Bienvenidos

Mi nombre es Yesennia ... subo adaptaciones jemi en youtube pero aveces como son largas lo subo a este blog este es mi canal http://www.youtube.com/channel/UC93vtXRXWvbXxe_1js_HRJg/videos?flow=grid&view=0 ...
/// Lovatica // Jonatica // nemi friendship// Jemi forever ///

domingo, 1 de noviembre de 2015

HELLO EVERYBODY!

Hola a todos!


No entro a este blog desde hace un año y tanto. Tengo que aclarar algunas cosas he leido algunos comentarios... escribo mas para aclarar las cosas.

1.Yo no escribia historias yo adaptaba historias por que me gustaban la pareja que hacían joe jonas y demi en la parte de mi bibliografia dice eso hasta tenia un canal en youtube por ellos.
2.Por lo de arriba es logico pero igual lo escribire ninguna novela publicada aqui es mia.
3.Deje este blog porque todo tiene una etapa y comencé la universidad y ya no tenia mucho tiempo mas que estudio medicina tiempo no tengo.
4.Si incomode a alguien con las publicaciones pues lo siento no fue mi culpa solo era por diversion y seguiria adaptando si tuviera tiempo porque me gusta leer.
5.A esa novela que dice love contract en el primer capitulo que puse en mi canal de youtube puse el link  de la pagina de la chica que escribio y ademas en el ultimo capitulo que publique en mi canal de youtube puse los links de los lugares que sacaba las historias.

Aclarando yo hice este blog porque en youtube no se podia escribir mucho en la caja que hay en los videos ya que yo publicaba ahi las historias ( que no son mias).

Si la autora esta amarga de la novela love contract por favor dejen su link para comunicarme con ella y escribirle.

Keep Calm and Smile.

pdt: No sabia que aun existia este blog entre hoy porque hare un blog diferente si aun hay seguidoras como los viejos tiempos comuniquense estaba pensando en algo de moda - musica  libros(pero no adaptaciones) ya que es mas facil escribir que adaptar novelas.

pdt 2: si quieren nombres de libros geniales avisenme o envienme un mensaje por twitter(loserlikeme96) en todo este tiempo he leido libros geniales que merecen ser adaptados o conocidos.


domingo, 20 de abril de 2014

I know - Jemi - One shot



One shot
 
1. Un favor.

El timbre que anuncia el final de la clase nunca le ha parecido a Demi tan oportuno. Un minuto más de la soporífera clase de historia del señor Jenkins y habría caído dormida.

Va a guardar los libros en la taquilla cuando llega él, Joe Jonas, Demi le siente antes de oírle.

-Demi  necesito un favor. – No saluda. Joe nunca saluda, va directo al grano, a lo que le interesa. Dem  no puede evitar que le tiemble la voz al preguntar:

-¿Qué favor?

-Me tienes que cubrir en física. He quedado con Grace.

A Demi  le da un vuelco el corazón. Grace. Su cita del día, que Joe tardará en olvidar el tiempo que tarde en bajarle las bragas, después, si te he visto no me acuerdo. Demi quiere gritarle lo mucho que le duele que se líe con otras y que encima ella tenga que cubrirle.

-¿No podrías quedar con tus chicas fuera del horario de clases? – un comentario sarcástico es mucho mejor que la verdad. Sobre todo si estás enamorada de tu mejor amigo en secreto desde hace años.

-¿Me cubrirás o no? – se impacienta Joe. Siempre lo hace cuando no le dan lo que quiere inmediatamente, cruza los brazos y ladea la cabeza. Demi se pregunta desde cuando le conoce tanto, decide que no quiere saber la respuesta.

-Claro. – Eso hacen los amigos, ¿no? Ayudarse cuando se necesitan, y Joe necesita que le cubra ante el profesor Banners para que pueda ir a algún rincón del patio a sobarse con Grace White.

Por supuesto tiene su pequeña compensación. Joe la abraza y le da un beso en la mejilla antes de irse. Con eso basta, ser su amiga y significar más para él que todas las chicas con las que se acuesta juntas, con eso basta. Casi siempre.

2. ¿Cómo te gusto?

La habitación de Joe esta siempre desordenada, revistas por aquí, ropa por allá, juegos de la play por todo…un caos. Como el propio Josh.

Y es difícil, muy difícil, estudiar con Joe. Porque con Joe estudiar nunca es sólo estudiar, cuando Joe estudia tiene que hacer un descanso cada quince minutos para comer algo y comentar en voz alta todo lo que lee, recalcando lo estúpido que le parece aprenderse cuando fue la revolución industrial o saber que es un complemento directo.

-¡No puedo más! – anuncia a media tarde. – Necesito salir de esta habitación.

-Has salido hace diez minutos, por nachos.

-¿Si? Pues vuelvo a tener hambre. – Para Demi  es un misterio como una persona es capaz de comer tanto y no engordar ni un gramo.


 – Oye, Demi…

-¿Hmm? – pregunta la chica sin levantar la mirada de su libro.

-¿Crees que debería cortarme el pelo?

Esta vez Demi si que le mira, asegurándose de que no es una broma, pero no, Joe está hablando en serio.

-Hombre, empiezas a llevarlo bastante largo – Demi  no quiere hacerlo, pero no puede evitar imaginar como sería hundir los dedos en su pelo y…aparta la vista.

-Es que hay chicas a las que les gusta así de largo. – Sigue Joe ajeno a los pensamientos de su amiga. Como siempre.

-Puedes hacer una encuesta.- Dice Demi  con ironía volviendo a mirar su libro. Aunque es incapaz de leer una sola palabra, lo único que ve es a Joe y su pelo y sus labios…

-¿Y tú? ¿Pelo largo o corto? ¿Cómo te gusto más, Demi?

Demi_ traga saliva y nota como va poniéndose roja, no tanto por la pregunta que podría ser perfectamente normal, sino por el tono y porque Joe se ha acercado demasiado. Ya no esta de pie mirándose en el espejo sino sentado, a su lado.

Por suerte o por desgracia en ese momento llegan Nick y Brad. El dúo dinámico, como los llaman en el instituto, los otros dos mejores amigos de Joe. Demi no suele hablar mucho con ellos por la sencilla razón de que no los soporta. Son como dos mundos diferentes: Demi y Joe . Nick, Brad y Joe.

-¡Hola! – gritan, se sientan, no piden permiso para pasar. ¿Para qué?

-Vaya – murmura Nick. – Tienes compañía- Luego le da un codazo a Brad y los dos se ríen maliciosamente, Demi sospecha que ambos saben desde hace tiempo, quien sabe cuanto, lo que siente por Joe.

-Chicos , les dije que vinierais a las seis. – Joe, en su mundo, no se da por aludido. Hay veces, como esa, en las que Demi_ le odia por ser tan… Joe.

-¿Y que hace la parejita? – pregunta Nick, con toda su mala leche (que no es poca) sentándose entre ellos.

Si a Demi le hicieran elegir, a base de dolorosa tortura y bajo amenaza de muerte, entre los dos, se queda con Brad. Nick es escandaloso y nada discreto, no conoce el significado de la palabra vergüenza. Brad también es así, pero no tanto, y se corta un poco cuando ella esta delante, sólo por eso es un poquito menos insoportable.

-Estábamos estudiando – responde Joe. Decir que estudiaban es ser optimistas pero Demi  prefiere no comentar nada.

Nick bufa y dice:

-¿Estudiar? ¡Qué aburridos son! -después se levanta y añade: - Veníamos a buscarte Joe. Hemos quedado con tres mamotas que…- no acaba la frase pero tampoco hace falta. Brad mira a Demi con cautela, como si esperara que se enfade por lo que ha dicho su amigo.

-Vale, en este cuarto empieza a haber demasiada testosterona para mi gusto. Nos vemos mañana, Joe. Adiós chicos.

Cuando sale le parece oír que Nick le dice a Joe:

-Joe, tú no eres más atontado porque no puedes.

3. Celos.

Wilmer Green es guapo. No es guapo como Joe que deja a las chicas sin respiración pero es mono. Y también simpático. Es la pareja de Demi en química y siempre es agradable pasar un rato con él.

Salen de clase juntos, hablando de todo un poco. Es fácil hablar con Wilmer. No hace que Demi se sonroje y tenga que estar ocultando lo que siente. Fácil, pero no es Joe.

Y hablando de Roma, el chico en cuestión se acerca.

-¿Nos dejas solos? Tengo que hablar con mi amiga – ah, sí. A Joe no le gusta Wilmer. Nunca se han llevado bien y no es culpa de Wilmer, que es un encanto, sino de Joe que no se molesta en ser amable con él. Ni con nadie.

-Claro. – dice Wilmer. – Hasta otra, Demi . Joe.- A veces, Demi cree que Wilmer le tiene algo de miedo a Joe. Comprensible si se tiene en cuenta como le trata.

-Que idiota – murmura Joe cuando Wilmer se ha ido - ¿Por qué hablas con ese idiota?

-Joe, por favor. – la advertencia es suave pero firme.

-Vale…Como quieras. – Cambia de tema - Necesito un favor.

-Eres increíble – Demi  no recuerda haber estado nunca tan enfadada con Joe. De repente, la invade una furia irracional hacia su mejor amigo de quien lleva años enamorada y que no parece darse cuenta de nada.

-¿Qué?

-Llamas idiota a cualquier persona con la que hable pero tú solo te acercas para pedirme que te cubra y así puedas ir a enrollarte con una de tus chicas. Pero oye, somos amigos y eso es lo que hacen los amigos. Yo te ayudo y tú desprecias a cualquiera que me hable que no seas tú.

-Demi...

-Nada de "Demi". Eres un egoísta…y yo una imbécil.
– Y con esas palabras Demi deja a Joe plantado en medio del pasillo del instituto.

4. ¿Me perdonas?

El día siguiente de la discusión, viernes, será recordado por Demi_ como uno de los peores de su vida. No ha hablado con Joe, ni siquiera le ha visto y vaya a donde vaya la acompañan los rumores. Han discutido. Ella estará celosa. Sólo son amigos. Por favor, ¿has visto cómo le mira?

Palabras envenenadas de cotillas y chismosos que no saben nada de ella pero se creen con el derecho a juzgarla.

Por la tarde a última hora Demi tiene filosofía, normalmente es su clase favorita, se sienta al lado de Joe y se ríen de lo que la pirada de la profesora Peterson dice, pero ese día, Joe no ha ido a clase y a Demi  le toca aguantar sola una hora de chorradas sin pies ni cabeza.

A la salida del instituto él esta allí. Apoyado en su moto y con su mejor cara de arrepentimiento, sólo con verle Demi  nota que parte de su enfado se esfuma, pero se obliga a recordar lo terriblemente egoísta y egocéntrico que Joe puede llegar a ser.

-¿Qué quieres? – pregunta en su tono más cortante cuando Joe se le acerca.

-¿Quieres que te lleve a casa?

-No, gracias. Prefiero ir andando.

-Demi…tienes que perdonarme – Demi sigue caminando sin mirarle.
– Por favor, te juro que no volveré a hablar de Green.

La chica suspira.

-¿Crees que ese es el problema? – dice parándose y girándose para encararlo.

-¿Qué iba a ser sino?

Claro, ¿qué iba a ser sino? Demi quiere decirle la verdad, que le quiere y que no soporta saber que esta con otras, quiere decirle que siempre ha soñado con estar con él y que cada vez que él le pide uno de sus favores tiene que aguantarse las lágrimas. Quiere decirle muchas cosas. Pero no dice ninguna, porque es una cobarde.

-Ya… ¿me prometes que no serás tan borde con Wilmer? ¿Y dejarás de insultarle?

Joe acepta a regañadientes y después, invita a Demi al cine para celebrar que se han amigado. Por un momento, Demi se siente como una de sus chicas. El momento pasa cuando Joe le dice que tiene que volver pronto porque ha quedado por la noche. Vuelta a la normalidad.

5. ¡Fiesta!

A Demi nunca le han gustado las fiestas. Bueno, las fiestas sí pero no ese tipo de fiestas. Las fiestas que da Joe en su casa cuando sus padres no están son casi una leyenda en el instituto. La única regla es que no hay reglas. Lo que si hay es música, alcohol, bailarinas a veces y drogas casi siempre. La mitad de los embarazos adolescentes del instituto vienen de esas fiestas.

Demi nunca ha ido a ninguna pero ese sábado Joe ha insistido mucho. Para terminar de amigarnos. Venga, Demi no me harás ese feo. Y ahora Demi está en medio de una fiesta salvaje en la que no pinta nada.

La chica está a punto de marcharse cuando ve algo que la deja paralizada. En un rincón Joe, enrollándose con una rubia a la que Demi no conoce. Le empiezan a picar los ojos y siente unas absurdas ganas de llorar. Una cosa es saber que él se acuesta con todas y otra cosa verlo.

Se aguanta las lágrimas y coge una botella de Tequila. Ella no suele beber pero, es una fiesta ¿no?

6. ¿Estas borracha?

Son cerca de las doce de la noche y la botella ya está vacía, pero Demi "no" está borracha. Sólo está algo achispada, por eso encuentra divertidas cosas como bailar en medio del salón y ser sobada por chicos a los que no conoce (o igual sí, porque sus caras están algo borrosas y no les ve muy bien). Cuando la chica empieza a considerar quitarse la camiseta (a sugerencia de uno de sus espectadores), llega alguien a quien si conoce y que ni con cuatro botellas más de tequila iba a conseguir olvidar. Joe.

-¿Demi? ¿Qué haces?

-Joe– la voz le suena algo perjudicada pero no está borracha – Ven a bailar – Intenta cogerle la mano pero y arrastrarlo pero el suelo parece moverse y sólo consigue caerse encima suyo.

-¿Estás borracha? – pregunta su amigo sujetándola.

-¡No! ¡Vamos a bailar!

-Estás borracha – esta vez no es una pregunta. – Vamos.

-¿A bailar?

-No, arriba. Vas a dormir en mi cama, y a vomitar en mi váter seguramente. – dice Joe mientras empieza a subir las escaleras con ella. Demi no se ve capaz de subir ni un escalón sin caerse así que se apoya en Joe quien tiene suficiente fuerza para llevarla sin que acaben los dos en el suelo.

Una vez arriba, Joe la deja en la cama pero Demi no le suelta y acaban los dos tumbados.

-Demi…venga suelta – dice Joe intentando incorporarse, pero Demi_ no le suelta.

-Nooo. No te vayas – a lo mejor si que está un poco borracha porque todo le da vueltas y lo único firme es Joe – Quédate, no vayas a enrollarte con otra de tus chicas. – Sí, está borracha pero no pasa nada porque es una fiesta.

-Demi...– Joe consigue soltarse pero no se marcha, se queda en la cama a su lado, sentado.

-¿Sabes qué? A la mierda. Voy a decirlo – decide Demi. Joe pregunta ¿qué? Y la chica, después de respirar hondo, dice – Joe Jonas, te quiero.

Joe se ríe.


– Yo también te quiero, Demi. Eres mi mejor amiga.

-¡No! ¡No lo entiendes! – Demi se incorpora, reprime las náuseas y consigue decir – Te quiero. Estoy enamorada de ti desde siempre y tú eres un idiota porque no te has dado cuenta. – después de esto Demi no lo resiste más y vomita en la alfombra de Joe

7. ¡No iba en serio!

A la mañana siguiente, cuando Demi abre los ojos siente como si tuviera un estropajo en la boca y tiene la sensación de que le va a reventar la cabeza. Además, no recuerda lo que ha pasado. Estaba en una fiesta y…nada más.

-¡Hombre! ¡Ya era hora! – le llega la voz de Joe desde la puerta. En ese momento Demi se da cuenta de que no está en su cama. Está en el cuarto de su mejor amigo.

-¿Qué hago aquí? – pregunta Demi  incorporándose. Al hacerlo el dolor de cabeza aumenta.

-Pasaste una buena anoche. Tuve que evitar que te desnudaras en medio de mi salón. – dice Joe acercándose. Y, al ver que Demi se lleva una mano a la cabeza, añade divertido - ¿Resaca, eh?

-Shh, habla más bajo. – De repente Demi recuerda algo - ¿Mis padres…?

-Tranquila, llamé a tu madre y le dije que te quedarías a dormir para ayudarme a recogerlo todo.

-¿Y se lo tragó?

-Miento muy bien – es lo único que dice Joe encogiéndose de hombros.
– Demi ...

-¿Hmm?

-Anoche dijiste algo…-empieza Joe poniéndose serio y sentándose en la cama – sobre mí.

-¿Qué dije? – pregunta Demi con temor. Como sea lo que ella cree se suicida. Al menos así dejaría de dolerle la cabeza.

-Dijiste que estás enamorada de mí– dice Joe respirando hondo.

-Oh…Joe, estaba borracha.

-Pues parecías bastante convencida.

-¿Qué? ¿Te lo creíste? – Demi  no recuerda haber estado nunca tan nerviosa. Tiene un nudo en el estomago y el maldito dolor de cabeza parece haber aumentado- Ni siquiera me acuerdo de lo que paso, seguramente lo dije porque eras tú el que estaba conmigo. Si hubiera estado con otro chico pues se lo habría dicho a él. –Explica la chica atropelladamente.

-Entonces, ¿no estás enamorada de mí? – se asegura Joe. Demi niega con la cabeza. ¿Joe parece decepcionado o se lo está imaginando?


– Que raro, porque todo cuadraba. Lo nerviosa que te pones a veces, el enfado del otro día, que te emborracharas cuando me viste con otra…

Demi siente que las mejillas le arden.

-Tengo que irme, nos vemos mañana.- La chica se levanta pero, antes de que pueda dar un paso, Joe la coge del brazo y tira de ella consiguiendo que Demi se siente en su regazo. Entonces la besa.

Con ese beso Demi se da cuenta de algo y es que todos los rumores que ha oído sobre los besos de Joe se quedan cortos. Joe besa muy bien. Le rodea la cintura con un brazo y con la otra mano le acaricia la mejilla suavemente. Entonces Demi olvida el dolor de cabeza y enreda los dedos en el pelo de Joe abriendo la boca para profundizar el beso y, cuando la lengua de Joe entra en contacto con la suya la chica siente como si millones de mariposas aletearan en su estómago y tiene la sensación de que las piernas se le vuelven de mantequilla.

Al separarse, Joe sonríe seductoramente y Demi esta más sonrojada de lo que lo ha estado en su vida.

-¿Qué ha sido esto? – Pregunta Demi.

-Creo que un beso. Espera – Joe la vuelve a atraer hasta él para darle un beso fugaz – Sí, un beso.

-¿Por qué?

-Porque creo que me he enamorado de ti.

-No. – Dice Demi levantándose. – Tú…no. No puede ser. ¿Cómo? Quiero decir… - Demi siente que el dolor de cabeza ha vuelto con más fuerza y no sabe si lo que está pasando es producto de su imaginación o una broma de mal gusto.

-Demi escucha. – Dice Joe cogiendo a la chica por los hombros y mirándola a los ojos – Sé que suena raro que después de tanto tiempo te diga esto pero…con lo que dijiste ayer me he dado cuenta de que de una forma u otra tú siempre has estado en mi vida y…Demi, a pesar de lo idiota que soy y lo ciego que he estado, ¿quieres salir conmigo?

La chica siente que el corazón va a reventarle de alegría pero, por otra parte, esta asustada. Conoce el historial de Joe con las chicas y no quiere ser una más. Joe parece adivinar lo que pasa por su mente porque le aclara:

-Demi, no vas a ser como las demás, lo prometo.
– Explica Joe. Parece nervioso- Si no quieres…no pasa nada. Podemos seguir siendo ami…

Demi no le deja terminar, le rodea el cuello con los brazos y le besa. No hablan durante unos instantes, ocupados en besarse lenta y apasionadamente.

-¿Eso es un sí? – pregunta Joe sobre sus labios. Demi asiente y le muerde el labio inferior antes de besarlo. Joe la estrecha entre sus brazos y Demi apoya la cabeza en su hombro.

-Joe.

-¿Qué?

-Me gustas más con el pelo largo.


Fin

 

lunes, 7 de abril de 2014

Little Things - One shot - Jemi - Parte 2







Parte N°1:

https://www.youtube.com/watch?v=MwPZGnkOvjo


Parte N°2:

―No me dejaste terminar ―, dije para romper el hielo.
―¿Dejarte terminar? ―, preguntó confundida.
―Lo que te estaba diciendo…
―Lo siento Joe, en verdad, tengo que irme a casa ― Luego con un simple movimiento se soltó de mi agarre y con pasos moderados se alejó de mi. No podía evitar sentir una furia interna que me estaba devorando y acabando con la poca cobardía que me quedaba.
―¡Te amo! ―, grité, un gritó lleno de sentimientos, un grito que expresaba lo que sentía hacia ella. Ella se detuvo en seco, quedó paralizada en ese lugar por unos segundos y se giró desconcertada.
"Lo que me esperaba" pensé y luego bajé la mirada avergonzado. Me maldecí internamente, no quería confesarme así, no de esa manera. Actué muy brusco y sonó muy inesperado para ella. Subí la mirada para ver como estaba en estos momentos y me llevé la grata sorpresa de que estaba cerca mio, con el ceño fruncido y sus ojos tenían un brillo especial, no lo distinguía muy bien. Una sonrisa traviesa se formó en sus labios, haciendo que mis mejillas ardieran levemente, esto era inesperado.
―¿Esto es real? ―, preguntó fascinada.
―¿A que te refieres?
―Pellízcame ―, preguntó con tono burlón.
Fruncí el ceño
―¿De qué diablos hablas? ―, pregunté desconcertado.
―De esto, esto es un sueño ―, dijo seriamente, luego bajó la mirada y una traviesa lágrima rozó su mejilla, apreté los puños con frialdad y fruncí el ceño ―. Tú no puedes enamorarte de esto ― Señalándose ―. Lo dices para que yo esté mejor y sea la chica más feliz del mundo, tú sabes lo que siento por tí y te aprovechas de eso para que no me insulte a mi misma. Pero no quiero caer tan bajo joe y creí que eras mi amigo.
―¡Ya me hartaste! ―, dije al fin ―. Te estoy diciendo la verdad. Desde que te conocí me sentía atraido hacía tí.No entiendo porque dices que eres horrible, o que eres un estorbo para mí. Eres la chica más hermosa que he presenciado, tienes algo que hace que cada día te ame más, cuando me cuentas de tus problemas y de tus inseguras, trataba de buscar una manera cómoda y amigable de decirte que no le tomaras importancia, no quería decirte “Te amo por eso” por el miedo de que me rechazaras. Y te juro que no sabía que sentías esas cosas por mí, me sentiría feliz si no fuera por el hecho de que no te valoras.
―¡Pero se me hace tan difícil valorarme! ¡Se me hace difícil quererme! Te juro que no puedo joe ―, murmuró, iba a romper en llanto y no me iba a dejar terminar.
―Yo te ayudaré ―dijé con seguridad ―. Deja que te diga cada día lo hermosa que eres, deja que cada día te valore y te haga sentir bella. No me importa tu peso, no me importa tu color de ojos o de tu cabello, no me importa si no tienes algún talento específico. Yo te amo por ser tú Naomi, te amo por esas pequeñas cosas también, eres perfecta para mí.
Nunca había dicho algo así en mi vida, algo que salió de corazón y reflejándolo con unas simples palabras. Elevó la mirada y sonrió, pero esta vez no agachó la cabeza. Sonreí de lado y me acerqué más a ella, su aliento nuevamente chocaba con mi rostro, pero esto era especial, mágico, solo estos momentos se presenciaban en mis más locos sueños. Colocó sus manos sobre mi rostro y posó sus labios con los míos.
Sus dulces y suaves labios, al fin formando un hermoso beso con los míos. El sabor de sus labios me estremecía, el suave contacto con los míos hacia que unas traviesas mariposas volaran en mi estomago, que la temperatura de mis mejillas elevara y me hiciera el hombre más feliz del planeta.
―Gracias ―, susurró entre mis labios para luego besarme nuevamente.
Esto si que era el paraíso.

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―¡Joven jonas! ¿Otra vez dormido en clase?
La voz chillona y repugnante de la profesora de ciencias me despertó de otro sueño con ella, otro sueño irreal con la chica irreal. ¿Por qué soñaba con ella? Todo el tiempo era la misma rutina. Elevé la mirada para ver a la profesora pelirroja con una ceja arqueada, luego la bajé nuevamente, avergonzado. Escuchaba la risa de mis compañeros. La mujer me miró por unos segundos más, buscado una explicación o respuesta, pero yo no dije nada. Ella suspiró resignada y giró su cabeza para mirara los asientos que se encontraban adelante.
―Joven nueva… ¿Le puede explicar el trabajo a jonas?
No se escuchó nada. La profesora se alejó y los murmullos de los compañeros se empezaron a resonar en todo la clase. Elevé la mirada y ahí estaba ella, la chica de mis sueños. Abrí los ojos como platos.
Todos mis compañeros la miraban insensiblemente y con el ceño fruncido. Fulminé con la mirada a la mayoría y estos volvieron a mirar sus libros. Después me di cuenta que ella se encontraba a mi lado, colocando su libro en la mesa y con la mirada baja. Yo la miré por un segundo y si, era ella… los mismo rasgos, ojos, cabello, todo. No sé que pasaba, esto era tan extraño. Ella se percató de que la observaba y se sonrojo en un santiamén, yo sonreí, siendo simpático y queriéndome ganar una buena impresión por su parte.
―¿A si que eres nueva? ― dije, aun que ya sabia cual era la respuesta.
―Eh… si ―, murmuro, su voz era la misma que en la de mi sueños.
―¿Cómo te llamas?
―Me llamo demi―, dijo mientras acomodaba unos traviesos mechones de su cabello y los colocaba detrás de su oído.
«Sí, es ella» pensé y luego sonreí de oreja a oreja.
―Mi nombre es joe y… creo que seremos muy buenos amigos. ―, le aseguré, haciendo que sus mejillas se enrojeciesen.
Quería besarla, pero eso podría esperar. Ya que el destino hizo que los sueños se convirtieran en realidad. Voy a hacer que se dé cuenta de que hay alguien que la ama... por sus pequeñas cosas.

FÍN.

lunes, 3 de febrero de 2014

9 months ♥ ♥ - Capitulo 4 - jemi en español



Capitulo 4
 
Demi  es­ta­ba frente a la pizarra, in­ten­tan­do ll­evar aire a sus pul­mones. ¿Joseph había com­pra­do el anil­lo? ¡No, no, no! Eso no era posi­ble. ¿O sí? ¿Có­mo no se le había ocur­ri­do que él pudiera ser el com­prador? Porque los mul­ti­mil­lonar­ios no us­aban eBay, por eso. Si hu­biera pen­sa­do por un mo­men­to que Joseph se en­ter­aría, no lo habría ven­di­do. demi de­jó es­capar un gemi­do. En lu­gar de apartar­lo de su vi­da para siem­pre, lo había de­vuel­to a el­la. Cuan­do lo vio al otro la­do de la ver­ja es­tu­vo a pun­to de des­ma­yarse. Por un mo­men­to, un mo­men­to lo­co, pen­só que iba a de­cir­le que había cam­bi­ado de opinión, que sabía que había cometi­do un er­ror. Que había ido a pedirle perdón. Perdón.demi_ se cubrió la bo­ca con la mano para con­tener una car­ca­ja­da histéri­ca. ¿Cuán­do había pe­di­do perdón Joseph Jonas? Ni siquiera parecía sen­tirse cul­pa­ble por no haber apare­ci­do en la igle­sia el día de su bo­da. No, no es­ta­ba al­lí para dis­cul­parse.

—¿Se en­cuen­tra bi­en, señori­ta demi? —es­cuchó una vo­cecita en­tonces—. Es­tá muy pál­ida y ha en­tra­do cor­rien­do co­mo si la per­sigu­iera al­guien.

—No, es­toy bi­en — demi se pasó la lengua por los labios.

—Parece co­mo si es­tu­viera es­condién­dose.

—No es­toy es­condién­dome —di­jo el­la, lev­an­tan­do la voz sin darse cuen­ta. ¿Por qué había sali­do cor­rien­do? Joseph creería que seguía im­portán­dole y el­la no quería que pen­sara eso. Quería que pen­sara que es­ta­ba bi­en, que romper con él había mejo­ra­do su vi­da. Que había ven­di­do el anil­lo porque le so­bra­ba o al­go así. demi_in­ten­tó res­pi­rar. Ll­ev­aba cu­atro años soñan­do con volver a ver­lo. Había pasa­do muchas noches en blan­co, imag­inan­do que se en­con­tra­ba con él... al­go que de­safi­aba a la imag­inación da­do que se movían en difer­entes es­tratos­feras. Pero nun­ca, ni una so­la vez, había imag­ina­do que pudiera pasar de ver­dad. Y menos al­lí, en el cole­gio, sin pre­vio avi­so.

—¿Hay un in­cen­dio, señori­ta demi? —un par de ojos pre­ocu­pa­dos se clavaron en el­la: Jessie Prince, que siem­pre es­ta­ba pre­ocu­pa­da por to­do, des­de los exámenes a los ter­ror­is­tas—. Ha venido cor­rien­do y siem­pre nos dice que no debe­mos cor­rer a menos que haya un in­cen­dio.

—Sí, es ver­dad —as­in­tió demi. In­cen­dios y hom­bres a los que una no quería ver—. Y no es­ta­ba cor­rien­do. Iba... cam­inan­do de­prisa. Es bueno para la salud—¿seguiría en la puer­ta del cole­gio? ¿Seguiría al­lí cuan­do saliera?, se pre­gun­tó—. Abrid vue­stros li­bros de lengua en la pági­na doce y seguire­mos donde lo de­jamos ay­er. Va­mos a es­cribir una redac­ción so­bre las va­ca­ciones de ve­ra­no. Tal vez de­bería haber­le da­do el anil­lo sin más, pero en­tonces Joe vería que lo ll­ev­aba col­ga­do al cuel­lo y no pens­aba dar­le la sat­is­fac­ción de saber lo que signifi­ca­ba para el­la. Lo úni­co que le qued­aba era su orgul­lo... Al fon­do de la clase se oyó un ri­fir­rafe y de­spués un golpe.

-¡Ay! ¡Me ha da­do una tor­ta, señori­ta! demi_ se llevó una mano a la frente. Prob­le­mas de dis­ci­plina era lo úl­ti­mo que quería en ese mo­men­to. Nece­sita­ba es­tar so­la para pen­sar, pero si había al­go que una pro­fe­so­ra de pri­maria no tenía era un mo­men­to de tran­quil­idad.



—Tom, sién­tate en uno de los pupitres de de­lante, por fa­vor —demi_ es­peró pa­cien­te­mente mien­tras el niño ar­ras­tra­ba los pies has­ta el­la—. No se pe­ga a nadie, no es­tá bi­en. Quiero que le pi­das perdón.

—¿Por qué?

-Acabo de decírte­lo, porque no es­tá bi­en. Quiero que le di­gas que lo sientes.

-Pero es que no lo sien­to —replicó el niño, sus mejil­las casi del mis­mo tono que su pe­lo—. Me ha lla­ma­do pe­lo de zana­ho­ria, señori­ta demi. In­ten­tan­do con­cen­trarse, demi respiró pro­fun­da­mente.

—Pues en­tonces él tam­bién te va a pedir perdón. Pero no puedes pe­gar a la gente, aunque te lla­men «pe­lo de zana­ho­ria». No se debe pe­gar a nadie. «Ni siquiera a un griego ar­ro­gante que te de­jó plan­ta­da el día de tu bo­da».

—No ha si­do cul­pa mía, ten­go mal carác­ter porque soy pelir­ro­jo.
—No es tu pe­lo el que ha pe­ga­do a Har­ry. ¿Có­mo iba a saber el­la que era Joe quien había com­pra­do el anil­lo?

—Mi padre dice que si al­guien se mete con­ti­go le das una tor­ta y ya no, vuelve a mo­lestarte —di­jo una niña.

-Po­dríamos pen­sar un poco en los sen­timien­tos de los demás —les acon­se­jó demi_

—. No to­do el mun­do es igual y hay que ser tol­er­ante. Ésa va a ser nues­tra pal­abra del día —añadió, toman­do una ti­za para es­cribir en la pizarra, con vein­tiséis pares de ojos clava­dos en su es­pal­da—. To-le-ran-cia. ¿Quién puede de­cirme lo que sig­nifi­ca? Vein­tiséis manos se lev­an­taron a la vez.

—Señori­ta, señori­ta, yo lo sé. demi tu­vo que dis­im­ular una son­risa. Da­ba igual lo es­tre­sa­da que es­tu­viera, los niños siem­pre la hacían son­reír.-¿Ja­son?

—Hay un hom­bre en la puer­ta. Vein­tiséis cabezas se volvieron ha­cia la puer­ta y demi lev­an­tó la mi­ra­da jus­to cuan­do Joe es­ta­ba en­tran­do en el aula. Mu­da de hor­ror, notó que su pul­so se había acel­er­ado. ¿Era eso lo que su madre había sen­ti­do por su padre? ¿Aque­lla emo­ción, aque­lla ex­citación, aunque supiera que la relación no iba a ningún sitio? Joe cam­bi­aba el am­bi­ente del aula, pen­só. Su pres­en­cia ex­igía aten­ción. Los niños em­pezaron a lev­an­tarse, mirán­dola co­mo para saber lo que de­bían hac­er, y el­la tragó sali­va.

-Bi­en he­cho, niños —los fe­lic­itó, antes de vol­verse ha­cia Joe—. Es­toy dan­do una clase, no es buen momento para hablar.



—Es­ buen­ mo­men­to para mí.demi  tu­vo que hac­er un es­fuer­zo so­bre­hu­mano para dis­im­ular que le tembla­ban las pier­nas.


—Niños, ten­emos una visi­ta... ¿qué no ha he­cho este señor?

—No ha lla­ma­do a la puer­ta, señori­ta demi_.

-Eso es —demi con­sigu­ió son­reír—. No ha lla­ma­do a la puer­ta porque ha olvi­da­do sus bue­nas man­eras. Así que este señor y yo va­mos a salir un mo­men­to al pasillo y voy a de­cir­le có­mo debe por­tarse una per­sona que en­tra en un aula cuan­do ya ha em­peza­do una clase mien­tras vosotros ter­mináis vues­tras redac­ciones. Cuan­do iba a salir del aula, Joseph la su­jetó por la muñe­ca.


—Voy a daros una lec­ción im­por­tante en la vi­da, niños —su acen­to griego más pro­nun­ci­ado de lo nor­mal, Joe mira­ba la clase con la mis­ma con­cen­tración con la que sin du­da trata­ba a los miem­bros de un con­se­jo de ad­min­is­tración—. Cuan­do al­go es im­por­tante para ti, hay que ir por el­lo. No de­jéis que os den la es­pal­da y no os quedéis en la puer­ta, es­peran­do que os den per­miso para en­trar só­lo porque ésas son las re­glas. El co­men­tario fue recibido con un si­len­cio, pero en­segui­da em­pezaron a lev­an­tarse manos.

—Dime —Joe señaló a un niño en la se­gun­da fi­la.

-Pero nos han di­cho que ten­emos que re­spetar las re­glas.

-Si no son sen­sa­tas, hay que saltárse­las.

-¡No!—ex­clamó demi_—.Un­o no sepuede saltar ­las ­re­glas. Las re­glas ex­is­ten...

—¿Para ser cues­tion­adas? —la in­ter­rumpió Joe, con su típi­ca ar­ro­gan­cia—. Siem­pre de­béis cues­tionarlas. Al­gu­nas ve­ces hay que saltarse las re­glas para hac­er al­gún pro­gre­so. Aho­ra mis­mo, por ejem­plo. Nece­si­to hablar con la señori­ta demi ur­gen­te­mente y el­la no quiere es­cucharme. ¿Qué puedo hac­er? Un niño lev­an­tó la mano.

—De­pende de lo im­por­tan­teque sea lo que tiene quede­cir­le.

-Es muy im­por­tante. Pero tam­bién es im­por­tante que la otra per­sona dé su opinión, así que de­jaré que el­la eli­ja dónde va­mos a man­ten­er esa con­ver­sación. Dime, demi, ¿aquí o fuera?

—Fuera —con­testó el­la, con los ­di­entes apre­ta­dos. Joe se volvió ha­cia los niños.

-¿Lo veis? Este es el ejem­plo de una ne­go­ciación que sale bi­en. Los dos ten­emos lo que quer­emos y aho­ra, mien­tras la señori­ta demi__ y yo hablam­os, vosotros vais a... es­cribir cien pal­abras so­bre por qué las re­glas siem­pre deben ser cues­tion­adas.

-¡No, de eso na­da! —protestó demi—. Van a es­cribir una redac­ción so­bre las va­ca­ciones.

—O so­bre los ben­efi­cios de saltarse las re­glas —in­sis­tió Joe—. Me ale­gro de haberos cono­ci­do. Tra­ba­jad mu­cho y ten­dréis éx­ito en la vi­da. Pero recor­dad: lo im­por­tante no es de dónde viene uno sino dónde lle­ga —sin soltar la muñe­ca de demi___, la sacó al pasil­lo y el­la no tu­vo más reme­dio que seguir­lo y cer­rar la puer­ta.


—No puedo creer que hayas he­cho eso.

-De na­da —di­jo él—. Mi caché por los dis­cur­sos de mo­ti­vación en el cir­cuito in­ter­na­cional es de medio mil­lón de dólares, pero en este ca­so es­toy dis­puesto a no co­brar... para ben­efi­cio de las nuevas gen­era­ciones.

-No es­ta­ba dán­dote las gra­cias. -

Pues de­berías. Los em­pre­sar­ios del mañana no sal­drán de un grupo de robots in­ca­paces de tomar la iniciati­va. A pun­to de ex­plotar de ra­bia, demi_ se soltó de un tirón.

-¿Es que no sabes na­da so­bre niños?

—No, na­da. Les he habla­do co­mo si fuer­an adul­tos.

—Pero es que no son adul­tos. ¿Tú sabes lo difí­cil que es dis­ci­plinar a vein­tiséis niños? Cuan­do em­pecé a dar­les clase no es­ta­ban sen­ta­dos en su pupitre cin­co min­utos segui­dos.

-Es­tar sen­ta­do es un pasatiem­po ab­sur­do. In­clu­so en los con­se­jos de ad­min­is­tración yo sue­lo pasear, me ayu­da a con­cen­trarme mejor. De­berías an­imar­los a que hicier­an pre­gun­tas...


—No me di­gas có­mo de­bo hac­er mi tra­ba­jo. Tú no sabes ab­so­lu­ta­mente na­da so­bre educación in­fan­til.


—Muy bi­en, ¿por qué has ven­di­do el anil­lo? demi__ parpadeó, sor­pren­di­da por el br­us­co cam­bio de tema. Pero no tu­vo tiem­po de con­tes­tar porque en ese mo­men­to al­guien apare­ció cor­rien­do por el pasil­lo.

-¡Señori­ta demi , se ha in­un­da­do el cole­gio!

Joe de­jó es­capar un sus­piro.

9 months ♥ ♥ - Capitulo 3 - jemi en español


 
Capitulo 3
*** Josep Jonas ba­jó del Fer­rari y miró el viejo ed­ifi­cio de es­ti­lo vic­to­ri­ano: una es­cuela de pri­maria en Hamp­ton Park. Por supuesto,demi_ tra­ba­ja­ba con niños. Era lo más lógi­co. Fue el día que leyó en la pren­sa que pens­aba ten­er cu­atro hi­jos cuan­do la de­jó plan­ta­da. Joe miró el ed­ifi­cio. La ver­ja es­ta­ba ro­ta por var­ios sitios y un­os plás­ti­cos cubrían parte del te­ja­do, pre­sum­ible­mente para evi­tar las goteras. En ese mo­men­to sonó una cam­pani­ta y, un se­gun­do de­spués, un mon­tón de niños salieron al pa­tio, em­pu­ján­dose unos a otros. Una joven los seguía, con­te­stando pre­gun­tas, in­ten­tan­do con­tener dis­cu­siones y, en gen­er­al, con­trolan­do el caos. Ll­ev­aba una sen­cil­la fal­da ne­gra, za­patos planos y una blusa de col­or claro. Joe no la miró dos ve­ces, de­masi­ado ocu­pa­do bus­can­do a demi. De nue­vo, es­tudió el viejo ed­ifi­cio, pen­san­do que de­bía haberse equiv­oca­do. ¿Por qué iba Kel­ly a en­ter­rarse en aquel sitio? Es­ta­ba a pun­to de volver al coche, pen­san­do que le habían da­do una di­rec­ción er­rónea, cuan­do oyó una risa que le re­sulta­ba fa­mil­iar. Y, de re­pente, se en­con­tró mi­ran­do de nue­vo a la joven pro­fe­so­ra de fal­da negra y za­patos planos. No se parecía a la ale­gre ado­les­cente que había cono­ci­do en la playa de Cor­fú y es­ta­ba a pun­to de darse la vuelta cuan­do el­la giró la cabeza. Ll­ev­aba el pe­lo firme­mente su­je­to con un prende­dor, pero era del mis­mo tono cas­taño... Joe ar­rugó el ceño, quitán­dole men­tal­mente esa ropa tan abur­ri­da para ver a la mu­jer que había de­ba­jo. La joven son­rió en­tonces y Joe se quedó sin res­piración porque era im­posi­ble no re­cono­cer esa son­risa. Una son­risa am­plia, gen­erosa, autén­ti­ca. Sin pen­sar, ba­jó la mi­ra­da has­ta sus pier­nas... sí, er­an las mis­mas pier­nas, largas y pre­ciosas. Unas pier­nas hechas para que un hom­bre perdiese la cabeza. Unas pier­nas que una vez se habían enreda­do en su cin­tu­ra... Los gri­tos de los niños in­ter­rumpieron sus pen­samien­tos. Un grupo de chicos había vis­to el Fer­rari y, de in­medi­ato, Joe lamen­tó no haber aparca­do más lejos. Los niños cor­rían por el pa­tio para ac­er­carse a la ver­ja que sep­ara­ba el cole­gio del resto del mun­do y él los miró co­mo otro hom­bre mi­raría a un an­imal peli­groso.



—¡Menudo coc­ha­zo! -¿Es un Porsche? Mi padre dice que el mejor coche del mun­do es el Porsche. -Cuan­do sea may­or voy a ten­er uno co­mo ése. Joseph no sabía qué de­cir, de mo­do que se quedó calla­do. Pero en­segui­da vio que demi_ gira­ba la cabeza. Por supuesto, el­la se daría cuen­ta ráp­ida­mente de que al­gu­na de sus ove­ji­tas había es­capa­do del re­baño, demi era ese tipo de per­sona. Era des­or­de­na­da, rui­dosa y car­iñosa. Y no se habría queda­do calla­da si un­os niños se dirigían a el­la.

Joe vio que es­ta­ba pál­ida, el tono de su piel desta­can­do el inusu­al azul zafiro de sus ojos. Ev­iden­te­mente no conocía a mucha gente que con­du­jera un Fer­rari, pen­só. Y el he­cho de que se sor­pren­dería de ver­lo au­men­tó su fu­ria. ¿Qué había es­per­ado, que se quedara de bra­zos cruza­dos mien­tras vendía el anil­lo, el anil­lo que él había puesto en su de­do, al mejor pos­tor? Des­de el otro la­do del pa­tio sus ojos se en­con­traron. El sol apare­ció por de­trás de una nube, dán­dole re­fle­jos do­ra­dos a su pe­lo. Le record­aba a aque­lla tarde en la playa de Cor­fú. En­tonces Kel­ly ll­ev­aba un minús­cu­lo biki­ni de col­or turque­sa y una son­risa aver­gon­za­da... Pero no quería pen­sar en eso, de mo­do que volvió al pre­sente.



—¡Chicos! —su voz era co­mo choco­late der­reti­do con un poco de canela, suave con un toque de es­pe­cias—. No os sub­áis a la ver­ja, ya sabéis que es peligroso. Joe se sin­tió ab­sur­da­mente de­cep­ciona­do. Cu­atro años antes, demi_ hu­biera sali­do cor­rien­do por el pa­tio con el en­tu­si­as­mo de un ca­chor­ro para echarse en sus bra­zos. Y que es­tu­viera mirán­do­lo co­mo si hu­biera es­capa­do de una reser­va de ti­gres lo ponía aún más ten­so. Alekos miró al niño más cer­cano, la necesi­dad de in­for­ma­ción de­sa­tan­do su lengua.

—¿Es vues­tra pro­fe­so­ra?

—Sí, es nues­tra pro­fe­so­ra —a pe­sar de la ad­ver­ten­cia de demi, el chico pu­so una rodil­la en la pared e in­ten­tó apo­yarse en la ver­ja—. No parece muy es­tric­ta, pero si haces al­go ma­lo... ¡zas!

—¿Os pe­ga?

—¿Qué? —el chaval soltó una car­ca­ja­da—. La señori­ta demi_ no mataría una mosca. Las atra­pa con un va­so para sacar­las de la clase. Ni siquiera nos gri­ta.

—Pero eso de «zas»...

—La señori­ta demi te aplas­ta con una so­la mi­ra­da —el chico se encogió de hom­bros—. Te hace sen­tir mal si has he­cho al­go ma­lo, co­mo si la hu­bieras de­cep­ciona­do. Pero nun­ca le haría daño a nadie. No es na­da vi­olen­ta.

La señori­ta demi_. De mo­do que no se había casa­do. Y no había tenido los cu­atro hi­jos que quería tener. Só­lo aho­ra que la pre­gun­ta es­ta­ba con­tes­ta­da re­cono­ció que había pen­sa­do en esa posi­bil­idad. demi cruzó el pa­tio co­mo si una cuer­da in­vis­ible tirase de el­la. Era ev­idente que, si tu­viera opor­tu­nidad, sal­dría cor­rien­do en di­rec­ción con­traria.

—Fred­die, Kyle, Col­in, ale­jaos de la ver­ja. Los tres chicos em­pezaron a hablar a la vez y Joseph notó que demi_ con­testa­ba uno a uno en lu­gar de man­dar­los callar co­mo harían la may­oría de los adul­tos.

Y era ev­idente que los niños la adora­ban.

—¿Ha vis­to el coche, señori­ta demi? Yo só­lo lo había vis­to en las re­vis­tas.

—Só­lo es un coche, cu­atro ruedas y un mo­tor —demi se volvió por fin ha­cia él—. ¿Querías al­go? Nun­ca había si­do ca­paz de es­con­der sus sen­timien­tos, pen­só Joe. Es­ta­ba hor­ror­iza­da de ver­lo y eso lo saca­ba de quicio.

—¿Te sientes cul­pa­ble, agapi mu?

—¿Cul­pa­ble?

—No pare­ces con­tenta de verme y me pre­gun­to por qué. Dos man­chas ro­jas aparecieron en sus mejil­las y, de re­pente, sus ojos se volvieron sospe­chosa­mente bril­lantes.

—No ten­go na­da que de­cirte y no sé por qué de­bería ale­grarme de verte. Joseph se había olvi­da­do del anil­lo y es­ta­ba pen­san­do en otra cosa com­ple­ta­mente difer­ente. Al­go peli­groso, ar­di­ente y prim­iti­vo que só­lo le ocur­ría cuan­do es­ta­ba con el­la. Cuan­do sus ojos se en­con­traron, supo que demi es­ta­ba pen­san­do lo mis­mo. Pero en­segui­da apartó la mi­ra­da, sus mejil­las ar­di­en­do. Lo trata­ba co­mo si no supiera por qué esta­ba al­lí, co­mo si no se conocier­an ín­ti­ma­mente. Co­mo si no hu­biera un cen­tímetro de su cuer­po que él no hu­biese be­sa­do.

—¿Es su novio, señori­ta? —pre­gun­tó uno de los niños.

—Fred­die Har­ri­son, ésa es una pre­gun­ta muy in­apropi­ada —demi_ em­pu­jó suave­mente a los niños ha­cia el pa­tio—. Se lla­ma Joseph Jonas y no es mi novio. Só­lo es una per­sona a la que conocí hace mu­cho tiem­po.

—¿Un ami­go, señori­ta?

—Sí... bueno, un ami­go.

—¡La señori­ta demi tiene novio, la señori­ta demi tiene novio! —em­pezaron a can­tur­rear los chicos.

—Ami­go y novio son dos cosas muy difer­entes, Fred­die.

—Si es un novio se acues­tan jun­tos, ton­to —di­jo otro de los chicos.

—Señori­ta, Col­in ha di­cho una pal­abro­ta y me ha lla­ma­do ton­to. ¡Y ust­ed dice que no se puede lla­mar ton­to a nadie! demi_ lidió con el asun­to con gran ha­bil­idad, en­vián­do­los de vuelta al pa­tio antes de vol­verse hacia Joe, mi­ran­do un mo­men­to por enci­ma de su hombro para com­pro­bar que no la es­cuch­aba nadie.


—No puedo creer que hayas tenido la cara de volver de­spués de cu­atro años —le es­petó, tem­blan­do—. ¿Có­mo puedes ser tan in­sen­si­ble? Si no fuera porque los niños es­tán mi­ran­do te daría un puñe­ta­zo. Pero se­gu­ra­mente ésa es la razón por la que has venido aquí en lu­gar de in­ten­tar verme en pri­va­do: te da miedo que te ha­ga daño. ¿Qué haces aquí?

—Tú sabes por qué es­toy aquí. Y tú nun­ca le has pe­ga­do a nadie en to­da tu vi­da, no te ha­gas la du­ra. Era una de las cosas que lo había atraí­do de el­la. Su dulzu­ra había si­do el an­tí­do­to al im­pla­ca­ble mun­do de los ne­go­cios en que vivía.

—Hay una primera vez para to­do —demi se llevó una mano al pe­cho, co­mo si quisiera com­pro­bar que su corazón seguía la­tien­do—. Di lo que ten­gas que decir y már­chate.

Dis­traí­do por la pre­sión de sus pe­chos con­tra la sen­cil­la blusa, Joe frun­ció el ceño. La ll­ev­aba abrocha­da has­ta el cuel­lo co­mo una pro­fe­so­ra vic­to­ri­ana. No había na­da, ab­so­lu­ta­mente na­da en su at­uen­do que pudiera ex­plicar la vol­cáni­ca re­spues­ta de su li­bido. Fu­rioso con­si­go mis­mo y con el­la, su tono fue más br­us­co de lo que pre­tendía:

—No juegues con­mi­go porque los dos sabe­mos que no puedes ga­nar. Te com­ería co­mo de­sayuno. Fue una analogía in­apropi­ada y en cuan­to hubo di­cho la frase en su mente apare­ció una im­agen de el­la desnu­da so­bre su ca­ma, el de­sayuno olvi­da­do... Y el col­or de sus mejil­las le di­jo que demi_ es­ta­ba recor­dan­do, la mis­ma es­ce­na.

—Tú no tomas de­sayuno —di­jo con voz ron­ca—. Só­lo tomas ese café griego tan fuerte. Y no es­toy ju­gan­do con­ti­go. Tú no jue­gas con las mis­mas re­glas que el resto del mun­do. Tú... tú eres un canal­la. Joe la miró a los ojos y se dio cuen­ta de que es­ta­ba di­cien­do la ver­dad, no sabía por qué es­ta­ba al­lí. No sabía que era él quien había com­pra­do el anil­lo. Pasán­dose una mano por el pe­lo, mur­muró al­go en griego. Eso era lo que pasa­ba cuan­do olvid­aba que demi lovato no pens­aba co­mo el resto de la gente. Su ha­bil­idad para pen­sar más rápi­do que los demás, para ade­lan­tarse e imag­inar se­gun­das in­ten­ciones le había ayu­da­do mu­cho en su ne­go­cio, pero con demi_ era una ha­bil­idad que nun­ca le sirvió de na­da. El­la no pens­aba co­mo otras mu­jeres y siem­pre lo sor­prendía, co­mo es­ta­ba sor­prendién­do­lo en aquel mo­men­to. Pero al ver que tenía los ojos em­paña­dos con­tu­vo el alien­to. No había ven­di­do el anil­lo para en­viar­le un men­saje, lo había ven­di­do porque él le había he­cho daño. En ese mo­men­to, Joe supo que había cometi­do un grave er­ror. No de­bería haber ido al­lí en per­sona. No había si­do fá­cil para él y no era jus­to para el­la.

—Tienes cu­atro mil­lones de dólares en tu cuen­ta cor­ri­ente —le di­jo, para ter­mi­nar con aque­llo lo antes posi­ble. Y, de in­medi­ato, vio un bril­lo de sor­pre­sa en sus ojos azules—. He venido a bus­car mi anil­lo.

domingo, 2 de febrero de 2014

9 months ♥ ♥ - Capitulo 2 - jemi en español




Capitulo 2

—demi_*, te doy trein­ta se­gun­dos para que di­gas al­go o te tiro un cubo de agua fría por la cabeza. demi_ respiró pro­fun­da­mente y lo in­ten­tó de nue­vo:

—He ven­di­do...

-¿Qué has ven­di­do? —la an­imó Vivien.

 -El anil­lo.

—Ah, por fin hace­mos al­gún pro­gre­so. Has ven­di­do un anil­lo. ¿Qué anil­lo? —los ojos de Viv se ilu­mi­naron de re­pente—. Caray, ¿no habrás ven­di­do el anil­lo? demi_ as­in­tió con la cabeza, in­ten­tan­do res­pi­rar de nue­vo.

-He ven­di­do el anil­lo... en eBay. Se había marea­do y sabía que es­taría tira­da en el sue­lo, des­maya­da, si no es­tu­viera sen­ta­da.


—Muy bi­en, de acuer­do. En­tien­do que es­tés nerviosa. Ll­ev­abas cu­atro años ll­evan­do ese anil­lo al cuel­lo... de­masi­ado tiem­po prob­able­mente da­do que el canal­la que te lo re­galó no se mo­lestó en apare­cer el día de la bo­da —as­in­tió Vivien—. Pero por fin has vis­to la luz y lo has ven­di­do, no pasa na­da. No hay razón para pon­erse en­fer­ma. Es­tás pál­ida co­mo un muer­to y yo no sé na­da de primeros aux­il­ios. Cerra­ba los ojos en las clases porque me da as­co la san­gre, así que no te pon­gas pe­or.—Vivien... -¿Qué ha­go, te doy una bofe­ta­da? ¿Te levan­to las pier­nas para que te llegue la san­gre a la cabeza? Dime qué ten­go que hac­er. Sé que es­to te ha trauma­ti­za­do, pero han pasa­do cu­atro años, por fa­vor. demi_ tragó sali­va, apre­tan­do la mano de su ami­ga.


—Lo he ven­di­do.


—Que sí, que sí, que has ven­di­do el anil­lo, ya lo sé. Olví­date del asun­to y sigue ade­lante con tu vi­da... sal por ahí y acués­tate con un ex­traño para cel­ebrar­lo. Tú no quieres creer­lo, pero te ase­guro que tu novio griego no es el úni­co hom­bre en la Tier­ra.

-Por cu­atro mil­lones de dólares.

—O po­dríamos abrir una botel­la de cham­pán y... ¿qué has di­cho? —Vivien se de­jó caer al sue­lo—. Por un mo­men­to, me había pare­ci­do es­cuchar cu­atro millones de dólares.

—Cu­atro mil­lones —repi­tió demi_—. Vivien, no me en­cuen­tro bi­en.

-Yo tam­poco me en­cuen­tro bi­en, pero no pode­mos des­ma­yarnos las dos. Po­dríamos darnos un golpe en la cabeza y en­con­trarían nue­stros cadáveres de­scom­puestos den­tro de una semana... o no nos en­con­trarían nun­ca porque tu /////********//////******="font-family: verdana, geneva; line-height: normal;">casa siem­pre es­tá co­mo una leon­era.

—Viv sacud­ió la cabeza, in­cré­du­la—. Se­guro que ni siquiera has he­cho tes­ta­men­to. Yo só­lo ten­go una bol­sa llena de ropa su­cia y un mon­tón de fac­turas y tú tienes cu­atro mil­lones de dólares. Cu­atro mil­lones. Dios mío, nun­ca había tenido una ami­ga ri­ca. Aho­ra soy yo la que nece­si­ta res­pi­rar —toman­do una bol­sa de pa­pel del sue­lo, sacó las dos man­zanas que había den­tro y metió la cara en el­la, res­pi­ran­do rui­dosmente... demi__ se miró las manos, pre­gun­tán­dose si de­jarían de tem­blar si se senta­ba so­bre el­las. Le tem­bla­ban des­de que en­cendió el or­de­nador y vio la oferta fi­nal.



—Ten­go que... cal­marme. Y ten­go que re­vis­ar los exámenes de lengua antes de mañana. Vivien se quitó la bol­sa de la cara.

—No di­gas ton­terías. No ten­drás que volver a dar clases en to­da tu vi­da. Puedes dedi­carte a vivir co­mo una reina a par­tir de aho­ra. Ve al cole­gio mañana, pre­sen­ta la re­nun­cia y vete a un spa. ¡Po­drías es­tar diez años en un spa!

-Yo no haría eso, me en­can­ta ser pro­fe­so­ra. Cuan­do lle­gan las va­ca­ciones es­toy de­se­an­do que ter­mi­nen para volver a clase—Ya, ya... —Me en­can­tan los niños. Son lo más pare­ci­do a una fa­mil­ia que voy a ten­er nun­ca.



—Por el amor de Dios, demi_, tienes vein­titrés años, no ochen­ta. Además, aho­ra eres ri­ca, los hom­bres harán co­la para de­jarte em­baraza­da. demi__ hi­zo una mue­ca.

—Tú no sabes lo que es el ro­man­ti­cis­mo, ¿ver­dad?

—Soy re­al­ista. Ya sé que te en­can­tan los niños y me parece muy raro. A mí me gus­taría re­torcer­les el pes­cue­zo... tal vez de­berías darme a mí el dinero y yo pre­sen­taré la re­nun­cia. ¡Cuatro mil­lones de dólares! ¿Có­mo es posi­ble que no supieras que valía tan­to?

-No lo pre­gun­té. El anil­lo era es­pe­cial porque me lo había re­gal­ado él, no por su val­or ma­te­ri­al. No se me ocur­rió que pudiera ser tan caro.

—Tienes que ser prác­ti­ca además de román­ti­ca. Puede que él fuera un canal­la, pero al menos no era un canal­la tacaño —Vivien clavó los di­entes en una man­zana—. Cuan­do me di­jiste que era griego pen­sé que sería ca­marero o al­go así. demi se pu­so col­ora­da. No le gusta­ba hablar de el­lo porque le record­aba lo ton­ta que había si­do. Y lo in­gen­ua.



-No era ca­marero —mur­muró, cubrién­dose la cara con las manos—. No quiero ni pen­sar en ello. ¿Có­mo pude imag­inar que iba a salir bi­en? Él era un hom­bre súper in­teligente, súper sofisti­ca­do, súper ri­co. Yo no soy súper na­da.

-Sí lo eres —ob­jetó Vivien, siem­pre tan leal—. Tú eres súper des­or­de­na­da, súper de­spis­ta­da y... —Cál­late, an­da. No nece­si­to saber las ra­zones por las que no sal­ió bi­en —demi se pre­gunt­aba có­mo podía seguir dolién­dole tan­to de­spués de cu­atro años—. Me gus­taría en­con­trar una razón por la que po­dría haber sali­do bi­en.


Vivien dio otro mordis­co a la man­zana, pen­sati­va. -Tienes un­os súper pe­chos. demi____ se cubrió el pe­cho con los bra­zos.

—Gra­cias —mur­muró, sin saber si reír o llo­rar.

—De na­da. Bueno, ¿y de dónde saca su dinero tu súper ex novio?

—Tiene una naviera... una grande, con muchísi­mos bar­cos.

—No me lo di­gas, súper bar­cos. ¿Por qué no me lo habías con­ta­do antes? —Vivien sacud­ió la cabeza—. O sea, que es mil­lonario, ¿no? -He leí­do en al­gún sitio que es mul­ti­mil­lonario.—Ah, bueno, ¿qué im­por­tan­cia tienen un­os cuan­tos mil­lones en­tre ami­gos? Pero en­tonces, y no te lo tomes a mal, ¿có­mo os cono­cis­teis? Yo lle­vo vivien­do los mis­mos años que tú y nun­ca he cono­ci­do a un mil­lonario. Y mu­cho menos a un mul­ti­mil­lonario. Po­drías darme al­gún con­se­jo.

—Cuan­do ter­miné la car­rera me fui de va­ca­ciones a Cor­fú, en Gre­cia. Sin darme cuen­ta en­tré en una playa pri­va­da, pero yo no sabía que lo fuera. Me había deja­do la guía en el ho­tel y es­ta­ba mi­ran­do aquel paisaje mar­avil­loso, no los carte­les —demi_ de­jó es­capar un sus­piro—. ¿Pode­mos hablar de otra cosa? Ése no es mi tema fa­vorito.

-Sí, claro. Pode­mos hablar de qué vas a hac­er con cu­atro mil­lones de dólares.


-No lo sé —demi__ se encogió de hom­bros—. ¿Pa­gar a un psiquia­tra para que me cure del shock?



—¿Quién ha com­pra­do el anil­lo?

-No lo sé, al­guien con mu­cho dinero ev­iden­te­mente. Vivien la miró, ex­as­per­ada.


—¿Y cuán­do tienes que en­tre­gar­lo?

-Una chi­ca me ha en­vi­ado un men­saje di­cien­do que ven­drían a bus­car­lo en per­sona mañana. Y le he da­do la di­rec­ción del cole­gio por si aca­so er­an gente rara —demi____ tocó el anil­lo, que ll­ev­aba en una ca­denita al cuel­lo ba­jo la blusa, y Vivien sus­piró.

-Nun­ca te lo quitas. In­clu­so duer­mes con él puesto.

-Porque soy muy des­or­de­na­da y me da miedo perder­lo.

—Dé­jate de ex­cusas. Ya sé que eres des­or­de­na­da, pero ll­evas el anil­lo porque sigues en­am­ora­da de él. Has segui­do en­am­ora­da de él es­tos cu­atro años. ¿Por qué de­cidiste vender el anil­lo de re­pente, demi? ¿Qué ha pasa­do? Es­ta úl­ti­ma se­mana has es­ta­do muy rara.

-Vi fo­tografías de él con otra mu­jer. Ru­bia, del­gadísi­ma, ya sabes a qué me re­fiero. La clase de mu­jer que hace que una quiera de­jar de com­er para siem­pre... has­ta que te das cuen­ta de que in­clu­so de­jan­do de com­er nun­ca ten­drías ese as­pec­to —demi sus­piró—. Y pen­sé que con­ser­var el anil­lo es­ta­ba evi­tan­do que re­hiciera mi vi­da. Es una locu­ra, yo es­toy lo­ca.

-No, ya no. Por fin has re­cu­per­ado la cor­du­ra —Vivien se apartó el pe­lo de los ojos con un gesto dramáti­co

—. Tú sabes lo que es­to sig­nifi­ca, ¿ver­dad?

—¿Que ten­go que olvi­darme de él para siem­pre?

-No, que se ter­minó lo de com­er pas­ta bara­ta. Es­ta noche va­mos a pedir una piz­za que lleve de to­do y vas a pa­gar tú. ¡Yupi! —ex­clamó su ami­ga, lev­an­tan­do el telé­fono—. ¡Va­mos a darnos la gran vi­da!

sábado, 1 de febrero de 2014

9 months ♥ ♥ - Capitulo 1 - jemi en español



9 months

Capitulo 1:

El lu­joso Fer­rari des­perta­ba mi­radas de cu­riosi­dad en el tran­qui­lo pueblecito in­glés de Lit­tle Molt­ing, pero para la pro­fe­so­ra demi lovato só­lo sig­nifi­ca­ba una cosa: Joseph Jonas había vuel­to a su vi­da. Cu­atro años antes, con el ramo de novia en la mano, demi supo que su guapísi­mo prometi­do griego no iba a re­unirse con el­la en el al­tar. Aho­ra él había vuel­to para exi­gir lo que era suyo.

-¡ME DA IGUAL que es­té en medio de una con­fer­en­cia, es­to es ur­gente! Joseph lev­an­tó la mi­ra­da cuan­do Dim­itri, el di­rec­tor ju­rídi­co de la naviera Jonas,en­tró en su despa­cho con un mon­tón de pa­pe­les en la mano y el ros­tro de col­or es­car­la­ta



—Ten­go que col­gar —Joseph in­ter­rumpió la con­fer­en­cia con su equipo en Nue­va York y Lon­dres—. Co­mo no te he vis­to cor­rer en los diez años que ll­evas tra­ba- jan­do para mí, imag­ino que traes malas noti­cias. ¿Se ha hun­di­do un car­guero?

—Rápi­do, conéc­tate a In­ter­net —el nor­mal­mente tran­qui­lo Dim­itri recor­rió el es­pa­cio que los sep­ara­ba en dos zan­cadas, chocó con­tra el es­crito­rio y tiró los pa­pe­les por el sue­lo.

—Ya es­toy conec­ta­do —in­tri­ga­do, Joe miró la pan­talla—. ¿Qué se supone que de­bo bus­car?

—Ve a
eBay —le pidió Dim­itri, con voz es­tran­gu­la­da—. Aho­ra mis­mo. Ten­emos tres min­utos para ofertar. Joe no perdió el tiem­po di­cien­do que hac­er ofertas por In­ter­net no solía for­mar parte de su jor­na­da de tra­ba­jo. En lu­gar de eso, ac­cedió a la pági­na y miró a su abo­ga­do con ex­pre­sión in­ter­ro­gante.

—Es­cribe «dia­mantes»... grandes dia­mantes blan­cos. Joe tu­vo una pre­moni­ción. Pero no, no podía ser. No podía haber­lo he­cho. Pero cuan­do la pági­na de
eBay apare­ció en la pan­talla mas­cul­ló una maldición en griego mien­tras Dim­itri se de­ja­ba caer so­bre una sil­la.

—¿Me he vuel­to lo­co o el dia­mante Jonas es­tá sien­do ven­di­do en eBay? Alekos as­in­tió con la cabeza. Ver ese anil­lo lo hacía pen­sar en el­la y pen­sar en el­la de­sa­ta­ba una reac­ción en ca­de­na que lo sor­prendió por su in­ten­si­dad. In­clu­so de­spués de tan­tos años de ausen­cia, demi podía hac­er­le eso, pen­só.

-Es el dia­mante Jonas, sí. ¿Se­guro que es el­la quien lo vende?

-Eso parece. Si hu­biera es­ta­do antes en el mer­ca­do nos lo habrían no­ti­fi­ca­do. Ten­go un equipo de gente in­ves­ti­gan­do aho­ra mis­mo, pero la oferta ya ha lle­ga­do al mil­lón de dólares. ¿Por qué
eBay? —in­clinán­dose, Dmitri re­unió los pa­pe­les que había de­ja­do caer al sue­lo—. ¿Por qué no Christie's o Sothe­by's o al­gu­na de las famosas casas de sub­as­tas? Es una de­cisión muy ex­traña.

-No es ex­traña —con la mi­ra­da fi­ja en la pan­talla, Joe son­rió—. Es jus­to lo que haría el­la. Demi nun­ca iría a Christie' s o Sothe­by's. Que fuese una per­sona tan nor­mal era al­go que siem­pre le había pare­ci­do en­can­ta­dor. No era pre­ten­ciosa, un atrib­uto raro en el mun­do fal­so en el que vivía.

—Bueno, da igual —Dim­itri tiró de su cor­ba­ta co­mo si lo es­tu­viera es­tran­gu­lan­do—. Si la oferta ha lle­ga­do al mil­lón de dólares hay muchas posi­bil­idades de que al­guien sepa que se tra­ta del dia­mante Jonas. ¡Ten­emos que de­ten­er­la! ¿Por qué lo hace? ¿Por qué no lo hi­zo hace cu­atro años? En­tonces tenía ra­zones para odi­arte. Joe se echó ha­cia atrás en el sil­lón, con­sideran­do la pre­gun­ta. Y cuan­do habló, lo hi­zo en voz ba­ja: —Ha vis­to las fo­tografías.

—¿De Mar­ian­na y tú ,en el baile bené­fi­co? ¿Crees que habrá oí­do ru­mores de que vues­tra relación es se­ria? Joe miró la pan­talla.

—Sí.

El anil­lo lo decía to­do. Su pres­en­cia en la pan­talla decía: «es­to es lo que pien­so de lo que hubo en­tre nosotros». Era el equiv­alente a tirar el dia­mante al río, pero mu­cho más efec­ti­vo. Es­ta­ba vendién­do­lo al mejor pos­tor de la man­era más públi­ca posi­ble y el men­saje era claro: «este anil­lo no sig­nifi­ca na­da para mí». «Nues­tra relación no sig­nifi­ca na­da». Es­ta­ba fu­riosa. Joe se lev­an­tó abrup­ta­mente, pen­san­do que eso de­ja­ba claro que había he­cho lo que de­bía. Mar­ian­na Kon­stantin jamás haría al­go tan vul­gar co­mo vender un anil­lo en
eBay. Era de­masi­ado disc­re­ta y ed­uca­da co­mo para eso. Siem­pre im­peca­ble, era una chi­ca callada y disc­re­ta. Y, so­bre to­do, no quería casarse. Luego volvió a mi­rar el anil­lo en la pan­talla, imag­inan­do la emo­ción que había de­trás de esa ven­ta. No había na­da con­tenido. La mu­jer que vendía el anil­lo en­tre­ga­ba li­bre­mente sus emo­ciones. Recor­dan­do lo «li­bre­mente» que lo hacía, Joe tu­vo que apre­tar los labios. Sería bueno, pen­só, romper ese úl­ti­mo la­zo en­tre el­los. Y aquél era el mo­men­to.



—Oferta por él, Dim­itri. Su abo­ga­do lo miró con cara de sor­pre­sa. -¿Ofertar? ¿Có­mo? Hace fal­ta ten­er una cuen­ta en
eBay y no hay tiem­po para eso.

-Nece­si­ta­mos un uni­ver­si­tario —Joe pul­só el botón del in­ter­co­mu­ni­cador—. Dile a Eleni que ven­ga aho­ra mis­mo. De in­medi­ato, sin perder un min­uto. Un­os se­gun­dos de­spués, la sec­re­taria más joven del equipo apare­ció en el despa­cho.

-¿Quería hablar con­mi­go, señor Jonas?

—¿Tienes una cuen­ta en eBay? Sor­pren­di­da por la pre­gun­ta, la chi­ca tragó sali­va.

-Pues sí... -Nece­si­to que ofertes por al­go —sin de­jar de mi­rar la pan­talla, Joe le hi­zo un gesto para que se ac­er­case. Dos min­utos, tenía dos min­utos para ofertar por el dia­mante, para re­cu­per­ar al­go que nun­ca de­bería haber de­ja­do de ser suyo—. En­tra en tu cuen­ta y haz lo que ten­gas que hac­er para ofertar.

—Aho­ra mis­mo —nerviosa, la chi­ca se sen­tó en el sil­lón y es­cribió su con­traseña. Pero le tem­bla­ban las manos de tal mo­do que la es­cribió mal y tu­vo que volver a hac­er­lo.

—Tó­mate tu tiem­po, tran­quila —Joseph miró a Dim­itri, que parecía a pun­to de sufrir un in­far­to. Por fin, Eleni es­cribió la con­traseña cor­rec­ta y son­rió, alivi­ada.

—¿Por cuán­to dinero de­bo ofertar?

—Dos mil­lones de dólares. La chi­ca de­jó es­capar un gemi­do.

-¿Cuán­to ha di­cho?

-Dos mil­lones —Joe ob­servó el reloj que ll­ev­aba la cuen­ta atrás. Dos min­utos, tenían dos min­utos para ofertar

—. Ha­zlo aho­ra mis­mo.

—Pero el límite de mi tar­je­ta de crédi­to son quinien­tas li­bras. No puedo...

—Pero yo sí y soy yo quien va a com­prar­lo —Joe se dio cuen­ta de que la chi­ca es­ta­ba muy pál­ida

—. No te des­mayes. Si te des­mayas no po­drás ofertar. Dim­itri, co­mo di­rec­tor ju­rídi­co de la em­pre­sa, será tes­ti­go de este acuer­do. No ten­drás ningún prob­le­ma, no te pre­ocu­pes. Ten­emos trein­ta se­gun­dos y es­to es muy im­por­tante para mí. Ha­zlo, por fa­vor.

—Sí, claro... lo sien­to —con manos tem­blorosas, Eleni es­cribió la can­ti­dad en la casil­la ade­cua­da—. Aho­ra soy... o sea, ust­ed es quien más ha ofertado. Joe lev­an­tó una ce­ja.

—¿Es­tá he­cho en­tonces?

—Mien­tras nadie ha­ga una oferta más al­ta en el úl­ti­mo se­gun­do... Joe, que no quería ar­ries­garse, buscó la casil­la de oferta y es­cribió cu­atro mil­lones de dólares. Cin­co se­gun­dos de­spués, el anil­lo era suyo y es­ta­ba sirvién­dole un va­so de agua a la po­bre Eleni.

—Es­toy im­pre­sion­ado. Re­spon­des bi­en ba­jo pre­sión y has he­cho lo que tenías que hac­er. No lo olvi­daré, Eleni. Y aho­ra dime dónde ten­go que en­viar el dinero. ¿El vende­dor da su nom­bre y su di­rec­ción? Tenía que de­cidir si hacía aque­llo en per­sona o lo ponía en manos de sus abo­ga­dos. Sus abo­ga­dos, le decía el sen­ti­do común. Por la mis­ma razón por la que no había in­ten­ta­do en­con­trar­la en es­os cu­atro años.

—Puede en­viar por e-?mail las pre­gun­tas que quiera —di­jo Eleni, mi­ran­do el dia­mante en la pan­talla—. Es un anil­lo pre­cioso, por cier­to. Muy román­ti­co. Joe no se mo­lestó en de­silu­sion­arla. ¿Había si­do él román­ti­co al­gu­na vez? Si ser román­ti­co con­sistía en ten­er un im­pul­si­vo y ver­tig­inoso ro­mance con al­guien, en­tonces sí lo era. Una vez. O tal vez «ce­ga­do por el de­seo» sería una mejor man­era de de­scribir­lo. Afor­tu­nada­mente, había re­cu­per­ado a tiem­po el sen­ti­do común. Y des­de en­tonces había trata­do las rela­ciones sen­ti­men­tales co­mo si fuer­an acuer­dos com­er­ciales... co­mo su relación con Mar­ian­na. Era mu­cho más sensato. No sen­tía el menor de­seo de en­ten­der­la y Mar­ian­na no había mostra­do la menor in­ten­ción de en­ten­der­lo a él. •-Eso era mu­cho mejor que una chi­ca que se te metía en la piel y te volvía lo­co. Joe miró ha­cia la ven­tana mien­tras Dim­itri saca­ba a Eleni del despa­cho, prome­tien­do lidiar con el as­pec­to fi­nanciero de la transac­ción más tarde. Su abo­ga­do cer­ró la puer­ta y se volvió ha­cia él.

—Haré que trans­fier­an el dinero y re­co­jan el anil­lo.

—No —em­pu­ja­do por al­go que prefer­ía no analizar, Joe metió una mano en el bol­sil­lo de la cha­que­ta—. No quiero ese anil­lo en las manos de nadie. Iré a buscar­lo yo mis­mo.

—¿En per­sona? —ex­clamó Dmitri—. No has vis­to a esa chi­ca en cu­atro años porque de­cidiste que era mejor no volver a ver­la nun­ca. ¿Tú crees que es bue­na idea?

—Yo siem­pre ten­go bue­nas ideas. Tenía que ter­mi­nar con aque­llo para siem­pre, pen­só mientras se dirigía a la puer­ta. Le daría el dinero, se ll­evaría el anil­lo y seguiría ade­lante con su vi­da co­mo si no hu­biera pasa­do na­da. ***



—Res­pi­ra, res­pi­ra, res­pi­ra. Pon la cabeza en­tre las rodil­las... eso es. No vas a des­ma­yarte. Muy bi­en, muy bi­en. Y aho­ra, in­ten­ta de­cirme qué ha pasa­do. demi_ in­ten­tó hablar, pero ningún sonido salía de su gar­gan­ta y se pre­gun­tó si sería posi­ble quedarse mu­da de una sor­pre­sa. Su ami­ga la miró, ex­as­per­ada.