen momento para mí.demi tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para disimular que le temblaban las piernas.
—Niños, tenemos una visita... ¿qué no ha hecho este señor?
—No ha llamado a la puerta, señorita demi_.
-Eso es —demi consiguió sonreír—. No ha llamado a la puerta porque ha olvidado sus buenas maneras. Así que este señor y yo vamos a salir un momento al pasillo y voy a decirle cómo debe portarse una persona que entra en un aula cuando ya ha empezado una clase mientras vosotros termináis vuestras redacciones. Cuando iba a salir del aula, Joseph la sujetó por la muñeca.
—Voy a daros una lección importante en la vida, niños —su acento griego más pronunciado de lo normal, Joe miraba la clase con la misma concentración con la que sin duda trataba a los miembros de un consejo de administración—. Cuando algo es importante para ti, hay que ir por ello. No dejéis que os den la espalda y no os quedéis en la puerta, esperando que os den permiso para entrar sólo porque ésas son las reglas. El comentario fue recibido con un silencio, pero enseguida empezaron a levantarse manos.
—Señorita, señorita, yo lo sé. demi tuvo que disimular una sonrisa. Daba igual lo estresada que estuviera, los niños siempre la hacían sonreír.-¿Jason?
—Hay un hombre en la puerta. Veintiséis cabezas se volvieron hacia la puerta y demi levantó la mirada justo cuando Joe estaba entrando en el aula. Muda de horror, notó que su pulso se había acelerado. ¿Era eso lo que su madre había sentido por su padre? ¿Aquella emoción, aquella excitación, aunque supiera que la relación no iba a ningún sitio? Joe cambiaba el ambiente del aula, pensó. Su presencia exigía atención. Los niños empezaron a levantarse, mirándola como para saber lo que debían hacer, y ella tragó saliva.
-Bien hecho, niños —los felicitó, antes de volverse hacia Joe—. Estoy dando una clase, no es buen momento para hablar.
—Es buen momento para mí.demi tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para disimular que le temblaban las piernas.
—Niños, tenemos una visita... ¿qué no ha hecho este señor?
—No ha llamado a la puerta, señorita demi_.
-Eso es —demi consiguió sonreír—. No ha llamado a la puerta porque ha olvidado sus buenas maneras. Así que este señor y yo vamos a salir un momento al pasillo y voy a decirle cómo debe portarse una persona que entra en un aula cuando ya ha empezado una clase mientras vosotros termináis vuestras redacciones. Cuando iba a salir del aula, Joseph la sujetó por la muñeca.
—Voy a daros una lección importante en la vida, niños —su acento griego más pronunciado de lo normal, Joe miraba la clase con la misma concentración con la que sin duda trataba a los miembros de un consejo de administración—. Cuando algo es importante para ti, hay que ir por ello. No dejéis que os den la espalda y no os quedéis en la puerta, esperando que os den permiso para entrar sólo porque ésas son las reglas. El comentario fue recibido con un silencio, pero enseguida empezaron a levantarse manos.
—Dime —Joe señaló a un niño en la segunda fila.
-Pero nos han dicho que tenemos que respetar las reglas.
-Si no son sensatas, hay que saltárselas.
-¡No!—exclamó demi_—.Uno no sepuede saltar las reglas. Las reglas existen...
—¿Para ser cuestionadas? —la interrumpió Joe, con su típica arrogancia—. Siempre debéis cuestionarlas. Algunas veces hay que saltarse las reglas para hacer algún progreso. Ahora mismo, por ejemplo. Necesito hablar con la señorita demi urgentemente y ella no quiere escucharme. ¿Qué puedo hacer? Un niño levantó la mano.
—Depende de lo importanteque sea lo que tiene quedecirle.
-Es muy importante. Pero también es importante que la otra persona dé su opinión, así que dejaré que ella elija dónde vamos a mantener esa conversación. Dime, demi, ¿aquí o fuera?
—Fuera —contestó ella, con los dientes apretados. Joe se volvió hacia los niños.
-¿Lo veis? Este es el ejemplo de una negociación que sale bien. Los dos tenemos lo que queremos y ahora, mientras la señorita demi__ y yo hablamos, vosotros vais a... escribir cien palabras sobre por qué las reglas siempre deben ser cuestionadas.
-¡No, de eso nada! —protestó demi—. Van a escribir una redacción sobre las vacaciones.
—O sobre los beneficios de saltarse las reglas —insistió Joe—. Me alegro de haberos conocido. Trabajad mucho y tendréis éxito en la vida. Pero recordad: lo importante no es de dónde viene uno sino dónde llega —sin soltar la muñeca de demi___, la sacó al pasillo y ella no tuvo más remedio que seguirlo y cerrar la puerta.
-Pero nos han dicho que tenemos que respetar las reglas.
-Si no son sensatas, hay que saltárselas.
-¡No!—exclamó demi_—.Uno no sepuede saltar las reglas. Las reglas existen...
—¿Para ser cuestionadas? —la interrumpió Joe, con su típica arrogancia—. Siempre debéis cuestionarlas. Algunas veces hay que saltarse las reglas para hacer algún progreso. Ahora mismo, por ejemplo. Necesito hablar con la señorita demi urgentemente y ella no quiere escucharme. ¿Qué puedo hacer? Un niño levantó la mano.
—Depende de lo importanteque sea lo que tiene quedecirle.
-Es muy importante. Pero también es importante que la otra persona dé su opinión, así que dejaré que ella elija dónde vamos a mantener esa conversación. Dime, demi, ¿aquí o fuera?
—Fuera —contestó ella, con los dientes apretados. Joe se volvió hacia los niños.
-¿Lo veis? Este es el ejemplo de una negociación que sale bien. Los dos tenemos lo que queremos y ahora, mientras la señorita demi__ y yo hablamos, vosotros vais a... escribir cien palabras sobre por qué las reglas siempre deben ser cuestionadas.
-¡No, de eso nada! —protestó demi—. Van a escribir una redacción sobre las vacaciones.
—O sobre los beneficios de saltarse las reglas —insistió Joe—. Me alegro de haberos conocido. Trabajad mucho y tendréis éxito en la vida. Pero recordad: lo importante no es de dónde viene uno sino dónde llega —sin soltar la muñeca de demi___, la sacó al pasillo y ella no tuvo más remedio que seguirlo y cerrar la puerta.
—No puedo creer que hayas hecho eso.
-De nada —dijo él—. Mi caché por los discursos de motivación en el circuito internacional es de medio millón de dólares, pero en este caso estoy dispuesto a no cobrar... para beneficio de las nuevas generaciones.
-No estaba dándote las gracias. -
Pues deberías. Los empresarios del mañana no saldrán de un grupo de robots incapaces de tomar la iniciativa. A punto de explotar de rabia, demi_ se soltó de un tirón.
-¿Es que no sabes nada sobre niños?
—No, nada. Les he hablado como si fueran adultos.
—Pero es que no son adultos. ¿Tú sabes lo difícil que es disciplinar a veintiséis niños? Cuando empecé a darles clase no estaban sentados en su pupitre cinco minutos seguidos.
-Estar sentado es un pasatiempo absurdo. Incluso en los consejos de administración yo suelo pasear, me ayuda a concentrarme mejor. Deberías animarlos a que hicieran preguntas...
—No me digas cómo debo hacer mi trabajo. Tú no sabes absolutamente nada sobre educación infantil.
—Muy bien, ¿por qué has vendido el anillo? demi__ parpadeó, sorprendida por el brusco cambio de tema. Pero no tuvo tiempo de contestar porque en ese momento alguien apareció corriendo por el pasillo.
-¡Señorita demi , se ha inundado el colegio!
Joe dejó escapar un suspiro.
-De nada —dijo él—. Mi caché por los discursos de motivación en el circuito internacional es de medio millón de dólares, pero en este caso estoy dispuesto a no cobrar... para beneficio de las nuevas generaciones.
-No estaba dándote las gracias. -
Pues deberías. Los empresarios del mañana no saldrán de un grupo de robots incapaces de tomar la iniciativa. A punto de explotar de rabia, demi_ se soltó de un tirón.
-¿Es que no sabes nada sobre niños?
—No, nada. Les he hablado como si fueran adultos.
—Pero es que no son adultos. ¿Tú sabes lo difícil que es disciplinar a veintiséis niños? Cuando empecé a darles clase no estaban sentados en su pupitre cinco minutos seguidos.
-Estar sentado es un pasatiempo absurdo. Incluso en los consejos de administración yo suelo pasear, me ayuda a concentrarme mejor. Deberías animarlos a que hicieran preguntas...
—No me digas cómo debo hacer mi trabajo. Tú no sabes absolutamente nada sobre educación infantil.
—Muy bien, ¿por qué has vendido el anillo? demi__ parpadeó, sorprendida por el brusco cambio de tema. Pero no tuvo tiempo de contestar porque en ese momento alguien apareció corriendo por el pasillo.
-¡Señorita demi , se ha inundado el colegio!
Joe dejó escapar un suspiro.
9 months ♥ ♥ - Capitulo 3 - jemi en español
Capitulo 3
*** Josep Jonas bajó del Ferrari y miró el viejo edificio
de estilo victoriano: una escuela de primaria en Hampton Park. Por
supuesto,demi_ trabajaba con niños. Era lo más lógico. Fue el día que leyó
en la prensa que pensaba tener cuatro hijos cuando la dejó plantada.
Joe miró el edificio. La verja estaba rota por varios sitios y unos
plásticos cubrían parte del tejado, presumiblemente para evitar las
goteras. En ese momento sonó una campanita y, un segundo después, un montón
de niños salieron al patio, empujándose unos a otros. Una joven los seguía,
contestando preguntas, intentando contener discusiones y, en general,
controlando el caos. Llevaba una sencilla falda negra, zapatos planos
y una blusa de color claro. Joe no la miró dos veces, demasiado ocupado
buscando a demi. De nuevo, estudió el viejo edificio, pensando que debía
haberse equivocado. ¿Por qué iba Kelly a enterrarse en aquel sitio? Estaba
a punto de volver al coche, pensando que le habían dado una dirección errónea,
cuando oyó una risa que le resultaba familiar. Y, de repente, se encontró
mirando de nuevo a la joven profesora de falda negra y zapatos planos.
No se parecía a la alegre adolescente que había conocido en la playa de
Corfú y estaba a punto de darse la vuelta cuando ella giró la cabeza. Llevaba
el pelo firmemente sujeto con un prendedor, pero era del mismo tono castaño...
Joe arrugó el ceño, quitándole mentalmente esa ropa tan aburrida para ver
a la mujer que había debajo. La joven sonrió entonces y Joe se quedó sin
respiración porque era imposible no reconocer esa sonrisa. Una sonrisa
amplia, generosa, auténtica. Sin pensar, bajó la mirada hasta sus piernas...
sí, eran las mismas piernas, largas y preciosas. Unas piernas hechas para
que un hombre perdiese la cabeza. Unas piernas que una vez se habían enredado
en su cintura... Los gritos de los niños interrumpieron sus pensamientos.
Un grupo de chicos había visto el Ferrari y, de inmediato, Joe lamentó no
haber aparcado más lejos. Los niños corrían por el patio para acercarse a
la verja que separaba el colegio del resto del mundo y él los miró como
otro hombre miraría a un animal peligroso.
—¡Menudo cochazo! -¿Es un Porsche? Mi padre dice que el mejor coche del mundo es el Porsche. -Cuando sea mayor voy a tener uno como ése. Joseph no sabía qué decir, de modo que se quedó callado. Pero enseguida vio que demi_ giraba la cabeza. Por supuesto, ella se daría cuenta rápidamente de que alguna de sus ovejitas había escapado del rebaño, demi era ese tipo de persona. Era desordenada, ruidosa y cariñosa. Y no se habría quedado callada si unos niños se dirigían a ella.
Joe vio que estaba pálida, el tono de su piel destacando el inusual azul zafiro de sus ojos. Evidentemente no conocía a mucha gente que condujera un Ferrari, pensó. Y el hecho de que se sorprendería de verlo aumentó su furia. ¿Qué había esperado, que se quedara de brazos cruzados mientras vendía el anillo, el anillo que él había puesto en su dedo, al mejor postor? Desde el otro lado del patio sus ojos se encontraron. El sol apareció por detrás de una nube, dándole reflejos dorados a su pelo. Le recordaba a aquella tarde en la playa de Corfú. Entonces Kelly llevaba un minúsculo bikini de color turquesa y una sonrisa avergonzada... Pero no quería pensar en eso, de modo que volvió al presente.
—¡Chicos! —su voz era como chocolate derretido con un poco de canela, suave con un toque de especias—. No os subáis a la verja, ya sabéis que es peligroso. Joe se sintió absurdamente decepcionado. Cuatro años antes, demi_ hubiera salido corriendo por el patio con el entusiasmo de un cachorro para echarse en sus brazos. Y que estuviera mirándolo como si hubiera escapado de una reserva de tigres lo ponía aún más tenso. Alekos miró al niño más cercano, la necesidad de información desatando su lengua.
—¿Es vuestra profesora?
—Sí, es nuestra profesora —a pesar de la advertencia de demi, el chico puso una rodilla en la pared e intentó apoyarse en la verja—. No parece muy estricta, pero si haces algo malo... ¡zas!
—¿Os pega?
—¿Qué? —el chaval soltó una carcajada—. La señorita demi_ no mataría una mosca. Las atrapa con un vaso para sacarlas de la clase. Ni siquiera nos grita.
—Pero eso de «zas»...
—La señorita demi te aplasta con una sola mirada —el chico se encogió de hombros—. Te hace sentir mal si has hecho algo malo, como si la hubieras decepcionado. Pero nunca le haría daño a nadie. No es nada violenta.
La señorita demi_. De modo que no se había casado. Y no había tenido los cuatro hijos que quería tener. Sólo ahora que la pregunta estaba contestada reconoció que había pensado en esa posibilidad. demi cruzó el patio como si una cuerda invisible tirase de ella. Era evidente que, si tuviera oportunidad, saldría corriendo en dirección contraria.
—Freddie, Kyle, Colin, alejaos de la verja. Los tres chicos empezaron a hablar a la vez y Joseph notó que demi_ contestaba uno a uno en lugar de mandarlos callar como harían la mayoría de los adultos.
Y era evidente que los niños la adoraban.
—¿Ha visto el coche, señorita demi? Yo sólo lo había visto en las revistas.
—Sólo es un coche, cuatro ruedas y un motor —demi se volvió por fin hacia él—. ¿Querías algo? Nunca había sido capaz de esconder sus sentimientos, pensó Joe. Estaba horrorizada de verlo y eso lo sacaba de quicio.
—¿Te sientes culpable, agapi mu?
—¿Culpable?
—No pareces contenta de verme y me pregunto por qué. Dos manchas rojas aparecieron en sus mejillas y, de repente, sus ojos se volvieron sospechosamente brillantes.
—No tengo nada que decirte y no sé por qué debería alegrarme de verte. Joseph se había olvidado del anillo y estaba pensando en otra cosa completamente diferente. Algo peligroso, ardiente y primitivo que sólo le ocurría cuando estaba con ella. Cuando sus ojos se encontraron, supo que demi estaba pensando lo mismo. Pero enseguida apartó la mirada, sus mejillas ardiendo. Lo trataba como si no supiera por qué estaba allí, como si no se conocieran íntimamente. Como si no hubiera un centímetro de su cuerpo que él no hubiese besado.
—¿Es su novio, señorita? —preguntó uno de los niños.
—Freddie Harrison, ésa es una pregunta muy inapropiada —demi_ empujó suavemente a los niños hacia el patio—. Se llama Joseph Jonas y no es mi novio. Sólo es una persona a la que conocí hace mucho tiempo.
—¿Un amigo, señorita?
—Sí... bueno, un amigo.
—¡La señorita demi tiene novio, la señorita demi tiene novio! —empezaron a canturrear los chicos.
—Amigo y novio son dos cosas muy diferentes, Freddie.
—Si es un novio se acuestan juntos, tonto —dijo otro de los chicos.
—Señorita, Colin ha dicho una palabrota y me ha llamado tonto. ¡Y usted dice que no se puede llamar tonto a nadie! demi_ lidió con el asunto con gran habilidad, enviándolos de vuelta al patio antes de volverse hacia Joe, mirando un momento por encima de su hombro para comprobar que no la escuchaba nadie.
—No puedo creer que hayas tenido la cara de volver después de cuatro años —le espetó, temblando—. ¿Cómo puedes ser tan insensible? Si no fuera porque los niños están mirando te daría un puñetazo. Pero seguramente ésa es la razón por la que has venido aquí en lugar de intentar verme en privado: te da miedo que te haga daño. ¿Qué haces aquí?
—Tú sabes por qué estoy aquí. Y tú nunca le has pegado a nadie en toda tu vida, no te hagas la dura. Era una de las cosas que lo había atraído de ella. Su dulzura había sido el antídoto al implacable mundo de los negocios en que vivía.
—Hay una primera vez para todo —demi se llevó una mano al pecho, como si quisiera comprobar que su corazón seguía latiendo—. Di lo que tengas que decir y márchate.
Distraído por la presión de sus pechos contra la sencilla blusa, Joe frunció el ceño. La llevaba abrochada hasta el cuello como una profesora victoriana. No había nada, absolutamente nada en su atuendo que pudiera explicar la volcánica respuesta de su libido. Furioso consigo mismo y con ella, su tono fue más brusco de lo que pretendía:
—No juegues conmigo porque los dos sabemos que no puedes ganar. Te comería como desayuno. Fue una analogía inapropiada y en cuanto hubo dicho la frase en su mente apareció una imagen de ella desnuda sobre su cama, el desayuno olvidado... Y el color de sus mejillas le dijo que demi_ estaba recordando, la misma escena.
—Tú no tomas desayuno —dijo con voz ronca—. Sólo tomas ese café griego tan fuerte. Y no estoy jugando contigo. Tú no juegas con las mismas reglas que el resto del mundo. Tú... tú eres un canalla. Joe la miró a los ojos y se dio cuenta de que estaba diciendo la verdad, no sabía por qué estaba allí. No sabía que era él quien había comprado el anillo. Pasándose una mano por el pelo, murmuró algo en griego. Eso era lo que pasaba cuando olvidaba que demi lovato no pensaba como el resto de la gente. Su habilidad para pensar más rápido que los demás, para adelantarse e imaginar segundas intenciones le había ayudado mucho en su negocio, pero con demi_ era una habilidad que nunca le sirvió de nada. Ella no pensaba como otras mujeres y siempre lo sorprendía, como estaba sorprendiéndolo en aquel momento. Pero al ver que tenía los ojos empañados contuvo el aliento. No había vendido el anillo para enviarle un mensaje, lo había vendido porque él le había hecho daño. En ese momento, Joe supo que había cometido un grave error. No debería haber ido allí en persona. No había sido fácil para él y no era justo para ella.
—Tienes cuatro millones de dólares en tu cuenta corriente —le dijo, para terminar con aquello lo antes posible. Y, de inmediato, vio un brillo de sorpresa en sus ojos azules—. He venido a buscar mi anillo.
—¡Menudo cochazo! -¿Es un Porsche? Mi padre dice que el mejor coche del mundo es el Porsche. -Cuando sea mayor voy a tener uno como ése. Joseph no sabía qué decir, de modo que se quedó callado. Pero enseguida vio que demi_ giraba la cabeza. Por supuesto, ella se daría cuenta rápidamente de que alguna de sus ovejitas había escapado del rebaño, demi era ese tipo de persona. Era desordenada, ruidosa y cariñosa. Y no se habría quedado callada si unos niños se dirigían a ella.
Joe vio que estaba pálida, el tono de su piel destacando el inusual azul zafiro de sus ojos. Evidentemente no conocía a mucha gente que condujera un Ferrari, pensó. Y el hecho de que se sorprendería de verlo aumentó su furia. ¿Qué había esperado, que se quedara de brazos cruzados mientras vendía el anillo, el anillo que él había puesto en su dedo, al mejor postor? Desde el otro lado del patio sus ojos se encontraron. El sol apareció por detrás de una nube, dándole reflejos dorados a su pelo. Le recordaba a aquella tarde en la playa de Corfú. Entonces Kelly llevaba un minúsculo bikini de color turquesa y una sonrisa avergonzada... Pero no quería pensar en eso, de modo que volvió al presente.
—¡Chicos! —su voz era como chocolate derretido con un poco de canela, suave con un toque de especias—. No os subáis a la verja, ya sabéis que es peligroso. Joe se sintió absurdamente decepcionado. Cuatro años antes, demi_ hubiera salido corriendo por el patio con el entusiasmo de un cachorro para echarse en sus brazos. Y que estuviera mirándolo como si hubiera escapado de una reserva de tigres lo ponía aún más tenso. Alekos miró al niño más cercano, la necesidad de información desatando su lengua.
—¿Es vuestra profesora?
—Sí, es nuestra profesora —a pesar de la advertencia de demi, el chico puso una rodilla en la pared e intentó apoyarse en la verja—. No parece muy estricta, pero si haces algo malo... ¡zas!
—¿Os pega?
—¿Qué? —el chaval soltó una carcajada—. La señorita demi_ no mataría una mosca. Las atrapa con un vaso para sacarlas de la clase. Ni siquiera nos grita.
—Pero eso de «zas»...
—La señorita demi te aplasta con una sola mirada —el chico se encogió de hombros—. Te hace sentir mal si has hecho algo malo, como si la hubieras decepcionado. Pero nunca le haría daño a nadie. No es nada violenta.
La señorita demi_. De modo que no se había casado. Y no había tenido los cuatro hijos que quería tener. Sólo ahora que la pregunta estaba contestada reconoció que había pensado en esa posibilidad. demi cruzó el patio como si una cuerda invisible tirase de ella. Era evidente que, si tuviera oportunidad, saldría corriendo en dirección contraria.
—Freddie, Kyle, Colin, alejaos de la verja. Los tres chicos empezaron a hablar a la vez y Joseph notó que demi_ contestaba uno a uno en lugar de mandarlos callar como harían la mayoría de los adultos.
Y era evidente que los niños la adoraban.
—¿Ha visto el coche, señorita demi? Yo sólo lo había visto en las revistas.
—Sólo es un coche, cuatro ruedas y un motor —demi se volvió por fin hacia él—. ¿Querías algo? Nunca había sido capaz de esconder sus sentimientos, pensó Joe. Estaba horrorizada de verlo y eso lo sacaba de quicio.
—¿Te sientes culpable, agapi mu?
—¿Culpable?
—No pareces contenta de verme y me pregunto por qué. Dos manchas rojas aparecieron en sus mejillas y, de repente, sus ojos se volvieron sospechosamente brillantes.
—No tengo nada que decirte y no sé por qué debería alegrarme de verte. Joseph se había olvidado del anillo y estaba pensando en otra cosa completamente diferente. Algo peligroso, ardiente y primitivo que sólo le ocurría cuando estaba con ella. Cuando sus ojos se encontraron, supo que demi estaba pensando lo mismo. Pero enseguida apartó la mirada, sus mejillas ardiendo. Lo trataba como si no supiera por qué estaba allí, como si no se conocieran íntimamente. Como si no hubiera un centímetro de su cuerpo que él no hubiese besado.
—¿Es su novio, señorita? —preguntó uno de los niños.
—Freddie Harrison, ésa es una pregunta muy inapropiada —demi_ empujó suavemente a los niños hacia el patio—. Se llama Joseph Jonas y no es mi novio. Sólo es una persona a la que conocí hace mucho tiempo.
—¿Un amigo, señorita?
—Sí... bueno, un amigo.
—¡La señorita demi tiene novio, la señorita demi tiene novio! —empezaron a canturrear los chicos.
—Amigo y novio son dos cosas muy diferentes, Freddie.
—Si es un novio se acuestan juntos, tonto —dijo otro de los chicos.
—Señorita, Colin ha dicho una palabrota y me ha llamado tonto. ¡Y usted dice que no se puede llamar tonto a nadie! demi_ lidió con el asunto con gran habilidad, enviándolos de vuelta al patio antes de volverse hacia Joe, mirando un momento por encima de su hombro para comprobar que no la escuchaba nadie.
—No puedo creer que hayas tenido la cara de volver después de cuatro años —le espetó, temblando—. ¿Cómo puedes ser tan insensible? Si no fuera porque los niños están mirando te daría un puñetazo. Pero seguramente ésa es la razón por la que has venido aquí en lugar de intentar verme en privado: te da miedo que te haga daño. ¿Qué haces aquí?
—Tú sabes por qué estoy aquí. Y tú nunca le has pegado a nadie en toda tu vida, no te hagas la dura. Era una de las cosas que lo había atraído de ella. Su dulzura había sido el antídoto al implacable mundo de los negocios en que vivía.
—Hay una primera vez para todo —demi se llevó una mano al pecho, como si quisiera comprobar que su corazón seguía latiendo—. Di lo que tengas que decir y márchate.
Distraído por la presión de sus pechos contra la sencilla blusa, Joe frunció el ceño. La llevaba abrochada hasta el cuello como una profesora victoriana. No había nada, absolutamente nada en su atuendo que pudiera explicar la volcánica respuesta de su libido. Furioso consigo mismo y con ella, su tono fue más brusco de lo que pretendía:
—No juegues conmigo porque los dos sabemos que no puedes ganar. Te comería como desayuno. Fue una analogía inapropiada y en cuanto hubo dicho la frase en su mente apareció una imagen de ella desnuda sobre su cama, el desayuno olvidado... Y el color de sus mejillas le dijo que demi_ estaba recordando, la misma escena.
—Tú no tomas desayuno —dijo con voz ronca—. Sólo tomas ese café griego tan fuerte. Y no estoy jugando contigo. Tú no juegas con las mismas reglas que el resto del mundo. Tú... tú eres un canalla. Joe la miró a los ojos y se dio cuenta de que estaba diciendo la verdad, no sabía por qué estaba allí. No sabía que era él quien había comprado el anillo. Pasándose una mano por el pelo, murmuró algo en griego. Eso era lo que pasaba cuando olvidaba que demi lovato no pensaba como el resto de la gente. Su habilidad para pensar más rápido que los demás, para adelantarse e imaginar segundas intenciones le había ayudado mucho en su negocio, pero con demi_ era una habilidad que nunca le sirvió de nada. Ella no pensaba como otras mujeres y siempre lo sorprendía, como estaba sorprendiéndolo en aquel momento. Pero al ver que tenía los ojos empañados contuvo el aliento. No había vendido el anillo para enviarle un mensaje, lo había vendido porque él le había hecho daño. En ese momento, Joe supo que había cometido un grave error. No debería haber ido allí en persona. No había sido fácil para él y no era justo para ella.
—Tienes cuatro millones de dólares en tu cuenta corriente —le dijo, para terminar con aquello lo antes posible. Y, de inmediato, vio un brillo de sorpresa en sus ojos azules—. He venido a buscar mi anillo.
domingo, 2 de febrero de 2014
9 months ♥ ♥ - Capitulo 2 - jemi en español
Capitulo 2
—demi_*, te doy treinta segundos para que digas algo o
te tiro un cubo de agua fría por la cabeza. demi_ respiró profundamente y lo
intentó de nuevo:
—He vendido...
-¿Qué has vendido? —la animó Vivien.
-El anillo.
—Ah, por fin hacemos algún progreso. Has vendido un anillo. ¿Qué anillo? —los ojos de Viv se iluminaron de repente—. Caray, ¿no habrás vendido el anillo? demi_ asintió con la cabeza, intentando respirar de nuevo.
-He vendido el anillo... en eBay. Se había mareado y sabía que estaría tirada en el suelo, desmayada, si no estuviera sentada.
—Muy bien, de acuerdo. Entiendo que estés nerviosa. Llevabas cuatro años llevando ese anillo al cuello... demasiado tiempo probablemente dado que el canalla que te lo regaló no se molestó en aparecer el día de la boda —asintió Vivien—. Pero por fin has visto la luz y lo has vendido, no pasa nada. No hay razón para ponerse enferma. Estás pálida como un muerto y yo no sé nada de primeros auxilios. Cerraba los ojos en las clases porque me da asco la sangre, así que no te pongas peor.—Vivien... -¿Qué hago, te doy una bofetada? ¿Te levanto las piernas para que te llegue la sangre a la cabeza? Dime qué tengo que hacer. Sé que esto te ha traumatizado, pero han pasado cuatro años, por favor. demi_ tragó saliva, apretando la mano de su amiga.
—Lo he vendido.
—Que sí, que sí, que has vendido el anillo, ya lo sé. Olvídate del asunto y sigue adelante con tu vida... sal por ahí y acuéstate con un extraño para celebrarlo. Tú no quieres creerlo, pero te aseguro que tu novio griego no es el único hombre en la Tierra.
-Por cuatro millones de dólares.
—O podríamos abrir una botella de champán y... ¿qué has dicho? —Vivien se dejó caer al suelo—. Por un momento, me había parecido escuchar cuatro millones de dólares.
—Cuatro millones —repitió demi_—. Vivien, no me encuentro bien.
-Yo tampoco me encuentro bien, pero no podemos desmayarnos las dos. Podríamos darnos un golpe en la cabeza y encontrarían nuestros cadáveres descompuestos dentro de una semana... o no nos encontrarían nunca porque tu /////********//////******="font-family: verdana, geneva; line-height: normal;">casa siempre está como una leonera.
—Viv sacudió la cabeza, incrédula—. Seguro que ni siquiera has hecho testamento. Yo sólo tengo una bolsa llena de ropa sucia y un montón de facturas y tú tienes cuatro millones de dólares. Cuatro millones. Dios mío, nunca había tenido una amiga rica. Ahora soy yo la que necesita respirar —tomando una bolsa de papel del suelo, sacó las dos manzanas que había dentro y metió la cara en ella, respirando ruidosmente... demi__ se miró las manos, preguntándose si dejarían de temblar si se sentaba sobre ellas. Le temblaban desde que encendió el ordenador y vio la oferta final.
—Tengo que... calmarme. Y tengo que revisar los exámenes de lengua antes de mañana. Vivien se quitó la bolsa de la cara.
—No digas tonterías. No tendrás que volver a dar clases en toda tu vida. Puedes dedicarte a vivir como una reina a partir de ahora. Ve al colegio mañana, presenta la renuncia y vete a un spa. ¡Podrías estar diez años en un spa!
-Yo no haría eso, me encanta ser profesora. Cuando llegan las vacaciones estoy deseando que terminen para volver a clase—Ya, ya... —Me encantan los niños. Son lo más parecido a una familia que voy a tener nunca.
—Por el amor de Dios, demi_, tienes veintitrés años, no ochenta. Además, ahora eres rica, los hombres harán cola para dejarte embarazada. demi__ hizo una mueca.
—Tú no sabes lo que es el romanticismo, ¿verdad?
—Soy realista. Ya sé que te encantan los niños y me parece muy raro. A mí me gustaría retorcerles el pescuezo... tal vez deberías darme a mí el dinero y yo presentaré la renuncia. ¡Cuatro millones de dólares! ¿Cómo es posible que no supieras que valía tanto?
-No lo pregunté. El anillo era especial porque me lo había regalado él, no por su valor material. No se me ocurrió que pudiera ser tan caro.
—Tienes que ser práctica además de romántica. Puede que él fuera un canalla, pero al menos no era un canalla tacaño —Vivien clavó los dientes en una manzana—. Cuando me dijiste que era griego pensé que sería camarero o algo así. demi se puso colorada. No le gustaba hablar de ello porque le recordaba lo tonta que había sido. Y lo ingenua.
-No era camarero —murmuró, cubriéndose la cara con las manos—. No quiero ni pensar en ello. ¿Cómo pude imaginar que iba a salir bien? Él era un hombre súper inteligente, súper sofisticado, súper rico. Yo no soy súper nada.
-Sí lo eres —objetó Vivien, siempre tan leal—. Tú eres súper desordenada, súper despistada y... —Cállate, anda. No necesito saber las razones por las que no salió bien —demi se preguntaba cómo podía seguir doliéndole tanto después de cuatro años—. Me gustaría encontrar una razón por la que podría haber salido bien.
Vivien dio otro mordisco a la manzana, pensativa. -Tienes unos súper pechos. demi____ se cubrió el pecho con los brazos.
—Gracias —murmuró, sin saber si reír o llorar.
—De nada. Bueno, ¿y de dónde saca su dinero tu súper ex novio?
—Tiene una naviera... una grande, con muchísimos barcos.
—No me lo digas, súper barcos. ¿Por qué no me lo habías contado antes? —Vivien sacudió la cabeza—. O sea, que es millonario, ¿no? -He leído en algún sitio que es multimillonario.—Ah, bueno, ¿qué importancia tienen unos cuantos millones entre amigos? Pero entonces, y no te lo tomes a mal, ¿cómo os conocisteis? Yo llevo viviendo los mismos años que tú y nunca he conocido a un millonario. Y mucho menos a un multimillonario. Podrías darme algún consejo.
—Cuando terminé la carrera me fui de vacaciones a Corfú, en Grecia. Sin darme cuenta entré en una playa privada, pero yo no sabía que lo fuera. Me había dejado la guía en el hotel y estaba mirando aquel paisaje maravilloso, no los carteles —demi_ dejó escapar un suspiro—. ¿Podemos hablar de otra cosa? Ése no es mi tema favorito.
-Sí, claro. Podemos hablar de qué vas a hacer con cuatro millones de dólares.
—Ah, por fin hacemos algún progreso. Has vendido un anillo. ¿Qué anillo? —los ojos de Viv se iluminaron de repente—. Caray, ¿no habrás vendido el anillo? demi_ asintió con la cabeza, intentando respirar de nuevo.
-He vendido el anillo... en eBay. Se había mareado y sabía que estaría tirada en el suelo, desmayada, si no estuviera sentada.
—Muy bien, de acuerdo. Entiendo que estés nerviosa. Llevabas cuatro años llevando ese anillo al cuello... demasiado tiempo probablemente dado que el canalla que te lo regaló no se molestó en aparecer el día de la boda —asintió Vivien—. Pero por fin has visto la luz y lo has vendido, no pasa nada. No hay razón para ponerse enferma. Estás pálida como un muerto y yo no sé nada de primeros auxilios. Cerraba los ojos en las clases porque me da asco la sangre, así que no te pongas peor.—Vivien... -¿Qué hago, te doy una bofetada? ¿Te levanto las piernas para que te llegue la sangre a la cabeza? Dime qué tengo que hacer. Sé que esto te ha traumatizado, pero han pasado cuatro años, por favor. demi_ tragó saliva, apretando la mano de su amiga.
—Lo he vendido.
—Que sí, que sí, que has vendido el anillo, ya lo sé. Olvídate del asunto y sigue adelante con tu vida... sal por ahí y acuéstate con un extraño para celebrarlo. Tú no quieres creerlo, pero te aseguro que tu novio griego no es el único hombre en la Tierra.
-Por cuatro millones de dólares.
—O podríamos abrir una botella de champán y... ¿qué has dicho? —Vivien se dejó caer al suelo—. Por un momento, me había parecido escuchar cuatro millones de dólares.
—Cuatro millones —repitió demi_—. Vivien, no me encuentro bien.
-Yo tampoco me encuentro bien, pero no podemos desmayarnos las dos. Podríamos darnos un golpe en la cabeza y encontrarían nuestros cadáveres descompuestos dentro de una semana... o no nos encontrarían nunca porque tu /////********//////******="font-family: verdana, geneva; line-height: normal;">casa siempre está como una leonera.
—Viv sacudió la cabeza, incrédula—. Seguro que ni siquiera has hecho testamento. Yo sólo tengo una bolsa llena de ropa sucia y un montón de facturas y tú tienes cuatro millones de dólares. Cuatro millones. Dios mío, nunca había tenido una amiga rica. Ahora soy yo la que necesita respirar —tomando una bolsa de papel del suelo, sacó las dos manzanas que había dentro y metió la cara en ella, respirando ruidosmente... demi__ se miró las manos, preguntándose si dejarían de temblar si se sentaba sobre ellas. Le temblaban desde que encendió el ordenador y vio la oferta final.
—Tengo que... calmarme. Y tengo que revisar los exámenes de lengua antes de mañana. Vivien se quitó la bolsa de la cara.
—No digas tonterías. No tendrás que volver a dar clases en toda tu vida. Puedes dedicarte a vivir como una reina a partir de ahora. Ve al colegio mañana, presenta la renuncia y vete a un spa. ¡Podrías estar diez años en un spa!
-Yo no haría eso, me encanta ser profesora. Cuando llegan las vacaciones estoy deseando que terminen para volver a clase—Ya, ya... —Me encantan los niños. Son lo más parecido a una familia que voy a tener nunca.
—Por el amor de Dios, demi_, tienes veintitrés años, no ochenta. Además, ahora eres rica, los hombres harán cola para dejarte embarazada. demi__ hizo una mueca.
—Tú no sabes lo que es el romanticismo, ¿verdad?
—Soy realista. Ya sé que te encantan los niños y me parece muy raro. A mí me gustaría retorcerles el pescuezo... tal vez deberías darme a mí el dinero y yo presentaré la renuncia. ¡Cuatro millones de dólares! ¿Cómo es posible que no supieras que valía tanto?
-No lo pregunté. El anillo era especial porque me lo había regalado él, no por su valor material. No se me ocurrió que pudiera ser tan caro.
—Tienes que ser práctica además de romántica. Puede que él fuera un canalla, pero al menos no era un canalla tacaño —Vivien clavó los dientes en una manzana—. Cuando me dijiste que era griego pensé que sería camarero o algo así. demi se puso colorada. No le gustaba hablar de ello porque le recordaba lo tonta que había sido. Y lo ingenua.
-No era camarero —murmuró, cubriéndose la cara con las manos—. No quiero ni pensar en ello. ¿Cómo pude imaginar que iba a salir bien? Él era un hombre súper inteligente, súper sofisticado, súper rico. Yo no soy súper nada.
-Sí lo eres —objetó Vivien, siempre tan leal—. Tú eres súper desordenada, súper despistada y... —Cállate, anda. No necesito saber las razones por las que no salió bien —demi se preguntaba cómo podía seguir doliéndole tanto después de cuatro años—. Me gustaría encontrar una razón por la que podría haber salido bien.
Vivien dio otro mordisco a la manzana, pensativa. -Tienes unos súper pechos. demi____ se cubrió el pecho con los brazos.
—Gracias —murmuró, sin saber si reír o llorar.
—De nada. Bueno, ¿y de dónde saca su dinero tu súper ex novio?
—Tiene una naviera... una grande, con muchísimos barcos.
—No me lo digas, súper barcos. ¿Por qué no me lo habías contado antes? —Vivien sacudió la cabeza—. O sea, que es millonario, ¿no? -He leído en algún sitio que es multimillonario.—Ah, bueno, ¿qué importancia tienen unos cuantos millones entre amigos? Pero entonces, y no te lo tomes a mal, ¿cómo os conocisteis? Yo llevo viviendo los mismos años que tú y nunca he conocido a un millonario. Y mucho menos a un multimillonario. Podrías darme algún consejo.
—Cuando terminé la carrera me fui de vacaciones a Corfú, en Grecia. Sin darme cuenta entré en una playa privada, pero yo no sabía que lo fuera. Me había dejado la guía en el hotel y estaba mirando aquel paisaje maravilloso, no los carteles —demi_ dejó escapar un suspiro—. ¿Podemos hablar de otra cosa? Ése no es mi tema favorito.
-Sí, claro. Podemos hablar de qué vas a hacer con cuatro millones de dólares.
-No lo sé —demi__ se encogió de hombros—. ¿Pagar a un psiquiatra para que me cure del shock?
—¿Quién ha comprado el anillo?
-No lo sé, alguien con mucho dinero evidentemente. Vivien la miró, exasperada.
—¿Y cuándo tienes que entregarlo?
-Una chica me ha enviado un mensaje diciendo que vendrían a buscarlo en persona mañana. Y le he dado la dirección del colegio por si acaso eran gente rara —demi____ tocó el anillo, que llevaba en una cadenita al cuello bajo la blusa, y Vivien suspiró.
-Nunca te lo quitas. Incluso duermes con él puesto.
-Porque soy muy desordenada y me da miedo perderlo.
—Déjate de excusas. Ya sé que eres desordenada, pero llevas el anillo porque sigues enamorada de él. Has seguido enamorada de él estos cuatro años. ¿Por qué decidiste vender el anillo de repente, demi? ¿Qué ha pasado? Esta última semana has estado muy rara.
-Vi fotografías de él con otra mujer. Rubia, delgadísima, ya sabes a qué me refiero. La clase de mujer que hace que una quiera dejar de comer para siempre... hasta que te das cuenta de que incluso dejando de comer nunca tendrías ese aspecto —demi suspiró—. Y pensé que conservar el anillo estaba evitando que rehiciera mi vida. Es una locura, yo estoy loca.
-No, ya no. Por fin has recuperado la cordura —Vivien se apartó el pelo de los ojos con un gesto dramático
—. Tú sabes lo que esto significa, ¿verdad?
—¿Que tengo que olvidarme de él para siempre?
-No, que se terminó lo de comer pasta barata. Esta noche vamos a pedir una pizza que lleve de todo y vas a pagar tú. ¡Yupi! —exclamó su amiga, levantando el teléfono—. ¡Vamos a darnos la gran vida!
sábado, 1 de febrero de 2014
9 months ♥ ♥ - Capitulo 1 - jemi en español
9 months
Capitulo 1:
El lujoso Ferrari despertaba miradas de curiosidad en
el tranquilo pueblecito inglés de Little Molting, pero para la profesora
demi lovato sólo significaba una cosa: Joseph Jonas había vuelto a su vida.
Cuatro años antes, con el ramo de novia en la mano, demi supo que su guapísimo
prometido griego no iba a reunirse con ella en el altar. Ahora él había
vuelto para exigir lo que era suyo.
-¡ME DA IGUAL que esté en medio de una conferencia, esto es urgente! Joseph levantó la mirada cuando Dimitri, el director jurídico de la naviera Jonas,entró en su despacho con un montón de papeles en la mano y el rostro de color escarlata
—Tengo que colgar —Joseph interrumpió la conferencia con su equipo en Nueva York y Londres—. Como no te he visto correr en los diez años que llevas traba- jando para mí, imagino que traes malas noticias. ¿Se ha hundido un carguero?
—Rápido, conéctate a Internet —el normalmente tranquilo Dimitri recorrió el espacio que los separaba en dos zancadas, chocó contra el escritorio y tiró los papeles por el suelo.
—Ya estoy conectado —intrigado, Joe miró la pantalla—. ¿Qué se supone que debo buscar?
—Ve a eBay —le pidió Dimitri, con voz estrangulada—. Ahora mismo. Tenemos tres minutos para ofertar. Joe no perdió el tiempo diciendo que hacer ofertas por Internet no solía formar parte de su jornada de trabajo. En lugar de eso, accedió a la página y miró a su abogado con expresión interrogante.
—Escribe «diamantes»... grandes diamantes blancos. Joe tuvo una premonición. Pero no, no podía ser. No podía haberlo hecho. Pero cuando la página de eBay apareció en la pantalla masculló una maldición en griego mientras Dimitri se dejaba caer sobre una silla.
—¿Me he vuelto loco o el diamante Jonas está siendo vendido en eBay? Alekos asintió con la cabeza. Ver ese anillo lo hacía pensar en ella y pensar en ella desataba una reacción en cadena que lo sorprendió por su intensidad. Incluso después de tantos años de ausencia, demi podía hacerle eso, pensó.
-Es el diamante Jonas, sí. ¿Seguro que es ella quien lo vende?
-Eso parece. Si hubiera estado antes en el mercado nos lo habrían notificado. Tengo un equipo de gente investigando ahora mismo, pero la oferta ya ha llegado al millón de dólares. ¿Por qué eBay? —inclinándose, Dmitri reunió los papeles que había dejado caer al suelo—. ¿Por qué no Christie's o Sotheby's o alguna de las famosas casas de subastas? Es una decisión muy extraña.
-No es extraña —con la mirada fija en la pantalla, Joe sonrió—. Es justo lo que haría ella. Demi nunca iría a Christie' s o Sotheby's. Que fuese una persona tan normal era algo que siempre le había parecido encantador. No era pretenciosa, un atributo raro en el mundo falso en el que vivía.
—Bueno, da igual —Dimitri tiró de su corbata como si lo estuviera estrangulando—. Si la oferta ha llegado al millón de dólares hay muchas posibilidades de que alguien sepa que se trata del diamante Jonas. ¡Tenemos que detenerla! ¿Por qué lo hace? ¿Por qué no lo hizo hace cuatro años? Entonces tenía razones para odiarte. Joe se echó hacia atrás en el sillón, considerando la pregunta. Y cuando habló, lo hizo en voz baja: —Ha visto las fotografías.
—¿De Marianna y tú ,en el baile benéfico? ¿Crees que habrá oído rumores de que vuestra relación es seria? Joe miró la pantalla.
—Sí.
El anillo lo decía todo. Su presencia en la pantalla decía: «esto es lo que pienso de lo que hubo entre nosotros». Era el equivalente a tirar el diamante al río, pero mucho más efectivo. Estaba vendiéndolo al mejor postor de la manera más pública posible y el mensaje era claro: «este anillo no significa nada para mí». «Nuestra relación no significa nada». Estaba furiosa. Joe se levantó abruptamente, pensando que eso dejaba claro que había hecho lo que debía. Marianna Konstantin jamás haría algo tan vulgar como vender un anillo en eBay. Era demasiado discreta y educada como para eso. Siempre impecable, era una chica callada y discreta. Y, sobre todo, no quería casarse. Luego volvió a mirar el anillo en la pantalla, imaginando la emoción que había detrás de esa venta. No había nada contenido. La mujer que vendía el anillo entregaba libremente sus emociones. Recordando lo «libremente» que lo hacía, Joe tuvo que apretar los labios. Sería bueno, pensó, romper ese último lazo entre ellos. Y aquél era el momento.
—Oferta por él, Dimitri. Su abogado lo miró con cara de sorpresa. -¿Ofertar? ¿Cómo? Hace falta tener una cuenta en eBay y no hay tiempo para eso.
-Necesitamos un universitario —Joe pulsó el botón del intercomunicador—. Dile a Eleni que venga ahora mismo. De inmediato, sin perder un minuto. Unos segundos después, la secretaria más joven del equipo apareció en el despacho.
-¿Quería hablar conmigo, señor Jonas?
—¿Tienes una cuenta en eBay? Sorprendida por la pregunta, la chica tragó saliva.
-Pues sí... -Necesito que ofertes por algo —sin dejar de mirar la pantalla, Joe le hizo un gesto para que se acercase. Dos minutos, tenía dos minutos para ofertar por el diamante, para recuperar algo que nunca debería haber dejado de ser suyo—. Entra en tu cuenta y haz lo que tengas que hacer para ofertar.
—Ahora mismo —nerviosa, la chica se sentó en el sillón y escribió su contraseña. Pero le temblaban las manos de tal modo que la escribió mal y tuvo que volver a hacerlo.
—Tómate tu tiempo, tranquila —Joseph miró a Dimitri, que parecía a punto de sufrir un infarto. Por fin, Eleni escribió la contraseña correcta y sonrió, aliviada.
—¿Por cuánto dinero debo ofertar?
—Dos millones de dólares. La chica dejó escapar un gemido.
-¿Cuánto ha dicho?
-Dos millones —Joe observó el reloj que llevaba la cuenta atrás. Dos minutos, tenían dos minutos para ofertar
—. Hazlo ahora mismo.
—Pero el límite de mi tarjeta de crédito son quinientas libras. No puedo...
—Pero yo sí y soy yo quien va a comprarlo —Joe se dio cuenta de que la chica estaba muy pálida
—. No te desmayes. Si te desmayas no podrás ofertar. Dimitri, como director jurídico de la empresa, será testigo de este acuerdo. No tendrás ningún problema, no te preocupes. Tenemos treinta segundos y esto es muy importante para mí. Hazlo, por favor.
—Sí, claro... lo siento —con manos temblorosas, Eleni escribió la cantidad en la casilla adecuada—. Ahora soy... o sea, usted es quien más ha ofertado. Joe levantó una ceja.
—¿Está hecho entonces?
—Mientras nadie haga una oferta más alta en el último segundo... Joe, que no quería arriesgarse, buscó la casilla de oferta y escribió cuatro millones de dólares. Cinco segundos después, el anillo era suyo y estaba sirviéndole un vaso de agua a la pobre Eleni.
—Estoy impresionado. Respondes bien bajo presión y has hecho lo que tenías que hacer. No lo olvidaré, Eleni. Y ahora dime dónde tengo que enviar el dinero. ¿El vendedor da su nombre y su dirección? Tenía que decidir si hacía aquello en persona o lo ponía en manos de sus abogados. Sus abogados, le decía el sentido común. Por la misma razón por la que no había intentado encontrarla en esos cuatro años.
—Puede enviar por e-?mail las preguntas que quiera —dijo Eleni, mirando el diamante en la pantalla—. Es un anillo precioso, por cierto. Muy romántico. Joe no se molestó en desilusionarla. ¿Había sido él romántico alguna vez? Si ser romántico consistía en tener un impulsivo y vertiginoso romance con alguien, entonces sí lo era. Una vez. O tal vez «cegado por el deseo» sería una mejor manera de describirlo. Afortunadamente, había recuperado a tiempo el sentido común. Y desde entonces había tratado las relaciones sentimentales como si fueran acuerdos comerciales... como su relación con Marianna. Era mucho más sensato. No sentía el menor deseo de entenderla y Marianna no había mostrado la menor intención de entenderlo a él. •-Eso era mucho mejor que una chica que se te metía en la piel y te volvía loco. Joe miró hacia la ventana mientras Dimitri sacaba a Eleni del despacho, prometiendo lidiar con el aspecto financiero de la transacción más tarde. Su abogado cerró la puerta y se volvió hacia él.
—Haré que transfieran el dinero y recojan el anillo.
—No —empujado por algo que prefería no analizar, Joe metió una mano en el bolsillo de la chaqueta—. No quiero ese anillo en las manos de nadie. Iré a buscarlo yo mismo.
—¿En persona? —exclamó Dmitri—. No has visto a esa chica en cuatro años porque decidiste que era mejor no volver a verla nunca. ¿Tú crees que es buena idea?
—Yo siempre tengo buenas ideas. Tenía que terminar con aquello para siempre, pensó mientras se dirigía a la puerta. Le daría el dinero, se llevaría el anillo y seguiría adelante con su vida como si no hubiera pasado nada. ***
—Respira, respira, respira. Pon la cabeza entre las rodillas... eso es. No vas a desmayarte. Muy bien, muy bien. Y ahora, intenta decirme qué ha pasado. demi_ intentó hablar, pero ningún sonido salía de su garganta y se preguntó si sería posible quedarse muda de una sorpresa. Su amiga la miró, exasperada.
-¡ME DA IGUAL que esté en medio de una conferencia, esto es urgente! Joseph levantó la mirada cuando Dimitri, el director jurídico de la naviera Jonas,entró en su despacho con un montón de papeles en la mano y el rostro de color escarlata
—Tengo que colgar —Joseph interrumpió la conferencia con su equipo en Nueva York y Londres—. Como no te he visto correr en los diez años que llevas traba- jando para mí, imagino que traes malas noticias. ¿Se ha hundido un carguero?
—Rápido, conéctate a Internet —el normalmente tranquilo Dimitri recorrió el espacio que los separaba en dos zancadas, chocó contra el escritorio y tiró los papeles por el suelo.
—Ya estoy conectado —intrigado, Joe miró la pantalla—. ¿Qué se supone que debo buscar?
—Ve a eBay —le pidió Dimitri, con voz estrangulada—. Ahora mismo. Tenemos tres minutos para ofertar. Joe no perdió el tiempo diciendo que hacer ofertas por Internet no solía formar parte de su jornada de trabajo. En lugar de eso, accedió a la página y miró a su abogado con expresión interrogante.
—Escribe «diamantes»... grandes diamantes blancos. Joe tuvo una premonición. Pero no, no podía ser. No podía haberlo hecho. Pero cuando la página de eBay apareció en la pantalla masculló una maldición en griego mientras Dimitri se dejaba caer sobre una silla.
—¿Me he vuelto loco o el diamante Jonas está siendo vendido en eBay? Alekos asintió con la cabeza. Ver ese anillo lo hacía pensar en ella y pensar en ella desataba una reacción en cadena que lo sorprendió por su intensidad. Incluso después de tantos años de ausencia, demi podía hacerle eso, pensó.
-Es el diamante Jonas, sí. ¿Seguro que es ella quien lo vende?
-Eso parece. Si hubiera estado antes en el mercado nos lo habrían notificado. Tengo un equipo de gente investigando ahora mismo, pero la oferta ya ha llegado al millón de dólares. ¿Por qué eBay? —inclinándose, Dmitri reunió los papeles que había dejado caer al suelo—. ¿Por qué no Christie's o Sotheby's o alguna de las famosas casas de subastas? Es una decisión muy extraña.
-No es extraña —con la mirada fija en la pantalla, Joe sonrió—. Es justo lo que haría ella. Demi nunca iría a Christie' s o Sotheby's. Que fuese una persona tan normal era algo que siempre le había parecido encantador. No era pretenciosa, un atributo raro en el mundo falso en el que vivía.
—Bueno, da igual —Dimitri tiró de su corbata como si lo estuviera estrangulando—. Si la oferta ha llegado al millón de dólares hay muchas posibilidades de que alguien sepa que se trata del diamante Jonas. ¡Tenemos que detenerla! ¿Por qué lo hace? ¿Por qué no lo hizo hace cuatro años? Entonces tenía razones para odiarte. Joe se echó hacia atrás en el sillón, considerando la pregunta. Y cuando habló, lo hizo en voz baja: —Ha visto las fotografías.
—¿De Marianna y tú ,en el baile benéfico? ¿Crees que habrá oído rumores de que vuestra relación es seria? Joe miró la pantalla.
—Sí.
El anillo lo decía todo. Su presencia en la pantalla decía: «esto es lo que pienso de lo que hubo entre nosotros». Era el equivalente a tirar el diamante al río, pero mucho más efectivo. Estaba vendiéndolo al mejor postor de la manera más pública posible y el mensaje era claro: «este anillo no significa nada para mí». «Nuestra relación no significa nada». Estaba furiosa. Joe se levantó abruptamente, pensando que eso dejaba claro que había hecho lo que debía. Marianna Konstantin jamás haría algo tan vulgar como vender un anillo en eBay. Era demasiado discreta y educada como para eso. Siempre impecable, era una chica callada y discreta. Y, sobre todo, no quería casarse. Luego volvió a mirar el anillo en la pantalla, imaginando la emoción que había detrás de esa venta. No había nada contenido. La mujer que vendía el anillo entregaba libremente sus emociones. Recordando lo «libremente» que lo hacía, Joe tuvo que apretar los labios. Sería bueno, pensó, romper ese último lazo entre ellos. Y aquél era el momento.
—Oferta por él, Dimitri. Su abogado lo miró con cara de sorpresa. -¿Ofertar? ¿Cómo? Hace falta tener una cuenta en eBay y no hay tiempo para eso.
-Necesitamos un universitario —Joe pulsó el botón del intercomunicador—. Dile a Eleni que venga ahora mismo. De inmediato, sin perder un minuto. Unos segundos después, la secretaria más joven del equipo apareció en el despacho.
-¿Quería hablar conmigo, señor Jonas?
—¿Tienes una cuenta en eBay? Sorprendida por la pregunta, la chica tragó saliva.
-Pues sí... -Necesito que ofertes por algo —sin dejar de mirar la pantalla, Joe le hizo un gesto para que se acercase. Dos minutos, tenía dos minutos para ofertar por el diamante, para recuperar algo que nunca debería haber dejado de ser suyo—. Entra en tu cuenta y haz lo que tengas que hacer para ofertar.
—Ahora mismo —nerviosa, la chica se sentó en el sillón y escribió su contraseña. Pero le temblaban las manos de tal modo que la escribió mal y tuvo que volver a hacerlo.
—Tómate tu tiempo, tranquila —Joseph miró a Dimitri, que parecía a punto de sufrir un infarto. Por fin, Eleni escribió la contraseña correcta y sonrió, aliviada.
—¿Por cuánto dinero debo ofertar?
—Dos millones de dólares. La chica dejó escapar un gemido.
-¿Cuánto ha dicho?
-Dos millones —Joe observó el reloj que llevaba la cuenta atrás. Dos minutos, tenían dos minutos para ofertar
—. Hazlo ahora mismo.
—Pero el límite de mi tarjeta de crédito son quinientas libras. No puedo...
—Pero yo sí y soy yo quien va a comprarlo —Joe se dio cuenta de que la chica estaba muy pálida
—. No te desmayes. Si te desmayas no podrás ofertar. Dimitri, como director jurídico de la empresa, será testigo de este acuerdo. No tendrás ningún problema, no te preocupes. Tenemos treinta segundos y esto es muy importante para mí. Hazlo, por favor.
—Sí, claro... lo siento —con manos temblorosas, Eleni escribió la cantidad en la casilla adecuada—. Ahora soy... o sea, usted es quien más ha ofertado. Joe levantó una ceja.
—¿Está hecho entonces?
—Mientras nadie haga una oferta más alta en el último segundo... Joe, que no quería arriesgarse, buscó la casilla de oferta y escribió cuatro millones de dólares. Cinco segundos después, el anillo era suyo y estaba sirviéndole un vaso de agua a la pobre Eleni.
—Estoy impresionado. Respondes bien bajo presión y has hecho lo que tenías que hacer. No lo olvidaré, Eleni. Y ahora dime dónde tengo que enviar el dinero. ¿El vendedor da su nombre y su dirección? Tenía que decidir si hacía aquello en persona o lo ponía en manos de sus abogados. Sus abogados, le decía el sentido común. Por la misma razón por la que no había intentado encontrarla en esos cuatro años.
—Puede enviar por e-?mail las preguntas que quiera —dijo Eleni, mirando el diamante en la pantalla—. Es un anillo precioso, por cierto. Muy romántico. Joe no se molestó en desilusionarla. ¿Había sido él romántico alguna vez? Si ser romántico consistía en tener un impulsivo y vertiginoso romance con alguien, entonces sí lo era. Una vez. O tal vez «cegado por el deseo» sería una mejor manera de describirlo. Afortunadamente, había recuperado a tiempo el sentido común. Y desde entonces había tratado las relaciones sentimentales como si fueran acuerdos comerciales... como su relación con Marianna. Era mucho más sensato. No sentía el menor deseo de entenderla y Marianna no había mostrado la menor intención de entenderlo a él. •-Eso era mucho mejor que una chica que se te metía en la piel y te volvía loco. Joe miró hacia la ventana mientras Dimitri sacaba a Eleni del despacho, prometiendo lidiar con el aspecto financiero de la transacción más tarde. Su abogado cerró la puerta y se volvió hacia él.
—Haré que transfieran el dinero y recojan el anillo.
—No —empujado por algo que prefería no analizar, Joe metió una mano en el bolsillo de la chaqueta—. No quiero ese anillo en las manos de nadie. Iré a buscarlo yo mismo.
—¿En persona? —exclamó Dmitri—. No has visto a esa chica en cuatro años porque decidiste que era mejor no volver a verla nunca. ¿Tú crees que es buena idea?
—Yo siempre tengo buenas ideas. Tenía que terminar con aquello para siempre, pensó mientras se dirigía a la puerta. Le daría el dinero, se llevaría el anillo y seguiría adelante con su vida como si no hubiera pasado nada. ***
—Respira, respira, respira. Pon la cabeza entre las rodillas... eso es. No vas a desmayarte. Muy bien, muy bien. Y ahora, intenta decirme qué ha pasado. demi_ intentó hablar, pero ningún sonido salía de su garganta y se preguntó si sería posible quedarse muda de una sorpresa. Su amiga la miró, exasperada.
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